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13 de abril de 2025

Me lo dijo la muerta

 


1.
—Y entonces, de un día para otro, dejó de hablarme — se quejó Lorena, al otro lado de la línea telefónica, sobre una colega de su trabajo.
—Tras lo que dijiste, yo también te habría retirado el saludo — señalé.
—¡¿Por qué harías eso?! — protestó.
—A veces eres irritante.
—Tú no eres una rebanada de durazno en almíbar.
—Sí, soy difícil, por eso no pido favores ni me meto en situaciones que sé podrían terminar mal. Además, he aprendido a ya no hablar tanto: mientras menos opiniones dé, más felices seremos todos.
—No entiendo qué intentas decirme, pero tampoco me interesa mucho. Solo te hablé para pedirte que le hagas una brujería a esa mujer.

2.
Mi esposa y yo consideramos a Lorena una gran amiga, de esas con las que disfrutamos conversar por horas ante sendas tazas de café, sobre temas que no tienen que ver con espiritualidad, religión, esoterismo ni nada parecido. Es la amiga ideal.

No tiene ninguna iniciación espiritual; no es católica ni atea, pero acumula mucha cultura en su cabeza por los miles de libros que ha leído desde que era niña, cuando una tarde, al volver del trabajo, su padre le regaló “Flor de leyendas”, de Alejandro Casona, el primer texto que almacenó en su lúcido cerebro y al que le siguieron muchos otros.

Sin embargo, tiene un defecto: puede ser irascible, y aunque trate de controlar su carácter, no siempre lo consigue y asume actitudes viscerales. Eso sí, cuando lo hace suelta ingeniosas frases mordaces. 

3.
—Sabes bien que no hago brujerías.
—Lo sé, pero ella me hizo un trabajo, por eso dejó de hablarme…
—¿Por qué lo dices? 
—Estoy muy mal del estómago. Tengo síntomas de una infección, pero ningún doctor sabe decirme cuál es el problema. Me hice estudios clínicos y no se detectó nada. ¿Podrías verlo con tu clarividencia?
—La señorita videncia está de viaje de placer. 
—No seas así.
—Así, ¿cómo?
—Ecpático… — acusó y solté una risotada.

4.
—Tú, que trabajas en una gran empresa, dime, ¿cuántos de tus compañeros no te agradan? — intenté cambiar de tema.
—En nuestra área son unos 200 changos, entre macacos, simios, monos, gorilas, chimpancés y orangutanes… y unos 30 son como un cólico menstrual — dijo con desprecio.
—¿Y cuántos de esos primates te consideran insoportable?
—¡Oye…!
—¿Sabes?, la mayoría de la gente que se consulta con Curanderos, Tatas, Espiritualistas, Chamanes, Santeros, Babalowos, Tarotistas tiene la desgracia de hacerlo ante iniciados que no entienden el equilibrio dinámico de la vida.
—Ya has escrito de esos malabares en tu blog.
—¿Malabares?
—Sí, por aquello del equilibrio circense de la vida.
—Quizá lo he mencionado, pero no lo que te voy a explicar — avisé después de terminar de un trago el resto del whisky.
—Dale.
—Un buen guía, en cualquier disciplina religiosa, sabe que antes de cerrar la consulta debe hablar con el consultado y plantearle el escenario en el que surgen sus problemas, para evitar que se repitan en el futuro… evadir los errores que le llevaron a esa encrucijada.
—…
—Imagina cuántas personas buscan quién les quite la brujería que les hizo una compañera o pidiendo que tranquilicen al jefe.
—Muuuchas, supongo.
—Claro, pero antes de iniciar la consulta el afectado llegó hablando pestes de su vecina de escritorio, que “es una pinche bruja” y que seguramente le hizo algún hechizo para que le doliera la cabeza, o del “cabrón de su jefe”, a quien quiere denunciar por acoso laboral pues le pide mucho trabajo.
—…

5.
Aquella noche de sábado tenía entre mis manos “Testimony”, la autobiografía de Robbie Robertson, un libro que tardé años en comprar, sin tener motivo alguno que no fuera su tamaño y peso, hasta que una tarde encontré una edición barata y ligera, pero con la impecable calidad que caracteriza a los libros de la editorial NeoPerson. Así que lo compré y sin miedo a sus casi 700 páginas, me metí de lleno a su lectura.

Horas antes habíamos madrugado para acudir al cabildo de un amigo Tata, quien había pedido nuestra presencia para los preparativos de un rayamiento de un conocido de ambos. Acepté ir porque es un gran amigo y excelente religioso, pero aclaré que no nos involucraríamos en la ceremonia, y, esclarecí, que en cuanto cayera la tarde nos retiraríamos. Estuvo de acuerdo, aunque al momento de despedirnos insinuó que nos quedáramos, a lo que decliné amablemente.

Volvimos cansados a casa, mi esposa avisó que dormiría un rato mientras yo bebería un whisky y avanzaría en mi lectura. En ese momento estaba cuando entró la llamada de Lorena a mi celular.

