“Nouvelles de Colombie” reúne los cuentos traducidos al francés de los escritores colombianos Juan Gossaín, Juan Esteban Constaín, Juan Diego Mejía, Mauricio Vargas y Ricardo Silva… El escritor cubano Leonardo Padura fue nombrado hoy "Doctor honoris causa" por la Pontificia Universidad Católica del Perú… "En Blanco y Trocadero", una novela manuscrita que circuló clandestinamente en Cuba en los años 70 y que ahora ha sido publicada por Neo Club Ediciones, un sello del sur de la Florida… “Harry Potter”, la saga escrita por la británica J.K. Rowling cumple 20 años con siete tomos, 450 millones de ejemplares y ganancias de más de 22 mil millones de dólares por venta de libros, mercancía y películas…

17 de febrero de 2013

La estupidez de los escritores modernos (1)

Una de las grandes críticas que hacía el francés Regis Debray al “sector intelectual latinoamericano”, era su injustificado alejamiento de las masas y sus necesidades, del pueblo, el mismo que debería ser permanentemente la verdadera razón de cualquier cambio social…

Sin embargo, las palabras de este ideólogo fueron manifestadas en Bolivia hace muchos años, Latinoamérica en su conjunto ha cambiado para mal (salvo por sus honrosas venezolanas excepciones) y hoy el concepto “intelectual” es sinónimo de mafias, estrellismo, presunción, ridiculez, banalidad, decadencia, egoísmo, prepotencia y sobre todo desprecio hacia el populacho, el mismo pueblo que les da de comer, pero que trambién como resultado de su ceguera, les enaltece…

En este sentido al medio literario hispano-parlante, en mi opinión, le cae como anillo al dedo la declaración de Regis Debray, pues en muchos de sus escritores (principalmente los modernos que han publicado uno o varios libros), todo se reduce a una egolatría nauseabunda enriquecida con el más insultante desprecio a temas como la humildad y la sabiduría…

Y es que aunque un autor sea una persona culta, eso no quiere decir que como seres humanos entiendan un carajo lo que es el equilibrio dinámico de la existencia (Adrián de Souza dixit)…

Por ello es que este texto se trata de escritores (lo siento señor Debray: su acertada crítica es ya un pandemia a nivel mundial)... sí: de algunos que han tenido la suerte de ver publicados sus “en el fondo” retorcidos cultos a su autocomplaciente ego (sic)… de esos narcisistas que sólo piensan en ellos, hablan de ellos y viven para ellos porque “están harto seguros” que el planeta tierra no gira alrededor del sol sino de su persona, cuya anodina verborrea (cuando se trata de dar entrevistas) puede ser más insustancial que las declaraciones de un político…

Se supone que todo escritor debe ser un retratista de su tiempo, pero ahora aparte de dirigir mafias institucionalizadas, esa ya manoseada y autoproclamada caricatura llamada “intelectuales”, exige no sólo que sus cercanos les rindan arrastrada pleitesía, sino que además muchos de los llamados “lectores despistados” que adquieren sus libros, aplaudan hasta la hipotermia textos y declaraciones que en ocasiones no dejan de ser un reiterativo sujeto-verbo-predicado que se limita sólo al extasiante “YO-yo”…


Así que en esta primera parte (ya hablaremos de los escritores sabios), les dejo unos ejemplos de lo que estúpidamente suele llamarse "declaraciones de un intelectual"*, en los que obviamente la pedantería y la vanidad la destilan grasosamente por los cuatros costados de su geométrico cerebro:

“Yo soy un gran creyente del mercado: si no existe el mercado, no hay posibilidad de que el autor se acerque al lector, pero en lo que no creo es en la tiranía del mercado. Yo soy muy afortunado editorialmente, he publicado diversos libros con distintas editoriales y casi siempre me tienen en circuitos de distribución comercial con Planeta, Santillana, Alfaguara Infantil y Almadía. He tenido la suerte de que hasta ahora nadie me tire línea”… Bernardo Fernández, mexicano, su último y ramplón libro se llama “Hielo negro”…

“Carezco de paciencia… Tengo un interés muy limitado en las películas. Las que sí me importan las veo en cuatro o cinco partes. Me suele ocurrir que no recuerdo si las he visto o no, y de qué van”… Patricio Pron, argentino, su último y redundante libro se llama “La vida interior de las plantas de interior”…

“Escribí mi primer cuento corto cuando tenía ocho años y este, ganó un premio en el colegio. No creo que haya existido un periodo de mi vida en el cual haya estado sin escribir”... Juan Gabriel Vásquez, colombiano, su último y sobrevaluado libro se llama ”El ruido de las cosas al caer”…

“Porque soy escritor, deseo hacer novelas, hacer ficción, aunque muchos dicen que son tremendamente políticas. Veo que usted no, lo cual en la ficción está previsto”... Élmer Mendoza, mexicano, su último y oportunista libro se llama “Nombre de perro”…

