28 de octubre de 2025
Urge hablar con los desencarnados el Día de muertos
Aprovechando que se viene el Día de Todos los
Santos y los Fieles Difuntos, mejor conocido como el Día de Muertos, en el que
los desencarnados tienen “permiso” para “venir” a que sus vivos les preparen
una ofrenda, vale la pena preguntarse: ¿qué hacer si en esos días los
antepasados nos contactan a través de los sueños?
22 de octubre de 2025
En 2025 los aztecas siguen realizando sacrificios humanos (último)
6.
Después de los sacrificios, los mayas y aztecas decapitaban a algunos de sus víctimas, y después de desollarlas, hervirlas y quitarles la carne, colocaban su cabeza en una pared formada con cráneos apilados, lo cual también tenía un significado espiritual.
En ciertos casos, sacerdotes de alto nivel solían conservar algún hueso del sacrificado (principalmente fémur), los cuales recibían cierto tratamiento y terminaban en envueltos en pieles o telas especiales, tras lo cual eran depositados en algún rincón del templo, durante cierto tiempo, antes de ser sustituidos por alguna parte ósea de una nueva víctima.
Los narcotraficantes no se quedan atrás en actitudes necrófilas: sus enemigos, luego de ser torturados, asesinados y parte de sus carnes consumidas, son desmembrados y también ciertos huesos (por lo regular dedos y/o cráneos), son introducidos en calderos o colocados en altares donde extrañamente (tomando en cuenta que en vida eran sus rivales), reciben ciertas tenciones, ofrendas y en ocasiones hasta oraciones.
En el extremo, los mayas y aztecas solían usar pequeños huesos de sus víctimas militares y las incorporaban a su indumentaria militar. En el caso de los líderes de los cárteles de la droga, se han documentado casos en donde algunos capos toman un hueso y tallan una figura pequeña de la Santa Muerte o alguna otra entidad y la introducen en su cuerpo.
En ambos casos esa práctica era/es resultado de la creencia de que esos pequeños fragmentos óseos les protegerían/protegerán de la muerte a manos de sus enemigos.
7.
Los sacrificios humanos y religión en la historia de la sociedad siempre han ido de la mano, aunque en algunos casos sea algo simbólico. Por ejemplo, en el catolicismo, durante la celebración de la llamada eucaristía, en algún momento el sacerdote presume que Jesús, El Cristo, dijo: “Éste es mi cuerpo entregado por ustedes; esta es mi sangre derramada por ustedes. Hagan esto en mi memoria”, tras lo cual invita a los feligreses a participar en un acto de antropofagia*.
Sin embargo, el tema de los cárteles de la droga y el canibalismo tiene particularidades, como es el caso de Nazario Moreno González.
Fue fundador de Los Caballeros Templarios, un cartel surgido en Michoacán, aliado del Cártel de Sinaloa. Moreno adoctrinaba a sus sicarios con pasajes de la biblia, servicios religiosos tipo misas y cantos religiosos con los que justificaba sus crímenes.
Ya lejos de sus feligreses, realizaba rituales con los cuerpos de sus víctimas, organizando “ceremonias” en las que los miembros del cártel y/o socios convocados debían comerse el corazón de rivales previamente capturados, torturados y “preparados” con anticipación para tal fin (como ya vimos también sucedía en la cultura mexica con los sacrificios del Templo Mayor y la ingesta ritual de carne humana en Tenochtitlán).
Irónicamente, en vida Nazario llegó a proclamarse “Santo” y en la actualidad cuenta con numerosas iglesias y templos donde miles de feligreses le rinden incomprensible culto, al igual que a Jesús Juárez Malverde, más conocido como “San Malverde” en Sinaloa, el Santo protector de narcos y sicarios, culto que combina creencias, usos y costumbres del catolicismo.
8.
En numerosos artículos de la prensa se ha destacado el vínculo entre cárteles y la práctica de ciertos cultos religiosos, sobre todo dentro de las cárceles del país, donde líderes del narcotráfico han montado templos, tronos y altares consagrados, entre otros, a la Santa muerte y San judas Tadeo, al mismo tiempo que a los Orishas, los Mpungos congos e incluso a Loas vudú.