6.
—La gente asegura que los otros son “los malos”, porque están alterando su vida, sin ponerse a pensar que quizá ellos propiciaron que la compañera o el jefe se pusieran en su contra con algún desplante, forma de contestar o ve tú a saber, porque hay personas más sensibles que una vela frente a una ventana abierta.
—Ando fuera del país por cuestiones de trabajo, y ha sido muy tortuoso lidiar con problemas estomacales cuando lo mío son relaciones públicas, ya sabes comidas o cenas…

Lorena quiso cambiar de tema y volver al de la brujería, pero la ignoré.

—Nos hace falta ser objetivos para ver el otro lado de la moneda en casos así: no soportamos estar junto a alguien, pero no nos ponemos a pensar que podemos ser insoportables para otra persona… o muchas.
—Creo que ya lo has mencionado en varias respuestas que luego das a los comentarios que la gente escribe en tu blog.
—Entonces, ¿por qué estamos teniendo esta conversación? — cuestioné levantándome para entrar a la cocina y servirme otro fajo de whisky
—Pilar me ha estado causando problemas en el trabajo. Estoy al borde de un ataque de nervios, por eso quiero que le regreses el daño que haya pedido para mí.
—No puedo creer lo que estoy escuchando, no sólo porque esa petición proviene de una mujer muy culta, sino porque sabes que no hago trabajos negros… ya ni siquiera blancos — agregué y solté otra risotada. 
—¡Es que no entiendes! No estoy pidiendo que la mates ni que la dejes coja o tuerta, solo quiero que me quites lo que me hizo y se lo regreses.
—Claro que comprendo, tan así que si insistes con la solicitud voy a tener que cortar la llamada — avisé.
—…
—Te voy a proponer algo: relájate, tómate dos cervezas y luego una más en mi honor, al fin y al cabo es sábado. Luego antes de beber la cuarta piensa si vale la pena que inviertas tiempo, y me robes el mío. Y si crees que lo vale, me marcas mañana y vemos que se puede hacer. Solo recuerda: si decides vengarte, habrá consecuencias para ti — propuse para luego sentarme en la orilla del sillón para alcanza mi vaso con whisky, sin embargo, estaba vacío.
—No es venganza… — dijo en el momento en que luego de constatar que el licor había desaparecido, levanté la vista y estaba de pie la muerta mirándome con dureza.
—¡Mierda! — exclamé.
—Tampoco necesitas enojarte… — dijo a modo de queja.

7.
Pese a que conocía nuestro trabajo espiritual, Lorena nunca pidió se le diera luz al espíritu de su madre tras morir. Tampoco me entrometí: cada quien sus traumas o rencores, pero de vez en cuando la percibía cerca de su hija, simplemente estando, sin dar señales de alguna intensión.

Sin embargo, aquella noche se había plantado frente ya mí, y sin mediar conversación alguna, me dejó claro el mensaje cuando con un vistazo observó el vaso vacío. 

—¿Días antes de que te dejara de hablar, Pilar te ofreció algo de beber? — pregunté a mi amiga.
—Sí, una mañana llegó hasta mi escritorio con un café capuchino. No se lo cuestioné pues luego de años de amistad ya conocía mis gustos.
—Y supongo te lo bebiste.
—Sí, ¿por qué? — cuestionó.
—Ahí fue donde te puso una porquería que no me preguntes qué es porque te haría vomitar, aunque de nada serviría porque el trabajo ya lo traes dentro — avisé.
—Te lo dije: esa cabrona me brujeó. ¿Así que la “Señorita Videncia” regresó de sus vacaciones?
—No me molestes. Urge que comiences a tomar té de orégano todas las noches, una taza, en lo que regresas a la ciudad. Luego nos pondremos de acuerdo para hacerte el despojo completo.

Nos despedimos y la madre de mi amiga se desvaneció frente a mí en el justo momento en que mi esposa se despertó.

—Sentí frío. Me agarró la “Muerte chiquita” — dijo entreabriendo los ojos.
—Sí, vino la madre de Pilar.
—¿Qué quería? — preguntó incorporándose del sillón
—Mierda, ponerme a trabajar — me quejé levantándome para servirme otro whisky, obvio, en un vaso limpio, para luego explicarle lo sucedido.
—¿No lo habías visto con videncia mientras conversabas con ella?
—Ya sabes que la mayor parte del tiempo la adivinación está cerrada, vacacionando...
—Creo que eso de que estás semi-jubilado del mundo espiritual es una falacia.
—Me temo que sí — reconocí.


21 de julio de 2018

Brujería


Durante el último par de meses recibí insistente solicitud de T, una lectora de este blog, que me pedía consultara a su madre, una mujer mayor imposibilitada de caminar. Finalmente acepté consultarla, determiné las obras y marqué el día para hacerlas.

