11 de junio de 2026
30 de mayo de 2026
¡Ay, Patricia!
23 de mayo de 2026
Muchas nueces y pocos libros en el MOLEC
Tengo 30 años elaborando
estadísticas, sé de qué hablo
El Módulo sobre Lectura edición 2025 (MOLEC)
del INEGI, nos acaba de recetar una dosis de optimismo y no de cualquier tipo: es
uno de esos que no requiere cambios estructurales, políticas públicas efectivas
ni metamorfosis culturales profundas, basta con algo mucho más sencillo y
elegante: cambiar el método de hacer encuestas.
La más reciente metodología kafkiana de
INEGI es inspiradora, pues donde antes leíamos poco, ahora leemos mucho; donde
antes apenas alcanzábamos un modesto 41.8% de población lectora, hoy celebramos
un gran 62.5% y en las zonas rurales donde no había bibliotecas, siguen sin
tenerlas, pero sus habitantes son lectores gracias a whatsapp.
¿Milagro educativo o revolución
cultural? No, más bien una amañada redefinición de lo que significa leer y de a
quién contempló INEGI como lector.
Primero, el universo de estudio: antes,
el MOLEC encuestaba a la población adulta (mayores de 18 años) en zonas
urbanas. Ahora incluyeron desde los 12 años y cubre todo el país. Es decir, ya
no midieron lo mismo, pero eso no impide que las cifras se presenten una tras
otra de forma ascendente. Es como comparar la estatura promedio de los jugadores
de basquetbol de la NBA con la de una población promedio y concluir que el país
encogió. Los datos técnicos de INEGI válidos,
pero al momento de analizarlos son una burla.
Segundo, diseño conceptual: en una
jugada digna de aplausos, el MOLEC decidió que leer no es solo hojear libros,
revistas, periódicos e incluso historietas, también cuenta revisar redes
sociales, foros, páginas de internet, blogs y, obviamente cualquier texto que
pase frente a nuestros ojos mientras desbloqueamos el celular. Así, el
desplazamiento del pulgar se convierte en una intensa actividad intelectual y la lectura reflexiva ya comparte
categoría con el scroll, sin
diferenciar entre memes y titulares.
Por supuesto, esta ampliación tiene consecuencias:
ya cualquier persona con acceso a whatsapp es lector, y como los adolescentes
viven pegados a las pantallas de sus teléfonos, no sorprende que el grupo de 12
a 17 años arroje porcentajes tan entusiastas. Incluirlos aumentó el promedio
nacional de tal manera que uno podría preguntarse por qué no empezar desde los
seis años y consolidarnos como una potencia lectora.
Sin embargo, el MOLEC va más allá: no
solo pregunta si leíste algo, sino si te consideras lector. Y claro, después de
revisar el último hashtag sobre Christian
Nodal y Ángela Aguilar, ¿quién no se sentiría tentado a responder que sí? La
identidad lectora se igualó con la definición de lectura y ahora leer un libro
y un hilo en redes son lo mismo al momento de poner una cruz en los reactivos de
la encuesta.
El resultado es fascinante: en su
informe el MOLEC afirma que cada vez hay más lectores, pero eso no implica que
haya más lectura en el sentido tradicional del término (leer un libro). Otros
indicadores (como el tiempo dedicado o el tipo de material) cuentan una
historia menos entusiasta: se lee más, sí, pero no mejor ni con mayor entendimiento.
Y aquí otra joya: INEGI ya no pregunta
si el lector entiende lo que lee, ahora cuestionan si “comprende lo que lee”,
que de nada sirvió porque los resultados del 2024 y 2025 se mantuvieron
iguales: solo el 22% de los lectores tiene una idea de lo que cruza por sus
ojos.
Ahora, pasar de un enfoque urbano a
uno nacional introduce diferencias importantes en acceso, hábitos y contextos
culturales, pero en lugar de complicar el análisis con ajustes y advertencias, el
informe es simple: el país mejora. Y en tiempos donde los indicadores del
quehacer nacional son negativos, tener uno que responda de manera positiva por
los “pequeños cambios” de la metodología, es un triunfo.
Lo peor es que al final el MOLEC no
miente: sus datos son, en sentido estricto, correctos dentro de su fantasía
protagonizada por principes y dragones. El problema es que sus términos cambian
con una flexibilidad que haría sonrojar a cualquier analista de estadísticas.
Así, más que observar la evolución del hábito de leer, asistimos a la evolución
de “la definición” con la finalidad de que los resultados “mejoren”.
