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7 de julio de 2023

¿Entramos?

 


—¿Entramos? — sugerí a la mujer con la que llevaba un par de horas caminando alrededor de la vieja hacienda de mi amigo.
—No, precisamente está por cumplirse el horario que me permiten salir para asustar a la gente en las madrugadas — señaló — prefiero quedarme aquí hasta que llegue el irremediable momento de volver.
—Entremos — propuse ya.
—¿Julio te habló de mi? — me cuestionó.
—Entremos — repetí y le mostré la mochila que llevaba colgada al hombro — te prometo que será la última vez que entres y salgas.
 
Ella me miró y luego observó la mochila, sonrió al tener claro de qué iría todo, echó a andar hacia el interior y seguí sus pasos.


28 de octubre de 2022

Desenterrando brujería

 


1.
Estaba parado frente Rosa, la joven delgada, con ojeras y sin luz en su mirada, paciente a la que mi amiga, la Curandera Raquel, estaba atendiendo en su templo espiritual de una brujería que estaba destrozando su vida y la de su familia
 
Miré que reloj de mi teléfono marcaba las 11:05, Raquel me hizo una señal, comenzó a respirar agitadamente y coloqué el ramo de limpia sobre la cabeza de Rosa. Cerré los ojos y busqué la conexión espiritual con el Guía espiritual de la Curandera.
 
Si bien previamente conversamos durante varios minutos sobre lo que haríamos, aún estaba por verse a quién de sus guías canalizaría, lo cual en unos instantes quedó claro.
 
—Bienvenido seas hermano — saludé.
—Y de esa bienvenida recubro tu mente, espíritu y corazón — respondió y sin dar tregua, avisó — vayamos a buscar ese hechizo que atormenta el alma de la pequeña — me ofreció su mano, lo observé y su bellísima luz azul me maravilló una vez más.
 
Sonrió manteniendo su mano extendida, la tomé, mi espíritu se desincorporó y comenzamos a caminar en silencio.
 
2.
Cuando se está ante un guía espiritual de tal importancia, no caben las conversaciones sosas, nada de: “¿Cómo andas las cosas por allá?”, tampoco “¿Qué cuenta el creador?” ni mucho menos “¿Has visto a Jesucristo, le has preguntado cómo se siente reencarnar?”.
 
No hay necesidad de hablar si ellos no lo hacen.
 
3.
—Pequeño mío, no temas ni dudes de lo que atestiguarás en esta alba bendita — se refirió a mi sin ánimos de minimizarme, lo hacía con tono paternalista — verás situaciones que creerás son distintas a las que has vivido, pero son igual a lo que has trabajado espiritualmente antes.
—Benditas tus palabras, hermano, pero no tengo dudas sobre lo que haremos.
 
Sonrió.
 
Caminamos uno al lado de otro, cruzando algo parecido a una zona desértica en la que la tierra agrietada, los arbustos semisecos y los lejanos cerros me hicieron recordar la sierra del estado de Puebla.
 
—Estás débil, pequeño mío — señaló — deberías tratar de dormir mejor.
—Lo intento, pero…
—… piensas demasiado, tratas de entender tantas cosas… a veces todo — me interrumpió — mas debería quedarte claro que lo que criticas de tus hermanos no es asunto tuyo, lo que sucede en tu mundo, lo que ves y oyes, no lo juzgues porque el creador sabe lo que hace y ni tú ni nadie conseguirá concebirlo.
—Sí, pero…
—Todo tiene una razón de ser… hasta lo que llaman maldad requiere un espacio entre ustedes para actuar.
—De acuerdo — cedí, no porque no quisiera discutir, sino porque cuando hablas con un Guía espiritual no solo lo hacen con palabras, sino también con imágenes mentales que te dejan claro a lo que se refieren.
 
4.
Ahora cruzábamos grandes extensiones de cultivos de sorgo bajo lo que podría decirse “un sol inclemente”, sin embargo, no hacía calor ni había molestia en la piel por los rayos, y en consecuencia, tampoco hambre, ni cansancio tras varias horas de marcha. Y quizá lo más interesante: durante todo el trayecto realizado, y el que aún faltaba, atravesamos diversos paisajes con los más variados climas y nunca nos cruzamos con alguna persona, insecto o animal ni vimos edificación humana alguna, todo era exclusivamente vegetación.
 
