Mostrando entradas con la etiqueta brujería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta brujería. Mostrar todas las entradas

12 de septiembre de 2026

8.1 grados, trepidatorio


Es la segunda vez que interrumpo la seriación de un texto, pero, telegrama urgente.
 
8.1 grados, EL TERREMOTO, con un movimiento trepidatorio terrible, habrá destrucción y muerte, pero servirá para romper con el apendejamiento que, el 1 de diciembre de 2018, en una ceremonia ante Chamanes que representaron a la mayoría de las etnias indígenas del país, impuso esa falacia izquierdosa llamada MORENA, al tomar el máximo poder político mexicano.
 
Será doloroso, pero también la única forma de romper con esa oscuridad que ha sido exacerbada por la gerente de este antro llamado “mexiquito”. La tragedia será la única manera con la que el pueblo sabio despertará de la gran mentira.
 
Al tiempo.



29 de abril de 2026

En la cama con el diablo (última parte)

 


8.
—Esto sucedió dos años atrás; sin embargo, hace seis meses sufrió un bloqueo intestinal. La hospitalicé, le detectaron un tumor y murió, antes de que pudieran operarla, a consecuencia de una septicemia que le provocó un infarto.
—¡Felicidades! Eres millonaria — me burlé.
—No tanto, sí había dinero, alhajas y esas cosas, pero tampoco da para ir a desayunar a París unas crepas y regresar el mismo día.
—¿Qué quieres de mí?
—Darle luz a espíritu su espíritu. Más allá de si fue buena o mala persona, ella me llevo en su vientre durante nueve meses y…
—Yo no doy luz, eso lo hace otra persona. Yo solo lucifico desencarnados chocarreros cuando se creen dueños de una casa.
—Suena a que es lo mismo.
—Casi, pero no — dije con vaguedad mientras pedía otro café.
 
9.
Sofía me observó esperando detalles, pero no pensaba dárselos.
 
—¿Podrías decirme en dónde se encuentra en este momento? — pidió.
 
Cerré los ojos para usar mi videncia. Tardé un par de minutos en “localizarla” y lo que vi me desconcertó.
 
—Muéstrame una foto suya. Una que traigas en tu teléfono — pedí.
—Ésta es una de las más recientes — dijo tras buscar un rato. Colocó su celular frente a mí, miré la imagen (parecía que la habían tomado a escondidas) y solté una carcajada.
 
Regresé el aparato empujándolo lentamente hacia ella con el dedo índice, miró la foto y levantó la vista para verme. Le di unos segundos para que diera alguna explicación, pero permaneció en silencio.
 
—Acabas de cometer un gran error — avisé — paga la cuenta, que es lo que la gente decente debe hacer cuando me busca para que les consulte...
—¿Qué sucede? — se fingió contrariada tras mirar la foto de nuevo.
—… y dile a Jade que la próxima vez que quiera que atienda a una de sus recomendadas, solo será a gente honesta.
 
Me levanté y comencé a bajar las escaleras rumbo a la salida mientras Sofía me pedía a gritos volviera a la mesa. Una vez fuera hice la parada al primer taxi que se cruzó en mi camino y le indiqué el destino.
 
En el trayecto Sofía marcó tres veces a mi celular, mas no contesté. Luego envió una imagen, la vi y un escalofrío recorrió mi espalda. A los pocos segundos envió un whats, pero tampoco le respondí.
 
10.
Llegué a mi casa al mismo tiempo que mi esposa volvía de su trabajo.
 
—¿Cómo te fue? — preguntó al ver que no tenía el buen humor con el que acostumbro volver de una consulta espiritual.
—Los terrícolas no tienen remedio — dije y le di los detalles.
—No termino de entender — aceptó.
—Me enseñó una foto que no era de su madre.
—Quizá se equivocó.
—No, por eso le regresé el teléfono de manera que viera la imagen, pero además de verla, se quedó esperando que yo dijera algo.
—¿Para qué le pediste la fotografía?
—Quería confirmar que la mujer que vi era efectivamente su madre.
—Tú no necesitas fotos, con tu videncia lo ves todo.
—No cuando hay demonios de por medio.
—¡¿Cómo?! — exclamó.
—Tú sabes que en el Mercado de Sonora puedes comprar todo, y me refiero a cualquier cosa.
—Creo entender a qué te refieres…
—Los rituales que hizo la madre de Sofía incluyeron pactar con un Demonio, además de que siendo bruja… ya te imaginarás lo que ofreció.
—No lo digas… ya conozco los antojos de los oscuritos.
—El problema es que ofreció repetir el ritual y la ofrenda tres meses después, para agradecer por la salud recuperada. Pero no lo hizo. Y tú sabes que a ellos debes cumplirles lo que prometes.
—Lo sé — coincidió conmigo — por eso querías ver una foto de su madre, para confirmar todo.
—Sí, me costó trabajo, tuve que forzar la videncia, pero “algo” me dijo que debía poner a prueba a Sofía. Y con ello confirmé que parte de la historia que me contó tenía varias mentiras.
—¿Cómo cuáles?
—Desde niña sabía que su madre era bruja… la vieja no habló por teléfono con el Santero, Sofía fue la encargada de enlistar el material que se usaría en el ritual, además de que ese viernes no salió de la casa: fue testigo de todas las obras que hicieron el Santero y su sobrino. Incluso les ayudó. Además, la propia Sofía y una de sus hermanas estaban confabuladas para hacerle brujería a su tercera hermana, con tal de quedarse con la herencia de la madre.
—¡Dios mío! — exclamó — pero, cuenta: ¿dónde estaba la madre de Sofía cuando usaste tu videncia?
—La vi acostada en una cama: era una mujer de edad avanzada, pero físicamente parecía una momia. Imagínate un cadáver cuando se ha secado, pero sin pudrirse. Estaba tendida de lado, como si durmiera, abrazada por atrás por un joven de unos 28 o 30 años, guapo y sonriendo. —¡El demonio del pacto!
—Anjá…
—La mujer le ofreció su alma para recuperar su salud y al no pagar el segundo sacrificio, él se lo cobró con una terrible enfermedad.
—Fue repugnante verlos.
 
