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16 de agosto de 2014

Cómo viven los muertos (6 y último)



15.
- estoy asustado! – escuché una voz alterada al otro lado de la línea telefónica…
- quién eres? - pregunté sin entender qué sucedía…
- Rafael, cómo que quién?
- estaba dormido, así que no te pongas exigente – me quejé al ver que el reloj marcaba las 3:15 de la mañana…
- tengo mucho miedo - gritó – nos urge que vengan a mi casa a solucionar esto!
- de qué hablas?
- trataron de ahorcarme mientras dormía – se quejó…
- dile a tu esposa que no se ensucie las manos y que mejor contrate a un matón para deshacerse de ti – me burlé…
- es en serio! – chilló – y no era Paola: fue la viejita asesina…
- la viejita asesina? eso me suena a nombre de una película de terror…
- esto es en serio: en casa tenemos el fantasma de una vieja que trata de matarnos, a mí me acaba de dejar sus dedos marcados en el cuello – advirtió para después comenzar con su relato…

Rafael, su esposa Paola y sus dos hijas se trasladaron del estado Aguascalientes a Guadalajara, donde mi amigo recibió una atractiva oferta laboral…. en primera instancia apostaron por rentar una casa mientras se acostumbraban a los nuevos rumbos, pero con la idea de adquirir una propiedad en el futuro…

Tras recibir algunas recomendaciones de su nuevo jefe sobre cómo buscarla, mi amigo optó por rentar en una privada que incluía salón de usos múltiples, alberca y cancha de tenis, la cual descubrió a través de un anuncio en un periódico… los primeros meses en su nuevo hogar transcurrieron sin novedad hasta que la desidia y comodidades, junto con una baja renta, les hicieron olvidarse de hacerse de un inmueble propio…

Los problemas comenzaron cuando cumplieron un año de vivir ahí: sin una comprensible razón la temperatura de la casa se mantenía fría incluso en el verano, la comida y la fruta (aún en el refrigerador) se echaba a perder con rapidez, el perro que tenían como mascota se encontraba permanentemente nervioso, diversos objetos personales de mis amigos eran cambiados de lugar durante las madrugadas y las luces de las habitaciones donde estuvieran se encendían o apagaban solas…

Sin embargo las cosas empeoraron y a partir del segundo año se tornaron peligrosas: primero fueron ocasionales apariciones de una mujer mayor de edad, junto con un niño, en diferentes partes de la casa: el infante limitándose a verlos, la anciana mirándolos con odio… después surgieron los rasguños* con los que amanecían Rafael o Paola en el pecho, piernas o espalda, de ahí pasaron a descubrirse mordidas en el cuerpo y ahora el intento de estrangulamiento…

Lo extraordinario de esos fenómenos paranormales es que sus dos hijas nunca las atacaron ni fueron testigos de nada fuera de lo común…

- y por qué me lo cuentas hasta ahora? – le reclamé – y lo peor: un martes en la madrugada…
- porque esta vez ya trataron de matarme – repitió sin ocultar su temor – y eso significa que pueden suceder cosas peores…
- usen cascarilla para dormir mientras veo qué sucede…
- y dónde diablos la consigo a estas horas? – me espetó…
- vacía el contenido de un huevo, machaca el cascarón hasta hacerlo polvo y agrégale agua bendita – le respondí y colgué el teléfono…

Un par de días más tarde mi amigo me llamó de nuevo, aunque esta vez en horas hábiles…

- viste algo? – me interrogó…
- efectivamente esa viejita es peligrosa… no sé qué le hiciste, pero te hará pagar todos tus pecados antes de descuartizarte – me burlé…
- no jodas – exclamó aterrorizado…
- es broma – aclaré arrepentido por asustarlo - estuve viendo algunas cosas y te puedo decir que el asunto está complicado: no pude ver algunos detalles, pero me queda claro que los dos muertitos son obscuros, así que te sugiero que busques quién los saque de tu casa…
- pero cómo llegaron? – me interrogó…
- eso es lo de menos, lo importante es que se vayan…
- tienen que venir hacerlo tú – soltó a manera de súplica…
- estás loco? una limpia de hora y media a cambio de viajar ocho? - yo no voy a trasladarme hasta dónde vives para sacarlos – le advertí…
- cóbrame lo que quieras – trató de convencerme…
- no es eso – me negué…
- les pago el boleto de avión de ida y vuelta – insistió…
- sabes, no estás loco: estás huérfano de cerebro – me burlé – mejor te puedo recomendar con un buen amigo santero que vive por allá para que les haga un oparaldo…
- un opa qué? – me cuestionó – ni madres, yo sólo te tengo confianza a ti: ya una vez me salvaste la vida y a nadie más voy a dejar la seguridad de mi familia…

