Mostrando entradas con la etiqueta ngangas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ngangas. Mostrar todas las entradas

14 de noviembre de 2019

Orishas, penal de topo chico y narcotunel de tepito


Dos temas de la insidiosa nota roja mexicana, relacionados con la práctica de la Santería, ocuparon en semanas pasadas sus principales titulares.

El primero de ellos relacionado con el cierre del penal “Topo Chico” el pasado 30 de septiembre de este 2019, (localizado en Monterrey, Nuevo León, al norte del país), y que un periódico consignó que con ello “oficialmente terminaron 76 años de horror, crimen, rebeliones, autogobierno y los sucesos más oscuros de esta penitenciaria”.

El excelente periodista Héctor de Mauleón visitó dicha cárcel y escribió una crónica digna de leerse y en la que señala: “caminar hoy por las celdas abandonadas y llenas de sensaciones, es como sumergirse en el reino de la oscuridad. Ratas, basura, coladeras tapadas, imágenes en todos lados de la Santa Muerte, así como de la religión Yoruba: el escenario de la peor miseria humana imaginable ha quedado prácticamente intacto tras el cierre del centro penitenciario”.

En otros periódicos se dio detalle sobre un altar dedicado a la Santa Muerte que ocupaba toda una cancha de basquetbol, pero destacando otro a Elegua que abarcaba una celda completa y con ofrendas en grandes cantidades de dulces, pelotas, abundantes cochecitos de plástico, veladoras, juguetes, fruta y señales de haber recibido sacrificio de animales.

Por si no fuera suficiente la prensa se regodeó semanas después (el 22 de octubre), con otra noticia relacionada también con las oscuras prácticas que se hace en la Santería mexicana, donde se señaló que tras un operativo en el delictivo Barrio de Tepito, en la capital del país, se encontró “un narcotúnel, laboratorios para elaborar metanfetaminas, armas de alto poder y hasta un altar de Santería fue lo hallado durante el operativo de la Policía capitalina junto con la Marina”.

Más aquí el hallazgo alcanzó tintes grotescos cuando se contabilizaron 42 calaveras, restos óseos y hasta fetos en un altar dedicado principalmente a Oggun, combinado extrañamente con Satanismo, culto a Eggun, Palo Mayombe, la Santa muerte y Espiritismo cruzado (la prensa, para no variar, se ha inventado el término de "Santería negra" para aglutinar todos los objetos encontrados), cuyas fotografías recuerdan irremediablemente al culto de los "Narcosatánicos".

Tras este descubrimiento oficialmente se especificó que “la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México reveló imágenes al interior de la vecindad de la calle Peralvillo y llamaron la atención aquellas donde está un altar Santero con cráneos humanos manchados de sangre”.

Sin embargo, lo que sucedió horas después de difundirse la noticia es una excelente señal para los practicantes de Osha e Ifa que buscan impunidad con sus iniciaciones: en el operativo originalmente fueron detenidas 31 personas y casi al instante fueron soltados 30 de ellos cuando un juez “determinó que fueran liberadas al no encontrar elementos para vincularlos con ningún hecho delictivo”.

Las fotos y videos relacionados con ambas notas, concretamente sobre los dos altares para el culto a los dioses Yoruba en los respectivos lugares, podrían definirse como “macabras” al punto de que opté por no incluirlas en esta entrada.

Tampoco considero necesario volver a soltar otra perorata para criticar el mierdero que se está haciendo en méxico con la Santería, Ifa y el culto a los Orishas, así que dejemos este texto como un recordatorio de la existencia de una práctica religiosa en la que religiosos mexicanos y deidades se hunden por sí mismos en la peor de las decadencias espirituales.

Una vergüenza.

8 de junio de 2015

Mi vida en la Santería 28: adoradores del Demonio



1.
Mis padres vivieron en una colonia que muchos ubican como parte del centro de la ciudad aunque eso es incorrecto, ya que la histórica colonia Roma está en los alrededores, e incluso, fuera del llamado Centro Histórico: ellos habitaban en un edificio de departamentos en el que para más señas transcurre uno de los capítulos del libro “Siete esqueletos decapitados”, escrito por el mexicano Antonio Malpica…

“Siete esqueletos…” es una novela negra que a ratos coquetea con el género de terror, pero que termina por desilusionar al no conseguir ubicarse con decoro en ese estilo literario… no es que sea un mal libro, de hecho tiene pasajes bien elaborados, pero el ridículo final relacionado con el secuestro de niños para ponerlos a trabajar a manera de esclavos en una maquiladora, le da al traste al inicio en el que se supone que su desaparición está vinculada a rituales demoniacos…