En el penal de Topo Chico, ubicado en la ciudad de Monterrey, la prensa consignó que tras su cierre se localizó un altar, del tamaño de una cancha basquetbol, dedicado a la Santa Muerte, donde se encontraron cuchillos, machetes, juguetes, pistolas, drogas, figuras de la deidad de más de 3 metros de altura, huesos, cráneos y restos de sangre. Ahí, representaciones del Santo Niño de Atocha y Elegua se mezclaban con Ixtab, Horus y Huitzilopochtli, haciendo un extraño sincretismo entre el pasado y el presente.
Existen más similitudes, al mismo tiempo que diferencias, sobre los orígenes, la intención y la manera de llevar a la práctica ciertas creencias religiosas, pero un factor común entre todos es que el comportamiento humano, sin importar la época, está caracterizado por el vínculo con el poder, el sacrificio, la dominación, el miedo y sobre todo la violencia, que en ambos grupos minimizan el valor de la vida de las personas sin importar raza, sexo ni edad, generando así mismo fragmentación social, desestabilización falta de solidaridad, dolor, desplazamientos masivos y desconfianza.
Una última similitud a destacar entre los sacrificios aztecas y mayas y las masacres de los cárteles de la droga: si bien los sacrificios de las tribus prehispánicas formaban parte de un sistema de creencias espirituales, mientras que el asesinato de los narcos crea aparentemente una distorsión de la espiritualidad, que, sin embargo, se convierte en un sistema de creencias.
En el extremo, quizá la diferencia más importante entre mayas y aztecas con respecto a los narcos, es que los primeros hacían sacrificios humanos como un ejercicio de poder, mientras estos últimos, bajo una visión absolutamente pragmática, los incluyen a la par de la producción y el tráfico de drogas, lavado de dinero, prostitución y trata de blancas, extorsión, venta de armas, secuestro y trata de personas, como parte de todo ello y a través de un perverso empoderamiento ritualístico que incluye un culto diferente a los dioses de siempre o a nuevas deidades.
Claro que los testigos también colaboraban en esas diferencias: las sociedades prehispánicas celebraban esos sacrificios (cual vil circo romano), en tanto que nosotros, mientras desayunamos, lo hacemos mirando el noticiero o la primera plana del diario donde nos informan, entre bocado y bocado, el descubrimiento de una fosa clandestina con más de 200 cadáveres.
Indiferencia total.
9.
Así, tanto las tribus prehispánicas y los cárteles encontraron en los sacrificios humanos un mecanismo con el que están seguros que podían manipular las fuerzas que controlan la vida, como el karma o el destino, aunque sean términos occidentales, los aztecas tenían un refrán que advertía “Resbaladiza, escurridiza es la tierra”, los mayas también: “Mira primero lo que haces, para que no te arrepientas después”; los narcos también tienen su filosofía: “El problema de pedir favores, es cuando llega el momento de pagarlos”.
Si se analiza lo que conlleva una búsqueda de poder, comprensión del entorno, manipulación del miedo, control social y significado de qué hacen en este plano terrenal, entonces tienen más argumentos para justificar su comportamiento.
No obstante, los sacrificios humanos entre las culturas maya y azteca y los asesinatos de los cárteles del narcotráfico en México tienen motivaciones y contextos diferentes, existen paralelismos en los métodos de violencia utilizados y en su función simbólica dentro de la sociedad.
Así, los indígenas (empleaban) y los narcos (emplean) la violencia extrema como herramienta de control y comunicación, aunque con propósitos distintos y disfrazada con diferentes matices pata justificarla. Sin embargo, en este sentido destaca la complejidad de la violencia en diferentes contextos históricos y culturales, y la importancia de comprender sus raíces, motivos y funciones para entender por qué los sacrificios/asesinatos siguen vigentes en nuestro país.
* Esto me recuerda la Religión Bakongo, conocida como Palo Monte y el culto al Nfumbi, la cual surge de la idea de que “existe vida” después de la muerte, por lo que es necesario proteger el cuerpo para que esa nueva forma de vivir sea agradable para la conciencia superior, el alma, creencia que tiene una historia por demás interesante y que quizá desarrolle en otra entrada.