Aquellas palabras me hicieron dudar: quizá sí debería ayudarlo, por nuestra vieja amistad…

- déjame consultarlo con mi esposa – dije y me despedí… 

 
Ella aceptó hacerles la visita, se lo comuniqué a mi amigo y acordamos que aprovechando el viaje que haría uno de sus primos a Guadalajara, nos iríamos con él en su camioneta y el regreso lo haríamos en autobús, yo no le cobraría nada por hacer las obras, pero tendría que darnos alojamiento y tendría que conseguir el material que se usaría, sobre todo la pólvora, que es lo más complicado de encontrar…

Curiosamente una semana antes había hecho una consulta a mi amigo Rubén Cuevas, precisamente sobre una agitena para sacar muertos de cualquier lugar y que un babalowo me había compartido, pero de la que yo tenía mis dudas sobre algunos trazos… Rubén le hizo las correcciones necesarias, por lo que el asunto sería sencillo…

Salimos un viernes por la tarde y en seis horas llegamos a nuestro destino… cenamos, conversamos sobre cualquier tema, Rafael me mostró el material que le encargué y pedí a todos que saliéramos de la casa para hablar sobre el asunto sin que la viejita ni el niño nos escucharan…

- ellos oyen lo que hablamos? – me cuestionó Rafael…
- claro – le respondí mientras nos sentamos alrededor de una pequeña mesa, incluyendo a sus dos hijas – lo peor es que si se dan cuenta de lo que haremos son capaces de entorpecerlo todo…
- oye, los muertos son terribles – comentó Paola…
- a veces – advertí – por ello hay que tener cuidado con lo que se habla - y procedí a explicarles lo que haríamos al día siguiente… terminamos, las mujeres se fueron a dormir y Rafael y yo nos quedamos a tomar una copa de vino tinto…
- en verdad todo está muy feo? – me cuestionó…
- más de lo que crees – le advertí – pero todavía hoy se debe hacer algo antes de definir con exactitud cómo se trabajará y por eso quise quedarme a solas contigo: una vez que todos se hayan dormido haré un recorrido por la casa, necesito ver algunos detalles porque hay algo de todo lo que sucede aquí que no tiene lógica…
- qué es? – me interrogó mi amigo…
- no sé si deba decirlo, porque aún no termino de entenderlo – confesé…
- suéltalo – insistió…
- de dónde salieron el niño y la viejita?…
- no lo sé…
- a eso me refiero: te los mandaron o ya estaban aquí?... necesito que todos dejen las puertas de sus recámaras abiertas, te lo aviso para que no te extrañe verme recorriendo la casa durante la madrugada…

Posteriormente, cuando calculé que ya todos habían entrado al sueño profundo, me puse cascarilla y salí del dormitorio que nos asignaron para descansar… recorrí la planta alta, entrando cuidadosamente a cada habitación pero sin detectar nada extraño… bajé e hice lo mismo por todos los rincones con los mismos resultados…

Estaba a punto de sentarme en la sala para forzar mi videncia, cuando escuché un ruido en la planta alta… agudicé el oído y lo oí de nuevo… subí y localicé que salía de la recámara de mis amigos… me encaminé hacia allá, me asomé y descubrí a Paola inquieta mientras a su lado estaba parada la anciana… intercambiamos miradas, di media vuelta, salí, bajé y me dirigí a la cocina: sabía que la desencarnada iría tras de mi…

Una vez ahí tomé una de las velas que Rafael había comprado (un poco de luz, a manera de gesto de buena voluntad de mi parte), la encendí, la puse en medio del comedor, me coloqué frente a ella e inquieto decidí esperar… minutos después la anciana estaba sentada frente a mí en el otro extremo de la mesa…

La conversación no fue larga: curiosamente ella ya sabía las razones por las que estábamos ahí… le dije que no quería hacerle daño, pero la mirada llena de odio y los manotazos que daba en el aire dejaron claro que no se fiaba de mi… debo reconocer que me sorprendió el rencor que manifestaba, pero si algo me asustó fue la presencia de una pequeña sombra oscura y silenciosa detrás de ella…

Finalmente llegamos a un acuerdo que yo, para poder cumplir, tenía que levantar temprano a mi amigo y pedirle me llevara en su auto a buscar a una persona… la anciana y la sombra desaparecieron sin que su odio disminuyera un ápice por la tregua que establecimos…

Subí a dormir, pero a las pocas horas el escándalo generado por Paola me despertó… entramos a su recámara y la descubrimos asustada observándose frente al espejo los rasguños que tenía en el cuello: seguramente se los hizo la anciana antes de que yo la descubriera…

