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12 de mayo de 2023

La malignidad va ganando la guerra espiritual

 


para ti, que presumes en redes sociales tu
vileza, recuerda la primera enseñanza que
te di: nunca escupas al cielo… ya veremos
cuando el destino borre tu estúpida sonrisa
 
Pensé que la reacción del mundo espiritual a mi decisión de dejar de publicar en este blog tardaría, pero ha sido inmediata y contundente: no lo puedo cerrar, pero además también se me ha requerido continuar atendiendo pacientes (sobre esto ya les plantearé nuevamente los motivos de mi negativa), pero también se me instruyó a que publique una de las tantas entradas que se quedarán en el tintero, esta, que si bien fue escrita hace dos semanas, ha sido actualizada y contiene graves advertencias para la humanidad.
 
1.
Desde hace tiempo se viene comentando en este blog de una guerra espiritual entre el bien y el mal en la que se definirá el futuro del ser humano, como raza, independiente del cataclismo que asolará a nuestro planeta en el ya menos lejano año 2027.
 
No sé si suceda en otros países, pero en México nuestro vocabulario es básico (se calcula que a lo largo de nuestra vida no usamos más de las 3,000 palabras de siempre), ello influenciado por lo que la gente oye (y ve) en la radio y la televisión, lo que se refleja en el uso sin sentido de la terrorífica frase “el fin del mundo”, cuando en realidad se debe hablar de cambios tajantes en lo que conocemos como “la vida cotidiana”.
 
Es por ello que se debe hacer la aclaración de que “el fin del mundo” NO existirá jamás, pero veremos cataclismos, guerras (bélicas, ojo que no son sinónimos), sucesos paranormales, virus, crisis ambientales, revueltas, pobreza, fenómenos en el cielo, degradación moral, desempleo, y muchas situaciones más que están afectando la vida de millones de personas, destacando las guerras espirituales, que es una de las que en este momento más víctimas está cobrando.
 
Lo anterior, para muchos, esto solo puede suceder tal cual ha sido planteado en películas de todo tipo desde hace décadas, por lo que debe aclararse que no veremos la tierra hundirse, ni al mar tragándose ciudades enteras, meteoritos destruyendo continentes, ya no digamos naves espacianas invadiéndonos para experimentar con nosotros, ni demonios o monstruos llegados a través de puertas dimensionales, por lo que en consecuencia, no habrá héroes guapas ni guapos, musculosos, armados hasta los dientes y con gran inteligencia para salvarnos.
 
NO, porque si creyéramos en estas versiones, en ese tipo de “cataclismos”, cuando suceda, la realidad es que no habrá ni luz, ni radio, ni internet, ni tv para “verlo”, ni mucho menos para enterarnos cómo algún listillo nos narra su versión “del fin del mundo” ni mucho menos el motivo de nuestra extinción.
 
Mucho de lo anterior, de los cambios que vendrán, se ha escrito en este, así que sería innecesario repetirlo salvo este pequeño resumen: el planeta tierra no desaparecerá porque su presencia es necesaria para mantener la armonía del universo, más es la raza humana el verdadero peligro para dicha estabilidad, así que a nadie es que le preocupe mucho que nos extingamos.
 
2.
¿Qué significa guerra espiritual?, ¿una entre el Bien y el Mal con Dios contra el Diablo?, jajaja, si Dios y el Diablo son lo mismo, y no solo pregúntenle a Jehová, la iracunda mano siniestra divina de la Biblia que asesina y masacra a su gusto, averigüen también por qué los dos se escriben con “D”.
 
Expliquemos que la batalla entre el bien y el mal es diaria, de la cual todos formamos parte: es una discrepancia pura en donde nos enfrentarnos, los menos, a situaciones llenas de injusticia, y donde los otros, los muchos, sólo buscan joder al prójimo en busca de nada que no sea difamar, sexo, imponer la voluntad, abusar, robar, violentar, mentir y demás sinónimos.
 
No sé en otros países, pero nuestros abuelos, en México, hace bastantes años usaban esta frase: “todos los días la mitad de la humanidad se despierta buscando cómo chingarse al prójimo, mientras la otra mitad solo trata de encontrar la manera de cómo defenderse”.
 
El bien y el mal, les recordaré, son energías, algunas generadas por el propio ser humano, y otras “disponibles” en el medio ambiente, las que desde siempre han decidido el desino de la humanidad porque precisamente todos somos eso, energía, que nadie sabe manejar a conciencia, pero que sirven a intereses nada terrenales.
 
Dicho de otra manera: ¿por qué dejamos que la maldad de la suegra, el hijo, la esposa, el abuelo, la madre, el suegro, el hermano, el padre, el jefe, el vecino, el desconocido, el amigo, el primo o la amante, ya no digamos el político, la autoridad, el socio, el militar, el chófer del transporte público, el desconocido en la esquina, condicionen nuestra vida?
 
Lo grave del problema es que no nos damos cuenta que la manipulación de la lista de los personajes citados (que obviamente es inmensa e incluye cualquier vínculo en la vida de toda persona), apela a nuestras debilidades, miedos, inseguridades, y demás, para, convertidas en dolor, frustración, rencor, impotencia y tristeza, todas las emociones, son energías, hay que exacerbarlas ante los débiles, los ignorantes… y hay “alguien” que se alimenta de ellas, pero también, para eso, insisto, se necesita de personas con bajo astral para provocarlas.
 
Ante este panorama, donde campea la nulidad, producto de la maldad del prójimo infraevolucionado que nos ha elegido como víctimas, hay personas que en contraparte acuden a gente con dones en búsqueda de una solución: curanderos, santeros, hierberos, espiritualistas, babalowos, reikistas, espiritistas, adivinos, chamanes, tarotistas, gitanos, mayomberos, cartomancistas, videntes y demás, de los cuales siempre obtenían respuestas, y, en la mayoría de los casos, soluciones.
 