** Para aquellos devotos del catolicismo, les invito a que reflexionen sobre lo siguiente: si la mal llamada pasión de Cristo y su posterior crucifixión trajo como consecuencia una carga karmática a la humanidad, ¿por qué en cada misa, durante la eucaristía, el padrecito reitera ese karma haciéndoles tragar el “cuerpo de Cristo”?... ¿será que los feligreses se creen ese cuento de que comiéndose a Jesús obtendrán la salvación de su trasero?
Después de los sacrificios, los mayas y aztecas decapitaban a algunos de sus víctimas, y después de desollarlas, hervirlas y quitarles la carne, colocaban su cabeza en una pared formada con cráneos apilados, lo cual también tenía un significado espiritual.
En ciertos casos, sacerdotes de alto nivel solían conservar algún hueso del sacrificado (principalmente fémur), los cuales recibían cierto tratamiento y terminaban en envueltos en pieles o telas especiales, tras lo cual eran depositados en algún rincón del templo, durante cierto tiempo, antes de ser sustituidos por alguna parte ósea de una nueva víctima.
Los narcotraficantes no se quedan atrás en actitudes necrófilas: sus enemigos, luego de ser torturados, asesinados y parte de sus carnes consumidas, son desmembrados y también ciertos huesos (por lo regular dedos y/o cráneos), son introducidos en calderos o colocados en altares donde extrañamente (tomando en cuenta que en vida eran sus rivales), reciben ciertas tenciones, ofrendas y en ocasiones hasta oraciones.
En el extremo, los mayas y aztecas solían usar pequeños huesos de sus víctimas militares y las incorporaban a su indumentaria militar. En el caso de los líderes de los cárteles de la droga, se han documentado casos en donde algunos capos toman un hueso y tallan una figura pequeña de la Santa Muerte o alguna otra entidad y la introducen en su cuerpo.
En ambos casos esa práctica era/es resultado de la creencia de que esos pequeños fragmentos óseos les protegerían/protegerán de la muerte a manos de sus enemigos.
7.
Los sacrificios humanos y religión en la historia de la sociedad siempre han ido de la mano, aunque en algunos casos sea algo simbólico. Por ejemplo, en el catolicismo, durante la celebración de la llamada eucaristía, en algún momento el sacerdote presume que Jesús, El Cristo, dijo: “Éste es mi cuerpo entregado por ustedes; esta es mi sangre derramada por ustedes. Hagan esto en mi memoria”, tras lo cual invita a los feligreses a participar en un acto de antropofagia*.
Sin embargo, el tema de los cárteles de la droga y el canibalismo tiene particularidades, como es el caso de Nazario Moreno González.
Fue fundador de Los Caballeros Templarios, un cartel surgido en Michoacán, aliado del Cártel de Sinaloa. Moreno adoctrinaba a sus sicarios con pasajes de la biblia, servicios religiosos tipo misas y cantos religiosos con los que justificaba sus crímenes.
Ya lejos de sus feligreses, realizaba rituales con los cuerpos de sus víctimas, organizando “ceremonias” en las que los miembros del cártel y/o socios convocados debían comerse el corazón de rivales previamente capturados, torturados y “preparados” con anticipación para tal fin (como ya vimos también sucedía en la cultura mexica con los sacrificios del Templo Mayor y la ingesta ritual de carne humana en Tenochtitlán).
Irónicamente, en vida Nazario llegó a proclamarse “Santo” y en la actualidad cuenta con numerosas iglesias y templos donde miles de feligreses le rinden incomprensible culto, al igual que a Jesús Juárez Malverde, más conocido como “San Malverde” en Sinaloa, el Santo protector de narcos y sicarios, culto que combina creencias, usos y costumbres del catolicismo.
8.
En numerosos artículos de la prensa se ha destacado el vínculo entre cárteles y la práctica de ciertos cultos religiosos, sobre todo dentro de las cárceles del país, donde líderes del narcotráfico han montado templos, tronos y altares consagrados, entre otros, a la Santa muerte y San judas Tadeo, al mismo tiempo que a los Orishas, los Mpungos congos e incluso a Loas vudú.
