Dos días después de aplicarse la eutanasia a la francesa Anne Bert, se publica “Le tout dernier été”, libro donde narra su experiencia con la esclerosis… Apoyado por una mañosa campaña de publicidad, el escritor español Fernando Aramburu gana el Premio Nacional de Narrativa 2017 por su novela “Patria”… El colombiano Luis Miguel Rivas presenta “Era más grande el muerto”, novela ubicada en los años 80 y 90, cuando Pablo Escobar ridiculizó al Gobierno… 23 narradores de España y América celebran el centenario de Juan Rulfo con el libro "Rulfo, cien años después"… El premio Nobel de Literatura decepciona de nuevo: gana Kazuo Ishiguro, un escritor británico de corta producción literaria…

15 de junio de 2014

Es lo malo de los libros 15



1.
Mi amiga Q me llamó por tercera vez a mi teléfono celular, en menos de dos semanas (e interrumpiendo mi lectura del libro “Perspectivas de guerra civil” de Hans Magnus Enzensberger), para pedirme lo mismo: atendiera a una amiga suya a la que al parecer su esposo la engañaba…

- sufre mucho la incertidumbre en su vida – trató de chantajearme…
- te entiendo, pero recuerda que ya te expliqué por qué no me gusta atender esos casos – me defendí…
- no has logrado convencerme con ese pretexto – se quejó haciendo alusión al anterior argumento que le había expuesto…
- te lo voy a explicar así: es peligroso para mi consultar a una mujer que duda de la fidelidad de su esposo, porque si le confirmas sus sospechas puede entrar en “shock” e ir a buscarlos y meterles unos balazos…
- eso ya me lo habías dicho – me interrumpió…
- el asunto es más grave – continué – imagínate que de pronto la policía arresta a la despechada y en el interrogatorio dice que lo hizo porque un curandero le dijo que eran amantes: para qué me meto en problemas?…
- exageras – se burló – pero te propongo esto: por lo menos habla con ella por teléfono… escúchala y dile algo, tú eres muy bueno para darle paz al alma de las personas – trató de adularme…
- entiéndeme: no tengo necesidad de atraer este tipo de problemas…
- eres un cabrón! – me gritó cortando la llamada sin despedirse…

Me reacomodé en el sillón y retomé a Enzensberger, leí: “En las luchas tribales los viejos resentimientos soterrados en la memoria colectiva. El colonizado se lanza en cuerpo y alma a los actos de venganza”, pero a los pocos segundos mi esposa abrió la puerta, regresando de su trabajo, hablando con alguien a través de su celular… cerré el libro…

Conversó un par de minutos más, ofreció consultarlo conmigo, pero sin prometer nada y cortó la llamada…

- era Emelie – se me adelantó a cualquier pregunta – me llamó llorando para pedirme que te convenciera que la consultes…
- cómo molesta la francesita – me quejé – estoy cansado de repetir que no me meto en ese tipo de casos
- deberías de atenderla – sugirió mientras se sentaba a mi lado…
- dame una razón válida para hacerlo? – la reté…
- ofrecerle certeza a sus dos hijitos de que ninguna oportunista les va a evitar que crezcan a lado de su padre – dicho lo cual se levantó y se metió a la cocina a preparar la cena…
- ya!!... dile que me llame para una cita – exclamé mientras vi de reojo “Perspectivas de guerra civil” pero sin atreverme abrirlo…
- luego de que comamos algo – avisó…

Cenamos, comentamos sobre nuestros respectivos trabajos y antes de acostarnos a dormir, tomó su teléfono y envió el mensaje… minutos después sonó mi celular, vi que era mi amiga Q, contesté pero antes de que yo pudiera decir algo gritó…
- muchas gracias… te quiero – y colgó de nuevo…

 Portada del libro

2.
Emelie era una bella parisina de 31 años que trabajaba en la embajada de Francia en mexiquito… se había casado con un mexicano 10 años mayor que ella dueño de una empresa de seguridad informática que comenzaba a expandirse en Canadá: tenían dos hijos, él de cuatro años y ella de dos… los conocíamos de lejos, pero no llegamos a formalizar amistad, pero mi esposa encontró afinidad (aunque nunca intimaron) con Adda, la hermana melliza de Emelie, quien trabajaba con el agregado cultural francés…

El día que atendí a Emelie le aclaré, antes de empezar, cuál era el motivo por el cual no era partidario de atender ese tipo de casos, sobre todo por las violentas reacciones que podrían tener las víctimas… tras escucharme me observó en silencio, sonrió y resumió en una frase lo limitada que podía llegar a ser la perspectiva sobre la gente:

- soy francesa – dijo con su claro español - los europeos canalizamos nuestro dolor de manera diferente a como lo hacen en américa…

Humildemente di por aceptada la clase de psicología social y la invité a pasar al cuarto donde trabajamos religión: le ofrecí una silla, pero antes de sentarse recorrió con la mirada, tomándose su tiempo, nuestras superas con los Orishas y demás atributos religiosos…

- me dijeron que eres Santero – reconoció - no conozco mucho de eso, pero debo aceptar que me da un poco de miedo…
- te entiendo: es una práctica religiosa muy tramposa y haces bien en no querer nada con ella, pero tengo otras opciones… dime cómo quieres que te consulte…
- con lo que se sepa toda la verdad y cuya solución sea práctica y efectiva – y agregó – para bien o para mal…
 
3.
Una hora y media después, ya para terminar, se me ocurrió hacerle un comentario…

- … pero tu esposo nunca deja de jurarte que te ama, aunque reconoce que no sabe exactamente qué es lo que le sucede…
- exacto!!! – exclamó Emelie sorprendida – aunque siempre ha negado que tenga una relación fuera de nuestro matrimonio…
- se ha vuelto distante – aseguré…
- sí, pero nunca ha incurrido en tratos de desprecio, como hacen los mexicanos cuando tienen una amante: a la esposa comienzan a verla fea, torpe y vieja… él simplemente se volvió callado, frío y en ocasiones se ve muy triste… desde hace meses no tenemos sexo, aunque tampoco ha deja de cumplir con sus obligaciones con su familia…
- empecemos: en la vida de tu esposo sí hay otra mujer…
- lo supuse – dijo mientras las lágrimas brotaban – esos cambios en su carácter no podían tener otro motivo… pero necesitaba que alguien me lo confirmara – y con gran tristeza agregó - y que hacemos para?…
- no es tan sencillo como lo estás pensando – la interrumpí levantando mi mano frente a ella para que me dejara terminar de explicarle…
- pardon – soltó su primera frase en francés, lo que dejaba claro que se acercaba peligrosamente a lo que yo no quería: una crisis emocional…
- tu esposo tiene una amante, sí, pero no porque quisiera serte infiel…
- creo que si vine contigo fue porque creí en Q cuando me dijo que tu clarividencia era muy precisa y… – Emelie trató de quejarse…
- se le llama videncia – la interrumpí para aclararle el nombre correcto del don – tu esposo está embrujado y aunque te parezca una estupidez, marca una gran diferencia al momento de definir una infidelidad…

4.
- así que le dieron a beber varias porquerías y le hicieron lo que tu llamas un “amarre amoroso con brujería negra”? – comentó sin poder salir de su asombro…
- así es: por eso no quiero ser tan tajante al acusar a tu esposo de ser un vulgar infiel – y procedí a explicarle en qué consiste un amarre
- y quién se lo hizo? – me interrogó pasando se la sorpresa al enojo…
- quieres saber el nombre de la responsable o liberamos a tu esposo para que tu vida familiar vuelva a la normalidad? – la reté a sabiendas de los riesgos a los que me exponía si ella optaba por la primera opción, sin embargo, también aposté por la jactancia de su europeísmo
- regrésame a mi marido – pidió – por favor…

 Paris

- hay dos maneras de hacerlo, aunque yo preferiría la segunda… con la salvedad de que podríamos tener un problema – reconocí…
- cuál? – cuestionó la francesa asustada...
- implica que tu esposo venga por su voluntad conmigo y de ello tendrías que convencerlo tú – advertí – de lo contario con la primera opción hay el riesgo de que lo embrujen de nuevo…
- no sé si pueda – dudó…


5.
Tres días después por la tarde mi celular sonó, pero descubrí que el número no estaba en mis contactos, más algo me dijo que contestara…

- buenos días – escuché la voz de un hombre – mi nombre es Rodolfo Vera… soy el esposo de Emelie…
- en qué puedo servirte – ofrecí…
- ella dijo que sería conveniente que tuviera una plática contigo…
- cuándo quieres que nos veamos? – le pregunté…
- en este momento – dijo resuelto…
- lo siento – aclaré – pero ahorita estoy en mi oficina… si te parece nos vemos a las siete de la noche en mi casa…
- te veo ahí – aceptó – ya tengo la dirección… muchas gracias…
 
6.
Un hombre delgado, pálido y ojeroso llegó puntual y no hubo necesidad de andarse con rodeos, pues él mismo expuso su caso…

- Q y Emelie han hablado mucho de ti… por ello creo que eres la persona adecuada para ayudarme…
- dime – comenté para invitarlo hablar…
- algo pasa a mí alrededor: no sé qué me sucede, pero desde hace meses no soy el mismo… sobre todo con mi esposa…