“He leído tanto y durante tantos años, casi toda mi vida, que sería difícil decirlo con certeza, pero de Monterroso aprendí la importancia de la brevedad y de Rulfo, Poe, Barker y Lovecraft a manejar los ambientes macabros. Uno va captando técnicas en el camino, a veces de manera inconsciente, y tanto lo bueno como lo malo influyen. Hay recursos que no me gustan y los evito como a la peste: los lugares comunes, la cursilería, el sermón paternalista y especialmente las introducciones eternas donde nunca pasa nada y uno termina echando el libro a la basura… en lo personal me parece indigno y poco artístico eso de copiar un estilo en específico, ser discípulo de un autor y seguir sus pasos en vez de abrir una senda propia. También hay que tomar en cuenta que los escritores de mi generación tienen muchas fuentes de inspiración aparte de la literatura: música, cine, comics, pintura y, por trillado que suene, la vida misma, de por sí bastante sucia”… Byron Quiñónez, guatemalteco, al parecer su último e aletargado libro se llama “Aquí siempre es de noche”…

“Soy profesional de la escritura. Para mantener mi nivel de vida, no puedo dejar de escribir, sobre todo en momentos de crisis como éstos. Sí: tengo ideas para más de una novela. Y disfruto mucho de todas ellas”… Andreu Martín, catalán, su último e insaboro libro se llama “Por amor al arte”…

“No, había materias que me gustaban, que tenían que ver con muchas cosas. Por ejemplo, el primer libro que compré no fue de literatura, fue uno de genética. Tenía alrededor de diez años. Me interesó porque yo quería saber cómo nacía la relación entre las personas, qué generaba eso y qué había dentro de cada uno de nosotros. Una cosa me llevaba a la otra, como la astronomía que me gustaba desde niño. Miraba al cielo e imaginaba qué mundos eran los que habían ahí y por supuesto, me lleve una desilusión terrible cuando descubrí que uno podíamos llegar a una estrella, puesto que creía que una estrella era como un planeta y no bolas de fuego”... Álvaro Mata Guillé, costarricense, su último y auto paródico libro se llama “Separata”…

“Porque me da control sobre mí, soy mejor persona desde que escribo. Ha sido como ir a terapia. Económicamente también me ha servido, me ha dado oportunidades que yo jamás hubiera imaginado”… Alberto Fuguet, chileno, su último y atormentado libro se llama “Cinépata”…

“Veo a la gente, hablo con ella, me entero, o intuyo lo que hay en la trastienda de esa persona, y a partir de ahí me inspiro. Eso sí, siempre con el añadido imaginario de rigor. Pero así son también los personajes de Dosroievski, Dickens o Kafka”… Luis Landero, español, su último y deprimente libro se llama “Absolución”…

Jorge Volpi: esta es mi mejor pose? 

“Por ejemplo, en El hombre sentimental, el narrador dice que él siempre escribe con una pluma que debe tener una plumilla de color negro, porque el reflejo lo molesta, y esto lo hago también yo. Pero no se encuentra en el libro porque yo lo haga, sino porque me parecía que quedaba bien desde un punto de vista literario, que podía dar un buen resultado literario”… Javier Marías, español, su último y rutinario libro es “Mala índole, Cuentos aceptados”…

“Nunca he robado ningún libro. Y no por una cuestión ética sino por una cuestión pusilánime. Siempre me ha faltado el valor necesario para robar los libros que, tantas y tantas veces, he querido robarme”… Emiliano Monge, mexicano, su último y sombrío libro se llama “Morirse de memoria”…

“Hay días en que me gustaría vivir de lo que escribo, y hay otros en los que comprendo que la literatura, al no ser un trabajo, es el único espacio de libertad real que existe en mi vida. Ya que no soy libre en la realidad, donde tengo que trabajar y hacer cosas que a veces no me gustan, lo soy en la escritura. Puedo escribir sobre cualquier cosa y de cualquier manera sin miedo a que no esté de moda o no le guste a mis contemporáneos. Pero obvio que me gustaría ganar uno de esos premios increíbles y vivir rascándome todo el día”… Luciano Lamberti, argentino, su último e inconsistente libro se llama “El loro que podía adivinar el futuro”…

“Yo lo que tenía claro desde el principio, desde hace cinco años, es que quería escribir una novela sobre el mundo de la ciencia. Yo estudié Derecho y luego Letras, pero siempre me había interesado la ciencia. Siempre sentí que había habido un momento en el que decidí tomar un camino en vez del otro. Y esta renuncia a la ciencia me hizo siempre estar continuando con lecturas de divulgación científica y de ciencia, de física en general”... “un escritor debería poder escribir sobre lo que quisiera sin que ello tuviera que llamar la atención de una manera tan importante. Yo desde luego que me siento mexicano y mis puntos de vista son mexicanos a pesar de que en mi novela no haya una sola referencia a México”… Jorge Volpi, prosaico simulacro de escritor, su último libro no vale la pena clasificarlo ni mucho menos mencionar su título…


*Por cierto: todos los seres humanos somos intelectuales, usamos el intelecto aunque sea para joder al prójimo, por algo nos autoproclamamos homo-sapiens, lo que quiere decir que ser un “intelectual” es una condición humana, no un don de Dios para pocos…

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