Una vez que desayunamos, mi amigo y yo subimos a su auto y fue cuando me preguntó por el destino, a lo que le informé que iríamos a visitar a la dueña de la casa… le extrañó mi petición, no dijo nada más y en el camino le llamó a su celular para avisarle que nuestra conversación no le quitaría mucho tiempo…

Llegamos a la colonia Las Águilas, un barrio de clase media que tiende a convertirse en baja con rapidez, nos estacionamos frente a un remodelado edificio y bajamos, Rafael tocó el timbre, por el interfón nos atendió una voz femenina y tras anunciarnos la puerta soltó un click para dejarnos entrar…
 
Fuimos recibidos por una mujer a quien calculé más de 60 años… nos hizo pasar a una salita cercana a la entrada que, comparándola con la amplitud del resto del departamento, dejaba claro que era usada para tratar sólo negocios; nos sentamos en un incómodo sillón y antes de cualquier cosa estreché su mano al tiempo que me presentaba como “abogado” de Rafael, lo que hizo que se pusiera a la defensiva…

- usted sabía que en la casa donde vive Rafael con su familia suceden cosas extrañas”? – solté a bocajarro…
- algo escuché – contestó vagamente: era una mujer que en su juventud había sido guapa y por lo mismo arrogante, vestía ropa deportiva de marca, traía encima un perfume suave y se comportaba con clase…


- y aun así se las rentó? – inquirí mientras mi amigo me observaba sorprendido: a saber si por el cinismo con el que me dirigía a la mujer o por estarse enterado de una situación que hasta ese día él ignoraba… mi fuerte cuestionamiento hizo que ella se relajara un poco…
- sí – aceptó – al principio creí que esas cosas no existían – trató de justificarse – pero después pensé que todo eso formaba parte de la familia que había rentado antes que ellos…
- no – la encaré – las últimas tres familias que han vivido ahí terminaron huyendo por lo mismo: la presencia de los fantasmas de una anciana y un niño que hace años fueron asesinados en ese lugar…

La mujer me sostuvo la mirada retadora al tiempo que mi amigo brincaba desde su silla…

- quieren tomar algo? – ofreció condescendiente…
- no, gracias – rechacé amablemente por los dos…
- es una historia complicada la razón por la cual no informo a los inquilinos, pero tampoco guarda mucho secreto: lo sucedido ahí fue publicado y comentado excesivamente en los periódicos y la radio hace varios años, incluyendo el arresto y posterior condena del responsable – comenzó un argumento que no le permití terminar…
- no es tan compleja como usted quiere que se vea, pero sí escalofriante, sobre todo que usted alquile esa casa sabiendo que quienes se metan ahí pueden salir lastimados…
- respeto su opinión, aunque ésta se puede debatir fácilmente – dijo usando de nuevo a su altivo tono, más la interrumpí otra vez…
- la casa le será desocupada a más tardar en tres meses – le avisé poniéndome de pie – tiempo durante el cual, usted entenderá, ellos dejarán de pagarle la renta por las molestias ocasionadas – tras lo cual jalé la playera de mi amigo para que viera las marcas en su cuello…
- se han dado cuenta de la manera poco educada en que están comportándose en mi casa? – protestó alzando la voz, sin embargo, no quitaba la vista del maltratado pescuezo de Rafael, así que guardó la compostura y regresó a su ensayada indiferencia – más su planteamiento me parece aceptable siempre y cuando ésta situación no se dé a conocer entre los vecinos ni a futuros arrendatarios…
- entonces tenemos un trato – dije al tiempo que ofrecía de nuevo mi mano, la cual estrechó con frialdad… hice un ademán a mi amigo para que saliéramos de ahí, pero ella dijo con ironía…
- es una lástima que no quieran quedarse al almuerzo…
- mejor busque a una persona que se encargue de darle luz a los muertos que están atrapados en su casa, porque si se sigue tardando en atenderlos los dos optarán por hacerle llegar la factura por tanto olvido – dicho lo cual salimos de la sala…

