1 de octubre de 2026

¿Por qué los fantasmas pueden golpear y arrojar objetos?


¿Alguien se ha preguntado por qué un fantasma, si no tiene cuerpo, puede aventar objetos, golpear gente o azotar puertas? Es común que quienes se enfrentan por primera vez al acoso de un desencarnado se topen con esta contradicción: cómo es posible que un ser que atraviesa paredes, sea al mismo tiempo capaz de estampar una silla contra la pared, dejar un moretón en el brazo o cerrar una puerta con violencia.
 
Nuestro entendimiento sobre el mundo físico diría que no se puede, pero la experiencia de cualquier Muertero, Espiritista o Palero sabe que sucede y con mucha frecuencia.
 
La explicación no está en la mecánica experimental, sino en la física del éter (conciencia universal), en la dinámica del alma (interacción entre la psique y el espíritu) y en los cuerpos sutiles (el aura) que todo ser posee, incluso después de muerto. Así, el error es pensar que un fantasma es "nada", pero sí que lo es: tiene estructura, peso y capacidad de acción, solo que en un plano espacio/tiempo distinto al nuestro.
 
La espiritualidad, desde las religiones de origen africano, el hinduismo y la cábala hasta la teosofía y la antroposofía, pasando por el espiritismo kardeciano y el hermetismo, enseña que el ser humano tiene varios cuerpos, componentes y/o niveles vibratorios.
 
Al morir, el espíritu abandona el cuerpo físico, pero retiene el cuerpo etérico, que es una réplica energética del físico, hecho de una materia más sutil que el aire, pero más densa que el pensamiento; y el cuerpo astral, que es el vehículo de las emociones y los sueños, la misma sustancia con la que viajamos cuando tenemos experiencias fuera del cuerpo (como cuando se duerme o se consume drogas alucinógenas).
 
Si el fallecido no logra despegar de lo terrenal (muerte violenta, apego a un lugar, persona u objeto, por ignorancia de su propia condición o por saber a dónde ir), lo que llamamos desencarnado es su cuerpo intangible y astral enlazados a una conciencia atrapada. El fantasma sí tiene cuerpo, no es físico, pero en ciertas condiciones puede tocar el nuestro.
 
El cuerpo etérico, en su estado normal, vibra a una frecuencia más alta que lo material, por eso puede cruzar paredes (igual que la luz atraviesa el vidrio o el olor traspasa una habitación), pero el espíritu, mediante un acto consciente de voluntad, puede densificar ese cuerpo sutil en una zona concreta, como la mano. ¿Cómo lo hace? Concentra su energía en ese punto y baja su vibración hasta volverlo temporalmente semisólido o denso. Es como si el agua se convirtiera en hielo por un instante.
 
Cuando un fantasma quiere golpear a alguien, hace exactamente eso: densifica su puño etérico y lo proyecta contra el cuerpo físico del vivo. El impacto no es una ilusión ni una sugestión; es el choque de dos entidades: una, etérico densificado y una física, por lo que el vivo siente el golpe como algo real y puede amanecer con moretones o rasguños.
 
Lo mismo ocurre con los objetos al ser arrojados: el desencarnado no necesita "agarrarlos", como nosotros, lo que hace es envolver el objeto en una capa de su propia materia etérica y luego la contrae bruscamente, arrastra el objeto y lo lanza. Por eso los testigos que ven una silla volar por sí sola no ven la mano etérica que la empujó, porque esa mano vibra en un espectro que nuestros ojos no captan, aunque un Vidente o Espiritista sí puede verla como una especie de niebla con forma.
 
En el mundo espiritual, el deseo es la fuerza más poderosa que existe. Mientras estamos vivos, esa exigencia está filtrada por el cerebro y los músculos: queremos algo y nuestro cuerpo se mueve para conseguirlo; al morir ese filtro desaparece, pero el deseo no, es un recuerdo que deja al muerto como un manojo de deseos inconclusos y emociones no resueltas, como quien se queda con un antojo que nunca satisface.
 