11.
—¿Y de quién era la foto de la mujer con la que Sofía te quiso engañar?
—¿Recuerdas las palabras que usó al mostrármela?
—Sí… quería saber en dónde se encontraba en ese momento.
—La foto es, en realidad, de una abuela, también bruja, que está buscando a su nieto. Se lo robaron de un hospital con apenas unas horas de nacido.
—¡Dios mío! Ese bebé… ¡el santero!
—Sí. Quería saber dónde vive la abuela que trata de encontrar a su nieto.
—Creo que tus consultas espirituales son cada vez más turbias.
—Estoy pensando seriamente en dejar de hacerlas en cafeterías y limitarme a responder solicitudes bobas exclusivamente por mail.
—Desde un principio estuve de acuerdo contigo en no meter a nadie en la casa para que les consultaras, mucho menos para hacerles obras espirituales; pero ahora veo que reunirte en cafeterías es igual de peligroso.
—Sí, pero recuerda que el mundo espiritual no me dejó jubilarme. Me tiene agarrado de los güevos, así que debo trabajar, aunque sea un par de veces al mes, para que no me molesten.
—Así que, llegados a este punto, deberías considerar mi sugerencia de rentar un local para que ahí puedas atender a tus pacientes.
—Eso sería informar a sus enemigos en dónde pueden localizar a quien les está ayudando, y vendrían a tirarme mierda, como cuando atendíamos ahijados en la casa y hasta trabajos de vudú vinieron a dejarnos en la entrada.
—Consúltalo con el Tata Calev — propuso.
 
Me quedé en silencio, reflexionando, hasta que sonó el timbre de mi celular. Vi el identificador y era Sofía. Rechacé la llamada, entré a WhatsApp y busqué el contacto de nuestro amigo para escribirle, sin embargo, curiosamente, descubrí que me había bloqueado.


18 de abril de 2026

En la cama con el diablo (1)


1.
—Lo reconozco, mi madre en vida fue una mala persona…
—Parafraseando al filósofo David Thoreau: “La maldad es la única inversión que nunca falla”.
—… pero fue mi mamá — ignoró mi comentario — me trajo al mundo y…
—Somos resultado de una cogida entre nuestros padres, a saber si fue buena o mala — la interrumpí — pero fue el pretexto para que naciéramos y depuremos karmas de los que no tenemos certeza de su origen.
 
Sofía me miró con dureza.
 
—Seamos claros antes de continuar: me pediste una consulta y la estoy haciendo, pero si no te gusta lo que diré, es mejor terminarla en este momento — advertí.
 
2.
Son extraños los caminos que me llevan a realizar consultas espirituales, ya sea que me lo pide la hermana de mi madre para su nieto, un amigo de la mejor amiga de mi amigo X, la prima de una lectora que afirma ha leído todas las entradas de mi blog, la compañera de trabajo que es prima del dueño de la recaudería de la esquina, el jefe de la jefa de la jefecita de mi sobrina. Hay personas de las que la recomendación se pierde entre la neblina espiritual.
 
En el caso de Sofía no sabía de su existencia hasta, que tras una tertulia literaria para promocionar mi libro “Muertero”, Jade, la organizadora, me la presentó y apenas estrechábamos las manos mi amiga agregó el fatídico “él te va a ayudar”.
 
Levanté los hombros mientras les explicaba que esa noche pensaba irme de copas con los amigos y amigas que llegaron al evento, más a Jade no le interesó mi plan, soltó un “los dejo solos para que platiquen” y se largó con el pretexto de “no sé qué”.
 
—Mi esposa está esperándome — me adelanté antes de que ella dijera algo — ¿quieres unírtenos? — mantuve la iniciativa.
—No bebo alcohol — avisó con algo cercano a la petulancia.
—Tú te lo pierdes — dije y me encaminé hacia el bar.
—Le pediré a Jade tu número telefónico — dijo pasando a mi lado, con prisa, rumbo a la salida. Llevaba un ejemplar de mi libro en la mano.
 
3.
—Empecemos de nuevo — propuso fingiendo humildad — mi madre en vida fue una persona mala. Defraudó, mintió, robó, maltrató, manipuló y chantajeó a todo aquel que se cruzara en su camino: mujeres, niños y ancianos; a los hombres los trataba de otra manera: se limitaba a sacarles todo el dinero que tuvieran a través de sexo — esto último lo dijo con cierto pudor — no sé si llegó al asesinato, pero viendo en perspectiva su grado de crueldad no lo dudaría.
—Vaya…
—Siempre se salió con la suya. Mi pobre papá fue su juguete, pero nunca se atrevió a criticarla, menos a abandonarla, pese a que ella no se esforzaba demasiado por disimular sus infidelidades.
—¿Te has cuestionado si lo tenía embrujado?
—No lo había pensado.
 
Sofía hizo una pausa que no venía al caso, sacó de su bolso su ejemplar de mi libro “Muertero” y lo agitó en el aire.
 
—Es para que me escribas una dedicatoria — avisó — la vez pasada que nos vimos no nos dio tiempo de conversar mucho — justificó, pero lejos de entregármelo o colocarlo encima de la mesa, lo dejó sobre su bolso.
—¿A ti te trataba mal? — seguí con el tema para dejarle claro que su intento de alimentar mi vanidad no había funcionado.
—No mucho, pero siempre nos hacía pelear entre las hermanas.
—…
 
4.
—Se hizo vieja, pero su malignidad no disminuyó. Cuando le dio un infarto y cayó en cama me confesó que era bruja, que sus trabajos eran infalibles, que iba a realizar unos rituales para recuperar su salud, pero necesitaría ayuda. Mi padre ya había muerto y mis dos hermanas habían marcado distancia con el pretexto de atender a sus familias. Yo nunca me casé, así que vivía con ella.
—¿Nunca te diste cuenta que hacía maleficios?
—No, por extraño que parezca en casa nada lo insinuaba, eso lo descubrí después, cuando murió: un día me hablaron por teléfono para cobrar la renta de un pequeño departamento donde hacía sus cosas.
—¿Cómo supiste que ahí practicaba las artes oscuras?
—Por lo que encontré…
 