Eso sí, el color de todo lo que estaba a la vista era diferente a lo que los seres humanos estábamos acostumbrados a ver, tonos que mostraban su verdadera esencia. Estaba en el mundo astral, la vida paralela que la gente no está interesada en percibir por vivir en las obsesiones y egoísmos de la vida diaria.
 
Miré de reojo al Guía y de nuevo quedé maravillado: era un indio corpulento, de más de dos metros de altura, con ropas aborígenes, anteriores a la época prehispánica. Su cabello era largo, su piel morena rojiza y sus facciones completamente refinadas, nada que ver con lo que pintan en los libros de historia escolares para hacernos creer que nuestros ancestros siempre fueron incultos, chaparros, obesos y lampiños.
 
El mestizaje, siempre lo he dicho, fue una putada.
 
—Seguramente te preguntas, pequeño mío, por qué tenemos que venir desde la choza de la presencia hasta acá a buscar eso que ustedes llaman brujería, cuando podríamos localizarlo con tu videncia y desactivarlo con las artes que nos ha transmitido el Maestro.
—Me lo cuestiono, sí — reconocí.
—Cuando descubres con clarividencia dónde está el trabajo negro, en ese momento pones en alerta a los vigilantes de que vas a deshacerlo, de ahí que en ocasiones los rompimientos no funcionen o que tras deshacer uno de esos hechizos se active otro.
—Entiendo.
—En este tipo de batallas, pequeño mío, el general, cómo lo llamarían ustedes para explicar, está a la espera de que el enemigo llegue surcando los aires, por eso caminamos. ¿Está claro?
—Entiendo — acepté de nuevo.
 
Luego de un largo tramo en silencio, el Guía señaló.
 
—Te noto maravillado — dijo ante mi asombro por la belleza de los paisajes en los que incursionábamos.
—Son hermosos.
—¿Cuándo fue la última vez que tus pasos transitaron por los 7 mundos espirituales? — me interrogó.
—Hace mucho… iba de la mano de Felipe. Yo aún era niño.
—Claro, el Curandero — dijo con una mezcla de ternura y respeto, para luego avisar — algún día conocerás los 10 cielos… tus ojos quedarán atónitos.
 
5.
Cruzamos un llano y llegamos a la entrada de una tupida selva. Sin darme cuenta cómo llegó, pero a lado del guía ya se encontraba un gran perro color negro en actitud alerta.
 
—Invoca a tu explorador — pidió.
—¿Es necesario? — cuestioné.
 
El guía se giró hacia donde yo estaba de pie y me miró con ternura.
 
—Sé que nunca lo has usado, pero ha llegado la hora — señaló.
—No lo necesito — respondí con la mayor de las humildades.
—Los perros, al igual que todos los animales, tienen una función.
—Sí, hacer estúpidos a sus dueños.
—Me refiero a un papel, pequeño mío, una encomienda en el mundo espiritual… por alguna razón tú tienes uno.
—Si estás de acuerdo, usaré el explorador que me fue entregado hace poco — propuse.
 
El indígena asintió sin borrar la sonrisa amable de sus labios. Levanté el brazo derecho, solté un suave silbido y de inmediato se materializó la inmensa ave.
 
Observé al perro. Era hermoso y de una raza que no pude identificar (bueno, tampoco es que me interesen esos jodidos animales). Me quedó claro que al ser un explorador espiritual nunca la adivinaría. Cómo sea, se mantenía erguido y se comportaba seguro, con la cabeza y las orejas levantadas, nada de las actitudes sosas de los perros vulgares, quienes brincan como de un lado a otro y mueven el culo para llamar la atención de su dueño. Este era un ejemplar único.
 
Mientras lo contemplaba el Guía hacía lo mismo con mi explorador, quien blandía ocasionalmente sus alas, como si se las mostrara, no para presumirlas, sino para recibir su aprobación.
 
—Me lo dio tu hermano — aclaré.
—Lo sé, es especial… impone — dijo, sonrió satisfecho y avisó — empecemos.
 