Lo que sucedió esta tarde de sábado 21 de julio en que mi esposa y yo nos presentamos para atender a la anciana, no conllevó mayores sorpresas (ya habíamos prevenido cualquier situación): lo extraño sucedió después.

Tras salir del departamento nos encontramos debajo de nuestro auto un trabajo de brujería (cubierto con tierra tomado de diferentes lados donde estaba estacionado mi auto y enterrado de manera de que al mover el auto en reversa, para salir de ahí, teníamos que pasar sobre él). Aquello me llamó la atención pues no conocemos a nadie por aquellos rumbos de la ciudad y tampoco publicitamos el trabajo espiritual que haremos fuera de casa.

Antes de proceder a “desactivarlo” (se hizo para que tuviéramos un accidente de tráfico mortal), me puse analizar la situación y lo vinculé de inmediato a la anciana que habíamos atendido: sus males son resultado de un litigio de intestado que tiene con una de sus hermanas por un terreno propiedad de su difunto padre. Y la hermana vivía cerca de ahí.

¿Cómo se enteró que iríamos y cuál era nuestro auto? eso lo averigüé después, pero mientras tanto sirvan de recuerdo este par de fotografías que tomé antes de deshacerme del trabajo negro, pedir permiso, y ya concedido, regresarlo 70 veces 7 a quien desea el mal para nosotros.

¿me inquieta que traten de matarme?
no: conozco la naturaleza humana y ejemplos de cómo se comportan las personas abundan en este blog…
¿me asusta?
no: todos tenemos marcados el año, mes, día, hora, minuto, segundo y motivo por el que moriremos, el mío lo conozco y sé que no será por la mano de un vivo ni de un desencarnado…
¿me enoja?
en realidad me da risa… de hecho no he parado de reír desde que comencé a escribir este texto.

 


26 de marzo de 2015

Los Curanderos descansan en Semana Santa



1.
Un domingo por la noche (pasados unos tres años de ser jurados como Curanderos), mi esposa y yo nos sentamos a conversar con mi padrino en un apartado rincón dentro de su Templo espiritual…

- ya viene la Semana Santa - dijo – van a irse de vacaciones?
- no sé – respondí – ya sabes que nunca salimos de la ciudad esos días… aunque estamos esperando nos digan cómo estarán las cosas este año…
- ese tipo de decisiones no queda en ustedes ni en mí, sino en lo que diga el mundo espiritual – señaló…
- vamos hacer lo de siempre? – cuestioné…
- la ceremonia sí… aunque si la instrucción es que no salgamos a la esquina, ni siquiera ahí vamos – respondió - pero eso debemos explicárselo a los nuevos Curanderos – avisó a su vez mientras se ponía de pie y nos invitaba con un ademán a pasar a la habitación donde estaban sus aprendices…

2.
- ellos ya tienen años conmigo – dijo mi padrino señalándonos – y por lo mismo ya saben en qué consiste nuestra celebración de la Semana Santa, pero ustedes que recientemente se han incorporado a mi Templo no la han vivido con nosotros, así que les explicaré en qué consiste…

En la habitación se hizo un silencio que consideré exagerado, más decidí imitar a los demás Curanderos nóveles y poner atención…

- durante la Semana Santa no hacemos ninguna obra espiritual ni trabajamos blanco ni negro – advirtió – y no atendemos a nadie por mucha urgencia que haya, está claro?
siiií, padrinoooo – dijeron al unísono…
- el próximo jueves los veo a todos aquí a las 10 de la mañana, vestidos de blanco, con su bata y sin desayunar: vamos a bajar al Cristo, le haremos una ceremonia espiritual, doblaremos las batas y si gustan después podemos organizarnos para comer…
- oiga padrino – dijo A, un tipo muy irritante – pienso salir de la ciudad, voy a ir con mis amigos a…
- está prohibido viajar – lo interrumpió – el que sale lo hace bajo su responsabilidad… si se meten en problemas no cuenten conmigo ni con ellos – advirtió señalándonos…
- por qué no podemos salir libremente? – lo cuestionó V, otra de sus ahijadas, la cual destacaba de entre todos por su rebeldía…
- estos son los únicos días en los que en el planeta no tenemos la presencia de Jesucristo, y en consecuencia tampoco de Dios ya que su hijo está muerto, de ahí que sea la mejor época para hacer brujerías… así que no podemos exponernos ni debemos dar pretexto para que los que nos odian por ayudar a los demás consigan lastimarnos…
- entonces estamos en peligro? – preguntó otro ahijado llamado M sin disimular su miedo, más su duda sonó tan ridícula que mi padrino lo fulminó con la mirada…
- aquí todo mundo puede hacer lo que quiera – soltó – pero déjenme les cuento que en el Templo espiritual donde me formé, durante una Semana Santa nuestro padrino advirtió que no saliéramos de la ciudad con la misma explicación, pero uno de los Curanderos lo ignoró y junto con su familia salieron rumbo a la playa, más no llegaron pues en la carretera el auto volcó y todos murieron…