Un fantasma enfadado (por morir injustamente, traicionado o asesinado), tiene un deseo de venganza o llamar la atención. Esa avidez, al no tener cuerpo físico que lo exprese mediante gestos o palabras se convierte en fuerza motriz: es como si su pensamiento "cerrar la puerta" o "aventar el jarrón" se tradujera en una energía aplicada al objeto sin tocarlo. Tradiciones pseudocientíficas confunden esto con la “telequinesis”, una habilidad donde la mente actúa sobre un objeto, sin usar el cuerpo. En los vivos, el cerebro suele ser el intermediario que traduce el pensamiento en movimiento corporal.
 
Así, un fantasma apegado a su antigua casa, por ejemplo, genera un campo de atracción que mueve las cosas de ese entorno casi sin querer, como si su sola presencia fuera un fuerte viento. Y un desencarnado desesperado, que no entiende que está muerto y ve que los vivos ocupan "su espacio”, puede generar impulsos violentos que en los vivos se conoce como “energía” y en los muertos como “voluntad”.
 
Hay otra forma, más compleja y menos frecuente, que los espíritus usan para mover objetos: la generación de ectoplasma (sustancia semisólida), fría al tacto, blanquecina y/o translúcida que se condensa del ambiente (usando la humedad del aire, la energía de la víctima o su reserva etérica). Una vez generado, él puede moldear ese ectoplasma en formas temporales: una mano, un dedo, un cordón, una garra.
 
Con esa mano ectoplásmica, el fantasma agarra el objeto, lo levanta, lo lanza o lo empuja (luego el ectoplasma se desvanece al disiparse en el ambiente). Por eso muchas personas que han vivido experiencias de este tipo describen haber visto niebla o humo alrededor del objeto antes de que se moviera o sienten bajas temperaturas antes del impacto.
 
En las mal llamadas “casas embrujadas” (ya explicaré en otro texto por qué ese término es un gravísimo vulgarismo), se puede encontrar una sustancia viscosa y fría en el suelo o en los muebles, cerca de donde los objetos aparecen movidos: para los Espiritistas o Videntes son restos de ectoplasma, la evidencia de que un muerto estuvo ahí durante la noche.
 
Recuerdo un caso que atendí hace años, en una casa localizada en el Estado de México, donde a través de un amigo los dueños me contactaron porque llevaban meses viendo objetos volar de un lado a otro: platos, tazas, un florero que casi le pega a la señora en la cabeza. Contaron que el ambiente se sentía denso, al grado de que los niños no querían estar solos ni para ir al baño o se oían ruidos que despertaban a toda la familia mientras dormían.
 
Acudí a la casa, hice la consulta y resultó que ahí vivió un hombre (muerto de forma violenta), al que le gustaba sentarse en un sillón, colocado en un lugar específico, a ver la televisión. Dado que estaba en buen estado, los nuevos propietarios se quedaron con el mueble al comprar la casa, pero lo movieron a otra habitación sin saberlo. El muerto se enojó y empezó a aventar objetos, no por maldad, sino manifestando enojo por no entender que ya no era su casa.
 
Al profundizar en la consulta, me di cuenta de que el hombre también estaba confundido, ni siquiera sabía que había muerto: creía que los nuevos inquilinos habían invadido su casa y por eso reaccionaba con violencia. Tardé casi una hora en hacerle entender que había fallecido.
 
Hablé con los dueños y les propuse dos soluciones: una, darle camino al desencarnado; la otra, devolver el sillón a donde él lo usaba y prenderle una vela de vez en cuando. A cambio él cuidaría su casa de delincuentes (como los que le quitaron la vida) por robarle. Extrañamente, los dueños decidieron volver el sillón a su sitio y “adoptarlo”.
 
Unas semanas después me llamaron para decirme que ya no volaba nada ni había ruidos extraños en las noches. Eso sí, aclararon que el sillón seguía en la sala, pero “nadie lo estaba usando”.
 
Hay más manifestaciones, como el de las puertas que se abren y se cierran con violencia, los cuales las más fácil de explicar en el mundo espiritual.
 
El fantasma no necesita estar detrás de la puerta para aventarla con la mano, lo que hace es concentrar su energía y liberarla como un chorro de aire comprimido que la golpea con fuerza suficiente para que las bisagras giren y esta se cierre o se abra.
 
