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2 de mayo de 2016

La Orisha Oya y el viento negro

1.
Rechazar que la convivencia entre los Orishas está plagada de sexo, mezquindad, traición, robo y asesinato, es negar la esencia con la que se dotó en este lado del atlántico a la práctica de la Osha e Ifa…

Los motivos por los que fueron personificados así ya han sido abordados en otros textos de este blog, así que lo resumiré en pocas palabras: humanizarlos para que nos sirvan de ejemplo, y a través del ebboe, redimirlos y dejar la experiencia de que tenemos la oportunidad de ser buenas personas…

También con el paso de los años se perdieron patakies que llegaron de Nigeria con los esclavos… a ello contribuyó la cuestionable recopilación que hizo Miguel Febles Padrón de “Los Oyu Odus de Orunmila”, de ahí que la leyenda en la que originalmente Yemaya no era la dueña del mar sino Oya Yansa, se perdió y sólo es parte de la oralidad de las pocas viejas Santeras cubanas que aún viven…

Oya tiene un magnetismo impresionante y es respetada y temida por la furia con la hace su presencia… su cólera no sólo proviene de la fuerza que le dan los desencarnados, sino del rencor que tiene tras ser despojada del mar por Yemaya (en complicidad con Shango), haciéndole creer que el cementerio era más bello que el océano, de ahí la errada explicación de que Oya no puede estar en un paritorio de Yemaya: no se refiere a fenómenos meteorológicos de juntar el viento y el agua, sino por los desastres que provoca la guerra entre las dos deidades…

2.
Es selectiva con quienes serán sus hijos pues no está dispuesta a compartir con cualquiera el don de manejar a los muertos ni la habilidad para hacer terribles brujerías… pero no se conforma con recibir de ellos ofrendas en los panteones, tampoco zarazas, ni mucho menos ser colmada con berenjena: ajena a quienes la coronan posee la virtud de manifestarse imparcial a través del llamado “viento negro”, el cual no debe confundirse con el viento malo, asociado a la ira de Shangó…

Ha sido poco estudiado ese rasgo: al ser la única Orisha que puede manipular los cuatro vientos, se le asocia a la leve brisa, el vendaval, el remolino, la tromba y hasta el tifón: cuando se lo propone sus expresiones naturales son devastadoras, no sólo por la destrucción que provoca, sino porque su presencia obedece también a un acto de soborno, el eboe y la justicia, lo que le da una personalidad “dulce y aterradora” al mismo tiempo…

Así, “viento negro” es la máxima expresión de Oya cuando sale a la calle sin que se le haya invocado, pero se debe exponer con detalle en que consiste para no dar pie a más de los tantos errores que provienen de la interpretación de la Osha e Ifa en américa…

3.
La mayoría de los seres humanos conocemos el silbido que provoca el viento… explica la ciencia que es percibido dentro de las casas, y no fuera de ellas. El aire, al penetrar por los intersticios de las puertas y de las ventanas hace vibrar objetos que encuentra a su paso, produciendo así toda clase de sonidos, si se saliera de casa no llegarían a oírlos...

Tratándose de Yansa el asunto cambia radicalmente, pues los ruidos que produce el viento no sólo se oyen al interior de las casas, sino también fuera: en el monte, las esquinas, los recovecos, los patios, las rejas, las azoteas y los árboles y ese “silbido” es el anuncio de que detrás de ella viene un séquito de Egguns (de quienes murieron violentamente en la calle), prestos a cumplir sus órdenes y sólo se ausentan cuando seden su lugar a Iku, el poderoso aliado de Oya…


Su presencia a través del “viento negro” tiene diversos orígenes según lo que quiera manifestar: por lo regular sale de los panteones y proviene del norte, pero también puede proceder de casas abandonadas, pozos, coladeras, barrancas, calles desiertas, terrenos baldíos, cavernas y obviamente el mercado…

Sus ráfagas son responsables de generar enfermedades en personas que por alguna razón acaban de tener un comportamiento errático, se han visto envueltos en una discusión, recién han soltado una maldición o acaban de joderle la vida al prójimo (entre muchos otros motivos), de ahí que Oya, sin ser solicitada, se aparezca para impartir su ley…

4.
El “viento negro” es inconfundible: su presencia se nota en el momento en que el rostro es directamente golpeado por una ráfaga de viento frío (caliente, húmedo o seco), por una ventolera que arrastra tras de sí hojas secas y tierra, se percibe con las corrientes que cruzan entre los árboles sin mover el follaje y con el citado silbido…  

Entre los males que genera el “viento negro” están los enfriamientos, hinchazón de pies, dolor de cabeza, agarrotamientos, reumas, convulsiones, crisis respiratorias, afecciones en la piel, llanto excesivo, sordera, tortícolis, explosiones de ira, parálisis facial, falta de apetito, cansancio, ansiedad, imposibilidad de cerrar un ojo, insomnio, diarrea, escalofrío incontrolable, lumbalgia y si se queda en medio de un remolino provoca la esterilidad, ceguera, diabetes y hasta la muerte…

Hay remedios prácticos cuando se ha sido tocado por el “viento negro”: meterse una nuez de kola en la boca, baños de hierbas, duchas de agua muy caliente haciendo oración, limpiarse con velas, enjugarse con una prenda íntima de mujer, ingerir bebidas para sudar, frotarse con barritas de azufre, hacer ofrendas a Oya o sacudirse con un Iruke…

Qué se puede hacer cuando se va por la calle y se presenta el “viento negro”?... lo primero no es manifestar aversión para no incordiar a Yansa; buscar refugio en el hueco de una puerta, comercio o edificio; portar una pulsera de cobre; colocarse detrás de un muro; cerrar los ojos, la boca, aguantar la respiración y quedarse inmóvil; colocarse a lado de un árbol viejo; repetir 9 veces su nombre como Iyámsá; situar los dedos índice y medio a la altura del corazón o santiguarse 12 veces como se hacía a la antigüita

5.
Oya también afecta a los animales (dados a presentir los fenómenos naturales –y sobrenaturales- segundos antes de que sucedan), por ello ante su presencia los gatos cierran los ojos para no ver a los Eggun o Iku y al alejarse se acicalan bigote y orejas, las aves encogen sus alas si en ese momento no están volando y si están en el aire lo hacen a mayor altura, los peces y tortugas domésticos se van al fondo del agua o los perros persiguen con ladridos la corriente para evitar que los desencarnados se queden con sus amos…

Finalmente, el efecto predilecto de Oya cuando se manifiesta como “viento negro”, es la pudrición (si se desea ver a la descomposición de todo lo orgánico como sinónimo de la muerte), por lo que se recomienda evitar el consumo de alimentos en puestos callejeros o restaurantes fijos cercanos a un panteón, un horno crematorio y los grandes hospitales… 
 

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