Por azar coincidieron en mi casa dos
Babalowos, (uno hijo de Eleggua y otro de Obatalá, hermanos, adolescentes y
jurados a consecuencia del trabajo de su padre como militar), y una hija de Oya.
Nunca me gustó que otros trabajaran religión en mi casa, ya que esa manera
itinerante se permite a religiosos desconocidos no solo saber en dónde y cómo
vivo, sino aprovechar para dejarme el osogbo de sus consultas o ebboses.
Esa mañana de domingo ella estaba
de visita y sin avisar citó a una familia para consultarlos, extraño, con el
caracol de Yemaya: registró al marido, el diloggún dio osogbo con Ogunda irete,
sacó testigos, marcó obras y lo apresuró
a coronar Osha. Siguió la esposa y abrió Ogunda odi, más el primer testigo dio
Opira*, la Santera palideció y llamó a los Babalowos (quienes estaban ahí
buscando les vendiera “lengua de tarántula”).
– y ahora qué hacemos? – soltó ella.
– pide firmeza – ordenó nervioso el
hijo de Eleggua por error.
– dios mío! – gritó la mujer tras
recibir Opira por segunda vez.
– cierra la consulta – mandó su
hermano, pidió un plato blanco, metió los caracoles, los cubrió con cascarilla
y los colocó en la terraza.
– lo primero es tirar en la calle
el agua de la moyugba – avisó el hijo de Eleggua – para eso necesitamos a una
virgen – volteó a ver a la hija a quien la palabra “virgen” incomodó.
La joven tomó el vaso y salió de
la casa, la Santera colocó los igbos en un paño blanco, dejó la vela encendida
mientras los hermanos cruzaron miradas, me pidieron los acompañara a la cocina
y nos encerramos.
– Opira advierte que Ikú está encima
de uno ustedes – comentó el hijo de Obatalá.
– “el consultado está muerto, pero aún no lo sabe” – recitó su
hermano.
– qué sabes de Opira? – me
preguntó el primero, más me limité a levantar los hombros, aburrido, pues ya sabía
el origen de aquello.
– habla de muerte inminente –
intervino el hijo de Eleggua – en el próximo minuto o antes de que pasen 16
días.
– no se refiere a muerte física,
sino a espiritual porque el consultado no tiene camino en la Osha… entre sus muchas
advertencias – señalé.
– no podemos usar otro caracol…
ni el tuyo – avisó equivocado el otro – debemos tirarle la cadena a todos para
saber a quién le pega.
– que no es eso – insistí – el diloggún tiene 16 caracoles,
de dónde sacan que esos 16 se transforman en 17?… “dicen” que el 17 es Opira y que es un signo, pero es sólo una
tirada para avisar que el oráculo no hablará y el religioso debe investigar el
motivo.
– señala que todos los Orishas dan la espalda – dijo incisivo el hijo
de Obatalá – y quien lo traiga no saldrá de aquí hasta coronar Santo… o que tu
esposa jure como Apetevi o en Ifa – y presumió su analfabetismo – nosotros somos Babalowos y Opira no nos afecta.
– si fuera un oddu más de uno lo
llevaría en su lerí – insistí – además, no es compuesto (creo que esto no lo
entendieron).
– está avisando que tú y tu
esposa deben coger Olokun – agregó.
– lo recibimos hace dos años –
contesté conteniendo la risa.
– en Ifa Opira habla a través de
Okanran Yeku – insistió en tener la razón.
– no, ese oddu dice que en Ife una
tribu leía la punta del caracol, no practicaban Osha y adoraban a Eggun y
Olokun – expliqué.
– no le faltes el respeto a Ifa!
– advirtió el hijo de Obatalá.
– diloggún es Osha, es la autoridad salvo que estés en un itá:
entonces sí se combina con Ifa… por lo demás no estoy irrespetando nada – aclaré.
– tú no estás iniciado en Ifa – insistió
beligerante.
– no, pero me crié con Babalowos desde
niño – ironicé y agregué – vieron la cara de la esposa ante Ogunda odi? lo conoce
porque al verlo se burló.
– ese oddu habla de la mujer
infiel – dijo el hijo de Eleggua dudando.
– no me fijé en su actitud – reconoció
su hermano.
– imaginemos que Opira es un oddu – propuse - ustedes dijeron que los
Orishas dieron la espalda, luego afirman que habla Olokun – señalé la
contradicción – así que decídanse: habla o no Orisha?… luego alegan que puede
ser Ikú, pero no citan a los temidos Eggun merilaye, cualquiera de estos dos cambiaría
el sentido de lo que ya han dicho – y me quejé – fue un error cerrar la
consulta, se debió preguntar si el mensaje era para el consultante o el consultado… con
eso habríamos evitado esta confusión.
– Yemayá respondió con otro
Opira! – gritó el hijo de Obatalá.
– sí, pero lo cerraron sin
averiguar quién hablaba! – alcé también la voz.
– ese oddu necesita de Ifa para marcar
obras – me ignoró su hermano.
– puedes hacer un ebbo para todos
con Okana – objeté ya aburrido.
– no podemos arriesgarnos a que
carguen con ese osogbo – me fulminó
con la mirada el hijo de Obatalá – nos consultaremos todos. Su hermano lo
secundó y tuve que resignarme.
Volvimos a la sala, pidió una
estera, tomó un epkuele que por ebboe yo tenía sobre Oshun, cogió un rincón y
comenzó a registrarnos advirtiendo que sólo sacaría un signo. Inició con nosotros
por ser los dueños del ilé, luego la Santera, al esposo, su hija y (contradiciéndose)
a su hermano: todos iré. Tocó turno a la esposa, quién pasó de la burla al
miedo cuando se le reiteró qué significaba Opira.
– Ogunda odi (el oddu repitió), Ofun
osa y Obara meyi – dijo incumpliendo la decisión de sacar sólo un signo – por
suerte tu esposo no es Babalowo pues aquí Ifa castiga con la muerte a la apetevi
infiel.
Terminó tras media hora, se tiró
la cadena (nervioso, pero qué no se supone que Opira no afecta a los Babalowos?)
y salió iré, más antes de levantarse de la estera le recordé que debía rezar
Otura Meyi. Pasado el susto, mientras caía la tarde, regresamos a la sala: tras
algunas bromas la familia pagó el derecho a su madrina (dejando los billetes
ante mi Eshu) y se fueron. Los dos Babalowos dijeron que tenían hambre, los
ignoré y al poco salieron, sin averiguar el origen de Opira y olvidándose de la
“lengua de tarántula”.
– suerte que Orunla dio buenos
signos y a nadie perjudicó – dijo la Santera y luego gritó frente a mi soperita
– maferefún babá.
– la suerte en esta religión no
existe: si estás osogbo o iré es por tu astral.
– los Orishas nos protegen – insistió
– Opira habla de la muerte de una…
– señala que el diloggún no hablará
por faltas de respeto – la paré.
Se quedó pasmada y tras unos
instantes anunció que se iba: tomó sus igbos, malamente sacó el diloggún del plato,
murmuró un despido y salió de no buenos modos. Ya solos mi esposa comenzó a recoger
el desorden y descubrió que la Santera olvidó el dinero de su derecho.
– ya regresará – me burlé, tomé
omiero del refrigerador y comencé a aventarlo hacia arriba por toda la casa
para refrescarla.
* es cuando todos los caracoles caen "boca
abajo" (con la abertura hacia la estera), avisando que no habrá diálogo
entre el oráculo y el consultante.
