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26 de agosto de 2026

¿Trasplantes de órganos físicos o espirituales?


Hace unos años, hojeando no recuerdo qué revista o suplemento semanal, leyó una reseña de la película "21 gramos", del director de cine mexicano Alejandro González Iñárritu, y páginas más adelante topó con un dato que le quedó dando vueltas: las personas que reciben un órgano trasplantado (corazón, riñón, pulmón, lo que sea) terminan, con el tiempo, adoptando gustos, manías y hasta miedos que no tenían, y que coinciden sospechosamente con los del donante original. No es un caso aislado ni una anécdota de revista dominical; ocurre con la frecuencia suficiente como para que los médicos, que suelen tomarse estos temas a la ligera, hayan tenido que sentarse a preguntarse qué carajo está pasando ahí.
 
La ciencia, claro, se encoge de hombros o habla de "memoria celular" sin terminar de creérselo, pero la espiritualidad, que no necesita probar nada para sentirse cómoda, lo tiene claro desde hace siglos: el cuerpo no es solo carne, huesos y sangre circulando por venas, sino también un vehículo de información sutil, una memoria viva que guarda en sus tejidos no solo biología, sino emociones, pensamientos y, sí, también karma. Cada célula es un archivo, y cuando ese órgano se trasplanta a otro cuerpo no lleva solo las instrucciones para latir o filtrar, sino una carga energética, un registro del ADN espiritual del que ya no está.
 
Y el receptor, sin saberlo ni pedirlo, empieza a recibir no solo un órgano, sino una herencia que no esperaba.
 
No es que el corazón que ahora late en su pecho sea un simple músculo; es que ese corazón, antes de ser suyo, fue de alguien más, y en ese alguien latió al ritmo de sus alegrías, se aceleró con sus miedos, se rompió con sus penas, aprendió a amar con sus afectos. Todo eso quedó grabado en sus fibras, en esa memoria que el microscopio no ve, pero que el receptor empieza a sentir sin saber por qué, como un equipaje que el donante no pudo llevarse y que el receptor debe cargar sin haberlo pedido.
 
Sin embargo, no es solo información emocional: también es karma, porque cada acción, pensamiento y elección que hizo el donante dejó una marca en su campo energético, en ese tejido vibratorio que no se extingue con la muerte, y que acompaña al trasplante como un eco que no va a callarse. Así, el receptor no solo recibe el órgano, sino también los conflictos no resueltos, los miedos no enfrentados, los amores incompletos del otro, y todo eso empieza a manifestarse de formas que ni la ciencia ni la psicología alcanzan a comprender.
 
Por eso una persona que recibe un corazón empieza a tener antojos nuevos, a sentir miedos que no le pertenecen, a soñar con personas que nunca conoció; por eso un receptor de riñón cambia su carácter, se vuelve más suave o más irritable, según el caso (como se muestra en la película "21 gramos", aunque en este caso es quien recibe el corazón, el cual comienza a buscar a la que era la esposa del donante). No es sugestión ni estrés quirúrgico: es información, memoria, un registro de la vida del donante que está encontrando un nuevo hogar y, al instalarse, reordena la vida del receptor como una corriente subterránea que brota sin avisar.
 
Lo más inquietante, y aquí es donde el asunto se pone interesante, es que ese órgano no solo transmite información del donante, sino que también activa en el receptor sus propios karmas pendientes, como si el trasplante no fuera solo físico, sino una puerta que se abre a otras capas de la existencia. El receptor carga el karma del donante, sí, pero también el suyo propio, ese que estaba dormido esperando el momento adecuado para manifestarse, y entonces su vida cambia, se reordena, se vuelve a veces más difícil, a veces más luminosa, pero siempre distinta, como si la llegada del órgano hubiera sido la excusa que el universo necesitaba para poner en marcha algo que ya estaba escrito.
 
Uno se pregunta, entonces: ¿qué es un órgano trasplantado? ¿un objeto mecánico, una pieza de recambio? ¿o es, más bien, un fragmento de alma, un trozo de camino andado, una porción de la historia de otro que ahora se funde con la propia? Si el corazón guarda memoria, si el riñón conserva huellas, si el pulmón retiene la respiración del donante y la entrega al receptor, entonces el trasplante deja de ser solo un acto médico y se convierte en una ceremonia, una ceremonia de encuentro entre dos vidas, dos historias, dos karmas: el donante, que ya no está, sigue hablando a través de su órgano, y el receptor, que sigue vivo, se convierte en su voz sin saberlo.
 
