Mostrando entradas con la etiqueta tumbas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tumbas. Mostrar todas las entradas

9 de agosto de 2014

Cómo viven los muertos (5)



12.
Llegué un viernes por la tarde a la casa del Curandero Felipe, encontrándome con que tenía a seis personas aguardando su turno para que las atendiera*... sabiendo que no podía interrumpirlo mientras hacía sus limpias espirituales, me quedé parado entre la reja que separaba su oratorio y el patio donde tenía varias sillas para que a sus clientes la espera se les hiciera menos agotadora; unos 10 minutos después la puerta donde trabajaba se abrió y de ella salió una anciana con paso lento; Felipe asomó su cabeza para llamar al turno siguiente, más apenas y me vio sonrió y pidió que pasara…

- llegas como caído del cielo – comentó con cierto alivio…
- no creo: desde el edén sólo llegan los ángeles y yo de angelito no tengo nada… ni siquiera alas – respondí entre risas…
- necesito que me hagas un gran favor – pidió – el tipo que trabajaba mi taxi acaba de renunciar… de hecho vino en la mañana para dejarme las llaves y decirme que no piensa trabajar más para mi…
- y eso? – pregunté extrañado, pues de sobra sabía que Felipe era un patrón por demás justo a la hora de pagar salarios…
- no entró en muchos detalles – dijo escuetamente el Curandero, dando a entender que él tampoco los daría – el asunto es que tengo una clienta a la cual no puedo quedarle mal, por lo que quiero pedirte el favor de que cojas el taxi y vayas a recogerla…
- yo? de taxista? – exclamé a manera de queja – se te zafó un tornillo de tu cabeza?…
- vas en el taxi porque es el único auto que tengo para atender a esta dama, además de que el asunto es sencillo: la recoges en al Mercado de Jamaica, concretamente en el cruce que forman las calles Congreso de la Unión y Morelos, ella se sube, te dirá a dónde va, la llevas y listo, te regresas…
- no me convences – dudé – no conozco ese oficio de ser ruletero…
- iría yo, pero ya has visto que tengo varios pacientes, además no necesitas conocer nada, prácticamente será como manejar cualquier auto particular – señaló – no te vas a tardar mucho: es un trayecto bastante corto…
- de acuerdo – acepté no muy convencido - pero dime cómo es la señora para saber a quién debo recoger…
- a la dama la identificas fácil – dijo mientras me entregaba las llaves - lleva un vestido negro y tiene un sombrero con velo, de esos elegantes que se usaban hace unos 50 años, además lleva un gran ramo de rosas blancas… pero lo importante es que no la hagas esperar, ella va a llegar a las cinco y media en punto – agregó viendo su reloj de pulsera – así que tienes bastante tiempo para llegar sin complicaciones…

Salí de su oratorio no muy convencido, sin embargo, el favor que mi amigo me pidió tampoco era nada del otro mundo, así que me subí al vehículo de alquiler y enfilé rumbo a la cita…

Llegué con anticipación, así que tuve que dar un par de vueltas alrededor antes de que la mujer se apareciera en la esquina señalada: la identifiqué por la descripción que me dio Felipe… me detuve frente a ella, me bajé, la saludé al tiempo que le informé que iba de parte de Felipe, abrí la portezuela y entró sin decir nada… una vez que me puse frente al volante, le pregunté por el destino…

- llévame al Panteón Español – indicó sin dar más detalles…

Activé el taxímetro con cierta pena y enfilé rumbo al cementerio ubicado sobre la transitada calzada México-Tacuba, al poniente de la ciudad, lejanía que de alguna manera me hizo temer que el tiempo a invertir en ese viaje sería mucho más largo de lo que pensaba...


Durante el trayecto la mujer permaneció en silencio, lo que si bien en un principio me incomodó, el posterior frío que comenzó a invadirme hizo que dejara de tomarle importancia: por descuido dejé mi chamarra en casa de Felipe, más tampoco es que el clima insinuara de bajas temperaturas pues estábamos por entrar al otoño...

