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16 de noviembre de 2016

Senel Paz, Un rey en el jardín

Senel Paz es un escritor y guionista cubano, nacido en Sancti Spíritus en 1950, con reconocimiento internacional no sólo por los premios recibidos por su producción literaria, sino por sus controvertidas temáticas.

De origen campesino, Paz estudió periodismo en La Habana e inició su carrera como periodista, lo que le llevó al Ministerio de Cultura… en 1979 ganó el Premio David de la Unión de Escritores y Artistas con su primer libro de cuentos El niño aquel… dejó la prensa por el guion de cine y la literatura: su primera película fue Una novia para DavidSi bien su producción literaria es corta (6 libros publicados en 27 años), su presencia en el medio literario se ha convertido en una permanente a partir de su cuento El bosque, el lobo y el hombre nuevo, el cual ganó el Premio Juan Rulfo, y llevado al cine como la película Fresa y chocolate abordando un tema tabú en Cuba: la homosexualidad.

Independiente de ese éxito, su segundo libro, Un rey en el jardín (recibió el “Premio de la Crítica Literaria” en 1983), lo colocó como uno de los escritores más prolíficos e inventivos en Latinoamérica, a partir de lo cual se publican sus cuentos en antologías cubanas y extranjeras.

Un rey en el jardín fue seleccionada por la crítica como uno de los diez mejores libros de 1983: una novela llena de metáfora, fantasía, surrealismo, inocencia, magia y poesía, elementos que permean la vida de un niño que vive inmerso en su mundo (ignorando las penurias de la pobreza), mientras a su alrededor transita la sombra de la revolución de Fidel Castro.


La comodidad de una edad en la que solo importa es divertirse, está plasmada soberbiamente por un Senel poseedor de vastos recursos literarios que hacen que el jardín familiar se convierta en un extenso reino, en donde el pequeño amo hace y deshace jugando e imaginando a mansalva, siempre guiado por la ingenuidad en la que el egoísmo, la mentira, la maldad y la inmoralidad adultas aún no forman parte del catálogo de emociones del protagonista.

Todo transcurre sin sobresaltos hasta que una inesperada mudanza al pueblo es el preámbulo a la presencia de las barbas y los fusiles revolucionarios, mismos que provocan otro traslado, a la ciudad, mientras las mujeres de la casa, la abuela Adela Elvira (curandera) y la madre Estela (trabajadora doméstica), se convierten en las voces que sustituyen el infantil hilo conductor de la novela, definiendo ambas su personalidad con la afirmación de que todo es para mejorar y permitiendo que esa imaginaria certeza siga siendo la que guíe la vida del niño-joven (quien llega sin remedio a la adolescencia), hasta orillarle a enfrentar nuevos y desconocidos enemigos, como el inclemente desarraigo y el extrañamiento por la niñez.

Un rey en el jardín es un libro rebosante de inspiración desde sus primeras páginas, tierno, nostálgico, lleno de humor y ensoñación, en el que el hilo narrador no lo lleva la revolución cubana, sino cómo se ve ésta a través de las últimas exhalaciones de la niñez.

Senel Paz, Un rey en el jardín, 247 páginas, Editorial Letras Cubanas, 1983.

1 comentario:

José Krüz dijo...

No suficiente con un rompimiento, con un primer olvido de lo que somos, y todavía ya instalados en es te mundo matraca, en algún momento de nuestras vidas se nos olvida Ser niños.

A veces me pregunto quienes son los verdaderos rebeldes; si los niños verdaderamente o un joven-adulto, un adulto, un ruco-chavo... frustrado con infulas de "rebelde sin causa" o con causa.

Tengo a mi sobrino un "mucho" temerario, aun no discute de las vicisitudes de la vida, pero no duda en osar trepar, cargar, correr, jalar, defender, lo que el quiere, lo que el gusta hacer...
Vaya Ud a saber que imagina en ese mundo que tiene por cabeza.

A veces si me harta tanto detalle, pero me envuelve y aunque leo con cierta desesperación queriendo ya pasar a otro escenario, definitivamente el esfuerzo de escribir de esta manera es digno de una mente creadora.

Hoy me siento satisfecho de poder introducirme en estos mundos de las mentes de otros, ciertamente entiendo lo que leo, lo siento y lo percibo, y hasta me transporto al lugar, a los arboles, al sol a la lluvia... ademas de sentirme identificado con muchas escenas...

Lo mas rico de esta novela, es que mientras la leía mi hijo se acerco a mi, le dije que si leía en voz alta y me dijo que si. Así lo hice y como cual infante, se quedo dormido y hasta ronco en mis brazos una vez más...

Gracias por la sugerencia.