Después de una hora le entregué la lista del material que se usaría para desbaratar el amarre y confeccionarle una protección: quedamos de vernos el sábado por la tarde para hacer las obras, sin embargo, ese día Emelie llamó por teléfono para decir que por extrañas circunstancias no habían conseguido los materiales…

- no te preocupes – la tranquilicé – es parte de lo mismo: la amante y su bruja ya sabe lo que haremos y por eso les está trancando todo…
- qué procede? – me interrogó…
- yo me encargo de hacer algo para que ustedes puedan llegar, mientras tú marcas al teléfono que te voy a dar: a la persona que conteste le dices que hablas de mi parte y que necesito con urgencia me traiga para mañana a las diez la lista del material que te di…

7.
Emelie, Rodolfo y el repartidor con el material llegaron al mismo tiempo en que yo trataba de avanzar con el libro “Perspectivas de guerra civil”… así que no me quedó de otra más que empezar a preparar las obras: un rompimiento en el que se usarían varios pliegos de papel de varios tonos, un baño de hierbas, otros materiales, un brebaje que él debía tomar y mi arma preferida para casos como este: “un velón de color de las 9 mechas”…

Lo que iba a durar dos horas se prolongó tres más: incluyó un par de incidentes que no pasaron a mayores (pero nos quitaron tiempo) y se agregó una limpia de emociones para Emelie: cuando terminamos en el semblante de Rodolfo habían desaparecido la palidez y las ojeras, manifestaba gran serenidad y mi esposa y yo estábamos exhaustos… entregué la protección y dimos todo por concluido… antes de que se marcharan le advertí:

- cualquier suceso extraño o pensamiento relacionado con poner orden en tu vida, hazlo sin dudarlo – pareció no comprender a que me refería, así que tuve que pedirle que me tuviera confianza y que hiciera caso a las señales que su Dios preferido le mandaría…

 Hans Magnus Enzesberger

Se despidieron y salieron de mi casa, más cuando me disponía a cerrar la puerta Emelie se regresó y abrazándonos a mi esposa y a mí al mismo tiempo, nos dijo con efusividad: merci beaucoup, mes amis
 
8.
Al día siguiente me encontraba sentado en un sillón mientras releía por la frase: “No todos estamos poseídos de locura homicida”, que son las palabras con las que Hans Magnus Enzensberger comienza el último capítulo de su libro, cuando Emelie me llamó a mi celular por la noche…
 
- Rodolfo despidió el día de hoy a su secretaria – informó – en cuánto llegó a su oficina ella le ofreció un café y al escuchar esas palabras unas terribles náuseas le obligaron entrar a su privado a vomitar algo de color negro, al regresar se había transformado en una mujer horrible, así que en ese momento supo cómo lo había embrujado: con el café que le servía todas las mañanas…
- recuerdas que le advertí sobre hacer caso a las señales?
- claro – continuó – así que dejó pasar el día hasta que antes de la comida llamó al Jefe de recursos humanos para tenerlo como testigo y aprovechó el retraso en una documentación que le había pedido a su secretaria para avisarle que ese asunto era importante y que esa falla le traería graves consecuencias a la empresa… y dado que no podía cumplir con su trabajo, lo adecuado era que pasara a recoger su liquidación al Área de personal…
- vaya – atiné a decir…
- no sé para que la liquidó!! – se quejó…
- para evitarse problemas legales que le lleven verla de nuevo - aclaré…
- y qué haremos con esa mujerzuela? – me cuestionó Emelie…
- nada – expliqué – ve a la iglesia a donde acostumbres ir con tu familia, escucha misa, comulguen los dos y búscate una imagen de San Jorge, cuéntale con objetividad lo que sucedió, da el nombre de la fulana y pídele que haga con ella lo que para ellos sea justo
- gracias – dijo la francesa y tras dudar agregó – no quiero que pienses que abuso de la flexibilidad que tuviste conmigo, pero podrías consultar a mi hermana Adda?
- es casada? tiene hijos? – comencé a buscar pretextos…
- no: el novio con el que se iba a casar la dejó para irse con su mejor amiga…
- aaay Santísima Virgen de los apachurrados – protesté…
- quién es esa Virgen? – me interrogó - en qué iglesia está? a ella tiene que ir a rezarle para que regrese su novio? se lo robaron con brujería?

No pude evitar que se me escapara una carcajada por su ingenuidad ante mi queja…

1 comentario:

Brujindustrial dijo...

Esa ultima parte estubo graciosa, aunque limpias emocionales no la conocia! Conosco algunas personas que les falta una , un saludo ,un abrazo a ti y atu esposa att Paulo