Quizá la lección más valiosa no esté
en cuánto leemos, sino en cómo medimos lo que creemos que es importante, porque
si algo demuestra el MOLEC desde hace 10 años es que, con inspiración metodológica,
siempre es posible generar buenas noticias. Aunque, para apreciarlas, haga
falta algo más que deslizar el dedo sobre una pantalla.
Para INEGI ya somos un país de
lectores, no porque se lean más libros ni porque haya mejor comprensión o
dedicación a la lectura, sino porque hoy basta con participar en el ecosistema
digital para ser contado como lector. El problema de fondo permanece intacto al
quedar disuelto entre porcentajes inflados y definiciones cada vez más burdas.
La disminución del 2.6% en la compra
de libros durante el último año tampoco es importante, porque el MOLEC ha
demostrado que resulta más sencillo redefinir la realidad que transformarla. Al
final, cualquier indicador puede mejorar si se diluye aquello que pretende
medir: si todo es lectura, entonces ya nada lo es.
Eso sí: las cifras nunca habían sido
tan alentadoras y si en el próximo
informe MOLEC hace nuevos cambios metodológicos e incluyen a quienes “leen” las
groserías y albures que adornan las paredes de los baños públicos y cantinas, entonces
seguro ocuparemos el primer lugar en el sistema intergaláctico lector.
16 de mayo de 2026
El consejo da sentido al ebboe en la Osha e Ifà
En la práctica de la Santería e Ifá resulta indiscutible que el consejo que dan los Orishas tiene más peso que las obras que mandan hacer. Esta idea tiene un fundamento espiritual y práctico profundo que vale la pena explicar con claridad.
9 de mayo de 2026
29 de abril de 2026
En la cama con el diablo (última parte)
8.
—Esto sucedió
dos años atrás; sin embargo, hace seis meses sufrió un bloqueo intestinal. La hospitalicé,
le detectaron un tumor y murió, antes de que pudieran operarla, a consecuencia
de una septicemia que le provocó un infarto.
—¡Felicidades!
Eres millonaria — me burlé.
—No tanto, sí
había dinero, alhajas y esas cosas, pero tampoco da para ir a desayunar a París
unas crepas y regresar el mismo día.
—¿Qué quieres
de mí?
—Darle luz a
espíritu su espíritu. Más allá de si fue buena o mala persona, ella me llevo en
su vientre durante nueve meses y…
—Yo no doy
luz, eso lo hace otra persona. Yo solo lucifico desencarnados chocarreros
cuando se creen dueños de una casa.
—Suena a que
es lo mismo.
—Casi, pero no
— dije con vaguedad mientras pedía otro café.
9.
Sofía me
observó esperando detalles, pero no pensaba dárselos.
—¿Podrías decirme
en dónde se encuentra en este momento? — pidió.
Cerré los ojos
para usar mi videncia. Tardé un par de minutos en “localizarla” y lo que vi me desconcertó.
—Muéstrame una
foto suya. Una que traigas en tu teléfono — pedí.
—Ésta es una
de las más recientes — dijo tras buscar un rato. Colocó su celular frente a mí,
miré la imagen (parecía que la habían tomado a escondidas) y solté una
carcajada.
Regresé el
aparato empujándolo lentamente hacia ella con el dedo índice, miró la foto y
levantó la vista para verme. Le di unos segundos para que diera alguna
explicación, pero permaneció en silencio.
—Acabas de
cometer un gran error — avisé — paga la cuenta, que es lo que la gente decente
debe hacer cuando me busca para que les consulte...
—¿Qué sucede?
— se fingió contrariada tras mirar la foto de nuevo.
—… y dile a
Jade que la próxima vez que quiera que atienda a una de sus recomendadas, solo
será a gente honesta.
Me levanté y
comencé a bajar las escaleras rumbo a la salida mientras Sofía me pedía a
gritos volviera a la mesa. Una vez fuera hice la parada al primer taxi que se
cruzó en mi camino y le indiqué el destino.
En el trayecto
Sofía marcó tres veces a mi celular, mas no contesté. Luego envió una imagen,
la vi y un escalofrío recorrió mi espalda. A los pocos segundos envió un whats,
pero tampoco le respondí.
10.
Llegué a mi
casa al mismo tiempo que mi esposa volvía de su trabajo.
—¿Cómo te fue?
— preguntó al ver que no tenía el buen humor con el que acostumbro volver de
una consulta espiritual.
—Los
terrícolas no tienen remedio — dije y le di los detalles.
—No termino de
entender — aceptó.
—Me enseñó una
foto que no era de su madre.
