Mostrando entradas con la etiqueta mi vida con los muertos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mi vida con los muertos. Mostrar todas las entradas

25 de abril de 2026

Por qué no participaré en la Feria Internacional del Libro del Terror

 


Quienes siguen este blog recordarán que he escrito antes sobre cómo funciona el mundo literario en México: certámenes, publicaciones y eventos donde el amiguismo y los intereses oscuros suelen imponerse sobre el talento. Una dinámica que, con los años, me llevó a buscar opciones en otros países, donde predomina el interés genuino por difundir literatura sin importar la nacionalidad ni los acuerdos entre bastidores.
 
Esa decisión me ha permitido participar en certámenes y antologías de editoriales colombianas, argentinas y chilenas, experiencias que han sido enriquecedoras.
 
A eso se suma que México resulta excesivamente costoso en servicios editoriales: diseño, maquetación y corrección de estilo tienen precios desproporcionados frente a otros países. Mientras en Francia o España corregir un manuscrito de 400 cuartillas ronda los 10,000 pesos, aquí las cotizaciones pueden quintuplicarse, frecuentemente sin contrato de por medio que proteja al autor.
 
Todo esto es porque he decidido no participar en la Feria Internacional del Libro del Terror. Un evento cuyo nombre resulta bastante adecuado pues incluye un catálogo de géneros, como La novela de relaciones oscuras, El cuento de las conveniencias", El tratado del amiguismo y la ya clásica Antología de los que firmaron.
 
El acuerdo de participación incluía asistir como conferencista y stand para firma de ejemplares y venta, empero dichas condiciones para varios participantes se redujeron arbitrariamente a la venta. Además, tampoco era de gran ayuda que una feria del libro del terror haya terminado por incluir conferencias sobre ovnis y evangelios apócrifos (¿?).
 
A todo esto y más que sería largo de enlistar solo agregaría que hemos sido más escritores y creadores de contenido que, por sus respectivas razones, se han bajado del evento.
 
En mi caso prefiero reservar mi energía para espacios donde las obras hablen por sí mismas y a los autores se le trate con respeto.

29 de marzo de 2026

Participación en la Feria Internacional del Libro de Terror

 


Gracias a los buenos oficios de mi amigo antropólogo y escritor Cutberto, estaré como ponente en la Feria Internacional del Libro de Terror el próximo 2 de mayo, donde además de hablar sobre el tema de los desencarnados, habrá un stand para la venta de mis libros, autografiarlos y convivir con mis lectores. 

Próximamente les compartiré la agenda y detalles.


7 de diciembre de 2025

¿Cuándo, dónde y cuánto? (2)

 

3.
Luego de que el huracán Priscilla y la tormenta Raymond inundaran al país, dejaran 75 muertos, 65 desaparecidos y varias ciudades arrasadas por completo en el estado de Veracruz, sin que el gobierno hiciera algo por prevenir a la población, aquella mañana sabatina de octubre estaba fresca y sin nubes que impidieran disfrutar de los rayos del sol luego de varios días nublados.
 
Me gusta la cafetería “Casa di Mahia”, ubicada en la famosa “Casa de la Araucaria” (fue construida en el año 1902), que además de tener un estilo neoclásico, mezcla de elegancia y atemporalidad grecoromanas, cuenta entre sus muros con la “Biblioteca IBBY México”, especializada en literatura infantil y juvenil.
 
Gracias a que los mexicanos el fin de semana comienzan a dar señales de vida hasta después del medio día, el lugar estaba semivacío, así que no tuve problema en encontrar una mesa en la terraza. Como siempre hago llegué 10 minutos antes de la cita, pero contrario a mi paciencia, decidí ordenar para dejarle claro a Piedra_de_Limon que su prepotencia no estaba invitada.
 
Saqué mi libro de “Personajes secundarios”, el cual había dejado de lado por semanas para devorar “Tumbas sin nombre” y di el primer sorbo a mi taza de café, más no avancé mucho en la lectura porque en cosa de minutos volvió la mesera con mi desayuno.
 