¿Obtenían?, ¿lo dije en pretérito?
 
Sí, hasta hace poco, porque de un año para acá (más o menos), las soluciones espirituales ya no fluyen tan fácil, pese a que algunos de ellos ofrecían iniciaciones o atributos (collares, figuras, pulseras, amuletos, lociones, baños, remedios, lociones, etc.) y a saber cuántas cosas más con la promesa de solucionar, algunas ofrecidas con honestidad, aunque otras solo con la finalidad de sacar dinero.
 
El problema es que en esa búsqueda la gente no pretende comprender el origen, sino solo solucionar, y en algunos casos regresar el daño, llevar a cabo una venganza, sin darse cuenta que esos tragos amargos forman parte de la guerra espiritual entre el bien y el mal, en donde el mal, ante la falta de interés de incrementar, reitero, su vibración espiritual, lo hizo víctima de que quienes desde hace siglos nos observan y conocen nuestras debilidades: la malignidad.
 
No es malo que la gente llegue con el depositario de un don o practicante espiritual a tratar de tener una vida sin obstáculos, más no tratando de entender por qué le va mal, y si esa persona a la que consulta le dice: “yo te soluciono, pero tú debes cambiar tu actitud”, entonces el remedio se queda incompleto y recurrentemente el paciente volverá enfrentar el problema, aunque en manos de otro victimario, dejando además desprotegido al religioso, quien enfrenta el rechazo a recibir la sabiduría y eso le debilita, dejándolo expuesto no solo a la venganza de la malignidad por ayudar al paciente, sino además haciéndolo objeto de represalias para desmotivarlo a que siga con su misión.
 
3.
En estos días, por cualquiera que sea la razón que a un Dios (o Creador) perverso se le antoje, he tenido oportunidad de reactivar contactos con curanderos, santeros, reikistas, espiritualistas, espiritistas, chamanes, mayomberos, entre los prevalece el pesimismo y la resignación sobre cómo la malignidad va ganando la guerra espiritual.
 
¿Y por qué sucede esto? Muy sencillo: porque la maldad se reproduce cuando encuentra “corazones” malos, el lugar ideal donde la malignidad encuentra donde anidar, y cuyos dueños son gente con sentimientos perversos, los ya citados cabrones que todos los días la mitad de la humanidad se despierta buscando cómo chingarse al prójimo.
 
Lo más grave que quienes más activamente colaboran son niños, adolescentes y adultos, mientras que los ancianos, por el momento, están siendo sus víctimas favoritas (y de ello, se debe decir, destacan las mujeres, niños y sus fechorías en lugares cerrados y los hombres y jóvenes en la calle).
 
Sin embargo, hay otro tipo de personas, los “malvados pasivos”, los que joden al prójimo solo si encuentran la oportunidad, y quizá esos son los más peligrosos porque también son débiles y se prestan momentáneamente para la maldad y son los que hacen caer a la víctima en la provocación.
 
Imaginemos a la malignidad como una corriente de aire, una bocanada de humo o una mancha de color negro, rondando entre nosotros, pero a la que no todos perciben. También supongan que van caminando y en contrasentido viene uno de esos “malvados pasivos”, quien sin más es tocado, en un instante, por la malignidad y sin más comienza a insultarles, los golpea con el codo al pasar a su lado o les mira feo: ustedes responden a la agresión con violencia, en el momento en que la malignidad se aleja de tal manera que ya están soltando golpes (uno mal puesto), que hiere gravemente al otro o incluso lo mata, metiéndolos en graves e insalvables problemas con la justicia.
 
4.
Para enterarme de cómo camina la espiritualidad en el planeta, mantenengo contacto con todos ellos, lo que inquietantemente ha llamado mi atención sobre lo que está sucediendo con chamanes, curanderos, hierberos y espiritualistas, principalmente, sin dejar de lado a honestos santeros, paleros y babalowos (que los hay).
 
Pongo ejemplos.
 
Un curandero, ya mayor de edad, subió a un autobús rumbo al mercado de Sonora a compras su dote de hierbas semanales, hasta que en un semáforo el chofer, para evitar una colisión, frenó abruptamente, el hombre cayó sobre una niña y fue de inmediato acusado de agresión sexual por la madre.
 
Una chamana salió de su casa para cumplir con su jornada espiritual, estrenando tenis, y cuando llegó a su Templo estaban todos tasajeados, como si alguien le hubiera apuñalado sus pies, aunque sin que ella hubiese sido herida o tuviera sangrado alguno.
 
Un cartomancista fue acusado ante la policía de manoseo por una paciente luego de que no pudiera develar el Velo de Isis, en primera instancia, resultado de la brujería que traía encima, tras sobar varias veces la mano de su paciente para retirarlo.
 
Una santera salió de su casa para ir a casa de su padrino, entro al metro, estaba lleno, se acomodó donde pudo y quedó frente a un par de lesbianas que se besuqueaban; el metro dio un frenazo, todos los cuerpos chocaron, incluyendo el de mi amiga contra las lesbianas, las cuales se lanzaron a golpes en su contra, acusándola de intolerante y de crimen de odio.
 
Un espiritualista se encaminaba hacia su auto tras hacer algunas compras en una tienda de autoservicio, y mientras las guardaba un par de maleantes lo encañonaron y exigieron las llaves de su auto. Escuchando el consejo de sus guías aceptó entregarlas, los delincuentes subieron arrancaron, pero metros después metieron reversa, se detuvieron frente a él y le dispararon, dejándolo con una discapacidad el resto de su vida.
 
Durante una coronación de osha, un babalowo fue acusado por su ahijada de manosearla, solicitando la presencia de una patrulla y suspendiendo la coronación de santo, cuando el religioso lo único que hice fue pasar por su espalda, un pollito, requisito indispensable para entrar al cuarto de santo.
 
