Mostrando entradas con la etiqueta oggun. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta oggun. Mostrar todas las entradas

27 de marzo de 2024

La Bruja (parte 2)

 


para Clara Gillman: felicidades
también por La casa de 
Rovodorovsky teatro


6.
A Sur la conocimos…
 
Era una noche bochornosa pese a que no había llovido. Salimos de la casa de mi padrino donde habíamos hecho varias obras para minimizar un problema que mi esposa tenía en su trabajo. Se había ofrecido menga a Eleggua y Oggun, junto con otras machacas, razón por la que debíamos dejar los restos del ebboe en la esquina de una calle oscura.
 
La zona colindaba con la Facultad de Estudios Superiores donde estudié la universidad, así que no me costó trabajo salir de la colonia Impulsora, donde vivía el Bablowo, encontrar la manera de cruzar la Avenida Central (dado que la recorre por completo la línea B del metro) y meterme en la Campestre donde estaba seguro encontraríamos el lugar ideal.
 
Recorrimos varias calles buscando dos situaciones: una, que no hubiera alguna de las violentas pandillas que pululan en la zona, y dos, obviamente, la esquina adecuada.
 
Como siempre, en cuanto encontramos el escenario ideal, me puse de acuerdo con mi esposa: me bajaría del auto, ella se pondría al volante, yo sacaría las bolsas de la cajuela, las dejaría en la esquina, en cuanto volviera ella arrancaría rumbo a la Avenida Central y de ahí directo hasta el aeropuerto donde yo volvería a conducir.
 
Y tal cual cumplí con el protocolo, salvo que al bajarme del coche y un par de metros antes de llegar a la pared donde dejaría los costales, el faro fundido que me ampararía de las miradas indiscretas se encendió al mismo tiempo que escuché una voz infantil a la vuelta de la esquina.
 
—Hola…
—Hola — respondí el saludo sin dejar de hacer lo mío. Me disponía a regresar cuando frente a mí apareció una niña dando pasos cortitos, a la que calculé 10 años. Toda su ropa era blanca, incluyendo los zapatos, vestido que me recordó a los que he visto en alguna primera comunión.
 
Ni que decir que verla sola, a esa hora y en un lugar solitario me preocupó. La escudriñé y se veía como una chiquilla común y corriente hasta que un calosfrío recorrió mi espalda y entonces supe que no lo era.
 
—Parece que tienes prisa…
—La tenía, pero ahora la situación ha cambiado. ¿Qué haces aquí?
—Te estaba esperando para poder cenar — explicó señalando con un leve cabeceo las bolsas.
—¿Y tus padres?
—Por ahí.
—¿Dónde?
—No lo entenderías — dijo mientras a sus espaldas se formaban pequeños remolinos.
—¿Me estás retando? — cuestioné.
—No es necesario, tampoco a ella — miró por encima de mi hombro.
 
Volteé y vi a mi esposa bajando del auto para llegar hasta donde estaba conversando con la desconocida.
 
—Ya viene — avisó.
—¿Qué sucede? — preguntó cuando se paró a mi lado — nos estamos exponiendo a…
—Hola Gabs — la saludó.
—Mierda, ¿de dónde la conoces? — cuestioné a la desconocida girando para ver a mi esposa, luego volteé a buscar a la niña y me encontré con una bellísima mujer caminando hacia ella para tomarla de las manos.
—Mi niña hermosa, tantas vidas sin vernos — la saludó.
—Hola* — respondió el saludo sin ocultar la emoción.
—¿Me pueden explicar de qué se trata todo esto? — protesté, a lo cual la mujer colocó su mano derecha sobre mi pecho y me presento, a manera de imágenes, en unos segundos, la historia ancestral entre ella y mi esposa. Luego la volvió a tomar de la mano en el momento en el que una patrulla de la tenebrosa y temible policía del Estado de México pasó frente a nosotros ignorándonos.
—¿Entonces tú eres…?
—La Bruja de los Vientos del Sur, somos cuatro hermanas… supongo sabrás quiénes son las otras.
—Norte, Este y Oeste, obvio — respondí.
—Cada hechizo que haga todo ser humano y lo deje en una esquina, dependiendo en cual, alguna de nosotras se presenta para comer algo de él — explicó sin dejar de mirar a mi esposa los ojos.
 
Observé la orilla de la cuadra donde estábamos parados y sin mayor complicación supe que era la que apuntaba hacia el Sur.
 
—Así que puedes llamarme Sur — ofreció.
—¿Si eres la bruja que dices, cómo se hace para darte una ofrenda y que resuelvas? — la provoqué.
—A mí no se me pide, yo doy.
—Eso es una contradicción.
—No lo es. A nosotras no se nos hace lo que ustedes llaman oración ni se nos rinden cultos, ni adoración, mucho menos sacrificios. No somos sobornables como los dioses Yorubay otras deidades paganas más. Solo damos lo necesita a quien lo merece.
—Entonces es por capricho — ironicé — deja de hacerte la interesante y mejor contéstame: ¿tú nos trajiste aquí?
—No, eso sí sería un capricho. Pocos saben que cuando se hace una obra espiritual y se señala que los restos van a una esquina, nos están invocando a cualquiera de las cuatro. Somos el viento y recorremos todo el planeta, así que podemos escuchar cuando alguien va tirar brujería, esperamos y luego nos acercamos a comer. Siendo viento escuché los latidos de su corazón — señaló a mi esposa — la reconocí y decidí venir a esperarla… encontrarme con ustedes.
—Ella, ustedes… — sonreí — no entiendo, ustedes no precisan de…
—Es una manera de decir quiénes somos y lo que hacemos — me interrumpió — volvamos al principio, ustedes dejan una ofrenda, la cogemos y nos encargamos que les llegue la solución que necesitan.
—Sigo sin comprender, los restos son para algún Orisha, el Muerto, los Señores de la noche, las Aye…
—Es lo mismo, los humanos han creado escalones para elevar o humillar deidades, seres, demonios o entidades, pero no se dan cuenta que todos somos uno — me interrumpió, tomó mi mano y una vez más me mostró imágenes.
—Así que Dios no existe — me reí al cabo.
—No el que aseguran que creó este planeta y a su raza, hay algo más… pero no te hagas ideas, analiza lo que te compartí y con los años llega a esa conclusión, solo razonando lo comprenderás.
—Es asombrosa, ¿verdad? — señaló mi esposa — bueno, siempre lo fue.
—Vaya que sí — acepté.
—Hora de comerme tus problemas — dijo soltando a mi esposa y detrás de ella nuevamente se formaron pequeños torbellinos.
 
