Durante el último par de meses
recibí insistente solicitud de T, una lectora de este blog, que me pedía
consultara a su madre, una mujer mayor imposibilitada de caminar. Finalmente
acepté consultarla, determiné las obras y marqué el día para hacerlas.
Lo que sucedió esta tarde de
sábado 21 de julio en que mi esposa y yo nos presentamos para atender a la
anciana, no conllevó mayores sorpresas (ya habíamos prevenido cualquier
situación): lo extraño sucedió después.
Tras salir del departamento nos
encontramos debajo de nuestro auto un trabajo de brujería (cubierto con tierra
tomado de diferentes lados donde estaba estacionado mi auto y enterrado de
manera de que al mover el auto en reversa, para salir de ahí, teníamos que pasar
sobre él). Aquello me llamó la atención pues no conocemos a nadie por aquellos
rumbos de la ciudad y tampoco publicitamos el trabajo espiritual que haremos
fuera de casa.
Antes de proceder a
“desactivarlo” (se hizo para que tuviéramos un accidente de tráfico mortal), me
puse analizar la situación y lo vinculé de inmediato a la anciana que habíamos
atendido: sus males son resultado de un litigio de intestado que tiene con una
de sus hermanas por un terreno propiedad de su difunto padre. Y la hermana vivía
cerca de ahí.
¿Cómo se enteró que iríamos y
cuál era nuestro auto? eso lo averigüé después, pero mientras tanto sirvan de
recuerdo este par de fotografías que tomé antes de deshacerme del trabajo
negro, pedir permiso, y ya concedido, regresarlo 70 veces 7 a quien desea el mal
para nosotros.
¿me inquieta que traten de matarme?
no: conozco la naturaleza humana
y ejemplos de cómo se comportan las personas abundan en este blog…
¿me asusta?
no: todos tenemos marcados el
año, mes, día, hora, minuto, segundo y motivo por el que moriremos, el mío lo
conozco y sé que no será por la mano de un vivo ni de un desencarnado…
¿me enoja?
en realidad me da risa… de hecho
no he parado de reír desde que comencé a escribir este texto.

