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22 de junio de 2026

El pacto de Santeros y Babalowos con los Orishas al morir (final)


6.
Ahora vamos al tema: la reencarnación, porque no es lo mismo morirse y quedarse del otro lado, que morirse y volver a nacer.
 
Volviendo a la sabiduría del Olowo Rubén Cuevas, que en vida tenía el don de poder adentrarse en las reencarnaciones anteriores de sus consultados y determinar si la persona ya había caminado en vidas anteriores en tierra de Osha e Ifa. Incluso, determinar el Orisha de quien se fue hijo, como lo hizo conmigo*.
 
Eso quiere decir que tu espíritu ya pasó por esto antes, ya viviste otra vida, en otro cuerpo, con otro nombre y en esa otra vida también moriste. ¿Y qué pasó? reencarnaste de nuevo y el pacto de esa vida anterior no te impidió volver ni te persiguió.
 
¿Por qué?, porque cuando reencarnas, no traes en tu conciencia inmediata los recuerdos y tampoco las deudas espirituales que no sean contigo mismo y con seres iguales a ti: las personas vivas. Al morir el espíritu se limpia en el proceso hasta que te conviertes en alma de nuevo. Los Eggun te ayudan a soltar lo que ya no sirve.
 
El Orisha de esa vida anterior puede sentir que ese espíritu le es familiar, pero no puede reclamarte nada porque ahora eres otra persona, tienes otro Ori, otro destino, otros caminos espirituales por recorrer (incluyendo la incredulidad a través del ateísmo, agnosticismo el humanismo secular o, en el extremo, alguna religión si lo decides).
 
Piénsalo así: si tuvieras un hijo y ese hijo se muere, y después ese mismo espíritu reencarna en el retoño de tu vecino, ¿podrías ir a su casa a pedirle que te pague una deuda que tu primer vástago tenía contigo? No, porque ese bebé no es tuyo, es otro espíritu, otro cuerpo, otro contrato social: es dueño de otra vida.
 
Con los Orishas pasa igual: ellos reconocen la esencia del iniciado, pero saben que el pacto quedó en la vida anterior; si en esta nueva vida tú quieres volver a coronarte con ese mismo Orisha, lo aceptará, pero no te va a venir a buscar si no quieres ni te va a reclamar lo que no has cumplido con él/ella.
 
7.
Algunas circunstancias especiales están contempladas en Ifá: Oyeku Meji habla de la reencarnación familiar, donde las almas regresan a la Tierra dentro de su propio linaje de sangre, y Ogbe Yeku trata sobre los compromisos espirituales sellados con sangre en vidas pasadas.
 
Entonces, sí un Babalawo ve la falta de evolución en un ahijado, recurre a esos signos para saber si fue consagrado antes y necesita rescatar el pacto de su linaje familiar original, que no tiene que ver con la reencarnación porque en un linaje las reencarnaciones de los espíritus no son continuas (son terciadas: de abuelos a nieto o de padres a sobrinos).
 
Otros signos también hablan de la reencarnación, como Osa Meji, Ogbe, Otura Meji, Baba Ejiogbe y Obara Meji. Además, Ifá expone situaciones concretas de la llamada “recompensa o ajuste espiritual”, como los Abiku (seres que nacen como niños condenados a morir jóvenes y que nacen una y otra vez de la misma madre.) y los Akudaaya (quienes tras morir en un lugar reaparecen vivos en otro e interactúan con personas que desconocen han muerto).
 
En este sentido, dentro del Ifá tradicionalista, en un Itá (ceremonia de adivinación profunda del destino), los Babalawos suelen diagnosticar un Atúnwá (una reencarnación dentro del linaje), aunque solo los religiosos más experimentados pueden determinar si en vidas pasadas el consultado caminó en tierra de los Orishas y, mediante un Ìdámo (diagnóstico espiritual), decidir si debe volver a iniciarse parcialmente o si puede reutilizar su santo anterior, aunque esto es controvertido, incluso en Nigeria (no confundir con Orúkọ Amútọ̀runwá, el nombre que los niños eligen antes de nacer).
 
8.
Actualmente, muchos iniciados están dejando de practicar la Osha, y si es el caso, si se ha dejado la religión en vidas pasadas no es una condena, es un patrón de tu espíritu. Tú eres alguien que prueba un camino iniciático, que recibe lo que tiene que recibir y después se retira. Lo mismo sucede, aunque sigas en la religión y no atiendas consejo, o no seas un buen practicante en vida (eso último casi siempre se paga en la reencarnación actual). Y eso está bien, no hay castigo, no hay Orisha enojado. Solo hay un ciclo que se repite porque así lo eligió tu Eledá ante Orunmila antes de nacer.
 
Ahora, si lo que se quiere es estar tranquilo, si lo que se busca es dormir sin pensar que mañana el Orisha te va a reclamar algo, si quieres morirte en paz sabiendo que no llevas ninguna atadura a tu próxima vida, hay algunas cosas que se pueden hacer, no son obligatorias, pero pueden ayudarte a cerrar el círculo, las cuales son un resumen de lo que explico en el texto https://basurerodealmas.blogspot.com/2017/07/si-se-puede-dejar-la-santeria.html.
 
Primero: devuelve lo que tengas en tu casa, si es que todavía conservas piedras, soperas, collares, herramientas de Orisha, todo lo que está “cargado”, pues tu sangre está ahí. No puedes tirarlo a la basura como si fuera un trapo viejo o un objeto inservible. Eso sí ofende, no porque el Orisha se vaya a enojar contigo, sino porque es una falta de respeto a algo (la religión) que alguna vez fue sagrada para ti.
 
Lo correcto es devolverlos. Si tienes un Babalawo de confianza, alguien que no te juzgue por haberte alejado, pídele que haga una ceremonia para retirar ese Santo (muy controversial y no reconocida por muchas casas religiosas); esto se paga con un derecho, como cualquier trabajo: él se quedará con los objetos o los devuelve a la naturaleza, cortando el vínculo físico entre el Orisha y tú.
 
Si no conoces a nadie o ya no quieres saber nada de la religión, puedes hacerlo tú mismo: lleva las piedras al río, deja los collares al mar, entierra las herramientas en un monte, según le corresponda a cada uno. No hace falta rezar ni pedir permiso, solo es un acto de devolver lo que una vez te dieron, con respeto, sin miedo. Y listo.
 
Segundo: arregla tus cuentas con los ancestros, ya que son quienes te van a recibir cuando mueras. Ellos son los que van a interceder para que ningún Orisha “te moleste”, por eso es bueno tener una relación sin pendientes con ellos.
 
No necesitas hacer un asentamiento ni prender velas todos los viernes: con tener un vaso de agua en un rincón de tu casa, cambiándolo cada semana, y un pensamiento para tus muertos de vez en cuando, alcanza. Puedes pedirles que cuando te llegue la hora, te reciban limpio, sin ataduras y que te saquen cualquier compromiso que hayas hecho en esta vida o en otras. Ellos te escuchan, sin necesidad de palabras bonitas, háblales como le hablarías a tu abuelo, directo y de frente.
 
