
para manely, yenyok y paulo
1.
He tenido amistades cuyos vínculos se remontan a décadas atrás, como
Alberto, un examigo (de los muchos que preferí perder para no infectarme de sus
toxicidades), al que cuando lo vi por última vez su actitud me desilusionó.
Alberto, al igual que Manolo, otro amigo del grupo, fueron los primeros
en casarse… aunque en raras circunstancias: ambos lo hicieron con mujeres
guapas, educadas y con clase, tomando en cuenta que… bueno, no es que no
estuvieran a la altura de sus votos matrimoniales, pero eran Alberto y Manolo,
así nomás.
En un desayuno Alberto me contó que se había divorciado de Ela en forma tormentosa
y en medio de litigios para obtener la patria potestad de un perro que criaron
desde pequeño. Ya que en este país el sistema judicial se presta a esto y más (por
ejemplo, los perros deben tener pasaporte oficial para salir del país), la
sentencia del juez fue que el animal pasaría un fin de semana con él y otro con
su ya exesposa.
En mexiquito los perros está por encima de los derechos de las personas,
dando pie a una nueva cultura con términos como “perrhijos” (quienes gozan de
las canonjías que pudiera tener un vástago), concepto que vino a destruir a la familia
tradicional compuesta por “papá, mamá e hijos”, sustituyéndola por parejas o solterones
que dan a su mascota el trato de auténticos hijos.
2.
Pero esto va más allá de esos amores y remite al significado espiritual
de hacer vida con un perro (como meterse a la cama con él o ponerle un plato a
la mesa a la hora de comer): su valor subjetivo es inseparable del tema de la
reencarnación, una depuración karmática abordada por el Hinduismo, Jainismo, Budismo
y Kabbalah, entre otras, el cual es visto como un proceso en la evolución
espiritual que conlleva la etiqueta de “premio” o “castigo” a partir de la conducta
de una persona en vida.
Estas religiones señalan que el ser humano puede renacer como un animal
y dependiendo su especie, es el “castigo” por haber tenido una actitud negativa
en contra de las leyes universales, siendo el peor escarmiento reencarnar, en
primer lugar, como “cerdo”, seguido de un “perro”.
No profundizaré en las implicaciones de una resurrección porcina, más
que para decir que vivir entre la suciedad para convertirse en alimento es el peor
proceso depurativo, de ahí que en la Kabbalah, por ejemplo, existe la bendición
Kosher un ceremonial que purifica los alimentos para que no haya herencia
kármica del alma cerdo-humana en quien la consuma.
El caso de los canes, si bien equivale al segundo de los correctivos,
tiene suficientes aristas para entender por qué hasta hace poco era de los más
temidos a experimentar por quienes entienden a conciencia el proceso del karma.
3.
Los perros fueron citados en la cultura popular como ejemplo de “mala
vida” basada un incomodidades, donde vivían a la intemperie, enfermos,
maltratados, desnutridos, carentes de afecto, usados en algunos países como
alimentos, experimentos o sacrificados en rituales de Santería o Vudú, entre
otras cosas.
Más en los tiempos que corren se han convertido en objeto de culto en países
subdesarrollados como méxico, donde son colmados de lujos que evitan el designio
divino de depurar karma con lo que debía ser una vida desprovista de bienestar.
Mas el tema de causa y efecto caninos no se limita a interrumpir un castigo divino a raíz de
la deformación de valores espirituales, incluye secuelas: quien incorpora un
perro a su vida cotidiana y lo hace objeto de una obsesión, termina por liberarlo
de su karma, su dueño lo absorbe y se obliga a depurarlo (a través de la pérdida
de empleo, soltería, asaltos, proyectos truncados, desprestigio social, etc.),
ya sea en esta vida o en la siguiente (en la Santería es algo parecido al
cambio de cabezas).
Así, para estas religiones en su siguiente reencarnación el dueño será, obvio,
“un perro” que podría ser sacrificado en un ritual, si bien le va, ser objeto
de agresiones sexuales (otra creación mexicana: los viola-perros), o ser una
persona en condición de indigente que carecerá de casa, sufrirá maltrato, desnutrición,
enfermedad, desamor y soledad.
Puede darse el caso que lo purgue en su vida actual, y si esto es
inmediato se hará a través de los hijos, con el primogénito o achaques en los
abuelos, como el cáncer (aunque en el extremo estas enfermedades puede padecerlas
el propietario del animal).
4.
La situación anterior se ejemplifica con el caso de Mónica, amiga de un paciente,
quien ante sus fracasos amorosos (de origen karmático, algo que nunca quiso
aceptar), fundó una brigada de rescate de perros callejeros a quienes les
buscaba hogar. En una de esas rescató a uno que estaba a punto de morir por una
infección en el ojo izquierdo.
No sólo lo internó en un hospital veterinario (localizado en la colonia
Narvarte, una zona donde abundan los pordioseros que mueren lentamente por
infecciones curables), sino que tras aliviarlo lo adoptó y llevó a vivir a su
casa al grado de compartir a diario su cama con él.
Seis meses después del inicio de aquello, el día en que salió a comprar
un pastel para festejar la llegada del que consideraba “la razón de su vida”,
Rosa tuvo un accidente antes de llegar a la pastelería, mismo en el que perdió
el ojo izquierdo, algo que lejos de llevarla a reflexionar sobre actitud, lo
tomó como señal divina de que ella y el animal eran almas gemelas.
Vale la pena recalcar que las consecuencias de karma canino están basadas
en la necesidad del mundo espiritual de mantener un equilibrio, cuyo pilar es
el aprendizaje a través de lecciones que “eleven el pensamiento y eviten las
malas acciones” con miras a evolucionar al siguiente estrato, aquel que coloca al
ser humano, en teoría, como el animal
más inteligente en el planeta.
5.
Habrá quienes piensen que el tercer lugar de reencarnación karmática en
un animal son los gatos, o en su defecto, se quejarán de por qué no hablo de
ellos. Pues bien, para las religiones citadas en esta entrada los felinos son
los únicos animales que no tienen origen terrestre, por ello “los pecadores” no
pueden reencarnar en ellos, pero además su negatividad es tal (a diferencia de
quienes tienen perros y los adoptan por su ignorancia), que los gatos
simplemente están prohibidos dentro de una casa.
Ya lo explicaré también desde la perspectiva del Hinduismo, Jainismo, Budismo
y Kabbalah en el siguiente texto sobre el tema de las mascotas.