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9 de noviembre de 2016

Los 7 nudos de Yemaya

1.
Mi amiga K tenía lo que ella llamaba un embarazo normal derivado de la tranquilidad que le daban las afirmaciones de su médico sobre su buen estado de salud, así que sólo tomaba las precauciones que él indicaba.

Me invitó a tomar un café para platicarme cosas personales… una vez que nos reunimos se sinceró.

- tú que andas en cuestiones esotéricas – dijo, mas la interrumpí.
- no soy esotérico.
- ya sé, eres vidente, santero y eso – corrigió – es para entrar al tema.
- puedes ser directa – la animé - después de tantos años de conocernos no necesitas pretextos.
- tú sabes cosas – dudó – podrías decirme si mi bebé viene bien?
- a ti no te gusta esa faceta de mi vida - dije sin reprimir la risa – ahora quieres hacerme una consulta?
- no me molestes – pidió divertida.
- hay algo en específico que te inquiete? - comencé a sondearla.
- no estoy segura – dudó de nuevo – presiento algo.
- sobre el embarazo o sobre tu bebé? – traté de ayudarla.
- ambos – aceptó y la miré con cierta dureza.
- has sido imprudente en estos 6 meses – señalé – te lo advertí.
- seguí las indicaciones de mi médico – se defendió.
- entonces por qué me consultas – le reviré, el ambiente se tensó y opté por la prudencia – bien… sobre tu primera duda te sugiero reposo absoluto si quieres llegar a los 9 meses sin sustos, sobre la segunda… depende de cómo sobrelleves mi respuesta anterior.

K se quedó callada, pensando, hasta que preguntó por mi próximo libro.

2.
Salía rumbo a mi trabajo el día que cumplió los 8 meses de embarazo, cuando L (su esposo) me llamó por teléfono para decirme que a K se le había roto la fuente: iban rumbo al hospital, pero ella quería mi promesa de que iba a estar con ellos en el parto: dije que iría. Antes de salir entré al cuarto de religión, hablé con Yemaya, le encendí una vela, tomé uno de sus elekes y partí hacia a la clínica.

Llegué a emergencias y encontré a L, nos saludamos secamente (él sentía celos por nuestra amistad, pese a que ella le explicó que databa de años atrás, incluso antes de que ellos se conocieran), me informó que le harían cesárea, se sentó y no dijo más. Me acomodé a su lado (por molestarlo), saqué el eleke de Yemaya y comencé a rezarle: Yemaya kuelú re meye abayá ni re oyú, ayaba awó gba okí mi, iyá ogá ni gbogbo okuo, yeye omó eyá…

L me vio extrañado y pensaba decir algo cuando una enfermera avisó: “su esposa quiere que esté presente en el parto”. Se puso pálido y aproveché que la vería para pedirle le informara que ya estaba ahí. Desapareció con paso titubeante. Tres horas después regresó: temblaba, lloraba y reía a la vez, se me quedó viendo y soltó satisfecho “fue niño”, me abrazó, lo felicité y lo invité a la cafetería.


3.
- fue impresionante – confesó mientras la taza de café temblaba entre sus manos – nunca me imaginé que sería testigo de una cesárea.
- te dolió? – solté burlón, pero no se enteró, así que pregunté por K.
- adolorida – informó.
- y la tardanza? – inquirí ya que una cesárea no dura más de una hora…
- mi hijo traía el cordón umbilical enredado en el cuello. Increíble: la tripa le dio 7 vueltas y parecía que estaba lleno de nudos.
- 7 vueltas? – lo interrumpí sintiendo una punzada en el vientre.
- sí – confirmó – se estaba asfixiando: les costó trabajo desenredarlo pero salió bien: ya lo tienen en una incubadora, jugaré un billete de la lotería con ese número – exclamó y sentí otra punzada en el estómago.

Al regresar a casa agradecí a Yemayá su intervención para salvarles la vida, más el tema de los nudos me tenía inquieto, así que tomé su caracol, lo tiré y habló con Eji ede… tiré unos signos más.

4.
Tres días después los dieron de alta y dos semanas después fuimos a saludarlos: nos recibió L más relajado sobre la cuestión de los celos, lo que propició una tarde agradable. Durante un largo rato mi esposa cargó a F (así habían decidido llamarlo), quien dormía como sólo saben hacerlo los bebés: sin preocuparse por la maldad humana.

Al darme cuenta de que K estaba cansada, pedí a mi esposa me dejara cargarlo: cuando estaba a punto de entregárselo puse mi mano en su estómago y me dolió: sólo ella se dio cuenta. Pregunté si el bebé comía bien y L dijo que sí. Se lo entregué a su mamá y nos despedimos.

5.
Semanas después K llamó una madrugada diciendo que F estaba grave y me pidió lo revisara: me negué advirtiendo que lo prudente era llevarlo al hospital, pero prometí acompañarlos. Pasaron por mí y sin pedir opinión K puso a su bebé en mis brazos, coloqué mi mano sobre su vientre y me dolió: ahí la tuve hasta que les expliqué.

- Es una bacteria… quizá la cogió en la incubadora.
- ya lo sabías! no te dije de qué está enfermo y pusiste tu mano ahí! – soltó k, mas llegamos al hospital y con ello evité las explicaciones.

F estuvo internado una semana por un microbio en el estómago; tras examinar a K y su leche se determinó que su origen era desconocido pero no corría peligro. El día que salieron del hospital K dejó a su hijo en su casa y se plantó ante mi puerta.

- vengo a que me expliques qué le sucede a mi bebé! – soltó apenas y entró a mi casa. Se sentó en un sillón, me coloqué frente a ella.
- para explicarlo tendría que hablarte de Santería, pero no crees en eso.
- soy toda oídos – soltó mirándome fijamente.
- Yemaya salvó la vida de tu hijo, pero ello no evitó que se vea afectado por los 7 nudos.