5.
—Tenía el baño, cocina y una gran habitación para que la sala y la recámara se hicieran un solo cuarto. Estaba poco iluminada, aunque en los rincones había veladoras color negro sin terminarse. Una de vela de tono café, sobre una mesa de madera, estaba a medio consumir sobre residuos endurecidos de cera de otras velas.
—Conozco ese tipo de escondites, donde parece que el tiempo allí se midiera en rituales y no en días.
—En el centro había un círculo dibujado con sal y en medio restos de hierbas secas mezcladas con pétalos marchitos y ceniza. El aire olía a encerrado mezclado con inciensos. Sobre una repisa había frascos de vidrio etiquetados a mano; algunos con líquidos turbios, raíces retorcidas, semillas negras, polvos, ramilletes de plantas atados con listones rojos secándose boca abajo y en el piso un cuenco de barro con agua oscura donde flotaban bocabajo trozos de una fotografía.
—…
—La ventana estaba cubierta por cortinas gruesas que apenas dejaban pasar la luz. Había un libro grueso abierto sobre la mesa y sus páginas estaban llenas de anotaciones, diagramas y palabras subrayadas con tinta roja. A su lado, un mazo de cartas de tarot gastadas y una pequeña figura tallada en madera.
—…
—Todo lo tiré — terminó.
—Vaya — contuve la risa ante su descripción a lo Harry Potter.
 
6.
—Volviendo al tema. No me quería implicar, sin embargo, me convenció tras prometer que yo sería la única heredera de todo lo que tenía.
—¿Así que le vendiste tu alma al diablo? — me burlé mientras llamaba la atención de una mesera.
 
Ella pidió un refresco de cola y crepas parisinas, yo café y una rebanada de pastel de chocolate amargo.
 
—Hizo peticiones extrañas, pero todo se lo conseguí, incluyendo contactar a un Santero que tiene un local en el Mercado de Sonora: fui a buscarlo, los enlacé través de mi teléfono celular, le pidió algo especial y él se comprometió a llevarle todo el viernes de esa misma semana. Y de paso aceptó llevar a su sobrino, “tal como usted me lo pide, doña” — dijo.
—Vaya…
—El jueves por la noche ella me solicitó que saliera de la casa el viernes desde temprano, para que “no me implicara”, avisando que me llamaría cuando hubieran terminado sus rituales.
—¿Nunca supiste qué encargo le llevaría el Santero?
—No — dijo Sofía desconcertada.
—Quizá fue lo mejor que sucederá en tu vida — mentí.
 
7.
La había citado en la “Cafebrería El Péndulo”, en la colonia Roma, sobre la avenida Álvaro Obregón, para alejarme de la pulgosa perrera en que se ha convertido el “Village Café”.
 
—El viernes salí temprano, como lo solicitó. Fui al salón de belleza para arreglarme el cabello y las uñas, luego comí con una amiga, después me metí a una librería, no porque me guste leer, nomás a tontear. Estuve a punto de comprar uno, pero mi madre llamó avisando que ya podía volver. Al entrar a la casa, para mi sorpresa, ella estaba en la cocina preparando la merienda. No noté nada fuera de lo normal: ningún olor extraño, el piso estaba limpio y ni rastro de los materiales u objetos raros. Todavía entré al baño para fisgonear y no vi nada anormal.
—Así que las brujerías funcionaron — comenté cuando la mesera volvió.
—Sí, no solo se había recuperado del infarto, sino que, aunque suene extraño, se veía más joven.
—Eso es normal, rejuvenecer… ocurre con ciertos maleficios — me burlé de nuevo.
 

7 de febrero de 2026

Tierra de cementerio

 


                                                                                    para rocío y julio, ase-ò

1.
La tierra, el segundo elemento que se creó en nuestro planeta, sigue ocupando uno de los principales al momento de hacer obras espirituales o trabajar brujería (se llama geoterapia), a consecuencia de las características energéticas que posee.


Por ejemplo, la tierra recogida en las vías del ferrocarril se usa para agilizar cambios, destrabar situaciones o conseguir que alguien se aleje; la de las afueras de un hospital sirve para la sanación física, estabilizar y descansar; arena de playa se emplea para la fertilidad, intuición, entender sueños, estabilidad emocional y conexión con los antepasados; la de afuera de una comisaría permite contener, poner límites, evitar la captura de la policía o domar a un enemigo y la recolectada en los muros de una cárcel es para reducir enemigos o para aplacar conductas obsesivas.
 
La tierra del exterior de un banco es para tener dinero, saldar deudas y lograr prosperidad; de una Iglesia es para limpiar, curar enfermedades espirituales, purificar, proteger y reparar relaciones; recolectada de un sitio por donde transite seguido una persona sirve para dominarle, incidir sobre decisiones, conseguir cercamientos o hacer que te tenga en el pensamiento; recogida de un juzgado es para concluir asuntos legales, pleitos personales, juicios, disputas y obtener soluciones a favor.
 
Una tierra especial es la que se consigue de la casa de un enemigo, básica para brujerías y maldiciones al convertirse en un objeto físico de un rival, sin embargo, debe usarse con precaución ya que afectará a todos los que ahí viven, a menos que el brujo sepa especificar el destinatario. Sin embargo, hay una tierra que contiene todas las virtudes de las anteriores y es la que se obtiene de un panteón.
 
2.
Más allá de representar lo misterioso y lo oculto de la vida, por ser un lugar de densa paz, tratarse de un depositario de los cuerpos de seres queridos y enemigos o un lugar para encuentros sobrenaturales, los cementerios encierran numerosos secretos que, si se conocen, se les puede sacar provecho para sellar promesas, hacer brujerías y negociar con desencarnados, pero también para dar salud, evitar injusticias, salvar vidas o para usar sus portales dimensionales*.
 
La herramienta más importante que proporciona un panteón es la tierra (es incorrecto pensar que son los huesos de los difuntos), sin embargo, estos sitios frecen más utensilios que las flores depositadas en una tumba, agua de un florero o de un pozo, ropa, joyas, juguetes e incluso prótesis o piezas dentales, para trabajar espiritualmente, aunque hay que saber usarlos.
 
