24 de julio de 2026

Al morir no sigas la luz al final del túnel (y 2)

 


Tipo 1: Los seres atrapados que creen que ayudan, son espíritus de personas que murieron antes que tú, entraron en la luz, fueron borrados y reencarnaron muchas veces, pero en algún ciclo y se quedaron "a medio camino", atrapados en el túnel. Con el tiempo, olvidaron que ellos también fueron víctimas, pero ahora su función es recibir a los recién muertos, darles la bienvenida, sonreírles, tomarles de la mano y llevarlos hacia la luz.
 
No lo hacen por maldad, creen que están auxiliando y que la luz es el cielo y que guiar a otros hacia ella es un acto de amor, pero en realidad son los primeros eslabones de la cadena de engaño: sin ellos, el sistema no funcionaría, porque un muerto desconfía menos de un ser querido que de un ser anónimo, por mucha luz que irradie y tranquilidad que inspire.
 
Ellos se presentan con rostros familiares (tus abuelos, padres, hermanos, amigos fallecidos), hablan con tus recuerdos, te dicen frases como "todo va a estar bien", "ven con nosotros", "aquí hay paz", pero si los miras con atención, notas que no hay luz en su mirada: son como actores que repiten un guion, no pueden responder preguntas complejas ni mostrar voluntad propia más allá de invitarte a "entrar en la luz".
 
¿Qué hacer con ellos? a veces puedes intentar recordarles su situación, decirles: "tú también fuiste engañado, no estás en el cielo, estás en una prisión". Algunos pueden entrar en crisis y detenerse, otros se negarán a escuchar y si no reaccionan, aléjate sin mirar atrás. Regresar y salir del túnel no significa que volverás a la vida y que vas a revivir, sino que encontrarás otros caminos para lo que sigue.
 
Tipo 2: Las entidades parásitas que se alimentan del ciclo no fueron humanos, son seres del plano intermedio, quizá muy antiguos, cuya existencia depende de que los espíritus sigan reencarnando, no tienen forma fija, pueden aparecer como luces, sombras, voces o simplemente una presencia que no ves, pero sientes.
 
Su inteligencia es limitada, pero especializada: saben cómo disuadir a un espíritu de que se quede, han perfeccionado el arte de la seducción espiritual, saben qué palabras usar, qué emociones activar, qué recuerdos traer a tu mente para que bajes la guardia. No les importa tu bienestar, solo que entres en la luz para que el ciclo continúe: eres una batería para ellos, donde cada vida que vives genera energía que ellos cosechan. No te odian, solo te usan.
 
¿Cómo reconocerlos? a diferencia de los ya atrapados, estos guardianes no toman formas humanas estables, pueden imitarlas, pero la imitación es imperfecta. A veces los ves como figuras borrosas; otras notas que su voz no sincroniza con el movimiento de sus labios. Si los desafías con firmeza ("no voy a entrar, déjame en paz"), suelen reaccionar con confusión o con un cambio de actitud (de la dulzura al enojo).
 
¿Qué hacer con ellos? ignóralos, darles poder con tu miedo ni atención, repite la negativa una y otra vez: "No voy a entrar, no voy a reencarnar: me quedo". Ellos no pueden obligarte a moverte si tú no cooperas.
 
Tipo 3: El propio mecanismo automatizado: es el más difícil de explicar porque no tiene consciencia. Es como un programa informático que se ejecuta solo: el túnel, la luz, la sensación de paz, la culpa, la amnesia posterior, todo eso puede ocurrir sin que haya nadie operándolo. Es como una maquinaria espiritual autónoma. En este caso, los "guardianes" no son seres, sino funciones del sistema, es la atracción del túnel, la descarga de paz, el borrado de memoria al cruzar el umbral.
 
¿Cómo reconocerlo? si no ves en el camino a ningún ser conocido ni extraño, si solo hay túnel, luz y paz, estás ante el mecanismo puro. Es el más peligroso porque no hay interlocutor al que puedas convencer o desafiar.
 
¿Qué hacer con él? solo hay dos opciones: no moverte o caminar hacia atrás. El mecanismo no puede obligarte a avanzar si tú te niegas a cooperar. Así que regresa o permanece quieto, la luz desaparecerá.
 
¿Cómo evitar la trampa?
 
Hay que hacerse a la idea de que al morir te enfrentarás al embuste, así que desde ahora vete preparando mental y espiritualmente para que no caer en él, así que toma conciencia de estas ideas:
 
Paso 1: Acepta que la luz es eso, una trampa: suelta la creencia de que esa luz es buena. Aunque las películas, los libros y los gurús te digan lo contrario, repite hasta interiorizarlo: "La luz al final del túnel no es mi hogar. Es un dispositivo de reinicio. No voy a entrar".
 