Una vez que nos alejamos del edificio, mi amigo me cuestionó…

- qué diablos significó todo eso?
- lo que oíste – le dije sin ánimo de dar explicaciones – la anciana y el niño fueron asesinados en esa casa…
- el chamaco no es tan malo…
- eso es lo que tú piensas…
- por qué los mataron? – me interrogó con una mezcla de asombro y curiosidad – qué sucedió ahí?…
- no lo sé, pero el que lo hizo ciertamente está encarcelado, aunque nunca ha confesado los motivos…
- tú ya los sabes! - exclamó…
- yo no sé nada: la que está enterada de lo que pasó es la viejita… y de antemano te lo advierto: no pienso preguntárselo - Rafael se quedó en silencio largo rato, mientras conducía, hasta que me cuestionó…
- y cómo es eso de que tenemos tres meses para cambiarnos de casa?!
- así es…
- no piensas sacar a la viejita asesina y al niño!
- por supuesto que no – respondí tajante…
- en verdad que no comprendo nada – se quejó dando un manotazo al volante…
- después de que los mataron – traté de explicarle - la única manera de exigir justicia es haciéndole la vida imposible a todos aquellos que llegan a vivir ahí…
- y qué culpa tenemos de lo que les hicieron? – protestó de nuevo – además, el culpable ya está en prisión…
- los muertos se mueven en planos espacio-tiempo diferentes a los nuestros – continué – y al convertirse en desencarnados sus emociones desaparecen: por ello es que no entendemos conceptos como el de justicia que ellos han re-definido en su nuevo estado… digamos que sus sentimientos no son tales, sólo son recuerdos de lo que percibían estando vivos… es muy complicado de explicar…
- eso no me responde mi pregunta…
- sólo hay dos damnificados en eso de la venganza de la viejita y el niño: una de las partes eres tú y tu familia… o quien esté viviendo en ese momento ahí… pero dime: quién sería la contraparte afectada?…
- la dueña de la casa al no tener inquilinos estables – respondió aún confundido…
- no me preguntes más – le advertí…
- cada quién su conciencia – dijo – pero eso no soluciona el problema de los intentos de homicidio de la vejeta, sobre todo si tendremos que estar tres meses más ahí mientras nos mudarnos…
- exageras – dije entre risas…
- no le encuentro la gracia – se quejó – no eres tú al que molestan…
- a mi los muertos me han fastidiado de peores maneras – le contesté aun riéndome…
- cínico! – masculló…
- no pienses que en tu casa las cosas se quedarán como están: en la noche le ofreceré un trato a la anciana para que deje de acosarlos…
- un trato?! – exclamó una vez más - dios mío, más que brujo pareces un gánster – dicho lo cual a los dos nos dio un ataque de risa…

Regresamos a la casa y tras debatir entre todos acordamos pasar el resto del día en Tlaquepaque… en algún momento hablé con mi esposa para pedirle ayuda: iba a necesitar de sus conocimientos esotéricos para que creara una esfera dorada y estuviera pendiente de que en la madrugada nada se nos fuera de las manos… entrada la tarde optamos por cenar en el restaurante “María Tamales” y finalmente regresamos a Guadalajara cuando ya era noche…

Tomamos un par de cervezas en el jardín hasta cercana la media noche, hora en la que las mujeres optaron por irse a dormir, después Rafael y yo conversamos durante una hora, acompañados de una jarra de café negro, ya que la peor combinación que hay en la vida no es el alcohol y un volante: es el trago y un muerto…


- qué piensas hacer? - cuestionó – qué puedes ofrecerle a la viejita?…
- dejarla aquí a cambio de que no los moleste mientras consiguen a donde mudarse…
- te dejaré con la duda de que entendí lo que eso significa…
- eres un idiota – le dije entre risas…
- a veces – presumió – pero por lo menos brujo no soy…
- cuántas veces tengo que decirte que no soy brujo!? – protesté…
- ya lo sé – aceptó y soltó una carcajada…

Tras un rato entramos a la casa: él se fue a dormir con la advertencia de que si escuchaba algún ruido no hiciera caso, mientras yo entré a la cocina, saqué el material que había encargado para sacar a los desencarnados y lo puse sobre la mesa… posteriormente fui a la recámara donde estaba mi esposa, quién se puso a trabajar en la esfera dorada a mi alrededor, una vez que ella terminó le pedí se quedara a la expectativa de cualquier situación mientras yo conversaba con la viejita y el niño…

Después recorrí la casa, al igual que la madrugada anterior, hasta que encontré a la desencarnada dentro de la recámara de las niñas: las miraba con gran resentimiento, más no estaba parada cerca de ninguna de las dos camas… una vez más cruzamos miradas, salí de la habitación, llegué a la cocina, encendí una vela, me senté y esperé a que la mujer hiciera su aparición, pero mientras tanto una serie de sombras negras revolotearon violentamente a mi alrededor y por instantes consiguieron asustarme: ese tipo de señales hablan de que el problema no se limita a los muertos…

Minutos después ella hizo su aparición en compañía del niño… ella me seguía mirando con odio, aunque ocasionalmente volteaba a ver el material desperdigado… le ofrecí el trato: me comprometía a permitir que siguieran en la casa a cambio de que dejaran de hacer daño durante el tiempo que todavía estuvieran ahí… en cuanto me escuchó comenzó a manotear y a señalarme con el dedo índice izquierdo mientras me amenazaba, así que tuve que explicarle que yo estaba consiente de por qué quería seguir ahí: para fastidiar a la dueña y con ello conseguir que alguien les procurara la justicia completa que creía merecer para ella y el niño…

