Mostrando entradas con la etiqueta agitena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta agitena. Mostrar todas las entradas

13 de febrero de 2023

La Casa de las Brujas (fragmento del libro Muertero)

 


Nota: La Casa de las Brujas se localiza en la esquina de las calles de Orizaba y Durango, en la colonia Roma. Su fachada recuerda los sombreros de las brujas y sus ventanas parecen ser ojos, de ahí su nombre. Es famosa no solo por los hechos sobrenaturales que ahí suceden, sino porque durante años Bárbara Guerrero, la Curandera conocida como “Pachita”, realizó ahí sus operaciones, motivo por lo que se dice que muchos desencarnados y demonios que quitó siguen atrapados entre sus paredes… pero ahí hay algo más.

 
El viejo intentó pagar mis servicios, pero rechacé el dinero informándole que no suelo cobrar hasta que he terminado, y solo si los resultados son completamente favorables (nunca faltan los inconvenientes, pese a que en principio todo se vea sencillo, lo que implicaría el uso de materiales extra que eleven el precio).
 
Solicité a Candra me entregara la mochila que había guardado en su cajuela, mas, al dármela, se acercó y me dijo al oído un «cuídate mucho» tan sincero que me provocó escalofrío, no solo por su carga de sensualidad, sino porque vi detrás de ella tres desencarnados pequeños producto de sendos abortos; les sonreí discretamente.
 
Acordé con Arturo que los policías aparecieran diez minutos después que yo, para no llamar la atención, me despedí y encaminé mis pasos hacia el jardín enlistando mentalmente el material que había llevado y repasando el procedimiento con la intención de tenerlo claro y organizarlo antes de las seis de la tarde, la hora del crepúsculo, el momento en que los muertos se debaten entre la permanencia y la posteridad entre los vivos.
 
Avanzando hacia el parque, una extraña incomodidad me invadió, misma que se incrementó al pasar ante La Casa de las Brujas, provocándome una leve sacudida espiritual: el indiscutible llamado a tocar la puerta, mas seguí con la expectativa de encontrar al fantasma para darle luz.
 
Entré al parque y lo descubrí concurrido, ya fueran chiquillos jugando, personas de la tercera edad acomodadas en las bancas y leyendo tranquilamente en el agradable clima otoñal, ciclistas sudando toxinas y pervertidos dejando que sus perros llenaran de mierda las áreas verdes.
 
Esa situación atrajo mi curiosidad: ¿acaso el jardín no estaba desierto por las apariciones del niño?, dudé, mas la presencia de tanta gente se la achaqué a la hora y dejé las interrogantes en segundo plano.
 
Levanté la vista y disfruté el intenso verde del follaje de los árboles y los arbustos, aspiré la frescura del ambiente, exhalé por completo el aire que contenían mis pulmones por lo que vendría, escogí el rincón más solitario, comencé a pintar una agitena sobre el suelo y en dirección al lugar donde el pequeño murió, la remarqué con pólvora y me senté en una banca con un habano encendido en espera de que, tan pronto saliera, acercaría su braza para encender la firma con la certeza de que, ante cualquier queja, los policías intervendrían a mi favor.
 
No tuve que esperar mucho tiempo: Jorgito surgió pasadas las 6, en el momento en que el parque comenzaba a quedarse vacío. Mas sucedió algo extraño: lejos de que el niño comenzara a recorrerlo con la típica actitud de los muertos de no saber qué hacen ahí, se encaminó directamente hacia donde estaba sentado y se detuvo ante mí.
 
Si bien ello podría parecer un chantaje, su mirada no imploraba piedad, sino ayuda, y esa actitud no era normal en mi relación con los muertos.
 
El niño echó un vistazo hacia donde fue embestido, usé la videncia y entonces entendí todo: si bien el atropello había sucedido, quien manejaba el auto que lo mató era Arturo, su abuelo, el mismo que pudo escapar sin ser visto gracias a la intensa lluvia que él justificó como la causante del accidente.
 
Regresé mi mirada hacia el desencarnado, asentí, cambié un par de trazos a la agitena, agregué más pólvora, el pequeño afirmó con un leve movimiento de cabeza y, al acercar la braza del puro, bajó los párpados para ocultar sus ojos carentes de vida.
 
Saltó el fogonazo y aproveché la intensa nube de humo azul para tomar mi mochila y encaminarme a La Casa de las Brujas, luego de que mi cinismo al momento de enfrentar a muertos y vivos se impusiera.
 
Me coloqué a la entrada del legendario edificio, con su irritante mezcla de color verde militar y rosa apiñonado, seguí fumando el habano, lanzando el humo hacia la puerta a manera de soborno para que mis amigas me abrieran, lo cual sucedió a los pocos minutos.
 
Eché un vistazo y vi al par de ancianas vestidas de riguroso color negro, jalé varias veces humo del puro y lo arrojé de nuevo sobre ellas, pero sin mirarlas: necesitaría de varios minutos en su compañía para poder hacerlo sin que me cimbrara la nada de la muerte que reflejaban sus ojos. Lo recibieron, me ofrecieron esa mueca desgajada que solo los desencarnados saben dar y se hicieron a un lado para dejarme entrar.
 
Esperé en la estancia a que cerraran la puerta, pasaron frente a mí, como siempre, una al lado de la otra, las seguí y, tras varios pasos sobre el desgastado mosaico negro, café y blanco, llegamos al patio central, desde donde, al levantar la vista, se pueden contar los pisos que componen el inmenso edificio.
 