En el penal de Topo Chico, ubicado en la ciudad de Monterrey, la prensa consignó que tras su cierre se localizó un altar, del tamaño de una cancha basquetbol, dedicado a la Santa Muerte, donde se encontraron cuchillos, machetes, juguetes, pistolas, drogas, figuras de la deidad de más de 3 metros de altura, huesos, cráneos y restos de sangre. Ahí, representaciones del Santo Niño de Atocha y Elegua se mezclaban con Ixtab, Horus y Huitzilopochtli, haciendo un extraño sincretismo entre el pasado y el presente.
Existen más similitudes, al mismo tiempo que diferencias, sobre los orígenes, la intención y la manera de llevar a la práctica ciertas creencias religiosas, pero un factor común entre todos es que el comportamiento humano, sin importar la época, está caracterizado por el vínculo con el poder, el sacrificio, la dominación, el miedo y sobre todo la violencia, que en ambos grupos minimizan el valor de la vida de las personas sin importar raza, sexo ni edad, generando así mismo fragmentación social, desestabilización falta de solidaridad, dolor, desplazamientos masivos y desconfianza.
Una última similitud a destacar entre los sacrificios aztecas y mayas y las masacres de los cárteles de la droga: si bien los sacrificios de las tribus prehispánicas formaban parte de un sistema de creencias espirituales, mientras que el asesinato de los narcos crea aparentemente una distorsión de la espiritualidad, que, sin embargo, se convierte en un sistema de creencias.
En el extremo, quizá la diferencia más importante entre mayas y aztecas con respecto a los narcos, es que los primeros hacían sacrificios humanos como un ejercicio de poder, mientras estos últimos, bajo una visión absolutamente pragmática, los incluyen a la par de la producción y el tráfico de drogas, lavado de dinero, prostitución y trata de blancas, extorsión, venta de armas, secuestro y trata de personas, como parte de todo ello y a través de un perverso empoderamiento ritualístico que incluye un culto diferente a los dioses de siempre o a nuevas deidades.
Claro que los testigos también colaboraban en esas diferencias: las sociedades prehispánicas celebraban esos sacrificios (cual vil circo romano), en tanto que nosotros, mientras desayunamos, lo hacemos mirando el noticiero o la primera plana del diario donde nos informan, entre bocado y bocado, el descubrimiento de una fosa clandestina con más de 200 cadáveres.
Indiferencia total.
9.
Así, tanto las tribus prehispánicas y los cárteles encontraron en los sacrificios humanos un mecanismo con el que están seguros que podían manipular las fuerzas que controlan la vida, como el karma o el destino, aunque sean términos occidentales, los aztecas tenían un refrán que advertía “Resbaladiza, escurridiza es la tierra”, los mayas también: “Mira primero lo que haces, para que no te arrepientas después”; los narcos también tienen su filosofía: “El problema de pedir favores, es cuando llega el momento de pagarlos”.
Si se analiza lo que conlleva una búsqueda de poder, comprensión del entorno, manipulación del miedo, control social y significado de qué hacen en este plano terrenal, entonces tienen más argumentos para justificar su comportamiento.
No obstante, los sacrificios humanos entre las culturas maya y azteca y los asesinatos de los cárteles del narcotráfico en México tienen motivaciones y contextos diferentes, existen paralelismos en los métodos de violencia utilizados y en su función simbólica dentro de la sociedad.
Así, los indígenas (empleaban) y los narcos (emplean) la violencia extrema como herramienta de control y comunicación, aunque con propósitos distintos y disfrazada con diferentes matices pata justificarla. Sin embargo, en este sentido destaca la complejidad de la violencia en diferentes contextos históricos y culturales, y la importancia de comprender sus raíces, motivos y funciones para entender por qué los sacrificios/asesinatos siguen vigentes en nuestro país.
* Esto me recuerda la Religión Bakongo, conocida como Palo Monte y el culto al Nfumbi, la cual surge de la idea de que “existe vida” después de la muerte, por lo que es necesario proteger el cuerpo para que esa nueva forma de vivir sea agradable para la conciencia superior, el alma, creencia que tiene una historia por demás interesante y que quizá desarrolle en otra entrada.