Mientras avanzábamos más frío sentía, aunque curiosamente el tránsito era fluido… yo conocía de sobra el Panteón Español, ya que ahí descansaban los restos de mi bisabuelo, mi abuelo y mi hermano, motivo por el cual desde niño había estado ahí acompañando a mis padres, y mientras ellos solicitaban a los panteoneros realizaran la limpia de la cripta familiar, yo solía vagar entre tumbas y mausoleos de exagerado estilo gótico…. varias veces me perdí sin que me diera miedo andar entre tanta tumba, lo que provocaba en mis padres terribles sustos por lo difícil que era localizarme…

Recuerdo que en varias ocasiones fui regañado y castigado por mi progenitor debido a mi manía de caminar por los pasillos del inmenso cementerio, más lo peor era que durante sus sermones recriminatorios y cuestionamientos sobre “en dónde me metía?”, él nunca entendió cuando yo le respondía: “papá, me gusta estar en los panteones”…

Así que con mis recuerdos sobre cómo jugaba entre piletas, huesos y sepulturas, al tiempo que llenaba mis bolsillos con los pétalos de las flores secas llevadas como ofrendas familiares a los desencarnados, la exagerada distancia dejó de molestarme, aunque el frío me mantuvo un poco irritado…

Todo el trayecto la mujer estuvo en silencio, jamás soltó las flores y de las pocas veces que usé el espejo retrovisor para observarla, nunca pude ver su rostro por el cerrado tejido de velo… por lo demás parecía que en realidad no había nadie ocupando el asiento trasero…

Llegamos minutos antes de las siete, cuando la luz de la tarde ya estaba dando paso a la oscuridad de la noche, me estacioné frente al panteón, me bajé, abrí la portezuela del auto y la mujer descendió con extraña agilidad tomando en cuenta el tamaño del lote de flores que llevaba…

- no me tardo – dijo escuetamente y se introdujo al cementerio…

Me recargué en una de las salpicaderas del coche, disfrutando del agradable clima que se sentía en la calle y sintiendo como la temperatura de mi cuerpo subía lentamente…
 
El reloj marcó las siete, uno de los cuidadores del panteón asomó su cabeza por la gran puerta de entrada, volteó hacia ambos sentidos de la calle y la cerró… alarmado corrí hacia la verja y le avisé que antes de cerrar tomara en cuenta que aún quedaba una mujer dentro…

- una mujer? – me preguntó mirándome con desconfianza…
- sí, una dama a la que traje en ese taxi - le advertí al tiempo que señalaba el auto – me pidió que la esperara…
- cómo iba vestida? – me cuestionó…
- con un vestido negro y un sombrero con velo – la describí, pero la descripción que le dí extrañamente le provocó una carcajada…
- anda usted extraviado, joven, esa señora siempre hace lo mismo: llega, se mete cargando sus flores, pero nunca sale… es una muertita que lleva muchos años haciendo lo mismo – y casi ahogándose con su propia risa agregó – así que si no le pagó, me temo que ya se lo chingó – dicho lo cual dio media vuelta y se alejó carcajeándose…

Me sentí la persona más ridícula del mundo por no haber puesto atención a los detalles de la mujer (claro que en aquella época yo aún no era muertero, ni palero ni santero, así que tampoco sabía demasiado sobre eso de fijarse en los pormenores), pero además sentí que había sido objeto de una broma… me subí al auto y partí rumbo a casa de Felipe… curiosamente el frío dentro del auto despareció…