Eran 9:20 y Piedra_de_Limon no daba señales de vida, así que decidí apurarme con intención de largarme a las 9:30, pero apenas y lo había decidido llegó y se sentó al otro extremo de la mesa.
 
Llevaba ropa en extremo holgada, el cabello recogido, oculto debajo de una gorra e inmensos lentes oscuros, todo para no ser reconocida. Por si aquello no fuera suficiente, un gorila de unos dos metros se colocó cerca de nosotros con intención de atemorizar a cualquiera que intentara acercarse.
 
No se disculpó por la tardanza, soltó un seco hola, llamó a la mesera, pidió un café y tampoco hizo comentario de por qué me adelanté para desayunar.
 
Seguí atacando mis huevos con machaca mientras ideaba como desarmar su altanería.
 
—Tantos años sin vernos — solté antes de engullir un bocado.
—¿Te conozco? — exclamó bajando los lentes a la altura de la nariz para observarme.
—En algún momento nuestras vidas se cruzaron a través de Luis Rubioles.
—¡Tú! — exclamó colocando con fuerza las manos sobre la mesa y empujando su silla hacia atrás con los pies, lo que provocó que su guardaespaldas se acercara para colocarse a mi lado.
—Dile a tu perro guardián que si se mueve un milímetro más le voy a soltar cierta maldición que su canina estirpe tardará siete generaciones en depurar — advertí antes de dar un sorbo a mi café.
—Vete a la camioneta, Ramiro. Dile a Marcela que te venga a sustituir.
—No requieres niñeras — avisé.
—Tratándose de ti no las necesitaré, pero no quiero que mis fans vengan a interrumpirnos pidiendo una foto o autógrafo — se justificó.
—No vendrán, yo me encargo de eso.
—Espérame en la entrada — ordenó al gorilón.
—¿Todo bien? — intervino la mesera.
—Sí, sírveme lo mismo que pidió él. Y más café.
—Señor, ¿algo más?
—Un rol de canela, pero sin canela — dije, lo que la desconcertó — bromita, un panqué de guayaba.
 
Había conseguido desarmar la soberbia de Piedra_de_Limon.
 
4.
Ujule Rachid, ¿qué significa eso? — interrogó — deberías usar tu nombre de pila, así la gente sabría si te contacta o no.
—Quítate los lentes — pedí ignorando su comentario.
—¡Me van a reconocer! — protestó.
—Te dije que me encargaría de eso — dije, tomé el salero, lo destapé, vertí un copito en mi mano izquierda, con la derecha hice unos signos mientras rezaba y luego me levanté para esparcirla alrededor de nuestra mesa — listo, te has vuelto invisible — avisé, se despojó de su disfraz y confirmé que la ferocidad de su mirada seguía intacta.
—¿Dónde has estado estos años alejado de mi vida? — se quejó — necesito gente como tú para controlar toda la mierda que me rodea.
—Lejos de ti para proteger mi salud mental — solté.
—Tenías fama de muchas cosas en la cultura subterránea, menos de brujo — decidió cambiar de tema sin ocultar que no entendía qué quise decir.
—Soy muy paciente, pero suelo reaccionar de manera poco agradable cuando me llaman “brujo” — advertí.
—Anotado — dijo en el momento en que la mesera llegaba con su desayuno y mi panqué. Comenzó a comer sin mirarme a los ojos.
—Ya, suéltalo — pedí.
—Sí que eres vidente, según dices en tu blog;  me queda claro que nadie puede guardar secretos estando a tu lado.
—No te creas, solo uso la videncia cuando es necesario. Me evita desilusiones, pero ya, dilo.
—¿Cómo murió Luis Rubioles?
—Deberías hacer la pregunta correcta — advertí.
—Está bien, lo sé, de un infarto mientras leía en la sala de la casa de su madre, ¿sabías que estaba enfermo?
—Él me confesó que tenía problemas de salud, pero no entró en detalles.
—Su cuerpo era una fábrica de coágulos de sangre, pero en lugar de tomar anticoagulantes prefería aspirar cocaína y beber whisky.
—Una pésima combinación si tienes problemas en la sangre.
—Fue una actitud estúpida tratándose de una persona culta e inteligente, pero mi pregunta iba enfocada a que… — señaló, pero no completó la frase.
—¿Quieres saber si cuando estaba muriendo pensó en ti?
—Sí… — levantó finalmente la vista  de su plato para mirarme.
—Deja a los muertos en paz — sugerí.
 