Tercero: deja ir el miedo, lo cual es la parte más difícil y que tanto pido desechar a mis lectores, porque la Santería mete miedo con advertencias de que si dejas a tu santo te enfermarás, de que vas a padecer calamidades, de que el Orisha te va a castigar y de que los pactos de sangre no se borran. Es curioso, pero el tema debe verse así: el único poder que tienen las deidades yorubas es el que la gente les da, pues dejas de creerles y de temerles, el pacto se muere solo.
 
9.
Lo que realmente te va a pasar cuando te mueras (si es que decides volver a reencarnar, por eso les pido no caer en la trampa del túnel con la luz blanca al final) es menos complicado de lo que se cree. Te mueres. Tu espíritu sale de tu cuerpo. Ya no sientes dolor. Al principio no entiendes bien qué pasó. Ves a los que lloran alrededor de tu cuerpo. Te quieres quedar, pero algo te empuja a irte.
 
Más tarde aparecen tus muertos, no todos juntos, sino uno a uno. Primero los más recientes, los que se fueron cuando todavía vivías, luego los más viejos, los que nunca conociste. Te abrazan, te reciben, te sacan la ropa con la que te moriste, te dan de comer algo que no es comida de este mundo, pero que te llena.
 
En ese proceso, tus Eggun revisan tu espíritu, buscan si tienes algo atado, si encuentran un pacto de sangre, lo cortan: no con un cuchillo, sino con algo más suave, como quien desata un nudo en un cordón. Ese “algo” te lo sacan sin que sientas nada.
 
Posteriormente te quedas un tiempo del “otro lado”, que puede ser mucho o poco: eso no se mide como lo hacemos los que estamos de este lado. Aprendes cosas, recuerdas anécdotas de otras vidas y te preparas para volver, porque ese es el error de haber aceptado ir a la luz al final de túnel: te obligas a reencarnar.
 
Cuando llega la hora, te asomas al otro lado del espejo: ves una familia, una cuna, una madre que está por parir. Eso lo elegiste tú solito, nadie te obligó porque aceptaste volver a la trampa.
 
Naces otra vez, sin memoria, sin pactos y sin la Santería en tu astral. Tu sangre nueva es de otra familia, otra tierra, otro destino, otro tiempo. El Orisha que conociste antes sigue en su piedra, en su mar, en su monte y no sabe que tú volviste. Y si por alguna razón lo lega a saberlo, no le importa, porque ya no eres el mismo. El pacto murió con tu cuerpo viejo. Y el nuevo no ha firmado nada (aún).
 
10.
Los iniciados en Ifá más sabios, no le tienen miedo a la muerte ni a los Orishas. Saben que son poderosos, pero también que los antepasados son más porque ya están del otro lado, dueños de ese territorio. Ellos manejan el tránsito entre la muerte y la vida, porque recordemos que antes de volver a nacer también fuimos muertos y convivimos muchos años con ellos.
 
Un viejo Babalawo cubano, ya difunto, al que conocí cuando estuve un tiempo en la casa religiosa de una Santera cubana, dijo una vez durante un tambor a Oya: " Los Orishas reinan sobre los vivos, pero los Eggun reinan sobre los muertos y los que van a nacer. Si le sirves a un Orisha, bien, si no, también, pero si quieres tranquilidad después de muerto, arréglate bien con tus ancestros: son los que te sacarán las cadenas".
 
Esa es la verdad que no te dicen cuando estás principiando en la Regla Osha, porque cuando empiezas casi todos los padrinos te quieren asustar, te quieren agarrar y arrinconar para venderte miedo y no te vayas, porque recuerda que con tu derecho ellos se enriquecen: comen, viajan y salen a pasear con sus amantes. Pero cuando ya estás cerca de tu muerte, te cuentan que las cosas son diferentes.
 
Resumiendo: estás en el final de un ciclo. No necesariamente de esta vida, pero sí de un ciclo con la Santería. Ya probaste, decepcionaste, serviste, aprendiste, practicaste y te fuiste. Eso está bien. No le debes nada a nadie. Cuando te mueras, tus Eggun te van a limpiar y a desatar. Y si decides volver, lo harás sin el peso de ningún pacto.
 
La sangre que diste cumplió. El Orisha la tomó, la agradeció y la usó mientras viviste, a él/ella ya no le hace falta, tú empiezas de nuevo, desde cero. Como siempre lo has hecho.
 
11.
Sé que los lectores se preguntarán: ¿por qué escribo sobre el túnel con la luz blanca al final si es una trampa? porque la humanidad no piensa en la muerte sino hasta que llega a vieja y es acosada por enfermedades: los jóvenes son soberbios, burlones, despreciativos e imprudentes con la edad adulta, están seguros que nunca llegará, mientras que los viejos son quejumbrosos, cobardes y rechazan la idea de la muerte como el principio de pagar la maldad que hicieron a lo largo de su vida.
 
Este párrafo iba a ser una llamada con asterisco, porque me queda claro que a ninguno de los dos (jóvenes y viejos), les interesará prevenir la trampa del túnel con la luz, pero qué creen, ya tengo un texto sobre el tema, mismo que publicaré en breve.
 
¿Odian a su esposo(a), a su jefe(a), a su hermano(a), a su vecino, a su amante, a su hijo(a), a sus padres, a sus abuelos(a), a su presidente(a)… a la humanidad, a Dios? ya les contaré cómo librarse de ellos en su siguiente reencarnación.
 
*Aquella fue una experiencia que me sorprendió por los detalles que me compartió, mismos que yo pude comprobar con mi videncia, detalles que incluyeron realizar ciertos ebboses para reconectar el vínculo espiritual con el Orisha tutelar de mi reencarnación anterior, ya que era el mismo que actualmente tengo coronado.

11 de junio de 2026

El pacto de Santeros y Babalowos con los Orishas al morir (1)

 


1.
Preguntas para Aleyos, Santeros y Babalowos:
 
¿Les dijeron que al recibir su Mano de Orunla, cuando escurrió la sangre de los animales inmolados desde su cabeza hacia sus guerreros y collares, estaban haciendo un pacto y/o contrato espiritual?
 
¿Les comentaron que, iniciándose en la Santería, al hacerse los cortes en el cuerpo y verter su sangre sobre las piedras (otanes), que representan la energía de los Orishas, quedaban atados a él/ella para siempre?
 
¿Les indicaron que esa sangre era como un trato que no se podía romper?
 
¿Les explicaron que ese Orisha iba a estar con ustedes todos los días de su vida, y que después de muertos, también los iba a reclamar?
 
