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11 de febrero de 2025
Talismán de Cuervo Negro (final)
7.
—No recuerdo
el nombre de la bruja que hacía excelentes talismanes de Cuervo Negro — señaló
mi esposa.
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3 de febrero de 2025
Talismán de Cuervo Negro
1.
Me cité con Susana en la cafetería “Village Café”, ubicada frente al famoso Parque Hundido, una de mis favoritas por su cercanía a mi casa. Rara vez la proponía cuando se trataba de escuchar alguna historia extraña que podría convertirse una consulta espiritual, limpiar una casa, despojar a alguien de brujería o enfrentarme a un desencarnado, pero tenía varios días aburrido y ello era una advertencia de que, si me movía lejos de mis territorios, podría ponerme de mal humor, y, en consecuencia, no pondría atención a lo que fuese que tuviera que escuchar.
La noche
anterior había recibido un mail donde una mujer pedía nos viéramos para compartirme
“un caso escalofriante”. Claro, mucha gente dice lo mismo para engatusarme
cuando me contactan sin la recomendación de alguna amistad, así que luego de
usar mi videncia confirmé que no era ninguna lunática, por lo que acepté.
Propuse el
lugar, señalando que la especialidad del lugar era un pastel de zanahoria
simplemente exquisito, aceptando de inmediato con el argumento de que el lugar
“estaba perfectamente ubicado”.
2.
Como siempre llegué diez minutos antes y solicité una mesa dentro de la cafetería, pues siendo invierno, al caer la noche en las que tienen colocadas sobre la acera, el frío se hace insoportable.
Pedí un café
americano y decidí esperar a que Susana llegara, mas pronto me aburrí de ver
las paredes color mamey que de sobra conocía, al igual que las pinturas de
Vincent van Gogh y fotografías de Albert
Einstein, Elvis Presley Tina Modoti y demás, así que me levanté para tomar al
azar una revista del mostrador de donde puedes coger hasta libros para pasar el
rato.
Volví a mi silla y vi la portada: “The Paris
Review”, correspondiente al mes de noviembre de 2024, su número 250, la cual
anunciaba, entre otros temas, un ensayo de Hanif Kureishi titulado “El arte de
la ficción”.
Aquello me
emocionó, sin embargo, no avancé mucho en mi lectura porque la mujer llegó y
sin preguntar si yo era yo, se sentó frente a mí, atrajo la atención de la
mesera y pidió un exótico café latte macchiato.
3.
—He leído todos tus libros — presumió.
—En cada consulta me dicen lo mismo, como si ello contribuyera a ganarse mi simpatía.
—Los cuatro — se jactó.
—Vaya, “Sol negro” y “En el camino” están muy escondidos en amazon como para que los hayas encontrado.
—Soy buena buscando. Así di con tu mail para poder escribirte — insistió en fanfarronear — no entiendo por qué si tienes varios blogs, no estableces canales de comunicación adecuados para contactarte…
—Para evitar que la gente me diga cómo manejar mis relaciones públicas — la interrumpí.
—¿Por qué no hablas mucho de tus otros blogs?
—Porque hablo de lo mismo que en los tres que la gente conoce: espiritualidad, desencarnados, brujería, política, música, cine, libros… pero como dice la publicidad de los medicamentos genéricos: es casi lo mismo, pero no es igual.
—No, explican que “es lo mismo, pero más barato” — dijo, me miró con curiosidad y agregó — ¿por qué no publicitas esos libros? — cuestionó — son interesantes… me encantó descubrir que puedes escribir sobre otros temas que no sea brujería o fantasmas.
—Me gustan las conversaciones inteligentes, sobre todo si provienen de mentes ágiles, pero no me pediste una cita para hablar de mis textos — advertí armándome de paciencia.
—Vivo en una casa embrujada — soltó tratando de impresionarme.
—Y mi esposa y yo sobre un cementerio.
—¿En serio? — preguntó sobresaltada.