Se dirigió a una de las bolsas, como si supiera en dónde buscar, la abrió sacó, la cabeza del chivo ofrendado a Eleggua y comenzó a morderlo como si se tratara de una manzana, provocándome náusea.
 
—No te preocupes, mi niña bella, yo me encargo que tu jefe deje de acosarte — presumió al tempo que tras de ella se formaba un remolino más grande que se levantó y con furia enfiló hacia el cielo.
 
Saqué mi teléfono para ver la hora: llevábamos casi 30 minutos y me quedó claro que cada quien debíamos seguir nuestro camino.
 
—Sí, deben irse — dijo Sur como si hubiera leído mis pensamientos.
—Lo recordé todo, como si hubiera sucedido la semana pasada — dijo mi esposa emocionada y con lágrimas en los ojos.
—En realidad pasaron siglos.
—Deberías publicar en tu blog sobre nuestro reencuentro — sugirió mi esposa.
—Hazlo — aprobó la bruja.
—No creo, estoy harto de que la gente me pregunte si lo que escribo es verdad.
—¿Desde cuándo te importa lo que opinen los demás? — me cuestionó Sur.
—Desde mañana — respondí y solté una carcajada.
—Escríbelo — insistió y levante los hombros.
 
Dudé por unos instantes.
 
—Te voy a contar algo… Sur, me dijiste que te puedo llamar así: hace poco comía con unas amigas y amigos… se supone amigos, compañeros de mi trabajo con niveles directivos… jefes, pues, pero ojo con esto: todos solteros o divorciados.
—Te entiendo… — dijo la bruja.
—Ellos hablaban de viajes, dinero, perfumes, autos, joyas, propiedades y docenas de pendejadas más. No había manera de callarlos. Dado que estoy acostumbrado a sus verborreas, me quedé en silencio. En algún momento una de ellas, ya de la tercera edad, volteó a verme cuestionando si yo tenía algo que decir, y como respuesta levanté los hombros.
—Ya sé por dónde fueron los caminos de la conversación — dijo Sur.
—No importa, te lo contaré — avisé — luego uno de ellos, abogado, volteó a verme con suspicacia.
—Siempre lo he dicho, “tus amigos” son unos cabrones — intervino mi esposa.
—Tal cual, es correcto — le di la razón — así que los barrí a todos con la mirada y dije: pues no, yo no tengo dinero para gastar en pendejadas, pero soy millonario en dos cosas, una, estoy casado con una mujer maravillosa, y dos, tengo innumerables experiencias en el mundo espiritual que me ponen encima de mucha gente, tenga o no dinero. Obviamente todos se quedaron callados y con la mirada clavada en sus platos.
—Escríbelo — insistió sobre aquel encuentro (¿reencuentro?) y de nuevo levante los hombros.
 
Sur sonrió, abrió los brazos y nos entregamos a ella, recibiéndonos con sinceridad, como si nos conociéramos desde siempre, aunque no era mi caso, creo. Nos vio subir al auto y vimos cómo volvía a ser una niña mientras esperaba a que nos alejáramos.
 
—Cuéntame, ¿de dónde la conoces? — pedí a mi esposa mientras me estacionaba para entrar a un restaurante y cenar.
—De mi reencarnación romaní. Ni siquiera me acordaba de esa vida pasada — dijo aún emocionada por el reencuentro.
—Ya, entiendo, por eso en tu cuadro espiritual tienes una gitana, tiras cartas, rompes maldiciones, conoces de hierbas, interpretas símbolos y eres buena con los hechizos.
—…
 
7.
—Eso de intentar renunciar al mundo espiritual fue una broma de mal gusto de tu parte — dijo tras escuchar los últimos eventos de mi vida.
—Sabes bien qué hubo detrás de esa decisión.
—Entonces lo entiendes. No te explicaré por qué debes cumplir con tu misión.
—Lo volveré a intentar.
—¿Renunciar?
—Claro.
—Deberías ser más paciente contigo. Ve, soy eterna y no me quejo de ello…
—¿Los interrumpo? — escuché la voz de mi esposa.
 
Sur se puso de pie y de un salto llegó hasta ella para abrazarla y colmarla de besos, cambiando en un instante su representación de anciana por el de la hermosa mujer que era. Luego volvió al bote en el que estaba sentada.
 
—Siéntate aquí a mi lado, mi niña bella — señaló el bote donde había estado el papá de Sonia, la tomó de la mano y al igual que a mi le pidió la pusiera al tanto sobre lo acontecido los últimos tres años, mientras a nuestro alrededor se hacían pequeñas tolvaneras cuyo polvo nunca nos cayó encima.

