11 de abril de 2018

Eggun tiene permiso


1.
P tuvo un infarto y tardó dos horas en recibir la atención adecuada. Los médicos advertían que el ataque había sido mortal y que el tiempo en que tardaron en encontrarlo, tirado sobre el frío mosaico de la cocina de su casa, había sido determinante para que sólo quedara esperar el final de su agitada existencia.

2.
P nació del breve encuentro de un par de jipis en los agitados 60s: W era un yanki que vino a méxico a buscar a María Sabina, mientras la hermosa V pregonaba el sexo libre y sin ataduras amorosas.

W no llegó a Oaxaca: paró en Tepoztlan para ir a una fiesta y ahí conoció a V (cuya participación en reuniones que incluyeran sustancias psicodélicas, música y tragos gratis era ya una leyenda). La invitación a W se la hizo el músico Federico Arana y se celebró en la casa de la escritora Margarita Dalton, amiga íntima de V.

Apenas cruzaron miradas se desató la pasión, no se separaron el resto de la velada y terminaron pasando juntos una semana hasta que los negocios de la familia de W lo requirieron en Estados Unidos, se olvidó de Oaxaca, ignoró los ruegos de V y se largó. Tres semanas después ella se supo embarazada y sin que sus fervientes admiradores lo entendieran se alejó de la vida disoluta, avisó a W que iba a ser padre (pero que no quería su ayuda) y enfrentó sola su maternidad.

3.
P creció con resabios jipis, en el bachiller descubrió que lo suyo era el teatro, dejó los estudios y anduvo cortejando a la productora y actriz Julissa (pese a la diferencia de edades), más tuvo que olvidarse de conquistarla (y de la actuación), cuando Benny Ibarra amenazó con desaparecerlo si no se alejaba de su mujer.

Abatido por su fracaso amoroso se fue a Boston a buscar a su padre, quien lo recibió con los brazos abiertos, más lejos de encontrarse con un jipi se topó con un millonario, sonriente y amable, que le ofreció dinero para poner el negocio de sus sueños, mas lo rechazó aclarándole que estaba ahí sólo para echarle en cara que su ausencia lo había hecho el hijo más infeliz de todo el planeta.

P regresó a méxico y consiguió trabajo en el gobierno. Padeció en la soledad la muerte de su madre y heredó su departamento, conoció a F, obtuvo un crédito hipotecario, compró una casa y a los seis meses se casaron. Cuando descubrieron que ella era infértil adoptaron dos niñas (M y U), a quienes él mimó y apoyó hasta que terminaron sus carreras en universidades públicas.

4.
Una mañana, tras 10 días, P salió del coma: abrió los ojos y se vio en la habitación del hospital, sin compañía, hasta que un médico se acercó para explicarle que había tenido un infarto y estaba grave.

Por la tarde llegó F, recibió el informe de las pocas expectativas de mejoría, hizo una llamada telefónica y entró a ver a su esposo. A la media hora apareció Z (el mejor amigo de P), lo saludó, se paró a lado de ella, la tomó de la mano, cruzaron miradas y la mujer habló:

- Z y yo estamos enamorados y no tienes probabilidad de aliviarte, así que venimos a pedir “tu visto bueno” a lo nuestro para que cierres ciclos antes de morir y puedas irte sin dejar pendientes.

Ni que decir que los médicos estaban alarmados por el estado de salud de P tras ponerse de pie, plantarse frente a la pareja, escupir al rostro de F y abofetear a Z.

Pese a los pesimistas pronósticos P se recuperó, salió del hospital y se fue a vivir a casa de su madre, donde lo primero que hizo al llegar fue llamar por teléfono a sus hijas para contarles la canallada de F y Z y preguntar por qué nunca las vio en el hospital: M no se molestó en contestarle y U se limitó a decirle que ojalá se hubiera muerto.

5.
P completó su rehabilitación, volvió a su trabajo en el gobierno y siguió pagando la hipoteca donde vivían su esposa e hijas. Con el tiempo se enteró que al siguiente día de haberse presentado al hospital, Z entró a la que era su casa para vivir oficialmente con F. Pese a todo, él liquidó la deuda y puso la propiedad a nombre de ella.

Nunca recuperó del todo su salud, pero obtuvo ascensos y se divorció, mas su carácter se agrió y pese a las sugerencias médicas no se cuidaba, rehízo su vida a lado de una mujer (policía, viuda y con un hijo), y pese a ser un gruñón por sus achaques ella se enamoró, el niño lo veía como un padre y ambos estuvieron a su lado, viviendo en la casa que heredó de su madre hasta que murió tras un (ahora sí) letal infarto.

6.
A las pocas semanas de su muerte comenzaron a espantar en la casa de F, razón por la cual llegó a mi domicilio pidiendo ayuda: aquella tarde de sábado iba acompañada de M, U y Z (con P detrás de ellos, quien para ser un desencarnado se veía demasiado tranquilo).

Mientras F contaba su versión de la relación con P, él negaba todo con la cabeza, de ahí que en cuanto terminó, pasó a mi lado (rumbo al cuarto de religión), al tiempo que F afirmaba que era el fantasma de su exesposo quien los molestaba: pedí a la familia esperara y lo seguí.

Ya a solas me contó lo narrado párrafos arriba (y que confirmé con videncia), explicó su enojo y si bien lo justifiqué, no entendí por qué solapó dejarles su casa (tampoco me interesó saberlo), y además “vi” que el primer infarto fue resultado de brujería contratada por F y el segundo también por ella y por Z. Le pregunté que si le había dejado la casa y dado el divorcio, por qué querrían matarlo?, a lo que P dijo seguro de vida y levantó los hombros.

- P fue mala persona? – cuestioné a F apenas y regresé a mi sillón.
- no… – dijo, miró a Z y luego a sus hijas - era un buen hombre.
- fue un excelente padre – secundó M con lágrimas en los ojos.
- pero ese era su problema – agregó F – ser demasiado bueno…
- en exceso – agregó Z sin que viniera al caso y siendo el menos indicado para decir algo – ello lo hacía aburrido… – P se paró detrás, le sopló en la oreja, él se rascó el oído y contuve una carcajada.
- sí, el fantasma de P es el que “los asusta” – señalé – pero con mucha pena debo decirles que no puedo ayudarlos.
- por qué? – protestó F – me dijeron que usted es bueno para alejarlos.
- sí – interrumpió Z – le vamos a pagar – y supuse que el seguro de vida que dejó P había sido cuantioso.
- no es el dinero – los paré – sino mi salud: su caso es delicado, pero mi fortaleza física está mermada en estos momentos y casos así me desgastan bastante.
- y entonces? – inquirió Z.
- busquen a otra persona – señalé – no puedo sugerirles a alguien pues no confío en mis colegas… o si gustan esperar a que me sienta mejor…
- cuánto puede tardar eso? – preguntó F.
- unos seis meses…
- tanto! – se quejó F.
- lo esperaremos: ese cabrón no conseguirá asustarnos, ni separarnos ni hacernos perder nuestro patrimonio – advirtió un cínico Z.
- bien, seguimos en contacto – avisé poniéndome de pie.
- algún amuleto para protegernos mientras tanto? – preguntó F.
- recen mucho por su alma – respondí ambiguamente.

Rechacé el pago por la consulta. Una vez que se fueron hice una leve reverencia y le dije a P: “adelante, son tuyos… nos vemos en seis meses” – asintió y salió tras ellos.

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