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22 de febrero de 2014

Mi vida en la Santería 17: la saña en Iwori Rote



Según la definición más común el Iyoyé es una “ceremonia pública a la cual puede asistir cualquier persona y donde los Babalowos se colocan en fila a ambos lados del nuevo Awó, el cual pasará tres veces en medio de ellos (ida y vuelta) recibiendo azotes con cuajes (ramas que según la leyenda urbana pueden ser de guayabo, castaño, nogal o durazno, aunque en realidad sólo deben tomarse de un árbol llamado “rascabarriga”), en señal de sumisión, obediencia y valor ante los golpes que recibirá en vida como religioso”…

Un extraordinario análisis sobre este oddun y su verdadero significado fue escrito por mi gran amigo Rubén Cuevas, el cual se puede consultar en este link: http://www.ifapagano.org/blog/?p=1284

1.
Hace algunos años conocí a un Babalowo (hijo de Eleggua), que según él trabajaba como agente de la policía secreta y quien nos contó con una extraña mezcla de soberbia y diversión, frente a varios religiosos y durante una coronación de Shangó, la historia del Ifa del sus tres vástagos…

Resulta que estaba divorciado y su ex mujer estaba torturando psicológicamente a sus tres hijos, según él mismo afirmaba, simplemente por el placer de verlo sufrir… así que se consultó al pie de Orunmila y éste le dio la solución: que sus varones de 13, 11 y 9 años entraran a la Santería y de inmediato pasaran a Ifa…

Así lo hizo: reunió el dinero a través de robos y extorsiones y con el pretexto de llevarlos de vacaciones, pasó a recogerlos a casa de su ex esposa y de ahí los trasladó directamente al rio para comenzar con las obras de coronación de Santo… tras cumplir los obligatorios 7 días en el trono los sacó y de inmediato los pasó a Ifa, sólo que durante esta ceremonia hubo un pequeño detalle: uno de los mayores que los había asistido exageró con los golpes en la espalda sobre sus tres hijos al momento del Iyoyé, dejándoles profundas laceraciones que consideró innecesarias…

Furioso e indignado cuestionó a los demás sacerdotes de Ifa hasta que uno de ellos (el más joven de todos), le dio el nombre del “culpable” de tan salvaje golpiza… el propio Babalowo contaba que sacó su pistola y fue a encañonar al delatado, al tiempo que le reclamaba sobre la manera con la que se había ensañado con sus hijos… él mismo se jactaba entre risas de que en medio de un mar de lágrimas, le pedía perdón por lo que había hecho, aunque señalaba que él sólo cumplía con lo señalado por Orunmila en el oddun Iwori Rote…

Explicó el policía que si bien el suceso no pasó a mayores, solicitó la expulsión del Igbodu del abusivo religioso como condicionante para terminar con el ceremonial, lo cual fue aprobado por los demás Babalowos…

Todo esto lo contaba entre risas… y de paso aclaró entre otras cosas relacionadas con las iniciaciones de sus hijos, que al mayor no le coronó Eleggua, porque “oreja no pasa cabeza”, así que usó al comodín de todos los Orishas: Obatalá…

2.
Un sábado al medio día acudimos a un tambor en honor a Obatalá, el cual se aprovecharía para hacer la presentación de un joven Babalowo (hijo de Inle), el cual ese día terminaba con el proceso de su iniciación como apostol de Ournmila…

He de reconocer que daba la impresión de que muchos de los asistentes sólo estaban ahí por la expectativa que les causaba presenciar el Iyoyé… para cumplir con esta ceremonia ya se habían repartido cujes de árbol de guayabo entre los Babalowos presentes, algunos de los cuales soltaban unos golpes al aire a manera de juego entre risas… o como dijo uno de ellos: “para ir calentando el brazo”, así que cuando todo comenzó pude percibir cómo se desbordaba el morbo en el ambiente…


Durante las primeras dos vueltas la espalda del nuevo Awó quedó muy marcada, por lo que uno de los Babalowos comentó entre risas: “aún no le sacamos sangre”, situación que fue remarcada por el padrino, el cual convocó a todos los que tenían una vara en la mano y les advirtió (transcribo literalmente las palabras que le escuché decir):
 