Llegué cerca de las nueve, en el instante en que mi amigo despedía al último paciente… estacioné el auto, le entregué las llaves y entré a su casa en silencio, él me alcanzó en la sala, sacó una botella de brandy, puso dos vasos en la mesa, les sirvió con generosidad y después los mezcló con refresco de cola… me entregó el mío y preguntó…
- cómo te fue con la dama?
- aparte de ser bastante seria, no me pagó…
- pero si no debiste haberle cobrado! – se quejó Felipe…
- supuse que parte de tu encargo era cobrarle, así que activé el taxímetro, me pidió que la llevara al Panteón Español y al llegar me dijo que no tardaría y se metió, por lo que entendí que debía esperarla, después cerraron la reja y nunca salió – le di un sorbo a mi trago y dije a manera de reclamo - no me dijiste que era una muerta…
- pensé que la reconocerías – se justificó – es de las damas vestidas de negro que a veces salen de la habitación de allá al fondo
- con ese velo que le tapaba el rostro era obvio que no podría reconocerla – seguí quejándome…
- te dijo algo? – me preguntó…
- nada: se subió, activé el taxímetro e hicimos el viaje en silencio…
- ese fue tu error: haberlo encendido – señaló - quizá si no lo hubieras hecho podrías haber tenido una interesante conversación con ella…
- no me dijiste nada de NO cobrarle – hice hincapié…
- tampoco te dije que lo hicieras - cruzamos miradas, le di otro trago a mi vaso y después solté una risotada a manera de resignación - la próxima vez que ella pase por ese pasillo te la presento – prometió mientras señalaba el largo corredor que atraviesa su casa y después él también comenzó a reír…


13.
Sucedió en el colonial estado de Querétaro, ciudad a la que viajamos mi esposa y yo para saludar a un viejo amigo mío (él mismo autodeclara ser un recalcitrante agnóstico), y quien llevaba bastantes meses insistiendo en que nos pasáramos un fin de semana por su casa…

Su impaciente nieto, quien apenas acaba de cumplir los 6 años, se puso a necear a la hora de la sobremesa con el antojo de un helado: dado el aletargante efecto de las cervezas y tequila entre los comensales (aparte de mi esposa estaba la conyugue de mi conocido, sus dos hijas –una de ellas madre del inquieto chiquillo- y un matrimonio que hizo su inesperada aparición), me ofrecí a llevarlo a saciar su antojo y la familia estuvo de acuerdo…

Salimos de la amplia casa ubicada en un semipoblado barrio en el cual había algunas viviendas abandonadas, con las indicaciones de la distancia y rumbo que debíamos recorrer hasta donde estaba la heladería, ruta a través de la cual debíamos cruzar varias calles un tanto largas…

En el trayecto descubrí que el inconfundible y característico otoño invadía suavemente con su luz y su agradable temperatura las aceras, jardines y paredes de las casas de la colonia… mientras caminábamos en algún punto el pequeño se detuvo y señalando un terreno baldío soltó una escalofriante pero ingenua frase:

- deja de llorar…
 
Me quedé viendo al pequeño, después dirigí mi mirada hacia el desolado paraje… decidí ignorar el suceso, sin embargo metros más adelante contuvo de nuevo sus pasos y sin más comenzó agitar su mano hacia lo que era una solitaria esquina… no dije nada y quedé en espera de descubrir a uno de sus vecinos que mi cansada vista (por tantos años de lecturas) no hubiera notado, pero la extensa avenida seguía silenciosa y vacía… más lo que dijo a partir de ese momento me impresionó escalofriantemente…

- tu abuelita te manda saludar… la mamá de tu mamá…
- cómo sabes que está por aquí? – le cuestioné mientras agudizaba mis “sentidos” muerteros…
- porque ahí está – aclaró mientras señalaba una vez más hacia la desolada esquina - es una mujer “chiquita”, muy elegante y dice que te sigue por todos lados…

En ese momento recordé las terribles pesadillas que había tenido con ella (me acosaba entre sueños), a partir de que falleció y desde hacía bastantes años, pero también hice una especie de recapitulación de algunos de los tantos y ridículos obstáculos que desde entonces se me han presentado en mi vida y que ningún sabiondo Babalowo ha logrado entender…