Me detuve por unos segundos ante la fuente (desde siempre, su diseño me ha parecido grotesco), bordeada eternamente con sus decrépitas palmeras, recordando cómo diez años atrás acudí a ellas solicitando su ayuda a sugerencia del espíritu del curandero Felipe.
 
La poca luz de la tarde desaparecía sin tregua, lo que daba al ya de por sí silencioso edificio un aspecto lúgubre, como si el tiempo nunca hubiese transcurrido. Sabía que el remodelado del lugar era permanente y sus habitaciones estaban rentadas a manera de departamentos. Sentí frío, comprendiendo con ello que en ese momento desfilaba ante mis sentidos el pasado, y, al igual que la primera vez que estuve ahí, el tiempo se había detenido.
 
Las desencarnadas tomaron hacia la derecha, y subimos un par de bloques de escaleras de cemento, la única parte externa del edificio que sigue a la espera de ser sustituida por mosaico. Caminamos por uno de los pasillos, circundado por esas paredes que son pintadas de blanco una y otra vez, mientras a nuestro paso salieron algunos de los entes que la legendaria curandera Pachita quitaba a sus fieles cuando ocasionalmente atendía ahí (engendros a los que nunca dio camino), pero nos ignoraron y seguimos avanzando hasta llegar a la puerta, la misma en la que, desde el otro lado, sellamos nuestro primer pacto.
 
Entramos.
 
Encendí el interruptor, y una débil bombilla iluminó la habitación, la cual seguía sin muebles, conservando la misma alacena desvencijada empotrada en uno de los muros, igual que hacía una década, pero con mayor cantidad de polvo acumulado; por instantes, me pareció más amplia. Dado que su piso era de madera, crujía ante mis pasos, mas no con los de ellas, quienes se acomodaron hasta el fondo y se limitaron a observarme. Busqué un plato (estoy seguro de que era el mismo que usé la vez pasada), saqué el frasco con pólvora, vertí sobre él un copito y me planté frente a las dos hermanas.
 
Intercambiamos miradas y enseguida informé el trabajo que había realizado minutos antes con Jorgito, a lo que respondieron asintiendo con la cabeza, haciendo patente que conocían la fatídica historia, aunque, de inmediato, percibí en los ojos de ambas la neutralidad de las muertas sabias, lo que significaba que sabían qué hacía yo ante ellas.
 
De cualquier modo, expuse la infamia de Arturo, no por haber provocado un accidente ni tratar de engañar al mundo espiritual contratándome con mentiras para darle camino a un desencarnado, sino por el cinismo de haber ocultado a su otra hija, desde hacía más de un año, que el niño que atropelló era su nieto. Les precisé que la pólvora era un regalo.
 
Asintieron de nuevo, así que acerqué la braza del habano, el fogonazo saltó y el cuarto se llenó de un repugnante olor. Abrí la ventana, con un poco de dificultad, dado el abandono al que estaba sometida, para que el aire circulara y evitar la náusea (sigo sin acostumbrarme a ese tufo); repetí la operación ocho veces: nueve en total.
 
Al concluir, les di el nombre completo de Arturo y pedí que hicieran lo necesario para que Candra no me buscara (incluso solicité le encontraran un novio guapo y con dinero): no quería malentendidos con ella, como ya me había sucedido con algunas pacientes que malinterpretaron mi compromiso y eficiencia para realizar mi trabajo espiritual con supuestas intenciones románticas. Dejé el puro sobre un cenicero, como una atención más hacia ellas, cerré la ventana, hice una reverencia, apagué la luz y salí.
 
Bajando las escaleras y sin venir a cuento, recordé la frase del escritor Robert Greene: «Los hombres son más prestos a devolver un agravio que un favor, porque la gratitud es una carga, y la venganza, un placer», aunque sus palabras no venían al caso, ya que las damas de negro no llevarían a cabo una venganza, sino un acto de justicia.
 
Por si esa dialéctica condición no fuera suficiente, al estar muertas podrían tomar la decisión que se les antojara para llevarla a cabo sin tener que preocuparse por las consecuencias, pues su existencia estaba más allá de cualquier «ley divina»: nunca serán señaladas, juzgadas ni sentenciadas de la misma manera en que se hace con los vivos.
  

16 de agosto de 2014

Cómo viven los muertos (6 y último)



15.
- estoy asustado! – escuché una voz alterada al otro lado de la línea telefónica…
- quién eres? - pregunté sin entender qué sucedía…
- Rafael, cómo que quién?
- estaba dormido, así que no te pongas exigente – me quejé al ver que el reloj marcaba las 3:15 de la mañana…
- tengo mucho miedo - gritó – nos urge que vengan a mi casa a solucionar esto!
- de qué hablas?
- trataron de ahorcarme mientras dormía – se quejó…
- dile a tu esposa que no se ensucie las manos y que mejor contrate a un matón para deshacerse de ti – me burlé…
- es en serio! – chilló – y no era Paola: fue la viejita asesina…
- la viejita asesina? eso me suena a nombre de una película de terror…
- esto es en serio: en casa tenemos el fantasma de una vieja que trata de matarnos, a mí me acaba de dejar sus dedos marcados en el cuello – advirtió para después comenzar con su relato…

Rafael, su esposa Paola y sus dos hijas se trasladaron del estado Aguascalientes a Guadalajara, donde mi amigo recibió una atractiva oferta laboral…. en primera instancia apostaron por rentar una casa mientras se acostumbraban a los nuevos rumbos, pero con la idea de adquirir una propiedad en el futuro…

