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12 de enero de 2014

El Curandero Felipe



1.
Felipe estaba casado con una mujer inconforme con la vida y tenía una hija con aires de millonaria…

A él le gustaba tomarse sus tragos todos los viernes por la tarde… no era una mala persona estando en su juicio ni cuando el alcohol ya lo había mareado… para costeárselos y cumplir como esposo y padre trabajaba afanosamente en una oficina del gobierno… sin embargo,  a su familia no les gustaba que bebiera, por lo que las mañanas de cada sábado los reclamos de las dos mujeres eran ya parte de sus resacas…

2.
Felipe era reconocido como una persona amable y simpática entre su familia y sus amigos… sólo bebía brandy jamás gastó una sola moneda para tener otro tipo de placer… se limitaba a tomar y sonreír hasta el día en que su esposa le puso un ultimátum: o dejaba de tomar o se atendría a las consecuencias… él la ignoró y la amenaza se cumplió…

Un fin de año después del brindis navideño con sus compañeros de trabajo, el propio Felipe me contó que siguió la juerga hasta cercana la media noche y posteriormente se dirigió a su casa, sólo que al llegar descubrió a su esposa y a su hija esperándolo en la puerta… cuando estuvo frente a ellas la mujer le exigió su aguinaldo, mismo que él entregó completa en un sobre sellado…

Ella lo abrió, contó los billetes y confirmó que no faltaba nada, lo guardó en uno de los bolsillos de su bata, se quitó un zapato y sin más lo estrelló en la cabeza de Felipe, lo que le llevó a tambalearse hasta que cayó al suelo sangrando, su hija a su vez tomó una escoba y se dedicó a golpear a su padre, después lo patearon hasta cansarse y finalmente entraron a la casa dejándolo inconsciente en la acera…

Horas después el frio decembrino de la madrugada lo despertó, se puso de pie, arregló sus maltrechas ropas lo mejor que pudo, se paró frente a su casa, la observó detenidamente para memorizar los detalles de la fachada, se dio media vuelta y se alejó para nunca volver…

3.
Felipe siempre fue un hombre trabajador, por lo que solo y sin pareja sentimental fija, ahorró parte de su sueldo para comprar una casa de tres pisos en el norte de la ciudad en la añeja Colonia Industrial…

Con el tiempo se hizo acompañar de dos grandes perros y varios cotorros australianos… para no sentir la soledad primero rentó dos cuartos que tenía en la azotea y permitió que Juan, su mejor amigo y caído en desgracia, ocupara una de las recámaras de su casa…

A partir de que se mudó a su nuevo hogar, me dijo, su vida tuvo pequeñas variaciones: si bien continuó tomándose sus tragos cada viernes, también se hizo de la costumbre de ir a rezar todas las tardes a un Convento de monjas franciscanas ubicado cerca de su casa… con el tiempo se fue involucrando en las actividades del recinto… sin embargo, lo que le daba paz a su alma era hacer oración en una pequeña Capilla del Claustro, frente a un Cristo bellamente labrado en madera y pintado de color negro…

Cierta tarde tocaron el timbre y cuando se asomó por la puerta se encontró cara a cara con su esposa e hija… no las invitó a entrar… de lo que conversaron entre los tres él nunca dio mucho detalle, salvo que le pidieron regresara con ellas, demanda que él rechazó y que acompañó con la amable solicitud de que no lo molestaran más…

4.
De acuerdo a lo que me confió Felipe, un sábado en la madrugada un fuerte temblor sacudió la capital, más los tragos que había ingerido la noche anterior hicieron que no percibiera el movimiento… fue hasta que su amigo Juan entró a su recámara para despertarlo y avisarle no sólo del sismo, sino también que a consecuencia de este parte del Convento se había derrumbado…

Dejando de lado la resaca salió rumbo al Monasterio franciscano… una vez que estuvo ahí buscó a la madre superiora, quien le informó que las monjas y los huérfanos que albergaban estaban bien… pese a todo Felipe dio un precavido paseo entre los escombros hasta que en cierto momento se acordó de la Capilla y el Cristo negro…


Regresó hasta donde estaban las religiosas y preguntó por el oratorio, a lo que le informaron que no sabían de su daño, pues para poder llegar a ahí se debía atravesar la mayor parte del Convento…