(continuará)

16 de marzo de 2024

La Bruja (parte 1)

 


para Clara Gillman: felicidades
por la publicación de tu libro
 
1.
—No me gusta venir sola al Mercado de Sonora… mucho menos en domingo: está saturado de Santeros y Babalowos que se sienten Orisha en la tierra — se quejó mi esposa al otro lado de la línea.
—Qué te digo, ya sabes que ella pide que los hombres no se acerquen a sus cosas.
—Espero que aparezca.
—Cuando avisa en un sueño es porque lo hará.
—Ya voy de regreso — avisó.
 
Una hora después estaba de vuelta, subió directamente al cuarto de servicio, dejó las compras y fue hasta entonces que entró a la casa.
 
2.
El miércoles de la siguiente semana no hubo tanto tráfico como otros días, así que tras salir del trabajo llegué rápido a mi casa, justo en el momento en que mi esposa me mandó un mensaje avisando que tenía un asunto urgente en su oficina y que volvería un poco tarde, lo que me daba tiempo de avanzar con “Bajar es lo peor”, la novela de Mariana Manríquez que no había terminado de atraparme, pero de la que deseaba conocer el final.
 
Me acomodé en el sillón luego de servirme un vaso de jugo, mas apenas abrí el libro sonó mi celular (sí, parece maldición ver interrumpidas mis lecturas de esa manera). Vi el identificador, era Martha.
 
—Te tengo un caso urgente — avisó sin saludar.
—Todos dicen lo mismo, pero nada lo es, así que no me jodas — protesté.
—Este sí, estaba a punto de llegar a mi casa y recordé que tenía que hacer unos pagos de mis tarjetas de crédito, así que me metí a una plaza comercial donde encontré a una mujer llorando, le pregunté qué sucedía, contó que su padre salió de su casa en la mañana y no había vuelto.
—Dile que vaya al Ministerio Público a denunciar la desaparición. Eres abogada y podrás asesorarla en el trámite.
—El señor padece demencia senil — agregó.
—Martha, la semana pasada me escribió un tipo por facebook diciendo que unos narcos habían “levantado” a su hermano desde hacía tres meses y no conseguían encontrarlo. Dijo que tenía la certeza de que estaba muerto, pero quería que yo hallara su cadáver para darle su cristiana sepultura. ¿Es en serio?
—Sí, pero…
—Ayer una mujer me envió también un mail contándome que el perrito de su hija se extravió en un mercado. Me pidió lo encontrara porque toda la familia estaba muy triste. ¿De verdad, usar dones espirituales para encontrar a un jodido perro?
—Oye…
—No me molestes con esos temas, ya no pienso atenderlos: no pertenezco a la liga de superhéroes de Marvel como para andarle salvando el culo a medio mundo…
—La hija está aquí, conmigo, echa un mar de lágrimas. Ya recorrimos varias calles y no lo encontramos. Le dije que eres vidente y la ayudarlas ya que…
 
No terminé de escuchar lo que decía porque una tétrica carcajada opacó su voz, haciéndome cambiar de inmediato de opinión.
 
—¿Dónde sucedió?
—En Santa Fe.
—Carajo, ¿quieres que vaya hasta allá para buscarlo? — fingí quejarme.
—Ella teme que algo malo le haya sucedido.
—Ya, ya, eres como todo mundo: hago una pregunta, no la responden y se ponen a desvariar. Mándame tu ubicación.
 
Luego de colgar marque al celular de mi esposa.
 
—¿Cómo vas con tu emergencia?
—Voy… — me respondió sin mucho ánimo.
—Más vale que te apures, hoy la veremos.
—No estoy segura de terminar — quiso explicar, pero la interrumpí.
—Ya sabes que no está a discusión — informé — tienes unas dos horas para terminar, venir a la casa, recoger el paquete y alcanzarme en Santa Fe.
—¿Qué vas hacer allá?
—A buscar a un viejito que se perdió — avisé y luego reí.
 
Miré con melancolía “Bajar es lo peor” cuando entró el mensaje del sitio donde estaba Martha.
 
—Mierda, las barrancas de Colonia Totolapa, ¿no podían haber escogido un peor lugar? — protesté en voz alta.
 
3.
Cuando subí a mi auto ya había oscurecido, lo que me dejó claro que la búsqueda se prolongaría hasta la madrugada. Programé google maps para encontrar la ruta más rápida, luego recibí una llamada de mi amiga.
 
—¿Vas a tardar?
—El localizador marca 40 minutos, así que váyanse a tomar un café y no se desesperen, sobre todo para que no estés molestado con eso de que “¿por dónde vienes?” — dije y corté la llamada.
 
Fueron 10 minutos más por el exceso de tráfico, tardanza que incluyó dos llamadas de Martha que no contesté. Cuando llegué efectivamente ambas estaban en la esquina con sendos vasos de café.
 
—Súbanse — pedí apenas me detuve frente a ellas.
—Hola — me besó Martha en la mejilla — mira, ella es…
—Deja la vida social para otra reencarnación — la paré y me dirigí a la mujer — ¿traes una foto de tu padre, aunque sea una selfie?
—Sí, de hace dos semanas… estamos celebrando su cumpleaños — comenzó a hurgar en su teléfono.
—Martha, vas a manejar y tú harás de copiloto — avisé antes de bajarme.
 
Una vez en nuestros asientos la mujer comenzó a gimotear, la ignoré y me concentré en observar la fotografía del viejo por varios minutos, hasta que Martha me sacó de concentración.
 