Volviendo al tema de la tierra, quizá sea el elemento más famoso en la cultura popular, mas no se trata de coger un puño (como si fuera sal para un guiso) e incorporarlo a una obra, pues:
 
· No es lo mismo la tierra de un cementerio no consagrado que uno civil, privado, religioso o militar,
· No es lo mismo la tierra de la entrada del camposanto que la de su avenida principal, una esquina o un cruce,
· No es lo mismo la tierra del sepulcro de un bebé, un adulto o un anciano, que de un hombre o de una mujer, de una persona honorable que de un delincuente,
· No es lo mismo la tierra de una tumba reciente, bien cuidada o abandonada o la que está al ras de la tierra, en nicho, catacumba, mausoleo o fosa común,
· No es lo mismo la tierra que se encuentra cerca de los muros por dentro contra los que están por fuera,
· No es lo mismo la tierra de la sepultura de un ser querido a la de un enemigo,
· No es lo mismo la tierra de los árboles vivos a de los que están secos.
 
La tierra de cada uno de esos lugares tiene un propósito particular, por ejemplo, la que se recoge en los muros del panteón se usa para marcar límites, alejar a una persona o evitar que sea entrometida; mientras que la de un cruce se utiliza para separaciones, alejamientos o hacer que una persona pierda el rumbo de su vida.
 
3.
No obstante, es importante tener en cuenta que no se puede recolectar tierra u objetos de manera arbitraria, pues antes de todo se tiene que hacer ofrendas al guardián del cementerio, al propietario de la tumba de donde se recogerán, al dueño del pozo, etc., para tomarlos.
 
Ya sea de día o de noche se debe llevar una olla de barro para recolectarla (nunca en bolsas de plástico), mas para quien se dedique a la brujería y entre en la madrugada, deberá permanecer varios minutos de pie frente a la tumba que llame la atención y evaluar cómo es la atmósfera alrededor: si le genera incomodidad, paz o si hay presencias y sonidos poco comunes, serán señales a interpretar sobre si se debe tomar o no.
 
Si no desean meterse en dificultades, pueden comprar en internet tierra de cementerios tenebrosos como Père-Lachaise (París), Metairie (Nueva Orleans), Friburgo (Alemania) o Cementerio Central de Bogotá (Colombia). Y si buscan darse un lujo (porque el hechizo lo amerite), pueden adquirir tierra del Osario de Sedlec (República Checa).
 
Otra opción, sin tantos inconvenientes, es cogerla de un antepasado inmediato (padre o madre): para ello se recomienda ir en una ocasión importante para el difunto(a), como su cumpleaños o algún aniversario; si se desea obtenerla de los abuelos debe ser el primer domingo después de Pascua, aunque ello requiere ciertos rituales.
 
4.
Una vez que se obtiene la tierra ¿qué se hace con ella?, lo que se pretenda, pero no se debe olvidar que para cualquier trabajo el uso de la mano izquierda o derecha es obligatorio (según el caso) y deberá cubrirse la cabeza con un palo o gorra blancos. 


Además, tomen en cuenta que no hay buen trabajo de sanación, por ejemplo, si no se reza la tierra con oraciones a Santa Rita de Casia, San Gregorio y San Antonio de Padua, así como plegarias para hacer brujería negra a Santa Lucia, al Perro Negro o Santa Margarita.
 
Si realizan un trabajo negro con tierra de panteón o cualquier objeto que hayan sacado de ahí, establezcan los años que desean que perjudique a la persona, pero nunca en números pares. Si desean fastidiar de por vida, también deben definirlo. Por el contrario, si realizan un trabajo de sanación, el beneficiado deberá ir cada siete años al sitio de donde tomaron la tierra y dejar una ofrenda.
 
Una vez terminado el trabajo, el brujo deberá darse un baño con sal de mar, salvia (seca o fresca) y ciprés o cedro (aceite esencial, ramas o virutas de la madera), para quitar la energía negativa del muerto y borrar cualquier pista que pudiera identificarlo.
 
En México, sobre todo en sus grandes ciudades, ya es complicado entrar a un camposanto si no se encuentra ahí sepultado un familiar, pero si van a intentarlo no lleguen con mochilas ni bolsas que llamen la atención de los vigilantes. Si desean algo más discreto, avisen que van a realizar un trámite, entren en las oficinas, pierdan el tiempo y luego intérnense entre las tumbas. También pueden esperar a que ingrese un cortejo y simular que forman parte de los dolientes.
 
En un caso extremo, pregúntenle a sus abuelas (si su origen es rural, que son quienes conocen de estos temas), si conoce la antigua tradición de visitar cuatro cementerios durante un año para honrar a los antepasados. Y si solía practicarla entonces les podrá aclarar cualquier duda sobre cómo hacerlo y en cual número de visita coger la tierra.
 
Compartiré un secreto: si no desean coger la tierra de una tumba o no pueden encontrar una que les atraiga, busquen el árbol más grande y viejo del cementerio o el que se encuentre más al este (no debe estar seco), atiéndanlo como si fuera un enterramiento, o sea entréguenle una ofrenda, pídanle permiso y recolecten la tierra que necesiten. Los àrboles son el refugio preferido de los desencarnados que no reciben visitas en los cementerios.
 
5.
Recuerden que usar cualquier elemento tomado de un camposanto es trabajar con muerto, y si no se sabe los límites que se les debe imponer, las consecuencias impactarán sobre todo en su salud, por ello es poco común que los brujos sean longevos.
 
Si deciden hacer una brujería contra cualquier persona, aunque crean que se lo merece, consideren que todo lo que deseen se les regresará 7 veces por 7, pero si es un trabajo fuerte será de 70 veces por 70 y con este número están condenando a sus siguientes 7 generaciones a que también lo paguen, de ahí mi eterna advertencia: Nunca escupan al cielo.

 

* los portales dimensionales en los cementerios deben tomarse con seriedad, ya que si bien en espacios controlados sirven para trasladarse a longitudes espacio-tiempo ajenas al nuestro, cuando se localizan en panteones a través de ellos entran objetos, espíritus inmundos, negatividad y destrucción, demonios, entidades y demás energías oscuras.

