Es 1 de enero de 2020 y he comido de pie en la cocina. Una Santera cubana,
heredera directa de la sabiduría de Ferminita Gómez, Osha Bi, me advirtió años
atrás que un Santero NUNCA come de pie, me dio las razones, pero yo las voy a
obviar al no ser tema de este texto. Ante mi está un plato con las sobras de
una pierna de cerdo al adobo, un trozo de pan, y a lado, un vaso con dos sorbos
más de whisky.
Son las 19.20 horas. Mi esposa fue a comer a casa de su hermana. Concluí un
par de micro-Consultas espirituales (solo contesté sobre el camino espiritual, recomendaciones
para deshacerse de problemas inmediatos y los dones en la actual
reencarnación), publiqué la letra del año 2020 para méxico, leí un poco a Nick
Hornby y terminé un texto sobre una iniciación chamánica, en la costa del
pacífico, de la que no me acordaba.
Observo los restos del whisky, me da pena tirarlo, pero no suelo ingerir
alcohol después de comer, y mientras reflexiono sobre el destino del líquido
ámbar, viene a mi mente una conversación que tuve con Rubén Cuevas, Ojuani Ni
Shidi, casi un año después de su fallecimiento, cuando se me apareció para confesarme que con
respecto a Ifá, dijo textualmente, “las cosas no son como yo pensaba”.
Luego, me hundo en mis reflexiones: hay dos nuevos desencarnados acosando
el edificio donde vivo… el primero, un “él”, se largó bajo el amparo de un
infarto y dejó desamparada a su esposa, a quien durante años maltrató, y ahora ella
extraña la violencia intrafamiliar… el segundo, un “ella”, cuya muerte la
prensa calificó de “suicidio” (vaya mentira pública, perdón, púdica, uoops:
impúdica), lo que sin venir a cuento vino a ratificar, en voz de los
ignorantes, la vigencia de “Another brick in the Wall”, de Pink Floyd.
Algo que me impresiona sobre la vida de estos dos, que me remite a uno de
mis pensadores predilectos de todos los tiempos, el teólogo Martin Lutero,
quien afirmó: "La razón humana es
como subir un hombre borracho a un caballo; lo subes por un lado, y se cae por
el otro". Sí, una cosa es lo que la gente cree saber sobre los que se
van al más allá, y otra las cuentas que deberán empezar a pagar antes de llegar.
Pero la naturaleza de los fantasmas es cabrona* y este par pugna por empezar
a asustar a la gente decente… bueeh, no tanto, digamos que solo les urge aterrorizar
a mis vecinos, cuyas recónditas perversiones tratan de ocultar tras cerrar la
puerta de sus departamento, pero cuya indecencia se cuela sonoramente por las
ventas o se refleja en la amarga expresión con la que deambulan sus víctimas (la
familia), entre sus salidas y entradas a la calle, por motivos escolares o
laborales.
No los entiendo, adelantaron a los 40 días de rigor antes de tomar
conciencia de que tras ser cadáveres, se han convertido en presencias etéricas:
¿cómo lo consiguieron? ¿será que se creen con el derecho a recibir “la luz”? ¿o
se arrepintieron tan pronto de sus pecados?...
Yo que los conocí, puedo decir: de mí, cabrones, no la esperen.
Comí de pie en la cocina, muy sabroso. El par de inminentes ánimas en pena no
se acercan por las protecciones que tenemos en casa, pero ello no quita que en
su búsqueda de luz intenten visitarnos. Me contradigo y vacío el resto del
whisky de un trago. Pinches desencarnados.
* una vez más recomiendo leer el
texto “El sino del escorpión”, del escritor mexicano José Revueltas, para
entender la naturaleza de todos los seres vivos… y muertos.