—¿Qué haremos?
—Te meterás por las calles que te iré diciendo, y tú vas a dejar de llorar: necesito que las dos se queden en silencio, ¿nos entendemos?
—Me dices a qué hora empezamos — dijo mi amiga mientras la mujer se limitó a mover afirmativamente la cabeza.
 
Observé por varios minutos más la fotografía y me acomodé en el asiento como si fuera a dormir. Y sí, estaba a punto de hacerlo, como parte del uso de la videncia, cuando la misma carcajada me espabiló.
 
—En lugar de reírte dime en dónde — gruñí.
—¿Qué dices? — me cuestionó Martha.
—Ve derecho hasta llegar a la avenida llena de tráfico, darás vuelta a la izquierda y seguirás unas 20 calles recta hasta que encuentres una sin alumbrado público, ahí das vuelta a la derecha y continúas hasta que te avise.
 
Mi amiga siguió las instrucciones y tal como previne el avance fue lento, lo que nos hizo invertir más de media hora en llegar a la oscura avenida.
 
—No se te olvide ese Oxxo que acabamos de pasar — señalé golpeando levemente con los nudillos la ventanilla izquierda.
—¿Me meto aquí? — me cuestionó en cuanto la encontramos.
—Anjá — gruñí.
 —Esta zona es peligrosa. Aquí ni las patrullas entran — advirtió la mujer, más la ignoré.
 
Seguimos en silencio hasta que el asfalto se convirtió en terracería y el alumbrado solo lo proporcionaba ocasionales focos que algunas casas tenían en sus puertas.
 
—No ha dicho cuánto va a cobrar por encontrar a mi padre — preguntó, más por cuestionar los rumbos en los que nos estábamos metiendo que por realmente querer saberlo. Seguí en silencio.
 
Continuamos avanzando hasta que vislumbré algunos puntos iluminados tenuemente. Eran lámparas y fogatas. Habíamos llegado.
 
—Detén el auto — pedí luego de avanzar varios metros.
—¿Aquí?, ¡estás loco! — exclamó Martha.
—Sí, tal como te lo estoy diciendo.
—Oiga, estos lugares son peligros — se quejó la hija.
—Si quieres encontrar a tu padre nos vamos a detener en este lugar. Deben quitarse alhajas junto con sus teléfonos celulares. Todo, con sus bolsos de mano, lo van a poner debajo de los asientos.
—¿Vamos a bajar y nos meteremos en la penumbra? — cuestionó alarmada mi amiga — ¿y si mientras caminamos alguien viene y abre el carro?, se van a robar todo.
—Buena palabra, penumbra, muy sexy — dije y bajé del auto.
 
Mientras ellas se despojaban de sus lujos me senté sobre el cofre y envié nuestra ubicación a mi esposa, al tiempo que le previne que pese a que el rumbo era feo, no corría peligro.
 
—Ya seee — respondió.
 
Cuando bajaron Martha se me quedó viendo y luego me encaró.
 
—¿Y tú, porque no dejaste tus cosas de valor? — me cuestionó.
—Aquí te pueden desvalijar el auto — secundó la mujer.
—Caminemos — fue mi respuesta.
—Solo porque se trata de ti y porque salvaste la vida de mi hija confiaré en lo que dices, pues a cualquier otro cabrón que saliera con tanto misterio lo mando a la chingada — se quejó haciéndome reír.
—Debes creer en mis demonios sumerios — pedí con tono burlón.
—Tiene usted un carácter… amargo — intervino la hija del viejo.
 
Me detuve, di media vuelta, me planté frente a ella y la miré con dureza.
 
—Amargoso es poco — acepté.
—Dilo como es, tiene un temperamento de la chingada — terció Martha.
—Estoy trabajando. Si estuviéramos cenando  o en un bar te aseguro que te dolería la quijada de tanto reírte con mis ocurrencias.
—En eso tiene razón, Sonia — así me enteré del nombre de la mujer — cuando se lo propone es divertido.
 
Me reí de aquello, di media vuelta y seguí caminando. Avanzamos  mientras indigentes de todas las edades pasaban a nuestro lado ignorándonos.
 
Llegamos al campamento construido con tiendas de campaña, techos de lona, carpas y viviendas improvisadas con los más diversos materiales. Apestaba a orines y mierda. Me acerqué a una mujer que llevaba a un recién nacido en brazos y le pregunté por la llegada de un anciano ese día y que seguro andaría deambulando por ahí.
 
—Muy simpático, rete platicador — fue lo primero que dijo — debe andar por allá, después de la segunda fogata busque un toldo rojo — informó. Todo iba bien.
 
4.
Llegamos al sitio donde el viejo conversaba con una mujer entrada en años, cuyo cabello enmarañado impedía verle el rostro, ambos sentados en botes de plástico a manera de sillas, por lo que no se dio cuenta de la llegada de su hija hasta que se paró frente a él.
 
—¡Papá! — gritó con una mezcla de regaño y felicidad contenida mientras me mantenía unos 4 metros de distancia del reencuentro.
—Hijita, mira, te presento a mi nueva amiga, me ha estado cuidando y contando historias sobre México que no conocía — dijo sin tener claro que había estado extraviado todo el día.
 
Sonia asintió con la cabeza mientras evitaba que las lágrimas se desbordaran por la emoción y el susto, aunque por otro lado no pudo ocultar el asco que le provocaba la poca higiene de la vieja, rechazo que a ella no pareció importarle y lo demostró al no levantar la vista para conocer a la hija del anciano.
 
