22 de junio de 2026

El pacto de Santeros y Babalowos con los Orishas al morir (final)


6.
Ahora vamos al tema: la reencarnación, porque no es lo mismo morirse y quedarse del otro lado, que morirse y volver a nacer.
 
Volviendo a la sabiduría del Olowo Rubén Cuevas, que en vida tenía el don de poder adentrarse en las reencarnaciones anteriores de sus consultados y determinar si la persona ya había caminado en vidas anteriores en tierra de Osha e Ifa. Incluso, determinar el Orisha de quien se fue hijo, como lo hizo conmigo*.
 
Eso quiere decir que tu espíritu ya pasó por esto antes, ya viviste otra vida, en otro cuerpo, con otro nombre y en esa otra vida también moriste. ¿Y qué pasó? reencarnaste de nuevo y el pacto de esa vida anterior no te impidió volver ni te persiguió.
 
¿Por qué?, porque cuando reencarnas, no traes en tu conciencia inmediata los recuerdos y tampoco las deudas espirituales que no sean contigo mismo y con seres iguales a ti: las personas vivas. Al morir el espíritu se limpia en el proceso hasta que te conviertes en alma de nuevo. Los Eggun te ayudan a soltar lo que ya no sirve.
 
El Orisha de esa vida anterior puede sentir que ese espíritu le es familiar, pero no puede reclamarte nada porque ahora eres otra persona, tienes otro Ori, otro destino, otros caminos espirituales por recorrer (incluyendo la incredulidad a través del ateísmo, agnosticismo el humanismo secular o, en el extremo, alguna religión si lo decides).
 
Piénsalo así: si tuvieras un hijo y ese hijo se muere, y después ese mismo espíritu reencarna en el retoño de tu vecino, ¿podrías ir a su casa a pedirle que te pague una deuda que tu primer vástago tenía contigo? No, porque ese bebé no es tuyo, es otro espíritu, otro cuerpo, otro contrato social: es dueño de otra vida.
 
Con los Orishas pasa igual: ellos reconocen la esencia del iniciado, pero saben que el pacto quedó en la vida anterior; si en esta nueva vida tú quieres volver a coronarte con ese mismo Orisha, lo aceptará, pero no te va a venir a buscar si no quieres ni te va a reclamar lo que no has cumplido con él/ella.
 
7.
Algunas circunstancias especiales están contempladas en Ifá: Oyeku Meji habla de la reencarnación familiar, donde las almas regresan a la Tierra dentro de su propio linaje de sangre, y Ogbe Yeku trata sobre los compromisos espirituales sellados con sangre en vidas pasadas.
 
Entonces, sí un Babalawo ve la falta de evolución en un ahijado, recurre a esos signos para saber si fue consagrado antes y necesita rescatar el pacto de su linaje familiar original, que no tiene que ver con la reencarnación porque en un linaje las reencarnaciones de los espíritus no son continuas (son terciadas: de abuelos a nieto o de padres a sobrinos).
 
Otros signos también hablan de la reencarnación, como Osa Meji, Ogbe, Otura Meji, Baba Ejiogbe y Obara Meji. Además, Ifá expone situaciones concretas de la llamada “recompensa o ajuste espiritual”, como los Abiku (seres que nacen como niños condenados a morir jóvenes y que nacen una y otra vez de la misma madre.) y los Akudaaya (quienes tras morir en un lugar reaparecen vivos en otro e interactúan con personas que desconocen han muerto).
 
En este sentido, dentro del Ifá tradicionalista, en un Itá (ceremonia de adivinación profunda del destino), los Babalawos suelen diagnosticar un Atúnwá (una reencarnación dentro del linaje), aunque solo los religiosos más experimentados pueden determinar si en vidas pasadas el consultado caminó en tierra de los Orishas y, mediante un Ìdámo (diagnóstico espiritual), decidir si debe volver a iniciarse parcialmente o si puede reutilizar su santo anterior, aunque esto es controvertido, incluso en Nigeria (no confundir con Orúkọ Amútọ̀runwá, el nombre que los niños eligen antes de nacer).
 