Los ahijados soltaron cuchicheos mientras mi padrino se quedaba en silencio provocando que sus palabras adquirieran dramatismo…

- y si amplías las razones de la prohibición? – pedí - creo que a ellos les ayudaría a no pensar que la advertencia es arbitraria – el guía endureció la expresión de su rostro, pero tras reflexionar sobre mi solicitud (y supongo que resignándose a que yo siempre saltaba con extrañas preguntas), se relajó y accedió a explicar…


- existen muchos motivos por los cuales nos exponemos a peligros en Semana Santa: el primero ya lo expliqué… los otros tienen que ver con la Luna llena y la energía que desprende por ser el inicio del Equinoccio de Primavera, época del año que más afecta la psique humana…
- en serio? – lo cuestionó nuevamente V…
- existe el riesgo – la ignoró – de que esa energía choque con la que a su vez se desprende de lo que es la Primera Luz Universal que llega del cosmos: la de Primavera que son las primeras del año…
- choque de contrarios – interviene L, la ahijada más joven del grupo…
- no! – la ataja - otra energía que interviene es la que se genera en el alma de la gente por el dolor de la muerte del hijo de Dios la que desprenden millones en todo el mundo… a la misma que habría de agregársele la de aquellos que reflexionan estos días sobre la mortalidad, análisis que puede provocar un vibración que también es energía…
- vaya revoltura – dice A…
- el tema es profundo – exclamé – se trata de energías como la de los enemigos de la creencia de un Dios único… yo no hablo de un Dios católico o de una iglesia en específico: me refiero a una deidad superior… así, en estos días los millones de ateos se dan gusto burlándose de que el hijo de Dios haya sido crucificado…
- es más la gente con buenos sentimientos – dijo mi padrino – de ahí que haya quienes se dediquen a robarse esa energía positiva…
- vaya que está complicado! – exclama M…
- si nos vamos por el manejo de energías – agregó mi padrino - imaginen las que se encuentran en el ambiente y que terminarían “contaminando” cualquier tipo de trabajo o iniciación… sobre todo las iniciaciones, no importa si son espirituales o de otra religión…
- hay otra versión que nada tiene que ver con lo ya dicho – intervino mi esposa – la que afirma que ninguna obra o ceremonia es válida pues en estos días no hay energía divina ni deidades en el planeta…
- esa no me la sabía – confesó mi padrino, tomó nota mentalmente y agregó - como Curanderos no podemos ni debemos faltarle el respeto a Dios ni a su hijo ni a nuestros guías ni a ninguna Entidad espiritual que nos auxilia en nuestra misión – y sobre esto hizo el mayor énfasis – él es el que nos dio los dones con los cuales ayudamos a la gente y gracias a los cuales estamos evolucionando en esta reencarnación…

El silencio se mantuvo mientras mi padrino volteaba a vernos a mi esposa y a mí por si yo queríamos agregar algo… más al no decir nada dio por concluida la explicación…

- nos vemos aquí el jueves y ese día preguntamos si podremos salir, pero les advierto: aunque El Padre diga que pueden viajar a todos los quiero aquí el sábado para levantar al Cristo y sus batas… y al que no venga a recogerla se la recojo y se atiene al castigo…

4.
El jueves llegamos temprano al Templo… ya todos juntos mi padrino nos llevó hasta a su camioneta y pidió descargáramos cajas de fruta y ramos de flores… después pasó Espíritu y a cada uno de los ahijados, su esposa e hijas, nos hizo un despojo espiritual y el lavatorio de pies… a continuación su guía espiritual nos advirtió que no podríamos salir de la ciudad pues había bastante energía negativa acechándonos…

Una vez que terminó nos asignó funciones y procedimos a trabajar con la bata puesta: algunos limpiaron el suelo y colocaron tapetes de palma y sábanas, otros bajamos al inmenso Cristo Negro que tenía colgado en una pared y el resto se dedicó abrir las cajas de fruta… se encendieron varias velas e incienso… ya acomodado el Cristo en el piso explicó el ceremonial espiritual que haríamos con las flores y frutas, cómo las acomodaríamos y demás instrucciones… una hora después terminamos y mi padrino se dio por satisfecho…

- ahora uno por uno se van a quitar su bata de Curanderos, empezando por la persona que tenga más años iniciado, la doblan perfectamente de la manera que gusten y acomodad donde gusten sobre el Cristo Negro…

Dicho esto él se quitó la suya y puso el ejemplo, su esposa lo imitó, después nosotros y posteriormente los demás ahijados… concluido todo propuso comprar comida y desayunar juntos, pero la mayoría desistió, tras lo cual señaló que la siguiente cita sería el sábado a la misma hora, vestidos de blanco y en ayunas…