Supongo que sí, porque en todos mis años de religioso he conocido a padrinos que lo advierten día y noche a sus ahijados, a manera de amenaza o sentencia, aunque en el extremo, no conozco a nadie que lo cuestione, ni siquiera a los que se alejan de la Osha e Ifá, sin embargo… un breve adelanto de lo que aquí se tratará son las palabras del Rubén Cuevas Ojuani ni shi-di, uno de los Babalowos más importantes de Latinoamérica, con quien pude conversar tras su muerte gracias a mi don como muertero, cuando fumándole un habano como ofrenda, me dijo: “, cuando mueres, descubres que las cosas no son como yo creía”.
 
2.
Para entender qué son esos contratos, pactos, tratos y/o atamientos, conviene primero aclarar que esas palabras dentro de la Osha o Ifá no tienen el mismo significado que en otras tradiciones religiosas o en la vida cotidiana. Un Santero o Babalowo normalmente hablará, además, de consagración, coronación, iniciación, ceremonia, juramento, obligaciones o compromisos religiosos. Y no es lo mismo.
 
Hace años publiqué una entrada titulada: “Sí se puede dejar la Santería” (https://basurerodealmas.blogspot.com/2017/07/si-se-puede-dejar-la-santeria.html), así que este texto deberá considerarse su continuación.
 
Haré otra pregunta más, una básica: ¿te metieron muchos miedos mientras aprendías a trabajar la religión? Supongo que sí, pero igual asustan los curas católicos cuando advierten de que si te portas mal arderás en el infierno, los taoístas previenen que las faltas graves te restarán años de vida o los hinduistas te amenazan de pagar por tus malas acciones con karma en tus próximas vidas. Todo sistema religioso hace lo mismo, aunque en el caso especial de la Osha, tener miedo es básico para aprender a trabajar religión y hacer bien las cosas.
 
Con los años, si uno mira bien, estudia, analiza y cuestiona, pero sobre todo si se escucha a los religiosos que ya están cerca de la muerte, se descubre que el conocimiento de la Osha e Ifá es más amplio de lo que presumen la mayoría de los padrinos cuando hablan de los ciclos de la vida y la muerte.
 
Lo que voy a compartirles, lo aprendí de lo que me enseñaron los viejos y sabios Babalawos, algunos Santeros, lo que cuentan los patakíes, estudiando y lo que cala en los huesos después de vivir ciertas situaciones en la Osha.
 
3.
Cuando naciste tu sangre no era tuya, era la sangre de tu madre, y antes la sangre de tu abuela, y así para atrás hasta el primer “aliento generacional”, por llamarle de alguna manera (sugiero al amable lector consultar las definiciones sobre este tema en las llamadas “lealtades invisibles”): la sangre que corre por tus venas es heredada de todas tus generaciones anteriores, es algo material, igual que la carne que cubre tus huesos.
 
En la Santería, la sangre no se usa como un “pacto de venta de alma”, es la fuerza vital, el “ashé puro” que alimenta las piedras al serte asentado el Orisha. El ritual de los cortes (ya sea en la coronación o en ciertas ceremonias), no es un contrato negociado, es un anclaje: tú ofreces tu energía vital para despertar al Orisha dentro de la piedra y para vincularlo contigo como su hijo.
 
Cuando mueras, esa sangre se detiene, se enfría, se pudre como el resto del cuerpo hasta que tus huesos se hacen polvo. La deidad Yoruba que recibió tu sangre recogió algo de este mundo, no del otro, le diste algo que le pertenece a la tierra y como dice el refrán: “lo que es de la tierra, con la tierra se queda”.
 
El espíritu (que luego se transforma en alma, como lo he explicado en numerosos textos), no tiene sangre, posee memoria, ashé y camino, pero no tiene venas; cuando te vas, lo haces liviano y sin arrastrar líquidos, ni órganos ni nada físico de lo que era tu cuerpo.
 
Entonces, el pacto que hiciste con tu sangre fue un compromiso terrenal, válido mientras caminas sobre la tierra. Al cruzar el otro lado, al desencarnarte ese contrato se vence, como un documento que pierde validez cuando una de las partes se muere. Y la parte que fallece eres tú.
 
4.
Imagínatelo así: tienes un Shangó asentado en tu cabeza y representado con atributos en tu casa. Lo recibiste en una iniciación y con todo lo que manda la regla, también le pusiste en su batea sus piedras, herramientas, una corona y quizá hasta un pilón, pero antes le vertiste tu sangre, luego lo alimentaste con plátanos, carneros, aguardiente, gallos, coco, manteca de corojo y más.
 
Ese Shangó te habla a través del coco, diloggun o ekuele, te daba consejo, te protegía y te pedía sacrificios: es tuyo y, por decirlo de alguna manera, tú eres suyo, le perteneces astralmente, pero un día te mueres y ¿qué pasa con ese Orisha?
 
Si no hay nadie que lo herede (como correctamente se debe preguntar a los familiares del difunto sobre el destino de los atributos religosos), si las piedras se quedan solas o les dan religioso camino, entonces el Orisha se va, se devuelve a la naturaleza: al monte, al río, al mar, según pertenezca. Y ese vínculo, a fuerza de reiterarlo para dejarlo claro, se disuelve del todo, como si nunca hubiera existido.
 
Bajo ninguna circunstancia Shangó te sigue al más allá para pedirte cuentas, pues él se queda acá, con los vivos, su energía es esencia de la naturaleza y ella está siempre viva. Los muertos son territorio de los Eggun, no de los Orishas, aunque haya ignorantes que afirmen que “el muerto parió al santo”.
 
Ya lo señala Lydia Cabrera en su libro “El Monte” donde consigna entrevistas a algunos Babalawos de la vieja escuela, en Matanzas y La Habana, quienes solían decir: "La sangre que se da al Orisha es de este cuerpo, de este aliento, de este nombre. Cuando el cuerpo se acaba, la sangre que está en las piedras se seca espiritualmente. No es que el pacto desaparezca, es que el Orisha transforma esa sangre en memoria. Si el Eledá vuelve, el Orisha reconoce el “olor” de esa memoria, pero no puede reclamar obediencia de un muerto que renace, porque los vivos no mandan sobre los muertos".
 
5.
Esto es importante y mucha gente no lo tiene claro: cuando te mueras, no te recibirá el Orisha al que le jurabas y rendías culto, metafóricamente te acogerán tus muertos (esto sí cometes el error de permitirlo, ya escribiré un texto sobre la trampa del famoso “túnel con la luz blanca al final”): tu abuela, tu tatarabuelo, tus padres, tus hermanos o quizá hasta hijos si también se fueron antes.
 
Los Eggun son los que abren la puerta del otro lado para ti, ellos te limpian, te dan de comer, te enseñan cómo moverte en ese mundo nuevo. Y los Orishas no bajarán al cementerio, ni irán a buscarte al umbral ni mucho menos intentarán localizarte en esas falacias llamadas el cielo ni el infierno.
 