** liminal, proviene del latín y se refiere a un estado o lugar de transición, un umbral entre dos fases, situaciones o realidades, en este caso “la vida” y “la muerte”.


27 de marzo de 2024

La Bruja (parte 2)

 


para Clara Gillman: felicidades
también por La casa de 
Rovodorovsky teatro


6.
A Sur la conocimos…
 
Era una noche bochornosa pese a que no había llovido. Salimos de la casa de mi padrino donde habíamos hecho varias obras para minimizar un problema que mi esposa tenía en su trabajo. Se había ofrecido menga a Eleggua y Oggun, junto con otras machacas, razón por la que debíamos dejar los restos del ebboe en la esquina de una calle oscura.
 
La zona colindaba con la Facultad de Estudios Superiores donde estudié la universidad, así que no me costó trabajo salir de la colonia Impulsora, donde vivía el Bablowo, encontrar la manera de cruzar la Avenida Central (dado que la recorre por completo la línea B del metro) y meterme en la Campestre donde estaba seguro encontraríamos el lugar ideal.
 
Recorrimos varias calles buscando dos situaciones: una, que no hubiera alguna de las violentas pandillas que pululan en la zona, y dos, obviamente, la esquina adecuada.
 
Como siempre, en cuanto encontramos el escenario ideal, me puse de acuerdo con mi esposa: me bajaría del auto, ella se pondría al volante, yo sacaría las bolsas de la cajuela, las dejaría en la esquina, en cuanto volviera ella arrancaría rumbo a la Avenida Central y de ahí directo hasta el aeropuerto donde yo volvería a conducir.
 
Y tal cual cumplí con el protocolo, salvo que al bajarme del coche y un par de metros antes de llegar a la pared donde dejaría los costales, el faro fundido que me ampararía de las miradas indiscretas se encendió al mismo tiempo que escuché una voz infantil a la vuelta de la esquina.
 
—Hola…
—Hola — respondí el saludo sin dejar de hacer lo mío. Me disponía a regresar cuando frente a mí apareció una niña dando pasos cortitos, a la que calculé 10 años. Toda su ropa era blanca, incluyendo los zapatos, vestido que me recordó a los que he visto en alguna primera comunión.
 
Ni que decir que verla sola, a esa hora y en un lugar solitario me preocupó. La escudriñé y se veía como una chiquilla común y corriente hasta que un calosfrío recorrió mi espalda y entonces supe que no lo era.
 
—Parece que tienes prisa…
—La tenía, pero ahora la situación ha cambiado. ¿Qué haces aquí?
—Te estaba esperando para poder cenar — explicó señalando con un leve cabeceo las bolsas.
—¿Y tus padres?
—Por ahí.
—¿Dónde?
—No lo entenderías — dijo mientras a sus espaldas se formaban pequeños remolinos.
—¿Me estás retando? — cuestioné.
—No es necesario, tampoco a ella — miró por encima de mi hombro.
 
Volteé y vi a mi esposa bajando del auto para llegar hasta donde estaba conversando con la desconocida.
 
—Ya viene — avisó.
—¿Qué sucede? — preguntó cuando se paró a mi lado — nos estamos exponiendo a…
—Hola Gabs — la saludó.
—Mierda, ¿de dónde la conoces? — cuestioné a la desconocida girando para ver a mi esposa, luego volteé a buscar a la niña y me encontré con una bellísima mujer caminando hacia ella para tomarla de las manos.
—Mi niña hermosa, tantas vidas sin vernos — la saludó.
—Hola* — respondió el saludo sin ocultar la emoción.
—¿Me pueden explicar de qué se trata todo esto? — protesté, a lo cual la mujer colocó su mano derecha sobre mi pecho y me presento, a manera de imágenes, en unos segundos, la historia ancestral entre ella y mi esposa. Luego la volvió a tomar de la mano en el momento en el que una patrulla de la tenebrosa y temible policía del Estado de México pasó frente a nosotros ignorándonos.
—¿Entonces tú eres…?
—La Bruja de los Vientos del Sur, somos cuatro hermanas… supongo sabrás quiénes son las otras.
—Norte, Este y Oeste, obvio — respondí.
—Cada hechizo que haga todo ser humano y lo deje en una esquina, dependiendo en cual, alguna de nosotras se presenta para comer algo de él — explicó sin dejar de mirar a mi esposa los ojos.
 
Observé la orilla de la cuadra donde estábamos parados y sin mayor complicación supe que era la que apuntaba hacia el Sur.
 
—Así que puedes llamarme Sur — ofreció.
—¿Si eres la bruja que dices, cómo se hace para darte una ofrenda y que resuelvas? — la provoqué.
—A mí no se me pide, yo doy.
—Eso es una contradicción.
—No lo es. A nosotras no se nos hace lo que ustedes llaman oración ni se nos rinden cultos, ni adoración, mucho menos sacrificios. No somos sobornables como los dioses Yorubay otras deidades paganas más. Solo damos lo necesita a quien lo merece.
—Entonces es por capricho — ironicé — deja de hacerte la interesante y mejor contéstame: ¿tú nos trajiste aquí?
—No, eso sí sería un capricho. Pocos saben que cuando se hace una obra espiritual y se señala que los restos van a una esquina, nos están invocando a cualquiera de las cuatro. Somos el viento y recorremos todo el planeta, así que podemos escuchar cuando alguien va tirar brujería, esperamos y luego nos acercamos a comer. Siendo viento escuché los latidos de su corazón — señaló a mi esposa — la reconocí y decidí venir a esperarla… encontrarme con ustedes.
—Ella, ustedes… — sonreí — no entiendo, ustedes no precisan de…
—Es una manera de decir quiénes somos y lo que hacemos — me interrumpió — volvamos al principio, ustedes dejan una ofrenda, la cogemos y nos encargamos que les llegue la solución que necesitan.
—Sigo sin comprender, los restos son para algún Orisha, el Muerto, los Señores de la noche, las Aye…
—Es lo mismo, los humanos han creado escalones para elevar o humillar deidades, seres, demonios o entidades, pero no se dan cuenta que todos somos uno — me interrumpió, tomó mi mano y una vez más me mostró imágenes.
—Así que Dios no existe — me reí al cabo.
—No el que aseguran que creó este planeta y a su raza, hay algo más… pero no te hagas ideas, analiza lo que te compartí y con los años llega a esa conclusión, solo razonando lo comprenderás.
—Es asombrosa, ¿verdad? — señaló mi esposa — bueno, siempre lo fue.
—Vaya que sí — acepté.
—Hora de comerme tus problemas — dijo soltando a mi esposa y detrás de ella nuevamente se formaron pequeños torbellinos.
 
