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16 de octubre de 2012

Diles que son cadáveres


Estoy leyendo un libro que pretende ser la biografía del poeta "más famoso" de Francia: Antoin Artaud, escrito por un conocido mío llamado Jordi Soler...


El buen Jordi no es mi amigo como tal... sólo un conocido a quien le perdí la vista hace algunos años... fue muy criticado en su momento y acusado de haber traicionado a Luis Gerardo Salas en un hecho bastante famoso sucedido en el medio cultural de los años noventas (el famoso afaire Rock101 - Nucleo Radiomil)… yo la verdad es que no sé si fue un traidor… pero lo entiendo: de solidaridad con los demás no vive la gente, no se come… como sea, a Jordi no le ha ido mal pues fue diplomático en Dublin y ahora vive en España, desde donde publica libros que no sé si la gente lea, más algo ha de suceder pues aunque sea esporádicamente pero sigue escribiendo y publicando… la historia de su vida es rara… pese a ser mexicano creo que yo le llamaría “de los sin tierra”, porque su sangre es una confusa mescolanza mexica-europea que no le ha permitido tener la cabeza clavada en un agujero seguro...


El asunto es que su primer libro “Bocafloja” agradó en el medio literario mexicano de mediados de los 90s, después sacó una novela que en su momento definí como extraña: “La corsaria”, aunque esa “extrañez” hizo que la gente la definiera como propositiva e innovadora y también tuvo éxito… pero a mi no me engañó… no es que Jordi sea malo, más en ese libro dio señales de que la sangre en su cabeza estaba circulando en sentido contrario… y por ello dejé de comprar sus libros conforme siguieron apareciendo… ocasionalmente adquirí “la mujer que tenía los pies feos” y “la cantante descalza”… que no me emocionaron más allá de lo que dura el efecto de un par de cervezas… y seguí pensando lo mismo: algo no hace click en su cabeza...
 

 Y también de paso dejé de verlo… 

El caso es que ahora leo su último libro “Diles que son cadáveres”, y siento la misma sensación, aunque ahora ya descubrí qué es lo que pasa por su cabeza: no es ningún plasma originario de otra dimensión, es simplemente que Jordi no logra prenderme, no consigue que sus personajes me motiven, son difusos y con el tiempo se esfuman sin conseguir simpatía alguna por el lector... y por ello en consecuencia cada 10 minutos de lectura hago una pausa que siempre me lleva a revisar las hojas que me faltan para terminar su texto… Jordi Soler no es malo, pero no me explico por qué habiendo tanta cultura circulando por su aura, no consigue armar tramas profundas ni puede crear personajes entrañables… en fin, allá él y sus admiradores… pero por lo pronto el sábado 15 de septiembre, mientras tomábamos un café por la tarde Seablue y mi amigo Augusto, salió el tema del buen Jordi… seguramente fue porque mi amigo encontró el libro en mi auto mientras íbamos hacia el sur abandonando el centro de la ciudad circulando sobre Tlalpan… así que entre café y café salió el tema y mi conocido hizo un comentario que me aclaró todas las sospechas que tenía sobre este escritor...

El diálogo fue más o menos así de aburrido, igual que el libro de Jordi:

- así que te gusta leer a Jordi Soler? (dijo él)
- mmmmm… sí… no… bueno, más o menos: no me provoca orgasmos (dije yo)
- es bueno (dijo él)
- no es malo (dije yo)
- sabías que hace algunos años andaba perdido? (dijo él como su tuviera un gran secreto que me compartiría)
- no (dije yo sin mucho interés)
- es un buen tipo (dijo él)
- es el tipo de gentes con el que yo solía convivir cuando en este país se respetaba todavía un poco la cultura (dije yo)
- es mi amigo (dijo él)
- yo nomás lo conocía (dije yo)… hace años… cuando existían gentes con las que yo solía convivir cuando en este país se respetaba todavía un poco la cultura (agregué)
- es un buen tipo (dijo él)
- lo único bueno que le reconozco es que supo publicar en méxico cuando la cltura estaba en manos de puras mafias literarias (dije yo)
- sabías que durante muchos años anduvo mal? (preguntó él)
- supongo… a veces lo deja entre ver en sus libros… no porque sea azotado, sino que a veces nomás no hila nada (dije yo)
- no, hablo de que durante algún tiempo estuvo mal de la cabeza (dijo él)
- por eso… con razón a partir de su segundo libro se manifestaba ya que había perdido el rumbo (dije yo)… qué le pasó? (agregué yo)
- estuvo mal de la cabeza (repitió él)… pero es una excelente persona (dijo él)
- mucha gente lo odia (dije yo)
- al igual que algunos de nosotros le tenemos simpatía (dijo él)… y levanté los hombros ante tan indiscutible afirmación…

Un par de minutos después enfocamos la conversación hacia la brujería, la plática se tornó animada y hasta cierto punto apasionada...

Sigo leyendo “Diles que son cadáveres”… sólo que ahora le tengo algunas pequeñas consideraciones… claro que no pienso hacer lo que hice la semana pasada: escribí un indignado correo electrónico a la editorial Anagrama para quejarme de que el libro “Juliet, desnuda” de Nick Hornby (del que -ofrecido- me cansé de decir a mis conocidos que era un libro por demás amable, reconciliador y hasta divertido, pero que nadie me lo pidió prestado), tenía una serie de errores que sólo los obsesivos lectores como yo son capaces de encontrar… mail que me fue respondido por parte de la editorial el domingo pasado, lleno de disculpas y con la promesa de que mis observaciones serán corregidas para la futura reedición de “Juliet, desnuda”...
 
Y es que en realidad sí pensaba escribir a la editorial Mondadori para quejarme de ciertas inconsistencias descubiertas en mi lectura “Diles que son cadáveres” de Jordi, pero… mejor lo termino, lo meto en algún rincón poco visible de mi librero y dejo que cada loco siga con sus defectuosas obsesiones, porque ya descubrí que los errores en “Diles que son cadáveres” se originan desde hace años en alguna parte del cerebro de Jordi Soler, no en la editorial que lo publicó...

Jordi Soler, Diles que son cadáveres, 224 páginas, Editorial Mondadori, 2011.