Los Eggun no hicieron ningún pacto de sangre contigo. Ellos son familia, te quieren porque sí, porque eres parte de ellos y lo que desean es que descanses, no que sigas arrastrando compromisos* de una vida que, para bien o para mal, ya terminó.
 
Cuando los antepasados ven que llegas con “un contrato atado al espíritu”, te lo sacan, te desatan, porque ellos saben que esos acuerdos son para los vivos. Un fallecido no tiene por qué honrar un pacto que hizo cuando respiraba porque ya no tiene nada que ofrecer (ni puede hacerlo).
 
Antes de seguir con el tema, para lo cual citaré un apataki, recordemos que Oggún le dio a Oyá su primera herramienta, el machete de hierro, con el cual ella corta los vientos y domina a los Eggun; cuando un devoto tiene un Eggun oscuro que le causa daño, se utiliza la fuerza de Oggún y sus cadenas o herramientas de hierro para cortar esa influencia y alejar al espíritu; Oggún es el dueño del cuchillo de sacrificio de los animales para ofrendar a los Eggun; el monte es la casa de Oggún, pero también es el lugar sagrado donde se entierran o se invoca a ciertos Eggun.
 
Hay más: en la esquina o rincón de los muertos de un Ile o en la casa de un religioso, se coloca una teja consagrada y un bastón de madera, pero el bastón de Eggun lleva campanas, clavos o elementos de hierro para que el sonido metálico despierte y llame la atención de los ancestros; en el extremo, en un tambor batá todos los timbales llevan herramientas de hierro para apaciguar a los Eggun; finalmente, en las consultas con el caracol o el tablero de Ifá, la relación Oggún/Eggun define el destino de la persona, pues si el muerto es necio, se utiliza a Oggún para sosegarlo si está cobrando una deuda ancestral o familiar.
 
Así que con ese antecedente (el vínculo entre Oggún y Eggun), vayamos al patakí en el Ifá tradicionalista, Ògúndá Òfún (Ogunda fun), donde se cuenta la historia de un guerrero que hizo un pacto con Ògún (Oggún).
 
El guerrero le dio su sangre y juró que lo serviría hasta estando vivo y también después de hubiese muerto. Cuando falleció, el Orisha fue al cementerio, desafiando a Òyá (Oya) e Iku (Ikú), a reclamar su alma, pero los Eegun del guerrero, todos sus ancestros, salieron a defenderlo porque en el nuevo nivel dimensional, ya no quería irse con el Òrìṣà (Orisha). Los Eegun le advirtieron a Ògún: "Acá mandamos nosotros: vivo, él era, efectivamente, tuyo, pero ya muerto, es nuestro. Respeta".
 
En esa versión, Ògún se tuvo que ir, pero este pataki no se comparte mucho en las casas de Santo iniciadas en el Ifá Afrocubano, porque les conviene que tengas miedo, así que falsa e incoherentemente se cuenta que el Orisha pelea y recupera el alma del guerrero.
 
*En caso de que optes por no caer en la trampa del “la luz blanca al final del tunel”, tampoco importa, ya que si te rehúsas evitarás reencarnar nuevamente, así que con esa opción también tendrás roto cualquier pacto que hayas echo en vida con cualquier entidad, incluyendo a los Orishas.


8 de noviembre de 2025

Los disfraces del Día de Muertos acortan tus años de vida

 


1.
El Día de Muertos y la Navidad, por citar solo algunos, son un ejemplo de la falta de cuestionamiento de por qué tenemos la obligación de “celebrarlos” cada año. A pesar de que existen otros otras festividades, incluyendo las que pertenecen a cada país, tanto la Navidad como el Día de Muertos enmascaran rituales cuyo impacto negativo en sus vidas la gente desconoce.
 
Aprovechando que aún estamos en noviembre “celebrando a los difuntos”, pondré ejemplos de cómo la ignorancia desmadra la vida de una persona, o de toda una familia, con actitudes que lo único que provocan es acortar su existencia.
 
2.
Primero recordaré aquella anécdota relacionada con los indígenas Angaités, una tribu originaria del Chaco Boreal de Paraguay, que evitaban ser fotografiados para que la imagen no les robara su alma. Esta creencia salió a la luz pública como consecuencia de un hecho lamentable, cuando Guido Boggiani, pintor, dibujante, fotógrafo y etnólogo italiano, se aventuró en 1887 por el interior del Brasil, Bolivia y Paraguay para documentar la vida de sus aborígenes.
 
Cierta tarde Boggiani fue atravesado en la espalda por una lanza y su cráneo destruido a golpes, ya que los aborígenes creían que les robaba el alma a través de sus fotos. Su cuerpo fue decapitado y la cámara fotográfica fue hallada, a metros de distancia, enterrada.
 
Si bien es un ejemplo del salvajismo, los Angaités no estaban tan equivocados: una fotografía atrapa la esencia de una persona (su imagen representa el astral en un momento determinado), motivo por el cual son las herramientas preferidas para hacer brujería en méxico.
 
3.
El antropólogo Juan Hernández Castillo señala en uno de sus lúcidos ensayos que: “La relación de los mexicanos con la muerte es una creencia que se lleva a la práctica con el “Día de Muertos”, que honra a los difuntos no con tristeza, sino con júbilo. Esta tradición, que mezcla elementos prehispánicos y católicos, afirma que las almas de los antepasados regresan a la tierra para convivir por unas horas con los vivos”.
 
Sin embargo, alrededor de esa conmemoración se han desarrollado una serie de rituales cuestionables que más allá de la ridiculez, ponen en peligro la vida de quienes los practican.
 
4.
El 27 de octubre de este 2025, la institución donde trabajo convocó a todos los empleados para una jornada de “diversión, convivencia y esparcimiento”, invitándolos a que asistieran a su oficina el viernes 31 disfrazados, con motivos alusivos (sic) a “Halloween” y Día de muertos, llevando a sus hijos igualmente ataviados y preparando su bolsillo para comprar tamales, pan, atole, dulces y demás antojitos que se venderían en la explanada del edificio.
 
Además de ello, el área de recursos humanos montó dos altares inmensos en el mezzanine que, curiosamente, cumplieron con todos los requisitos esotéricos para atraer desencarnados.
 
5.
Para quien no lo sepa, cuando Claudia Sheinbaum Pardo juró como presidente del país en pleno Zócalo de la capital, en una ceremonia llena de alusiones a Shangó (de quien es hija, porque ella está iniciada en la Osha, al igual que Andrés Manuel López Obrador, quien es hijo de Obatalá), también apeló al Palo Mayombe y al Espiritismo, para lo cual recomiendo analizar y revisar con calma el bastón de mando que presumió, no el que debieron haberle entregado los indígenas mexicanos, sino el que López Obrador le mandó fabricar con un Babalowo que vive en el Estado de México.
 
