Dos días después de aplicarse la eutanasia a la francesa Anne Bert, se publica “Le tout dernier été”, libro donde narra su experiencia con la esclerosis… Apoyado por una mañosa campaña de publicidad, el escritor español Fernando Aramburu gana el Premio Nacional de Narrativa 2017 por su novela “Patria”… El colombiano Luis Miguel Rivas presenta “Era más grande el muerto”, novela ubicada en los años 80 y 90, cuando Pablo Escobar ridiculizó al Gobierno… 23 narradores de España y América celebran el centenario de Juan Rulfo con el libro "Rulfo, cien años después"… El premio Nobel de Literatura decepciona de nuevo: gana Kazuo Ishiguro, un escritor británico de corta producción literaria…

24 de diciembre de 2012

Blues desde Mali



La lectura de un texto por lo regular provoca en el lector al terminarlo algún grado de satisfacción, ya sea por el ágil ritmo narrativo con el que fue escrito, por lo novedoso y en ocasiones hasta por lo divertido, por el mismo contenido, pero en general debería dejar un buen sabor de boca por haber adquirido un poco más de conocimiento sobre el planeta sobre el que tenemos puestos los pies…

Sin embargo, la lectura del interesante reportaje “Los griots ya no cantan en Malí”, independientemente de que deja en el lector una semilla más de sabiduría en su intelecto, también coloca un dejo de frustración al enterarnos de cómo la cultura universal, ya sea por la ignorancia o por decisión autoritaria, no deja de ser perseguida y en algunos casos consigue malsanamente ser erradicada, como ha sucedido desde el principio de la humanidad…

Para quien no conozca ese interesante y relativamente breve texto*, escrito por ese multifacético caso llamado Amelia Castilla (periodista cultural de diario español El país), debería saber que en él se aborda las consecuencias que está provocando ejecución de una ley promulgada por los rebeldes Tuareg (pueblo nómada del desierto del Sáhara, cuya extrema marginación los llevó a iniciar una rebelión que les permitió “liberar” a partir de marzo de este año, las ciudades de Tombuctú, Kidal y Gao ubicadas en el norte de Mali, declarando su independencia del Estado de Azawad), que entre las muchas estupideces que contiene prohíbe la música, y en consecuencia también corta de tajo el universalmente famoso Festival del Desierto (impresionante festividad multicultural celebrado desde el año 2001 al sur del desierto del Sahara) que se realizaba en la localidad de Essakane, todo esto en la africana República de Malí... 

La conquista de este territorio irónicamente se está convirtiendo en un dolor de cabeza para el continente africano, debido a que la ideología que los rebeldes profesan es el Islam... “No llevamos armas ahora para entregarlas mañana”, afirma desde Tombuctú el líder tuareg Sand Ould Boumama, “Resistiremos porque es nuestro derecho”, advierte amenazante… y para demostrarlo no sólo están destruyendo el legado musical de Mali: este diciembre de 2012 la ciudad de Tombuctú vio revivir la misma suerte que tuvieron los budas de Bamiyán en manos de los talibanes en Afganistan, al comenzar a ser destruidos todos los mausoleos (declarados patrimonio de la humanidad), por “órdenes de Alá”, según afirma Abú Dardar, uno de los líderes de los Tuareg… 

Pero volviendo al tema de la música vale la pena destacar que el recién conquistado norte de Malí tiene (¿o tenía?) entre sus virtudes la de mantener la milenaria tradición de transmitir oralmente su cultura a través de “los griots”, que no son otra cosa más que narradores trashumantes que cuentan la historia de su cultura de pueblo en pueblo, a través de poemas musicalizados (canciones, dirían los occidentales) a manera de los viejos juglares aunque en este caso rurales y usando un milenario instrumento de cuerdas llamado “jola akonting” (una especie de rústica guitarra) para acompañar sus versos…


Si bien es cierto que se cita a Mali como el principal país heredero de esta cultura, también en otros países como Mauritania, Ghana, Senegal, Burkina Faso, Guinea, Costa de Marfil, Nigeria y Gambia, por mencionar sólo algunos y en donde existen variaciones en los instrumentos con los que se interpreta, como son el Balá, el Kora y el Laud…  

