23 de mayo de 2013

La mentira del documental Searching for Sugar Man


1.
Una de las virtudes que tiene el capitalismo salvaje para enriquecerse a costa de los sentimientos de los demás es el de “úsese y tírese”… y pese a que en ocasiones se trata de cultura y no de vulgar consumismo, de todos modos aún es rentable crear un nuevo ídolo, resucitarlo o incluso si es necesario: matarlo…

Y ya veremos mañana qué se les ocurre…

Uno de estos casos es el del recién galardonado documental “Searching for Sugar Man” (con un cuestionable Oscar este 213 como figura que premia ya-no-sé-qué pero que está obviamente ya alejado desde hace muchos años de verdaderas propuestas artísticas), dirigido correctamente, eso sí, por el sueco Malik Bendjelloul, el cual cuenta la historia de Sixto Rodríguez, una especie de canta-autor-bob-dylan-nilesco y que en los años 70 del siglo pasado grabó dos discos que por azares del destino fueron ignorados en Norteamérica y el resto del mundo, pero que tuvieron impresionante repercusión en Sudáfrica…

Se supone que este canta-autor padece en el continente más antiguo de toda la humanidad el culto de dos acérrimos fans: Stephen “Sugar” Segerman, dueño de una tienda de discos, y Craig Bartholomew Strydom, una especie de crítico musical… los dos viven en Sudáfrica y por cuestiones del destino tienen su destino marcado en Ciudad del Cabo, pensando que este misterioso músico se suicidó de las más variadas maneras posibles…

Como resultado de lo que es el fanatismo dentro de la cultura pop, deciden indagar sobre su vida, tergiversando la verdadera valía de lo que en su momento fue la propuesta de Sixto Rodríguez… y enfocándose en cuestiones ególatramente existencialistas claramente marcadas y remarcadas en el documental, Segerman y Strydom se limitan a reflexionar sobre la figura icónica de este ambiguo músico, resaltando las líricas de sus discos para adaptarlas a una realidad neo-africana (por aquello de que todos los protagonistas del documental son africanos blancos), dejando de lado y sin tomar en cuenta esa chispa que hizo que un juglar (de origen mexicano pero nativo de Detroit y que vive en ese país sin raíces culturales llamado Estados Unidos), se vinculara con un sincopado país Sudafricano: una irónica coincidencia rítmica que a saber de qué neurona de Sixto Rodríguez salió…

El problema con el documental “Searching for Sugar Man” es que no deja de ser resultado de uno de los objetivos del neoliberalismo tan cacareado por ignorantes como el ex presidente mexicanito Ernesto Zedillo, y creado por insensibles como Thomas Malthu: el culto a la iconografía, a la persona… más al misterio que da pie a la leyenda, sin importar si ésta tiene algo qué decir o no, se deja prácticamente de lado…

 Cratelón de publicidad

Puedo entender que en el mundo de la mass-media haya pervertidos con tendencias antropológicas que quieran saber por qué Lady Gaga usa toallas sanitarias de X marca… y dediquen toda su vacía vida o parte de ella, a investigarlo… y lo comprendo porque el mundo está sobrepoblado de consumidores de la basura que a diario generan los medios de comunicación, cuyo objetivo es crear leyendas, consumirlas y después olvidarse de ellas… pero de ahí a que haya obsesivos que finalmente incurran en la parcialidad deja mucho que desear…

2.
Que quede claro: el documental “Searching for Sugar Man” como cine no es malo… por el contrario, tiene una excelente producción, una gran fotografía y consigue lo que busca: el chantaje sentimental cuando consiguen tumbar la legendaria mentira de que Sixto Rodríguez nunca se inmoló y de que vive como albañil en la contradictoria y existencialista Detroit, pero Segerman y Bartholome se olvidan de que:

a. cualquier persona con el mínimo de un mililitro de cerebro lleno de salud, sabrá que África existe desde siempre que no es hija putativa de Wikipedia y que por el contrario, si nos atenemos a eso de las leyendas ancestrales, aquellas tierra es el origen y destino de toda la humanidad…

b. Ni Paul Simon ni Peter Gabriel (grandes saqueadores del patrimonio cultural de África), descubrieron las percusiones ni el afrobeat…