5.
Acudimos puntuales pero V no se presentó… mi padrino se molestó y soltó una perorata sobre una desobediencia que no pensaba tolerar en su Templo… después solicitó recogiéramos nuestra bata en el mismo orden en que la pusimos, pidió tomáramos fruta e hiciéramos con ella lo que nos naciera: preparar un baño de limpia, comerla, compartirla con la familia o con los desamparados que encontráramos en la calle…


Al final mi padrino recogió la bata de V, la puso sobre el altar principal, pidió levantáramos el Cristo para regresarlo a su lugar y nos citó para el domingo de siguiente semana, un poco antes de la que hora en que abría su Templo: no propuso que desayunáramos juntos…

6.
Ese domingo los ahijados fuimos llegando a la hora señalada, incluyendo a V, quien todavía traía la piel bronceada de lo que supusimos había sido un divertido viaje a la playa… pensé que la reunión era para una sesión de formación espiritual, pero el motivo era otro…

- ahijados – comenzó sin más – aquí yo soy el padrino y cuando por algún motivo yo no esté presente, mi esposa es la que va a tomar mi lugar… pero el Padrino soy yo, éste es mi Templo, aquí se respetan mis decisiones y se acata mi disciplina - todos permanecimos en silencio…

- escúchame V: les pedí que no faltaran al Templo en Semana Santa…
- es que ya teníamos boletos y… – quiso explicar pero fue interrumpida…
- tú puedes hacer lo que quieras, pero no vas a ponerme a mí en la peligrosa situación de tener que trabajar espiritualmente en caso de que hubieras tenido un accidente durante tu viaje…
- pero… – insistió en defenderse más fue callada de nuevo…
- … porque lo dije bien claro: en Semana Santa NO se trabaja bajo ninguna circunstancia! – alzó la voz generando tensión entre todos – agradécele a Dios que no tuviste contratiempos, pero la indisciplina es algo que aquí no existe… así que como NO estás dispuesta a seguir las reglas que el mundo espiritual estableció para los Curanderos, te informo que ya no perteneces a este Templo y dejas de ser mi ahijada – y agregó - si quieres incorpórate a otro Templo como Curandera, estás en tu derecho, pero que te quede claro: tu bata no te la llevas…

Ella dirigió su mirada hacia el altar donde ésta había sido colocada y en sus ojos pude percibir gran enojo…

- así que dicho esto – anunció mi padrino – y sin que tengas derecho a decir nada, te pido por favor que te retires…

V estaba furiosa, dio unos pasos hacia su ahora ex-guía y lo encaró, le gritó “hipócrita, eres un grandísimo hipócrita!”, dio media vuelta y salió violentamente no sin antes propinarle un fuerte empujón a M… nadie más que yo lo percibí, pero la acusación de falsedad provocó que mi padrino palideciera… una vez que V se fue él no dio oportunidad a ningún comentario y pidió comenzáramos a trabajar…

7.
Pasaron dos años más: algunos ahijados se fueron y otros llegaron… mi padrino descubrió la Osha, se hizo Santo y comenzó a creerse Orisha en la tierra… a partir de ahí inventó una nueva religión en la que mezclaba elementos de Espiritualismo, Santería, Yoga y medicina Crístico-Azteca, provocando entre otras cosas que sus pacientes disminuyeran y que nosotros finalmente huyéramos asqueados de su Templo…

Al poco tiempo pasó a Ifa en manos de un Babalowo que sin más se había asumido como africanista, haciendo extrañas iniciaciones que ninguna casa religiosa mexicana le reconocía… una vez que mi expadrino se creyó eso de que era sacerdote de Ifa, sus primeras ceremonias fueron dos coronaciones de Santo (a un par de incautas ahijadas Curanderas), precisamente durante una Semana Santa…

* regularmente los Curanderos portan una bata blanca como las que estilan los médicos, más no se trata de un simple uniforme: su uso tiene la finalidad proteger a la persona de cualquier ataque astral o brujería (a manera de armadura), de ahí que para hacer una limpia deban vestirla (esta prenda se recibe de manera ceremonial cuando se inicia a la persona)… la única circunstancia en la cual no se usa es cuando se hace un trabajo negro, sin embargo, el Curandero deberá cubrirse mañosamente la cabeza para que cuando el afectado trate de regresar la brujería, no pueda ver quién la hizo…

2 de agosto de 2014

Cómo viven los muertos (4)

para Gabriel Cuevas, el escritor...