Sin embargo, para aquellos que piensen que “los griots” no son más que una mera curiosidad antropológica regional, les tengo noticias: el norte de Mali es el lugar de origen de ese género musical que vino a revolucionar la música en todo el mundo: el blues, “ritmo” que en manos de los negros norteamericanos dio origen al jazz, al rock and rol y en general a toda la música que suena hoy en la mayor parte de estaciones de radio en el mundo…
 
Si bien el texto de Amelia Castilla no es muy esperanzador, por lo pronto para entender la importancia de estos juglares y la influencia que “los griots” ha tenido en la cultura universal, contamos con un excelente registro musical que condensa toda la herencia musical que se nos ha transmitido a través de muchos años: el multiconocido disco Talking Timbuktu que el griot malinense Ali Farka Touré grabó junto con Ry Cooder (sí, el posterior responsable musical de ese boom mediático-musical llamado Buenavista Social Club)…

Fallecido por desgracia en marzo de 2006 a los prematuros 67 años, Ali Farka Touré era mundialmente apodado el “Bluesman de Africa” (tenía otros sobrenombres como el ser llamado injustamente "el John Lee Hooker africano": acaso por sí sólo no merecía dejar ser comparado con otros músicos?), y si bien en su multipremiado disco Talking Timbuktu con su impresionante calidad tanto sonora como lírica, plasmó el ya citado testimonio irrefutable de que el Blues como género musical sí provino originalmente del continente negro, en realidad su diversidad interpretativa como músico dejó interesantísimas grabaciones que bien pueden considerarse hitos para entender (quizá dentro de cientos de años para los futuros antropólogos) la profunda y multifacética herencia cultural que África aportó a la cultura universal…

Sin embargo, el nombre de Ali Farka Touré (quien pasaba a extrar notas del “jola akonting” a la guitarra eléctrica con virtuosa facilidad), no es el único que debe reconocerse como el máximo representante de “los griots”, existen otros que aunque mundialmente famosos, aportan particulares estiras al género Nino Galissa, Toumani Diabaté, Fodéba Keïta, Jali Kunda, Fodéba Keïta y el polémico Bakari Sumano, y los más modernizados Salif Keita, Baaba Maal y Youssou N'Dour por mencionar sólo algunos, y los ya citados por la propia Amelia Castilla, los impresionantes Habib Koite, Rokia Traoré y Eric Bibb, la mayoría de estos últimos viviendo en el exilio para evitar la persecución de los Tuareg…

Ali Farka Touré - Amandrai
Descubrí la música africana hace más de 20 años con un impresionante disco llamado “The Indestructible Beat Of Soweto” (mismo que aún conservo), en donde no sólo quedé impresionado al descubrir la enorme influencia que el “afro beat” (por llamarlo globalmente de alguna manera) tiene en el Son Jarocho: también los conocidos con quienes compartí ese descubrimiento quedaron incrédulamente maravillados… y con el tiempo profundicé en el estudio musical de los tan variados ritmos africanos, encontrándome con otro tipo de influencias en los más diversos géneros de la historia de la humanidad, que van desde el Jazz hasta la Salsa y la música electrónica, pero fue en el Blues en donde más gratamente quedé sorprendido…

¿Pero y por qué algún curioso debería “perder” un poco de su tiempo para escuchar alguno de “los griots” anteriormente mencionados, o incluso para qué investigar por su cuenta y seleccionar al músico que más le llame la atención y conocer a este tipo de trovadores?...

Quizá la respuesta la tiene el productor londinense Nick Gold, quien además de ser el descubridor de Ali Farka Touré, fue el responsable de ese fenómeno de la música cubana llamado Buena Vista Social Club y también causante de la reaparición del célebre combo senegalés Orchestra Baobab, cuando afirma: “En África, la música tradicional tiene un sentido contemporáneo que no tiene en otras partes. Desde el principio tuve claro que su música no era una moda pasajera”...

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