—Dejé mi bolso en el auto, así que no tengo dinero para compensarle lo que hizo — quiso congraciarse Sonia, mas para cortar con esa situación que podía tornarse incómoda me acerqué y puse mi mano sobre su hombro.
 
—Tú y Martha regresen a mi auto y vayan al Soriana que está detrás del Oxxo a comprar comida para esta gente.
—Son muchos — protestó.
—Para lo que te alcance, pan y leche son baratos. Algunas gelatinas para los niños. Con eso me pagarás haber encontrado a tu padre — propuse —y no se preocupen, la gente de por aquí ya las vio, están seguras.
—Vamos — dijo Martha haciendo sonar las llaves de mi coche — ¿y tú?
—Aquí las espero mientras llega mi esposa.
 
Sonia levantó los hombros y cogió a su padre del brazo seguido por Martha, quien, conociéndome, me lanzó una mirada llena de suspicacia. Una vez que se alejaron, me acerqué a la mujer.
 
—Hola Sur — la saludé ofreciéndole mis brazos.
 
5.
—¿Te da pena que sepan que me conoces? — protestó abrazándome.
—No, pero sería demasiado obvio si siquiera lo insinúo… podría dar pie a malos pensamientos.
—Lo sé, solo te estoy molestando — señaló sentándose con dificultad.
—No necesitas fingir conmigo que eres una anciana — me burlé.
—Déjame divertirme un rato — dijo y soltó una de sus tétricas carcajadas.
—Por cierto, deberías buscar maneras menos complicadas para vernos.
—¿Cómo cuál? — me miró divertida.
—Podríamos comportarnos como gente normal… no sé, irnos a tomar un café y…
—No “soy gente” — me interrumpió — soy la Bruja de los Vientos del Sur y conmigo todo es complicado.
—Nomás decía — levanté los hombros para fingir resignación.
—¿Cómo estás? — preguntó.
—Pueees… — dije arrastrando las letras antes de ponerla al día sobre los últimos acontecimientos de mi existencia.
 
*
Mercado de Sonora, es la plaza más importante en México donde se vende todo tipo de productos esotéricos.

5 de abril de 2021

Obara meyi

 


Hay coronaciones de Santo que lejos de ser la consagración de un nuevo religioso, se convierten en una cena de negros, en un basurero espiritual, en la que los iniciados, en vez de mostrar su compromiso religioso, sacan lo peor de sí y la contaminan por su naturaleza de creerse Orisha en la tierra.
 
Una en especial fue un catálogo de mezquindades del Babalowo (Eleggua), el Oriaté (Iroko) y un Santero (Oggun) durante un paritorio de Oshanlá y Obá (para conocer otra anécdota sobre lo sucedido ese día, dar click https://basurerodealmas.blogspot.com/2015/10/mi-vida-en-la-santeria-34-te-vendo-tu.html e ir al inciso 7).
 
Mi esposa y yo llegamos tras terminar el lavatorio tal como lo planeé, pero alcanzamos a presenciar la última lectura de los signos sacados por los Santeros, como el caso de Ariel, hijo de Oggun: otro de los que se creen Orisha en la tierra y cuya actitud pendenciera era sabida por todos, aunque a su favor reconozco su eficiencia al trabajar Osha.
 
– Veamos Ariel – dijo el Babalowo arremangándose – sacaste Ojuani Shobe y ahí nace el recibir pinaldo, pero estás en osogbo y eso es una advertencia de que…
– ya lo recibí – lo interrumpió con jactancia.
 
La expresión del Babalowo se endureció, revisó la libreta donde anotó los signos, volteó a ver al Oriaté y continuó.
 
– ¿qué signo te habló?
– Obara meyi – soltó ufano y el ambiente se tensó.
– yo no soy tu padrino porque no te he realizado ceremonias – dijo el hijo de Eleggua tras reflexionar – pero fuiste aceptado en mi Ilé y al igual que tus ahijados, se les ha permitido trabajar y enseñado religión, porque así lo establece los mandatos de Ifa.
– así es “padrino” – señaló Ariel con ironía.
– a mí no me molesta que tú hagas ceremonias en otra casa religiosa, ya que tú tienes libertad de escoger a tus padrinos.
– así es “padrino” – repitió burlón.
– el problema es que perteneces a mi casa porque tú pediste ser recibido y te presentaste para ello ante mi Ifá…
– así es “padrino” – reiteró Ariel.
– cuando te haces iniciaciones fuera del alcance de mi mano no sé si están bien hechas, no conozco los signos ni lo que resultó tras recibir tu cuchillo – soltó molesto – lo grave es que si algo sale mal a mí será al que le toque sacarte del problema, no al que te lo parió.
– no se preocupe – lo interrumpió con soberbia – todo salió odara.
– tengo mis dudas de lo que dices – lo paró el Babalowo a su vez con prepotencia – Obara meyi advierte de que el osogbo del ahijado le pega al padrino y no me queda claro a cuál de tus padrinos le afecta, si a mí o al cuestionado religioso que te lo parió… por si no fuera suficiente ese signo habla del equilibrio entre la vida y la muerte, y eso es delicado… ¿con quién recibiste cuchillo?
– Luis… Oshungere – presumió.
– ¡¿carajo, no podías haber escogido un religioso más cuestionado y pendejo?! – explotó el Babalowo.
 
La escena se me imaginó un juicio de la inquisición: el Santero (siendo procesado) parado en medio del patio de mosaico blanco, al igual que las paredes, mientras que el Babalowo y el Oriaté ejercían de juez y verdugo. Ariel y el hijo de Eleggua se miraron retadores hasta que el segundo optó por seguir cuestionándolo.
 