** Para aquellos devotos del catolicismo, les invito a que reflexionen sobre lo siguiente: si la mal llamada pasión de Cristo y su posterior crucifixión trajo como consecuencia una carga karmática a la humanidad, ¿por qué en cada misa, durante la eucaristía, el padrecito reitera ese karma haciéndoles tragar el “cuerpo de Cristo”?... ¿será que los feligreses se creen ese cuento de que comiéndose a Jesús obtendrán la salvación de su trasero?
17 de octubre de 2025
En 2025 los aztecas siguen realizando sacrificios humanos (1)
1.
Hace unas semanas el escritor, antropólogo y periodista Héctor de Mauleón publicó un ensayo titulado “Los sicarios adolescentes de la Unión Tepito”, lo cual coincidió un fin de semana donde volví a ver la película “Apocalypto” y terminé de releer “de Teotihuacán a los Aztecas”, de Miguel León Portilla.
Los tres, el ensayo, el texto y la película son un ejemplo de dónde viene y hasta dónde llega la violencia en México siguiendo una línea de tiempo.
Comentando con amistades sobre “Los sicarios adolescentes de la Unión Tepito”, coincidimos con la esencia del texto de Mauleón: ¿cómo es posible que niños de 10 o 12 años, ya convertidos en obedientes sicarios a las órdenes de un cártel de narcotraficantes, pueden arrancarle la piel de la cara a una persona viva, usar elaborados métodos de tortura, matar a familiares frente a sus víctimas, asesinarla y descuartizarla?
Mi respuesta siempre es la misma: porque los mexicanos lo traemos en el ADN, es parte de nuestra involucionada genética… ve lo que hacían los aztecas y los mayas arrancando el corazón a una persona viva, y ahora, siglos después, los delincuentes solo necesitan un pretexto, cualquiera, como la pobreza o el rencor, para activar esa carga genética y asesinar con la misma frialdad.
Me dan la razón.
2.
La historia de las civilizaciones prehispánicas en Mesoamérica estuvo plagada de rituales complejos y de prácticas religiosas arraigadas social y culturalmente, entre las que destacaban los sacrificios humanos, muertes que no por ser parte de ceremonias espirituales finalmente dejaban de ser expresiones de barbarie.
Más allá de la visión sobre el mundo entre los mayas y aztecas, los rituales se llevaban a cabo con un propósito religioso y/o político, guardando relación, en menor medida, con ciclos agrícolas y algunas festividades mundanas. Se cree que sacrificaban hasta 20,000 personas en un año con el fin de hacer pública su conexión con lo divino, lo cual incluía, tras bambalinas, la necesidad de reiterar una posición de poder y legitimidad sobre los pueblos conquistados tras feroces batallas.
Este proceso exigía abnegación, miedo y sumisión de parte de los vencidos, quienes proveían los prisioneros ofrendados a los dioses. Por ello, parte de la ofrenda era presentar estos rituales públicamente, creando un sentimiento colectivo, a manera de manipulación visual, para mantener la cohesión social mediante la cual la religión y las creencias “unían” al pueblo con sus gobernantes.
En la actualidad, siguiendo esa espiral de violencia en las retorcidas cadenas del ADN mexica, los narcotraficantes emplean la violencia y la intimidación para establecer su dominio sobre territorios y centros de población, a través de asesinatos y la tortura, para enviar mensajes que aseguren la obediencia entre la población, lealtad entre los miembros del grupo, el temor entre los rivales (informantes, periodistas, activistas y recién incluyen a influencers y youtubers), dejando claro que están por encima de la legalidad y la moralidad. Por ello es que abandonan cadáveres en lugares públicos, a la vista o embolsados, haciendo patente, además, su desprecio por el gobierno, sus leyes e instituciones.
En los tiempos que corren en méxico, la violencia asociada a los cárteles está manifestando características y similitudes a esos rituales prehispánicos, semejanzas no solo con respecto a los métodos para asesinar, sino también los motivos y el contexto social alrededor de ellos, incorporando cultos y rituales oscuros que en su momento requieren ofrendas, aunque no de cualquier tipo.
