3 de agosto de 2020

En la hora de nuestra muerte



Existen varias formas de vincularse con el mundo de los desencarnados: una es la espiritual, siendo médium, espiritualista, muertero, vidente o espiritista; la otra, siendo artista. Hay más, pero quedémonos con estas.

Para el caso del arte, la fotógrafa norteamericana Sarah Sudhoff* tiene una historia por demás curiosa: al cumplir la mayoría de edad un amigo de la infancia se voló la cabeza de un disparo. Sobre la experiencia comentó: “Mientras visitaba su casa el día después del evento, presencié a un equipo de limpieza limpiando a vapor la alfombra de su habitación. Todos los rastros físicos de las últimas 24 horas habían desaparecido”.

Sudhoff fue testigo del lavado de los restos de sangre acumulados en la alfombra, sillones y paredes, lo que le llevó a cuestionarse sobre las señales que dejan las personas en su entorno en sus últimos momentos de vida: “La muerte, como el nacimiento, es parte de un proceso. Sin embargo, los procesos de muerte a menudo están protegidos de la vista. Hoy en la sociedad occidental, la mayoría de las familias dejan a un completo la tarea de preparar el cuerpo de un ser querido para su lugar de descanso final ... ahora la mancha de la muerte se elimina rápidamente y la escena se limpia y normaliza”.

Fue así que decidió dar inicio a su proyecto “At the Hour of Our Death” (se traduce como “En la hora de nuestra muerte”), el cual consiste en fotografiar a detalle objetos que hayan tenido un último contacto con el fallecido, como sillas, tapices, sábanas, sillones, camas, ropa, mosaico o cobijas, independiente del motivo de la muerte: enfermedad, suicidio, accidente, asesinato o sobredosis, y en donde obviamente destacan sangre, fluidos, residuos, manchas que, según la autora “son obras de arte que sacan de contexto la tragedia y obligan a reflexionar sobre la fisonomía de la muerte”.

Se explaya: “Las imágenes son mi intento de frenar los momentos, antes y después de la muerte, en un solo marco. Ello nos permite contemplar lo que generalmente es invisible y comprometernos con un proceso con el que hemos perdido la conexión. Todos moriremos algún día”.

Sin embargo, no se debe ver a Sudhoff como morbosa o una practicante de parafilia visual: hace años recibió tratamiento para el cáncer uterino y le inspiró otro proyecto “Repository” (traducido como “Repositorio”), donde ella misma se fotografió en hospitales, morgues y galerías médicas.

Es realista sobre los límites a los que está llegando su trabajo artístico: “Al principio era fácil fotografiar esos tejidos manchados. La novedad y la curiosidad me protegían emocionalmente. Ahora, un año después, la brecha entre la cámara y el objeto está desapareciendo y todo se hace emocional, física y mentalmente más difícil”.

Agrega (durante una entrevista que formará parte de un documental sobre su obra fotográfica), sin ocultar ya agotamiento: “Tengo que recorrer grandes distancias para acceder al material, en los almacenes no hay calefacción ni aire acondicionado, el olor de los textiles no es fácil de llevar y psicológicamente es un trabajo cansado”.

Sudhoff remata, sin dar pie a cuestionarla: “No pienso que la muerte sea un tema extremo para explorarlo como fotógrafa. Lo queramos o no, todos moriremos algún día, pero muchos deciden ignorarlo ... por eso la muerte se vuelve fértil como tema de exploración artística”.

* por obvias razones esta entrada no incluyen imágenes de los dos proyectos de la autora, si alguien se interesa, en la web podrá consultarse su obra.