– ¿cuándo recibiste pinaldo?
– hace una semana…
– ¿ya tienes el cuchillo en tu casa?
– sí – presumió.
– ¿lo tienes sobre Oggun, te lo dieron el mismo día? – atacó el hijo de Eleggua rascándose su prominente barriga.
– sí… sí.
– ¿cómo lo refrescaste?
– lo cubrí con cascarilla, manteca de cacao y lo envolví con algodón natural – presumió.
– ¿tiene ajitenas escritas en la navaja?
– sí…
– ¿y qué has hecho con él desde que lo recibiste? – insistió.
– nada… sigo trabajando religión con mis dos manos – respondió.
– te reitero: Oshungere no tiene buena reputación religiosa – repitió el hijo de Eleggua inseguro, más Ariel lo interrumpió.
– lo ven mal porque ustedes fueron iniciados en Cuba y muchos en méxico lo critican no solo porque él sabe lo que hace, sino porque fue jurado al estilo africano, sus iniciaciones son menos complicadas… y más baratas – acusó.
– ¡yo no obtuve mis iniciaciones en Cuba! – protestó el Babalowo.
– asere: más respeto hacia la Isla, la cuna de la religión Yoruba – señaló erróneamente el Oriaté, quien hasta entonces se había mantenido expurgándose la nariz.
 
Estuve a punto de reírme de la inmensa estupidez que dijo el Oriaté: “¿Cuba era la cuna de la religión Yoruba?”, pero me quedaba claro que de hacerlo entraría en una discusión que hasta ahora no me incluía.
 
– como sea – dijo retador Ariel apretando los puños.
– repito: no me importa si te haces iniciaciones en otro lado, pero Obara meyi habla de problemas que el ahijado le “hereda al padrino” y previene de la mentira y la traición, así que dime: ¡¿a cuál padrino vas a perjudicar? ¿a quién vas a traicionar?!
 
Ariel levantó los hombros con desdén, lo que hizo que el rostro del Babalowo se crispara: ahí me di cuenta que su molestia no era que el Santero hubiese recibido cuchillo en otra casa religiosa, el coraje era porque él no había cobrado el pago del derecho de una ceremonia que en méxico se “vende” carísima. El ambiente se enrareció más hasta que el Oriaté intervino.
 
– por algo ese signo dice que no debes “bautizar” a nadie – señaló – vas a tener que registrar a tu ahijado.
– no puedo consultarme hasta dentro de tres meses – lo atajó Ariel – o cuando haga los ebboses que marcó mi itá – presumió.
– asere: hagamos una pausa antes de continuar con el Santo – señaló  prudente el Oriaté al padrino al tiempo que lo tomaba del brazo para llevarlo hacia la calle donde conversaron a solas unos 15 minutos.
 
Todos los religiosos se dispersaron por la casa; desconozco la razón de hacerlo, pero Ariel se me acercó.
 
– ¿cómo ves a este pendejo? – rugió, más levanté los hombros dándole a entender que lo sucedido entre ellos no era asunto mío – ni crea que le tengo miedo – insistió – soy hijo del invencible Oggun… y él no es mi padrino… de nada, sólo porque no quiero llevarme el osogbo me quedo, pero este cabrón se va ir a la chingada acabando el Santo.
 
Le sonreí a medias para darle a entender un par de cosas: una, no era mi problema si se mataban al finalizar la coronación, otra, aquel pleito me parecía una exageración.
 
Ariel se me quedó viendo y en su rostro se dibujó una expresión de asombro (como si en ese momento hubiera comprendido que haber retado al Babalowo fue innecesario… o a saber qué diablos), asintió y se alejó hacia una esquina. Luego sus ahijados se acercaron a felicitarlo por haber enfrentado a un sacerdote de Ifa, pero simplemente los ignoró.
 
Cuando el Babalowo y el Oriaté regresaron del patio venían sonriendo, tras lo cual, mañosamente, asignaron actividades a todos para continuar con la coronación de Santo menos a Ariel, ello con la intención, supuse, de evitar se refrescara las manos.
 
Al llegar al fifeto todos nos limpiamos con macutos y se ofrendó una guinea a Oggun, tras lo cual preguntaron al Orisha si todo odara, contestando con Okana, a lo cual el Orité interrogó directamente si ese signo era para Ariel y la respuesta fue un tajante Eyeife.
 
Ariel palideció mientras el Babalowo y el Oriaté sonrieron.


1 de marzo de 2021

El pinaldo o cómo jugar a la ruleta rusa en la Santería


para alberto solís

 
El pinaldo (también llamado finaguo, obbe o cuchillo), significa en dialecto lucumí "un poquito de todo" y se dice que al recibirlo se alcanza el máximo grado como Santero(a), pero su ceremonia da pie a una controversia al momento de la falsa autoridad que da en los terrenos que dividen la Osha e Ifa.
 
Señalemos primero el error afrocubano de que el pinaldo es un atributo de Oggun, porque su verdadero dueño es Obatala por mandato de Olofi (¿alguien se ha preguntado por qué no sale en un Oggunda, por el contrario, lo hace en un signo de Shangó?), al que se le pintan unos signos sobre su hoja de metal: vive sobre la sopera de Obatalá envuelto en algodón y cubierto de manteca de cacao para evitar que el religioso cometa barbaridades (como el crimen, la prepotencia y el abuso).
 