- dile que por favor deje de molestarme – solicité al pequeño – y que mejor se vaya a fastidiar a otros, al que se lo merezca… recuérdale que en nuestra familia hay bastante gente malosa que bien se merece un jalón de orejas… y que si no le es suficiente con ellos, el mundo está lleno de millones de personas bastante desconsideradas que se han ganado una llamada de atención…

El niño me sonrío, clavó su mirada en algún punto de la acera de enfrente y permaneció callado largo rato… me abstuve de “tratar de verla” ya que siempre tuvimos una pésima relación cuando ella estaba viva… instantes después reanudamos el camino mientras yo descubría en el pequeño una expresión de satisfacción por lo sucedido…

- qué te dijo “la viejita”? - lo interrogué…
- está muy aburrida – me confesó - y su hijo está siempre detrás de ella (en ese momento todo me pareció lógico, pues sólo uno de los cinco hermanos de mi madre había fallecido hasta entonces)…

Seguimos caminado hasta que llegamos a la heladería, donde una coqueta joven (o quizá es que estaba bastante aburrida por la falta de clientes), le sirvió un bien surtido helado de chocolate al pequeño… pagué con un billete, me regresó el cambio, salimos y emprendimos el regreso, más curiosamente el niño decidió hacerlo en la acera contraria a la que habíamos caminado…

Avanzamos varias calles hasta que se detuvo ante una extraña propiedad: su construcción me recordó el proyecto fotográfico que hizo el creativo Kevin Bauman en el célebre y a su vez triste, vapuleado y finalmente abandonado Detroit, más lo peor fue cuando el niño se dirigió hacia la desolada casa y sin más me confió…

- ahí está un señor colgado… tiene una gruesa cuerda amarrada al cuello… lo hizo por estar muy triste…
- vámonos – le apresuré en el momento en el que reafirmaba que estaba ante un potencial muertero y frente a una escena que quizá podría asustarle…
- nooo – se quejó alargando exageradamente la palabra - el muertito dice que tiene algo que decirnos…
- a qué te refieres? – lo interrogué con cierta preocupación…
- vamos a entrar – avisó y sin más se encaminó hacia la puerta… una vez frente a ella trató de abrirla, pero la chapa le quedaba demasiado incómoda por su pequeña estatura y la poca fuerza de sus manitas… volteé hacia todos lados, previniendo el reclamo de algún vecino, antes de abrirla… ante mis ojos se presentó la típica dejadez y suciedad de una casa deshabitada… opté por quedarnos en la estancia…

- ahí – señaló con su pequeño e ingenuo dedo índice hacia una habitación a la cual concluí que no debería entrar acompañado del muerterito – ahí está ese señor - recalcó…

Mi videncia confirmó que las palabras del chiquillo eran verdad… le pedí que se quedara en el lugar en el que estaba parado y me encaminé hacia la habitación… una vez ahí me paré en medio y clavando mi mirada en el techo descubrí una gran viga que la cruzaba a todo lo largo… no sé por qué, pero en ese momento recordé la canción “The Thrill Is Gone” del viejo pero sabio blusman BB King, más al instante la voz lejana del niño me aclaró todo…

- ese señor se sentía muy triste – escuché su voz con un extraño eco – su esposa se fue muy lejos…

Usé mi videncia y reconstruí la fatal historia en la que un hombre se ve abandonado por su mujer debido a la pasión que un oportunista tipejo despertó en medio de sus olvidadas piernas… por una incomprensible razón pregunté al pequeño por la apariencia del “colgado”…

- es un tipo muy parecido a ti – dijo sin más explicaciones, lo cual provocó en mí una desafortunada risilla… con mi clarividencia crucé ese espacio llamado tiempo y tuve que ver, colgando de una soga y balanceándose, el cuerpo de un hombre que no tuvo el valor de entender que su mujer no merecía más importancia de la que otro mítico bluesman del viejo río Misisipi, el cínico Elmore James, proponía al cantar “Dust my broom”…

