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5 de noviembre de 2014

Es lo malo de los libros 17: mi vida con W (parte 1)



1.
W es una mujer muy hermosa: desde que nuestras vidas se unieron descubrí que era una mujer capaz de detener el tráfico, provocar interminables suspiros y desencadenar enfermizas pasiones entre hombres y mujeres: llamaba la atención en el lugar donde estuviera…

2.


La conocí en la librería “El Péndulo”, donde se debatía entre dos textos de Hanif Kureishi… en una mano tenía “Intimidad” y en otra “Siempre es medianoche”… me intrigó la indecisión con la que miraba las portadas, pero más me atrajo el conjunto de su belleza: de piel blanca, su rostro estaba discretamente maquillado de manera que resaltaba sus vivaces ojos verdes, su lacio y negro cabello le caía sensualmente sobre los hombros y su cuerpo, perfectamente proporcionado, estaba enfundado en un elegante vestido color gris… me acerqué discretamente, tomé de la misma mesa un libro y cuando lo consideré prudente le dije:

- te recomiendo “Amor en tiempos tristes”: es su novela más elaborada si lo que buscas es entender las relaciones humanas…
- la convivencia entre las personas es bastante complicada – respondió mientras me veía con curiosidad…
- pues pareciera que en “Amor en tiempos tristes” el escritor descubrió que tomando decisiones correctas la vida es más simple…
- ojalá así fuera todo de sencillo – dudó cortésmente de lo que dije…
- en uno de los diálogos entre dos de los personajes, Kureishi suelta una frase que ha pasado a formar parte de mi vida desde hace años…
- cuál? – preguntó intrigada…
- “la libertad viene de la comprensión”…

W sonrió tras reflexionar unos instantes sobre mis palabras, dejó los dos libros sobre la mesa, buscó entre los demás hasta que encontró “Amor en tiempos tristes”, dijo con coquetería un gracias y se alejó…

Nos encontramos un par de veces más entre los pasillos de la librería hasta que ella señaló:

- ya son muchas entrecruzamientos
- tienes razón – atiné a decir…
- supongo que tendrá algún significado – dijo ella…
- te invito a tomar un café para que me lo expliques? – propuse…
- no tengo mucho tiempo, pero… vamos – respondió tras consultar su reloj…

Conversamos durante casi una hora sobre libros y un poco de cine, sin embargo, en este último tema no avanzamos por culpa del timbre de su teléfono celular, el cual nos interrumpió escandalosamente pese a que estaba guardado en su bolso: no contestó la llamada, simplemente revisó el identificador e hizo una leve mueca de disgusto…

- llegó la hora – señaló…
- bien – concedí mientras apremiaba al mesero para que me diera la cuenta: pensé que se iría, pero esperó hasta que entregué el dinero…


Llegamos a la caja y estuve a punto de proponerle que me dejara pagar su libro, pero no lo consideré prudente, así que ella liquidó el importe de “Amor en tiempos tristes” y yo por mi cuenta hice lo mismo con “Arousiada” de Leonardo Da Jandra… antes de despedirnos me pidió mi número telefónico y se lo di, pero al solicitar el suyo me respondió con un contundente “yo te marco”, me dio un beso en la mejilla y se fue…

3.
W me hizo un par de llamadas breves antes de proponer una cita, la cual se programó un sábado para desayunar… en cuanto hizo acto de presencia nuestro encuentro se llenó de mutua atracción…

La conversación fue más relajada y esta vez no sólo se limitó al inconcluso tema del cine, sino que incluyó la música, en el cual me dejó impresionado: si bien ella aceptaba ciertos géneros del rock, en realidad lo suyo era el jazz, sobre el cual me hizo varias recomendaciones que dejaron claro que era experta sobre el tema… posteriormente habló un poco de música clásica antes de regresar a los libros…

Tres horas después estábamos en un discreto motel… ya entrada la tarde el timbre de su teléfono la hizo regresar a la realidad, pero en esta ocasión lo puso en modo de vibración, lo hundió en su bolso y propuso una ducha juntos para ir después a la librería donde nos conocimos…

- no tenemos mucho tiempo – avisó apenas y entramos – y tomándome de la mano buscó a uno de los empleados y le pidió “Perras Sabias” de Virginie Despentes* - es lo tuyo – comentó con cierta picardía…
- cómo lo sabes? – la cuestioné sorprendido de su exactitud…
- simplemente lo sé – contestó cuando se lo entregaban… pagó, salimos, escribió una dedicatoria en el libro, me besó apasionadamente y prometió llamarme la siguiente semana… más pasó una larga quincena hasta que reapareció, a través de un mensaje por celular, citándome en la cafetería de la misma librería…

4.
Llegué minutos antes y ella ya estaba viendo las novedades literarias… al verme sonrió, pero noté inquietud en su mirada… me propuso entrar a la cafetería…

Tras pedir limonadas conversamos sobre algunas trivialidades… una vez que la mesera atendió nuestra orden y nos dejó solos (no sin antes ver de reojo el escote de W), me espetó:

- eres un soberano cabrón…
- cómo? –balbuceé mientras se me resecaba la boca…
- pero me encanta que seas así – agregó antes de reír…
- vaya – descansó mi alma…
- me gustas – dijo sacando su celular y apagándolo frente a mí…
- supongo que es algo importante lo que me dirás - concluí…
- así como eres un cabrón, también tengo lo mío: soy muy directa…
- tienes toda mi atención – avisé…
- en primer lugar debo confesarte que soy casada, pero nunca he sido feliz con el que se dice mi esposo – dijo mientras me miraba a los ojos…
- algo me imaginé… cada que suena tu teléfono te conflictúas
- no te molesta que lo haya escondido?
- creo que no lo ocultaste – aclaré – las cosas se dieron de una manera tan rápida, aunque imaginaba que algo había y aun así me dejé llevar, es señal de que ese detalle no importaba en ese momento…
- extraña tu manera de ser – comentó…
- me lo han dicho muchas veces – le dije sonriendo cínicamente…
- en segundo lugar… reitero eso de que eres un cabrón porque gracias al libro de Hanif Kureishi he descubierto muchas cosas sobre mi…
- en serio? – me sorprendí…
- sí, durante días no me animé a leerlo, pero en cuanto empecé no pude parar hasta terminarlo – continuó con las revelaciones – Kureishi tiene razón en eso de que “la libertad viene de la comprensión”…
- es una verdad irrefutable…
- sí – prosiguió – y si bien desde la lectura del primer capítulo comencé a llorar, al terminarlo me quedó la certeza de que debo divorciarme…
- vaya – dije sorprendido – no es un libro de superación personal…
- en tercer lugar – dijo tras soltar un largo suspiro – y aquí viene lo complicado… no creo que podamos “seguir” con lo nuestro: mi esposo no sólo es un tipo con dinero y poder, sino que además es perversamente obsesivo… y que me dé el divorcio será algo difícil que puede implicar algunos peligros a los que NO te pienso exponer - enfatizó
  
Debo reconocer que aquello me tomó por sorpresa… si bien apenas y comenzábamos “algo”, todo pintaba demasiado bien entre nosotros como para que de pronto se truncara… más supongo que la contrariedad se dibujó en mi rostro pues de inmediato agregó:

- pero aquí entraría lo que preparé como en cuarto lugar – dijo un tanto apenada – no quiero que nos dejemos de ver… sé que suena egoísta, pero me hará mucha falta alguien como tú para enfrentar a mi marido…


- alguien como yo? – la interrumpí extrañado…
- eres un cabrón, recuerdas?
- y eso qué tiene que ver? - la cuestioné…
- necesito tener en dónde recargarme cuando mi alma flaqueé…
- y acaso seguirnos viendo, sin tener sexo, no es igual de peligroso?…
- aunque lo dudes: no lo es…

Suspiré al tiempo que dejaba caer el peso de mi cuerpo en el respaldo de la silla y permanecía en silencio durante un rato, mientras a nuestro alrededor se escuchaba la divertida charla de los demás comensales…

- estás en tu derecho de decir que no y lo comprendería – enfatizó – pero tenía que pedírtelo: necesitaré que estés ahí como amigo… y la verdad es que amistades no tengo… increíblemente este tipo fue alejándome de todo el mundo, incluyendo de mi familia, pero siguiendo con la sinceridad: pase lo que sea… no sé si tenemos un futuro
- a cada instante me la complicas más – reconocí – hay otra cosa que deba saber antes de responderte?
- no, eso es todo…
- y yo qué gano con estar al pendiente de ti? – la cuestioné…
- nada… o todo: depende de lo que buscas en la vida…
- cínica – la acusé entre risas…
- te advertí que acostumbro a ser sincera…
- ya veremos hasta dónde llegamos – accedí, lo que provocó que ella abriera sus bellos ojos y me regalara una sonrisa…
- tienes novia? – me preguntó tras dudar un poco…
- por qué crees que acepto? – reviré haciendo que sonriera de nuevo…
- gracias – me dijo…
- no lo agradezcas – le pedí – estaré contigo cada vez que lo necesites…

5.
El proceso de divorcio duró tres años, durante el cual hubo situaciones extrañas, algunas agradables, pero siempre bajo una constante tensión sexual por aquello de la mutua atracción que sentíamos…

6.
Por ejemplo, un viernes para amanecer sábado llegué a mi casa tras haber cenado con unas amigas… me disponía acostarme cuando timbró mi teléfono…

- soy impertinente? – preguntó W…
- para nada – respondí…
- te puedo ver ahora?
- en este momento? – inquirí…
- por eso pregunté si no interrumpía algo…
- no hay problema – accedí…
- paso por ti en 20 minutos – avisó y exactamente transcurrido ese tiempo sonó mi celular avisándome que había llegado…
- quieres buscar un lugar para tomar algo? – pregunté tras saludarla…
- no – contestó quebrándosele la voz – sólo necesito que me abraces… le ofrecí mis brazos, se hundió en ellos y comenzó a sollozar…
- te ha lastimado? – pregunté tras varios minutos…
- no – respondió y dicho esto se soltó a llorar… así estuvimos por media hora, sin cruzar palabra, hasta que desahogó su alma… 


* Perras Sabias fue el único libro que W me dedicó… posteriormente me lo regaló de nuevo cuando le confesé que lo había extraviado en una poco clara situación que ni yo mismo entendí... aunque me lo repuso, no incluyó nueva dedicatoria entre sus páginas…

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