Sin decir nada Felipe se encaminó hacia la Capilla, seguido a prudente distancia de una religiosa, en algún punto ésta se detuvo y vio como el hombre entraba en la Capilla y tras largos minutos salía de ella llevando sobre su espalda la gran figura del Cristo negro… irónicamente apenas y salió, el maltrecho oratorio se derrumbó estrepitosamente…

Una vez en la calle, llegó hasta donde estaba la madre superiora, recargó la cruz en la pared y le dijo:

- aquí tiene a su Cristo negro…
- se arriesgó usted mucho – dijo la religiosa conmovida…
- demasiado – terció la monja que le había acompañado – apenas y lo sacó todo se derrumbó…
- en verdad? – exclamó la abadesa mientras se santiguaba…
- no pasó nada – aclaró Felipe…
- casi… – insistió la monja…
- ya no pude entrar a la iglesia – explicó él – sé que habrán perdido muchas cosas valiosas, pero estoy seguro que el Cristo negro será la base para que levanten de nuevo el Convento…
- el nuevo Convento ya tiene sus cimientos don Felipe – dijo la religiosa conmovida – y es la fe que acaba usted de demostrar…
- gracias – aclaró Felipe…
- así que tome el Cristo negro y lléveselo – dijo la madre superiora…
- no puedo aceptarlo – dijo Felipe entre sorprendido y emocionado…
- es suyo – insistió – por la razón que sólo Dios sabe usted lo rescató…

5.
Felipe hizo algunas adecuaciones y finalmente construyó una pequeña Capilla en su amplio patio, en donde colocó un altar al Cristo negro, frente al que todas las tardes se postraba a rezar… eso sí: los tragos de cada viernes siguieron formando parte de su vida…

Una mañana salió rumbo al mercado para realizar sus compras y de regreso se encontró con una compungida vecina… se acercó a ella, la saludó y tras escuchar sus problemas la invitó a su casa para que rezara frente al Cristo negro y pidiera su ayuda…

Se encaminaron hacia la casa… una vez dentro Felipe abrió la reja de barrotes rojos de su Sagrario y entró junto con la mujer, sin embargo, por alguna extraña razón tuvo la certeza de que podía hacer algo por ella, así que antes de señalarle el reclinatorio la cuestionó:

- usted cree en Dios?
- claro que sí – dijo la mujer extrañada…
- y confía en mí? – insistió…
- por supuesto Don Felipe – respondió – aquí en el barrio todos lo queremos mucho y reconocemos su honorabilidad…
- bien… antes de que se ponga a rezar voy a limpiarla – y tras decir esto él sacó 7 limones y 2 blanquillos de sus compras… tomó agua bendita, una vela y procedió hacerle un despojo a la mujer frente al Cristo negro al tiempo que rezaba… una vez que terminó el despojo, encendió la vela y la invitó a que realizara sus plegarias…

Cuando la mujer se disponía a irse, preguntó cuánto le debía por la limpia: él contestó que nada…

6.
- no me preguntes por qué hice aquella limpia – me confió cierta tarde Felipe muchos años después, mientras apuraba el contenido de un vaso con brandy y refresco de cola – tampoco me cuestiones cómo supe que debía usar los limones, los blanquillos, el agua bendita y la vela… es más: ni yo mismo recuerdo de dónde saqué las oraciones que recé…
- en serio? – le interrogué…
- jamás en mi vida había hecho algo parecido – insistió - ni siquiera sabía que así se realizaban…
- vaya! – exclamé y agregué – qué pasó con la mujer?…
- a los 3 días vino a buscarme… estaba contenta pues su problema se había resuelto… le expliqué que habían sido sus plegarias, pero ella aseguró que fue mi limpia… finalmente nos pusimos de acuerdo: una parte fueron sus oraciones, otra mi limpia pero lo principal fue la intervención del Cristo negro…
- vaya! - repetí…
- quiso darme dinero pero no lo recibí… fue tanta su insistencia que sin más me pidió la esperara unos minutos, entró a la panadería de la esquina, regresó con una bolsa llena de pan dulce y me la entregó: “algo” me dijo que la aceptara…
7.
Felipe me confesó que partir de ese día su fama de Curandero en la colonia se divulgó… posteriormente sus prodigios rebasaron fronteras al grado de que de vez en cuando gente de otros países solicitaba sus servicios, sin embargo, él siempre evitó los tumultos en su casa…