Esta es la raíz del asunto: el órgano no es solo un órgano, sino un vehículo de trascendencia, la única parte del donante que sigue en este mundo prestando su función, su memoria, su esencia a quien lo necesita para seguir viviendo. No es coincidencia ni capricho biológico, sino una conexión que trasciende lo físico, un hilo invisible que une a dos personas que se conocieron, pero que ahora comparten un latido, una respiración, un destino.
 
Ahora bien, así como el trasplante de órganos opera en lo físico, existe otro tipo de trasplante que ocurre en un nivel distinto, que no requiere quirófano, bisturí, equipos de médicos, ni un donante que haya muerto: es el trasplante espiritual, y no es físico, sino energético.
 
Porque el cuerpo humano, como se decía antes, no es solo materia, pero tampoco es solo carne y huesos: es también un campo vibratorio, una red de energía que sostiene lo físico, y en ese campo, en ese cuerpo sutil que las tradiciones llaman aura o envoltura energética, ocurre el trasplante espiritual. Cuando una sanación es recibida, cuando una energía profunda se instala en el receptor, no es solo la mente la que cambia, sino el campo energético completo, porque esa energía penetra en las capas más profundas del ser, en esos niveles donde la información no se procesa con palabras, sino con vibración, y al instalarse, reorganiza todo el sistema.
 
Así, el karma, en este esquema, no se hereda: es personal, intransferible, único de cada alma, y lo que el trasplante espiritual hace no es pasar el karma de otro, sino activar el propio y dar las herramientas para procesarlo desde una nueva posición, como si la energía que se recibe no trajera problemas ajenos, sino que limpiara el terreno para que los propios problemas puedan ser vistos con claridad.
 
El trasplante espiritual no es una transferencia de cargas, como sucede con el trasplante físico, sino una sanación, y ésta no añade peso, lo disuelve: no da lo que no es suyo, devuelve a lo que sí lo es, pero desde un lugar más alto, desde una vibración distinta, desde una posibilidad que antes no se estaba en condiciones de ver.
 
Así, el receptor no recibe el karma de nadie más, sino un catalizador: su propio karma, el que ya tenía, el que le pertenece, se reactiva y se reordena; no es que desaparezca, es que su peso se transforma, como si el trasplante no quitara el camino, sino que cambiara el vehículo para recorrerlo: el camino sigue siendo el suyo, pero ahora tiene un motor más potente, una dirección más clara, una luz que antes no tenía.
 
Entonces la vida del receptor cambia, se reordena, se vuelve a veces más difícil, a veces más luminosa, pero siempre distinta, porque lo que ha recibido no es una deuda ajena, sino una herramienta nueva para enfrentar la suya propia; el karma no se hereda, se activa, y al activarse, se ofrece como material de transformación, no como carga.
 
Ocurre lo mismo que con el órgano físico: el receptor empieza a manifestar cambios que no puede explicar, no son antojos de pimientos verdes ni miedos al agua, sino otras cosas: una nueva sensibilidad hacia lo que antes le era indiferente, una comprensión que no ha razonado pero que siente verdadera, un deseo de cambiar su vida que no sabe de dónde viene, como si esa energía, al instalarse, hubiera activado algo que estaba dormido.
 
Y lo más profundo: el trasplante espiritual no es pasivo, el receptor no es un recipiente vacío, sino que su propia energía se mezcla con la que ha recibido, la metaboliza, la transforma; por eso el mismo tipo de intervención, al ser recibida por dos personas distintas, se manifiesta de forma diferente, como el órgano físico que se adapta a su nuevo cuerpo, la energía recibida se adapta al campo energético de cada quien.
 
Obviamente también hay riesgo de rechazo, como en el trasplante médico: hay personas que reciben una sanación y no la integran, no porque la sanación sea falsa, sino porque su campo energético no está alineado, y en consecuencia lo que debía ser un trasplante se convierte en una carga, en una tensión, en un conflicto interno sin resolución.
 