El guía hizo un leve chasquido con la lengua y el perro se lanzó hacia la maleza, de inmediato hice un silbido diferente y mi ave lo siguió aleteando silencioso.
 
—En 60 latidos iremos tras de ellos, pequeño — avisó — tendrás 180 más para entrar y sacar la maldad. No la vas a romper, no la vas a deshacer: la vas a tomar con la mano izquierda, la colocarás dentro del macuto de yute, te lo cuelgas en la espalda y saldrás sin mirar hacia atrás, aunque oigas ruidos, te llamen por tu nombre o escuches una voz conocida — explicó, tras lo cual me entregó algo parecido a un morral.
—Entendido.
 
6.
Nos adentramos, caminando sin prisas, entre árboles y matorrales, entre los que identifiqué cambray, jagua, ceiba, palma, caoba y caucho, así como arbustos y otras plantas, mas a cada paso la luz del sol se dilataba hasta que en algún punto parecía había anochecido, sin embargo, la luz que irradiaban nuestros exploradores marcaban claramente el camino a seguir.
 
Finalmente llegamos a un claro que era iluminado perfectamente por la energía del perro y mi ave, como si arriba de él hubiera un inmenso reflector. Ambos animales nos observaron, el Guía siguió al suyo mientras el mío marcaba mi camino, hacia docenas de árboles y palmeras que ante mis ojos se transformaron en un antiquísimo cementerio.
 
Llegué a la entrada, empujé una deformada verja para entrar y a partir de ese momento tenía tres minutos para cumplir con mi parte. Comencé a trotar, siguiendo a mi ave, quien no tardó en encontrar la catacumba donde estaba enterrada la brujería, lo vi de lejos escarbando con las garras en el suelo, así que cuando llegué lo único que tuve que hacer fue meter la mano, sacar una caja, supongo de madera, envuelta en un paño negro; la metí en la mochila, me la colgué a la espalda y salí trotando de nuevo, en realidad corriendo, preocupado por el tiempo que disponía, siguiendo a mi explorador y mientras a mis espaldas, obviamente, escuchaba una inconfundible voz femenina gritando mi nombre.
 
7.
Cuando volví al claro el Guía espiritual ya estaba ahí esperándome y sonriendo. Iniciamos el regreso sin decir nada. No me hizo preguntas y yo tampoco lo interrogué sobre lo que él hizo ni realicé comentarios sobre lo mío. Contrario a lo sucedido antes, conforme avanzamos los rayos del sol conseguían penetrar de nuevo el follaje de los árboles, por lo que no tardamos en salir de la jungla.
 
Conforme caminamos nuestros respectivos exploradores se fueron diluyendo. Finalmente volvimos a la zona desértica, donde al llegar al pie de un monte el Guía me pidió la mochila, la cual apenas y recibió la dejó caer en un profundo agujero que al parecer alguien había excavado exprofeso para enterrar la brujería, todo esto sin que nos detuviéramos.
 
Un rato después, tras desandar el camino recorrido, estábamos de regreso en el templo de Raquel, con ella en la misma posición. El guía entró a su cuerpo, mi amiga se puso de pie, aún en trance, con Rosa frente a mi y el ramo de limpia a sus pies.
 
Posteriormente entregué a Raquel diversos materiales, conforme los pedía el Guía, para que continuara con la sanación. Una vez que terminó pidió mi presencia.
 
—Pequeño mío, recuerda nuestra conversación: deja de tratar de entender la forma en la que el creador edificó este planeta y las verdaderas leyes con las que se rige la convivencia entre sus habitantes.
—Sí, hermano.
—Pon tus manos juntas y extendidas frente a mi — pidió, me entregó tres dones, dejó uno más para Raquel (el cual yo debía colocar en su cabeza en cuanto recobrara la conciencia) y se despidió.
—Bendita tu caridad, hermano — respondí cumpliendo con el protocolo espiritual — Luz y progreso para tus caminos.
 
Raquel salió del trance, suspiró, recargó el peso de su cuerpo en la orilla del alar, se me quedó viendo, obviamente cansada, pero dijo lo mismo acerca de mi.
 
—Calculo que fueron unas 3 horas las que estuvimos trabajando astralmente — comenté.
—Para nada — intervino Rosa — no fueron más de 5 minutos.
 