Durante la trama uno de los personajes se presenta en el citado edificio: en la descripción que hace Antonio Malpica, la escena (un velorio) se desarrolla dos pisos arriba del departamento de mi familia…

Fue publicado en el año 2009 por la editorial Océano: si nos atenemos a que en promedio un libro tarda entre año y medio y dos años en verse publicado y que por lo regular su creación implica un año de escritura, estaríamos hablando que el autor desarrolló la trama en 2006…

En aquel año ese departamento estaba deshabitado luego de que un irresponsable padre de familia, desempleado y con debilidad por el ron y la marihuana, asesinó a su pequeño hijo de dos años como resultado de una combinación de sus dos aficiones mezcladas con un inconsolable ataque de llanto por parte del bebé… cuando finalmente se rentó (los vecinos afirmaban que pese a estar vacío por las noches se escuchaba el llanto del bebé seguido de fuertes golpes, tal como ocurrió durante el homicidio), la nueva inquilina fue nada menos que una Santera cubana, hija de Oshún, de la que ya he hablado en otros textos…

Supongo que a la religiosa no le importó el antecedente del asesinato o quizá terminó metiendo el alma del bebé a una de las tantas Ngangas que tenía, el asunto es que en 2010 apenas y llegó organizó tambores, coronaciones de Santo e iniciaciones de Palo a cualquier hora del día, lo que la llevó a ganarse el odio y temor de algunos inquilinos…

2.
Una vez que huimos del Ilé de nuestro psicópata padrino, mi esposa y yo entramos en una especie de relajamiento en eso de “la vida religiosa social” y tratamos de llevar vida de “personas normales”…

Fue así que en una visita a casa de mis progenitores coincidí con una vecina que vivía arriba de su departamento, y en consecuencia, debajo del que habitaba la hija de Oshún: ella regresaba de hacer compras en el mercado y había decidido pasar a saludar antes de llegar a su casa… yo la había tratado poco y por lo regular le rehuía pues aparte de tener un chillante tono de voz (mismo que al carcajearse se convertía en algo irritante), era una soberana y maquiavélica chismosa…

Ahí estaba: riéndose de las tonterías que ella misma decía sobre los vecinos, poniéndolos en ridículo y de paso condenándolos al infierno, como si fuera un San Pedro que abre y cierra las puertas del “paraíso”, sin darse cuenta que en mi mirada se reflejaban terribles ganas de saltar sobre su pescuezo y retorcérselo como hacía mi abuela con las gallinas viejas cuando se proponía aliviar, con un caldoso plato repleto de verduras, una gripa durante mi niñez…


Ya se acercaba la hora de la comida y supongo que al ver que no se le pensaba ofrecer algo más allá del vaso con agua que ya había terminado, la viperina mujer avisó que era hora de retirarse…

En ese momento agradecí a todos los demonios sumerios que bailaban a mi alrededor que la convencieran de largarse, pero mi padre acabó pronto con mi satisfacción: educado como es me ofreció para cargar el par de pesadas bolsas de la mujer… sí, era un piso de distancia, sólo subir 15 escalones, pero en compañía de aquella odiosa anaconda advertían algo insufrible y hasta peligroso para mi integridad…

Yo no podía contrariar la caballerosidad del autor de mis días, ofrecí una hipócrita sonrisa, solté un falso “por supuesto que le ayudo” y muy formal me puse de pie para cargar con sus compras…

Ella se despidió, recorrió con la mirada el escenario donde había escupido grandes cantidades de veneno (supongo que para despotricar posteriormente con algún vecino en contra de mis padres) y salió por delante, cual gran emperatriz, para que su esclavo, o sea yo, la siguiera hasta su serpentario, perdón, hasta su departamento…

Antes de salir me despedí de mi esposa con voz baja: “en caso de que no sobreviva puedes hacer una Nganga con mi kiyumba”…

3.
Mientras subíamos las escaleras levanté la mirada y me encontré con el nauseabundo trasero de la mujer: en ese momento recordé que el escritor Charles Bukowski se refería a ese tipo de mujeres como un inmenso “culo gordo”, más traté de poner en blanco mi mente para que cada escalón no convirtiera el trayecto en algo doloroso, cosa que no conseguí cuando del final de la redonda espalda de la mujer se escapó un sonoro pedo del que ni se inmutó; finalmente llegó frente a su puerta, pero esperó a que yo llegara a su lado para buscar las llaves en su enorme bolso…

- si por subir unos escalones se cansó jovencito – escupió – entonces debería dejar el tabaco y hacer más ejercicio para mejorar su salud…
- “no señora: yo no fumo… lo que pasa es que estoy al punto de la asfixia por el gas que pedorramente soltó en mi cara” – pensé gritarle, pero me contuve y con una apenada sonrisa fingí darle la razón…