Pero cuando se da, cuando la energía encuentra un hogar, ocurre algo hermoso: el receptor no solo se transforma, sino que esa transformación no termina en él, porque como el órgano trasplantado sigue latiendo en un nuevo pecho, la energía recibida sigue viva en una nueva alma, y esa alma, a su vez, se convierte en un testimonio vivo de que esto es posible, no porque haya heredado una enseñanza, sino porque la experiencia de haber sido sanado es, en sí misma, una enseñanza.
 
Y al final, el trasplante espiritual enseña algo profundo: que no somos islas, que todo está conectado, que cada vida deja huella en otras, pero que esa huella no es una deuda, sino un eco, y este, al ser recibido, no ata al pasado del otro, sino que abre a la posibilidad de transformar el propio presente, porque el karma no se hereda, se transmuta, y el trasplante espiritual es, en el fondo, una oportunidad para hacer eso: transmutar lo que ya era suyo, pero desde una vibración que antes no se tenía.
 
Ahora bien, esto no es para cualquiera, no porque sea exclusivo o secreto, sino porque no todo el mundo tiene acceso a quien pueda hacerlo (no hay clínicas de trasplantes espirituales en cada esquina ni especialistas con título universitario en esto), y los que lo hacen, chamanes, curanderos, sanadores, suelen estar fuera del circuito médico convencional, y muchas veces fuera del alcance de la mayoría, no por elitismo, sino por algo más mundano: todo ellos, al menos los que yo conocía, han fallecido.
 
Pero cuando ocurre, si una persona tiene la fortuna (o el destino) de encontrar a alguien que pueda hacer este tipo de trabajo, lo que recibe no es una herencia ajena, ni karma de otro, ni deuda de un linaje, ni carga que no le pertenezca, sino más bien un vehículo de transformación. Una oportunidad de no volver a cometer errores.

25 de julio de 2016

Aura Mayombe

1.
Aún y siendo Curandero mi salud era penosa: en pleno verano usaba chamarras y bufandas, rehuía a todo lo que fuera clima artificial, dejé de ir al cine, puertas y ventanas en casa deberían estar cerradas y renuncié a entrar a tiendas de autoservicio huyendo del aire acondicionado… lo peor fue comprobar que la máxima de que “siendo un buen Curandero y ayudando al prójimo el Padre eterno lo compensaría” era una falacia…

2.
Llegamos de noche a una casa escondida en la colonia Agrícola Oriental, entramos y junto con mi padrino Curandero fuimos recibidos por una joven vestida de blanco que nos hizo pasar a una sala donde minutos después apareció un hombre alto, moreno y expresión seria… tras saludarnos pidió a mi esposa se sentara frente a lo que él llamó estera y comenzó a registrarla arrojando una cadena a la que estaban unidas rodajas de coco secas, más casi desde el inicio se volteó y me dijo…

- te tengo que consultar - así pasó más de una hora con ella y volteando a verme para repetir te tengo que consultar… cuando tocó mi turno su espanto fue grande y su sinceridad mayor…

- estás en peligro de muerte… tú eres el que está mal: tu esposa está llena de brujerías, pero tú traes a la muerte encima – advirtió - si no fuera porque eres Curandero ya estarías muerto… no me dejas más remedio que “rayarte” en Palo Mayombe si quieres seguir vivo…

Salimos de ahí sorprendidos por la exactitud de lo que describió, pero también llenos de una ingenua certeza de que con mi “Rayamiento” se solucionaría todo…

Costó trabajo reunir el dinero para la ceremonia pues nuestras tarjetas de crédito estaban saturadas por gastos médicos… cuando lo conseguimos acordamos la cita: ninguno teníamos idea de qué era rayarse y al preguntar a mi padrino Curandero su respuesta era un “no te preocupes, será nomás un rato”…

3.
Por aquella época (a sugerencia de una amiga tarotista), empecé un tratamiento con una doctora especializada en medicina cuántica, técnica que permite captar el aura a través de un complicado equipo informático, sensores y otros accesorios que determinan el tratamiento energético a seguir según la enfermedad…

Con el paso de las semanas mi esposa y yo congeniamos con la doctora y nos reveló que había estado casada con un Babalowo, más al hacerlo su aplomo se descompuso y tardó minutos en recuperarlo… si bien no hizo comentarios negativos sobre la religión de los Orishas, aclaró que vivir con un sacerdote de Ifa había sido tortuoso…