Y lo peor:

c. Segerman y Bartholome se enfocan limitadamente a una poética lírica, el valor iconográfico de Sixto Rodríguez, el cual no se circunscribe a la identificación de una rebeldía aplicada a la lucha subversiva contra el apartheid, como quiere hacernos ver (pensar y sentir) el documental, porque cuando se trata de crítica social la letra de una canción no reconoce tiempos, ni color de sangre ni fronteras… NO, la validez de Sixto Rodríguez radica en una sutil presencia de ese nativo afrobeat en sus composiciones y de cómo “eso” le permitió enraizarse en la existencialidad de los africanos…

Sí, sé que la importancia de Paul Simon y de Peter Gabriel en la escena contemporánea de la música es indiscutible, pues el arrítmico afrobeat nos fue vendido por ellos como el gran descubrimiento cadencioso en los años ochenta… también sé que el slogan “freedom for africa” ya fue patentado a nivel mundial por entre otros, la nauseabunda “Africa Holiday Enquiry”, pero también me queda claro que el apartheid como política de segregación racial acusatoria es aplicable a cualquier país como Estados Unidos, México (en asquerosa y repugnante gran medida), Alemania y Mali, de ahí que los crooners no sean un mero producto folklórico de África, sino de cualquier lugar y época del mundo que padece una dignidad que pretende hacerse oír (alguien querrá investigar la relación juglares/crooners en la edad media?)…

Pero independientemente de que las líricas de Sixto Rodríguez fueran aplicables a cualquier situación político-social en diversos ámbitos tiempo-espacio de la humanidad, y como parte de una eterna e histórica desigualdad social, como ya lo señalé, un poco de cerebro sabrá que si bien Paul Simon y Peter Gabriel no sólo nos estafaron cínicamente al vendernos “ritmos” novedosos plasmados en exitosos discos, sino que de paso y con humildad, deberían habernos sembrado la duda de que también existían Ali Farka Toure, Fela Kuti, Kola Ogunkoya, Tony Allen y posteriormente Youssou N'dour y Baaba Maal desarrollando propuestas por demás alucinantes que incluían no sólo letras libertadoras, sino música por demás cadenciosa…
 
  Un incipiente Sixto Rodríguez

Y es aquí donde el documental “Searching for Sugar Man” miente y se convierte en un testimonio parcial y carente de objetividad (a diferencia de lo que se documenta en la historia de Bobby Liebling y el reportaje Last days here http://basurerodealmas.blogspot.mx/2013/11/bobby-liebling-y-las-verdades-de-last.html), ya que todas las imágenes se enfocan en una enigmática figura, dejando de lado la sutil propuesta musical del propio Sixto Rodríguez, la cual esconde mucho de un discreto afrobeat en sus setenteras composiciones…

3.
Conforme transcurre el reportaje se intercalan bellísimas imágenes del Ciudad del Cabo y de Johannesburgo, con alguna que otra entrevista y usando de fondo las canciones folk de los dos únicos discos que grabara Sixto Rodríguez en su vida…

Si uno deja pasar de lado la incisiva tendencia de Segerman y Bartholome a enfatizar sólo la parte lírica de las sencillas composiciones en Sixto Rodríguez, estas sonarían extremadamente viejas no sólo rayando en la sencillez que en su momento este género manifestó de la mano de Bob Dylan, Cat Stevens, Jackson Browne, Donovan, James Taylor, sino incluso hasta depresivas como el concepto que tanto manejaron en sus canciones Nick Drake y Gram Parsons…

Más conforme transcurre el documental poniéndole atención a la estructura musical de sus piezas, uno empieza a entender por qué Sixto Rodríguez caló profundo en tierras africanas: en sus composiciones se perciben chispazos del inconfundible afrobeat en la batería o en las percusiones, pero por si fuera poco, las machacantes figuras de la guitarra eléctrica en algunas de sus piezas, sin ser el instrumento protagonista, se escuchan sin mayor dificultad también en Ali Farka Toure o Baaba Maal (claro, con toda proporción musical guardada)…