Si recuerdan bien, su servidor ya también tuvo su experiencia cercana al tema: https://basurerodealmas.blogspot.com/2022/02/no-solo-los-muertos-del-covid-tambien.html
 
5.
Siguiendo con las extrañas circunstancias, también llevo semanas reencontrándome con discípulos del Maestro Carlos, https://basurerodealmas.blogspot.com/2016/11/fallecio-carlos-el-gran-chaman.html
 
Una de ellas, pese a ser uno de los más avanzados, no ha podido superar una terrible depresión luego de que fuera objeto de un intento de atraco en el metro.
 
Otro, comenzó con dolores estomacales y a los dos días lo único que defecaba era sangre. Estuvo hospitalizado un mes y no murió por las constantes trasfusiones de sangre que recibió, pero nunca hubo un diagnóstico concreto de qué le sucedió.
 
Hace unas semanas me enteré de que el que quizá haya sido el más el más adelantado de todos, atiende a sus pacientes con cierto miedo, mismo que no se me explicó, más ayer, en una llamada telefónica alguien me lo aclaró: no es miedo a las sanaciones que hace, sino a ciertos malestares físicos que le aquejan y que en otras ocasiones le han llevado al quirófano, señal inequívoca de que alguno de los enemigos de uno de sus pacientes (o la propia malignidad) ya lo tiene trabajado.
 
6.
Les compartiré también que entre curanderos, santeros, espiritualistas, espiritistas, chamanes, mayomberos, reikistas y demás se comenta (cada uno por su cuenta), sobre la muerte de ya varios practicantes de las respectivas disciplinas espirituales, en todo el país, todos bajo la misma circunstancia: infartos… sí, ese lugarcito que el cuerpo humano pone a disposición de la malignidad para generar malicia.
 
Ahora, ¿cuáles serán las consecuencias de que la malignidad termine por gobernar en el planeta?, ello lo explicaré en otra entrada porque ésta ya se hizo extensa.

1 de febrero de 2019

El fiasco del Diablero



1.
Recién se ha cuestionado la calidad del contenido de Netflix, la cual comienza a ser comparada con Televisa por su estilo inmundo para escoger a sus actores, sus prácticas monopólicas (lo vimos con las limitantes para estrenar el cuestionable film “Roma”, del director Alfonso Cuarón), y por la vaciedad que ya permea su oferta televisiva.

He visto varias películas de Netflix y salvo “Bright” y “Beirut”, a ninguna le he encontrado señales de que su cine sea “diferente y con calidad”, por el contrario, tienen el mismo defecto de lo que se proyecta en la tv abierta: es inverosímil, burdo y sin inspiración, raya lo insulso e insulta la inteligencia humana. Y lo mismo sucede con sus series.

Algunos lectores de este blog saben que no veo televisión, pero si algo me llama la atención (o es “noticia” que merezca confirmarse), lo busco en la web pues tampoco se trata de vivir aislado en una época en la que lo efímero y trivial es lo que lo que se consume a mansalva.

2.
Desde hace semanas se anunció el estreno de “Diablero”, basada en el libro “El diablo me obligo”, del escritor mexicano F. G. Haghenbeck (https://basurerodealmas.blogspot.com/2016/02/elvis-infante-diablero-y-santero.html), serie que ha sido publicitada en los medios como “Diablero es el Constantine de Tepito.

Causó tal la expectación que recibí llamadas de religiosos para saber mi opinión, a lo que respondía que no la había visto, pero la insistencia de algunos me llevó a la web a buscar reseñas y luego a verla poder opinar.

3.
Sobre las reseñas me sorprende la manera tan ignorante en que reaccionan las plumas mercenarias que se venden a cualquier medio para escribir sobre temas que desconocen, usando títulos para describirla como “Diablero, una apuesta de Netflix 100% mexicana, rompe con el melodrama y opta por el terror”, “Diablero: Combatir el mal en la ciudad”, “Descubre la muerte y el miedo con Diablero”, “Diablero: la primera serie de terror y ciencia ficción de Netflix para méxico” y “Diablero, una serie sobrenatural a la mexicana”.

Esos encabezados provocan curiosidad… y desconfianza, porque si vamos más allá y leemos que “es la primera apuesta del género de ficción y terror en méxico … después de ver en la pantalla series como Luis Miguel, Club de cuervos, Ingobernable y, la más reciente, La casa de las flores, llega por fin a Netflix una nueva propuesta que combina la ficción, el terror, humor y melodrama”, o sea, si está a la altura del biopic del basura Luis Miguel, entonces ya valió madres.

4.
Sobre el contenido diré que ya vi sus 8 capítulos y que “Diablero” no tiene que ver con el texto “El diablo me obligo”, aunque el director José Manuel Cravioto trate de explicarla diciendo que: “la anécdota del libro es otra a la que hicimos en Diablero … lo que hicimos fue tomar los excelentes personajes de Haghenbeck del libro y los llevamos a esta serie”, y hasta ahí, porque lo que viene después es la patraña del Cura Ramiro Ventura, el cual busca la ayuda del Diablero Elvis Infante para encontrar a su hija secuestrada por “un demonio”.

Los contrastes entre la serie y el libro son muchos, por ejemplo, “Diablero” está ubicada en méxico cuando la acción original transcurre en Los Ángeles; Elvis es acompañado de su hermana, Santera, y por una joven come-demonios, mientras que en la novela Infante actúa solo; la serie combina magia prehispánica, catolicismo, wuismo chino y demonología, mientras que el libro se basa más en poderes sobrenaturales; la Iglesia católica y sus Curas son promiscuos, malos, tramposos y asesinos, mientras que en el texto sufren por sus conflictos existenciales.

A su vez, en el metraje Elvis queda expuesto como un milusos cuyos dones brillan por su ausencia, mientras que en la novela es un ex convicto y ex militar (además de Santero, Curandero y Exorcista) que atrapa demonios, ángeles caídos y entes oscuros para venderlos en un mercado negro de peleas ilegales entre Diablos y Ángeles. La más grotesca: el trabajo del Diablero de encontrar a la hija del Cura se convierte en una lucha por salvar a la humanidad, mientras que en el libro su misión es la solución de un crimen que pone en evidencia al Cónclave, un grupo que no cree en el bien y ni el mal al momento de gobernar.