11.
Nunca he entendido por qué las casas de los Curanderos tienen que ser feas, oscuras y sucias, tampoco me queda muy claro por qué cuando se les ve desde lejos éstas inspiran miedo… pero el asunto es que ahí estaba yo: parado frente a una puerta oxidada que tenía docenas de años de no recibir una mano de pintura, buscando a una Hierbera a la que no conocía…

Había llegado a esa colonia de temible reputación para cumplir un encargo por parte de mi padrino: la búsqueda de una Curandera que tenía fama por ser de las pocas personas en ésta ciudad que vendía la tan codiciada “lengua de tarántula”…

Apenas y me paré frente a la puerta un ladrido se dejó oír desde el interior de la casa: un perro, el clásico guardián espiritual de todo Curandero… busqué un timbre pero obviamente no lo encontré, así que di cuatro toquidos con fuerza sobre la lámina desvencijada (evitando los esotéricos tres golpes que en la casa de cualquier brujo se deben evitar)…

- diga?! – cuestionó de mala manera una voz femenina…
- buenas noches – saludé educadamente para adelantarme a cualquier malentendido – se encontrará Doña Teresa?
- Tere no atiende a nadie el día de hoy – advirtió recalcando la manera de decir el nombre, al tiempo que el perro dejaba de ladrar…
- sí, lo sé – aclaré – pero Don Mateo, el Hierbero del Mercado de Sonora, me dijo que si le avisaba de parte de quién venía ella me… – traté de explicar, pero el chasquido del seguro de la chapa, acompañado de una tétrica carcajada, me interrumpió…

Si bien la puerta se abrió dejando el espacio necesario para que yo pudiera entrar, la densa oscuridad en el interior que inundaba el patio, no me permitía ver a la mujer que me estaba recibiendo…

- vas a pasar o qué? – escuché que me cuestionaron…

Entré y de inmediato ella cerró la puerta, quedándome en la oscuridad que instantes antes me había inquietado, sentí al perro olisqueándome los pies mientras a mano izquierda oí movimientos hasta que la discreta luz de una habitación se encendió acompañada de un imperativo pásate

El perro decidió quedarse en el marco de la puerta: observó hacia el interior, movió el rabo nervioso y optó por desaparecer… distraído por la actitud del animal no me di cuenta de que la mujer se encontraba ya sentada detrás de una antiquísima mesa de madera, la cual rebosaba de los típicos objetos que son las herramientas fundamentales de todo Curandero: frascos y bolsas con contenidos poco claros, algunos palos, hierbas y un cráneo humano…

- siéntate – ordenó al tiempo que señalaba frente a ella lo que en su momento habría sido un pupitre escolar, aunque con la paleta a punto de desaparecer por el paso del tiempo y la saña de las polillas…
- cómo está? – pregunté educadamente…
- sólo por tratarse de mi Mateo es que abrí esa puerta para dejarte entrar – aclaró haciéndome sentir con una mezcla entre incomodidad pero a su vez de exclusividad… soltó de nuevo su macabra carcajada…
- gracias… no quiero quitarle mucho el tiempo…
- en mi estado – dijo a manera de aclaración – lo que a mí me sobra es eso: años, días, horas, minutos… quizá siglos – y procedió a encender un cigarrillo sin filtro con un cerillo
- Don Mateo me comentó que… – comencé la explicación, pero nuevamente fui interrumpido…
- tiene mucho que te juraste como Curandero? – me interrogó mientras soltaba otra risotada: en ese momento descubrí que trataba de mantener la mayor parte del tiempo la cabeza agachada para que no la viera a los ojos…
- cuatro años – respondí mientras observaba cómo la mujer se ponía de pie con agilidad para buscar en un estante una vela blanca que después colocó sobre el cráneo que por los detalles de sus formas descubrí que era real… con los mismos cerillos que dio fuego al cigarrillo la encendió…
- imaginé que tenía usted más años – dije no sólo a manera de cumplido, sino sorprendido por lo joven que se veía, pese a tener la voz de una anciana, aunque quizá ayudada en su apariencia por la ropa deportiva que vestía…
- y qué se te ofrece? – preguntó ignorando mis comentarios de nuevo…
- necesito que me venda “lengua de tarántula”…
- mira, mira – se burló - vas hacer un trabajo negro muy cabrón, cabroncito – y soltó una carcajada más…
- las “lenguas de tarántula” no son para mí – expliqué - y tampoco sé para qué las usarán…
- las quiere tu madrina, la bruja, para chingarse a su prima - advirtió…
- no tengo madrina, el que me las encargó fue mi padrino – consideré necesario aclarar…
- ya lo sé: el tipo bajito, flaco y con bigote te pidió que las consiguieras, pero quien las va a usar es su mujer, y aunque ella no sea tu madrina tú le dices así – apuntó entre risas mientras terminaba su cigarrillo – pero eso ni a ti ni a nosotras nos debe importar– agregó mientras se ponía de pie y buscaba mi encargo en una serie de repisas de vieja madera empotradas en las paredes de la habitación, y entre las que pese a la poca luz identifiqué tres cráneos más, uno de ellos de tamaño más pequeño, acomodados en línea, y que me recordaron a los que tétricamente se exhiben en el Osario de Sedlec…

- aquí no tengo lo que buscas – advirtió – déjame ver si están en el otro cuarto – tras lo cual salió de la habitación provocando que el perro comenzara aullar escandalosamente…