Días después le confié que iba a iniciarme en Palo Mayombe y se sinceró conmigo…

- en la medicina cuántica trabajamos con seres de luz e invocamos la energía universal – explicó – armonizamos el cuerpo físico con el astral para que no haya los desajustes que provocan las enfermedades…
- vaya… 


- pero vamos más a fondo y nos encargamos también de aquellos obstáculos que están bloqueando y hasta perjudicando el astral…
- vaya – repetí – eso no me lo habías explicado…
- es así que te hemos quitado varios muertos que eran en parte responsables de tus enfermedades – siguió – los cuales fueron enviados para perjudicarte…
- y se podían ver en tu monitor esos muertos? – la interrogué…
- sí – dijo secamente e insinuando que no iba a mostrarme nada…
- vaya – comenté sin intensión de insistir…
- sé lo que es un Rayamiento en Palo - continuó – así que te invito a reflexionar si esa iniciación podría serte útil considerando que al hacerla te alineas con un muerto, ante una Nganga, siendo que lo que más ha perjudicado tu salud son precisamente los muertos…

No respondí, pero comencé a darme una idea de lo que significaba “rayarse” mientras ella iniciaba la terapia…

4.
A los pocos días, un viernes para amanecer sábado, fui juradoen Palo Mayombe al estilo africano… de hecho todas mis ceremonias de Osha e Ifa fueron realizadas en esa tradición… después estuve en cama hasta el mediodía, me levanté, me vi en el espejo y por primera vez me descubrí una mirada luminosamente muerta…

Me bañé pensando que la ducha sería dolorosa más fue lo contrario: el malestar era poco, me sentía muy bien, diferente, muerto… y un muerto siempre está tranquilo: así lo percibía y de eso se trataba…

5.
En mi siguiente sesión de medicina cuántica la doctora se dio cuenta de mi Rayamiento por los mbozos que tenía en las manos: se desconcertó por algunos instantes y su semblante se endureció, sin embargo, siguió enchufando cables a su equipo para proceder con la sesión…

En cuanto mi aura se reflejó en su monitor manifestó su asombró…

- tus chakras son perfectos! – festejó…
- vaya – dije…
- y tu aura… bueno… tienes la más hermosa que he visto en todos los años que llevo en los terrenos de la cuántica – exclamó, se quedó varios minutos observando mi astral, hizo algunos ajustes y a saber qué otras pruebas más, pero ignorándome por completo…

Se abstrajo ante el monitor hasta que una llamada a su celular la hizo levantarse y en el descuido vi mi aura en la pantalla: era de color verde y con diversas tonalidades perfectamente delimitadas alrededor de mi cuerpo…

- fue el Rayamiento – señalé cuando regresó… se me quedó viendo y en su rostro percibí confusión, no dijo nada, terminó de hacer las conexiones e inició la terapia…

Fue la última vez que asistí a consulta…

4 de abril de 2016

El muerto pone osbtáculos a quien lo percibe

1.
Ver, sentir y hablar a los muertos conlleva experiencias fuera de lo común (aunque algunos ególatras creen que forma parte de una “misión”), dentro de las cuales hay que mencionar un par de aspectos negativos cuando aún no se controla el don:

a) Padecer el rechazo y la burla de quienes rodean a quien los percibe, escarnio resultado de la estupidez y la ignorancia que en el fondo es un abierto miedo a lo desconocido…

Esto es común sobre todo en Latinoamérica, donde los padres usan el tema de los fantasmas para chantajear a sus hijos o con los niños para contar historias de sustos y sembrar el miedo entre ellos… se debe agregar que el culto a los desencarnados está arraigado en la cultura popular como la mal entendida celebración del Día de muertos…

b) La impresión que provoca ver y escuchar a los muertos, créanmelo, es lo de menos…

El verdadero problema se presenta al negarse a desarrollar el don o no prevenir su bloqueo, pues tenerlo puede ser motivo de acoso por los desencarnados que, sabiendo que se cuenta con él, presionan para que se acepte ser usado como puente entre los vivos y ellos…

2.
Recién expuse que percibirlos es resultado de una habilidad cuyo origen puede estar en vidas pasadas, por lo que es necesario saber el motivo por el que se nace con él, aprender a manejarlo y evitar que nos complique la existencia...