Se dirigió a una de las bolsas, como si supiera en dónde buscar, la abrió sacó, la cabeza del chivo ofrendado a Eleggua y comenzó a morderlo como si se tratara de una manzana, provocándome náusea.
 
—No te preocupes, mi niña bella, yo me encargo que tu jefe deje de acosarte — presumió al tempo que tras de ella se formaba un remolino más grande que se levantó y con furia enfiló hacia el cielo.
 
Saqué mi teléfono para ver la hora: llevábamos casi 30 minutos y me quedó claro que cada quien debíamos seguir nuestro camino.
 
—Sí, deben irse — dijo Sur como si hubiera leído mis pensamientos.
—Lo recordé todo, como si hubiera sucedido la semana pasada — dijo mi esposa emocionada y con lágrimas en los ojos.
—En realidad pasaron siglos.
—Deberías publicar en tu blog sobre nuestro reencuentro — sugirió mi esposa.
—Hazlo — aprobó la bruja.
—No creo, estoy harto de que la gente me pregunte si lo que escribo es verdad.
—¿Desde cuándo te importa lo que opinen los demás? — me cuestionó Sur.
—Desde mañana — respondí y solté una carcajada.
—Escríbelo — insistió y levante los hombros.
 
Dudé por unos instantes.
 
—Te voy a contar algo… Sur, me dijiste que te puedo llamar así: hace poco comía con unas amigas y amigos… se supone amigos, compañeros de mi trabajo con niveles directivos… jefes, pues, pero ojo con esto: todos solteros o divorciados.
—Te entiendo… — dijo la bruja.
—Ellos hablaban de viajes, dinero, perfumes, autos, joyas, propiedades y docenas de pendejadas más. No había manera de callarlos. Dado que estoy acostumbrado a sus verborreas, me quedé en silencio. En algún momento una de ellas, ya de la tercera edad, volteó a verme cuestionando si yo tenía algo que decir, y como respuesta levanté los hombros.
—Ya sé por dónde fueron los caminos de la conversación — dijo Sur.
—No importa, te lo contaré — avisé — luego uno de ellos, abogado, volteó a verme con suspicacia.
—Siempre lo he dicho, “tus amigos” son unos cabrones — intervino mi esposa.
—Tal cual, es correcto — le di la razón — así que los barrí a todos con la mirada y dije: pues no, yo no tengo dinero para gastar en pendejadas, pero soy millonario en dos cosas, una, estoy casado con una mujer maravillosa, y dos, tengo innumerables experiencias en el mundo espiritual que me ponen encima de mucha gente, tenga o no dinero. Obviamente todos se quedaron callados y con la mirada clavada en sus platos.
—Escríbelo — insistió sobre aquel encuentro (¿reencuentro?) y de nuevo levante los hombros.
 
Sur sonrió, abrió los brazos y nos entregamos a ella, recibiéndonos con sinceridad, como si nos conociéramos desde siempre, aunque no era mi caso, creo. Nos vio subir al auto y vimos cómo volvía a ser una niña mientras esperaba a que nos alejáramos.
 
—Cuéntame, ¿de dónde la conoces? — pedí a mi esposa mientras me estacionaba para entrar a un restaurante y cenar.
—De mi reencarnación romaní. Ni siquiera me acordaba de esa vida pasada — dijo aún emocionada por el reencuentro.
—Ya, entiendo, por eso en tu cuadro espiritual tienes una gitana, tiras cartas, rompes maldiciones, conoces de hierbas, interpretas símbolos y eres buena con los hechizos.
—…
 
7.
—Eso de intentar renunciar al mundo espiritual fue una broma de mal gusto de tu parte — dijo tras escuchar los últimos eventos de mi vida.
—Sabes bien qué hubo detrás de esa decisión.
—Entonces lo entiendes. No te explicaré por qué debes cumplir con tu misión.
—Lo volveré a intentar.
—¿Renunciar?
—Claro.
—Deberías ser más paciente contigo. Ve, soy eterna y no me quejo de ello…
—¿Los interrumpo? — escuché la voz de mi esposa.
 
Sur se puso de pie y de un salto llegó hasta ella para abrazarla y colmarla de besos, cambiando en un instante su representación de anciana por el de la hermosa mujer que era. Luego volvió al bote en el que estaba sentada.
 
—Siéntate aquí a mi lado, mi niña bella — señaló el bote donde había estado el papá de Sonia, la tomó de la mano y al igual que a mi le pidió la pusiera al tanto sobre lo acontecido los últimos tres años, mientras a nuestro alrededor se hacían pequeñas tolvaneras cuyo polvo nunca nos cayó encima.

(continuará)

16 de marzo de 2024

La Bruja (parte 1)

 


para Clara Gillman: felicidades
por la publicación de tu libro
 
1.
—No me gusta venir sola al Mercado de Sonora… mucho menos en domingo: está saturado de Santeros y Babalowos que se sienten Orisha en la tierra — se quejó mi esposa al otro lado de la línea.
—Qué te digo, ya sabes que ella pide que los hombres no se acerquen a sus cosas.
—Espero que aparezca.
—Cuando avisa en un sueño es porque lo hará.
—Ya voy de regreso — avisó.
 
Una hora después estaba de vuelta, subió directamente al cuarto de servicio, dejó las compras y fue hasta entonces que entró a la casa.
 