Se veía rejuvenecida, sonreía y su astral brillaba de nuevo. Pagó su consulta, se despidió y salió alegremente del templo. Raquel me observó e insistió en que me veía realmente agotado.
 
—Deberías verte en un espejo — me burlé.
—Cuéntame con detalle qué sucedió — pidió sentándose en una silla y señalando otra para que yo hiciera lo mismo.

2 de mayo de 2016

La Orisha Oya y el viento negro

1.
Rechazar que la convivencia entre los Orishas está plagada de sexo, mezquindad, traición, robo y asesinato, es negar la esencia con la que se dotó en este lado del atlántico a la práctica de la Osha e Ifa…

Los motivos por los que fueron personificados así ya han sido abordados en otros textos de este blog, así que lo resumiré en pocas palabras: humanizarlos para que nos sirvan de ejemplo, y a través del ebboe, redimirlos y dejar la experiencia de que tenemos la oportunidad de ser buenas personas…

También con el paso de los años se perdieron patakies que llegaron de Nigeria con los esclavos… a ello contribuyó la cuestionable recopilación que hizo Miguel Febles Padrón de “Los Oyu Odus de Orunmila”, de ahí que la leyenda en la que originalmente Yemaya no era la dueña del mar sino Oya Yansa, se perdió y sólo es parte de la oralidad de las pocas viejas Santeras cubanas que aún viven…

Oya tiene un magnetismo impresionante y es respetada y temida por la furia con la hace su presencia… su cólera no sólo proviene de la fuerza que le dan los desencarnados, sino del rencor que tiene tras ser despojada del mar por Yemaya (en complicidad con Shango), haciéndole creer que el cementerio era más bello que el océano, de ahí la errada explicación de que Oya no puede estar en un paritorio de Yemaya: no se refiere a fenómenos meteorológicos de juntar el viento y el agua, sino por los desastres que provoca la guerra entre las dos deidades…

2.
Es selectiva con quienes serán sus hijos pues no está dispuesta a compartir con cualquiera el don de manejar a los muertos ni la habilidad para hacer terribles brujerías… pero no se conforma con recibir de ellos ofrendas en los panteones, tampoco zarazas, ni mucho menos ser colmada con berenjena: ajena a quienes la coronan posee la virtud de manifestarse imparcial a través del llamado “viento negro”, el cual no debe confundirse con el viento malo, asociado a la ira de Shangó…

Ha sido poco estudiado ese rasgo: al ser la única Orisha que puede manipular los cuatro vientos, se le asocia a la leve brisa, el vendaval, el remolino, la tromba y hasta el tifón: cuando se lo propone sus expresiones naturales son devastadoras, no sólo por la destrucción que provoca, sino porque su presencia obedece también a un acto de soborno, el eboe y la justicia, lo que le da una personalidad “dulce y aterradora” al mismo tiempo…

Así, “viento negro” es la máxima expresión de Oya cuando sale a la calle sin que se le haya invocado, pero se debe exponer con detalle en que consiste para no dar pie a más de los tantos errores que provienen de la interpretación de la Osha e Ifa en américa…

3.
La mayoría de los seres humanos conocemos el silbido que provoca el viento… explica la ciencia que es percibido dentro de las casas, y no fuera de ellas. El aire, al penetrar por los intersticios de las puertas y de las ventanas hace vibrar objetos que encuentra a su paso, produciendo así toda clase de sonidos, si se saliera de casa no llegarían a oírlos...

Tratándose de Yansa el asunto cambia radicalmente, pues los ruidos que produce el viento no sólo se oyen al interior de las casas, sino también fuera: en el monte, las esquinas, los recovecos, los patios, las rejas, las azoteas y los árboles y ese “silbido” es el anuncio de que detrás de ella viene un séquito de Egguns (de quienes murieron violentamente en la calle), prestos a cumplir sus órdenes y sólo se ausentan cuando seden su lugar a Iku, el poderoso aliado de Oya…


Su presencia a través del “viento negro” tiene diversos orígenes según lo que quiera manifestar: por lo regular sale de los panteones y proviene del norte, pero también puede proceder de casas abandonadas, pozos, coladeras, barrancas, calles desiertas, terrenos baldíos, cavernas y obviamente el mercado…