5.
—¿Viste el video?
—Sí… y pude constatar que sigues siendo una fría calculadora a la que le gusta tener la última palabra en todo.
—Soy un negocio. Mi nombre, mi físico, mis canciones y hasta mis guitarras generan dinero y dan trabajo a varias personas.
—Desde que estabas en “Nunca al norte” querías mangonear todo, tan así que no te importó que Luis fuera el fundador y líder de la banda y, que, por tu egoísmo, provocaste que dejaran de tocar durante dos años.
—Siempre supe lo que quería — señaló sin dejar de comer.
—Sí, ser famosa, así que dejemos de lado ese tema porque ya lo conseguiste. ¿Por qué querías que viera ese video?
—Juan Vendeta…
—¿Qué tiene?
—Ese concierto fue uno de los últimos que ofrecí para promocionar mi disco “No duele”. Como viste, era mi mano derecha.
—¿Era?
—Terminando la gira se fue de mi banda. Es complicado de explicar.
—“Mí, mí, mí… yo, yo, yo” — ironicé — tienes un ego repugnante.
—Ya te expliqué: soy una marca y...
—Deja de mariposear a mi alrededor como si fuera una flor de lavanda, tuvimos muchas parrandas hace años, como para que me salgas con rodeos llenos de charros creyéndose vaqueros.
—Ya, párale. Y, por cierto, antes de continuar te voy a pedir silencio sobre los nombres de quienes participamos en esta historia.
—Lo tendrás.
—Gracias. Luego de mi exitoso concierto en la Plaza de España, en Madrid, nos fuimos de juerga y en algún momento Vendeta se me acercó y confesó que estaba enamorado de mí.
—Lo compadezco — me burlé.
—Tuve que ser sincera — siguió tras mirarme con dureza: al parecer mis “bromas” le dolían — él sabía que había tenido una relación tormentosa con Ronaldo, mi ex pareja y que por joderme me demandó para obtener la custodia de nuestra hija, lo cual consiguió sobornando a los jueces, pero también tenía conocimiento que con el paso del tiempo Ronaldo y yo nos habíamos reconciliado... justo antes de comenzar la gira.
—Voy confirmando lo que vi en el video.
—Déjame terminar. Le agradecí que se fijara en mí en ese sentido, pero…
—Ya sé, te hiciste pasar por la Madre Teresa de Calcuta.
—Oye, ¿siempre eres así de ponzoñoso en tus consultas?
—No, solo cuando me reencuentro con personas que en su momento me dieron una puñalada por la espalda.
—¿Cuál es tu tema?
—¿Recuerdas "La cuadrilla de la langosta"? Fue el proyecto literario del que me echaron después de que afirmaste que, por haber sido mi amante, yo tendría conflictos de interes con dos de sus escritores, uno de ellos examante tuyo.
—Lo mencioné en tono de broma durante una fiesta, pero alguien se tomó mis palabras muy en serio.
—Itzel…
—Sí, una habladora a tiempo completo; de todos modos, ya tendrías que haberlo superado.
—Lo superé, pero no está olvidado. Son calumnias que deben permanecer frescas para evitar que se repitan por si el pasado llama a la puerta.
—Siempre afirmé que eras un cabrón. Y el problema con hombres como tú es que están hechos de historias extrañas que les enmarañan las ideas.
—No, solo soy un ser humano que va detrás del error de las personas, esperando que paguen las consecuencias para echárselos en cara.
—¿A qué te refieres?
—Continúa — la ignoré.