Tras recibir algunas recomendaciones de su nuevo jefe sobre cómo buscarla, mi amigo optó por rentar en una privada que incluía salón de usos múltiples, alberca y cancha de tenis, la cual descubrió a través de un anuncio en un periódico… los primeros meses en su nuevo hogar transcurrieron sin novedad hasta que la desidia y comodidades, junto con una baja renta, les hicieron olvidarse de hacerse de un inmueble propio…

Los problemas comenzaron cuando cumplieron un año de vivir ahí: sin una comprensible razón la temperatura de la casa se mantenía fría incluso en el verano, la comida y la fruta (aún en el refrigerador) se echaba a perder con rapidez, el perro que tenían como mascota se encontraba permanentemente nervioso, diversos objetos personales de mis amigos eran cambiados de lugar durante las madrugadas y las luces de las habitaciones donde estuvieran se encendían o apagaban solas…

Sin embargo las cosas empeoraron y a partir del segundo año se tornaron peligrosas: primero fueron ocasionales apariciones de una mujer mayor de edad, junto con un niño, en diferentes partes de la casa: el infante limitándose a verlos, la anciana mirándolos con odio… después surgieron los rasguños* con los que amanecían Rafael o Paola en el pecho, piernas o espalda, de ahí pasaron a descubrirse mordidas en el cuerpo y ahora el intento de estrangulamiento…

Lo extraordinario de esos fenómenos paranormales es que sus dos hijas nunca las atacaron ni fueron testigos de nada fuera de lo común…

- y por qué me lo cuentas hasta ahora? – le reclamé – y lo peor: un martes en la madrugada…
- porque esta vez ya trataron de matarme – repitió sin ocultar su temor – y eso significa que pueden suceder cosas peores…
- usen cascarilla para dormir mientras veo qué sucede…
- y dónde diablos la consigo a estas horas? – me espetó…
- vacía el contenido de un huevo, machaca el cascarón hasta hacerlo polvo y agrégale agua bendita – le respondí y colgué el teléfono…

Un par de días más tarde mi amigo me llamó de nuevo, aunque esta vez en horas hábiles…

- viste algo? – me interrogó…
- efectivamente esa viejita es peligrosa… no sé qué le hiciste, pero te hará pagar todos tus pecados antes de descuartizarte – me burlé…
- no jodas – exclamó aterrorizado…
- es broma – aclaré arrepentido por asustarlo - estuve viendo algunas cosas y te puedo decir que el asunto está complicado: no pude ver algunos detalles, pero me queda claro que los dos muertitos son obscuros, así que te sugiero que busques quién los saque de tu casa…
- pero cómo llegaron? – me interrogó…
- eso es lo de menos, lo importante es que se vayan…
- tienen que venir hacerlo tú – soltó a manera de súplica…
- estás loco? una limpia de hora y media a cambio de viajar ocho? - yo no voy a trasladarme hasta dónde vives para sacarlos – le advertí…
- cóbrame lo que quieras – trató de convencerme…
- no es eso – me negué…
- les pago el boleto de avión de ida y vuelta – insistió…
- sabes, no estás loco: estás huérfano de cerebro – me burlé – mejor te puedo recomendar con un buen amigo santero que vive por allá para que les haga un oparaldo…
- un opa qué? – me cuestionó – ni madres, yo sólo te tengo confianza a ti: ya una vez me salvaste la vida y a nadie más voy a dejar la seguridad de mi familia…

Aquellas palabras me hicieron dudar: quizá sí debería ayudarlo, por nuestra vieja amistad…

- déjame consultarlo con mi esposa – dije y me despedí… 

 
Ella aceptó hacerles la visita, se lo comuniqué a mi amigo y acordamos que aprovechando el viaje que haría uno de sus primos a Guadalajara, nos iríamos con él en su camioneta y el regreso lo haríamos en autobús, yo no le cobraría nada por hacer las obras, pero tendría que darnos alojamiento y tendría que conseguir el material que se usaría, sobre todo la pólvora, que es lo más complicado de encontrar…

Curiosamente una semana antes había hecho una consulta a mi amigo Rubén Cuevas, precisamente sobre una agitena para sacar muertos de cualquier lugar y que un babalowo me había compartido, pero de la que yo tenía mis dudas sobre algunos trazos… Rubén le hizo las correcciones necesarias, por lo que el asunto sería sencillo…

Salimos un viernes por la tarde y en seis horas llegamos a nuestro destino… cenamos, conversamos sobre cualquier tema, Rafael me mostró el material que le encargué y pedí a todos que saliéramos de la casa para hablar sobre el asunto sin que la viejita ni el niño nos escucharan…

- ellos oyen lo que hablamos? – me cuestionó Rafael…
- claro – le respondí mientras nos sentamos alrededor de una pequeña mesa, incluyendo a sus dos hijas – lo peor es que si se dan cuenta de lo que haremos son capaces de entorpecerlo todo…
- oye, los muertos son terribles – comentó Paola…
- a veces – advertí – por ello hay que tener cuidado con lo que se habla - y procedí a explicarles lo que haríamos al día siguiente… terminamos, las mujeres se fueron a dormir y Rafael y yo nos quedamos a tomar una copa de vino tinto…
- en verdad todo está muy feo? – me cuestionó…
- más de lo que crees – le advertí – pero todavía hoy se debe hacer algo antes de definir con exactitud cómo se trabajará y por eso quise quedarme a solas contigo: una vez que todos se hayan dormido haré un recorrido por la casa, necesito ver algunos detalles porque hay algo de todo lo que sucede aquí que no tiene lógica…
- qué es? – me interrogó mi amigo…
- no sé si deba decirlo, porque aún no termino de entenderlo – confesé…
- suéltalo – insistió…
- de dónde salieron el niño y la viejita?…
- no lo sé…
- a eso me refiero: te los mandaron o ya estaban aquí?... necesito que todos dejen las puertas de sus recámaras abiertas, te lo aviso para que no te extrañe verme recorriendo la casa durante la madrugada…