Ya empotrada en Palacio Nacional, Sheinbaum instruyó a todos los directivos de la administración pública a despedir a los empleados que tuvieran más de 50 años y contrataran a jóvenes surgidos de las filas del partido gobernante MORENA.
 
En el caso de mi institución, ello se ha cumplido al pie de la letra, cesando a aquellos que concentraban la experiencia técnica en el manejo del sector hidráulico, para contratar a jóvenes que no conocen el ciclo hidrológico… ni siquiera la composición química del agua, pero que son altamente manipulables no solo ideológicamente, sino para pintarrajearse la cara como calacas (para el ya citado “Halloween”) o para disfrazarse de Adelitas (por el Aniversario de la revolución mexicana).
 
6.
En el año 2004, el patético presidente de extrema derecha, Vicente Fox, instruyó a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público comprara a Bancomer un edificio que tenía abandonado desde hacía 31 años, ubicado en la esquina del Eje 10 y avenida Insurgentes Sur.
 
El costo ascendió a 749 millones 394 mil pesos, mas conforme iniciaron los trabajos de rehabilitación, se descubrió que el edificio tenía debilidades en su infraestructura, por lo que en una reunión con el personal administrativo para analizar la posible cancelación de la mudanza, alguien propuso triangular “energía”, a través de una serie de ceremonias esotéricas, utilizando el “Panteón San Rafael” (que se localiza enfrente del edificio y que fue creado hace más de 200 años), para evitar que se derrumbara en el corto plazo.
 
La decisión se discutió, de inmediato se aprobó, se propuso a Fox, él aceptó (conociendo las actividades brujeriles de su esposa), se hicieron las obras pertinentes y, a saber qué ofrecieron, pero el edificio sigue en pie.
 
Entré un par de veces a ese cementerio para quitar maldiciones por abortos a dos de grandes amigos. Ya dentro pude constatar que efectivamente se puede realizar una triangulación de energía muertera, misma que me fue confirmada por un Tata Mayombe al que acudí para que me “limpiara”, luego de la segunda visita al centenario camposanto.
 
Sí, claro que ceremonias así tienen consecuencias, ya que uno de los principales indicadores de la famosa “Encuesta de clima y cultura organizacional”, que cada año realiza el gobierno para conocer cómo se sienten sus empleados, donde trabajo sobresalen los problemas de salud.
 
7.
Es común que los mexicanos se maquillen el “Día de Muertos”, tal como de les ordenó a sus empleados, con temas alusivos al “Halloween” y demás personificaciones relacionadas con la Muerte.
 
En este sentido hay una perversa identificación con “La Catrina” (mal entendida como representación de la Muerte), creada por el grabador José Guadalupe Posada, ícono que hasta la fecha es “un clásico” personificado por las mexicanas el “Día de Muertos” (los hombres se disfrazan de Charros de la Muerte con ojeras, bigote y sombrero, pero en pleno siglo 21 y sin caballo, a nadie le importa que simulen ser machos cuando México es el tercer país a nivel mundial con población homosexual masculina).
 
En este contexto hay una religión inteligente (no diré el nombre porque no viene al caso, pero NO tiene que ver con las creencias masificadas como el catolicismo en América Latina), en la que de nueve niveles de evolución espiritual, las mujeres ocupan el quinto lugar, mientras los hombres el cuarto. No hay desprecio contra ellos, simplemente se les reconoce el don que tienen ellas que es el de la creación y el de ellos proveer.
 
Sí, las mujeres son creadoras de mucho, más allá del desgastado discurso de que dan vida, son mucho más, pero en su existencialismo se limitan a creerse Catrinas. El problema es que La Catrina no tiene nada que ver con el “Día de Muertos”: esa es una de las tantas deformaciones que han hecho los mexicanos de la cultura popular y de la espiritualidad.
 
La Catrina, creada por Posada, personifica a el fin de la vida como igualador social y cultural, y fue implantada para burlarse de las mujeres que despreciaban sus raíces indígenas por intentar ser europeas. Así que no tiene nada que ver con empoderamiento femenino ni con calacas decorativas.
 
Las primeras en obedecer fueron cientos de mujeres (imaginen, el edificio aglomera aproximadamente a 3,000 personas), quienes además llevaron a sus hijos “disfrazados” de lo mismo (algunos como Zombis, Alebrijes o Brujas, pero que alguien me saque de mi ignorancia: ¿qué tienen que ver muertos vivientes, animales imaginarios y hechiceras con los desencarnados?), y recorrieron los 13 pisos del edificio “asustando a la gente”.
 
8.
Si ustedes revisan las redes sociales mexicanas, descubrirán que muchas mujeres subieron selfies, videos y fotografías maquilladas de desde Catrinas, Fantasmas, Calaveras hasta Annabelle, Merlina y demás personificaciones, algunas asumiendo poses con intenciones de asustar, muchas con fuerte carga sexual y otras simplemente tratando de formar parte de las masas que se sumaron a la moda de celebrar el “Día de Muertos”.
 
9.
Y aquí conviene recordar que, pese a ser calificados de salvajes, los Angaités de Paraguay no estaban tan equivocados: una foto no te roba el alma, pero como dije antes, captura tu esencia astral y las mujeres en mi trabajo, orgullosas de mostrarse como Catrinas, junto con sus hijos, quedaron capturados como cadáveres en esas fotos y videos llamando con anticipación su irremediable futuro.
 
Así, esas imágenes plasmaron la representación cadavérica de su apariencia al morir (fotos ad eternum, ya diseminadas en las entrañas de la web, si las compartieron en Instagram o Facebook), al igual de cómo se verán los esqueletos de sus vástagos.
 
Pero las imágenes de las empleadas de (que no saben o no les interesa eso de ser creadoras), están ahí. Ahora vinculen esas ganas de quererse disfrazar de Desencarnadas a la triangulación de la energía que tiene el edificio con el Panteón que tenemos enfrente.
 
Luego, queridos lectores, repliquen este escenario a las docenas de dependencias que tiene el gobierno, en todo el país, y que también montaron ofrendas e invitaron a su personal a disfrazarse de lo que serán en breve: restos humanos.
 
10.
Todo lo anterior no está escrito al azar, ya que el tiempo que verán reducida su vida hombres, mujeres y sus hijos por usar disfraces mortuorios, así como quedar capturada esa imagen en fotografías, es de un año.
 
Así que saquen cuentas: si cada 1 y 2 de noviembre se visten (o se han disfrazado en años anteriores) y han dejado para la posteridad fotos, ¿cuántos años más van a vivir?
 


31 de marzo de 2023

Todo eso lo intentó el Babalowo en Semana santa


1.
—Su primer error, de ambos, fue aceptar que les coronaras Santo en Semana santa, sólo a un ignorante como tu padrino se le ocurre hacer ceremonias esos días.
—Él no cree en Dios ni en esas celebraciones, solo en los Orishas — se defendió el hombre — además, el Babalowo escogió la fecha en que íbamos a coronar.
—La Semana santa no es una “celebración”, no se festeja nada, es una conmemoración — ignoré la excusa — no se trata de creer o no, y ya no digamos de respetar, sino de entender que en esa semana se mueven muchas energías que alteran cualquier iniciación o ceremonia de cualquier religión o práctica espiritual.
—Oye, él le preguntó a Orunmila y su palabra nunca cae al piso — secundó su esposa, hablando por primera vez — por eso aceptamos.
 
