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1 de febrero de 2017

Juan de los muertos

“Juan de los Muertos” es un film dirigido y escrito por Alejandro Brugués, cuya virtud es ser la primera película cubana sobre zombis y en la que una invasión de ambiguo origen arrasa con los habitantes de la isla. Ganó el Segundo Premio del Público del Festival de Cine Austin, Fanomenon Audience Award en el Festival Internacional de Cine de Leeds y Mejor película extranjera en los prestigiados Premios Goya.

Su protagonista es Juan: un cuarentón vividor que junto a su cómplice Lázaro defienden con las uñas su modo de vida, hasta que se ve obligado a salvar a su hija Camila. Oportunista e ingenioso encuentra la manera de hacer negocio con la pandemia y funda “Juan de los Muertos: matamos a sus seres queridos”, un comando que se deshace de familiares zombificados.

La cinta ironiza sobre los males que aquejan a Cuba: desde la acusación de que la plaga es un ataque yanqui (el primer zombi que aparece porta el uniforme de los presos de la base militar de Guantámano), hasta el discurso del gobierno que muestra su incapacidad de reaccionar y reconocer que están condenados a la extinción, sin faltar la sátira a la televisión, los balseros, la santería, la censura, los disidentes, las jineteras, el béisbol, la familia, la escasez y los cortes de luz.

Destacan escenas como aquella en la que el comando (incluye a un gay, en reto a la censura sobre la libertad sexual y a la práctica de Ifa), se reúne en las oficinas del Comité de defensa de la revolución para programar la parranda en turno, donde Juan dice a sus secuaces: “bueno, empecemos: dice Orunmila que hace falta más whisky - y pide al homosexual - así que caile arriba al Loco”.


La horda de zombis que cruza la Plaza de la Revolución, acosando a los protagonistas, antes de ser salvados por un mercenario yanqui, es una mofa al tercer mundo, donde los muertos vivientes reflejan al latinoamericano promedio que se niega a protestar por la miseria en la que vive, sólo busca satisfacer su necesidad de comer y está a la espera de que alguien lo salve de su miserable destino.

También la aparición de un líder local, representado por un gigantón obeso que se come a los militantes, es una sátira al canibalismo que engendran los gobiernos de izquierda totalitarios.

Hay un cuestionamiento al comunismo conforme el grupo es diezmado: los que caen en batalla son una alusión a los cubanos que murieron, en nombre de la revolución, luchando y padeciendo el embargo económico yanqui: esa dignidad que los aisló del mundo y les obligó a reinventarse.

En este sentido “Juan de los muertos” también es una llamada de atención al mostrar a un grupo de perdedores que en principio encuentran la forma de darle sentido a su existencia, tras la invasión zombie, para mutar su actitud en una lucha que va más allá de calamidades globales y de raíces ideológicas (contra “el imperio”), que finalmente se convierte en el redescubrimiento de una identidad.

Una película atrevida, incisiva y cargada de humor negro, con diálogos inteligentes que navegan entre la comicidad y la insolencia, apoyadas en escenas que provocan que el espectador ría o reflexione sobre la actual falta de ideologías que 20 años antes (gracias a la URSS y EU, mal que bien), daban un frágil equilibrio político-militar al planeta.

Los créditos finales son de antología: Fidel Castro dando un discurso ante una horda de muertos vivientes, dejando claro que en el capitalismo o el socialismo los zombis existen… y somos nosotros.

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