- y qué quiere decirnos? – pregunté dejando confiadamente en el niño toda la comunicación con el muerto…
- dice que ya no le gusta estar así… que quiere estar vivo…
- eso debió pensar antes de hacerlo – comenté al tiempo que descubrí con videncia su alma sentada en un rincón, observando hacia la viga de donde él mismo colgaba - de todos modos murió hace poco y no tardan en llevarse su alma para que aprenda... por la mala - agregué, levanté los hombros, a manera de resignación, ante el ahorcado y regresé sobre mis pasos hasta a estancia, tomé al niño de la mano y lo saqué de aquella lúgubre y desolada casa…

El resto del trayecto lo hicimos ambos en silencio: yo a la expectativa de que a cada paso surgiera alguna nueva historia sobre algún muerto en la que el niño quisiera involucrarme una vez más, pero él permaneció ingenuamente, como debe hacer todo chiquillo de su edad, disfrutando placenteramente de su helado…

Cuando finalmente regresamos a la casa de mi amigo, el niño se lanzó sobre su mamá, le embarró las mejillas con besos llenos de chocolate, le entregó el poco helado que le quedaba y salió presuroso al patio para patear una gran pelota de colores chillantes… yo me acomodé de nuevo sobre mi silla y no conté nada de lo sucedido…

Mi esposa, como gran observadora que es, se me quedó viendo con curiosidad… sentí su mirada, le dediqué una sonrisa, levanté los hombros a manera de “ya sabes cómo son estas cosas”, y en clara señal  que conmigo siempre se presentarán situaciones impredecibles, asintió dejando para después el relato de lo que nos hubo sucedido…



Para conocer el origen de esta serie de textos, dar click en la siguiente dirección: http://basurerodealmas.blogspot.mx/2014/07/como-viven-los-muertos-1.html

Si desean saber sobre la extraña vida de este personaje y algunos detalles que aquí se mencionan, se recomienda leer el siguiente texto: http://basurerodealmas.blogspot.mx/2014/01/el-curandero-felipe.html... 


19 de julio de 2014

Cómo viven los muertos (2)

dedicado a Maruja Correa de Cuevas: ejemplo de 
integridad, inteligencia y perseverancia...


4.
Le pedí que se tranquilizara: era una joven y guapa modelo que comenzaba a dar sus primeros pasos en la actuación… había llegado a mi casa buscando ayuda porque todo se le estaba bloqueando, se sentía deprimida, había padecido dos accidentes automovilísticos, en su casa sucedían fenómenos extraños y aseguraba que por las noches “alguien” abusaba sexualmente de ella…

- los muertos conviven a diario con los vivos – comencé a explicarle – sin embargo, no necesariamente nos pueden hacer daño: para ello está el aura…
- esa es como una energía que está a nuestro alrededor? – me interrogó…
- esa es la idea que se tiene de ella, pero tiene más funciones: entre ellas ser una barrera que protege nuestro cuerpo y finalmente el alma…
- y si ella nos defiende, cómo fue que lograron dañarme? – cuestionó…
- normalmente los muertos pueden lastimarnos: si nos enfermamos o deprimimos hacen de las suyas pues estamos débiles… pero también se puede hacer un pacto con ellos… darles algo a cambio para que no nos jodan… o “pagarles" para que le frieguen la vida a los demás…
- en serio? – exclamó asustada…
- existen muertos tan cabrones que efectivamente abusan sexualmente de sus víctimas mientras duermen: incluso pueden llegar a matar…
- por eso en ocasiones me despierto y tengo mordidas en los muslos, en los senos o simplemente me arde el trasero??!! – preguntó con una extraña mezcla de terror y vergüenza…
- más que preocuparte por eso, mejor piensa que estamos a tiempo para evitar que este desencarnado te joda más la vida…
- quiero que se vaya ese muerto – dijo con firmeza…
- se irá – la tranquilicé - ahora sólo dime: quieres alejarlo con Santería o con Espiritualismo?
- la Santería me da miedo – reconoció – yo vine porque me dijeron que usted es Curandero…
- sí, pero también Muertero, Santero, Mayombero y otras cosillas…
- quiero al que es Curandero – pidió…
- esto es lo que haremos…