Los observé y al parecer, por encima de la canallada que hizo el Babalowo, parecían defenderlo, buscaban justificar que fuera un pendejo o no querían meterse en más problemas criticándolo por miedo… o algo.
 
—Con este tipo de sacrilegios que hizo tu padrino — les advertí — incluso me pregunto si les hicieron correctamente su Yoko osha.
 
Estábamos en los Viveros de Coyoacan, el lugar que usé como condición para verlos, por aquello de que el COVID 19 sique activo y matando mexicanos todos los días. A punto estuve de citarlos en la cafetería Tierra Garat, la cual tengo ganas de conocer, pero la prudencia se impuso.
 
—Dejemos de distraernos: necesito se sienten frente a mí para consultarlos con videncia — pedí, se acomodaron y alterné mi mirada en los ojos de ella y luego los de él, varias veces, hasta que interrumpieron mi silencio.
—¿Por qué pusiste cara de asombro? — dijo la mujer.
—Porque creo que tu padrino no es lo que parece.
 
2.
—¿Por qué se iniciaron el a Osha? — los cuestioné.
—Queremos tener familia — dijo ella.
—Sin embargo, no ha sido posible — secundó él el motivo.
—El Babalowo dijo que debíamos iniciarnos y recibir a Yemaya porque ella es la dueña de la fertilidad.
 
Los observé y sentí pena por ellos: otra pareja más que cae en las manos de un estafador iniciado en Ifa.
 
—Bien, hagamos un resumen — les avisé para no desviarnos del motivo que los llevó a buscarme — ustedes coronaron Santo en semana santa, y ambos resultaron hijos de Yemaya, por eso a su padrino se le hizo fácil parirlos como jimaguas. ¿Voy bien?
—Sí.
—Él es hijo de Shangó y Yemaya y ustedes al revés: Yemaya con Shangó.
—Sí, pero el Babalowo nos explicó que él es oni-oni y que sólo corre de izquierda a derecha — señaló la mujer — así que nosotros no seríamos “reyes” como él.
—¿Sabían que solo esos dos Orihsas, de toda la corte africana, son reyes?,  y son los únicos que deben portar corona en sus soperas e ir en pilón.
—Oshun es reina y me hace mucho frente — me interrumpió la mujer.
—¡Solo Yemayá y Shangó son reyes! — protesté — lo demás, como darle un violín a Oshun, coronar Yemaya con oro para Olokun y muchas obras más, son inventos de algunos cubanos.
 
La pareja me miró sorprendida y procedió a explicarme todos los lugares comunes en los que su padrino incurría al momento de explicar la mecánica de la Osha e Ifa.
 
—Voy a corregir mi opinión: su padrino no es un pendejo ignorante, es un cabrón hijo de la chingada — avisé — a eso me refería con que no es lo que parece.
—No entiendo — dijo el hombre.
—Ya lo harás — avisé — sigamos: así que luego de coronar y durante casi año y medio su padrino les vende y vende Orishas, hasta que ustedes simplemente se ven en la quiebra.
—Al cuestionar algunas cosas de su actitud empezamos a creer que sí, nos entregaba atributos solo para sacarnos dinero, porque las razones que nos daba no las estábamos viviendo tal cual nos amenazaba.
—Nos dijo que en breve tendríamos graves problemas, pleitos con… — dijo la mujer, mas la interrumpí.
—Fue cuando les entregó Ibeyis, pero luego les advirtió que la guerra que vendría sería terrible y que deberían recibir Agayú y Olokun para poder defenderse con la fuerza de los volcanos y los tsunamis.
—Sí — respondieron al mismo tiempo.
—También quería hacerlo en Semana santa — señalé — fue cuando ustedes decidieron huir del ese Ilé, sobre todo porque les dijo que debía ser en esos días para recibirlos con “todo su poder”.
—Sí — dijo él — investigamos en internet y descubrimos que en su blog usted señala que Agayú y Olokun no son Orishas para guerrear, sino para la estabilidad emocional y la espiritualidad.
—Respectivamente, sí — secundó la mujer.
—Él los busca por teléfono para presionarlos con las ceremonias, ustedes le dicen que no tienen dinero, se enoja, reiteras la falta de dinero, insiste, comienzan a discutir y le avisas que ya no volverán verlo.
—Sí.
—Entonces comienza a irles mal, sobre todo a ella: pierde su trabajo, intentan robarle su auto, se salva de ser violada, la asaltan y finalmente se cae y se rompe una pierna luego de ir a una cita de trabajo. 
—Sí, pero en realidad todas las desgracias le pasan ella, yo no he tenido mayores problemas.
—¿Y después de todo eso siguen sin entender por qué les va mal?
—Quizá él nos volteó a los Santos, porque por ser oni-oni y padrino tiene autoridad para… — aventuró ella.
—“Autoridad” mis güevos la interrumpí.
—Ya me cansé de explicarle que seguramente Yemayá y Shangó están enojados con nosotros por habernos alejado del padrino — intervino él señalando a su esposa.
—Seberían de estudiar un poco de la religión de los Orishas: eso que dices son tonterías parecidas a las pendejadas que dice tu padrino — acusé — ¡ustedes están brujeados porque quiere destruirlos!
 
3.
—¿Ya se enojó? — preguntó la mujer — porque está diciendo groserías, pero no ha dicho “mierda” ni “vaya”, como luego cuenta en los escritos de su blog.
 
Miré a la mujer y no tuve más remedio que levantar los ojos hacia el cielo buscando la paciencia que se había extraviado minutos antes entre los numerosos árboles que nos rodeaban.
 
4.
—Ahora vas a entender porque afirmé que tu padrino es un cabrón hijo de la chingada — miré con dureza al hombre — quiere destruirlos y de la manera más ruin: como sabe que ustedes son una buena pareja quiere matar a tu esposa para que luego tú mueras de tristeza, por eso las calamidades solo las padece ella. Así, tras su muerte, te convirtieras en alcohólico, te desinteresaras por la vida, vivieras deprimido, renunciaras a tu empleo… en fin, que acabarás convertido en un guiñapo, y con suerte, te pegaras un tiro en la cabeza.
—¡Dios! — exclamó la mujer.
—Y para conseguirlo pactó con un muerto — agregué.
 
La pareja intercambió miradas, ella comenzó a gimotear y él la abrazó con desesperación para después también llorar.
 