También puede ocurrir que el desencarnado se sitúe en medio del marco de la puerta (recordemos que puede atravesarla sin problema) y luego expanda su cuerpo etérico hacia afuera, forzando la puerta a abrirse o cerrarse como si alguien la estuviera empujando desde el centro. En ambos casos, el sonido es seco, violento, y suele dejar a los presentes con la certeza de que no fue el viento.
 
No todos los muertos tienen la misma capacidad para mover objetos, así como no todos los vivos tienen la misma fuerza física. Esto depende de varios factores:
 
1) La antigüedad del fallecimiento, donde los fantasmas recientes (primeros cincuenta años) tienen más energía etérica acumulada. Con el tiempo, si no se alimentan de fuentes externas (como la energía de los vivos que habitan el lugar o de zonas con alta carga telúrica como fallas geológicas, vórtices o portales), se van debilitando y ya no pueden mover más que cosas muy ligeras como papeles o cortinas.
 
2) el nivel emocional, pues un muerto en calma, de esos que solo observan sin rencor ni apego, apenas si mueve una cortina o hace crujir una madera, mientras que uno furioso, desesperado o aterrado genera impulsos psicocinéticos que pueden lanzar libros contra la pared o hacen volar un jarrón.
 
3) el lugar en el que se encuentra, donde hay sitios que lo potencian, como una casa construida sobre lugares donde hubo mucha violencia y se derramó sangre, un antiguo cementerio, un campo de batalla o una falla geológica con alta energía telúrica, las cuales le dan más poder para mover objetos.
 
4) lo que el espíritu fue en vida, en la que aquellos que fueron Brujos, Santeros, Paleros, Espiritistas, Chamanes, etc., conservan control sobre la materia tras morir. Por ejemplo, un Tata Nganga que fallece sin darle camino a su prenda puede mover muebles muy pesados.
 
En la perspectiva espiritual hay diferencias, pues no todos los golpes ni objetos voladores son obra de un desencarnado. También puede ser poltergeists, esa energía psicocinética inconsciente generada por un vivo y que le permite mover objetos sin tocarlos; espíritus elementales como duendes, trasgos, espíritus del monte o seres del plano etérico que no son humanos y mueven objetos por diversión o llamar la atención.
 
Pueden ser demonios, parásitos astrales que se posesionan de los vivos, golpean y generan olores como azufre o huevo podrido y los egguns degradados (espíritus que perdieron su vibración original y se han vuelto dañinos o malévolos: no son demonios en sí, pero ya no son un ancestro en paz, quienes lanzan objetos con violencia, imitan voces, etc.).
 
Por eso, un Espiritista, Vidente o Muertero con experiencia siempre investiga qué tipo de entidad está provocando alteraciones antes de intentar darle luz al desencarnado o de decidir si lo adecuado es una limpieza o un incluso desalojo forzado.
 
Cuando una persona vive en una casa donde los objetos vuelan, las puertas se azotan y los golpes dejan moretones, no está ante un fenómeno menor ni ante una sugestión: está frente a un espíritu que tiene suficiente energía etérica acumulada. Y eso es señal de que algo anda mal, ya sea porque el espíritu está atrapado contra su voluntad, alguien lo despertó o hay una deuda pendiente entre ese muerto y los vivos que ahora habitan su espacio.
 
Tras varios años enfrentando desencarnados*, he visto casos donde alguno logró volcar sillones grandes o mover refrigeradores, y otros donde apenas consiguen mover una cuchara o una cortina. La diferencia está en su antigüedad, nivel de rabia y si había alguien vivo alimentándolo sin saberlo (con miedo, con atención constante o rituales mal hechos).
 
Así que la próxima vez que escuchen un golpe en la puerta y no haya nadie más con ustedes, o ven un libro volar de un estante a la pared, no le den muchas vueltas al asunto: se trata de un muerto que aún no se ha ido, que aún tiene algo que decir o que cobrar, y que ha aprendido a usar su energía para avisarlo. 


*Para conocer más leer mis libros “Mi vida con los muertos” y “Muertero”

 



 

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