5.
Más de uno argumentará que las discrepancias se justifican pues “Diablero” está inspirado en “EL diablo me obligó”, lo cual sería aceptable si la serie no cayera en los vicios que el cine mexicano arrastra desde los años 40s del siglo pasado: manipulador, patriotero, incoherente, vulgar, improbable, chantajista, trillado, insípido, a lo que debe agregarse su irritante aire de comedia y una dirección de Cravioto tan torpe que las escenas de acción recuerdan a las películas del luchador “El Santo” cuando peleaba contra momias y vampiros.

Exagero?... imaginen una escena, en medio de una cantina, donde Keta ofrece: “tu sabes yo te puedo ayudar, padrecito: soy Santera y sé cómo hacer que mucha gente suelte la sopa”, para después aparecer machacando hierbas con un mortero… de verdad las Santeras “sirven” para eso?... o en el colmo: la infantiloide lucha del “Diablero” y sus secuaces contra el mismito Demonio (en la Plaza de las Tres Culturas), que más que expulsado del averno parece recién salido de una pastorela.

Finalmente, la serie debería llamarse “Diablera”, ya que las actuaciones de los personajes femeninos secundarios están mejor elaborados y tienen más fuerza, como Nancy (la traga-demonios), o Keta (la citada Santera), que fácil podrían haberse llevado el papel protagónico.

Diablero es una serie de televisión recomendable para aquellos que quieran reír, y no por su argumento, sino por patética.

31 de octubre de 2018

No se debe celebrar la muerte



1.
Hace muchos años, en una violenta comunidad de la costa del Golfo de méxico, secuestraron a la hija de un traficante de maderas tropicales y le exigieron un rescate, a lo cual respondió sin mayor apuro: no tengo dinero. En las negociaciones con los captores, el hombre mantuvo su negativa hasta que uno de sus hermanos intervino y afirmó que él pagaría.

Esa zona es un semillero de sicarios, secuestradores, policías, abigeatos, narcos, soldados, guerrilleros (y hasta extraterrestres, dicen), donde la gente se mata a consecuencia de su ancestral ignorancia: es uno de los lugares más violentos del país que genera mujeres y hombres que se han esparcido en todo lugar donde se requieran los servicios de un asesino a sueldo.

Así, el tío costeó el rescate, la sobrina regresó al hogar paterno y todo volvió a su normalidad hasta que el ídolo de la familia comenzó a indagar sobre la identidad de los secuestradores: al pie del atrio de su iglesia el cura del pueblo se lo reveló (tras prometerle no buscar venganza).

El ser humano propone y Dios dispone, pero que llegó el Diablo y dijo a los raptores (dirigidos por un viejo exmilitar venido a ladrón que tenía asolada la región), sobre las indagaciones y el tío fue visto como “un peligro”. Tras semanas de rumores todo terminó frente a un estanquillo del pueblo: se encontraron el anciano y el tío, cruzaron miradas con las que cada uno manifestó sus sentimientos, sacaron sus armas, el criminal lo hizo más rápido y le vació la carga de su pistola en el pecho.

Como se estila por allá la familia juró venganza, el verdugo huyó y se escondió en la zona de la Huasteca, pero quizá añorando cocoteros, mariscos, vacas y plagios, murió a los pocos meses de un infarto al tiempo que una de las hijas del héroe asesinado dejó de dirigirle la palabra al hermano de su padre y juró odiarlo con fervor el resto de su vida.

2.
Con al paso de las décadas, y la jactancia que le da ser médico (trabaja en un hospital privado de renombre en la capital del país), aquella hija vuelve regularmente a su pueblo para dar consultas médicas gratuitas, lo que le ha granjeado gran simpatía entre sus coterráneos.

En una de esas visitas, a sus familiares se les ocurrió la idea de “celebrar” (sic) un aniversario especial por la muerte del heroico jefe de familia, para lo cual se organizaron (comandados, obvio, por la rencorosa hija), para juntar dinero (que incluyó comprometer a los pacientes de la doctora a realizar donaciones), suma que superó el salario anual de muchos trabajadores agrícolas locales y que se invertiría en pagar misa, comida, regalos, y obviamente, mucho trago.

3.
Cuando me enteré de la historia del secuestro me enfrasqué en una discusión con el esposo de la doctora (lo llamaré C), quien defendía la impertinencia de su suegro por irrumpir en los karmas de una familia que debía haber perdido a su hija, justificaba el rencor de su mujer hacia su tío y rechazaba mis explicaciones para sacarlo de su error.

Nunca llegamos a nada, pero como me ha sucedido en otras ocasiones, cuando dar la vida por alguien en un hecho violento para muchos es acto heroico (aunque para mí una estupidez), opté por compadecer la corta perspectiva que posee la gente sobre esa mala pasada llamada destino.

4.
Tiempo después surgió otra disputa con C tras reiterar su justificación para celebrar el aniversario luctuoso, más ante mis argumentos su respuesta era: “son costumbres”.

- costumbres mis güevos – me quejé una tarde – gastar ese dineral por un ignorante que dio su vida por quien tenía marcado morir, dejando a una mujer y a sus hijos en la orfandad, es de pendejos.
- son costumbres – repitió C nervioso ante mi enojo.
- se le llama “cambio de cabezas” – señalé.
- no sé de qué cabezas hablas, pero las tradiciones se celebran.
- son mamadas – reiteré – los muertos, muertos están… no saben si el señor ya reencarnó y con esa celebración le van a conflictuar el presente.
- no te entiendo – se defendió con una irritante sonrisa.
- que son pendejadas, pues – reiteré – sobre todo organizar festejos con dinero ajeno.
- son costumbres – repitió – tú porque vives en ciudad y…
- ojalá conocieras las verdaderas costumbres mortuarias que se dan en otros lugares del país y donde se les trata con respeto… nada de gastar dinero a lo pendejo: hasta entonces entenderías lo que es ofrendar verdaderamente a los muertos.
- son costumbres… viejas usanzas.
- a veces celebrar a la muerte es invocarla – advertí.