Por qué ese don provendría de una reencarnación anterior?... quizá por la falta de una existencia espiritual evolucionada, por haber abusado de él, porque antes de nacer acordó con su Dios preferido tenerlo, en esta vida lo necesita para solventar algo, etc...

En tal sentido existen variables sobre el tema y no se debe confundir la habilidad de ver, sentir, oler y escuchar a los desencarnados (otra manera de comunicación es a través de los sueños), a ser perseguido por ellos por otros motivos… pondré un ejemplo: debo realizarme obras para quitarme muertos de encima, mínimo una vez al mes, pues Orunmila señaló que por karma siempre estaré acosado por ellos aun sabiendo tratarlos…


Pese a lo anterior debemos saber que sobre nuestro don, los muertos tienen una particular opinión, en ocasiones contraria a lo que pensamos (o queremos para nuestra vida), y sobre este tema ellos rara vez aceptan razones que no sean las que ellos buscan aprovechar…

3.
Tenerlo no sólo implica aprender a vivir con él, la contraparte, los propios muertos buscan a quienes lo poseen y por ello si no se desarrolla o previene la vida de la persona se puede complicar, ya que ellos le saben útil y acosarán a quien lo tiene pues les es necesario para trascender al siguiente plano: requieren quién los escuche, a quién hacer una petición o con quién enviar mensajes a los vivos…

Es aquí en donde los muertos hostigan a la persona para que opten por ser Espiritualistas, Curanderos, Médiums, Muerteros o Espiritistas*… si se acepta la vida puede fluir sin grandes sobresaltos, pero si no se va a desarrollar, los desencarnados no lo dejarán en paz (a no ser que intervenga una tercera persona o se tomen las medidas prudentes)… 

4.
Al ser parte del destino hay un plazo individual para que se manifieste el don de interactuar con los muertos, ya sea de pequeño o adulto… pero veamos qué sucede, por ejemplo, cuando se revela siendo niños:

Los desencarnados son capaces de condicionar la vida de una persona de manera impresionante... cuando se tiene la habilidad a edad temprana pueden orillarlo a que no estudie pues mientras más letrado sea “menos creerá” en esto y él se limitará a suponerlo un fenómeno…

He conocido jóvenes que conforme crecían se les dificultaba estudiar, de ahí que quienes tengan el don apenas terminen la secundaria, o en ocasiones, la preparatoria… pocos son los que terminan una licenciatura y ello, curiosamente, depende de la comprensión que tengan sus padres hacia él y del apoyo que le den para continuar su formación escolar…

Cuando la familia no proporciona sostén (espiritual), los muertos presionarán con obstáculos (falta de oportunidades laborales, accidentes, soledad, burlas y hasta vicios), para que a más tardar en la adolescencia la persona se esté desarrollando… en este sentido las bendiciones que proporcionen los padres ayudan bastante a contrarrestarlos, sobre todo la madre, pues ella está por encima de los caprichos de cualquier desencarnado…


Si bien este acorralamiento puede alcanzar grados de violencia, los desencarnados no lo hacen a la ligera pues a su vez propician el encuentro (bajo extraordinarias circunstancias), entre quien tiene el don y quién será su guía para enseñarle a desarrollarlo…

Vivir circunstancias como la anterior quiere decir que estamos a merced de los muertos?… no, pero recordemos que uno de los principios básicos de la existencia humana es el destino y estos padecimientos obedecen sin remedio a ello… podrían enumerase más escenarios sobre el acoso, pero aún quedan otro tema más importante por tratar…

5.
Irónicamente a los desencarnados les atrae “la luz” astral que provoca tener el don (algunos lo relacionan con el aura), pero es precisamente la elevación de la espiritualidad lo que puede hacer que éstos se alejen si se opta por ignorarlo: no se debe olvidar que los dones son una manera de obligarnos a evolucionar espiritualmente, de aumentar el nivel vibracional a lo largo de nuestra vida…

La decisión sobre si se trabaja una habilidad de este tipo es personal… un asunto es saber que se tiene y otro decidir no usarlo, pero es aquí donde se pueden complicar las cosas: si se opta por no hacerlo se debe tener un plan “B” que contribuya de igual manera a la evolución espiritual: esa opción es la práctica de una disciplina espiritual para que uno pueda controlarlo y a su vez alejar a los desencarnados...

