16 de julio de 2019

Ibeyis sin Jimaguas



1.
La penúltima vez que estuve en casa de mi padrino fue porque pretendía que le pariera Ibeyis a su tercera esposa, aunque yo no quería seguir involucrándome en su mezquina manera de practicar la religión (ni en su patético modo de vida), me debatí durante semanas en si debía negarme.

El posible paritorio no significaba que dejaran de cumplirse las formas que él mismo impuso en su Ilé, así que acepté y acordamos vernos un jueves para dar coco a mis Jimaguas y que ellos decidieran si serían entregados, pero mi inquietud se acercaba al disgusto: mi esposa y yo teníamos un pie fuera de esa casa religiosa y apadrinarla implicaría retrasar lo que ya era inminente.

Conversando con un amigo Babalowo compartí mi molestia y propuso una solución práctica: dejarlo todo en manos de los Ibeyis, para lo cual debía hablar con ellos y pedirles que tomaran la decisión correcta.

2.
El jueves en la tarde llamó a mi celular un ahijado de mi padrino.

- ¿ya te enteraste? – preguntó con el tono insidioso que usaba para compartir una indiscreción.
- no sé de qué hablas: estoy en mi trabajo…
- metieron a la cárcel a un hijo del padrino – soltó con cizaña.
- ¿¡cómo!? – exclamé…
- a P – se refirió al que había tenido con su primera esposa – lo acusan de robar herramientas de una ferretería.
- ¿y…?
- el padrino se fue a la delegación de policía para saber cómo está el asunto y si puede hacer algo - informó…
- vaya – dije – y nosotros quedamos de vernos en la noche…
- los ahijados a los que les avisé van a ir a la comisaría – presumió.
- iré a ver a la madrina para hacer una consulta con los Ibeyis – solté – igual y todo se arregla y coincidimos allá.
- como quieras – dijo indignado por mi falta de solidaridad: aquello cambió el panorama y sentí que sería para bien. Avisé a mi esposa que iría solo.

3.
Al llegar al Ilé la madrina me abrió la puerta con cara de pocos amigos.

- ¿ya supiste? – preguntó mientras cruzábamos el patio y yo la seguía cargando en cada mano las soperitas de los Ibeyis.
- sí…
- hazme el jodido favor: “tu padrino” en vez de estar aquí atendiendo su casa religiosa anda remediando los problemas del vago ese
- qué te puedo decir? – dije entrando a la habitación donde trabajan religión, dejé mis soperitas frente a Eleggua, di tres golpes en el suelo y nos sentamos a platicar.
- pensé que ya habrían regresado – traté de regresar al tema religioso tras varios minutos de hablar banalidades.
- llamó antes de que llegaras… dijo que trataría de hablar con el juez: el vago jura que no llevaban herramientas cuando los vieron salir.
- ¿“los vieron”? – inquirí.
- sí, el vago y su primo – se quejó.
- ¿pero y las herramientas? – pregunté.
- no las tenían – desairó – ya sabes: los rateros son buenos magos

Sonó el teléfono, ella contestó, gruñó varios “jum” y antes de terminar avisó que yo estaba ahí para darle obi a los Jimaguas, soltó otro “jum” y colgó de la mala gana.

- va para largo – se quejó – dejaremos la consulta para otro día…
- yo puedo tirar coco – ofrecí al tomar su ausencia como buena señal.
- ándale – dijo con rebelde jactancia – también somos Santeros y podemos trabajar religión aunque no esté “el padrino”.

Me levanté, tomé mis soperitas, las coloqué en medio de la habitación mientras ella buscaba una vela, yo tomaba las rodajas de coco que estaban en una jícara y las colocaba frente a los Ibeyis y moyugaba.

- ¿Taewo y Kainde reciben a F para hacerles una consulta? – pregunté y respondieron con eyeife.
- su hija aquí presente – puse las rodajas en su lerí - quiere saber si debe recibirlos para mejorar su vida - dieron eyeife y dibujaron una línea recta apuntando hacia Eleggua.
- ¿yo puedo “parírselos”? – arrojaron oyekun y formaron un rectángulo, provocando que ella palideciera.
- ¿con ese oyekun habla Eggun? – interrogué para desechar opciones a tan temida tirada por los Santeros: dieron okana – no es el muerto – la tranquilicé: hablaba Orunla e hice referencia al rectángulo…
- déjame indagar – le advertí - ¿no quieren que yo haga el paritorio porque podría perjudicar mi salud? – cuestioné, dieron eyeife y se formó un cuadrado – sí, es por eso… y lo advierte Obatala.
- ni modo – contestó la madrina confundida – no te preocupes.
- cerraré la consulta – avisé - ¿Taewo y Kainde ustedes etó? – repitieron okana y las vistas formaron una onda: F palideció de nuevo.
- ¿y ahora?
- ¿oti, oñi y epo? – ofrecí y repitieron okana formando otra onda – no quieren atención y está hablando Yemaya.
- ¿entonces? – interrogó más asustada.
- ¿tienen consejo para su hija? – dieron eyeife y otra onda… cavilé sobre el diagrama cuando sonó el teléfono: F sabía que no debía moverse, más el timbre lo aclaró y pregunté - ¿la sugerencia es que F debe aceptar a P? – dieron eyeife con una flecha.
- ¿qué significa? – interrogó la madrina.
- avisa Yemaya que debes querer a P como si fuera tu hijo, pues en caso de tratarlo mal Ochosí te hará ver tu suerte.
- bien – contestó con una mueca de disgusto.
- ¿Taewo y Kainde con el consejo dado ustedes etó? – y dieron un alafia formando otra línea recta pero apuntando hacia la calle.
- ¿y ahora? - interrogó F sin ocultar su fastidio.
- no mucho – coloqué las rodajas frente a los Jimaguas – sólo que si no cambias vas a perderlo todo – y ella gruñó.

4.
Al siguiente día llamé por teléfono a casa de mi padrino para saber qué había sucedido con su hijo. F tomó la llamada.

- ya todo se arregló - contestó secamente.
- ¿dijo algo de la consulta con Ibeyis? – inquirí.
- que estaba bien – siguió con su parquedad.

Un par de frases más y colgamos: quién iba a decir que días después Oggun mentiría absurdamente en una consulta y ello le daría a mi padrino pretexto para tratar de matarnos con brujería.