—Naaá, bromita.
4.
—Se trata de una casa antiquísima. Está localizada en la colonia Del Valle.
—Es raro que aún sobrevivan ese tipo de construcciones. Esa zona de la ciudad está sufriendo el derrumbe de residencias bellísimas, por parte de avorazados arquitectos, para dar paso a edificios de departa-cuartos que están hacinando más esos rumbos.
—Está cerca de la iglesia de Tlacoquemecatl — ignoró mi sermón ecológico.
—Con más razón — me quejé levantando la mano para atraer la atención de la mesera, a la que apenas se acercó le pedí dos rebanadas de pastel de zanahoria.
—Tienes razón, quiero venderla, pero los fantasmas de mi abuelo y mi madre “espantan” a los clientes.
—¿Y yo que tengo que ver en todo eso?
—Necesito que la limpies, que los saques de ahí para cerrar ese ciclo en mi vida y comenzar uno nuevo.
5.
La observé y con su sola apariencia se podía concluir que era una mujer independiente, amante de los retos, segura de sí misma, capaz de manejar sus emociones y con gran capacidad para manipular a la gente. Sin embargo, había entrado desde hace tiempo a los cuarentas, así que, aunado a su sobria manera de vestirse, peinarse y maquillarse, dejaba claro que, si no te lo decía ella misma, difícilmente podrías adivinar su empleo, su estado civil, si tenía hijos y si le gustaba drogarse.
Reflexionaba sobre su personalidad cuando el
espíritu de su madre apareció a sus espaldas mirándome con gravedad, así que
dejé de poner atención a su plática y me concentré en la historia que la vieja
insistía en contarme.
6.
—… así que esa sería la historia del origen de esa casona, de cómo me hice dueña al morir mi madre y por qué quiero venderla.
—Vaya…
—Claro, te hice un resumen, pero su origen y demás tiene sus detalles que ya conocerás con videncia — dijo Susana cuando el espectro de su madre concluía de exponer la versión de los hechos — no te aburro con los sustos que me dan los fantasmas, porque luego de leer tus libros supongo que has escuchado o vivido muchas anécdotas sobre lo que hacen para fastidiar a la gente decente, pero para mí han sido experiencias escalofriantes.
—¿Cuándo puedo verla? — pregunté cuchareando mi último pedazo de pastel.
—Tú dime, ¿cuándo tienes tiempo?... está un poco cubierta de polvo porque con los fantasmas nadie se anima con la limpieza, pero…
—Ahora mismo — la interrumpí — aún es temprano y tenemos tiempo antes de que oscurezca.
Pedí cuentas separadas, pero Susana insistió en
pagar ambas. En un movimiento para sacar su cartera, su blusa se abrió y
descubrí en su cuello colgando un talismán de Cuervo Negro, lo que me puso en
alerta.
—¿Has consultado antes a otra persona para darle
luz a tus muertos?
—No… bueno, sí, fui con gitana a que me leyera las cartas. Me dijo que estaba difícil, aunque no me aclaró a qué se refería. Sugirió usara un amuleto para protegerme de malas negativas — confesó con ambigüedad.
—¿Exactamente a qué te refieres con que “no te
explicó muy bien”? — insistí para comparar su respuesta con lo que me contó su
madre.
—Algo así como que no querían irse, por eso te busqué, porque según lo que cuentas en tu blog tú les puedes dar luz — insistió en la imprecisión.
—Vámonos — propuse poniéndome de pie.
Me cité con Susana en la cafetería “Village Café”, ubicada frente al famoso Parque Hundido, una de mis favoritas por su cercanía a mi casa. Rara vez la proponía cuando se trataba de escuchar alguna historia extraña que podría convertirse una consulta espiritual, limpiar una casa, despojar a alguien de brujería o enfrentarme a un desencarnado, pero tenía varios días aburrido y ello era una advertencia de que, si me movía lejos de mis territorios, podría ponerme de mal humor, y, en consecuencia, no pondría atención a lo que fuese que tuviera que escuchar.