El día señalado para hacer las obras ella pasó a recogernos y nos encaminamos al Estado de México: ahí había un panteón que se prestaba a la perfección para trabajar… durante el camino la mujer confesó que había hablado por teléfono con el amigo que la recomendó con nosotros, quien le dijo no entender por qué la íbamos atender diferente a como “lo curamos” a él…

- porque en tu caso quieren que ruede tu cabeza – le respondí, lo que hizo que el resto del viaje permaneciera callada…

Una vez que llegamos le pedí que estacionara su camioneta detrás de un tupido grupo de árboles… nos bajamos y saltamos una pequeña barda por la parte trasera del panteón para no llamar la atención… en ese momento le advertí que no preguntara nada, que no perdiera el tiempo con miedos y lo más importante: todo se haría con rapidez…

Así que ahí estábamos los tres caminando entre tumbas: ella llevaba una bolsa de plástico con una muda de ropa, yo cargaba dos cubetas y una caja de cartón, mi esposa tenía en un morral diversos materiales…

Llegado un punto les indiqué que nos detuviéramos frente a una capilla, la cual nos escondía perfectamente de cualquier mirada indiscreta: les pedí que me esperaran ahí… desparecí y a los pocos minutos regresé con las cubetas llenas de agua muerta

Mientras me acercaba vi que sobre su espalda la joven tenía una inmensa sombra negra que envolvía parte de su cuerpo con sus largos brazos, en una posición que me hizo recordar lo complicado que suele ser desenredar los nudos que tejen los marineros: el muerto la tenía completamente aprisionada…

- estás lista? – le pregunté…
- qué vamos hacer? – preguntó asustada, más no le di tiempo de decir más y vacié a bocajarro el contenido del primer balde sobre su cabeza… hice lo mismo con el segundo, le di la espalda y cerré los ojos mientras mi esposa cumplía la segunda parte de la obra: le ayudó a quitarse toda la ropa mojada y pasó sobre su cuerpo varios trozos de carne cruda… después la joven se visitó con la ropa seca…

Posteriormente saqué el animal de la caja, lo sacrifiqué y vertí su sangre mientras mi esposa tomaba los materiales y hacía un círculo con ellos a su rededor… dije en voz alta un rezo, recogí las cubetas, las bolsas de plástico, la caja y las apresuré a salir del panteón… subimos a la camioneta, pero apenas y la encendió ella la apagó…

- no puedo manejar – dijo – tengo frío y mucho sueño…
- cámbiate al asiento de atrás – la apresuré, ocupé su lugar al volante y discretamente salimos del poblado…

Nos dirigimos a mi casa para hacer otras obras que nos tomaron un par de horas más… una vez que concluimos la paciente preguntó sobre todo lo que habíamos hecho… le expliqué únicamente lo que debía saber…

- o sea que me morí? – preguntó…
- así es…
- y ese muerto malo no descubrirá que es un engaño? – inquirió…
- se tardará en darse cuenta, pero cuando lo haga será muy tarde: no podrá salir del panteón – la tranquilicé…
- en serio? – cuestionó asombrada…
- precisamente para eso es todo lo que se puso alrededor: es una trampa… algo así como una ratonera…

La mujer se quedó pensativa durante un par de minutos hasta que finalmente sonrió…

- o sea que ya terminó mi infierno? –preguntó mirándome a los ojos…
- sí – respondí… me puse de pie, tomé de mi librero una pequeña caja y se la entregué – esto es una protección para ti…
- en verdad? – preguntó sorprendida, la abrió y sacó el objeto, le brilló la mirada – es muy hermoso…
- colócalo a un lado de la puerta de tu casa… por dentro – le indiqué – con eso por más que te vuelvan a mandar muertos, en cuanto entres se quedarán afuera llenos de miedo…
- gracias – dijo mientras se le llenaban los ojos de lágrimas…