Sus ráfagas son responsables de generar enfermedades en personas que por alguna razón acaban de tener un comportamiento errático, se han visto envueltos en una discusión, recién han soltado una maldición o acaban de joderle la vida al prójimo (entre muchos otros motivos), de ahí que Oya, sin ser solicitada, se aparezca para impartir su ley…

4.
El “viento negro” es inconfundible: su presencia se nota en el momento en que el rostro es directamente golpeado por una ráfaga de viento frío (caliente, húmedo o seco), por una ventolera que arrastra tras de sí hojas secas y tierra, se percibe con las corrientes que cruzan entre los árboles sin mover el follaje y con el citado silbido…  

Entre los males que genera el “viento negro” están los enfriamientos, hinchazón de pies, dolor de cabeza, agarrotamientos, reumas, convulsiones, crisis respiratorias, afecciones en la piel, llanto excesivo, sordera, tortícolis, explosiones de ira, parálisis facial, falta de apetito, cansancio, ansiedad, imposibilidad de cerrar un ojo, insomnio, diarrea, escalofrío incontrolable, lumbalgia y si se queda en medio de un remolino provoca la esterilidad, ceguera, diabetes y hasta la muerte…

Hay remedios prácticos cuando se ha sido tocado por el “viento negro”: meterse una nuez de kola en la boca, baños de hierbas, duchas de agua muy caliente haciendo oración, limpiarse con velas, enjugarse con una prenda íntima de mujer, ingerir bebidas para sudar, frotarse con barritas de azufre, hacer ofrendas a Oya o sacudirse con un Iruke…

Qué se puede hacer cuando se va por la calle y se presenta el “viento negro”?... lo primero no es manifestar aversión para no incordiar a Yansa; buscar refugio en el hueco de una puerta, comercio o edificio; portar una pulsera de cobre; colocarse detrás de un muro; cerrar los ojos, la boca, aguantar la respiración y quedarse inmóvil; colocarse a lado de un árbol viejo; repetir 9 veces su nombre como Iyámsá; situar los dedos índice y medio a la altura del corazón o santiguarse 12 veces como se hacía a la antigüita…

5.
Oya también afecta a los animales (dados a presentir los fenómenos naturales –y sobrenaturales- segundos antes de que sucedan), por ello ante su presencia los gatos cierran los ojos para no ver a los Eggun o Iku y al alejarse se acicalan bigote y orejas, las aves encogen sus alas si en ese momento no están volando y si están en el aire lo hacen a mayor altura, los peces y tortugas domésticos se van al fondo del agua o los perros persiguen con ladridos la corriente para evitar que los desencarnados se queden con sus amos…

Finalmente, el efecto predilecto de Oya cuando se manifiesta como “viento negro”, es la pudrición (si se desea ver a la descomposición de todo lo orgánico como sinónimo de la muerte), por lo que se recomienda evitar el consumo de alimentos en puestos callejeros o restaurantes fijos cercanos a un panteón, un horno crematorio y los grandes hospitales… 
 

19 de julio de 2014

Cómo viven los muertos (2)

dedicado a Maruja Correa de Cuevas: ejemplo de 
integridad, inteligencia y perseverancia...


4.
Le pedí que se tranquilizara: era una joven y guapa modelo que comenzaba a dar sus primeros pasos en la actuación… había llegado a mi casa buscando ayuda porque todo se le estaba bloqueando, se sentía deprimida, había padecido dos accidentes automovilísticos, en su casa sucedían fenómenos extraños y aseguraba que por las noches “alguien” abusaba sexualmente de ella…