Como siempre llegué diez minutos antes y solicité una mesa dentro de la cafetería, pues siendo invierno, al caer la noche en las que tienen colocadas sobre la acera, el frío se hace insoportable.
—He leído todos tus libros — presumió.
—En cada consulta me dicen lo mismo, como si ello contribuyera a ganarse mi simpatía.
—Los cuatro — se jactó.
—Vaya, “Sol negro” y “En el camino” están muy escondidos en amazon como para que los hayas encontrado.
—Soy buena buscando. Así di con tu mail para poder escribirte — insistió en fanfarronear — no entiendo por qué si tienes varios blogs, no estableces canales de comunicación adecuados para contactarte…
—Para evitar que la gente me diga cómo manejar mis relaciones públicas — la interrumpí.
—¿Por qué no hablas mucho de tus otros blogs?
—Porque hablo de lo mismo que en los tres que la gente conoce: espiritualidad, desencarnados, brujería, política, música, cine, libros… pero como dice la publicidad de los medicamentos genéricos: es casi lo mismo, pero no es igual.
—No, explican que “es lo mismo, pero más barato” — dijo, me miró con curiosidad y agregó — ¿por qué no publicitas esos libros? — cuestionó — son interesantes… me encantó descubrir que puedes escribir sobre otros temas que no sea brujería o fantasmas.
—Me gustan las conversaciones inteligentes, sobre todo si provienen de mentes ágiles, pero no me pediste una cita para hablar de mis textos — advertí armándome de paciencia.
—Vivo en una casa embrujada — soltó tratando de impresionarme.
—Y mi esposa y yo sobre un cementerio.
—¿En serio? — preguntó sobresaltada.
—Naaá, bromita.
4.
—Se trata de una casa antiquísima. Está localizada en la colonia Del Valle.
—Es raro que aún sobrevivan ese tipo de construcciones. Esa zona de la ciudad está sufriendo el derrumbe de residencias bellísimas, por parte de avorazados arquitectos, para dar paso a edificios de departa-cuartos que están hacinando más esos rumbos.
—Está cerca de la iglesia de Tlacoquemecatl — ignoró mi sermón ecológico.
—Con más razón — me quejé levantando la mano para atraer la atención de la mesera, a la que apenas se acercó le pedí dos rebanadas de pastel de zanahoria.
—Tienes razón, quiero venderla, pero los fantasmas de mi abuelo y mi madre “espantan” a los clientes.
—¿Y yo que tengo que ver en todo eso?
—Necesito que la limpies, que los saques de ahí para cerrar ese ciclo en mi vida y comenzar uno nuevo.
La observé y con su sola apariencia se podía concluir que era una mujer independiente, amante de los retos, segura de sí misma, capaz de manejar sus emociones y con gran capacidad para manipular a la gente. Sin embargo, había entrado desde hace tiempo a los cuarentas, así que, aunado a su sobria manera de vestirse, peinarse y maquillarse, dejaba claro que, si no te lo decía ella misma, difícilmente podrías adivinar su empleo, su estado civil, si tenía hijos y si le gustaba drogarse.
—… así que esa sería la historia del origen de esa casona, de cómo me hice dueña al morir mi madre y por qué quiero venderla.
—Vaya…
—Claro, te hice un resumen, pero su origen y demás tiene sus detalles que ya conocerás con videncia — dijo Susana cuando el espectro de su madre concluía de exponer la versión de los hechos — no te aburro con los sustos que me dan los fantasmas, porque luego de leer tus libros supongo que has escuchado o vivido muchas anécdotas sobre lo que hacen para fastidiar a la gente decente, pero para mí han sido experiencias escalofriantes.
—¿Cuándo puedo verla? — pregunté cuchareando mi último pedazo de pastel.