Pero también tuve que hacerle entender que en caso de no aceptar, los sacaría de la casa, separándolos para siempre, y nunca se conocería toda la verdad sobre el crimen: para ello puse mi mano izquierda sobre la pólvora que había colocado sobre el papel con la agitena y con la derecha señalé una cruz de ocote…

Tras discutir un poco la anciana aceptó, más no por ello la expresión de ira contra todo y todos se borró de su rostro… el niño, que hasta entonces había asumido una actitud discreta, me ofreció una sonrisa llena de malicia y perversión que me estremeció… no había nada más que decir, así que me levanté y me fui a dormir dejándolos en la cocina y frente a la vela como regalo…

Llegué a la recámara y encontré a mi esposa sentada sobre la cama en posición de loto, me paré frente a ella, abrió los ojos, sonrió y dimos todo por terminado…

A la mañana siguiente el primo de Rafael llamó por teléfono temprano para avisar que se regresaba a la ciudad de México ese día y que se ofrecía a llevarnos: aceptamos… mientras desayunábamos en espera de que pasara a recogernos, Paola y Rafael presumieron de haber dormido como nunca desde hacía varios años…

Llegada la hora de partir, nuestros amigos nos agradecieron la visita… mientras yo acomodaba el equipaje en la cajuela de la camioneta, Rafael se me acercó y discretamente me preguntó…

- por qué la viejita asesina nunca molestó a mis hijas?
- deja de llamarla así – lo regañé – piensa que convives con el enemigo bajo una frágil tregua…
- y entonces? - insistió…
- supongo que la presencia de su nieto influyó en eso: al final de las cuentas los niños no tienen la culpa de las locuras de los adultos…
- el chamaco es su nieto?
- sí…
- pero a qué pedazo de imbécil se le ocurre asesinar a un niño y una anciana indefensos?
- a un alcohólico hasta el tope de endemoniada cocaína…
- lo peor: cómo es que los vecinos no escucharon ni vieron nada?
- a saber – dije levantando los hombros – igual y se hicieron los sordos y los ciegos: ya sabes de que está hecho el ADN de los mexicanitos…
- por qué los mataron? – insistió con el tema…
- créeme que no lo sé – contesté – pero si tanto te interesa vete a buscar los periódicos de la época o pide en el juzgado que te presten el expediente del caso y ya que llegues a una conclusión me lo compartes…

Antes de que se cumplieran los 90 días nuestros amigos ya habían conseguido que les rentaran una casa más amplia y cómoda, con lo que sus vidas regresaron a la normalidad…

* no he conocido muertero, espiritualista o curandero que pueda explicar cómo los muertos logran herir a sus víctimas mientras están dormidas, o en su defecto, cómo es posible que éstas no se despierten o no sientan dolor mientras son lastimadas… yo también lo desconozco…


Para conocer el origen de esta serie de textos, dar click en la siguiente dirección: http://basurerodealmas.blogspot.mx/2014/07/como-viven-los-muertos-1.html

2 de agosto de 2014

Cómo viven los muertos (4)

para Gabriel Cuevas, el escritor...

11.
Nunca he entendido por qué las casas de los Curanderos tienen que ser feas, oscuras y sucias, tampoco me queda muy claro por qué cuando se les ve desde lejos éstas inspiran miedo… pero el asunto es que ahí estaba yo: parado frente a una puerta oxidada que tenía docenas de años de no recibir una mano de pintura, buscando a una Hierbera a la que no conocía…

Había llegado a esa colonia de temible reputación para cumplir un encargo por parte de mi padrino: la búsqueda de una Curandera que tenía fama por ser de las pocas personas en ésta ciudad que vendía la tan codiciada “lengua de tarántula”…

Apenas y me paré frente a la puerta un ladrido se dejó oír desde el interior de la casa: un perro, el clásico guardián espiritual de todo Curandero… busqué un timbre pero obviamente no lo encontré, así que di cuatro toquidos con fuerza sobre la lámina desvencijada (evitando los esotéricos tres golpes que en la casa de cualquier brujo se deben evitar)…

- diga?! – cuestionó de mala manera una voz femenina…
- buenas noches – saludé educadamente para adelantarme a cualquier malentendido – se encontrará Doña Teresa?
- Tere no atiende a nadie el día de hoy – advirtió recalcando la manera de decir el nombre, al tiempo que el perro dejaba de ladrar…
- sí, lo sé – aclaré – pero Don Mateo, el Hierbero del Mercado de Sonora, me dijo que si le avisaba de parte de quién venía ella me… – traté de explicar, pero el chasquido del seguro de la chapa, acompañado de una tétrica carcajada, me interrumpió…