Posteriormente, cuando calculé que ya todos habían entrado al sueño profundo, me puse cascarilla y salí del dormitorio que nos asignaron para descansar… recorrí la planta alta, entrando cuidadosamente a cada habitación pero sin detectar nada extraño… bajé e hice lo mismo por todos los rincones con los mismos resultados…

Estaba a punto de sentarme en la sala para forzar mi videncia, cuando escuché un ruido en la planta alta… agudicé el oído y lo oí de nuevo… subí y localicé que salía de la recámara de mis amigos… me encaminé hacia allá, me asomé y descubrí a Paola inquieta mientras a su lado estaba parada la anciana… intercambiamos miradas, di media vuelta, salí, bajé y me dirigí a la cocina: sabía que la desencarnada iría tras de mi…

Una vez ahí tomé una de las velas que Rafael había comprado (un poco de luz, a manera de gesto de buena voluntad de mi parte), la encendí, la puse en medio del comedor, me coloqué frente a ella e inquieto decidí esperar… minutos después la anciana estaba sentada frente a mí en el otro extremo de la mesa…

La conversación no fue larga: curiosamente ella ya sabía las razones por las que estábamos ahí… le dije que no quería hacerle daño, pero la mirada llena de odio y los manotazos que daba en el aire dejaron claro que no se fiaba de mi… debo reconocer que me sorprendió el rencor que manifestaba, pero si algo me asustó fue la presencia de una pequeña sombra oscura y silenciosa detrás de ella…

Finalmente llegamos a un acuerdo que yo, para poder cumplir, tenía que levantar temprano a mi amigo y pedirle me llevara en su auto a buscar a una persona… la anciana y la sombra desaparecieron sin que su odio disminuyera un ápice por la tregua que establecimos…

Subí a dormir, pero a las pocas horas el escándalo generado por Paola me despertó… entramos a su recámara y la descubrimos asustada observándose frente al espejo los rasguños que tenía en el cuello: seguramente se los hizo la anciana antes de que yo la descubriera…

Una vez que desayunamos, mi amigo y yo subimos a su auto y fue cuando me preguntó por el destino, a lo que le informé que iríamos a visitar a la dueña de la casa… le extrañó mi petición, no dijo nada más y en el camino le llamó a su celular para avisarle que nuestra conversación no le quitaría mucho tiempo…

Llegamos a la colonia Las Águilas, un barrio de clase media que tiende a convertirse en baja con rapidez, nos estacionamos frente a un remodelado edificio y bajamos, Rafael tocó el timbre, por el interfón nos atendió una voz femenina y tras anunciarnos la puerta soltó un click para dejarnos entrar…
 
Fuimos recibidos por una mujer a quien calculé más de 60 años… nos hizo pasar a una salita cercana a la entrada que, comparándola con la amplitud del resto del departamento, dejaba claro que era usada para tratar sólo negocios; nos sentamos en un incómodo sillón y antes de cualquier cosa estreché su mano al tiempo que me presentaba como “abogado” de Rafael, lo que hizo que se pusiera a la defensiva…

- usted sabía que en la casa donde vive Rafael con su familia suceden cosas extrañas”? – solté a bocajarro…
- algo escuché – contestó vagamente: era una mujer que en su juventud había sido guapa y por lo mismo arrogante, vestía ropa deportiva de marca, traía encima un perfume suave y se comportaba con clase…


- y aun así se las rentó? – inquirí mientras mi amigo me observaba sorprendido: a saber si por el cinismo con el que me dirigía a la mujer o por estarse enterado de una situación que hasta ese día él ignoraba… mi fuerte cuestionamiento hizo que ella se relajara un poco…
- sí – aceptó – al principio creí que esas cosas no existían – trató de justificarse – pero después pensé que todo eso formaba parte de la familia que había rentado antes que ellos…
- no – la encaré – las últimas tres familias que han vivido ahí terminaron huyendo por lo mismo: la presencia de los fantasmas de una anciana y un niño que hace años fueron asesinados en ese lugar…

La mujer me sostuvo la mirada retadora al tiempo que mi amigo brincaba desde su silla…

- quieren tomar algo? – ofreció condescendiente…
- no, gracias – rechacé amablemente por los dos…
- es una historia complicada la razón por la cual no informo a los inquilinos, pero tampoco guarda mucho secreto: lo sucedido ahí fue publicado y comentado excesivamente en los periódicos y la radio hace varios años, incluyendo el arresto y posterior condena del responsable – comenzó un argumento que no le permití terminar…
- no es tan compleja como usted quiere que se vea, pero sí escalofriante, sobre todo que usted alquile esa casa sabiendo que quienes se metan ahí pueden salir lastimados…
- respeto su opinión, aunque ésta se puede debatir fácilmente – dijo usando de nuevo a su altivo tono, más la interrumpí otra vez…
- la casa le será desocupada a más tardar en tres meses – le avisé poniéndome de pie – tiempo durante el cual, usted entenderá, ellos dejarán de pagarle la renta por las molestias ocasionadas – tras lo cual jalé la playera de mi amigo para que viera las marcas en su cuello…
- se han dado cuenta de la manera poco educada en que están comportándose en mi casa? – protestó alzando la voz, sin embargo, no quitaba la vista del maltratado pescuezo de Rafael, así que guardó la compostura y regresó a su ensayada indiferencia – más su planteamiento me parece aceptable siempre y cuando ésta situación no se dé a conocer entre los vecinos ni a futuros arrendatarios…
- entonces tenemos un trato – dije al tiempo que ofrecía de nuevo mi mano, la cual estrechó con frialdad… hice un ademán a mi amigo para que saliéramos de ahí, pero ella dijo con ironía…
- es una lástima que no quieran quedarse al almuerzo…
- mejor busque a una persona que se encargue de darle luz a los muertos que están atrapados en su casa, porque si se sigue tardando en atenderlos los dos optarán por hacerle llegar la factura por tanto olvido – dicho lo cual salimos de la sala…