Abrió 4 cerraduras y entramos mientras explicaba que su hijo, nuera y nietos estaban de visita con su consuegra, me pidió dejara las bolsas sobre uno de los sillones de la sala en uno de los cuales dormía un gato color miel… coloqué la pesada carga y cuando iba a despedirme descubrí ante mí un vaso con jugo de naranja: lo acepté en nombre de mi educado padre y me disponía a consumirlo de un trago cuando un golpe, seguido del chillido de un chivo, nos sumió en un incómodo silencio…

La mujer se persignó y tras una mueca de desprecio me explicó que el ruido provenía del departamento de arriba, que eso era a diario y despotricó contra las plumas de aves que invadían los pasillos del edificio, restos de hierbas, cajas de cartón, olor a ron, orines, humo de tabaco y extraños cantos en un idioma que ella desconocía y que provenían del sacrílego departamento…
 
- la señora negra y gorda que vive arriba es Santera – acusó – esa gente es adoradora del Demonio, mata animales y hace orgías…
- en serio? – solté sorprendido acomodándome en una silla…
- los Santeros adoran al Diablo… hasta le sacrifican niños que les venden las indias mugrosas que piden limosna en las esquinas…
- de verdad?
- sí, en ocasiones me la paso toda la noche escuchando unos tambores cuando hacen sus cosas – dijo sentándose frente a mí - lo peor es que a veces la gorda esa me ha invitado a sus aquelarres…
- mire qué cosa tan curiosa – dije…


- usted se acuerda de los narcosatánicos? - me cuestionó…
- claro, gente “bien”… aunque la prensa se dedicó a decir una sarta de mentiras sobre ellos: le aseguro que eran personas decentes…
- cómo? – gritó indignada al tiempo que desde el piso de arriba comenzaba a oírse el coro: eleggua eshu a sekere kere meye…
- … eleggua, eshu lawana iba boshe – completé rítmicamente el canto…
- usted pertenece a ese culto infernal? – gritó levantándose, se persignó y sacando de entre sus ropas un rosario lo apuntaló hacia mi…
- sosa sokere a laroye sokere – seguí canturreando…
- lárguese de aquí, salga de mi santificada casa engendro diabólico!…
- no señora – dije – yo no me voy hasta que usted me entregue su alma y yo pueda subir con la Santera a regalársela…
- fuera! – gritó corriendo hacia la cocina, escuché abrir un cajón, sacó algo y regresó ante mi blandiendo un gran crucifijo de madera…
- ya le dije que me quedo: usted debe pagar por todos sus pecados y yo me encargaré de llevarla ante Satanás para que la enjuicie - amenacé…
- vade retro satana, apártate, satanás! no sugieras cosas vanas – gritó al tiempo que se santiguaba…
- su alma ya es propiedad de Lucifer – vociferé entre risas…
- ergo perditionis venenum propinare Vade, Satana – chilló de nuevo…
- por esta vez Satanás perdonará sus mentiras, envidias, chismes y perversiones, pero tenga cuidado: cuando usted escuche cantar a la Santera y a sus seguidores significa que el Diablo le está vigilando cada venenosa palabra que usted escupa en contra de la humanidad...
- le contaré a mi hijo lo que has hecho: le diré quién eres – amenazó…
- maravilloso – solté – deme el pretexto para pedirle a Satanás que le robe el alma a su hijo, a su nuera, a sus nietos y a su gordo gato…
- lárgate de aquí – gritó, corrió nuevamente hacia la cocina y regresó con un pequeño frasco del que comenzó a arrojarme agua bendita: la identifiqué por su aroma a flores muertas…
- sólo diga una palabra de nuestra conversación… a quien sea – me burlé de nuevo – y ya verá como los Santeros una madrugada vendrán por su alma y la de su familia…
- fuera de mi casa, monstruo desalmado!... hare krishna, hare krishna, krishna krishna, hare hare, hare rama – cantó blandiendo ahora una imagen de Narasimha* que ni cuenta me di de dónde sacó…

Salí de ahí, bajé las escaleras, toqué la puerta, me abrió mi hija y ante la pregunta de mi esposa de por qué me había tardado, respondí:

- es tan simpática y ocurrente la mujer que me tenía muerto de risa…

4.
En posteriores visitas llegué a encontrarme en el elevador al hijo de la ponzoñosa vecina y siguió saludándome como de costumbre… eso sí: ella jamás regresó a casa de mis padres…

* se trata del Dios protector hindú con cuerpo humano y cabeza de león…