24 de octubre de 2026

Los huesos del Quinto Sol


 
Tener iniciaciones como Curandero, Espiritualista y Hierbero, además de estar en contacto con Chamanes, está íntimamente ligado a la herencia cultural, mitológica y espiritual prehispánica de todo Centroamérica y, específicamente, a lo que se conoce como “la magia del México Antiguo”.
 
Si alguien revisara mis libreros, descubriría que lo que más abunda son textos relacionados con la historia, en particular sobre México. Por lo anterior, dado que se estima que en la CDMX se celebrarán unas 5 mil actividades por Día de Muertos, y en el país entre 60 y 70 mil, un lector bien podría incluir entre ellas leer una de las propuestas más ambiciosas, honestas y fascinantes de los últimos años: “Los huesos del Quinto Sol: Relatos eternos de los mexicas, los mayas y los pueblos antiguos de México”, coescrito por Sofía Fernández y Edwin Keyes.
 
Para aquellos que piensen que la mitología prehispánica es solo un catálogo lejano de nombres difíciles de pronunciar, una recopilación de sacrificios sangrientos o tengan la idea de que aquella época sucedió hace muchos años, les informo que tras su lectura cambiarán de opinión, pues a lo largo de sus 275 páginas, esta antología no solo recopila y vuelve a contar 39 mitos del México antiguo, sino que proporciona elementos suficientes para entenderlos.
 
El gran acierto con el que Fernández y Keyes abren el libro es un golpe de realidad al señalar dos grandes errores históricos que solemos cometer cuando tratamos de acercarnos a nuestras raíces: creer que estas historias son una galería de horrores sin sentido y asumir que ese mundo se extinguió por completo en 1521 con la caída de Tenochtitlan.
 
Tras una introducción bellísima (el recordatorio de que “vivimos dentro de dos calendarios a la vez”, es genial), los autores rescatan la idea de que las culturas mesoamericanas no veían la creación del cosmos como un acto de magia gratuito hecho desde la distancia. Para los antiguos mexicanos, la vida se paga con vida. Los dioses mismos tuvieron que sangrar sus propios cuerpos (Quetzalcóatl) para dar vida a la humanidad, y un dios humilde (Nanahuatzin), tuvo que arrojarse al fuego en para convertirse en el sol que hoy nos alumbra.
 
Así, los seres humanos prehispánicos se autodenominaban macehualtin, que significa "los merecidos", es decir, los seres que los dioses ganaron con su propio sacrificio y penitencia. Cuando entendemos esto, el sacrificio y las ofrendas de sangre dejan de parecer salvajismo ante nuestros ojos occidentales y se revelan como lo que realmente eran: una filosofía del equilibrio, de la reciprocidad y de la conciencia de lo efímero. Nada en este mundo está garantizado; cada amanecer es una hazaña cósmica y el tiempo mismo está vivo.
 
El libro se divide en ocho partes que estructuran el universo de una manera lógica y sumamente atractiva. En las primeras secciones se presenta al Señor y la Señora Dos (Ometecuhtli y Omecíhuatl) en el Lugar de la Dualidad. Aquí asistimos al estremecedor mito del desgarramiento de Tlaltecuhtli, el Monstruo de la Tierra, una diosa con ojos y bocas en cada coyuntura que fue partida por la mitad por Quetzalcóatl y Tezcatlipoca para crear el suelo que pisamos y el cielo que nos cubre.
 
Se desarrollan también los cuatro soles que fracasaron antes de nuestra era, donde cada una de estas etapas terminó en una catástrofe y dio origen a las criaturas que hoy conocemos: la humanidad que se volvió monos bajo el Sol de Viento, los que se transformaron en guajolotes bajo la Lluvia de Fuego, o aquellos que terminaron siendo peces cuando los cielos se desplomaron en el Sol de Agua. Es fascinante cómo los autores logran hilar estas versiones, a veces contradictorias, sin perder el ritmo narrativo.
 
Más adelante se explora la compleja rivalidad entre Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, dos hermanos de origen divino que mutuamente se necesitan como el día necesita a la noche, rompiendo con la idea simplista del bien contra el mal. Después, el libro expande sus horizontes al narrar la larga peregrinación mexica hacia el nopal del águila, para luego trasladarnos al sur y revivir el relato k’iche’ de los Gemelos Héroes desafiando a los temibles señores de Xibalbá en el inframundo maya.
 
El cierre es especialmente emotivo: el camino al Mictlan y dos relatos nacidos en el folclor posterior a la Conquista, el idilio trágico de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, y el lamento eterno de La Llorona. Aquí vale la pena destacar la honestidad de los autores al señalar que estas dos últimas historias no son mitos prehispánicos puros, sino construcciones posteriores, lo que demuestra un profundo respeto por la precisión histórica.
 
Para entender la potencia narrativa de este libro, vale la pena detenerse en capítulos específicos como el de Tata y Nene (La pareja de los peces y el humo en el cielo). A diferencia del Noé bíblico, el mito del diluvio mexicano castiga a los sobrevivientes no por desobediencia directa, sino por el atrevimiento de sentirse dueños del mundo. Al salir de su escondite dentro de un árbol hueco, la pareja enciende fuego para asar unos peces. El humo sube al cielo limpio que los dioses acaban de restaurar. Ese humo, que debía ser un alimento sagrado exclusivo para las deidades, es usado por los humanos para su propio beneficio. El castigo de Tezcatlipoca es inmediato y poético: les corta la cabeza, se la pega en las ancas y los transforma en los primeros perros de la tierra. Es una lección brutal sobre nuestro lugar en el orden cósmico.
 
Uno de los principales aciertos de Los huesos del Quinto Sol es el respeto por el lector y por la verdad histórica. Los autores reconocen abiertamente que casi todos los códices originales fueron quemados por el celo inquisidor de personajes como Diego de Landa o Juan de Zumárraga. Lo que nos queda son fragmentos rescatados por frailes como Sahagún o Durán, y por cronistas indígenas que defendían sus propios linajes.
 
Fernández y Keyes no pretenden homogeneizar el caos de las fuentes coloniales. Al principio de cada relato, incluyen notas detalladas que aclaran de dónde proviene la historia y dónde se contradicen los textos antiguos. Cuando los autores se ven obligados a construir un "puente narrativo" (un diálogo o gesto para dar vida literaria al texto), lo dicen sin rodeos. Esa honestidad es refrescante y convierte al libro en una lectura de divulgación rigurosa, pero a su vez accesible.
 
Además, el apartado visual es magnífico: 47 ilustraciones al estilo de los códices que acompañan y enriquecen cada relato, pero más allá de las imágenes, el libro en sí es bellísimo: la edición de H&H United está cuidada al detalle: tipografía elegante y descansada para la lectura, márgenes generosos y una maquetación impecable. Es de esas obras en las que se nota el cariño y la dedicación en cada palabra e imagen.
 
Los huesos del Quinto Sol es una obra maestra de rescate cultural. No es un texto frío de museo; es un libro que vibra, que dialoga con el México moderno y que demuestra por qué las tradiciones de nuestro presente siguen teniendo un eco tan poderoso. Es una lectura ideal para mentes curiosas de 14 años en adelante, pero también para cualquier adulto que quiera entender de dónde venimos y por qué el sol sigue bañando con sus rayos cada mañana al Valle de México.
 
“Los huesos del Quinto Sol: Relatos eternos de los mexicas, los mayas y los pueblos antiguos de México”, Sofía Fernández y Edwin Keyes, 275 páginas, Editorial H&H United, edición 2026
 
Para más información: https://huesosdelquintosol.com/