3.
Vale la pena recordar que un ejemplo de esa similitud lo dieron “Los Narcosatánicos”, tristemente famosos por razones violentas, quienes, combinando la práctica de Santería, Mayombe, Umbanda y Vudú, secuestraban, torturaban, asesinaban y ofrendaban personas de manera que esos sacrificios tenían la finalidad de defenderse de los enemigos y la policía, y su vez, proteger las remesas de droga que enviaban a Estados Unidos a través de ciertas rutas.
Así como en su momento, por ejemplo, para ambas etnias prehispánicas era importante sacar de la víctima el corazón aun palpitando, como parte de la ofrenda a los dioses, para los narcosatánicos la columna vertebral de sus mártires simbolizaba el refuerzo para apuntalar sus actividades delictivas.
4.
Las similitudes entre los sacrificios en las culturas mayas, aztecas y los cárteles abundan: como ya se señaló los dos grupos cuentan con complejas estructuras jerárquicas y sociales, de ahí que estás últimas contemplaran las ofrendas humanas en lugares públicos, una experiencia que podía infundir miedo y/o fascinación, de tal manera que se convertían en un modo de vida para los pueblos (de ahí que los mexicanos sean morbosos y obsesionados con la nota roja); mientras que los narcos dejan cadáveres colgando de puentes o árboles y cabezas humanas en plazas públicas, frente a oficinas de gobierno, escuelas o sobre carreteras.
Si bien hay quienes rechazan el canibalismo en los ceremoniales aztecas y mayas, existen suficientes estudios y pruebas para confirmarlo, y lo mismo sucede con los cabecillas de los cárteles, quienes dan pistas de su práctica con el descuartizamiento de sus rivales, simulándolo, como parte de sus actividades criminales, con la extirpación de órganos humanos para su venta en el mercado negro.
En el caso de los mayas y aztecas, la élite religiosa y política, encabezadas por un Tlaotani y un Halach Uinic respectivamente, decidían quién sería sacrificado, dictaban las normas que regulaban el comportamiento y las actividades humanas para mantener el orden (en su beneficio) y establecían tributos que ponían de manifiesto su poder; mientras que, en el medio del narco sus líderes también tienen un estatus de autoridad, deciden quién será ejecutado, dictan reglas (una de las más importantes es entender que la única forma de escapar de la delincuencia es salir “con los pies por delante”), establecen sistemas de extorsión e imponen preceptos de su muy personal estilo de ver la vida.
Ambas etnias/grupos comparten la idea de una causa de fuerza mayor que justifica la violencia: para mayas y aztecas apaciguar a los dioses, garantizar la sobrevivencia de su pueblo para asegurar la continuidad del orden social y dejar clara la manera en que entendían la vida y la muerte; para los delincuentes vivir rodeados de lujos, conservar el control territorial, sobrevivir en un ambiente de competencia, mantener el orden, proteger el negocio y, en algunos casos, obtener el respaldo de fuerzas sobrenaturales para perpetuar su dominio.
5.
Cualquiera que quiera pensar que los rituales prehispánicos se limitaban a extraer el corazón, están equivocados. Aquellos que serían inmolados en tierras aztecas, por ejemplo, se les imponía ayuno, abstinencia sexual, reclusión, vigilia, efusiones de sangre y la toma de tabaco mesclado con sal, incluyendo estudio obligatorio sobre la personalidad del dios ante el que serían sacrificados para entender por qué su vida sería ofrendada. Al momento del sacrificio, que podría tardar meses, no se realizaba si el sacrificante o sacerdote hubiese padecido alguna tristeza o contrariedad.
En el mundo del narcotráfico también se prepara a sus miembros, aunque de una manera violenta: al llegar a los campos de entrenamiento a los novatos se les desnuda, los mojan y obligan coger las terminales de baterías de coche para quemar un localizador si lo llevan enterrado en el cuerpo, se les moja y deja a la intemperie, desnudos, toda la noche y se les instruye en el manejo de pistolas, metralletas y lanzacohetes. Si alguna persona no cumple con la disciplina, se le asesina y al resto de los novatos se les obliga a comer su cuerpo bajo la creencia de que “si no hay cadáver, no hay delito que perseguir”.