—¡Maldito perro! —gritó él.
—¡Dios mío, Dios mío, Dios mío! — exclamó ella.
—Yaa, dejen de manchar su alma con sentimientos caninos… además Dios no es tuyo, es de todos, es comunista — señalé a la mujer — como sea, aquí nadie está afirmando que eso vaya a suceder.
 
5.
—Eso suena demasiado perverso — dijo ella gimoteando.
—Aunque tiene lógica lo que nos estás explicando — intervino él — solo a una persona con el alma podrida se le podría ocurrir hacernos daño de tal manera solo porque no tenemos dinero.
—La religión de los Orishas está plagada de religiosos a quienes les fundieron el cerebro a altas temperaturas por alguna iniciación mal hecha, y si a eso le agregas que muchos son delincuentes o prófugos de la justicia, entonces comprenderás por qué muchos Santeros y Babalowos pueden aglutinar tanta maldad.
—Lo que quiere hacer este hombre no tiene nombre — se quejó él.
—“Quería”, dilo en verbo pasado — pedí.
—¿Por qué no conseguirá salirse con la suya? — quiso saber ella.
—Por diferentes razones, entre ellas que ustedes realmente son oni-oni y si conocieran de religión sabrían que entre muchas cosas Shangó no puede ni debe cometer matricidio… todo es muy sencillo: harán algunas obras, se darán baños de hierbas, pero el ebboe más importante es dejar de tenerle miedo.
—¡Gracias, eres un ángel! — gritó la mujer.
—No vuelvas a señalar eso — protesté — esas “cosas” con alas, que dicen son de color blanco y son buenas, no existen, si de verdad han leído mi blog deberías saberlo, mejor tomen nota de lo que tienen qué hacer.
 
Comencé a dictarles mientras ella anotaba en su celular y él grababa al mismo tiempo lo que yo decía. Media hora después, tras aclararles sus dudas, di por concluida la consulta, pero ellos no.
 
—¿Y cuando vea que no pudo matarla a ella y que seguimos juntos y que…
—Deja de darle vueltas al asunto, no sucederá — pedí al hombre — ya dije: Shangó no puede ni debe cometer matricidio, así que con las obras que les di, sobre todo al darles a Yemayá y Shangó los carneros cruzados bastará para que todo se le revierta.
—¿Se le va a regresar todo lo hizo contra nosotros? — cuestionó la mujer.
—Yo no trabajo de esa manera, la justicia se la dejo a los Santos, pero sí les diré: un pleito entre las energías de los Orishas tiene secuelas terribles, seguro no se acordarán, pero el incendio de bares como La Montaña, Can-Can, Casino Terrazas y Lobohombo, lo demuestran. Por ejemplo, este último fue resultado de un pleito entre Oggún y Shangó.
—Claro que me acuerdo, fueron casos muy sonados — dijo él.
 
6.
—¿Usted podría sacrificarles el chivo a Eleggua y los carneros a Yemayá y Shangó? — preguntó la mujer, en realidad suplicó.
—No lo haré, y no pregunten los motivos, pero los puedo recomendar a un Santero cubano de todas mis confianzas que seguro lo hará, así como a un Mayombero para desprenderte del muerto.
—Hace rato cuestionaba a los practicantes cubanos.
—Cuidado con lo que dices — advertí al hombre señalándolo con el dedo índice — va de nuevo: si han leído mi blog, habrán notado que no generalizo cuando pongo en evidencia a Santeros y Babalowos, siempre hago la aclaración, “algunos”, ALGUNOS, son deshonestos.
—¿Entonces nos da el teléfono de sus amigos Santero y Palero? — pidió la mujer.
—Perdón, pero ¿ya con eso estamos salvados? — insistió él — ¿por qué los Orishas, si son deidades, no se habían dado cuenta de la canallada de nuestro padrino y bloquearon todo lo que hizo contra nosotros?
—En primer lugar, porque no son dioses, son energías, y también porque ustedes no han hecho ebboe para “contarles” lo que sucedió — ambos me observaron con incredulidad, suspiré — si van a seguir en la Osha pónganse a estudiar — les advertí — ¿saben cuál es el primer animal que bajó a la Tierra?
—No…
—Cuenta la leyenda que fue una gallina, enviada por Olofi, para que le informara cómo estaba su creación, así que bajó, vio que todo estaba en orden y volvió para contar que ya podía crearse al ser humano. Por eso en cada ebboe se inmolan emplumados, para que vayan al cielo y avisen que alguien está haciendo sacrificios para pedir bendiciones.
—¿Ya con eso?
—Sí, pero agregaré algo más: su padrino violentó el equilibrio espiritual al coronarlos en Semana santa, y eso significa mucho, muchísimo más de lo que se imaginan o de lo que hemos hablado aquí. 

23 de junio de 2021

Mi muerto

 

para luna
 
1.
Mi muerto se hizo famoso en círculos Espiritistas, Curanderos, Osha e Ifa, por su precisión. Era “tan popular” que empezamos a rechazar invitaciones a Misas de Investigación y Coronación Espiritual, pues dejarlo hablar me desgastaba físicamente bastante.
 
Para los que no conocen sobre el tema diré que la relación con un desencarnado conlleva pagar una factura. Pongamos de ejemplo a los Curanderos: dejar que lo monte su guía (el espíritu de un guerrero, entidad, etc.), trae beneficios inmediatos como la agudización de los sentidos, la videncia y salud, pero a la larga acorta su vida pues “dejarlo entrar” equivale a morir al desplazar su espíritu por unos minutos para que el otro hable.
 
2.
Muchas anécdotas podría contar sobre mi muerto, por ejemplo, como cuando frecuentamos el Ilé de una temida (y mañosa espiritista), oriunda de Varadero: acostumbrada a que sus ahijados la adularan, y dado que mi camino de Eleggua se cruzaba con ella, solía quejarse que no me aparecía entre semana para “saludarla”.
 
–no has ido a velme – reclamó un domingo que coincidimos en un tambor para Obatalá.
–vivimos en el sur y se nos complica aparecernos por sus rumbos entre semana – señalé aprovechando la pausa.
–tu no me buscas – insistió en su queja y me recordó a otra “madrina” cubana que tuvimos, hija de Oshún, obsesiva, pretensiosa y que protestaba por lo mismo.
–… y cuando podemos pasamos por su casa, pero nunca está – y mi muerto me dijo ironizara – sus ahijados siempre la llevan a pasear.
 
Se me quedó viendo, su muerto se asomó burlón tras sus espaldas, más el mío también apareció.
 
–si no me cree, pregúntele a su muerto: yo no digo mentiras – advertí, ella me vio retadora, más supongo que su muerto se encaró con el mío y al ver que yo decía la verdad tuvo que darme la razón.
–venme a vel cuando puedas – dijo en el momento en que el toque de tambor se reanudó.
 