Una vez que nos alejamos del edificio, mi amigo me cuestionó…

- qué diablos significó todo eso?
- lo que oíste – le dije sin ánimo de dar explicaciones – la anciana y el niño fueron asesinados en esa casa…
- el chamaco no es tan malo…
- eso es lo que tú piensas…
- por qué los mataron? – me interrogó con una mezcla de asombro y curiosidad – qué sucedió ahí?…
- no lo sé, pero el que lo hizo ciertamente está encarcelado, aunque nunca ha confesado los motivos…
- tú ya los sabes! - exclamó…
- yo no sé nada: la que está enterada de lo que pasó es la viejita… y de antemano te lo advierto: no pienso preguntárselo - Rafael se quedó en silencio largo rato, mientras conducía, hasta que me cuestionó…
- y cómo es eso de que tenemos tres meses para cambiarnos de casa?!
- así es…
- no piensas sacar a la viejita asesina y al niño!
- por supuesto que no – respondí tajante…
- en verdad que no comprendo nada – se quejó dando un manotazo al volante…
- después de que los mataron – traté de explicarle - la única manera de exigir justicia es haciéndole la vida imposible a todos aquellos que llegan a vivir ahí…
- y qué culpa tenemos de lo que les hicieron? – protestó de nuevo – además, el culpable ya está en prisión…
- los muertos se mueven en planos espacio-tiempo diferentes a los nuestros – continué – y al convertirse en desencarnados sus emociones desaparecen: por ello es que no entendemos conceptos como el de justicia que ellos han re-definido en su nuevo estado… digamos que sus sentimientos no son tales, sólo son recuerdos de lo que percibían estando vivos… es muy complicado de explicar…
- eso no me responde mi pregunta…
- sólo hay dos damnificados en eso de la venganza de la viejita y el niño: una de las partes eres tú y tu familia… o quien esté viviendo en ese momento ahí… pero dime: quién sería la contraparte afectada?…
- la dueña de la casa al no tener inquilinos estables – respondió aún confundido…
- no me preguntes más – le advertí…
- cada quién su conciencia – dijo – pero eso no soluciona el problema de los intentos de homicidio de la vejeta, sobre todo si tendremos que estar tres meses más ahí mientras nos mudarnos…
- exageras – dije entre risas…
- no le encuentro la gracia – se quejó – no eres tú al que molestan…
- a mi los muertos me han fastidiado de peores maneras – le contesté aun riéndome…
- cínico! – masculló…
- no pienses que en tu casa las cosas se quedarán como están: en la noche le ofreceré un trato a la anciana para que deje de acosarlos…
- un trato?! – exclamó una vez más - dios mío, más que brujo pareces un gánster – dicho lo cual a los dos nos dio un ataque de risa…

Regresamos a la casa y tras debatir entre todos acordamos pasar el resto del día en Tlaquepaque… en algún momento hablé con mi esposa para pedirle ayuda: iba a necesitar de sus conocimientos esotéricos para que creara una esfera dorada y estuviera pendiente de que en la madrugada nada se nos fuera de las manos… entrada la tarde optamos por cenar en el restaurante “María Tamales” y finalmente regresamos a Guadalajara cuando ya era noche…

Tomamos un par de cervezas en el jardín hasta cercana la media noche, hora en la que las mujeres optaron por irse a dormir, después Rafael y yo conversamos durante una hora, acompañados de una jarra de café negro, ya que la peor combinación que hay en la vida no es el alcohol y un volante: es el trago y un muerto…


- qué piensas hacer? - cuestionó – qué puedes ofrecerle a la viejita?…
- dejarla aquí a cambio de que no los moleste mientras consiguen a donde mudarse…
- te dejaré con la duda de que entendí lo que eso significa…
- eres un idiota – le dije entre risas…
- a veces – presumió – pero por lo menos brujo no soy…
- cuántas veces tengo que decirte que no soy brujo!? – protesté…
- ya lo sé – aceptó y soltó una carcajada…

Tras un rato entramos a la casa: él se fue a dormir con la advertencia de que si escuchaba algún ruido no hiciera caso, mientras yo entré a la cocina, saqué el material que había encargado para sacar a los desencarnados y lo puse sobre la mesa… posteriormente fui a la recámara donde estaba mi esposa, quién se puso a trabajar en la esfera dorada a mi alrededor, una vez que ella terminó le pedí se quedara a la expectativa de cualquier situación mientras yo conversaba con la viejita y el niño…

Después recorrí la casa, al igual que la madrugada anterior, hasta que encontré a la desencarnada dentro de la recámara de las niñas: las miraba con gran resentimiento, más no estaba parada cerca de ninguna de las dos camas… una vez más cruzamos miradas, salí de la habitación, llegué a la cocina, encendí una vela, me senté y esperé a que la mujer hiciera su aparición, pero mientras tanto una serie de sombras negras revolotearon violentamente a mi alrededor y por instantes consiguieron asustarme: ese tipo de señales hablan de que el problema no se limita a los muertos…

