
Fue el cierre del
güiro para Oshún, así que Santeros, Iyawos, Aleyos, Babalowos y algún Mayombero,
empezaron a despedirse. Lo observé de nuevo y seguía sentado en una silla en un
rincón alejado del trono a la dueña de los ríos. Los pocos religiosos que se
quedaron destaparon botellas de ron mientras las Santeras comenzaron a barrer el
patio.
– dime – ofrecí
recordando a una Santera que cierta noche, regañando a sus ahijados, les advertía
que un religioso debe ser accesible ante todo.
– es
impresionante cómo monta usted a Yemayá – expuso sin que viniera al caso.
– gracias… ¿de
qué quieres hablar?
– me gustaría que
me hiciera una consulta – soltó y yo no pude reprimir una carcajada.
– por favor, tú
tienes a tu padrino, ¿cómo te atreves a pedírmelo? – me quejé.
– no se moleste
–pidió – es que…
– bajo ninguna
circunstancia lo haré – señalé exagerando – es una falta de respeto a tu
padrino y a mi Orisha tutelar.
– es grave – dudó
antes de pedir – déjeme le explico y luego me da su respuesta.
– no veo cómo
puedas hacerme cambiar de opinión – advertí – pero te escucho.
– bueno – titubeó
– me da pena…
– ya es tarde –
lo presioné – estoy cansado y vivo lejos.
– seré directo:
estoy preocupado porque tuve sexo con los elekes y mi ildé puestos… me preocupa
que Shangó sienta que le falté el respeto a él y a los Orishas.
– claro que sé –
comenzó a olvidarse de su humildad – son unos Dioses que nacieron en Cuba y…
– ya me quedó
claro que no lo sabes – lo interrumpí – ¿acaso no platicas con tu padrino? ¿no
has leído algún libro sobre el origen de la religión Yoruba? ¿has revisado lo
mínimo en la web? – lo cuestioné.
– mi padrino dice
que uno no debe leer ciertos temas – explicó – si no se ha coronado Santo…
– estoy hablando
de cultura general: no necesitas estar iniciado para saber de dónde viene la
religión o quiénes son los Orishas, cuáles son los grados religiosos y cuál es
el comportamiento de cada uno.
– dentro de poco
voy a coronar a Shangó – soltó ufano, lo que me hizo verlo con dureza, más me
ignoró – y sé que cuando él se meta a
vivir en mi cabeza me va a compartir todo el conocimiento de los viejos Santeros
y Babalowos.
– ¡Dios! –
exclamé exasperado ante su ignorancia.
– mientras eso
sucede estoy preocupado – volvió a su inquietud.
– lo repito hasta
el cansancio en mi blog y parece que nadie lo entiende: los Orishas no son
Dioses, son energías.
– ¿usted tiene
página web? – me interrogó ignorando mi explicación.
– los Orishas no
son Dioses, son energías – reiteré cuando un Babalowo nos ofrecía una cuba (que
rechacé educadamente), mientras el hijo de Shangó aceptaba gustoso – son tu
propio astral depositado en tus atributos religiosos.
– ¿los Santos no existen? – preguntó abriendo
desmesuradamente los ojos para dejar claro que no entendía nada – ¿entonces es
mentira que Shangó vive arriba de un cocotero?... yo tengo una palmerita en mi
casa y todos los días le ofrendo otí, oñí…
– va de nuevo – lo
interrumpí mientras se oían los pícaros comentarios de los Babalowos sobre una Santera
hija de Oba que había asistido al tambor – los Orishas no son Dioses, son
energías que están en todos lados y son concentradas en tu astral según realices
una obra o iniciación.
– por eso: ¿los
Santos no existen?
– sí existen,
pero no de la manera en que tú los imaginas siendo ambiciosos, infieles, borrachos,
vengativos, lujuriosos, envidiosos, cabrones, guerreros y traidores, como
afirman los cubanos.
– eso sonó a
blasfemia – se quejó y me acordé de los Testigos de Jehová que van de casa en
casa vendiendo la idea de que ellos poseen las respuestas a las dudas existenciales de quienes viven confundidos.
– no, ya
coronarás Osha y entenderás muchas cosas – dije conciliatorio al darme cuenta
que no llegaríamos a ningún lado – pero no te preocupes, tu problema de los
elekes y el ilde se soluciona rápido.
– ¿de verdad? –
cuestionó.
– claro – señalé subiendo
el cuello de mi chamarra para evitar el frío.
– ya me habían
dicho de tu gran videncia – me aduló.
– te vas a dar un
baño con omiero – lo ignoré – ese día vas a lavar tus elekes y demás atributos
que traías ese día, y en cuanto tengas oportunidad, durante alguna ceremonia
que incluya 4 patas, les das de comer a todos con Eleggua.
– ¿así nada más?
– me interrogó.
– el sexo no es
malo… es algo natural entre los seres humanos y no es pecaminoso para los
Orishas – ignoré sus cuestionamientos – así que tampoco debes verlo como un pecado – agregué burlón – relájate
y para la próxima toma tus precauciones.
– ¿en serio? ¿Shangó
no está enojado? – dudó.
– él es el
primero en no fijarse dónde se mete –
ironicé y me reí.
– gracias – dijo
emocionado y comenzó tutearme: clara señal de que aparte de hipócrita, ya se le
había pasado el susto – ¿cuánto es de tu derecho por consultarme?
– no te consulté…
fue un consejo – aclaré – no me debes nada más de la moneda que gustes poner en el trono de Oshún.
– ¿me das tu
bendición? – dijo y sin esperar mi respuesta se tiró al suelo.
– no te lo creas
demasiado: se me está terminando – avisé