—Tú dime, ¿cuándo tienes tiempo?... está un poco cubierta de polvo porque con los fantasmas nadie se anima con la limpieza, pero…
—Ahora mismo — la interrumpí — aún es temprano y tenemos tiempo antes de que oscurezca.
—No… bueno, sí, fui con gitana a que me leyera las cartas. Me dijo que estaba difícil, aunque no me aclaró a qué se refería. Sugirió usara un amuleto para protegerme de malas negativas — confesó con ambigüedad.
—Algo así como que no querían irse, por eso te busqué, porque según lo que cuentas en tu blog tú les puedes dar luz — insistió en la imprecisión.
—Vámonos — propuse poniéndome de pie.
continuará...
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7 de mayo de 2021
Antes de Mi vida con los muertos
Mucha
gente me preguntó la razón de por qué dejé de escribir durante años, y siempre
tuve que corregirlos: “no dejé de escribir… sólo desistí de publicar”, más fueron
dos razones por las que dejé de hacerlo.
La primera
relacionada con un incidente en una de las ediciones de la anual Feria
Internacional del Libro del Palacio de Minería, que realiza la Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM), más de ello no hablaré mucho ya que fui
involucrado sin tener responsabilidad alguna (yo nomás pasaba por ahí buscando un baño), lo que provocó en mí una
gran desilusión que me llevó a tomar la decisión de no asistir más a
exhibiciones de libros, y de paso, a dudar si quería seguir publicando en un
medio tan caníbal como es el de la literatura en méxico.
La segunda
tuvo que ver también con la UNAM, la cual después de haberme invitado como
ponente para una serie de jornadas académicas celebradas en la Universidad
Autónoma del Estado de México, y específicamente tras terminar mi exposición,
un funcionario me solicitó mi ponencia al tiempo que me informaba que formaría
parte de una compilación que sobre dicho evento publicarían en breve.
Recuerdo
que tras recibir los tres volúmenes de dicha serie, organicé una cena en casa
de mis padres para comunicarles la excelente noticia, y de paso avisarles,
erróneamente, que consideraba haber alcanzado la principal meta en eso de
publicar: ser editado por la UNAM. De ahí el aparentemente silencio, pero…
Desde
hacía años publicaba de manera sistemática en periódicos y revistas, daba
entrevistas y era invitado a programas de radio para leer mis textos; asistía como
ponente a cuanto congreso me requerían y participaba en concursos de
literatura, pero fueron las mafias culturales que siempre han desmadrado la
creatividad en este país las que comenzaron a llenarme de basuritas el ánimo,
que aunado al incidente ya citado y a la publicación en la UNAM, opté por hacer
un alto.
La pausa
coincidió con el surgimiento de algunos problemas de salud, con los que inició
mi primera cuenta regresiva rumbo a la muerte: primera porque tras la
advertencia médica hubo más hasta que llegaron, años después, las de origen afro-religioso.
En aquella
época comencé a escribir una novela titulada “Sol negro”, la cual distribuí
entre mis amistades, para luego gracias a ellos, se difundió entre sus
conocidos bajo el auspicio de mi recién fundada editorial llamada “Ediciones
bien jalados”.
El texto
estaba plagado de hilarantes situaciones pese a mi pesimista estado de ánimo,
en el que un grupo de amigos vivían de exceso en exceso en la capital de un méxico
convulsionado por un golpe de estado tras el levantamiento armado del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas. Curiosamente el personaje que más
llamó la atención entre los lectores era un Chamán que hacía a su vez de férreo
periodista crítico del gobierno.
Obtuvo
buenos comentarios, pero también generó presión de los lectores para obtener
una segunda parte que finalmente se llamó “El camino”, la cual si bien publiqué
con los mismos resultados, en términos de aprobación, la trama se alejaba de la
Ciudad de méxico y se desarrollaba en Oaxaca, frente a las costas del océano
pacífico, plagada de existencialismos espirituales.