Nace en Ojuani Shobe, pero Osa Meji y Iroso Osa lo mencionan. Su consagración, mienten, es “oriunda” de la tierra Egbadó, mas el pinaldo es inexiste en esa tribu (de hecho ningún oddu del Ifá tradicional lo cita), fue inventada* en Cuba, y al poco desvirtuada bajo estos hechos:
 
- en principio era una ceremonia para ratificar una corona de Osha sobre la que se tuviera dudas, en una época en que las mujeres detentaban el liderazgo religioso,
- Timotea Albear, “Ajayi Lewú”, entrega en 1929 el pinaldo a Octavio Samá, Oba dimeyi, para confirmar si su Orisha tutelar era Oshun,
- ya con cuchillo Samá traiciona a las Santeras cubanas al instaurar la figura del Oriaté para minimizarlas y someterlas a iniciaciones como recibirlo a manera de herramienta de Oggun,
- a partir de ese momento Octavio idea una serie de usos y simbolismos patéticos alrededor del pinaldo,
- para marginar más a las Santeras, Samá inventa que Oggun habla a través del caracol y que sólo si lo reciben podrán usar el diloggun,
- después vinieron más fantasías, como que el cuchillo** era necesario para la rectificación de un Santo mal parido o cuando se había coronado un Orisha equivocado,
- esa imposición, disfrazada de necesidad, llevaba otra intención: restar presencia a los Babalawos (únicos autorizados a matar 4 patas), por lo que si un Santero lo recibía facilitaba sacarlos de los Cabildos.
 
Conforme pasaron los años, y de acuerdo a los líderes de los diferentes Cabildos cubanos, se idearon mitos, intereses, usos y más mentiras alrededor del pinaldo:
 
- recibirlo sustituye el ebboe del año,
- da inmortalidad al Santero, evitando que muera por cualquier arma, herramienta relacionada con el acero o en una reyerta (para que esto no suceda se le troza la punta al cuchillo),
- convierte al religioso en “Santero Mayor”,
- deshace los signos del Itá de Santo y da unos nuevos,
- se recibe al año (o a los 5 o a los 7) de coronar Osha,
- permite al religioso puede matar 4 patas en ceremonias de Palo Monte,
- el Ita de Mano de Orunla “se borra” con los signos que arroje la ceremonia del pinaldo,
- permite al Santero cortar todo vínculo religioso que pudiera tener con un Babalowo, padrinos o mayores,
- fortalece los aspectos materiales y psíquicos del Santero, dándole seguridad, prosperidad e iluminación mental (¿?),
- los hijos de Oggun nacen con cuchillo,
- se debe coger tras parir 7 ahijados,
- al obtenerlo se le da 4 patas a todos los Orishas del Santero y el Santero recibe otro itá con nuevos signos,
- exonera de culpa, castigo y karma al religioso por matar a un animal,
- al recibirlo se ingresa a una sociedad secreta llamada “Baloggún”,
- es obligación todo Santero recibirlo.
 
Sobresale la afirmación de que el cuchillo es una herramienta para matar animales y no un atributo. Dado que muchos “padrinos” recitan sin analizar la lógica de las mentiras afrocubanas, me detendré a examinar la que dice que se borra el Ita de Mano de Orunla con los signos que arroje la ceremonia del pinaldo.
 
La Mano de Orunla, como determinación del destino de una persona, identifica los karmas de vidas pasadas y marca el camino a seguir para superarlos en su reencarnación actual: ya sea que con un cúmulo de iniciaciones o simplemente atendiendo consejos, quedando claro por que se debe consultar a Orunla para superar las pruebas aceptadas, el destino, ese que determina, condena y esclaviza la vida de una persona desde el momento en que realiza esa iniciación hasta que muere.
 
Las consagraciones  y/o consejos que se deriven ayudarán al iniciado a vivir en armonía con su existencia, la cual puede repetir ciertas situaciones hasta que se cambie de actitud, de ahí que despojarse de los resabios de vidas pasadas se le llama “evolución espiritual” o “trascender”. Por lo anterior resulta ridículo pensar que recibir el pinaldo afrocubano borra el Itá de Mano de Orunla, ya no se diga el de Santo.
 
Recordemos que la extracción de nativos de su lugar de origen para llevarlos a un nuevo hábitat incluyó intereses personales de ciertos sacerdotes, al tiempo que la falta de elementos de la naturaleza africanos se sustituyó por lo que existía en la isla. Si a lo anterior se agrega la fe de los esclavos pidiendo a sus Dioses el fin de su opresión, entre 1790 y 1840, se entiende por qué los mayores crearon su versión Yoruba de la religión: la necesidad de muchos dio poder a pocos en la nueva tierra.
 
Así, recibir el cuchillo (como un invento religioso), se convierte en un juego cercano a la ruleta rusa en manos de padrinos que piensan que existe y es válido, y si bien este no cambia el destino puede enrarecerlo al abrir una riesgosa puerta pues de entrada Oggun representa la vida o la muerte circunstancial.
 
Hay otra secuela no menos grave: obliga a Oggun a dar una opinión en un Itá, inventándose un falso destino al determinar ebboses carentes de sostén, la recepción de atributos innecesarios o hasta más iniciaciones (que incluso se pueden volver perjudiciales como el juramento de Santeros ante Ozaín: una fantasía cubana más pues este Orisha es propiedad exclusiva de Babalowos, lo cual puede llevar al iniciado al empeorar su situación con un osogbo).
 
¿Por qué esta afirmación? porque un ebboe por Itá genera energía Orisha que gradualmente se integra a la vida cotidiana de la persona hasta modificarla (para bien o para mal), incorporación que no era parte de su karma original y a la que se tendrá que seguir atendiendo para mantener un equilibrio innecesario de origen.
 