30 de noviembre de 2025

¿Cuándo, dónde y cuánto? (1)


 

1.
¿Cuándo, dónde y cuánto?, leí en el asunto del correo electrónico. Aquello sonaba a exigencia, como hacen muchos que me escriben. Pensaba marcarlo como spam, pero me entró curiosidad y decidí abrirlo antes.
 
Instantes después solté un “chingado” que llamó la atención de mi esposa.
 
—¿Qué pasa? — preguntó pausando su relectura de “Mi vida con los muertos”.
—Fíjate en qué términos me llegó una solicitud de consulta.
 
“No nos conocemos, obvio, pero me dirijo directamente a ti y sin rodeos porque mi caso requiere atención inmediata. Quiero verte en calidad de urgencia para solucionar un problema personal, así que dime ¿cuándo, dónde y cuánto cobras?
 
Eso sí, debo advertir que el sitio que elijas deberá ser discreto de manera que pueda conversar contigo sin interrupciones. Espero una pronta respuesta y, sobre todo, positiva. Dado el actual empoderamiento femenino, te sugiero que tomes este mensaje con la seriedad que las mujeres merecemos.”
 
—Además, el nombre de su correo, piedra_de_limon@hotmail.com, se debate con las uñas entre la amargura y el martirio. Esta mujer está más perdida que Adán el día de las madres. La voy a bloquear.
—No, mejor respóndele señalando el día, el lugar, la hora y cuánto le cobrarás, pero dile que te pague por adelantado. Verás que al igual que muchas mujeres no te responderá.
—Tienes razón — acepté y de inmediato respondí con ironía.
 
“Gran privilegio el mío recibir un mail tan conciso de alguien que no tengo el susto de conocer. Me alegra saber que formaré parte de los actores de tu drama emocional. Admiro tus oficios diplomáticos para contactarme. Mi agenda está saturada de crisis peores que la tuya, de ahí que mi capacidad para responder a exigencias como la tuya es limitada, mas haré un espacio para atenderte.
 
Nos vemos este sábado a las 9 de la mañana en la cafetería “Casa di Mahia”, ubicada dentro de la “Casa de la Araucaria” (está en la Colonia Mixcoac, en la calle Goya 54, colonia Insurgentes Mixcoac), previo depósito bancario de mis honorarios. Saludos cordiales (menos de los que mereces, honestamente).
 
Lo envié y seguí revisando mi bandeja de entrada, encontrándome con otro que me hizo reír.
 
“Buenas tardes. Vengo leyendo su blog desde años atrás y quisiera saber si todavía ilustra, con su infinita sapiencia y altruismo, a personas que se encuentran perdidas en este mundo tan mundano. Gracias de antemano, le envío afectuosos saludos. Atentamente Yezzi”.
 
—Ese tipo de correos son en los que menos confío. “Altruismo”, ¡jaja! — me burlé mientras lo marcaba como spam. Volví a la bandeja de entrada y ya tenía la respuesta de Piedra_de_Limon.
 
“Dime el costo y compárteme tu número de cuenta para hacerte en este instante la transferencia. Mientras tanto, para adelantarnos, deberás ver el video que te estoy anexando, el cual corresponde a una presentación que hice en “Neuhausen” hace tres meses. Dado que eres vidente, o al menos eso dices en tu blog, debes poner atención a mi guitarrista.”
 
—¡Mierda! — grité,
—¿Ahora qué sucede? – preguntó mi esposa.
—Contestó diciendo que me va a depositar. Ni siquiera preguntó el costo, además de que ese tono impositivo comienza a cagarme la paciencia.
—Escribe una cifra alta, dale tu número y verás que se asustará.
 