En cualquiera de los dos casos, a los prisioneros y/o sicarios principiantes, con sus particularidades, simplemente se les prepara para morir.
Hace unas semanas el escritor, antropólogo y periodista Héctor de Mauleón publicó un ensayo titulado “Los sicarios adolescentes de la Unión Tepito”, lo cual coincidió un fin de semana donde volví a ver la película “Apocalypto” y terminé de releer “de Teotihuacán a los Aztecas”, de Miguel León Portilla.
Los tres, el ensayo, el texto y la película son un ejemplo de dónde viene y hasta dónde llega la violencia en México siguiendo una línea de tiempo.
Comentando con amistades sobre “Los sicarios adolescentes de la Unión Tepito”, coincidimos con la esencia del texto de Mauleón: ¿cómo es posible que niños de 10 o 12 años, ya convertidos en obedientes sicarios a las órdenes de un cártel de narcotraficantes, pueden arrancarle la piel de la cara a una persona viva, usar elaborados métodos de tortura, matar a familiares frente a sus víctimas, asesinarla y descuartizarla?
Mi respuesta siempre es la misma: porque los mexicanos lo traemos en el ADN, es parte de nuestra involucionada genética… ve lo que hacían los aztecas y los mayas arrancando el corazón a una persona viva, y ahora, siglos después, los delincuentes solo necesitan un pretexto, cualquiera, como la pobreza o el rencor, para activar esa carga genética y asesinar con la misma frialdad.
Me dan la razón.
2.
La historia de las civilizaciones prehispánicas en Mesoamérica estuvo plagada de rituales complejos y de prácticas religiosas arraigadas social y culturalmente, entre las que destacaban los sacrificios humanos, muertes que no por ser parte de ceremonias espirituales finalmente dejaban de ser expresiones de barbarie.
Más allá de la visión sobre el mundo entre los mayas y aztecas, los rituales se llevaban a cabo con un propósito religioso y/o político, guardando relación, en menor medida, con ciclos agrícolas y algunas festividades mundanas. Se cree que sacrificaban hasta 20,000 personas en un año con el fin de hacer pública su conexión con lo divino, lo cual incluía, tras bambalinas, la necesidad de reiterar una posición de poder y legitimidad sobre los pueblos conquistados tras feroces batallas.
Este proceso exigía abnegación, miedo y sumisión de parte de los vencidos, quienes proveían los prisioneros ofrendados a los dioses. Por ello, parte de la ofrenda era presentar estos rituales públicamente, creando un sentimiento colectivo, a manera de manipulación visual, para mantener la cohesión social mediante la cual la religión y las creencias “unían” al pueblo con sus gobernantes.
En la actualidad, siguiendo esa espiral de violencia en las retorcidas cadenas del ADN mexica, los narcotraficantes emplean la violencia y la intimidación para establecer su dominio sobre territorios y centros de población, a través de asesinatos y la tortura, para enviar mensajes que aseguren la obediencia entre la población, lealtad entre los miembros del grupo, el temor entre los rivales (informantes, periodistas, activistas y recién incluyen a influencers y youtubers), dejando claro que están por encima de la legalidad y la moralidad. Por ello es que abandonan cadáveres en lugares públicos, a la vista o embolsados, haciendo patente, además, su desprecio por el gobierno, sus leyes e instituciones.
En los tiempos que corren en méxico, la violencia asociada a los cárteles está manifestando características y similitudes a esos rituales prehispánicos, semejanzas no solo con respecto a los métodos para asesinar, sino también los motivos y el contexto social alrededor de ellos, incorporando cultos y rituales oscuros que en su momento requieren ofrendas, aunque no de cualquier tipo.
3.
Vale la pena recordar que un ejemplo de esa similitud lo dieron “Los Narcosatánicos”, tristemente famosos por razones violentas, quienes, combinando la práctica de Santería, Mayombe, Umbanda y Vudú, secuestraban, torturaban, asesinaban y ofrendaban personas de manera que esos sacrificios tenían la finalidad de defenderse de los enemigos y la policía, y su vez, proteger las remesas de droga que enviaban a Estados Unidos a través de ciertas rutas.