Me quedé contemplando extasiado (como suele sucederme ante situaciones así), todo el material que había en las repisas: murciélagos disecados, velas de cebo, aceites, crucifijos de madera y metal, cabezas de víboras e iguanas deshidratadas, hierbas secas, palos de varios tamaños, tabaco, listones de colores, piedras, polvos en diversas bolsas, rosarios, inciensos, cuchillos, plumas de aves, sin embargo, cada cierto tiempo mi mirada regresaba al cráneo con la vela encendida…

Finalmente el rechinido que hizo la puerta al abrirse anunció que Doña Teresa había regresado, pero por la manera de caminar, con pasos lentos, dejó claro que se trataba de otra persona…

Cuando decidí voltear hacia la entrada descubrí a una anciana, vestida a la tradicional manera indígena, cubierta con un rebozo y apoyando su lento andar con un bastón de madera sin curtir…

- así que ya te dejaron pasar – exclamó mientras pasaba lentamente a mi lado hasta alcanzar su silla…
- la buena noche – saludé y comencé a explicar – Doña Tere ya estuvo conmigo y…
- yo soy Doña Tere y vivo sola, bueno, con mi perro – me interrumpió mientras volteaba a ver la vela encendida sobre el cráneo… movió la cabeza a manera de desaprobación y procedió a encender un cigarrillo con la luminosas flama – y no me molesta que una de las niñas te deje entrar a mí casa, pues sé que vienes recomendado por mi hijo Mateo, pero que aproveche mi lento caminar para encenderse una velita y darse un poco de luz… eso sí que no me parece – y dicho esto dio una profunda fumada a su cigarrillo y lanzó con una especie de dulzura el humo, por decirlo de alguna manera, hacia la flama de la vela y ésta discretamente se apagó, pero sin desprender humo – aquí la única que le da luz a los muertos soy yo – amenazó…


Me quedé sorprendido pues hasta ese momento comprendí que debí haberme fijado en más detalles del comportamiento de la mujer con la que había conversado, para darme cuenta que en realidad se trataba de una desencarnada…

- y qué se te ofrece? – me preguntó usando la misma frase que la otra mujer…
- necesito que me venda “lengua de tarántula” – alcancé a balbucear mientras reparaba en sus ojos, estremeciéndome por lo que finalmente no percibí…
- aah, sí, ya sé: porque tu padrino hará un trabajo negro muy cabrón – exclamó – búscate en esa repisa de hasta arriba un frasquito con tapa color verde y si no la encuentras fíjate en las otras de abajo: por ahí deben estar…

Me puse de pie y dándole la espalda estiré mi cuello hasta donde pude, tratando ver los colores de las tapas de los diversos recipientes que había ahí, pero no encontré nada, así que procedí a buscar en la siguiente repisa, que era en donde estaban los cráneos, más en el momento en que clavé mi mirada en las tres calaveras, escuché una terrorífica carcajada más, a la que supuse debía irme acostumbrando… decidí ignorarla y continué con mi búsqueda hasta que localicé el frasco, lo tomé y me di media vuelta sólo para descubrir que la silla estaba vacía: la anciana había desaparecido sin hacer ningún tipo de ruido…

Regresé al pupitre, me senté, coloqué el frasco sobre la mesa y decidí esperar, aunque no fue demasiado; escuché abrirse la puerta en el mismo momento en que el perro aulló otra vez, dirigí de nuevo mi mirada hacia los cráneos y otra risotada, aunque esta vez infantil, sonó a mis espaldas: sin darme cuenta ya tenía parada a mi derecha una niña enfundada en un impecable vestido color blanco, la cual me escrutaba con curiosidad…

- eres muertero desde niño? - me preguntó mientras se mordisqueaba las uñas del dedo índice de la mano izquierda…
- sí – respondí mientras dirigía mi mirada una vez más hacia los tres cráneos y comprendía a quién pertenecía el más pequeño…
- y le tienes miedo a los muertos? – me cuestionó con un tono cercano a la ingenuidad…
- claro – reconocí – desde siempre… no puedo dejar de asustarme cada que ellos se me aparecen…
- cuántos años tenías cuando se te apareció uno por primera vez? – continuó con el interrogatorio…
- quizá tu edad – le reviré, lo que provocó que soltara una traviesa risa…
- y te asustó mucho?
- sí…
- como ahorita? – me cuestionó escudriñándome con sus ojos apagados…
- más o menos – admití una vez más – no siempre me asusto de la misma manera: hay ocasiones en que nada más me pongo nervioso aunque trato de disimularlo, pero otras veces de inmediato un sudor frío me recorre la espalda, se me seca la boca, los dedos de las manos se me tensan y mi corazón comienza a latir rapidísimo…
- y de qué depende que te asustes muchito o poquito? – insistió…
- te voy a confesar algo - le advertí al tiempo en que comenzaba a relajarme – si hay algo a lo que no me puedo acostumbrar es a la voz de los muertos, eso siempre termina por asustarme… puedo verlos o escuchar que golpean cosas o arrojan objetos, pero cuando me hablan en voz alta, sin dejarse ver, eso sigue dándome pavor…
- entonces ahorita no me tienes miedo? – inquirió la pequeña mientras dejaba de morderse las uñas…
- un poco – acepté – digamos que lo normal
- me caes bien – dijo entre risas cortas, dio media vuelta y dando pequeños brincos salió por la puerta para perderse en la oscuridad del patio…