Señalé la cantidad, anoté la referencia bancaria, envié el mail e hice doble click en el archivo. El reproductor terminó de cargarlo y mostró a una inconfundible cantante colocándose en el centro del escenario con una guitarra acústica al ristre.
 
—¡Mierda! – me quejé – de todas las maniquíes que aparecen cantando con pistas pregrabadas en la tv mexicana, a ella en especial no la soporto, además de que sus canciones son taaan insulsas.
—¿La conoces? – me interrogó.
—Digamos que sí – respondí, mas por la manera en que me escudriñó entendí que mi respuesta era ambigua – era novia y cantante de “Nunca al norte”, la banda de mi amigo Luis Rubioles.
—Me hablas de tantos grupos de rock que ya no los ubico — reconoció.
—Tuvieron varios éxitos en la radio, el más famoso fue un ska llamado “Me das lástima”. Pero eso es lo de menos, Luis la definía como una trepadora, al grado de que cuando en alguna plática salía a relucir su nombre, entonaba “La planta”, de sus compadres “Kaos” — expliqué y mi esposa soltó una carcajada — no me extrañaría que estuviera cantándola al momento de morir.
—¿Así que tuvieron un romance mal viajado? — aventuró.
—Fue absolutamente lisérgico. Como sea, cada respuesta que le di salió contraproducente.
—Eso parece, pero busca el lado positivo: te dará elementos para escribir un texto para tu blog.
—No, me dará pretexto para que me acompañes a verla.
—Tendrás que ir solo. Mi prima Susana regresa de Madrid y nos veremos precisamente el sábado para desayunar.
—¡Mierda! – protesté otra vez.
—Disfruta tu video — bromeó y entró a la cocina.
 
2.
Vi el concierto y como solía hacer en su vida, desde que la conocí, Piedra_de_Limon* demostró seguir siendo obsesiva con tener todo bajo control. Alternaba canciones nuevas (así las anunciaba), con temas viejos, combinando momentos relajados, donde el foco de la atención era obviamente ella y su guitarra acústica, junto con otros de gran energía cuando estaba completa la banda.
 
La cámara se centró en filmar durante varios minutos su infinito, pero cuando su guitarrista fue enfocado por primera vez, identifiqué a Juan Vendeta*, fundador de la banda “Sótano antibombas”*, conocido mío de la época de gloria del Foro cultural Prancing rock*.
 
Decidí apagar las bocinas de mi laptop (urgía poner a salvo mis oídos de tal basura), y concentrarme en la banda, donde para mi sorpresa Juan se alternaba entre guitarras, sintetizadores y coros: era figura clave en la textura sonora, a lo que se debía agregar un espectáculo bien montado, con juego de luces, pantallas y algunos rayos láser.
 
Luego me fijé en la interacción entre ellos, donde a veces se acercaba a él y lo abrazaba, en algunas canciones volteaba a verlo y por la forma de cantar parecía era el destinatario de la letra, aunque en una en especial se le acercó para clavar un par de veces su dedo índice en su pecho (ahí me arrepentí de haber bajado el volumen, pues no supe a qué tema hacía referencia ese desplante, pero no hice nada por enmendar el silencio). Entonces comprendí todo.
 
Apagué el reproductor de video, decidí olvidar el mal rato escuchando a Sharon Van Etten, seguí revisando mis correos y marcando unos más como spam.

8 de agosto de 2025

Más de un millón

 


Ni cuenta me di, tratando de olvidar que el mundo espiritual existe, pero que volteo y zaaas, ahí estaba el contador de visitas del blog Basurero de Almas, señalando que los lectores habían llegado a 1,032,539... 

¡Más de un millón! 

Así que lo demás es lo de menos y por el gusto de no ser comparto un trago de whisky con ustedes... ¡gracias por la paciencia, prometo seguir igual, o si se puede, peor!