Así como en su momento, por ejemplo, para ambas etnias prehispánicas era importante sacar de la víctima el corazón aun palpitando, como parte de la ofrenda a los dioses, para los narcosatánicos la columna vertebral de sus mártires simbolizaba el refuerzo para apuntalar sus actividades delictivas.
4.
Las similitudes entre los sacrificios en las culturas mayas, aztecas y los cárteles abundan: como ya se señaló los dos grupos cuentan con complejas estructuras jerárquicas y sociales, de ahí que estás últimas contemplaran las ofrendas humanas en lugares públicos, una experiencia que podía infundir miedo y/o fascinación, de tal manera que se convertían en un modo de vida para los pueblos (de ahí que los mexicanos sean morbosos y obsesionados con la nota roja); mientras que los narcos dejan cadáveres colgando de puentes o árboles y cabezas humanas en plazas públicas, frente a oficinas de gobierno, escuelas o sobre carreteras.
Si bien hay quienes rechazan el canibalismo en los ceremoniales aztecas y mayas, existen suficientes estudios y pruebas para confirmarlo, y lo mismo sucede con los cabecillas de los cárteles, quienes dan pistas de su práctica con el descuartizamiento de sus rivales, simulándolo, como parte de sus actividades criminales, con la extirpación de órganos humanos para su venta en el mercado negro.
En el caso de los mayas y aztecas, la élite religiosa y política, encabezadas por un Tlaotani y un Halach Uinic respectivamente, decidían quién sería sacrificado, dictaban las normas que regulaban el comportamiento y las actividades humanas para mantener el orden (en su beneficio) y establecían tributos que ponían de manifiesto su poder; mientras que, en el medio del narco sus líderes también tienen un estatus de autoridad, deciden quién será ejecutado, dictan reglas (una de las más importantes es entender que la única forma de escapar de la delincuencia es salir “con los pies por delante”), establecen sistemas de extorsión e imponen preceptos de su muy personal estilo de ver la vida.
Ambas etnias/grupos comparten la idea de una causa de fuerza mayor que justifica la violencia: para mayas y aztecas apaciguar a los dioses, garantizar la sobrevivencia de su pueblo para asegurar la continuidad del orden social y dejar clara la manera en que entendían la vida y la muerte; para los delincuentes vivir rodeados de lujos, conservar el control territorial, sobrevivir en un ambiente de competencia, mantener el orden, proteger el negocio y, en algunos casos, obtener el respaldo de fuerzas sobrenaturales para perpetuar su dominio.
5.
Cualquiera que quiera pensar que los rituales prehispánicos se limitaban a extraer el corazón, están equivocados. Aquellos que serían inmolados en tierras aztecas, por ejemplo, se les imponía ayuno, abstinencia sexual, reclusión, vigilia, efusiones de sangre y la toma de tabaco mesclado con sal, incluyendo estudio obligatorio sobre la personalidad del dios ante el que serían sacrificados para entender por qué su vida sería ofrendada. Al momento del sacrificio, que podría tardar meses, no se realizaba si el sacrificante o sacerdote hubiese padecido alguna tristeza o contrariedad.
En el mundo del narcotráfico también se prepara a sus miembros, aunque de una manera violenta: al llegar a los campos de entrenamiento a los novatos se les desnuda, los mojan y obligan coger las terminales de baterías de coche para quemar un localizador si lo llevan enterrado en el cuerpo, se les moja y deja a la intemperie, desnudos, toda la noche y se les instruye en el manejo de pistolas, metralletas y lanzacohetes. Si alguna persona no cumple con la disciplina, se le asesina y al resto de los novatos se les obliga a comer su cuerpo bajo la creencia de que “si no hay cadáver, no hay delito que perseguir”.
En cualquiera de los dos casos, a los prisioneros y/o sicarios principiantes, con sus particularidades, simplemente se les prepara para morir.
5 de octubre de 2025
El reseteo nos perjudicó o benefició, no hay más