Minutos después ella hizo su aparición en compañía del niño… ella me seguía mirando con odio, aunque ocasionalmente volteaba a ver el material desperdigado… le ofrecí el trato: me comprometía a permitir que siguieran en la casa a cambio de que dejaran de hacer daño durante el tiempo que todavía estuvieran ahí… en cuanto me escuchó comenzó a manotear y a señalarme con el dedo índice izquierdo mientras me amenazaba, así que tuve que explicarle que yo estaba consiente de por qué quería seguir ahí: para fastidiar a la dueña y con ello conseguir que alguien les procurara la justicia completa que creía merecer para ella y el niño…

Pero también tuve que hacerle entender que en caso de no aceptar, los sacaría de la casa, separándolos para siempre, y nunca se conocería toda la verdad sobre el crimen: para ello puse mi mano izquierda sobre la pólvora que había colocado sobre el papel con la agitena y con la derecha señalé una cruz de ocote…

Tras discutir un poco la anciana aceptó, más no por ello la expresión de ira contra todo y todos se borró de su rostro… el niño, que hasta entonces había asumido una actitud discreta, me ofreció una sonrisa llena de malicia y perversión que me estremeció… no había nada más que decir, así que me levanté y me fui a dormir dejándolos en la cocina y frente a la vela como regalo…

Llegué a la recámara y encontré a mi esposa sentada sobre la cama en posición de loto, me paré frente a ella, abrió los ojos, sonrió y dimos todo por terminado…

A la mañana siguiente el primo de Rafael llamó por teléfono temprano para avisar que se regresaba a la ciudad de México ese día y que se ofrecía a llevarnos: aceptamos… mientras desayunábamos en espera de que pasara a recogernos, Paola y Rafael presumieron de haber dormido como nunca desde hacía varios años…

Llegada la hora de partir, nuestros amigos nos agradecieron la visita… mientras yo acomodaba el equipaje en la cajuela de la camioneta, Rafael se me acercó y discretamente me preguntó…

- por qué la viejita asesina nunca molestó a mis hijas?
- deja de llamarla así – lo regañé – piensa que convives con el enemigo bajo una frágil tregua…
- y entonces? - insistió…
- supongo que la presencia de su nieto influyó en eso: al final de las cuentas los niños no tienen la culpa de las locuras de los adultos…
- el chamaco es su nieto?
- sí…
- pero a qué pedazo de imbécil se le ocurre asesinar a un niño y una anciana indefensos?
- a un alcohólico hasta el tope de endemoniada cocaína…
- lo peor: cómo es que los vecinos no escucharon ni vieron nada?
- a saber – dije levantando los hombros – igual y se hicieron los sordos y los ciegos: ya sabes de que está hecho el ADN de los mexicanitos…
- por qué los mataron? – insistió con el tema…
- créeme que no lo sé – contesté – pero si tanto te interesa vete a buscar los periódicos de la época o pide en el juzgado que te presten el expediente del caso y ya que llegues a una conclusión me lo compartes…

Antes de que se cumplieran los 90 días nuestros amigos ya habían conseguido que les rentaran una casa más amplia y cómoda, con lo que sus vidas regresaron a la normalidad…

* no he conocido muertero, espiritualista o curandero que pueda explicar cómo los muertos logran herir a sus víctimas mientras están dormidas, o en su defecto, cómo es posible que éstas no se despierten o no sientan dolor mientras son lastimadas… yo también lo desconozco…


Para conocer el origen de esta serie de textos, dar click en la siguiente dirección: http://basurerodealmas.blogspot.mx/2014/07/como-viven-los-muertos-1.html

17 de septiembre de 2013

Mi vida en la Santería 12: necesito sacar al muerto


1.
Era de noche y me encontraba leyendo a solas sentado en un sillón de la sala… sin más escuché un golpe en la puerta de la entrada de mi casa… siendo muertero no acostumbro voltear cuando escucho sonidos que provocan los muertos, pues al primero que se le ponga atención, es suficiente para que “él” o “ellos” sepan que te pueden asustar y con más confianza se quedan a tu lado…

A lo muertos les gusta mucho la madera (nunca he comprendido por qué, pero desde niño he presenciado esa predilección infinidad de veces y en las más variadas esotéricas circunstancias) y siendo la puerta de ese material, ese desencarnado supo exactamente qué hacer: por el tipo de ruido concluí que habían levantado una protección que tengo colgada por dentro, para posteriormente soltarla y que provocara ese peculiar sonido… continué con mi lectura…

2.
La noche de un domingo yo estaba profundamente dormido cuando sin más, del lado donde suelo acostarme, sentí un duro golpe sobre la base de la cama… algo cercano a una fuerte patada… me desperté y vi parada frente a mí, gracias a la luz que suele filtrarse a través del domo, una robusta sombra negra: sentía como me observaba y me dio la impresión de que estaba a la expectativa de mi reacción, la cual simplemente fue reacomodarme de manera que quedé dándole la espalda… volví a dormirme…

3.
Una mañana regresé de hacer algunas compras, dejé las bolsas sobre un sillón y me dirigí hacia el tocador para lavarme las manos antes de guardarlas: tomé jabón y las tallé con fuerza hasta generar suficiente espuma, me disponía a quitarla cuando frente a mis ojos el grifo se movió solo para quedar en medio del lavabo y la llave mezcladora se abrió para dejar salir el agua y sin que nadie la tocara… me reí y enjuagué mis manos… eso sí: ¡yo tuve que cerrar la llave…!