Fueron discusiones cada que nos encontrábamos, conforme se acercaba la fecha del festejo, en las que él repetía lo que costaría (imaginando la borrachera de varios días que se pondría), y lo bien que se la pasaría hasta que llegó el día, pidió vacaciones en su trabajo y se largó a mediados de junio de este 2018.

5.
H (quiropráctica y conocida de ambos), me interceptó a la entrada del Mercado de Sonora un domingo por la mañana. Tras saludarme preguntó por C, le dije que andaba celebrando al muerto.

- ya te enteraste? – preguntó con tiento.
- de? – indagué.
- mataron a una de sus sobrinas.
- en méxico mueren cientos al día por la violencia - la cuestioné - cómo supiste?
- por el apellido – aclaró – era candidata local a no sé qué en las elecciones de este julio… mi hijo lo vio en el noticiero de televisión…
- ni idea, no veo la tv y aún no leo los diarios - reconocí.
- luego lo comentamos – avisó y se alejó ensimismada.

Navegué en internet por mi celular buscando la noticia: en efecto, era su sobrina, nieta del célebre héroe familiar, asesinada a puñaladas por un asesino solitario al salir de su casa rumbo a un acto de campaña (curiosamente la tarde anterior al festejo).

En un pasajero acto de solidaridad pensé en llamarlo por teléfono para darle el pésame, pero reconocí que no me aguantaría las ganas de recordarle que a los muertos se les debe dejar en paz, que en ocasiones celebrarlos son pendejadas… así que desistí.

6.
Días después del sepelio, cuando C regresó a la ciudad y coincidimos en una tienda de autoservicio, me contó que toda la comida, bebida y recuerdos para el aniversario luctuoso se usó para atender a los cientos de dolientes que llegaron a dar el pésame por la muerte de la joven: “porque darles de comer, tomar y un regalito durante un velorio, es una costumbre”, afirmó.

27 de junio de 2016

La Biblia y la Iglesia mienten: Satanás no es horrible ni Ifa le rinde culto (y 2)

6.
Aparte de los engaños en La Biblia encontramos similitudes (atemporales) de su contenido en otras culturas: la Santísima trinidad del “Padre, Hijo y Espíritu santo” está en Egipto con Rá, Isis y Horus, en el hinduismo con Brahma, Visnú y Shiva, en China con Jade, Lao Tzu, y Ling Pao, en los aztecas con Ometecutli, Omecihuatl y Quetzalcóatl y en el tan criticado Ifa con Olofi, Olorun y Olodumare…

7.
También en ella se consigna que Dios exige el sacrificio de animales que se reprocha a Ifa y por el que se le acusa de ser un culto al Diablo (viéndolo como sinónimo de Luzbel)… la Iglesia Católica atribuye que esas muertes en la Osha van en contra de la naturaleza de la creación, más olvida que en su Libro Sagrado se cita que la inmolación es requisito para muchas situaciones:

Levítico 4:35; 5:10: Dios requería a los humanos el sacrificio de animales para recibir el perdón por sus pecados,

Génesis 3:21: cuando Adán y Eva pecaron fueron sacrificados animales para que Dios les proveyera de alimento y ropa,

Génesis 4:4: Caín y Abel ofrecían sacrificios al Señor: los de Caín no eran aceptados por ser fruta, mientras que los de Abel eran recibidos por ofrendar corderos,

Génesis 8:20: después que terminó el diluvio, Noé sacrificó animales a Dios, ya que el olor que se desprendía era grato al Señor,

Génesis 22:10: Dios ordenó a Abraham sacrificar a Isaac (asesinarlo, descuartizarlo y quemarlo). Él obedeció, pero cuando estaba por matarlo Dios intervino y facilitó un carnero para que muriera en lugar de Isaac.

Y si quedan dudas Éxodo 12:5-13 señala: puede ser un cordero o un cabrito de un año y sin defecto… lo sacrificarán… tomarán luego un poco de sangre y la untarán en… la puerta de la casa… esa misma noche pasaré… y heriré de muerte a todos los primogénitos... la sangre servirá para señalar las casas… pues al verla pasaré de largo… 


8.
La misma Biblia no trata bien a Jesucristo al referirse a él como un cordero y disfrazando su asesinato como sacrificio, pero cuál es la importancia del borrego en las matanzas para agasajar a Dios?... se dice que “aunque la palabra cordero sugiere ternura y mansedumbre, su muerte sugiere la inocente resignación”… se alude a este animal como vínculo entre el ser humano y Dios, por lo que su muerte le permite acercársele para adorarle según su voluntad...

Juan 1:29 dice: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" al referirse al cuerpo de Jesús, más se contradice al igualar la muerte del cordero y la de su hijo por su inocencia y falta de pecado, ya que antes de ser sacrificado el borrego no era sujeto a burla ni tortura, escarnio innecesario si se trata de ofrecer solo sangre vía un sacrificio, más Cristo seguro de no merecer tanta saña, y dudando del procedimiento, cuestiona: Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Tras la crucifixión Dios ya no demandó sangre humana pues Cristo asumió nuestras faltas, errores y “murió sacrificándose por nosotros para conseguir el perdón”… con eso fue suficiente, sí, pero ello es lo que precisamente justifica la inmolación en la Osha e Ifa…

9.
Un expresión común entre Santeros y Babalowos, al explicar el motivo por el que se sacrifican animales a los Orishas, es “por salvar a las personas de sus karmas, de la enfermedad, cárcel, maldición, accidentes, violencia y en general de la muerte”, y se acota: “está espiritualmente acordado y se realiza con autorización divina”…