Lo anterior no contradice la metáfora de la ruleta rusa: el cuchillo se mantiene a final de cuentas como una imposición sin fundamento espiritual, una interrupción o intromisión en el desarrollo de la evolución natural del iniciado, decidido por los humanos y nunca enviado por los dioses Yoruba.
 
Pongamos un último ejemplo sobre la intromisión de los padrinos, como sucede en el caso de las Santeras*** a quienes se les niega el paso a la sabiduría de Ifa, pero que en su Itá de cuchillo se les podría condenar a ser Apetebi, papel que no tiene nada que ver con su destino y sí con la condición de servidumbre y sumisión que buscan los Babalowos en todos su ahijados.
 
Pese a estos indiscutibles elementos estamos ante uno de los fraudes más grandes en la religión Yoruba afrocubana, mismo que por creer que tiene “un origen divino” hace creer a lo$ padrino$ que la ceremonia de cuchillo es nece$aria, y a los ahijados que recibirán grandes beneficios, cuando en realidad es una peligrosa tomadura de pelo.
 
* hubo otros inventos cubanos: como el de Rosalía Abreu, Efunshe Warikondo, de entregar más de un “Santo” en la coronación, ya que en Nigeria sólo se recibe el Orisha tutelar acompañado de Eshu… o como afirmar que Olokun no se corona directo, como lo hacía inicialmente Fermina Gómez, “Osha bí.
** este invento se atribuye erróneamente a Ña Rosalía Gramosa, “Efuché Warikondó”, fundadora de la rama Egbado, para lavar la imagen de Octavio Samá, Oba dimeyi.
*** es recalcitrante la hipocresía de los Babalowos cubanos: por un lado asumen como válido el invento (alrededor de 1920) de recibir cuchillo, pero rechazan otros “inventos” (ahora si, según lo descalifican) como la consagración de las primeras Iyanifá, la norteamericana Patri D'aifa en Nigeria (en 1985) y las cubanas Nidia Águila y María Cuesta (en el 2000).


 

14 de noviembre de 2019

Orishas, penal de topo chico y narcotunel de tepito


Dos temas de la insidiosa nota roja mexicana, relacionados con la práctica de la Santería, ocuparon en semanas pasadas sus principales titulares.

El primero de ellos relacionado con el cierre del penal “Topo Chico” el pasado 30 de septiembre de este 2019, (localizado en Monterrey, Nuevo León, al norte del país), y que un periódico consignó que con ello “oficialmente terminaron 76 años de horror, crimen, rebeliones, autogobierno y los sucesos más oscuros de esta penitenciaria”.

El excelente periodista Héctor de Mauleón visitó dicha cárcel y escribió una crónica digna de leerse y en la que señala: “caminar hoy por las celdas abandonadas y llenas de sensaciones, es como sumergirse en el reino de la oscuridad. Ratas, basura, coladeras tapadas, imágenes en todos lados de la Santa Muerte, así como de la religión Yoruba: el escenario de la peor miseria humana imaginable ha quedado prácticamente intacto tras el cierre del centro penitenciario”.

En otros periódicos se dio detalle sobre un altar dedicado a la Santa Muerte que ocupaba toda una cancha de basquetbol, pero destacando otro a Elegua que abarcaba una celda completa y con ofrendas en grandes cantidades de dulces, pelotas, abundantes cochecitos de plástico, veladoras, juguetes, fruta y señales de haber recibido sacrificio de animales.

Por si no fuera suficiente la prensa se regodeó semanas después (el 22 de octubre), con otra noticia relacionada también con las oscuras prácticas que se hace en la Santería mexicana, donde se señaló que tras un operativo en el delictivo Barrio de Tepito, en la capital del país, se encontró “un narcotúnel, laboratorios para elaborar metanfetaminas, armas de alto poder y hasta un altar de Santería fue lo hallado durante el operativo de la Policía capitalina junto con la Marina”.

Más aquí el hallazgo alcanzó tintes grotescos cuando se contabilizaron 42 calaveras, restos óseos y hasta fetos en un altar dedicado principalmente a Oggun, combinado extrañamente con Satanismo, culto a Eggun, Palo Mayombe, la Santa muerte y Espiritismo cruzado (la prensa, para no variar, se ha inventado el término de "Santería negra" para aglutinar todos los objetos encontrados), cuyas fotografías recuerdan irremediablemente al culto de los "Narcosatánicos".

Tras este descubrimiento oficialmente se especificó que “la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México reveló imágenes al interior de la vecindad de la calle Peralvillo y llamaron la atención aquellas donde está un altar Santero con cráneos humanos manchados de sangre”.

Sin embargo, lo que sucedió horas después de difundirse la noticia es una excelente señal para los practicantes de Osha e Ifa que buscan impunidad con sus iniciaciones: en el operativo originalmente fueron detenidas 31 personas y casi al instante fueron soltados 30 de ellos cuando un juez “determinó que fueran liberadas al no encontrar elementos para vincularlos con ningún hecho delictivo”.

Las fotos y videos relacionados con ambas notas, concretamente sobre los dos altares para el culto a los dioses Yoruba en los respectivos lugares, podrían definirse como “macabras” al punto de que opté por no incluirlas en esta entrada.

Tampoco considero necesario volver a soltar otra perorata para criticar el mierdero que se está haciendo en méxico con la Santería, Ifa y el culto a los Orishas, así que dejemos este texto como un recordatorio de la existencia de una práctica religiosa en la que religiosos mexicanos y deidades se hunden por sí mismos en la peor de las decadencias espirituales.

Una vergüenza.