4.
Introduje la llave en la cerradura para abrir la puerta de mi casa y noté un fuerte empujón de adentro hacia afuera… pensé que mi esposa había llegado antes que yo, así que en lugar de dar vuelta a la llave, cambié y decidí abrir directamente al pestillo básico, encontrándome conque la puerta estaba correctamente cerrada…

Metí de nuevo la primera llave, le di las acostumbradas seis vueltas y al terminar, nuevamente desde adentro me empujaron la puerta a manera de obstaculizar mi entrada…

Dudé… realicé un recuento de lo que hice cuando salí en la mañana rumbo al trabajo y concluí que no había ninguna ventana abierta que estuviera permitiendo una fuerte corriente de aire de manera que bloqueara la puerta… así que finalmente me dije que si alguien estaba dentro, no me quedaba más que enfrentarlo… 


Abrí la puerta con un fuerte empujón, tomé otra de las protecciones que pongo para evitar que entre la brujería, me deshice de lo que llevaba en las manos y recorrí cada una de las habitaciones con precaución y confirmé que estaban vacías…

Regresé la mortal defensa a su lugar y procedí a encender la computadora…

5.
Un sábado por la mañana muy temprano, después de pasar una mala noche (durmiendo apenas a ratos), coincidió con un desayuno que mi esposa tenía con un grupo de amigas, así que estaba solo en la casa…

Una serie de ruidos raros me despertaron… parecidos al de una bolsa de plástico cuando es estrujada para hacerla pequeña… pensé que ya era muy tarde y que mi esposa había regresado con algunas compras en la mano, más cuando hice el intento de moverme de la cama para levantarme, un muerto se me subió…

Eso nunca me había sucedido, sin embargo, me eran de sobra conocidas las anécdotas sobre esta situación, contadas por otras personas a lo largo de mi vida: “alguien” (algo) se pone encima de ti sin que puedas moverte, gritar ni hacer absolutamente nada… no me asusté y por el contrario, si bien no podría expresar palabra alguna, mentalmente llamé a mi muerto para que se encarara con el intruso, al tiempo que hice uso de una oración especial para estos casos… fue cuestión de segundos para que aquello que me aprisionaba huyera…

Una vez que pude moverme reflexioné sobre lo sucedido y no puedo negar que me gustó la experiencia de ser “aprensado” por un desencarnado… quizá sea resultado de las malas mañas que adquirimos los muerteros: nos hacemos adictos a la energía de los que vienen del “más allá”… consulté la hora en mi celular y vi era demasiado temprano… traté de dormirme de nuevo…

6.
Durante una de esas constantes madrugadas en las que no podía conciliar el sueño, me levanté y al encaminarme rumbo al baño, descubrí que la lámpara del cuarto donde trabajamos Santería estaba encendida… y como dicen en las películas: se me erizó la piel de la nuca, pues yo mismo había apagado todas las luces antes de subir a dormir…

Bajé y la apagué… lo peor: ¡la misma situación se presentó en esa habitación las siguientes dos madrugadas…!

7.
Cierta noche tuvimos invitados en casa: un matrimonio conocido fue a cenar y pasamos una velada agradable…

Llegada la hora la pareja anunció que se retiraba… los acompañé hasta el estacionamiento, mientras mi esposa se quedaba en la casa recogiendo y lavando la vajilla…

Cuando regresé entré a la cocina para preguntarle en qué podía ayudarla, pero la encontré riéndose… me paré frente a ella y le cuestioné qué le pasaba, esperando me compartiera alguna situación agradable que hubiera percibido durante la estancia de nuestros amigos, pero su respuesta me dejó sorprendido:

- es que vi un muerto que vestía un traje viejo…
- un qué? – pregunté extrañado…
- sí – dijo – entre que iba y venía recogiendo lo vi en la sala, en el lugar donde acostumbras sentarte a leer… y se me quedó viendo sin decirme nada…
- dices que el muerto vestía un traje color negro? – pregunté intrigado…
- sí, un traje de estilo viejo pero en excelentes condiciones – dijo divertida – incluso traía un sombrero…
- vaya, como el del señor que sale en las cartas de la lotería? – pregunté asombrado…
- exactamente: parecía un catrín – me aclaró…
- lukanski?? – me asaltó la duda antes de agregar – muy raro: “el amigo” no tendría nada que ver con esto… creo que es la hora de encender los focos amarillos…

 
8.
Antes de decidirme a tomar en serio el asunto, un par de situaciones más se presentaron un sábado por la tarde…

La primera: habíamos regresado del cine y mi esposa dijo sentirse muy cansada, así que me avisó que iría a dormirse un poco al tiempo que le dije que revisaría mis correos electrónicos…

Minutos después ante un curioso silencio que inundó la casa, mientras le contestaba un mail a una amiga española, escuché que me hablaban al oído tratando de imitar la voz de mi esposa llamándome… obviamente que como muertero supe que no era ella… y que la intención de convocarme podría ser que “alguien” quería me levantara para subir al segundo piso y en el camino tuviera un accidente… o que al pararme frente a ella la asustara en su profundo sueño…

Hice caso omiso al llamado, pero aquí sí reconozco que me asusté: puedo ver muertos, puedo hablar espiritualmente con los muertos, puedo dejar que me monte un muerto, pero si hay algo que aún no soporto es escuchar la voz de un desencarnado…