Hay diferencia en la inmolación para recibir el perdón por los pecados y salvar a las personas?... no, y aunque se expongan razones entre quienes defienden La Biblia o Ifa, el origen de ambos sacrificios se cruza varias veces, como en Éxodo 12:5 (el cordero será sin defectos), y en Deuteronomio 17:1 (No ofrecerás en sacrificio a Jehová tu Dios, buey o cordero en el cual haya falta o alguna cosa mala, pues es abominación a Jehová tu Dios), y qué se pide en un cuatro patas ofrecido a un Orisha? que no esté enfermo ni con defectos

La Biblia tiene argumentos disfrazados de espiritualidad para engañar ingenuos a través de esa intangibilidad llamada “fe”, por ello la Iglesia Católica afirma que Ifa es un culto al Diablo al manipular lo señalado en Mateo 6:24: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”…

La forma en la que esa Iglesia vincula a la Santería con un culto demoniaco (y reinventa la arenga de la condena al infierno), está en la advertencia de Salmos 115:4: “Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres. tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta”…


Pese a lo anterior cuántas similitudes* hay en La Biblia entre el culto a Dios, al Diablo y Olodumare, aparte de las ya detectadas?, muchas, y por qué entonces la Iglesia Católica acusa a Ifa de adorar al Diablo si tienen mucho en común?... por dinero…

10.
El Catolicismo se niega aceptar que ya no da paz al alma de millones de fieles y que en las iglesias sus súplicas (en un mundo en el que abunda la pobreza, enfermedad, injusticia, desempleo y violencia) no son escuchadas y que ante la falta de respuestas optan por religiones en las que se puede sobornar a deidades para satisfacer cualquier necesidad o capricho…

Entonces Ifa es un culto al Diablo?... no si partimos de que toda deidad y/o religión son las diversas expresiones que nos ofrece un Dios (el que más se les acomode), para evolucionar espiritualmente…

Tomemos la afirmación de un representante católico para explicarlo…

En el lugar donde habita Dios hay diferentes cielos, propone el Pastor Bocaranda: en el segundo vive Olofi y también está Dios y el Diablo… lo atractivo es que un predicador de La Biblia afirma que hay un lugar donde conviven Dios, el Diablo y Olofi en armonía, lo que cimenta la afirmación de que Ifa no es un culto diabólico, ya que de serlo todos tendrían un origen demoniaco y sus cultos gozarían esa connotación…

Así, volviendo a la primicia del dinero, la intensión de las acusaciones de la Iglesia Católica** (y el revire que a su vez le hacen las casas religiosas de Santeros y Babalowos), es adueñarse de la crisis espiritual de los incautos para enriquecerse a costa del dolor ajeno y de los anhelos de millones que creen tener derecho a poseer algo en la vida…

Esto último es la esencia de todo aquel que porta un ostentoso disfraz religioso: desprestigiar a los competidores, vender la idea de que se posee “la verdad” y se representa “la salvación”, olvidándose de que Aristóteles y Descartes nos advirtieron hace muchos siglos que “la verdad absoluta no existe”…

* por ejemplo: recordemos que la línea que separa las expulsiones de demonios y el alejamiento de muertos es muy delgada…
** incluye la bautista, presbiteriana, pentecostal, protestante, adventista, cristiana, metodista y bautista entre muchas, pero detrás de ellas al Vaticano…

6 de febrero de 2016

Elvis Infante, diablero y santero

Ubican la ciudad fronteriza austríaca Braunau am Inn?... seguro alguien recordará que ahí nació Adolfo Hitler, pero ese lugar también es famoso porque entre 1870 y 1940 ocupaba el primer sitio en el mundo de nacimientos de médiums y videntes… por ello las creencias esotéricas del Führer lo llevaron primero a tomar decisiones basadas en su videncia, y una vez establecido el nazismo, formó un grupo militar con adivinos, espiritistas y astrólogos a quienes consultaba sobre sus planes de invadir Europa…

En guerras recientes las potencias organizan equipos en los que sus integrantes usan sus habilidades psíquicas para investigar, encontrar y saquear la riqueza mágica y sobrenatural de ciertos países, tal como sucedió con el ataque yanqui a Irak y cuya invasión en realidad fue para apropiarse del poder esotérico que representa “El Zigurat de Ur”…

En este contexto tenemos a Elvis Infante: un chicano diablero y ex militar (perteneció a un grupo elite yanqui encargado de capturar demonios sumerios en el desierto afgano), convertido en Santero y propietario de una tienda de productos Yorubas que usa como fachada para cazar entes oscuros, querubines, demonios y ángeles caídos, los cuales vende a dudosos representantes de las huestes celestiales…

La anterior es la premisa del escritor F.G. Haghenbeck en “El Diablo me obligó”, un libro en el que confluyen elementos sobrenaturales que rigen el inframundo de la ciudad de Los Ángeles (como en cualquier otra) y que son manejados con soltura narrativa y maestría visual por un autor que de entrada advierte: “soy agnóstico… es una manera pragmática de enfrentar al demonio”…

Francisco Gerardo Haghenbeck (conocido en el mundo literario como F.G. Haghenbeck), nació en la Ciudad de México en 1965, es arquitecto, trabajó como traductor, guionista, museógrafo y productor de televisión, ha publicado más de 20 libros y recibido numerosos galardones, entre ellos el prestigioso Premio Bram Stoker (tras competir con Stephen King, Thomas Ligotti y Joe Hill) precisamente por “El diablo me obligó”…


El libro destaca por sus personajes bizarros bien delineados (una niña sicario, un cura drogadicto, una manipuladora millonaria, un vendedor de polvo de huesos de ángel, una tenaz mujer policía, un sorpresivo sirviente, etc.); por una compleja trama (los saltos en el tiempo de tres diferentes etapas en la vida del diablero son solventados con coherencia); por una atrapante atmosfera con aires noir y por el vasto conocimiento que el autor manifiesta en mitología, espiritualismo, demonología y Santería, lo que facilita al lector comprender los acontecimientos que se describen…

Haghenbeck impregna las páginas con delirante terror, aunque se da tiempo de ofrecer un corrosivo humor negro junto con una viperina crítica a las llamadas sociedades multiculturales, dejando claro que el origen de todos los problemas y su solución se resumen a la propia naturaleza humana y no a una entidad demoniaca… él lo definió claramente durante una conferencia: “el diablo y el bien tienen un mismo código postal: nosotros”...