Por ello, al término del documental queda la sensación de que Segerman, Bartholome y hasta el propio Malik Bendjelloul nos mintieron… no sólo por la parte ya mencionada de basar la esencia de su investigación al enfocarse exclusivamente a las letras y dejar de lado la interesante (aunque sencilla), estructura musical desarrollada por Sixto Rodríguez en sus composiciones, sino porque ante el ojo de la cámara, el apartheid y la consecuente segregación racial en Sudáfrica sólo despertó conciencia en la raza blanca que habita en ese continente: jamás se le concede la palabra a una persona de color, ni para expresar alguna posición relacionada con el racismo, ni mucho menos para insinuar tan siquiera que los discos de Sixto Rodríguez hayan cambiado en algo su vida, como si presumen otros de los protagonistas…

Y como curiosa apología a las bondades del racismo queda aquella escena en el documental del primer concierto que da Sixto Rodríguez en Sudáfrica: el grupo de músicos que lo acompañan son de origen sudafricano, todos, pero son gente blanca…

4.
- Pero no será que estoy exagerando en eso de los destellos musicales afrobeat de Sixto Rodríguez? – le dije a mi esposa después de que terminamos de ver “Searching for Sugar Man” y tras haberle regresado varias veces a la película para repetir algunas escenas por demás interesantes…

Ella se me quedó viendo con esa mirada con la que suele desarmar siempre mis “peros”, y dijo: “sólo tú podías identificar esos sonidos… ya tienes un tema para escribir en tu blog”…

Sixto Rodríguez en una reciente gira

Y sus palabras me dieron una gran idea: procedía iniciar una sesión de internet y busqué el disco de Sixto Rodríguez “Live Fact” a través de Torrent… a los pocos segundos (sí, segundos) apareció un archivo con su raquítica discografía completa: el citado Live Fact, Cold Fact y Coming From Reality (el cual ya formaba parte de mi discografía personal)… procedí a la descarga y en 20 minutos ya tenía los tres discos en mi disco duro…

Y…?

Mi teoría era la siguiente: por mucho que la banda que acompañó a Rodríguez en Johannesburgo en 1995 estuviera integrada por blancos, finalmente éstos son sudafricanos, lo que les hace poseedores de ese beat que tanto caracteriza la música del mal llamado continente negro, por lo que “ese sonido” apenas perceptible en Cold Fact y Coming From Reality con toda seguridad sería apreciado con mayor facilidad en la grabación de ese concierto…

Y así fue…

5.
Obviamente que la banda de acompañamiento son músicos profesionales comandados por Willem Möller, otro fan acérrimo de Sixto Rodríguez, por lo que era de suponerse que respetaran al máximo la estructura original de las canciones, cosa que finalmente hicieron…

Sin embargo, si bien el beat que suele caracterizar a los músicos africanos (para tratar de definirlo de alguna manera: el beat es el ritmo, sentimiento, sabor o característica de una manifestación musical que la diferencia de otras), desaparece totalmente para asumir sin estilos ni retoques las arreglos originales, cuando llega el momento de tocar temas como el clásico Sugar Man, los chispazos afrobeat de los que hablaba se reproducen con tal énfasis que no dejan pie a duda alguna…

Así que insisto en eso de que Segerman, Bartholome y Bendjelloul nos mienten al argumentar que UNICAMENTE y gracias a las canciones de Sixto Rodríguez, fue que los sudafricanos (los blancos de la clase media, aquellos neoburgueses que nunca padecieron las expresiones del racismo pretoriano como el desprecio, inanición, marginación, explotación, violación sexual -sic- y asesinato), las convirtieron “en himnos que les llevaron a tomar conciencia social, se fortalecieron, se unieron, se motivaron y finalmente llevaron a cabo una lucha que se supone terminó con esa vergüenza mundial llamada apartheid”… 

NO, eso NO es cierto: si hubo algo más que permitió que Sixto Rodríguez se convirtiera en una leyenda en Sudáfrica fue que a los sudafricanos antes que nada sus composiciones les entraron en el (y al) alma por el ritmo, discreto, pero al final de cuentas ese inconfundible afro-ritmo… y de eso no se habla en el documental… 

actualización mayo 2014: muere a los 36 años Malik Bendjelloul, el director de “Searching for Sugar Man”… nacido en la ciudad sueca de Ystad, dio el salto al estrellato cinematográfico gracias al film sobre Sixto Rodríguez, mismo que le permitió ganar un Oscar… la Policía sueca no ha confirmado la causa de su muerte aunque se descarta el asesinato. “Lo que puedo decir es que no existen sospechas de que se trate de un crimen”, dijo el agente de la policía Pia Glenvik…

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