Si bien la puerta se abrió dejando el espacio necesario para que yo pudiera entrar, la densa oscuridad en el interior que inundaba el patio, no me permitía ver a la mujer que me estaba recibiendo…

- vas a pasar o qué? – escuché que me cuestionaron…

Entré y de inmediato ella cerró la puerta, quedándome en la oscuridad que instantes antes me había inquietado, sentí al perro olisqueándome los pies mientras a mano izquierda oí movimientos hasta que la discreta luz de una habitación se encendió acompañada de un imperativo pásate…

El perro decidió quedarse en el marco de la puerta: observó hacia el interior, movió el rabo nervioso y optó por desaparecer… distraído por la actitud del animal no me di cuenta de que la mujer se encontraba ya sentada detrás de una antiquísima mesa de madera, la cual rebosaba de los típicos objetos que son las herramientas fundamentales de todo Curandero: frascos y bolsas con contenidos poco claros, algunos palos, hierbas y un cráneo humano…

- siéntate – ordenó al tiempo que señalaba frente a ella lo que en su momento habría sido un pupitre escolar, aunque con la paleta a punto de desaparecer por el paso del tiempo y la saña de las polillas…
- cómo está? – pregunté educadamente…
- sólo por tratarse de mi Mateo es que abrí esa puerta para dejarte entrar – aclaró haciéndome sentir con una mezcla entre incomodidad pero a su vez de exclusividad… soltó de nuevo su macabra carcajada…
- gracias… no quiero quitarle mucho el tiempo…
- en mi estado – dijo a manera de aclaración – lo que a mí me sobra es eso: años, días, horas, minutos… quizá siglos – y procedió a encender un cigarrillo sin filtro con un cerillo…
- Don Mateo me comentó que… – comencé la explicación, pero nuevamente fui interrumpido…
- tiene mucho que te juraste como Curandero? – me interrogó mientras soltaba otra risotada: en ese momento descubrí que trataba de mantener la mayor parte del tiempo la cabeza agachada para que no la viera a los ojos…
- cuatro años – respondí mientras observaba cómo la mujer se ponía de pie con agilidad para buscar en un estante una vela blanca que después colocó sobre el cráneo que por los detalles de sus formas descubrí que era real… con los mismos cerillos que dio fuego al cigarrillo la encendió…
- imaginé que tenía usted más años – dije no sólo a manera de cumplido, sino sorprendido por lo joven que se veía, pese a tener la voz de una anciana, aunque quizá ayudada en su apariencia por la ropa deportiva que vestía…
- y qué se te ofrece? – preguntó ignorando mis comentarios de nuevo…
- necesito que me venda “lengua de tarántula”…
- mira, mira – se burló - vas hacer un trabajo negro muy cabrón, cabroncito – y soltó una carcajada más…
- las “lenguas de tarántula” no son para mí – expliqué - y tampoco sé para qué las usarán…
- las quiere tu madrina, la bruja, para chingarse a su prima - advirtió…
- no tengo madrina, el que me las encargó fue mi padrino – consideré necesario aclarar…
- ya lo sé: el tipo bajito, flaco y con bigote te pidió que las consiguieras, pero quien las va a usar es su mujer, y aunque ella no sea tu madrina tú le dices así – apuntó entre risas mientras terminaba su cigarrillo – pero eso ni a ti ni a nosotras nos debe importar– agregó mientras se ponía de pie y buscaba mi encargo en una serie de repisas de vieja madera empotradas en las paredes de la habitación, y entre las que pese a la poca luz identifiqué tres cráneos más, uno de ellos de tamaño más pequeño, acomodados en línea, y que me recordaron a los que tétricamente se exhiben en el Osario de Sedlec…

- aquí no tengo lo que buscas – advirtió – déjame ver si están en el otro cuarto – tras lo cual salió de la habitación provocando que el perro comenzara aullar escandalosamente…

Me quedé contemplando extasiado (como suele sucederme ante situaciones así), todo el material que había en las repisas: murciélagos disecados, velas de cebo, aceites, crucifijos de madera y metal, cabezas de víboras e iguanas deshidratadas, hierbas secas, palos de varios tamaños, tabaco, listones de colores, piedras, polvos en diversas bolsas, rosarios, inciensos, cuchillos, plumas de aves, sin embargo, cada cierto tiempo mi mirada regresaba al cráneo con la vela encendida…

Finalmente el rechinido que hizo la puerta al abrirse anunció que Doña Teresa había regresado, pero por la manera de caminar, con pasos lentos, dejó claro que se trataba de otra persona…