Lo anterior se ejemplifica con una subtrama en la que una prostituta llamada Curlys ejerce como señuelo para engañar, dejarse posesionar y propiciar la captura de demonios en las más grotescas situaciones…

Sobre el tema el autor abunda: “El mal no posee nacionalidad, los diablos tampoco”… y remata con cinismo: “los malos no son los diablos. Esos son monstruos ciegos, animales. Los verdaderos demonios son los humanos. Desde luego que el Diablo existe: véanse en el espejo”…

Haghenbeck es un digno heredero de William Hjortsberg, Alan Moore y hasta Neil Gaiman, sin embargo, con “El diablo me obligó” asume una personalidad propia y entrega un libro de prosa fluida, lleno de cruda violencia, suspenso sobrenatural, escrupuloso conocimiento esotérico y cuyo final es resuelto de manera coherente por un escritor que no se durmió en su laureles y en cuyos libros siguientes su versatilidad le ha llevado a incursionar en otros géneros literarios con el mismo éxito…


F.G. Haghenbeck, El diablo me obligó, 224 páginas, Suma de letras, 2011

8 de junio de 2015

Mi vida en la Santería 28: adoradores del Demonio



1.
Mis padres vivieron en una colonia que muchos ubican como parte del centro de la ciudad aunque eso es incorrecto, ya que la histórica colonia Roma está en los alrededores, e incluso, fuera del llamado Centro Histórico: ellos habitaban en un edificio de departamentos en el que para más señas transcurre uno de los capítulos del libro “Siete esqueletos decapitados”, escrito por el mexicano Antonio Malpica…

“Siete esqueletos…” es una novela negra que a ratos coquetea con el género de terror, pero que termina por desilusionar al no conseguir ubicarse con decoro en ese estilo literario… no es que sea un mal libro, de hecho tiene pasajes bien elaborados, pero el ridículo final relacionado con el secuestro de niños para ponerlos a trabajar a manera de esclavos en una maquiladora, le da al traste al inicio en el que se supone que su desaparición está vinculada a rituales demoniacos…

Durante la trama uno de los personajes se presenta en el citado edificio: en la descripción que hace Antonio Malpica, la escena (un velorio) se desarrolla dos pisos arriba del departamento de mi familia…

Fue publicado en el año 2009 por la editorial Océano: si nos atenemos a que en promedio un libro tarda entre año y medio y dos años en verse publicado y que por lo regular su creación implica un año de escritura, estaríamos hablando que el autor desarrolló la trama en 2006…

En aquel año ese departamento estaba deshabitado luego de que un irresponsable padre de familia, desempleado y con debilidad por el ron y la marihuana, asesinó a su pequeño hijo de dos años como resultado de una combinación de sus dos aficiones mezcladas con un inconsolable ataque de llanto por parte del bebé… cuando finalmente se rentó (los vecinos afirmaban que pese a estar vacío por las noches se escuchaba el llanto del bebé seguido de fuertes golpes, tal como ocurrió durante el homicidio), la nueva inquilina fue nada menos que una Santera cubana, hija de Oshún, de la que ya he hablado en otros textos…

Supongo que a la religiosa no le importó el antecedente del asesinato o quizá terminó metiendo el alma del bebé a una de las tantas Ngangas que tenía, el asunto es que en 2010 apenas y llegó organizó tambores, coronaciones de Santo e iniciaciones de Palo a cualquier hora del día, lo que la llevó a ganarse el odio y temor de algunos inquilinos…

2.
Una vez que huimos del Ilé de nuestro psicópata padrino, mi esposa y yo entramos en una especie de relajamiento en eso de “la vida religiosa social” y tratamos de llevar vida de “personas normales”…

Fue así que en una visita a casa de mis progenitores coincidí con una vecina que vivía arriba de su departamento, y en consecuencia, debajo del que habitaba la hija de Oshún: ella regresaba de hacer compras en el mercado y había decidido pasar a saludar antes de llegar a su casa… yo la había tratado poco y por lo regular le rehuía pues aparte de tener un chillante tono de voz (mismo que al carcajearse se convertía en algo irritante), era una soberana y maquiavélica chismosa…

Ahí estaba: riéndose de las tonterías que ella misma decía sobre los vecinos, poniéndolos en ridículo y de paso condenándolos al infierno, como si fuera un San Pedro que abre y cierra las puertas del “paraíso”, sin darse cuenta que en mi mirada se reflejaban terribles ganas de saltar sobre su pescuezo y retorcérselo como hacía mi abuela con las gallinas viejas cuando se proponía aliviar, con un caldoso plato repleto de verduras, una gripa durante mi niñez…


Ya se acercaba la hora de la comida y supongo que al ver que no se le pensaba ofrecer algo más allá del vaso con agua que ya había terminado, la viperina mujer avisó que era hora de retirarse…

En ese momento agradecí a todos los demonios sumerios que bailaban a mi alrededor que la convencieran de largarse, pero mi padre acabó pronto con mi satisfacción: educado como es me ofreció para cargar el par de pesadas bolsas de la mujer… sí, era un piso de distancia, sólo subir 15 escalones, pero en compañía de aquella odiosa anaconda advertían algo insufrible y hasta peligroso para mi integridad…

Yo no podía contrariar la caballerosidad del autor de mis días, ofrecí una hipócrita sonrisa, solté un falso “por supuesto que le ayudo” y muy formal me puse de pie para cargar con sus compras…