- los muertos conviven a diario con los vivos – comencé a explicarle – sin embargo, no necesariamente nos pueden hacer daño: para ello está el aura…
- esa es como una energía que está a nuestro alrededor? – me interrogó…
- esa es la idea que se tiene de ella, pero tiene más funciones: entre ellas ser una barrera que protege nuestro cuerpo y finalmente el alma…
- y si ella nos defiende, cómo fue que lograron dañarme? – cuestionó…
- normalmente los muertos pueden lastimarnos: si nos enfermamos o deprimimos hacen de las suyas pues estamos débiles… pero también se puede hacer un pacto con ellos… darles algo a cambio para que no nos jodan… o “pagarles" para que le frieguen la vida a los demás…
- en serio? – exclamó asustada…
- existen muertos tan cabrones que efectivamente abusan sexualmente de sus víctimas mientras duermen: incluso pueden llegar a matar…
- por eso en ocasiones me despierto y tengo mordidas en los muslos, en los senos o simplemente me arde el trasero??!! – preguntó con una extraña mezcla de terror y vergüenza…
- más que preocuparte por eso, mejor piensa que estamos a tiempo para evitar que este desencarnado te joda más la vida…
- quiero que se vaya ese muerto – dijo con firmeza…
- se irá – la tranquilicé - ahora sólo dime: quieres alejarlo con Santería o con Espiritualismo?
- la Santería me da miedo – reconoció – yo vine porque me dijeron que usted es Curandero…
- sí, pero también Muertero, Santero, Mayombero y otras cosillas…
- quiero al que es Curandero – pidió…
- esto es lo que haremos…

El día señalado para hacer las obras ella pasó a recogernos y nos encaminamos al Estado de México: ahí había un panteón que se prestaba a la perfección para trabajar… durante el camino la mujer confesó que había hablado por teléfono con el amigo que la recomendó con nosotros, quien le dijo no entender por qué la íbamos atender diferente a como “lo curamos” a él…

- porque en tu caso quieren que ruede tu cabeza – le respondí, lo que hizo que el resto del viaje permaneciera callada…

Una vez que llegamos le pedí que estacionara su camioneta detrás de un tupido grupo de árboles… nos bajamos y saltamos una pequeña barda por la parte trasera del panteón para no llamar la atención… en ese momento le advertí que no preguntara nada, que no perdiera el tiempo con miedos y lo más importante: todo se haría con rapidez…

Así que ahí estábamos los tres caminando entre tumbas: ella llevaba una bolsa de plástico con una muda de ropa, yo cargaba dos cubetas y una caja de cartón, mi esposa tenía en un morral diversos materiales…

Llegado un punto les indiqué que nos detuviéramos frente a una capilla, la cual nos escondía perfectamente de cualquier mirada indiscreta: les pedí que me esperaran ahí… desparecí y a los pocos minutos regresé con las cubetas llenas de agua muerta…

Mientras me acercaba vi que sobre su espalda la joven tenía una inmensa sombra negra que envolvía parte de su cuerpo con sus largos brazos, en una posición que me hizo recordar lo complicado que suele ser desenredar los nudos que tejen los marineros: el muerto la tenía completamente aprisionada…

- estás lista? – le pregunté…
- qué vamos hacer? – preguntó asustada, más no le di tiempo de decir más y vacié a bocajarro el contenido del primer balde sobre su cabeza… hice lo mismo con el segundo, le di la espalda y cerré los ojos mientras mi esposa cumplía la segunda parte de la obra: le ayudó a quitarse toda la ropa mojada y pasó sobre su cuerpo varios trozos de carne cruda… después la joven se visitó con la ropa seca…

Posteriormente saqué el animal de la caja, lo sacrifiqué y vertí su sangre mientras mi esposa tomaba los materiales y hacía un círculo con ellos a su rededor… dije en voz alta un rezo, recogí las cubetas, las bolsas de plástico, la caja y las apresuré a salir del panteón… subimos a la camioneta, pero apenas y la encendió ella la apagó…

- no puedo manejar – dijo – tengo frío y mucho sueño…
- cámbiate al asiento de atrás – la apresuré, ocupé su lugar al volante y discretamente salimos del poblado…

Nos dirigimos a mi casa para hacer otras obras que nos tomaron un par de horas más… una vez que concluimos la paciente preguntó sobre todo lo que habíamos hecho… le expliqué únicamente lo que debía saber…

- o sea que me morí? – preguntó…
- así es…
- y ese muerto malo no descubrirá que es un engaño? – inquirió…
- se tardará en darse cuenta, pero cuando lo haga será muy tarde: no podrá salir del panteón – la tranquilicé…
- en serio? – cuestionó asombrada…
- precisamente para eso es todo lo que se puso alrededor: es una trampa… algo así como una ratonera…