Al mismo
tiempo, entre licencias médica, alterné su escritura con un volumen de relatos,
“El edificio”, que dio pie a “Las otras historias”: los 4 libros que
aparecieron bajo el manto de “Ediciones bien jalados”.
Por
aquella época mi amigo César, quien ya me había conseguido una columna fija en
la revista “Transformación”, me propuso editar oficialmente “Sol negro” a
través de una conocida que tenía en la Dirección de Difusión y Fomento a la
Cultura, adscrita al Instituto Politécnico Nacional, por lo que procedió a la corrección
de estilo, mas su intención no prosperó ni me quedaron claros los motivos, así
que me regresé a la creación con textos que no fueron a parar a ningún lado,
mientras que mi salud de mala pasó a
tener altibajos.
Curiosamente
aquella época de “prolífica creatividad” vio nacer el texto del que hasta ese
momento me he sentido más orgulloso como escritor: “Danger”, un relato cuya
trama se desarrolla en las calles de Los Ángeles, en California (donde viví
algunos años) y que hasta la fecha se mantiene inédito y sin alguna razón en
especial (será publicado en mi próximo libro, o en el siguiente: ya están
terminados y por el momento ese texto forma parte ambos). Curioso pero también fue
un periodo en el que abandoné por completo la lectura un par de años.
En medio
de todo este caos por la salud, cierto día me desperté con las ganas de
publicar de nuevo, aunque apenas me levanté una duda me asaltó: después de
tantos años ¿quién se va acordar de mí como para que me diga “sí, vente volando
que me muero por publicarte”?
Así que
asumí una actitud objetiva y me dije: “no sé qué tanto quiera retomar mi
carrera pública de escritor, pero por lo menos me plantearé la meta de publicar
un texto”. Y la respuesta la obtuve en semanas.
Sin
buscarlo mi amigo Humberto, editor de una revista con el original nombre de
“Confabulario”, me invitó un café y me pidió que le entregara un relato para
publicarlo en su siguiente número: si bien tenía suficiente material, le pedí
me diera tres días para entregarle un texto nuevo.
A los tres
días exactos se paró frente a mi escritorio para advertirme que el plazo se
había cumplido, a lo que le respondí entregándole cinco cuartillas con el texto
“Un blues para Sara”. Aquel escrito me gustó y más verlo publicado en papel y
en su versión electrónica, claro, antes de que los blogs se convirtieran en una
nueva forma de hacer cultura, y al
poco, en el principal generador de basura en la web. El relato obtuvo
excelentes críticas entre los lectores y me infundió ánimos para seguir.
Luego me
inicié en las religiones de origen africano buscando la salud, problemas que
pese a todo seguían acosándome, solo para encontrarme con la sentencia de mis
padrinos de que mi muerte era inminente.
Con todo,
retomé el ritmo en periódicos y revistas hasta que tras mis quejas por la
censura, mi esposa me convenció de abrir montar un blog, Basurero de almas (luego
abrí tres más), los cuales me dieron grandes satisfacciones, por lo que decidí
que serían el único medio para difundir mis textos, eso sí, sin esperar, tras
gran desilusión años después, la solidaridad de los lectores (esos Santeros y
Babalowos que por años saquearon el blog para salvarse a vida), y por el
contrario, ahora ya por el simple placer de escribir.
En esas época busqué otras opciones espirituales
para mantenerme con vida… y sin cantar victoria, aquí sigo.
Una opción pasó por mi mente tras algunas
peticiones: relanzar “Sol negro”, “El camino”, “El
edificio” y “Las otras historias” a través de Amazon, tal como hice con “Mi
vida con los muertos”, con las ventajas que las redes sociales y el formato
electrónico proporcionan a las ediciones independientes, pero no vuelvo a caer
en la trampa de las promesas de amor eterno de nadie (sin ofender): ya tengo
dos libros inéditos terminados, y como dice el refrán: “para atrás, ni para
tomar vuelo”.
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