2.
El miércoles de la siguiente semana no hubo tanto tráfico como otros días, así que tras salir del trabajo llegué rápido a mi casa, justo en el momento en que mi esposa me mandó un mensaje avisando que tenía un asunto urgente en su oficina y que volvería un poco tarde, lo que me daba tiempo de avanzar con “Bajar es lo peor”, la novela de Mariana Manríquez que no había terminado de atraparme, pero de la que deseaba conocer el final.
 
Me acomodé en el sillón luego de servirme un vaso de jugo, mas apenas abrí el libro sonó mi celular (sí, parece maldición ver interrumpidas mis lecturas de esa manera). Vi el identificador, era Martha.
 
—Te tengo un caso urgente — avisó sin saludar.
—Todos dicen lo mismo, pero nada lo es, así que no me jodas — protesté.
—Este sí, estaba a punto de llegar a mi casa y recordé que tenía que hacer unos pagos de mis tarjetas de crédito, así que me metí a una plaza comercial donde encontré a una mujer llorando, le pregunté qué sucedía, contó que su padre salió de su casa en la mañana y no había vuelto.
—Dile que vaya al Ministerio Público a denunciar la desaparición. Eres abogada y podrás asesorarla en el trámite.
—El señor padece demencia senil — agregó.
—Martha, la semana pasada me escribió un tipo por facebook diciendo que unos narcos habían “levantado” a su hermano desde hacía tres meses y no conseguían encontrarlo. Dijo que tenía la certeza de que estaba muerto, pero quería que yo hallara su cadáver para darle su cristiana sepultura. ¿Es en serio?
—Sí, pero…
—Ayer una mujer me envió también un mail contándome que el perrito de su hija se extravió en un mercado. Me pidió lo encontrara porque toda la familia estaba muy triste. ¿De verdad, usar dones espirituales para encontrar a un jodido perro?
—Oye…
—No me molestes con esos temas, ya no pienso atenderlos: no pertenezco a la liga de superhéroes de Marvel como para andarle salvando el culo a medio mundo…
—La hija está aquí, conmigo, echa un mar de lágrimas. Ya recorrimos varias calles y no lo encontramos. Le dije que eres vidente y la ayudarlas ya que…
 
No terminé de escuchar lo que decía porque una tétrica carcajada opacó su voz, haciéndome cambiar de inmediato de opinión.
 
—¿Dónde sucedió?
—En Santa Fe.
—Carajo, ¿quieres que vaya hasta allá para buscarlo? — fingí quejarme.
—Ella teme que algo malo le haya sucedido.
—Ya, ya, eres como todo mundo: hago una pregunta, no la responden y se ponen a desvariar. Mándame tu ubicación.
 
Luego de colgar marque al celular de mi esposa.
 
—¿Cómo vas con tu emergencia?
—Voy… — me respondió sin mucho ánimo.
—Más vale que te apures, hoy la veremos.
—No estoy segura de terminar — quiso explicar, pero la interrumpí.
—Ya sabes que no está a discusión — informé — tienes unas dos horas para terminar, venir a la casa, recoger el paquete y alcanzarme en Santa Fe.
—¿Qué vas hacer allá?
—A buscar a un viejito que se perdió — avisé y luego reí.
 
Miré con melancolía “Bajar es lo peor” cuando entró el mensaje del sitio donde estaba Martha.
 
—Mierda, las barrancas de Colonia Totolapa, ¿no podían haber escogido un peor lugar? — protesté en voz alta.
 
3.
Cuando subí a mi auto ya había oscurecido, lo que me dejó claro que la búsqueda se prolongaría hasta la madrugada. Programé google maps para encontrar la ruta más rápida, luego recibí una llamada de mi amiga.
 
—¿Vas a tardar?
—El localizador marca 40 minutos, así que váyanse a tomar un café y no se desesperen, sobre todo para que no estés molestado con eso de que “¿por dónde vienes?” — dije y corté la llamada.
 
Fueron 10 minutos más por el exceso de tráfico, tardanza que incluyó dos llamadas de Martha que no contesté. Cuando llegué efectivamente ambas estaban en la esquina con sendos vasos de café.
 
—Súbanse — pedí apenas me detuve frente a ellas.
—Hola — me besó Martha en la mejilla — mira, ella es…
—Deja la vida social para otra reencarnación — la paré y me dirigí a la mujer — ¿traes una foto de tu padre, aunque sea una selfie?
—Sí, de hace dos semanas… estamos celebrando su cumpleaños — comenzó a hurgar en su teléfono.
—Martha, vas a manejar y tú harás de copiloto — avisé antes de bajarme.
 
Una vez en nuestros asientos la mujer comenzó a gimotear, la ignoré y me concentré en observar la fotografía del viejo por varios minutos, hasta que Martha me sacó de concentración.
 
—¿Qué haremos?
—Te meterás por las calles que te iré diciendo, y tú vas a dejar de llorar: necesito que las dos se queden en silencio, ¿nos entendemos?
—Me dices a qué hora empezamos — dijo mi amiga mientras la mujer se limitó a mover afirmativamente la cabeza.
 
Observé por varios minutos más la fotografía y me acomodé en el asiento como si fuera a dormir. Y sí, estaba a punto de hacerlo, como parte del uso de la videncia, cuando la misma carcajada me espabiló.
 
—En lugar de reírte dime en dónde — gruñí.
—¿Qué dices? — me cuestionó Martha.
—Ve derecho hasta llegar a la avenida llena de tráfico, darás vuelta a la izquierda y seguirás unas 20 calles recta hasta que encuentres una sin alumbrado público, ahí das vuelta a la derecha y continúas hasta que te avise.
 
Mi amiga siguió las instrucciones y tal como previne el avance fue lento, lo que nos hizo invertir más de media hora en llegar a la oscura avenida.
 
—No se te olvide ese Oxxo que acabamos de pasar — señalé golpeando levemente con los nudillos la ventanilla izquierda.
—¿Me meto aquí? — me cuestionó en cuanto la encontramos.
—Anjá — gruñí.
 —Esta zona es peligrosa. Aquí ni las patrullas entran — advirtió la mujer, más la ignoré.
 
Seguimos en silencio hasta que el asfalto se convirtió en terracería y el alumbrado solo lo proporcionaba ocasionales focos que algunas casas tenían en sus puertas.
 