Nunca cobró por hacer sus limpias, sólo pedía a la gente que le entregara alimentos que quisieran darle, por lo que en su casa siempre había huevo, leche, carne, pan, pollo y fruta que solía compartir con los indigentes que merodeaban por el mercado… cuando gente adinerada insistía en pagarle, él los enviaba con las franciscanas para que les hicieran un donativo por la cantidad que consideraran prudente…

Los años pasaron y Felipe siguió con sus limpias espirituales hasta que cierto día decidió jubilarse en su empleo, recibió una jugosa compensación, aseguró su pensión y decidió disfrutar su vejez…

Su nueva vida le llevó a olvidarse de los bares cuando decidió que su casa era un buen lugar para que las parrandas se convirtieran en grandes comilonas los domingos, donde agasajaba con barbacoa, carnitas, mole, pulque, cerveza y el infaltable brandy a sus invitados son de mariachis… entrada la tarde sonaban discos de melancólicos boleros o si estaba de buen humor se sentaba frente a su pianola para tocar y cantar viejas canciones de la época del porfiriato…

8.
Fui a visitar a Felipe un sábado cercana la noche, toqué el timbre de su casa y no obtuve respuesta, pero vi que tenía las luces de su sala encendidas, así que esperé: a toda persona que se dedica a las limpias espirituales no hay que presionarlo, pues nunca se sabe cuándo estará ocupado haciendo qué

Cuando finalmente abrió la puerta me recibió con su amable sonrisa de siempre, sin embargo, estaba un poco agitado… me invitó a pasar y me encaminó hacia la sala, hizo un ademán para que me sentara en uno de sus viejos sillones forrados de terciopelo verde y pidiéndome lo esperara unos momentos, subió al segundo piso de su casa…

Me encantaba ver las viejas fotografías de color sepia perfectamente enmarcadas que colgaban de las paredes de la sala, cosa que hice mientras… en algún momento dirigí mi mirada hacia el fondo de la casa (a través de la cual se contemplaba en perfecta perspectiva tres habitaciones más) y vi que en ellas todas las luces estaban encendidas…

Estuve unos minutos más viendo las imágenes y me disponía regresar al sillón cuando percibí que se apagaba la luz de la habitación del fondo (a la cual Felipe no dejaba entrar a nadie) y de ella emergían tres personas vestidas de negro… al pasar frente al baño esa parte del pasillo se oscureció… en la cocina (contigua a la sala), sucedió lo mismo…

Un tanto avergonzado por comprobar que mi visita quizá pudo ser inoportuna, regresé al sillón y al entrar a la sala las tres personas (dos mujeres y un hombre), descubrí que sus ropas eran muy antiguas… en ese momento la luz en la sala parpadeó los instantes necesarios para que la mujer que iba delante abriera la puerta que daba al patio y todos salieran sin voltearme a ver… el último fue el hombre, quien cerró la puerta… entonces la corriente eléctrica se normalizó…

Minutos después el Curandero bajó a rencontrase conmigo…

- me hubieras dicho que tenías visitas para no interrumpir – le dije…
- estoy solo – aclaró – bueno, Juan está dormido desde hace rato porque le dolía la cabeza…
- vamos, Felipe, ya sabes que nos tenemos confianza – le solté…
- de qué hablas? – me dijo mostrando seriedad en su rostro…
- de tu tres invitados que acaban de salir…
- cuáles? – preguntó intrigado…
- dos mujeres y un hombre vestidos de negro vinieron desde del cuarto del fondo y acaban de salir rumbo a tu Capilla…
- tres? – exclamó al tiempo que abría exageradamente los ojos, dio media vuelta y se encaminó hacia la habitación…

Me puse de pie para ver a distancia lo que sucedía y sólo alcancé a percibir que recorrió el largo pasillo hasta llegar a la última habitación… una vez que ahí y sin asomarse al interior se limitó a cerrar la puerta… de regreso cerró la del sanitario, después la de la cocina y finalmente comprobó que aquella que daba a su Capilla tuviera puesto el seguro…

Cuando se reunió conmigo sonreía de una manera extraña, me hizo un ademán para que me sentara y sin mediar explicación alguna dijo:

- cómo has estado?
- ... bien – le respondí confundido…
- y tus padres? – me cuestionó mientras esbozaba una traviesa sonrisa…