Ella se despidió, recorrió con la mirada el escenario donde había escupido grandes cantidades de veneno (supongo que para despotricar posteriormente con algún vecino en contra de mis padres) y salió por delante, cual gran emperatriz, para que su esclavo, o sea yo, la siguiera hasta su serpentario, perdón, hasta su departamento

Antes de salir me despedí de mi esposa con voz baja: “en caso de que no sobreviva puedes hacer una Nganga con mi kiyumba”…

3.
Mientras subíamos las escaleras levanté la mirada y me encontré con el nauseabundo trasero de la mujer: en ese momento recordé que el escritor Charles Bukowski se refería a ese tipo de mujeres como un inmenso “culo gordo”, más traté de poner en blanco mi mente para que cada escalón no convirtiera el trayecto en algo doloroso, cosa que no conseguí cuando del final de la redonda espalda de la mujer se escapó un sonoro pedo del que ni se inmutó; finalmente llegó frente a su puerta, pero esperó a que yo llegara a su lado para buscar las llaves en su enorme bolso…

- si por subir unos escalones se cansó jovencito – escupió – entonces debería dejar el tabaco y hacer más ejercicio para mejorar su salud…
- “no señora: yo no fumo… lo que pasa es que estoy al punto de la asfixia por el gas que pedorramente soltó en mi cara” – pensé gritarle, pero me contuve y con una apenada sonrisa fingí darle la razón…

Abrió 4 cerraduras y entramos mientras explicaba que su hijo, nuera y nietos estaban de visita con su consuegra, me pidió dejara las bolsas sobre uno de los sillones de la sala en uno de los cuales dormía un gato color miel… coloqué la pesada carga y cuando iba a despedirme descubrí ante mí un vaso con jugo de naranja: lo acepté en nombre de mi educado padre y me disponía a consumirlo de un trago cuando un golpe, seguido del chillido de un chivo, nos sumió en un incómodo silencio…

La mujer se persignó y tras una mueca de desprecio me explicó que el ruido provenía del departamento de arriba, que eso era a diario y despotricó contra las plumas de aves que invadían los pasillos del edificio, restos de hierbas, cajas de cartón, olor a ron, orines, humo de tabaco y extraños cantos en un idioma que ella desconocía y que provenían del sacrílego departamento…
 
- la señora negra y gorda que vive arriba es Santera – acusó – esa gente es adoradora del Demonio, mata animales y hace orgías…
- en serio? – solté sorprendido acomodándome en una silla…
- los Santeros adoran al Diablo… hasta le sacrifican niños que les venden las indias mugrosas que piden limosna en las esquinas…
- de verdad?
- sí, en ocasiones me la paso toda la noche escuchando unos tambores cuando hacen sus cosas – dijo sentándose frente a mí - lo peor es que a veces la gorda esa me ha invitado a sus aquelarres…
- mire qué cosa tan curiosa – dije…


- usted se acuerda de los narcosatánicos? - me cuestionó…
- claro, gente “bien”… aunque la prensa se dedicó a decir una sarta de mentiras sobre ellos: le aseguro que eran personas decentes…
- cómo? – gritó indignada al tiempo que desde el piso de arriba comenzaba a oírse el coro: eleggua eshu a sekere kere meye…
- … eleggua, eshu lawana iba boshe – completé rítmicamente el canto…
- usted pertenece a ese culto infernal? – gritó levantándose, se persignó y sacando de entre sus ropas un rosario lo apuntaló hacia mi…
- sosa sokere a laroye sokere – seguí canturreando…
- lárguese de aquí, salga de mi santificada casa engendro diabólico!…
- no señora – dije – yo no me voy hasta que usted me entregue su alma y yo pueda subir con la Santera a regalársela
- fuera! – gritó corriendo hacia la cocina, escuché abrir un cajón, sacó algo y regresó ante mi blandiendo un gran crucifijo de madera…
- ya le dije que me quedo: usted debe pagar por todos sus pecados y yo me encargaré de llevarla ante Satanás para que la enjuicie - amenacé…
- vade retro satana, apártate, satanás! no sugieras cosas vanas – gritó al tiempo que se santiguaba…
- su alma ya es propiedad de Lucifer – vociferé entre risas…
- ergo perditionis venenum propinare Vade, Satana – chilló de nuevo…
- por esta vez Satanás perdonará sus mentiras, envidias, chismes y perversiones, pero tenga cuidado: cuando usted escuche cantar a la Santera y a sus seguidores significa que el Diablo le está vigilando cada venenosa palabra que usted escupa en contra de la humanidad...
- le contaré a mi hijo lo que has hecho: le diré quién eres – amenazó…
- maravilloso – solté – deme el pretexto para pedirle a Satanás que le robe el alma a su hijo, a su nuera, a sus nietos y a su gordo gato…
- lárgate de aquí – gritó, corrió nuevamente hacia la cocina y regresó con un pequeño frasco del que comenzó a arrojarme agua bendita: la identifiqué por su aroma a flores muertas…
- sólo diga una palabra de nuestra conversación… a quien sea – me burlé de nuevo – y ya verá como los Santeros una madrugada vendrán por su alma y la de su familia…
- fuera de mi casa, monstruo desalmado!... hare krishna, hare krishna, krishna krishna, hare hare, hare rama – cantó blandiendo ahora una imagen de Narasimha* que ni cuenta me di de dónde sacó…

Salí de ahí, bajé las escaleras, toqué la puerta, me abrió mi hija y ante la pregunta de mi esposa de por qué me había tardado, respondí:

- es tan simpática y ocurrente la mujer que me tenía muerto de risa…

4.
En posteriores visitas llegué a encontrarme en el elevador al hijo de la ponzoñosa vecina y siguió saludándome como de costumbre… eso sí: ella jamás regresó a casa de mis padres…

* se trata del Dios protector hindú con cuerpo humano y cabeza de león…