26 de octubre de 2024

Presentación de Mi vida con los muertos y Muertero

 


Se acerca el día de los aquelarres, la magia, los fantasmas y los sucesos paranormales del Día de Muertos de este 2024 y tengo el gusto de comunicarles que gracias a mi amigo Cutberto Enríquez, inquieto antropólogo creador de innovadores proyectos relacionados con historia, brujería y religión, realizaré la presentación de dos de mis libros, “Mi vida con los muertos” y “Muertero”, este 31 de octubre en el aterrador evento “Magicae, encuentro con el más allá”. 


El programa estará colmado de actividades que darán inicio a partir de las 2 pm hasta las 9 pm e incluirán desde vistas guiadas, y exposiciones hasta obras de teatro, mercadillo, mesas redondas, podcast en vivo y mi presentación a las 7 pm. 


La cita es en el “Fungi Bar Condesa”, un agradable restaurante de tres pisos ubicado en la calle de Tamaulipas # 106, en el corazón de la colonia Condesa, alcaldía Cuauhtémoc, 06170, Ciudad de México, CDMX.




6 de septiembre de 2024

Cuidado al adoptar a un desencarnado

para rocío y julio


1.
Son pocos los servicios funerarios en la ciudad de México que cuentan con velatorios dentro de cementerios. El Panteón Francés es uno de ellos, sitio ideal para buscar experiencias entre tumbas, pues a cada visita me suceden anécdotas para contar, como el texto “En el cementerio”, incluido en mi libro “Mi vida con los muertos”.
 
Iba a titular esta entrada “Cosas que no se deben hacer en un velorio”, al ser testigo de hasta dónde llega la pendejez de la gente en trances fúnebres, pero me pareció más interesante compartir lo que viví caminado entre sepulcros, mientras los dolientes fingían lamentar la muerte de una persona que, en vida, me consta, fue de lo peor.
 
2.
Aburrido de ver al espíritu contemplar su cadáver sin entender por qué estaba dentro de un féretro, miré el reloj y era casi media noche. Salí de la capilla, caminé hacia la entrada del velatorio y en el recibidor encontré a un primo político de mi esposa platicando con dos mujeres. Nos llevamos bien, así que en alguna reunión familiar en la que nos encontramos, nos saludamos gritándonos “¡primo!”
 
Había dejado de llover. Volteé hacia la derecha y luego a la izquierda, tratando de saber hacia dónde caminaría, lo que los desconcertó.
 
—¿Estás bien, primo? me preguntó.
—Sí, sólo estoy decidiendo a dónde iré.
—¿De qué hablas?
—Ya me conoces — dije y decidí por la izquierda.
—¿A dónde vas? — gritó una de las mujeres, enfundada en un ajustado pantalón de piel y una escotada blusa de seda, ambos de color negro.
—Daré un paseo — respondí luego de recordar que era prima del primo.
—¡Estás loco! — protestó la mujer — te puede pasar algo…
 
Levanté los hombros y comencé el trayecto.
 
3.
Caminé unos cinco minutos alejándome de la zona de capillas, luego pasé dos calzadas y entré en la tercera, la cual me llamó la atención durante el primer recorrido que hice al medio día y del que tomé una fotografía.
 


Avancé varios metros, me detuve y comencé a tomar imágenes con mi celular mientras a mi lado derecho oí algo parecido a una conversación entre mujeres. Supongo que se dieron cuenta que trataba de escucharlas, así que callaron. Durante un par de minutos se impuso la quietud, como debe ser en un cementerio, hasta que una desencarnada voz femenina advirtió:
 
—No uses destellos para hacer tus retratos — refiriéndose al flash, algo que no estaba empleando, más que nada para no llamar la atención del personal de vigilancia.
—¡Déjanos en paz! — exigió la otra.
 