El uso socorrido de talismanes, oraciones, baños de hierbas y demás protecciones es un paliativo para aquellos que deciden mantenerse al margen del contacto con el más allá, opción de la que uno termina por esclavizarse el resto de su vida…

Si es el caso contrario y la persona opta por reconocerlo y desarrollarlo, es primordial que se le sepa determinar si deberá hacerlo como Espiritualista, Muertero, Curandero, Médium o Espiritista, pues bajo ninguna circunstancia estas prácticas son lo mismo, así que se deberá poner atención con quién se consultará el afectado para que no lo manden a transitar por tierras equivocadas…

* no puede dejarse convencer de jurarse en Palo Monte sólo por tener la habilidad de ver y hablar con los muertos, ni se debe coronar Oya por motivos poco claros, pues los verdaderos Orishas muerteros son Yemaya y Olokun... tampoco debe confundirse con estar destinado a iniciar un culto a la Santa Muerte…

19 de julio de 2014

Cómo viven los muertos (2)

dedicado a Maruja Correa de Cuevas: ejemplo de 
integridad, inteligencia y perseverancia...


4.
Le pedí que se tranquilizara: era una joven y guapa modelo que comenzaba a dar sus primeros pasos en la actuación… había llegado a mi casa buscando ayuda porque todo se le estaba bloqueando, se sentía deprimida, había padecido dos accidentes automovilísticos, en su casa sucedían fenómenos extraños y aseguraba que por las noches “alguien” abusaba sexualmente de ella…

- los muertos conviven a diario con los vivos – comencé a explicarle – sin embargo, no necesariamente nos pueden hacer daño: para ello está el aura…
- esa es como una energía que está a nuestro alrededor? – me interrogó…
- esa es la idea que se tiene de ella, pero tiene más funciones: entre ellas ser una barrera que protege nuestro cuerpo y finalmente el alma…
- y si ella nos defiende, cómo fue que lograron dañarme? – cuestionó…
- normalmente los muertos pueden lastimarnos: si nos enfermamos o deprimimos hacen de las suyas pues estamos débiles… pero también se puede hacer un pacto con ellos… darles algo a cambio para que no nos jodan… o “pagarles" para que le frieguen la vida a los demás…
- en serio? – exclamó asustada…
- existen muertos tan cabrones que efectivamente abusan sexualmente de sus víctimas mientras duermen: incluso pueden llegar a matar…
- por eso en ocasiones me despierto y tengo mordidas en los muslos, en los senos o simplemente me arde el trasero??!! – preguntó con una extraña mezcla de terror y vergüenza…
- más que preocuparte por eso, mejor piensa que estamos a tiempo para evitar que este desencarnado te joda más la vida…
- quiero que se vaya ese muerto – dijo con firmeza…
- se irá – la tranquilicé - ahora sólo dime: quieres alejarlo con Santería o con Espiritualismo?
- la Santería me da miedo – reconoció – yo vine porque me dijeron que usted es Curandero…
- sí, pero también Muertero, Santero, Mayombero y otras cosillas…
- quiero al que es Curandero – pidió…
- esto es lo que haremos…

El día señalado para hacer las obras ella pasó a recogernos y nos encaminamos al Estado de México: ahí había un panteón que se prestaba a la perfección para trabajar… durante el camino la mujer confesó que había hablado por teléfono con el amigo que la recomendó con nosotros, quien le dijo no entender por qué la íbamos atender diferente a como “lo curamos” a él…

- porque en tu caso quieren que ruede tu cabeza – le respondí, lo que hizo que el resto del viaje permaneciera callada…

Una vez que llegamos le pedí que estacionara su camioneta detrás de un tupido grupo de árboles… nos bajamos y saltamos una pequeña barda por la parte trasera del panteón para no llamar la atención… en ese momento le advertí que no preguntara nada, que no perdiera el tiempo con miedos y lo más importante: todo se haría con rapidez…

Así que ahí estábamos los tres caminando entre tumbas: ella llevaba una bolsa de plástico con una muda de ropa, yo cargaba dos cubetas y una caja de cartón, mi esposa tenía en un morral diversos materiales…

Llegado un punto les indiqué que nos detuviéramos frente a una capilla, la cual nos escondía perfectamente de cualquier mirada indiscreta: les pedí que me esperaran ahí… desparecí y a los pocos minutos regresé con las cubetas llenas de agua muerta…