Cuando decidí voltear hacia la entrada descubrí a una anciana, vestida a la tradicional manera indígena, cubierta con un rebozo y apoyando su lento andar con un bastón de madera sin curtir…

- así que ya te dejaron pasar – exclamó mientras pasaba lentamente a mi lado hasta alcanzar su silla…
- la buena noche – saludé y comencé a explicar – Doña Tere ya estuvo conmigo y…
- yo soy Doña Tere y vivo sola, bueno, con mi perro – me interrumpió mientras volteaba a ver la vela encendida sobre el cráneo… movió la cabeza a manera de desaprobación y procedió a encender un cigarrillo con la luminosas flama – y no me molesta que una de las niñas te deje entrar a mí casa, pues sé que vienes recomendado por mi hijo Mateo, pero que aproveche mi lento caminar para encenderse una velita y darse un poco de luz… eso sí que no me parece – y dicho esto dio una profunda fumada a su cigarrillo y lanzó con una especie de dulzura el humo, por decirlo de alguna manera, hacia la flama de la vela y ésta discretamente se apagó, pero sin desprender humo – aquí la única que le da luz a los muertos soy yo – amenazó…


Me quedé sorprendido pues hasta ese momento comprendí que debí haberme fijado en más detalles del comportamiento de la mujer con la que había conversado, para darme cuenta que en realidad se trataba de una desencarnada…

- y qué se te ofrece? – me preguntó usando la misma frase que la otra mujer…
- necesito que me venda “lengua de tarántula” – alcancé a balbucear mientras reparaba en sus ojos, estremeciéndome por lo que finalmente no percibí…
- aah, sí, ya sé: porque tu padrino hará un trabajo negro muy cabrón – exclamó – búscate en esa repisa de hasta arriba un frasquito con tapa color verde y si no la encuentras fíjate en las otras de abajo: por ahí deben estar…

Me puse de pie y dándole la espalda estiré mi cuello hasta donde pude, tratando ver los colores de las tapas de los diversos recipientes que había ahí, pero no encontré nada, así que procedí a buscar en la siguiente repisa, que era en donde estaban los cráneos, más en el momento en que clavé mi mirada en las tres calaveras, escuché una terrorífica carcajada más, a la que supuse debía irme acostumbrando… decidí ignorarla y continué con mi búsqueda hasta que localicé el frasco, lo tomé y me di media vuelta sólo para descubrir que la silla estaba vacía: la anciana había desaparecido sin hacer ningún tipo de ruido…

Regresé al pupitre, me senté, coloqué el frasco sobre la mesa y decidí esperar, aunque no fue demasiado; escuché abrirse la puerta en el mismo momento en que el perro aulló otra vez, dirigí de nuevo mi mirada hacia los cráneos y otra risotada, aunque esta vez infantil, sonó a mis espaldas: sin darme cuenta ya tenía parada a mi derecha una niña enfundada en un impecable vestido color blanco, la cual me escrutaba con curiosidad…

- eres muertero desde niño? - me preguntó mientras se mordisqueaba las uñas del dedo índice de la mano izquierda…
- sí – respondí mientras dirigía mi mirada una vez más hacia los tres cráneos y comprendía a quién pertenecía el más pequeño…
- y le tienes miedo a los muertos? – me cuestionó con un tono cercano a la ingenuidad…
- claro – reconocí – desde siempre… no puedo dejar de asustarme cada que ellos se me aparecen…
- cuántos años tenías cuando se te apareció uno por primera vez? – continuó con el interrogatorio…
- quizá tu edad – le reviré, lo que provocó que soltara una traviesa risa…
- y te asustó mucho?
- sí…
- como ahorita? – me cuestionó escudriñándome con sus ojos apagados…
- más o menos – admití una vez más – no siempre me asusto de la misma manera: hay ocasiones en que nada más me pongo nervioso aunque trato de disimularlo, pero otras veces de inmediato un sudor frío me recorre la espalda, se me seca la boca, los dedos de las manos se me tensan y mi corazón comienza a latir rapidísimo…
- y de qué depende que te asustes muchito o poquito? – insistió…
- te voy a confesar algo - le advertí al tiempo en que comenzaba a relajarme – si hay algo a lo que no me puedo acostumbrar es a la voz de los muertos, eso siempre termina por asustarme… puedo verlos o escuchar que golpean cosas o arrojan objetos, pero cuando me hablan en voz alta, sin dejarse ver, eso sigue dándome pavor…
- entonces ahorita no me tienes miedo? – inquirió la pequeña mientras dejaba de morderse las uñas…
- un poco – acepté – digamos que lo normal…
- me caes bien – dijo entre risas cortas, dio media vuelta y dando pequeños brincos salió por la puerta para perderse en la oscuridad del patio…