8.
Actualmente, muchos iniciados están dejando de practicar la Osha, y si es el caso, si se ha dejado la religión en vidas pasadas no es una condena, es un patrón de tu espíritu. Tú eres alguien que prueba un camino iniciático, que recibe lo que tiene que recibir y después se retira. Lo mismo sucede, aunque sigas en la religión y no atiendas consejo, o no seas un buen practicante en vida (eso último casi siempre se paga en la reencarnación actual). Y eso está bien, no hay castigo, no hay Orisha enojado. Solo hay un ciclo que se repite porque así lo eligió tu Eledá ante Orunmila antes de nacer.
 
Ahora, si lo que se quiere es estar tranquilo, si lo que se busca es dormir sin pensar que mañana el Orisha te va a reclamar algo, si quieres morirte en paz sabiendo que no llevas ninguna atadura a tu próxima vida, hay algunas cosas que se pueden hacer, no son obligatorias, pero pueden ayudarte a cerrar el círculo, las cuales son un resumen de lo que explico en el texto https://basurerodealmas.blogspot.com/2017/07/si-se-puede-dejar-la-santeria.html.
 
Primero: devuelve lo que tengas en tu casa, si es que todavía conservas piedras, soperas, collares, herramientas de Orisha, todo lo que está “cargado”, pues tu sangre está ahí. No puedes tirarlo a la basura como si fuera un trapo viejo o un objeto inservible. Eso sí ofende, no porque el Orisha se vaya a enojar contigo, sino porque es una falta de respeto a algo (la religión) que alguna vez fue sagrada para ti.
 
Lo correcto es devolverlos. Si tienes un Babalawo de confianza, alguien que no te juzgue por haberte alejado, pídele que haga una ceremonia para retirar ese Santo (muy controversial y no reconocida por muchas casas religiosas); esto se paga con un derecho, como cualquier trabajo: él se quedará con los objetos o los devuelve a la naturaleza, cortando el vínculo físico entre el Orisha y tú.
 
Si no conoces a nadie o ya no quieres saber nada de la religión, puedes hacerlo tú mismo: lleva las piedras al río, deja los collares al mar, entierra las herramientas en un monte, según le corresponda a cada uno. No hace falta rezar ni pedir permiso, solo es un acto de devolver lo que una vez te dieron, con respeto, sin miedo. Y listo.
 
Segundo: arregla tus cuentas con los ancestros, ya que son quienes te van a recibir cuando mueras. Ellos son los que van a interceder para que ningún Orisha “te moleste”, por eso es bueno tener una relación sin pendientes con ellos.
 
No necesitas hacer un asentamiento ni prender velas todos los viernes: con tener un vaso de agua en un rincón de tu casa, cambiándolo cada semana, y un pensamiento para tus muertos de vez en cuando, alcanza. Puedes pedirles que cuando te llegue la hora, te reciban limpio, sin ataduras y que te saquen cualquier compromiso que hayas hecho en esta vida o en otras. Ellos te escuchan, sin necesidad de palabras bonitas, háblales como le hablarías a tu abuelo, directo y de frente.
 
Tercero: deja ir el miedo, lo cual es la parte más difícil y que tanto pido desechar a mis lectores, porque la Santería mete miedo con advertencias de que si dejas a tu santo te enfermarás, de que vas a padecer calamidades, de que el Orisha te va a castigar y de que los pactos de sangre no se borran. Es curioso, pero el tema debe verse así: el único poder que tienen las deidades yorubas es el que la gente les da, pues dejas de creerles y de temerles, el pacto se muere solo.
 
9.
Lo que realmente te va a pasar cuando te mueras (si es que decides volver a reencarnar, por eso les pido no caer en la trampa del túnel con la luz blanca al final) es menos complicado de lo que se cree. Te mueres. Tu espíritu sale de tu cuerpo. Ya no sientes dolor. Al principio no entiendes bien qué pasó. Ves a los que lloran alrededor de tu cuerpo. Te quieres quedar, pero algo te empuja a irte.
 
Más tarde aparecen tus muertos, no todos juntos, sino uno a uno. Primero los más recientes, los que se fueron cuando todavía vivías, luego los más viejos, los que nunca conociste. Te abrazan, te reciben, te sacan la ropa con la que te moriste, te dan de comer algo que no es comida de este mundo, pero que te llena.
 
En ese proceso, tus Eggun revisan tu espíritu, buscan si tienes algo atado, si encuentran un pacto de sangre, lo cortan: no con un cuchillo, sino con algo más suave, como quien desata un nudo en un cordón. Ese “algo” te lo sacan sin que sientas nada.
 