“Retratos”, me dije pensando que ya solo los ancianos usan esa palabra, así que con seguridad las desencarnadas eran arcaicas. Reí y continué mi camino, pero metros adelante me detuve, por curiosidad vi las primeras fotos y pese a que no había salido ninguna luz, todo se veía iluminado. Vaya con los filtros de las cámaras.
 
Tomé otra foto, guardé mi celular y quedé en medio de la oscuridad: algunas nubes tapaban el cielo, ocultando de vez en cuando los rayos lunares. Avancé mientras el sosiego de los sepulcros me absorbía. Detuve mis pasos y decidí que era el momento de disfrutar la falsa paz para los vivos que solo los muertos la entienden: había llegado la hora de poner atención a los ruidos que me rodeaban.
 

Son placenteros los sonidos nocturnos en un cementerio, sobre todo porque no tan fácil se adivina si los causan animales, insectos, el viento, desencarnados o entidades que la mayoría de la gente no tiene idea cómo condicionan la vida de los humanos y que entraron a nuestro plano dimensional por los portales que algún malicioso dejó abierto para que en ellos entren y salgan a su gusto.
 
El llamado de un muerto vino del lado derecho, un murmullo que no entendí, pero me convocaba. Cogí mi teléfono, saqué otra foto sin flash, la revisé, pero los mausoleos se veían de nuevo iluminados. Me interné en el corredor, pero apenas había dejado atrás el árbol que casi ocultaba el pasaje sentí el golpe en la espalda. ¡Se me había pegado un muerto!
 

4.
El porrazo me dolió, pero no me asustó, pues tal como compartí en una vieja entrada del blog, la energía de los muertos es especial. Me encanta, como la vez que la Santa Muerte me abrazó o cuando se me subió el muerto mientras dormía. Placer total. Si la sabes disfrutar equivale a un breve éxtasis, aunque lo siguiente muchos lo definen “espeluznante”.
 
Sentí cómo la espalda comenzaba a pesarme, la energía del fantasma penetró mi espalda y llegó a mi pecho, se aferró a mis hombros, apretó mi cabeza y mi cuerpo tembló un poco. No dije nada, salí de aquel lugar para retornar a la calzada y volví a la zona de velatorios.
 
En la entrada el primo y las dos mujeres ya no estaban. Marqué el teléfono de mi esposa y avisé que era hora de irnos. Salió un tipo a fumar, le pedí un cigarrillo, lo entregó, encendió y me alejé unos pasos (yo no fumo, una señal de lo que el desencarnado pretendía si le permitía quedarse).
 
Ella salió minutos después, la luna brillaba, subimos al auto y al salir del cementerio le dije que se me había pegado un muerto. Solté una carcajada y me miró extrañada. Fuimos a cenar y de ahí a casa. Luego, antes de dormir, le dije al desencarnado:
 
—Esta es mi vida. Tú dices… te quedas para ayudarme, te doy luz y evolucionamos juntos o que cada quien siga su camino — propuse el pacto, pero como respuesta recibí una risotada.
—Perfecto — sentencié, hice marcas en mi cuerpo con cascarilla para que me no me molestara mientras dormía, las molestias por traerlo encima se esfumaron y me acosté. Dormí como si no tuviera karmas.
 
5.
Al siguiente día mi esposa y yo nos levantamos temprano, desayunamos, entré a la ducha y las incomodidades por el muerto volvieron al lavar la cascarilla con el agua y jabón.
 
—¿Dormiste bien? — preguntó mi esposa en algún momento.
—Como muerto — ironicé.
—¿Y tú nuevo inquilino?
—No entendió, hay gente que es pendeja estando viva y muerta.
—Pareciera que quieres adoptar un desencarnado — cuestionó y me limité a levantar los hombros.
 
Evité usar ropa negra y opté por la mezclilla. Guardé una cascarilla, un par de frascos con polvos y un clavo de ferrocarril. Volvimos al panteón.
 