Mientras me acercaba vi que sobre su espalda la joven tenía una inmensa sombra negra que envolvía parte de su cuerpo con sus largos brazos, en una posición que me hizo recordar lo complicado que suele ser desenredar los nudos que tejen los marineros: el muerto la tenía completamente aprisionada…

- estás lista? – le pregunté…
- qué vamos hacer? – preguntó asustada, más no le di tiempo de decir más y vacié a bocajarro el contenido del primer balde sobre su cabeza… hice lo mismo con el segundo, le di la espalda y cerré los ojos mientras mi esposa cumplía la segunda parte de la obra: le ayudó a quitarse toda la ropa mojada y pasó sobre su cuerpo varios trozos de carne cruda… después la joven se visitó con la ropa seca…

Posteriormente saqué el animal de la caja, lo sacrifiqué y vertí su sangre mientras mi esposa tomaba los materiales y hacía un círculo con ellos a su rededor… dije en voz alta un rezo, recogí las cubetas, las bolsas de plástico, la caja y las apresuré a salir del panteón… subimos a la camioneta, pero apenas y la encendió ella la apagó…

- no puedo manejar – dijo – tengo frío y mucho sueño…
- cámbiate al asiento de atrás – la apresuré, ocupé su lugar al volante y discretamente salimos del poblado…

Nos dirigimos a mi casa para hacer otras obras que nos tomaron un par de horas más… una vez que concluimos la paciente preguntó sobre todo lo que habíamos hecho… le expliqué únicamente lo que debía saber…

- o sea que me morí? – preguntó…
- así es…
- y ese muerto malo no descubrirá que es un engaño? – inquirió…
- se tardará en darse cuenta, pero cuando lo haga será muy tarde: no podrá salir del panteón – la tranquilicé…
- en serio? – cuestionó asombrada…
- precisamente para eso es todo lo que se puso alrededor: es una trampa… algo así como una ratonera…

La mujer se quedó pensativa durante un par de minutos hasta que finalmente sonrió…

- o sea que ya terminó mi infierno? –preguntó mirándome a los ojos…
- sí – respondí… me puse de pie, tomé de mi librero una pequeña caja y se la entregué – esto es una protección para ti…
- en verdad? – preguntó sorprendida, la abrió y sacó el objeto, le brilló la mirada – es muy hermoso…
- colócalo a un lado de la puerta de tu casa… por dentro – le indiqué – con eso por más que te vuelvan a mandar muertos, en cuanto entres se quedarán afuera llenos de miedo…
- gracias – dijo mientras se le llenaban los ojos de lágrimas…

5.
Me desperté poco después de las tres de la madrugada inquieto por el extraño sueño que había tenido: estaba en una antigua casa en un poblado abandonado, en donde me acompañaban mi abuela materna y uno de sus hijos, ambos ya fallecidos en la vida real… era de noche y no contábamos con ningún tipo de iluminación… ellos insistían en salir de la casa pese a que yo les pedía que esperaran a que se le diera luz a sus almas… pero me ignoraban: el ánima de mi abuela salía, mientras que la de mi tío si bien dudaba, terminaba por seguir a su madre…

Comenté el sueño con un amigo Babalowo, el cual me explicó que pese a los ofrecimientos de darle luz a las almas de mis familiares difuntos, ellos se negaban a recibirla: me sugirió colocar fotos de ellos dentro de la Bóveda espiritual…

Así lo hice una mañana, recargando sus respectivas fotografías sobre copas con agua, loción florida, cascarilla, agua bendita y encendiendo una veladora color blanco…

Sin embargo, al siguiente día la veladora estaba apagada y la copa donde estaba la foto de mi abuela estaba estrellada, así que decidí cambiarla… la quité, puse otra y me disponía a llenarla, pero sin que alguien la tocara se cayó y se rompió: en ese momento sentí una mano fría recorrer mi espalda…

Solté una carcajada, fui por otra copa nueva para mi abuela, la puse de nuevo en la Bóveda espiritual y me le quedé observando en espera de que “sucediera algo”… nada, así que decidí ir por el loción florida, la cascarilla y los demás ingredientes para llenarla, pero apenas y había dado un par de pasos cuando la copa salió volando de la mesita y se fue a estrellar contra mi pierna derecha…