Expliqué quién era Yemayá, por qué había solicitado su ayuda, confesé mi sorpresa cuando L avisó que el cordón umbilical estaba enredado 7 veces en el cuello de F y revelé mi inquietud sobre los 7 nudos.

- los Orishas hablan a través del diloggun – señalé – así que en cuanto regresé del hospital tiré un signo y salió Eji ede.
- eso qué significa? – preguntó impaciente.
- son 16 signos principales junto con sus combinaciones que en su conjunto dan 256 oddus, los cuales explican el origen de todo e incluyen las respuesta a los problemas del ser humano.
- no entiendo – confesó K.


- con uno de esos oddus Yemaya habló sobre tu hijo… lo que dijo me inquietó, así que saqué otros signos que tocaron el mismo tema.
- todo me sigue pareciendo confuso – reconoció.
- en Ogbe odi hay una obra que conlleva un cordel con 7 nudos… hay otros como Ojuani popon, Oyekun meyi y Osa meyi donde también se menciona el número 7, pero el importante es Eji ede.
- qué tiene que ver eso con mi hijo?
- pensé que te gustaría entender – suspiré resignado – pero dada tu impaciencia te lo diré: tu hijo tiene 7 peligros de muerte que lo rondarán a lo largo de su vida.

K palideció, se cubrió el rostro y comenzó a llorar, la dejé varios minutos hasta que se tranquilizó, tomó un largo respiro y preguntó.

- eso quiere decir que acaba de superar su primera posibilidad de morir?
- no, lo de la bacteria es la primera advertencia de que debe cuidarse de cualquier tipo de infección que sin más puede ser mortal.
- y Yemaya puede salvarlo? ya nos ayudó en el parto y si mal no recuerdo tú te metiste a esa religión por cuestiones de salud.
- estás diciendo que piensas meterlo a la Santería para que se salve?
- no te has muerto – señaló con muy mal gusto, se dio cuenta y se avergonzó – discúlpame.
- la religión de los Orishas es destino – señalé.
- qué quieres decir? – preguntó.
- si mi destino era morirme entonces al meterme a la Santería lo ratifiqué – respondí y solté una carcajada.
- ya te vas a morir?! – exclamó preocupada.
- me refiero a que en estos momentos no pienses en tomar decisiones para salvar la vida de tu hijo: lo que debes hacer es…
- no voy a dejar que se muera! – se levantó gritando.
- cállate y no me interrumpas – le dije mirándola con dureza: fue tal la impresión de mi actitud que se sentó - lo que debes hacer es cuidarlo, no dejar a la desidia nada relacionado con su salud, inculcarle valores éticos, incentivar su espiritualidad, educarlo en la objetividad y el buen juicio, enseñarlo a no tomar riesgos, acostumbrarlo a llevar una vida sana y que aprenda a respetar al prójimo.
- ya con eso no se va a morir? – cuestionó con cierta incredulidad.
- todos vamos a morir: al nacer ya tenemos marcado año, mes, día, hora, segundo y motivo… así que atiende mis sugerencias y conforme crezca, si lo considero necesario, lo consultaré.

Aquellas últimas palabras la tranquilizaron… sollozó unos minutos más y cuando se tranquilizó se puso de pie para despedirse pero la detuve.

- te lo voy a decir una vez: sólo una – advertí – no estás obligada a entregarle una ofrenda a Yemaya por haber salvado a su hijo, ya que quien hizo la petición para que ambos salieran bien del parto fui yo… más en estos casos suelo sugerir que se haga como una muestra de agradecimiento.
- una ofrenda? – preguntó extrañada.
- no es obligación… debe salirte del alma.
- qué le puedo dar? – me interrogó y le anoté una lista de opciones, la leyó, asintió, me abrazó y salió de mi casa.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenas noches, impresionante vivencia!.
Perdóneme mi ignorancia, tenía entendido que para que hablaran los caracoles de los Santos (salvo Elegguá) había que darle antes "cuatro patas".

Maferefún Yemanyá todos los días de mi vida!.
Atentamente,
ketu

ujule-rachid dijo...

hola ketu... así es.

saludos

Anónimo dijo...

Maferefún Yemayá, esta entrada me encantó. Saludos!

ujule rachid dijo...

hola... sí, Yemayá hace cada milagro... hace poco comenté con un amigo algunos detalles más personales de está anécdota y mira: el niño está por cumplir 5 años y ahí va... saludos...

Anónimo dijo...

Mucha salud! (Para el nene, su familia y el resto del mundo)
Soy quien comentó en lo de la nganga, cuál es su correo? Es que además, es la primera vez que "choco" con un sacerdote de esta religión que además le mete durísimo al cine, la literatura, el rock, la buena música en general y un largo etc... sin ningún prejuicio pero no salgo de mi asombro! :-)
Saludos!

ujule rachid dijo...

hola anónimo... sí, está mal que lo diga, pero si hay algo que caracteriza a paleros, santeros y babalowos es la incultura: es gente que NO sabe escribir y no lee, y sólo porque tienen una iniciación piensan que son sabios...

sí, no debo decirlo pero es la realidad: si en mi estuviera, desde cuando dejaría de escribir de religión y me dedicaría a lo mío: música, literatura y cine, pero hay tantos paleros, santeros y babalowos estafando que NO puedo quedarme callado... así que aquí seguiré, como dice mi amigo escritor alain derbez en su libro: hasta donde nos de el tiempo...

escríbeme a luzmayambe@gmail.com...

Anónimo dijo...

En Cuba últimamente decimos "hasta que se seque el Malecón". En cuanto tenga un tiempito seguro que le escribo. Gracias

ujule rachid dijo...

cuando gustes...