20 de junio de 2019

Fábrica de Santeros descompuestos


1.
Conocí a RT en un tambor para Ochosi: era un tipo alto, fornido, amable e hijo de Shangó. Su padre era un Chileno de ascendencia Asturiana, nacido en Valparaíso, quien tras el golpe de estado contra Salvador Allende en 1973 salió hacia méxico con la misma mentalidad prepotente, invasora y explotadora con la que los españoles llegaron a américa.

Me contó que su progenitor se llamaba P, llegó con el exilio chileno gracias a las oportunidades otorgadas por el presidente Luis Echeverría, encontró trabajo como soldador, enamoró a una mexicana inculta, montó un taller, hizo familia, acumuló dinero (explotando a sus empleados), compró una casa en la colonia Letrán Valle, por alguna desconocida razón se inició en la Santería (hijo de Eleggua) y se juró como Babalowo.

Procreó 5 hijos, 2 mujeres y 3 hombres: todos coronaron Osha al cumplir 15 años y al octavo día, luego de pasar siete en el trono, y ante el silencio de su dócil madre, cada uno recibía una maleta con ropa, los otás de su Orisha tutelar, una mesada para vivir una semana, una hoja con números telefónicos de tíos y amigos de P para casos de emergencia, tras lo cual eran sacados a empellones del hogar y con la advertencia de volver hasta que tuvieran dinero y le retribuyeran lo que había invertido en costear su niñez, pues de aparecerse antes serían molidos a palos.

El destino de la descendencia se escribió así:

- el primero en salir fue J (hijo de Obatalá), quien se mantuvo trabajando como obrero en la industria textil hasta que se jubiló, adquirió cirrosis, nunca se casó y falleció meses después que su padre,
- luego fue DB (hija de Yemayá), la cual hizo una carrera de secretaria comercial, se casó con el chofer de su jefe y tuvo dos hijos,
- tocó su turno a G (también hijo de Obatalá), quien estudió para contador privado, nunca se tituló y se enlazó con una mujer divorciada e infértil,
- siguió RT,
- al llegar el momento de L (hija de Oshún), quizá porque P ya estaba viejo, cansado o porque al ser la más pequeña era su preferida, no padeció el destierro aunque sí la obligó a coronar Santo.

Curioso: lo primero que hicieron todos apenas y se vieron en la orfandad, fue tirar los otás para aligerar el peso de la maleta… excepto RT.

2.
La vida de mi amigo no fue fácil, me confesó: tras dar a la calle deambuló por días hasta llegar a la tenebrosa colonia Lorenzo Boturini, donde un tendero chino se apiadó de él tras oír su historia, le dio trabajo como mandadero y le brindó un rincón en su bodega a cambio de continuar en la escuela.

Así, RT durante años vivió rodeado de ladrones, borrachos, vendedores de droga y prostitutas, entre perros, ratas y piojos, mientras estudiaba leyes y se juntaba con todo Santero o Babalowo que lo tomara de aprendiz (fue el único de los 5 hermanos que practicó la religión).

Me contaba que su barrio era peligroso y pocos se aventuraban a transitar sus calles después de las 8 de la noche, pero sus horarios en la escuela eran nocturnos y ello lo obligaba a regresar a la bodega cerca de la media noche, con el temor de verse agredido por delincuentes embrutecidos por la droga o el alcohol.

Sólo tuvo un incidente: regresaba una madrugada tras participar en una coronación de Ogun, cuando uno de sus vecinos lo desconoció, trató de asaltarlo y en la gresca quiso apuñalarlo, pero solo atinó a cercenarle el dedo medio de la mano derecha, truncando con ello su camino en Ifa (su “gran ilusión”, me confesó en algún momento).

Al morir su mentor el hijo mayor se hizo cargo de la tienda, y respetando la decisión de su padre, le rentó por una simbólica cantidad un cuarto más amplio: si bien con el tiempo RT consiguió otro empleo mientras cursaba especialidades en materia penal, le tomó cariño al arrabal y vivió ahí unos años más hasta que se enamoró de una abogada: mas antes de casarse y tener dos hijos, con sus ahorros compró un departamento en la colonia Narvarte y salió de Lorenzo Boturini jurando no regresar.

3.
Los hermanos tardaron lustros en volver al que nunca pudieron llamar su hogar y lo hicieron cuando L les avisó que su madre había fallecido: acudieron al velorio (que se realizó en su casa), pero ninguno se dignó siquiera a saludar a su padre, a quien tampoco es que le importara tras ver que ninguno le entregaría dinero.

Como religioso RT nunca quiso parir un Santo (ni siquiera a su Orisha de cabecera, me confió, y aunque nunca me dio sus razones, me quedaron claras), y se negó a tener ahijados, aunque era dedicado al momento de trabajar religión en cualquier ceremonia a la que fuera invitado. Si por alguna razón uno de sus pacientes requería una iniciación o atributo, buscaba entre sus amigos de confianza quien los entregara.

No semejaba hijo de Shangó, parecía serlo de Eleggua por la manera de convencer a la gente y la forma en que conseguía salir airoso de cualquier situación (tras vivir tantos años en un barrio peligroso), pero en apariencia no mostraba amargura por lo padecido en su adolescencia: era divertido y con facilidad para hacer reí a la gente.

4.
RT me avisó por teléfono sobre la muerte de su ya anciano padre: de un benevolente infarto y mientras estaba en el baño lavándose las manos para comer. Durante el velorio, obvio, solo estuvo presente L. Semanas después los 4 hermanos acordaron que su hermana menor se quedara a vivir en la casa ante su recién matrimonio con un buen hombre.

Pero mi amigo no me buscó esperando mi pésame: quería saber cuánto tiempo debía pasar antes de hacer “una obra” con un difunto. Tras darle el plazo (en el caso de su padre recién se había cumplido), me pidió lo acompañara al siguiente día al cementerio sin darme mayor explicación.

La estancia fue breve y lo que RT hizo esa mañana me causó cierto asombro, aunque tampoco me escandalizó: llegamos ante la tumba (al ras del suelo), sacó entre sus ropas un viejo clavo de ferrocarril, lo hundió por completo en la tierra donde descansaba su progenitor y después lo empujó hasta donde pudo usando un “palo de lombriz”, rezó algunas palabras, escupió con rabia sobre la sencilla lápida y nos fuimos.

Lo siento por el alma de su padre: esa obra de Muerteros es para atar desencarnados (trabajo que curiosamente yo le enseñé), y es terrible: los condena a vivir “trabados” en su sepulcro sin oportunidad de hacer nada para completar su evolución.