Posteriormente te quedas un tiempo del “otro lado”, que puede ser mucho o poco: eso no se mide como lo hacemos los que estamos de este lado. Aprendes cosas, recuerdas anécdotas de otras vidas y te preparas para volver, porque ese es el error de haber aceptado ir a la luz al final de túnel: te obligas a reencarnar.
 
Cuando llega la hora, te asomas al otro lado del espejo: ves una familia, una cuna, una madre que está por parir. Eso lo elegiste tú solito, nadie te obligó porque aceptaste volver a la trampa.
 
Naces otra vez, sin memoria, sin pactos y sin la Santería en tu astral. Tu sangre nueva es de otra familia, otra tierra, otro destino, otro tiempo. El Orisha que conociste antes sigue en su piedra, en su mar, en su monte y no sabe que tú volviste. Y si por alguna razón lo lega a saberlo, no le importa, porque ya no eres el mismo. El pacto murió con tu cuerpo viejo. Y el nuevo no ha firmado nada (aún).
 
10.
Los iniciados en Ifá más sabios, no le tienen miedo a la muerte ni a los Orishas. Saben que son poderosos, pero también que los antepasados son más porque ya están del otro lado, dueños de ese territorio. Ellos manejan el tránsito entre la muerte y la vida, porque recordemos que antes de volver a nacer también fuimos muertos y convivimos muchos años con ellos.
 
Un viejo Babalawo cubano, ya difunto, al que conocí cuando estuve un tiempo en la casa religiosa de una Santera cubana, dijo una vez durante un tambor a Oya: " Los Orishas reinan sobre los vivos, pero los Eggun reinan sobre los muertos y los que van a nacer. Si le sirves a un Orisha, bien, si no, también, pero si quieres tranquilidad después de muerto, arréglate bien con tus ancestros: son los que te sacarán las cadenas".
 
Esa es la verdad que no te dicen cuando estás principiando en la Regla Osha, porque cuando empiezas casi todos los padrinos te quieren asustar, te quieren agarrar y arrinconar para venderte miedo y no te vayas, porque recuerda que con tu derecho ellos se enriquecen: comen, viajan y salen a pasear con sus amantes. Pero cuando ya estás cerca de tu muerte, te cuentan que las cosas son diferentes.
 
Resumiendo: estás en el final de un ciclo. No necesariamente de esta vida, pero sí de un ciclo con la Santería. Ya probaste, decepcionaste, serviste, aprendiste, practicaste y te fuiste. Eso está bien. No le debes nada a nadie. Cuando te mueras, tus Eggun te van a limpiar y a desatar. Y si decides volver, lo harás sin el peso de ningún pacto.
 
La sangre que diste cumplió. El Orisha la tomó, la agradeció y la usó mientras viviste, a él/ella ya no le hace falta, tú empiezas de nuevo, desde cero. Como siempre lo has hecho.
 
11.
Sé que los lectores se preguntarán: ¿por qué escribo sobre el túnel con la luz blanca al final si es una trampa? porque la humanidad no piensa en la muerte sino hasta que llega a vieja y es acosada por enfermedades: los jóvenes son soberbios, burlones, despreciativos e imprudentes con la edad adulta, están seguros que nunca llegará, mientras que los viejos son quejumbrosos, cobardes y rechazan la idea de la muerte como el principio de pagar la maldad que hicieron a lo largo de su vida.
 
Este párrafo iba a ser una llamada con asterisco, porque me queda claro que a ninguno de los dos (jóvenes y viejos), les interesará prevenir la trampa del túnel con la luz, pero qué creen, ya tengo un texto sobre el tema, mismo que publicaré en breve.
 
¿Odian a su esposo(a), a su jefe(a), a su hermano(a), a su vecino, a su amante, a su hijo(a), a sus padres, a sus abuelos(a), a su presidente(a)… a la humanidad, a Dios? ya les contaré cómo librarse de ellos en su siguiente reencarnación.
 
*Aquella fue una experiencia que me sorprendió por los detalles que me compartió, mismos que yo pude comprobar con mi videncia, detalles que incluyeron realizar ciertos ebboses para reconectar el vínculo espiritual con el Orisha tutelar de mi reencarnación anterior, ya que era el mismo que actualmente tengo coronado.