- esto ya fue demasiado – dije en voz alta, así que me puse de pie, saqué mi cartera y conté los billetes de lo que podría costar la “lengua de tarántula” (según aventuró el precio mi padrino), con intensión de dejarlos sobre la mesa e irme, pero el sonido de la chapa de la vieja puerta oxidada por la que había entrado minutos antes me hizo esperar…

Escuché diversos ruidos, pasos arrastrarse y acomodamiento de bolsas muy cerca de donde yo me encontraba, pero lo que más me llamó la atención es que esta vez el perro no aulló, lo que me dio cierta tranquilidad: al parecer el desfile de muertas se había terminado, así que me quedé en espera de que quien hubiese llegado se asomara por la habitación donde yo estaba… más eso nunca sucedió…

Esperé unos minutos más sin que se escuchara ruido alguno, así que opté por asomarme al patio, sin embargo, la negrura seguía siendo impenetrable; regresé, tomé los cerillos, encendí la vela a medio consumir que estaba sobre el cráneo y tomándolo a manera de quinqué decidí salir a buscar a la persona que llegó, más no encontré a nadie ni vi las bolsas que oí habían acomodado y lo peor: tampoco había señales del perro…

Me iluminé el camino hasta la puerta: pensaba abrirla, regresar, dejar el cráneo sobre la mesa y ya con la luz que se filtrara de la calle guiarme para largarme sin el encargo de mi padrino, más la chapa estaba cerrada con llave; solté una palabrota en voz alta, regresé a la habitación y al entrar descubrí a una anciana sentada a la mesa, con los brazos cruzados sobre el pecho, y observando con detalle el contenido del frasco que contenían la “lengua de tarántula”… levantó la vista, sonrió apaciblemente y me dijo…

- estás enojado o asustado?
- ninguna de las dos – aclaré – más bien harto de tanto juego…
- los muertos no juegan – advirtió con un tono cercano al reproche…
- pero qué tal se divierten? – ironicé mientras colocaba el cráneo sobre la mesa y me sentaba frente ella: era una mujer pequeña, de piel exageradamente blanca y bastante mayor, según calculé por lo ajada que tenía la cara, por su cabello completamente gris y por la paz que desprendía su mirada: ese brillo que sólo pueden tener los viejos por la experiencia y sabiduría adquiridos a lo largo de años de triunfos y derrotas en la vida…
- los muertos son un asunto bastante serio – observó mientras acercaba un cigarrillo a la flama de la vela, la cual ya comenzaba a bañar la superficie del cráneo con la cera que escurría… le dio una larga calada y soltó lentamente el humo en dirección al techo…
- son demasiado solemnes – exclamé tajante tratando de insinuar que no me interesaba permanecer más tiempo en aquella casa…
- veo que ya te dieron lo que viniste a comprar – dijo señalando con un movimiento de cabeza el frasco…
- así es Doña Teresa - pronuncié su nombre con la certeza de encontrarme ante la mujer a la que originalmente había ido a buscar - pero no me han dicho cuánto me costarán…
- a ti… o a tu padrino? – cuestionó…
- son para... - iba a decirle, pero yo mismo me interrumpí al suponer lo que ella diria a continuación…
- ... su esposa que hará un trabajo negro muy cabrón – completó ella mi frase, por decirlo de alguna manera, con amabilidad…

La anciana se puso de pie sin mayor esfuerzo, tomó una botella de aguardiente que estaba en el piso, le dio un largo trago y lanzó el chorro sobre los tres cráneos que estaban sobre las repisas, después dio un sorbo y lo arrojó sobre el que tenía la vela, pero buscando la manera de que el alcohol no tocara la flama...
- cuánto le debo? – pregunté señalando el envase y sin disimular mi impaciencia (no pensaba quedarme ahí ni un minuto más esperando a que la dueña del último cráneo recibiera la oportunidad de hacer su espectral aparición)… dijo la cantidad (que resultó parecida a lo que había estimado mí padrino), pero al tratar de entregarle los billetes en la mano, con un ademán extrañamente señaló que debía ponerlos sobre la mesa…

Me puse de pie y avisé a la mujer que me iba, tomé el frasco, le agradecí la venta de la “lengua de tarántula” y salí de la habitación… una vez en el patio extrañamente la oscuridad era menos, llegué hasta la puerta y en el momento en que jalé el pasador para abrirla recordé que estaba cerrada con llave, sin embargo, el seguro cedió y sin mayor complicación la abrí… salí y antes de cerrar escuché que al mismo tiempo sonaron varias carcajadas espeluznantes y los aullidos del perro…

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