- viene la última vuelta y tienen que darle duro al novato hasta que sangre, porque si no lo hace los que se tragarán todo el osogbo no serán los mirones: seremos nosotros y entonces antes de salir del Igbodu tendremos que hacer ebboe… además lo marca el signo Iwori Rote… así que ya lo saben cabrones: péguenle con huevos!!!…

Durante la tercera ronda lo golpes fueron dados a mansalva, con tal saña y desesperación, que varios fueron dados en los brazos y hasta pantorrillas, sin embargo uno de ellos fue a parar a la cara del iniciado dejándole una aparatosa marca en la mejilla que estuvo a milímetros de alcanzarle un ojo… como sea el esperado líquido rojo nunca llegó, así que cuando el joven regresó al Igbodu su sádico padrino se llevó las manos a la cabeza y levantó la mirada hacia el cielo en clara señal de rabia, frustración y temor, mientras los rostros de algunos Babalowos palidecieron…
 
3.
- así nomás lo pidió – dijo un amigo mío que tenía unos meses de haberse jurado como Babalowo – y lo dijo enfrente de mí…
- no entiendo – reconocí por lo extraño de la situación…
- yo menos – confesó – llegó al Igbodu en el que yo estaba haciéndome Ifa a saber por quién… yo no lo invité
- quizá fue tu padrino - aventuré…
- no lo sé, pero te digo que se puso frente a él y extendiéndole un gran fajo de billetes le dijo: “te voy a dar esta cantidad de dinero para que me dejes a mi solito darle su merecido a este cabrón en el Iyoyé… nadie le va a pegar más que yo”…
- y qué le contestó? – interrogué…
- cuando se lo solicitó el Babalowo ese, mi padrino se quedó callado – siguió contándome – no sé si pensando en el dinero ofrecido o a saber en qué, pero finalmente le respondió que eso no era posible ya que la ceremonia señalaba la participación de todos los sacerdotes de Ifa que estaban interviniendo en la iniciación…
- buena gente tu padrino – dije con ironía…
- lo mejor vino después - prosiguió mi amigo – al momento de salir los Babalowos del Igbodu para colocarse en dos filas, el tipo se me acercó y enseñándome la vara de guayabo me amenazó diciendo: “no te salvas de que ahorita te meta unos madrazos”…
- en serio? – dije sorprendido - pero qué le hiciste?... alguna majadería o mal modo en el cuarto de Ifa?...
- nada, te juro que jamás lo había visto en mi vida…
- qué cosa tan rara – atiné a decir…
- pero ahí no terminó todo: como mi padrino se negó a su petición, terminando el Iyoyé me advirtió: “cuando salgas del Igbodú te voy a partir la madre a golpes… Orunla en uno de tus signos dice que un mayor de Ifa debe darte una lección… y eso me toca a mi”…
- en serio te amenazó con eso?
- así me lo advirtió – me confió mi amigo – aunque finalmente ya que salí no me hizo nada…
- pero Orunla puede pedir algo así?
- que yo sepa no, pero sería cosa de la interpretación que se haga de los oddun… y como los Babalowos viejos saben más de los mensajes secretos que contienen… pues… si lo dice Iwori Rote así debe ser…
- a mí me parece que más que un sacerdote de Ifa, ese tipo es un soberano cabrón…
- no sé… pero eso sí te puedo contar: el Babalowo aquel efectivamente se ensañó con los golpes que me dio… pero ni modo: dice mi padrino que el Iyoyé es una de las ceremonias más importantes de la iniciación en Ifa y que por lo mismo hay que superarla con sabiduría… sin quejarse y sin rencor contra nadie…

 
4.
Durante varios años tuvimos amistad con una Espiritualista que solía invitarnos a las “cátedras” que realizaba cada mes en su casa, sin embargo, no siempre solíamos ir, principalmente porque las realizaba en días y horarios poco accesibles para nosotros por nuestros demandantes trabajos…

En una de nuestras ocasionales asistencias, y mientras disfrutábamos de la abundante comida con la que fuimos agasajados, sucedió la siguiente conversación…