Paso 2: Aprende a reconocer el señuelo de la paz falsa: cuando mueras, sentirás una paz intensa. Esa paz es real, pero no es el destino final; es el efecto secundario del anestésico. Para entrenarte, en tu vida cotidiana presta atención a las ocasiones en que sientes una paz repentina que te desconecta de la realidad. Puede ser durante una meditación mal guiada, bajo los efectos de alguna sustancia o en momentos de duelo extremo. Aprende a decir: "Esto es muy perfecto para ser verdad".
 
Paso 3: Ignora las voces que te llaman desde la luz, pues por muy familiares que te resulten, no les hagas caso. No tienes que ser grosero, simplemente di: "No te sigo, ustedes están atrapados, aunque no lo sepan. Yo elijo no regresar". Mantente firme, no tienes nada que perder: ya estás muerto.
 
Paso 4: Quédate quieto: no camines ni te muevas. No sigas a nadie, la sensación de movimiento es parte del mecanismo de arrastre. Si te quedas donde estás, si no cooperas, el túnel empezará a desvanecerse; respira (aún puedes hacerlo, no has dejado del todo tu cuerpo) o intenta existir en ese lugar sin ir a ningún lado.
 
Paso 5: Reclama tu derecho a no reencarnar, en voz alta y con firmeza, di estas palabras: yo soy (di tu nombre completo), he vivido la vida que me tocó, he aprendido lo que pude, no tengo asuntos pendientes, no debo nada. Ahora elijo descansar, no voy a entrar en ninguna luz ni voy a reencarnar. Me quedo aquí, si hay ancestros verdaderos, que se acerquen sin túneles, a los demás, les pido que me dejen en paz."
 
Paso 6: Después de tu declaración, puede que la luz se intensifique, que las voces se pongan más insistentes, que sientas que te empujan, que te dan ganas de ceder. Es el efecto rebote, la trampa no se rinde fácilmente. Aguanta, sigue repitiendo que no quieres ir. Al cabo de un rato, la luz empezará a atenuarse, el túnel se cerrará y las voces se irán. Entonces, por primera vez, estarás en el vacío, libre, no hay túnel ni luz, solo tú y la posibilidad de decidir si un día, quieres volver a vivir.
 
Si ya caíste antes… no pasa nada. Si estás leyendo esto, es porque ya has caído en la luz en alguna de tus muertes anteriores (y me incluyo). Por eso estás aquí otra vez, pero no te culpes: la trampa está bien diseñada y casi nadie escapa a la primera ni a la segunda.
 
Pero ahora tienes una ventaja que no tenías en esas otras vidas: ya te la sabes, y ese saber ya está actuando en ti porque el conocimiento de la trampa, una vez que entra en tu conciencia, no se borra del todo. Aunque mueras y reencarnes, algo queda, una incomodidad, una sospecha, una pesadilla recurrente con un túnel y una luz. Eso es tu tú del pasado intentando avisarte.
 
Sn embargo, no esperes a morir para empezar a negarte a seguir esa estúpida y tramposa ruta. Rechaza la luz desde ahora y vive siempre a partir de hoy bajo estas 3 reglas:
 
1) Aprende a evitar las reacciones descontroladas como envidia, miedo a la soledad, culpa, victimismo, insatisfacción, vergüenza, melancolía, apego, dependencia, capricho, miedo, angustia, celos, rencor, soberbia, sensación de fracaso y angustia por el futuro. Lo anterior evitará traumas y que el caos que te rodea no te afecte
 
2) Toma decisiones basado exclusivamente en la intuición.
 
3) Dejar de creer que somos un cuerpo de carne y huesos, y reconoce que somos una conciencia superior atrapada temporalmente* en “algo” sobre lo que no nos permitieron decidir.
 
Debes acostumbrarte a existir con estos pensamientos para que tu vida se adecúe a una nueva forma de vivir para que entiendas que la muerte es un paso, no un castigo y que la luz al final del túnel no es el siguiente paso. Es un desvío forzado hacia otra vida que no pediste, tienes derecho a negarte, a descansar, decir: "no voy a reencarnar".
 
Aquellos que verdaderamente te aman (los que están libres, los que no están atrapados en ningún túnel), jamás te pedirán que entres en la luz, incluso, si pueden, pedirán que no lo hagas. Escúchalos a ellos, no a los recepcionistas del resplandor, ni a los parásitos disfrazados de abuelos, ni al mecanismo que solo sabe reiniciar.
 
Y si algún día, dentro de mucho tiempo, decides volver a nacer por tu propia voluntad, sin engaños, con memoria de lo que fuiste, eres y serás… entonces bienvenido, pero que sea tu decisión, no la de una luz que te espera al final de un túnel como una araña en el centro de su tela.
 

*Para ampliar el entendimiento del tema, recomiendo adentrarse en el gnosticismo (conocimiento intuitivo, esotérico y secreto de lo divino), cuyos fundamentos se encuentran en el libro “Textos custodios del cristianismo primitivo olvidado”, escrito por Nag Hammadi.