6.
El desfile de millonarios, políticos e intelectuales para dar el pésame fue la constante desde temprano, a los cuales rehuí lo más que pude, aunque no pude evitar que me presentaran a alguno en la cafetería, con su pésimo menú de siempre. Ahí saludé a algunos de los famosos de siempre y crucé frases diplomáticas con un escritor (por aquello de su recelo hacia la temática de mis libros), a quien no veía… desde el último velorio.
 
Avanzó la mañana, el medio día se esfumó durante la llamada “misa de cuerpo presente”, de la cual escapé a los dos minutos de haber empezado, luego de ver la retahíla de sandeces que pretendían seguir haciendo los dolientes, pensando que con eso rendían honores al amasijo de huesos y carne rancia que los ignoraba dentro del ataúd.
 
Luego, la tarde marcó la hora de la cremación al tiempo que el muerto insistía en aferrarse a mi espalda. Mientras esperábamos las cenizas llegó la noche. Comenzó el desarme de las ofrendas, cogí un gran ramo de flores blancas, salí de nuevo rumbo a las tumbas, pero esta vez no caminé mucho ni me interné demasiado para lo que pensaba hacer.
 
—Era por la buena, pero no lo quisiste. Te vas a la chingada por la mala. Perdiste tu oportunidad — avisé al desencarnado — ni siquiera pienso llevarte con alguien para librarme de ti, porque eso sería darte luz y no te la mereces. Aquí te quedas, cabrón.
 
Vislumbré la tumba donde lo dejaría. Tomé una foto. Quedaba a la mano, debajo de un árbol y en una zona más o menos iluminada. Era de una mujer. Apareció su espectro. Coloqué una flor en la entrada del pasillo, asintió, me adentré, saqué una cascarilla y pinté unos signos en su lápida. 
—La flor del muerto (el fallecido por el que estábamos ahí), por el muerto (el ánima que se me pegó) y para el muerto (la dueña de la tumba) — recé en voz alta, pinté otros signos, saqué polvos y los esparcí encima, hice más símbolos y de inmediato sentí como el fantasma se desprendía de mi cuerpo, saqué el clavo de ferrocarril, hice un trazo en la cabeza y lo activé con un rezo. Lo clavé al pie del sepulcro, lo hundí por completo con el pie y lo cubrí con otros polvos: con eso quedó anclado y la trampa oculta. Puse las flores y la desencarnada asintió de nuevo.
 
7.
—¿Todo bien? — preguntó mi esposa apenas salí de la penumbra, quien sin que yo le avisara lo que haría, me esperaba de pie sobre la calzada.
—Por supuesto.
—En cuanto vi que cogiste un ramo de flores blancas supuse en qué lo usarías — dijo.
—Ya me conoces.
—Vámonos, los desencarnados se están alborotando — propuso.
 
Esa noche cenamos en casa mientras interpretaba a mi esposa las chorradas que hizo la gente en la capilla.
 
8.
Al siguiente día regresamos para estar presentes en el depósito de las cenizas. Obvio que en cuanto los dolientes comenzaron frente a los nichos una vez más con idioteces, me alejé para caminar entre sepulcros y mausoleos para tomar fotografías. No había riesgo de que se acercara otro espíritu chocarrero. Llevaba una cascarilla en el bolsillo. Tomé fotos.
 
Una familia llegó de última hora, incluyendo a dos niños. Al poco el más pequeño comenzó a llorar. Le calculé unos cinco años. Un muerto se le había pegado. No era asunto mío.
 

9.
Solo una vez he capturado la imagen de un desencarnado y fue hace años. Es una historia que aún no escribo. Ya lo haré. Sucedió en un gimnasio y ese sí que era un espíritu chocarrero.
 
Claro, tampoco es que haya buscado a conciencia fantasmas en las imágenes que ando tomando por todos lados. Así que si el lector encuentra alguno en las fotografías que acompañan esta entrada, recibirá un premio: ser invitado a mi siguiente recorrido en un cementerio a la media noche.