La mujer se quedó pensativa durante un par de minutos hasta que finalmente sonrió…

- o sea que ya terminó mi infierno? –preguntó mirándome a los ojos…
- sí – respondí… me puse de pie, tomé de mi librero una pequeña caja y se la entregué – esto es una protección para ti…
- en verdad? – preguntó sorprendida, la abrió y sacó el objeto, le brilló la mirada – es muy hermoso…
- colócalo a un lado de la puerta de tu casa… por dentro – le indiqué – con eso por más que te vuelvan a mandar muertos, en cuanto entres se quedarán afuera llenos de miedo…
- gracias – dijo mientras se le llenaban los ojos de lágrimas…

5.
Me desperté poco después de las tres de la madrugada inquieto por el extraño sueño que había tenido: estaba en una antigua casa en un poblado abandonado, en donde me acompañaban mi abuela materna y uno de sus hijos, ambos ya fallecidos en la vida real… era de noche y no contábamos con ningún tipo de iluminación… ellos insistían en salir de la casa pese a que yo les pedía que esperaran a que se le diera luz a sus almas… pero me ignoraban: el ánima de mi abuela salía, mientras que la de mi tío si bien dudaba, terminaba por seguir a su madre…

Comenté el sueño con un amigo Babalowo, el cual me explicó que pese a los ofrecimientos de darle luz a las almas de mis familiares difuntos, ellos se negaban a recibirla: me sugirió colocar fotos de ellos dentro de la Bóveda espiritual…

Así lo hice una mañana, recargando sus respectivas fotografías sobre copas con agua, loción florida, cascarilla, agua bendita y encendiendo una veladora color blanco…

Sin embargo, al siguiente día la veladora estaba apagada y la copa donde estaba la foto de mi abuela estaba estrellada, así que decidí cambiarla… la quité, puse otra y me disponía a llenarla, pero sin que alguien la tocara se cayó y se rompió: en ese momento sentí una mano fría recorrer mi espalda…

Solté una carcajada, fui por otra copa nueva para mi abuela, la puse de nuevo en la Bóveda espiritual y me le quedé observando en espera de que “sucediera algo”… nada, así que decidí ir por el loción florida, la cascarilla y los demás ingredientes para llenarla, pero apenas y había dado un par de pasos cuando la copa salió volando de la mesita y se fue a estrellar contra mi pierna derecha…

- aay Doña Luisa – exclamé – siempre haciendo de las tuyas…

Opté por sacar a mi abuela de la Bóveda espiritual… a partir de ese momento las copas dejaron de romperse y las veladoras de apagarse… curiosamente la foto de mi tío sigue ahí: él nunca se ha quejado de ello…

6.
- Necesitamos trabajar con un muerto – dijo mi padrino – ya te expliqué cómo conseguirlo: así que ándate a buscarlo a la calle y me lo traes…

Colgué, le dije a mi esposa que teníamos un encargo y le expliqué de qué se trataba…

- busquemos alguna salida por carretera – propuso - ahí hay muchas cruces de gente que ha fallecido en accidentes…
- podría ser – dije – pero y si mejor buscamos un muerto enojado y en un lugar más cercano?
- en dónde lo encontramos?
- por alguna colonia fea… donde hayan muerto delincuentes…
- es mucho riesgo – advirtió…
- lo sé, pero ya verás dónde levantamos uno rápido – propuse – vámonos a la colonia Doctores…
Mi esposa puso cara de extrañeza por mi sugerencia, ya que ese barrio es uno de los más peligrosos de la ciudad, legendario no sólo por ser colindante con la tristemente Colonia Buenos Aires (famosa por haber padecido el asesinato de seis jóvenes en septiembre de 1997), sino porque en él están todos los comercios que se dedican a la venta de autopartes robadas, al tráfico de drogas y la violencia y los tiroteos son algo cotidiano…


Vi la hora y eran las 4 de la tarde, así que con la luz del sol estábamos en una ventajosa situación para buscar a un muerto… nos subimos al auto, coloqué unas monedas sobre el tablero y nos encaminamos hacia el temido barrio…