Durante una coronación de Yemaya y Shango apenas y entré al Cuarto de Santo una Santera hija de Yemayá al verme exclamó: “usted tiene un Eggun muy hermoso”. A lo largo de mi estancia en esa casa, cada que me cruzaba con ella lo decía con tal insistencia que llegó a preocuparme que aquello se estuviera convirtiendo en una insinuación.
 
En otra ocasión, a punto de iniciar una Yoko osha de Oya, al llegar el Oriaté encontró errores en el montaje del trono y se negó a realizarla. Ofreció arreglarlo a cambio de una gran suma de dinero, cosa que el Babalowo rechazó. Una vez que se fueron nos preguntó si hacíamos la coronación y mi muerto advirtió que saldríamos cargando gran osogbo. Externé su opinión, todos estuvieron de acuerdo y se canceló.
 
3.
En la vida cotidiana mi muerto me avisaba si la respuesta ante X situación era un sí o no, me prevenía de peligros, si podía confiar en una persona e incluso llegó a realizar algunas sanaciones, me defendía de Egguns oscuros, me avisaba de ataques psíquicos, me daba consejos al trabajar religión para potenciar una obra, me protegía de brujería y lo más importante: solía mandarlos investigar que planeaban mis padrinos en nuestra contra cuando nos fuimos de sus casas religiosas.
 
¿Maravilloso?... pues no. ¿De dónde vino mi muerto? nací con él y si bien la mayor parte de mi vida sentí que prevenir situaciones era cuestión de sentido común, fue hasta que me rayé en Palo que él se manifestó y con el tiempo ello me llevó a dejar de usar mi videncia.
 
Nunca investigué más sobre su origen, pero hay posibles orígenes: ¿lo maté en una vida pasada? ¿fui su Nfumbe? ¿se le pegó a mi madre estando embarazada? ¿éramos gemelos pero sólo yo nací? ¿es producto de una maldición o brujería? ¿es un Eggun generacional que se ha transmitido de madres a hijos?
 
4.
Toda las consultas que mucha gente me hacía comenzaban con un ¿puedes preguntarle a tu muerto qué sabe de…? y nunca falló.
 
Los que me tenían confianza y conocían sus dotes curioseaban sobre su origen, idioma, si era hombre o mujer, cómo murió o si tuvimos vidas pasadas en común, a lo que les contestaba con honestidad: “no sé ni me interesa, ya él me contará si quiere”. Fue años después que me enteré de algo durante un Ita: me rebelaron su nacionalidad, la que curiosamente es de una cultura que suelo detestar desde niño, así que supongo que nuestra relación en el pasado no fue agradable.
 
Temas aparte mi muerto tenía un defecto que venía arrastrando desde que tuvo vida: le gustaba el trago y conforme se afianzaba su comunicación conmigo comencé a beber.
 
Los sábados, tras tomar 3 o 4 tragos (nunca fui un bebedor maratónico pues las resacas me atormentaban durante días), solía soltar terríficas profecías que mi esposa anotaba en libretas (por ahí están todavía), y que a los pocos días (o meses y hasta años después) se siguen haciendo realidad: avisos sobre situaciones en otro país, en política nacional o presagios sobre conocidos o familiares. Aquello era un frustrante porque se perdía “la emoción” de recibir una noticia, o en el extremo, evitaba que nos tomara por sorpresa alguna desgracia.
 
5.
Al principio tenía sus ventajas, pero al exigir mayores ingestas de alcohol se convirtió en un problema, no porque me pusiera insoportable (cuando mi muerto dejaba de hacer sus presagios yo solía quedarme dormido por el desgaste), sino por la mencionadas resacas, pero todo ello era más o menos manejable hasta que él cometió dos errores.
 
Uno fue que durante una comida en casa de mis padres, tras ingerir varios tragos, permitió que el espíritu de mi abuelo me montara y conversara con mi padre (él no muy convencido de mis dones, pese a que su madrastra fue una terrible bruja), platica de la que fui tomando conciencia poco a poco y que me inquietó cuando quiso abrazarlo: mi esposa se asustó, me di cuenta de qué se trataba y lo expulsé para que no se saliera con la suya: llevárselo.
 
El otro sucedió durante una evaluación laboral en el cual debía realizar 5 exámenes de los cuales a 4 me dio las respuestas, más un miércoles por la mañana, al salir de casa para realizar el último, se burló y dijo “vas a reprobar”, lo que sucedió al no ayudarme y ello me obligó a instruirme en el tema, por mi cuenta, para aprobar en segunda vuelta.
 
En este caso el enojo no fue por perder la ventaja de hacer trampa, sino darme cuenta de su perversión: no sólo me afectaba su obsesión por el alcohol, sino que él ya se sentía con derecho de tomar decisiones sobre mí sabiendo que me perjudicarían.
 
Tras aprobar, luego de estudiar ante su desconcierto (supongo que esperaba que le pidiera ayuda), un sábado por la tarde lo reprendí: si bien era una ventaja tenerlo para solventar situaciones (sobre todo en la práctica religiosa), el vivo era yo, él era un desencarnado y no iba a permitirle que me jodiera la existencia.
 
Minutos después, a las seis de la tarde (la hora mágica para invocar o alejar muertos), solicité a los tres guerreros aztecas que me fueron asignados durante mi iniciación espiritualista lo maniataran, le taparan los ojos y oídos, lo amordazaran y lo marginaran en mi astral para no tener más contacto con él. Ahí quedó… y ahí sigue.
 
Esto último es importante: de acuerdo a mi Itá de mano de Orunla, dado que al nacer él venía conmigo no se podían cortar nuestros lazos pues alejarlo con un oparaldo (que mi Toyale marca específicamente para los Egguns), me llevaría sin remedio a la muerte: forma parte de mí, como si fuera un órgano más.
 
Reactivados mis guerreros como protectores, otras entidades más que he ido acumulando con el paso del tiempo, mucho más fuertes y eficientes, mi nivel de protección espiritual mejoró notablemente.
 
6.
Hace días tomaba un café con mi nueva amiga D y preguntó si podía hacerle una consulta a mi muerto (supo de él a través del blog Basurero de almas), y como respuesta recibió una carcajada de mi parte. Ello le incomodó, así que tuve que aclararle que mi famoso muerto está marginado desde hace años.
 
–¿tus consultas ya no las haces con él? – me preguntó intrigada.
–no – sonreí.
–¿con qué examinas ahora a la gente? – me interrogó sin salir de su sorpresa.
–mi videncia – señalé divertido – tras deshacerme de él volví a usarla y regresó con gran precisión y con el paso del tiempo se afina más.
–yo quería conocer a tu muerto – dijo con cierta frustración.
–si quieres te lo muestro – la reté tomándola de la mano para mostrarle una imagen – pero no me hago responsable de tu susto – a lo que ella reaccionó soltándomela, provocándome un ataque de risa – pregúntame lo que quieres saber y te darás cuenta que no hace falta su presencia.
 
D me cuestionó sobre varios temas personales y al final quedó satisfecha con las respuestas.