5.
Me desperté poco después de las tres de la madrugada inquieto por el extraño sueño que había tenido: estaba en una antigua casa en un poblado abandonado, en donde me acompañaban mi abuela materna y uno de sus hijos, ambos ya fallecidos en la vida real… era de noche y no contábamos con ningún tipo de iluminación… ellos insistían en salir de la casa pese a que yo les pedía que esperaran a que se le diera luz a sus almas… pero me ignoraban: el ánima de mi abuela salía, mientras que la de mi tío si bien dudaba, terminaba por seguir a su madre…

Comenté el sueño con un amigo Babalowo, el cual me explicó que pese a los ofrecimientos de darle luz a las almas de mis familiares difuntos, ellos se negaban a recibirla: me sugirió colocar fotos de ellos dentro de la Bóveda espiritual…

Así lo hice una mañana, recargando sus respectivas fotografías sobre copas con agua, loción florida, cascarilla, agua bendita y encendiendo una veladora color blanco…

Sin embargo, al siguiente día la veladora estaba apagada y la copa donde estaba la foto de mi abuela estaba estrellada, así que decidí cambiarla… la quité, puse otra y me disponía a llenarla, pero sin que alguien la tocara se cayó y se rompió: en ese momento sentí una mano fría recorrer mi espalda…

Solté una carcajada, fui por otra copa nueva para mi abuela, la puse de nuevo en la Bóveda espiritual y me le quedé observando en espera de que “sucediera algo”… nada, así que decidí ir por el loción florida, la cascarilla y los demás ingredientes para llenarla, pero apenas y había dado un par de pasos cuando la copa salió volando de la mesita y se fue a estrellar contra mi pierna derecha…

- aay Doña Luisa – exclamé – siempre haciendo de las tuyas…

Opté por sacar a mi abuela de la Bóveda espiritual… a partir de ese momento las copas dejaron de romperse y las veladoras de apagarse… curiosamente la foto de mi tío sigue ahí: él nunca se ha quejado de ello…

6.
- Necesitamos trabajar con un muerto – dijo mi padrino – ya te expliqué cómo conseguirlo: así que ándate a buscarlo a la calle y me lo traes…

Colgué, le dije a mi esposa que teníamos un encargo y le expliqué de qué se trataba…

- busquemos alguna salida por carretera – propuso - ahí hay muchas cruces de gente que ha fallecido en accidentes…
- podría ser – dije – pero y si mejor buscamos un muerto enojado y en un lugar más cercano?
- en dónde lo encontramos?
- por alguna colonia fea… donde hayan muerto delincuentes…
- es mucho riesgo – advirtió…
- lo sé, pero ya verás dónde levantamos uno rápido – propuse – vámonos a la colonia Doctores…
Mi esposa puso cara de extrañeza por mi sugerencia, ya que ese barrio es uno de los más peligrosos de la ciudad, legendario no sólo por ser colindante con la tristemente Colonia Buenos Aires (famosa por haber padecido el asesinato de seis jóvenes en septiembre de 1997), sino porque en él están todos los comercios que se dedican a la venta de autopartes robadas, al tráfico de drogas y la violencia y los tiroteos son algo cotidiano…


Vi la hora y eran las 4 de la tarde, así que con la luz del sol estábamos en una ventajosa situación para buscar a un muerto… nos subimos al auto, coloqué unas monedas sobre el tablero y nos encaminamos hacia el temido barrio…

Tardamos en llegar a consecuencia de un inexplicable embotellamiento, así que en cuanto nos adentramos por sus peligrosas calles ya pasaban de las 5:30… le pedí a mi esposa que se colocara al volante para poder dedicarme a ver en dónde había un muerto al que pudiéramos llevarnos…