—Quizá se
equivocó.
—No, por eso
le regresé el teléfono de manera que viera la imagen, pero además de verla, se
quedó esperando que yo dijera algo.
—¿Para qué le
pediste la fotografía?
—Quería
confirmar que la mujer que vi era efectivamente su madre.
—Tú no
necesitas fotos, con tu videncia lo ves todo.
—No cuando hay
demonios de por medio.
—¡¿Cómo?! —
exclamó.
—Tú sabes que
en el Mercado de Sonora puedes comprar todo, y me refiero a cualquier cosa.
—Creo entender
a qué te refieres…
—Los rituales
que hizo la madre de Sofía incluyeron pactar con un Demonio, además de que
siendo bruja… ya te imaginarás lo que ofreció.
—No lo digas…
ya conozco los antojos de los oscuritos.
—El problema
es que ofreció repetir el ritual y la ofrenda tres meses después, para
agradecer por la salud recuperada. Pero no lo hizo. Y tú sabes que a ellos
debes cumplirles lo que prometes.
—Lo sé —
coincidió conmigo — por eso querías ver una foto de su madre, para confirmar
todo.
—Sí, me costó
trabajo, tuve que forzar la videncia, pero “algo” me dijo que debía poner a
prueba a Sofía. Y con ello confirmé que parte de la historia que me contó tenía
varias mentiras.
—¿Cómo cuáles?
—Desde niña sabía
que su madre era bruja… la vieja no habló por teléfono con el Santero, Sofía
fue la encargada de enlistar el material que se usaría en el ritual, además de
que ese viernes no salió de la casa: fue testigo de todas las obras que hicieron
el Santero y su sobrino. Incluso les ayudó. Además, la propia Sofía y una de
sus hermanas estaban confabuladas para hacerle brujería a su tercera hermana,
con tal de quedarse con la herencia de la madre.
—¡Dios mío! —
exclamó — pero, cuenta: ¿dónde estaba la madre de Sofía cuando usaste tu videncia?
—La vi
acostada en una cama: era una mujer de edad avanzada, pero físicamente parecía
una momia. Imagínate un cadáver cuando se ha secado, pero sin pudrirse. Estaba tendida
de lado, como si durmiera, abrazada por atrás por un joven de unos 28 o 30 años,
guapo y sonriendo. —¡El demonio del pacto!
—Anjá…
—La mujer le ofreció
su alma para recuperar su salud y al no pagar el segundo sacrificio, él se lo
cobró con una terrible enfermedad.
—Fue
repugnante verlos.
11.
—¿Y de quién
era la foto de la mujer con la que Sofía te quiso engañar?
—¿Recuerdas
las palabras que usó al mostrármela?
—Sí… quería
saber en dónde se encontraba en ese momento.
—La foto es,
en realidad, de una abuela, también bruja, que está buscando a su nieto. Se lo
robaron de un hospital con apenas unas horas de nacido.
—¡Dios mío!
Ese bebé… ¡el santero!
—Sí. Quería
saber dónde vive la abuela que trata de encontrar a su nieto.
—Creo que tus
consultas espirituales son cada vez más turbias.
—Estoy
pensando seriamente en dejar de hacerlas en cafeterías y limitarme a responder
solicitudes bobas exclusivamente por mail.
—Desde un
principio estuve de acuerdo contigo en no meter a nadie en la casa para que les
consultaras, mucho menos para hacerles obras espirituales; pero ahora veo que
reunirte en cafeterías es igual de peligroso.
—Sí, pero
recuerda que el mundo espiritual no me dejó jubilarme. Me tiene agarrado de los güevos, así que debo
trabajar, aunque sea un par de veces al mes, para que no me molesten.
—Así que,
llegados a este punto, deberías considerar mi sugerencia de rentar un local
para que ahí puedas atender a tus pacientes.
—Eso sería
informar a sus enemigos en dónde pueden localizar a quien les está ayudando, y
vendrían a tirarme mierda, como cuando atendíamos ahijados en la casa y hasta
trabajos de vudú vinieron a dejarnos en la entrada.
—Consúltalo
con el Tata Calev — propuso.
Me quedé en
silencio, reflexionando, hasta que sonó el timbre de mi celular. Vi el
identificador y era Sofía. Rechacé la llamada, entré a WhatsApp y busqué el
contacto de nuestro amigo para escribirle, sin embargo, curiosamente, descubrí
que me había bloqueado.
25 de abril de 2026
Por qué no participaré en la Feria Internacional del Libro del Terror