—No ha dicho cuánto va a cobrar por encontrar a mi padre — preguntó, más por cuestionar los rumbos en los que nos estábamos metiendo que por realmente querer saberlo. Seguí en silencio.
 
Continuamos avanzando hasta que vislumbré algunos puntos iluminados tenuemente. Eran lámparas y fogatas. Habíamos llegado.
 
—Detén el auto — pedí luego de avanzar varios metros.
—¿Aquí?, ¡estás loco! — exclamó Martha.
—Sí, tal como te lo estoy diciendo.
—Oiga, estos lugares son peligros — se quejó la hija.
—Si quieres encontrar a tu padre nos vamos a detener en este lugar. Deben quitarse alhajas junto con sus teléfonos celulares. Todo, con sus bolsos de mano, lo van a poner debajo de los asientos.
—¿Vamos a bajar y nos meteremos en la penumbra? — cuestionó alarmada mi amiga — ¿y si mientras caminamos alguien viene y abre el carro?, se van a robar todo.
—Buena palabra, penumbra, muy sexy — dije y bajé del auto.
 
Mientras ellas se despojaban de sus lujos me senté sobre el cofre y envié nuestra ubicación a mi esposa, al tiempo que le previne que pese a que el rumbo era feo, no corría peligro.
 
—Ya seee — respondió.
 
Cuando bajaron Martha se me quedó viendo y luego me encaró.
 
—¿Y tú, porque no dejaste tus cosas de valor? — me cuestionó.
—Aquí te pueden desvalijar el auto — secundó la mujer.
—Caminemos — fue mi respuesta.
—Solo porque se trata de ti y porque salvaste la vida de mi hija confiaré en lo que dices, pues a cualquier otro cabrón que saliera con tanto misterio lo mando a la chingada — se quejó haciéndome reír.
—Debes creer en mis demonios sumerios — pedí con tono burlón.
—Tiene usted un carácter… amargo — intervino la hija del viejo.
 
Me detuve, di media vuelta, me planté frente a ella y la miré con dureza.
 
—Amargoso es poco — acepté.
—Dilo como es, tiene un temperamento de la chingada — terció Martha.
—Estoy trabajando. Si estuviéramos cenando  o en un bar te aseguro que te dolería la quijada de tanto reírte con mis ocurrencias.
—En eso tiene razón, Sonia — así me enteré del nombre de la mujer — cuando se lo propone es divertido.
 
Me reí de aquello, di media vuelta y seguí caminando. Avanzamos  mientras indigentes de todas las edades pasaban a nuestro lado ignorándonos.
 
Llegamos al campamento construido con tiendas de campaña, techos de lona, carpas y viviendas improvisadas con los más diversos materiales. Apestaba a orines y mierda. Me acerqué a una mujer que llevaba a un recién nacido en brazos y le pregunté por la llegada de un anciano ese día y que seguro andaría deambulando por ahí.
 
—Muy simpático, rete platicador — fue lo primero que dijo — debe andar por allá, después de la segunda fogata busque un toldo rojo — informó. Todo iba bien.
 
4.
Llegamos al sitio donde el viejo conversaba con una mujer entrada en años, cuyo cabello enmarañado impedía verle el rostro, ambos sentados en botes de plástico a manera de sillas, por lo que no se dio cuenta de la llegada de su hija hasta que se paró frente a él.
 
—¡Papá! — gritó con una mezcla de regaño y felicidad contenida mientras me mantenía unos 4 metros de distancia del reencuentro.
—Hijita, mira, te presento a mi nueva amiga, me ha estado cuidando y contando historias sobre México que no conocía — dijo sin tener claro que había estado extraviado todo el día.
 
Sonia asintió con la cabeza mientras evitaba que las lágrimas se desbordaran por la emoción y el susto, aunque por otro lado no pudo ocultar el asco que le provocaba la poca higiene de la vieja, rechazo que a ella no pareció importarle y lo demostró al no levantar la vista para conocer a la hija del anciano.
 
—Dejé mi bolso en el auto, así que no tengo dinero para compensarle lo que hizo — quiso congraciarse Sonia, mas para cortar con esa situación que podía tornarse incómoda me acerqué y puse mi mano sobre su hombro.
 
—Tú y Martha regresen a mi auto y vayan al Soriana que está detrás del Oxxo a comprar comida para esta gente.
—Son muchos — protestó.
—Para lo que te alcance, pan y leche son baratos. Algunas gelatinas para los niños. Con eso me pagarás haber encontrado a tu padre — propuse —y no se preocupen, la gente de por aquí ya las vio, están seguras.
—Vamos — dijo Martha haciendo sonar las llaves de mi coche — ¿y tú?
—Aquí las espero mientras llega mi esposa.
 
Sonia levantó los hombros y cogió a su padre del brazo seguido por Martha, quien, conociéndome, me lanzó una mirada llena de suspicacia. Una vez que se alejaron, me acerqué a la mujer.
 
—Hola Sur — la saludé ofreciéndole mis brazos.
 
5.
—¿Te da pena que sepan que me conoces? — protestó abrazándome.
—No, pero sería demasiado obvio si siquiera lo insinúo… podría dar pie a malos pensamientos.
—Lo sé, solo te estoy molestando — señaló sentándose con dificultad.
—No necesitas fingir conmigo que eres una anciana — me burlé.
—Déjame divertirme un rato — dijo y soltó una de sus tétricas carcajadas.
—Por cierto, deberías buscar maneras menos complicadas para vernos.
—¿Cómo cuál? — me miró divertida.
—Podríamos comportarnos como gente normal… no sé, irnos a tomar un café y…
—No “soy gente” — me interrumpió — soy la Bruja de los Vientos del Sur y conmigo todo es complicado.
—Nomás decía — levanté los hombros para fingir resignación.
—¿Cómo estás? — preguntó.
—Pueees… — dije arrastrando las letras antes de ponerla al día sobre los últimos acontecimientos de mi existencia.
 
*
Mercado de Sonora, es la plaza más importante en México donde se vende todo tipo de productos esotéricos.