Tardamos en llegar a consecuencia de un inexplicable embotellamiento, así que en cuanto nos adentramos por sus peligrosas calles ya pasaban de las 5:30… le pedí a mi esposa que se colocara al volante para poder dedicarme a ver en dónde había un muerto al que pudiéramos llevarnos…

Mientras más avanzábamos más se escondía el sol… comencé a temer que mi decisión hubiera estado equivocada, pero la videncia me había dicho que era la zona correcta…

- da vuelta a la izquierda en la calle que sigue y luego a la derecha – pedí a mi esposa mientras pasábamos a lado de un grupo de borrachos que con navajas en mano discutía violentamente…
- estás seguro? – me inquirió…
- confía en mi videncia - le dije y ella sonrió…

Al llegar a la avenida Doctor Vertiz dio vuelta a la derecha como le pedí, quedando los últimos rayos del sol dándome directamente en la cara… seguimos varias calles, a veces avanzando y en otras deteniéndonos por la luz roja de los semáforos… y fue en uno de esos cambios a la luz verde, coincidiendo con el último destello de luz antes de que callera la tarde, que lo vi: estaba parado en medio del callejón sobre una vistosa cruz color azul clavada en el concreto, parecía que estaba esperándonos, miraba hacia nuestro auto, era la silueta de un hombre de edad madura… le calculé unos 55 años, delgado, con barba de varios días, pantalón de mezclilla y camisa de cuadros, zapatos finos y con un hoyo en el ojo izquierdo de donde se percibía sangre seca…

Le pedí a mi esposa que detuviera el auto, tomé las monedas, los enseres y me bajé presuroso… crucé la calle, me detuve frente a él, cruzamos miradas y con un leve movimiento de cabeza asintió… dejé el dinero frente a la cruz, saqué los utensilios e hice el ritual, regresé al coche y pedí a mi esposa que arrancara: calculo que no fueron más de dos minutos en todo el proceso…

- los muertos siempre tienen como referencia el sitio donde mueren – dije – vayan o vengan finalmente terminan regresando al mismo lugar hasta que alguien los rescata…
- puede ser – se quejó ella - pero por lo pronto para “este muertito” la única referencia que tiene es el asiento trasero de nuestro auto…

Volteé hacia atrás y efectivamente vi que la figura del desencarnado estaba ahí, mirándonos fijamente, mientras esbozaba una maliciosa sonrisa… percibí que quería hablar conmigo…

- ni lo intentes – le advertí – no me interesa tu vida ni por qué te mataron… hicimos un trato: se cumple, te damos luz y cada quien sigue su camino – asintió - además tápate el ojo – agregué – no trates de chantajearme con la herida que te provocó la muerte – tras lo cual el desencarnado puso una de mano sobre el orificio, por instantes su figura se esfumó y cuando reapareció su rostro “se veía” completo…

Irónicamente el tráfico desapareció, llegamos rápido al Templo espiritual de mi padrino y cuando estacionamos el auto el asiento trasero estaba vacío… entramos, saludamos a todos y entregamos lo pactado con el muerto: mi padrino sonrió…

Sobre una mesa ya estaba preparada una gran lengua de cerdo dentro de una olla de barro… mi padrino se me quedó viendo…

- te toca – soltó burlón…
- no sé cómo se hace – le dije…
- pues ahorita aprendes – me avisó y comenzó a explicarme mientras me señalaba cada uno de los frascos con diferentes contenidos que se encontraban a lado de la cazuela…

Mientras hacía los preparativos el muerto se plantó frente a mí… cuando terminé mi padrino decidió que no sólo trabajaría en lo que él necesitaba, sino que todos los presentes podíamos hacer peticiones para que el desencarnado se encargara de realizarlas por el pago que se le entregaba: nos entregó trozos de papel estraza para hacer nuestras respectivas anotaciones… unos 30 minutos después activé el trabajo, pero tuvimos que esperar dos horas hasta que se consumió…

En nuestro caso lo que solicitamos se resolvió en 9 días…

Para conocer el origen de esta serie de textos, dar click en la siguiente dirección: http://basurerodealmas.blogspot.mx/2014/07/como-viven-los-muertos-1.html