Dos
temas de la insidiosa nota roja mexicana, relacionados con la práctica de la Santería,
ocuparon en semanas pasadas sus principales titulares.
El
primero de ellos relacionado con el cierre del penal “Topo Chico” el pasado 30
de septiembre de este 2019, (localizado en Monterrey, Nuevo León, al norte del país), y que un
periódico consignó que con ello “oficialmente
terminaron 76 años de horror, crimen, rebeliones, autogobierno y los sucesos
más oscuros de esta penitenciaria”.
El
excelente periodista Héctor de Mauleón visitó dicha cárcel y escribió una crónica
digna de leerse y en la que señala: “caminar
hoy por las celdas abandonadas y llenas de sensaciones, es como sumergirse en
el reino de la oscuridad. Ratas, basura, coladeras tapadas, imágenes en todos
lados de la Santa Muerte, así como de la religión Yoruba: el escenario de la
peor miseria humana imaginable ha quedado prácticamente intacto tras el cierre
del centro penitenciario”.
En
otros periódicos se dio detalle sobre un altar dedicado a la Santa Muerte que ocupaba toda una cancha de basquetbol, pero destacando otro a Elegua que abarcaba una celda completa y con ofrendas en grandes
cantidades de dulces, pelotas, abundantes cochecitos de plástico, veladoras, juguetes, fruta y señales de haber recibido sacrificio de animales.
Por
si no fuera suficiente la prensa se regodeó semanas después (el 22 de octubre), con otra noticia relacionada también con las oscuras prácticas que se
hace en la Santería mexicana, donde se señaló que tras un operativo en el
delictivo Barrio de Tepito, en la capital del país, se encontró “un narcotúnel, laboratorios para elaborar
metanfetaminas, armas de alto poder y hasta un altar de Santería fue lo hallado
durante el operativo de la Policía capitalina junto con la Marina”.
Más
aquí el hallazgo alcanzó tintes grotescos cuando se contabilizaron 42 calaveras,
restos óseos y hasta fetos en un altar dedicado principalmente a Oggun, combinado extrañamente con Satanismo, culto a Eggun, Palo Mayombe, la Santa muerte y Espiritismo cruzado (la prensa, para no variar, se ha inventado el término de "Santería negra" para aglutinar todos los objetos encontrados), cuyas fotografías recuerdan irremediablemente al culto de los "Narcosatánicos".
Tras este descubrimiento oficialmente se especificó que “la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México reveló imágenes al interior de la vecindad de la calle Peralvillo y llamaron la atención aquellas donde está un altar Santero con cráneos humanos manchados de sangre”.
Tras este descubrimiento oficialmente se especificó que “la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México reveló imágenes al interior de la vecindad de la calle Peralvillo y llamaron la atención aquellas donde está un altar Santero con cráneos humanos manchados de sangre”.
Sin
embargo, lo que sucedió horas después de difundirse la noticia es una excelente señal para los
practicantes de Osha e Ifa que buscan impunidad con sus iniciaciones: en el operativo
originalmente fueron detenidas 31 personas y casi al instante fueron soltados 30 de ellos
cuando un juez “determinó que fueran liberadas al no encontrar elementos para
vincularlos con ningún hecho delictivo”.
Las
fotos y videos relacionados con ambas notas, concretamente sobre los dos
altares para el culto a los dioses Yoruba en los respectivos lugares, podrían definirse como “macabras”
al punto de que opté por no incluirlas en esta entrada.
Tampoco
considero necesario volver a soltar otra perorata para criticar el mierdero que
se está haciendo en méxico con la Santería, Ifa y el culto a los Orishas, así
que dejemos este texto como un recordatorio de la existencia de una práctica
religiosa en la que religiosos mexicanos y deidades se hunden por sí mismos en
la peor de las decadencias espirituales.