- esto ya fue demasiado – dije en voz alta, así que me puse de pie, saqué mi cartera y conté los billetes de lo que podría costar la “lengua de tarántula” (según aventuró el precio mi padrino), con intensión de dejarlos sobre la mesa e irme, pero el sonido de la chapa de la vieja puerta oxidada por la que había entrado minutos antes me hizo esperar…

Escuché diversos ruidos, pasos arrastrarse y acomodamiento de bolsas muy cerca de donde yo me encontraba, pero lo que más me llamó la atención es que esta vez el perro no aulló, lo que me dio cierta tranquilidad: al parecer el desfile de muertas se había terminado, así que me quedé en espera de que quien hubiese llegado se asomara por la habitación donde yo estaba… más eso nunca sucedió…

Esperé unos minutos más sin que se escuchara ruido alguno, así que opté por asomarme al patio, sin embargo, la negrura seguía siendo impenetrable; regresé, tomé los cerillos, encendí la vela a medio consumir que estaba sobre el cráneo y tomándolo a manera de quinqué decidí salir a buscar a la persona que llegó, más no encontré a nadie ni vi las bolsas que oí habían acomodado y lo peor: tampoco había señales del perro…

Me iluminé el camino hasta la puerta: pensaba abrirla, regresar, dejar el cráneo sobre la mesa y ya con la luz que se filtrara de la calle guiarme para largarme sin el encargo de mi padrino, más la chapa estaba cerrada con llave; solté una palabrota en voz alta, regresé a la habitación y al entrar descubrí a una anciana sentada a la mesa, con los brazos cruzados sobre el pecho, y observando con detalle el contenido del frasco que contenían la “lengua de tarántula”… levantó la vista, sonrió apaciblemente y me dijo…

- estás enojado o asustado?
- ninguna de las dos – aclaré – más bien harto de tanto juego…
- los muertos no juegan – advirtió con un tono cercano al reproche…
- pero qué tal se divierten? – ironicé mientras colocaba el cráneo sobre la mesa y me sentaba frente ella: era una mujer pequeña, de piel exageradamente blanca y bastante mayor, según calculé por lo ajada que tenía la cara, por su cabello completamente gris y por la paz que desprendía su mirada: ese brillo que sólo pueden tener los viejos por la experiencia y sabiduría adquiridos a lo largo de años de triunfos y derrotas en la vida…
- los muertos son un asunto bastante serio – observó mientras acercaba un cigarrillo a la flama de la vela, la cual ya comenzaba a bañar la superficie del cráneo con la cera que escurría… le dio una larga calada y soltó lentamente el humo en dirección al techo…
- son demasiado solemnes – exclamé tajante tratando de insinuar que no me interesaba permanecer más tiempo en aquella casa…
- veo que ya te dieron lo que viniste a comprar – dijo señalando con un movimiento de cabeza el frasco…
- así es Doña Teresa - pronuncié su nombre con la certeza de encontrarme ante la mujer a la que originalmente había ido a buscar - pero no me han dicho cuánto me costarán…
- a ti… o a tu padrino? – cuestionó…
- son para... - iba a decirle, pero yo mismo me interrumpí al suponer lo que ella diria a continuación…
- ... su esposa que hará un trabajo negro muy cabrón – completó ella mi frase, por decirlo de alguna manera, con amabilidad…

La anciana se puso de pie sin mayor esfuerzo, tomó una botella de aguardiente que estaba en el piso, le dio un largo trago y lanzó el chorro sobre los tres cráneos que estaban sobre las repisas, después dio un sorbo y lo arrojó sobre el que tenía la vela, pero buscando la manera de que el alcohol no tocara la flama...
- cuánto le debo? – pregunté señalando el envase y sin disimular mi impaciencia (no pensaba quedarme ahí ni un minuto más esperando a que la dueña del último cráneo recibiera la oportunidad de hacer su espectral aparición)… dijo la cantidad (que resultó parecida a lo que había estimado mí padrino), pero al tratar de entregarle los billetes en la mano, con un ademán extrañamente señaló que debía ponerlos sobre la mesa…

Me puse de pie y avisé a la mujer que me iba, tomé el frasco, le agradecí la venta de la “lengua de tarántula” y salí de la habitación… una vez en el patio extrañamente la oscuridad era menos, llegué hasta la puerta y en el momento en que jalé el pasador para abrirla recordé que estaba cerrada con llave, sin embargo, el seguro cedió y sin mayor complicación la abrí… salí y antes de cerrar escuché que al mismo tiempo sonaron varias carcajadas espeluznantes y los aullidos del perro…

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