Mientras más avanzábamos más se escondía el sol… comencé a temer que mi decisión hubiera estado equivocada, pero la videncia me había dicho que era la zona correcta…

- da vuelta a la izquierda en la calle que sigue y luego a la derecha – pedí a mi esposa mientras pasábamos a lado de un grupo de borrachos que con navajas en mano discutía violentamente…
- estás seguro? – me inquirió…
- confía en mi videncia - le dije y ella sonrió…

Al llegar a la avenida Doctor Vertiz dio vuelta a la derecha como le pedí, quedando los últimos rayos del sol dándome directamente en la cara… seguimos varias calles, a veces avanzando y en otras deteniéndonos por la luz roja de los semáforos… y fue en uno de esos cambios a la luz verde, coincidiendo con el último destello de luz antes de que callera la tarde, que lo vi: estaba parado en medio del callejón sobre una vistosa cruz color azul clavada en el concreto, parecía que estaba esperándonos, miraba hacia nuestro auto, era la silueta de un hombre de edad madura… le calculé unos 55 años, delgado, con barba de varios días, pantalón de mezclilla y camisa de cuadros, zapatos finos y con un hoyo en el ojo izquierdo de donde se percibía sangre seca…

Le pedí a mi esposa que detuviera el auto, tomé las monedas, los enseres y me bajé presuroso… crucé la calle, me detuve frente a él, cruzamos miradas y con un leve movimiento de cabeza asintió… dejé el dinero frente a la cruz, saqué los utensilios e hice el ritual, regresé al coche y pedí a mi esposa que arrancara: calculo que no fueron más de dos minutos en todo el proceso…

- los muertos siempre tienen como referencia el sitio donde mueren – dije – vayan o vengan finalmente terminan regresando al mismo lugar hasta que alguien los rescata
- puede ser – se quejó ella - pero por lo pronto para “este muertito” la única referencia que tiene es el asiento trasero de nuestro auto…

Volteé hacia atrás y efectivamente vi que la figura del desencarnado estaba ahí, mirándonos fijamente, mientras esbozaba una maliciosa sonrisa… percibí que quería hablar conmigo…

- ni lo intentes – le advertí – no me interesa tu vida ni por qué te mataron… hicimos un trato: se cumple, te damos luz y cada quien sigue su camino – asintió - además tápate el ojo – agregué – no trates de chantajearme con la herida que te provocó la muerte – tras lo cual el desencarnado puso una de mano sobre el orificio, por instantes su figura se esfumó y cuando reapareció su rostro “se veía” completo…

Irónicamente el tráfico desapareció, llegamos rápido al Templo espiritual de mi padrino y cuando estacionamos el auto el asiento trasero estaba vacío… entramos, saludamos a todos y entregamos lo pactado con el muerto: mi padrino sonrió…

Sobre una mesa ya estaba preparada una gran lengua de cerdo dentro de una olla de barro… mi padrino se me quedó viendo…

- te toca – soltó burlón…
- no sé cómo se hace – le dije…
- pues ahorita aprendes – me avisó y comenzó a explicarme mientras me señalaba cada uno de los frascos con diferentes contenidos que se encontraban a lado de la cazuela…

Mientras hacía los preparativos el muerto se plantó frente a mí… cuando terminé mi padrino decidió que no sólo trabajaría en lo que él necesitaba, sino que todos los presentes podíamos hacer peticiones para que el desencarnado se encargara de realizarlas por el pago que se le entregaba: nos entregó trozos de papel estraza para hacer nuestras respectivas anotaciones… unos 30 minutos después activé el trabajo, pero tuvimos que esperar dos horas hasta que se consumió…

En nuestro caso lo que solicitamos se resolvió en 9 días…

Para conocer el origen de esta serie de textos, dar click en la siguiente dirección: http://basurerodealmas.blogspot.mx/2014/07/como-viven-los-muertos-1.html