La segunda, ese mismo día: terminé con la pc y decidí leer un rato… encendí la luz pues ya había oscurecido, me acomodé en mi sillón preferido y tomé el libro del cuestionado Abdul Al-Hazred que había decidido releer, pero más o menos media hora más tarde hubo una falla en la corriente eléctrica…

Permanecí en el sillón, agudicé el oído por si había algún movimiento o ruido que me advirtiera si mi esposa se había despertado, pero todo estaba en silencio…

Así que decidí quedarme en la oscuridad disfrutando de la forzosa quietud que se apoderó del ambiente, pero unos minutos después sentí claramente que a mi lado izquierdo se sentaba algo parecido a una persona, sumiendo con su peso una de las butacas… y en este hecho sólo había un pequeño detalle: yo aún estaba solo en la planta baja…

Solté molesto un “me carga la chingada” por el cinismo de la intromisión, me puse de pie y fui al cuarto donde trabajamos religión en búsqueda de un par de velas… regresé, las encendí, las puse frente al sillón, me acomodé nuevamente en el lugar que estaba sentado y descubrí que “ese algo” había desaparecido…

9.
Una advertencia más: mi esposa se despertó un viernes con algunos rasguños y moretones en diversas partes del cuerpo, después de haber pasado una noche en la que extrañamente dormí bien y ni ella ni yo nos dimos cuenta de lo sucedido… lo más irónico: yo tenía la marca de un fuerte golpe en la frente…

Más acostumbrados a la gente pendeja que regularmente nos manda muertos para hacernos daño, casi siempre el día jueves (razón por la cual sabemos quién es el imbécil que lo hace), aquello fue el acabose…

10.
Llamé por teléfono a un Babalowo amigo mío y le pedí que hiciera una consulta al pie de Orunmila, pero que fuera en mi casa… todo se programó para el siguiente martes…

Realizó el respectivo registro, pero antes de que dijera cualquier cosa de lo que marcaban los signos que arrojó el epkuele cerró la sesión…

 
- mira – dijo con solemnidad – aquí en tu casa hay un muerto muy cabrón, pero curiosamente está muy a gusto con ustedes… le gusta sentarse en ese sillón – y señaló mi lugar preferido para leer – y disfrutar de la calma que hay en tu casa… y de paso ver tus libros… en vida le gustaba leer…
- no jodas – le dije – una cosa es que le guste mi casa y otra lo que nos ha pasado (y le conté los golpes, los rasguños, las apariciones, las luces y todo lo que había sucedido)…
- habla con tu Lucero, dile que lo ponga a trabajar y que lo saque de aquí… o que se lo coma – sugirió divertido…
- no jodas – repetí – necesito algo más rápido…
- qué más rápido quieres que trabajar con Palo? – me cuestionó…
- vamos a correrlo - reclamé – bien sabes que te he ayudado en oparaldos, bien sabes que he ido al panteón a la media noche a terminar obras, bien sabes que he sacado muertos de casas y negocios, bien sabes que le quito muertos a la gente cuando los traen encima… sabes perfectamente que estoy acostumbrado a verlos y a platicar con ellos no sólo en las Misas Espirituales y hasta en Cajones, incluso aquí en mi propia casa… no les tengo miedo… pero si hay algo que aún no puedo manejar es escuchar la voz de los muertos, que me hablen en voz alta… aparte de que ya son muchas formas de manifestarse que no me parecen lógicas… y lo peor que puede suceder: que un chingado muerto trate de molestar a mi esposa… así que saquémoslo de mi casa ya!!! – dije a manera de exigencia…
- bien, te daré una firma para que la hagas con Eshu – dijo al tiempo que me pedía un cuaderno para dibujarla…
- dale – dije con fastidio… terminó el dibujo y me dio la explicación de cómo activar la agitena…
- necesitas una ataná y un akukó: pintas la firma con cascarilla en la puerta de la entrada por dentro, sarayeyeas toda la casa, enciendes la vela, le das la mitad del akukó a tu Eshu, la otra mitad a la firma con la candela encendida y terminas de nuevo con el Orisha…
- así nomás? – pregunté mientras trataba de entender la agitena…
- sí - respondió…

11.
Revisé varias veces la agitena, pero había algo que no me convencía: darle menga a un desencarnado?... eso podría ser contraproducente… y no es que dudara de la palabra de Orunmila, pero mi amigo había cerrado la consulta antes de hablar los signos… así que tanto como que el Orisha lo recomendó, a saber… y menga es comida para el muerto…

También reflexioné sobre la presencia de un muerto amante de los libros y el silencio: si fuera el caso no debería mostrar una actitud tan obvia, pues si se sintiera a gusto en mi casa, lo que menos haría sería manifestarse de esa manera para correr el riesgo de que se le corriera (muchos desencarnados pasan por ahí y deciden quedarse momentáneamente y sin molestarnos, aprovechando la luz espiritual que los diversos altares y deidades generan, usándola al máximo para después continuar su camino)…

Dudé de nuevo sobre la funcionalidad de la agitena, así que consulté a mi gran amigo Ojuani ni shidi, le compartí la firma y le pedí su opinión…

Sabiamente me hizo las correcciones necesarias: me señaló que en lugar de usar menga utilizara fula (dándome con ello la razón de mi inquietud), corrigió un pequeño trazo de la agitena (concretamente en la parte de darle salida al muerto) y me explicó por qué los cambios…

12.
Cualquier desencarnado que haya estado en mi casa salió por donde debía… pero antes de encender la fula, le pedí al muerto que saludara al origen materno del pendejo que lo envió…