- interesante lo que te dijo “El Maestro” durante la cátedra – me comentó la Espiritualista - pero mucho más la visión que tuviste de “Él” mientras conversaban
- tiene mucho significado si tomo en cuenta el dilema espiritual en el que me encuentro – confesé…
- aún sigues dudando en si debes jurarte o no como Tata en el Palo? – me preguntó su esposo, un Palero con quien mantenía agradables conversaciones cada que nos veíamos…
- no – aclaré – ahora el dilema es si paso a Ifa o no…
- quieres jurarte como Babalowo? – cuestionó él…
- no tanto que yo quiera – reconocí – pero durante las últimas consultas que me he realizado al pie de Orunmila él me lo está apremiando…
- es una decisión importante – dijo ella – una ceremonia de ese tipo cambia la vida para siempre…
- a él de toda la iniciación sólo le preocupa una parte – intervino mi esposa - y es el famoso Iyoyé…
- y qué es eso? – preguntó la Espiritualista…
- lo que sé – se adelantó el Palero a explicarle a su esposa - es que entre varios religiosos te dan una azotada en la espalda con varas de árbol de castaño…
- algo parecido a los 40 latigazos le dieron a Jesucristo? – cuestionó ella…
- exactamente – aprobé la alusión – creo que no se podría definir de otra manera… según esto está marcado por el oddun Iwori Rote…
- pero concretamente a qué le temes? – me cuestionó el Palero – porque si me lo permites, entre tu Rayamiento, tu coronación de Santo, tu juramentación den Ozaín y no recuerdo qué tantas más ceremonias has tenido, te han marcado el cuerpo por todos lados…
- no es temor – aclaré - quizá sea incredulidad: recientemente me ha entrado la duda de hasta dónde debo entregar mi sangre durante ciertas iniciaciones… no dudo que en algunas es necesario: eso tiene su secreto, pero es que también los cubanos han desvirtuado tanto la religión de los Orishas que no me cabe en la cabeza que una parte de ellas no sean otra cosa que una vulgar tortura al estilo “policía mexicana”…
- creo que eso de los golpes con las varas podría tener una solución – dijo la Espiritualista…
- cómo??!! – exclamó mi esposa…
- el día de hoy ya no puedo hacerlo porque al comer rompí el ayuno – avisó la mujer - pero denme unos días para “pasar espíritu” y preguntar si lo que dicen mis guías es lo correcto para esa ceremonia – y con ese aviso cambiamos de tema…

Un sábado por la mañana, exactamente una semana después de aquella comida, el teléfono de casa sonó y mi esposa mantuvo una animada conversación durante unos 20 minutos…

- era mi amiga la Espiritualista – comentó una vez que colgó y mientras se sentaba frente a mi…
- qué te cuenta? – interrogué dejando de lado el libro de Adrian de Souza Hernandez que estaba leyendo…
- llamó para decir que ya hizo la consulta – me explicó - aquella sobre los golpes en el Iyoyé durante la ceremonia de Ifa… dice que la hizo directamente con “Él”…
- y qué le dijo?
- sí es correcto lo que le propusieron sus guías…
- y que fue lo que le plantearon? - la interrogué…
- tendrías que hacer “una especie de obra” días antes de entrar a tu ceremonia de Ifa – me dijo…
- si es que algún día lo hago – dije entre risas…
- es muy sencilla – continuó y me explicó que todo consistía en comprar determinado número de ciertas flores y regalar una por una en un lugar público…
- nada más? – cuestioné…
- así de sencillo… de hecho me refirió al Libro Sagrado – aclaró al tiempo que se ponía de pie y comenzaba a buscar en mi tan envidiado librero…

Una vez que lo encontró revisó el capítulo señalado y me lo entregó para que yo también lo leyera, lo cual hice un par de veces… reflexioné sobre su contenido, cerré el texto, lo regresé a su sitio y no tuve más remedio que sonreír…

2 comentarios:

Angel Cambero dijo...

Me gustan muchos sus escritos, ya que me identifico con la mayorías de ellos. Saludo desde Venezuela.

Anónimo dijo...

Muy interesante como siempre!.
Me ha traido el “Amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios” (Mc. 12,33)
Mateo 7:12
Por eso, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos, porque esta es la ley y los profetas.

Supongo que la obra de regalar dulzura, las flores al público, era para crear un karma positivo tal que cuando le correspondiera sera azotado, esa acción había sido liquidada con la buena acción previa, recibiendo suavidad en su lugar.

Me induce a pensar, quizás sea la ceremonia del iyoye una manera de plantar en la cabeza al futuro babalawo que tal como se comporte con los demás, los que llamen a su puerta, así se verá recompensado por la sociedad. Recogerá lo que haya sembrado.
Que Dios les bendiga
Ketu