9.
Varias veces lo vi haciendo limpias… era impresionante: una suave luz emanaba de su cuerpo mientras sus manos se cubrían de un extraño brillo dorado: jamás he visto que a otro Curandero le suceda lo mismo… con el tiempo incorporó en su oratorio representaciones de algunos Ángeles y una figura de la Virgen de Dolores de tamaño natural, la cual adquirió gran fama por “milagrosa”… permanentemente los tenía rodeados de flores y exquisitos inciensos…

Esporádicamente yo permanecía a solas en la pequeña Capilla y sentado ante la milagrosa figura femenina… realmente nunca supe entender por qué me atraía tanto, ya que sólo me imitaba a contemplarla enfundada en impecables vestidos de diversos tonos azul… curiosamente nunca le recé ni le pedí que me concediera algo…

10.
La oscura habitación que estaba al fondo de su casa con el tiempo me inspiró miedo, sin embargo, nunca abordé el tema con él hasta que una mañana, sin que hubiera nada planeado, me pidió que lo siguiera por el pasillo que recorría la planta baja de la casa para buscar unos recibos del pago de predial de su casa…

Entramos, encendió una muy tenue luz y la descubrí bastante amplia, pero me dio la sensación de que retrocedí 100 años en el tiempo: las ventanas estaban totalmente clausuradas, en el suelo había un desgastado tapete de indefinible color, tenía un desvencijado escritorio, un antiquísimo sillón y exactamente frente a él una arruinada silla de madera (colocadas a manera de que dos personas pudieran conversar cara a cara) y en las descascaradas paredes había varias cajas cubiertas de polvo que contenían rollos de música que supuse tenían muchos años de no ser colocados sobre el tablero de su pianola…

En ese momento sentí el ligero roce de una delicada mano que recorría mi espalda… por la delicadeza concluí que había sido una mujer quien lo hizo, pero sabiendo que estábamos solos me negué a voltear hacia atrás… Felipe abrió uno de los cajones del escritorio y sacó sus recibos y no lo cerró… al darse media vuelta entendí que era hora de salir: fui el primero en hacerlo antes de que él apagara la luz… más ya que estábamos dando los primeros pasos sobre el largo pasillo, claramente escuché que “alguien” cerraba el cajón del escritorio con fuerza…

11.
A Felipe lo mataron tras varios intentos de hacerle daño… fue en una guerra de brujos y no lo asesinaron porque sus enemigos (contra los que peleaba por defender la herencia de un sobrino), fueran más poderosos… a veces creo que por su avanzada edad lo agarraron cansado: a pesar de su vejez me tocó presenciar que hizo lo posible por sacar adelante a su familiar de la infamia (que tras su muerte) los cabrones terminaron cometiendo…

Cuando entré a su casa su cuerpo ya estaba amortajado sobre la gran cama en la que solía dormir… también lo vi llegar al velatorio y presencié las negociaciones que su amigo Juan hizo al momento de pedir la mejor ceremonia fúnebre que le pudieran ofrecer…

Durante su entierro me indignó ver algunos de los que quisieron matarlo: ya fuera poniéndole brebajes en sus tragos de brandy o tratando de pasar la mano húmeda con algún mortal ungüento sobre su cabeza… sin embargo, opté por la prudencia… recuerdo que uno de ellos se acercó y tratando de abrazarme dijo:

- se nos fue…
- lo consiguieron – respondí rechazando su abrazo y recordando que Felipe me confesó que él fue uno de los que trató de asesinarlo…
- nos dejó Felipe – dijo mientras lloraba… le di la espalda y me alejé…

12.
Tres meses después su amigo Juan también falleció: la última vez que conversé con él fue un 24 de diciembre y padecía una especie de paranoia, pues afirmaba que todo el vecindario pretendía despojarlo de las pertenencias de Felipe…

Cuando los familiares de Felipe trataron de investigar cuál había sido su última voluntad, se encontraron con que una sobrina de Juan ya se había adueñado de sus bienes, argumentaron un testamento que nunca mostraron y se atrincheraron en casa del Curandero… desconozco el destino que tuvo el Cristo negro…

Años después y mientras me fundamentaban mi “Palo de Muerto” de Curandero, pregunté al espíritu de Felipe si quería trabajar conmigo… aceptó…

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