- aay Doña Luisa – exclamé – siempre haciendo de las tuyas…

Opté por sacar a mi abuela de la Bóveda espiritual… a partir de ese momento las copas dejaron de romperse y las veladoras de apagarse… curiosamente la foto de mi tío sigue ahí: él nunca se ha quejado de ello…

6.
- Necesitamos trabajar con un muerto – dijo mi padrino – ya te expliqué cómo conseguirlo: así que ándate a buscarlo a la calle y me lo traes…

Colgué, le dije a mi esposa que teníamos un encargo y le expliqué de qué se trataba…

- busquemos alguna salida por carretera – propuso - ahí hay muchas cruces de gente que ha fallecido en accidentes…
- podría ser – dije – pero y si mejor buscamos un muerto enojado y en un lugar más cercano?
- en dónde lo encontramos?
- por alguna colonia fea… donde hayan muerto delincuentes…
- es mucho riesgo – advirtió…
- lo sé, pero ya verás dónde levantamos uno rápido – propuse – vámonos a la colonia Doctores…
Mi esposa puso cara de extrañeza por mi sugerencia, ya que ese barrio es uno de los más peligrosos de la ciudad, legendario no sólo por ser colindante con la tristemente Colonia Buenos Aires (famosa por haber padecido el asesinato de seis jóvenes en septiembre de 1997), sino porque en él están todos los comercios que se dedican a la venta de autopartes robadas, al tráfico de drogas y la violencia y los tiroteos son algo cotidiano…


Vi la hora y eran las 4 de la tarde, así que con la luz del sol estábamos en una ventajosa situación para buscar a un muerto… nos subimos al auto, coloqué unas monedas sobre el tablero y nos encaminamos hacia el temido barrio…

Tardamos en llegar a consecuencia de un inexplicable embotellamiento, así que en cuanto nos adentramos por sus peligrosas calles ya pasaban de las 5:30… le pedí a mi esposa que se colocara al volante para poder dedicarme a ver en dónde había un muerto al que pudiéramos llevarnos…

Mientras más avanzábamos más se escondía el sol… comencé a temer que mi decisión hubiera estado equivocada, pero la videncia me había dicho que era la zona correcta…

- da vuelta a la izquierda en la calle que sigue y luego a la derecha – pedí a mi esposa mientras pasábamos a lado de un grupo de borrachos que con navajas en mano discutía violentamente…
- estás seguro? – me inquirió…
- confía en mi videncia - le dije y ella sonrió…

Al llegar a la avenida Doctor Vertiz dio vuelta a la derecha como le pedí, quedando los últimos rayos del sol dándome directamente en la cara… seguimos varias calles, a veces avanzando y en otras deteniéndonos por la luz roja de los semáforos… y fue en uno de esos cambios a la luz verde, coincidiendo con el último destello de luz antes de que callera la tarde, que lo vi: estaba parado en medio del callejón sobre una vistosa cruz color azul clavada en el concreto, parecía que estaba esperándonos, miraba hacia nuestro auto, era la silueta de un hombre de edad madura… le calculé unos 55 años, delgado, con barba de varios días, pantalón de mezclilla y camisa de cuadros, zapatos finos y con un hoyo en el ojo izquierdo de donde se percibía sangre seca…

Le pedí a mi esposa que detuviera el auto, tomé las monedas, los enseres y me bajé presuroso… crucé la calle, me detuve frente a él, cruzamos miradas y con un leve movimiento de cabeza asintió… dejé el dinero frente a la cruz, saqué los utensilios e hice el ritual, regresé al coche y pedí a mi esposa que arrancara: calculo que no fueron más de dos minutos en todo el proceso…

- los muertos siempre tienen como referencia el sitio donde mueren – dije – vayan o vengan finalmente terminan regresando al mismo lugar hasta que alguien los rescata…
- puede ser – se quejó ella - pero por lo pronto para “este muertito” la única referencia que tiene es el asiento trasero de nuestro auto…

Volteé hacia atrás y efectivamente vi que la figura del desencarnado estaba ahí, mirándonos fijamente, mientras esbozaba una maliciosa sonrisa… percibí que quería hablar conmigo…

- ni lo intentes – le advertí – no me interesa tu vida ni por qué te mataron… hicimos un trato: se cumple, te damos luz y cada quien sigue su camino – asintió - además tápate el ojo – agregué – no trates de chantajearme con la herida que te provocó la muerte – tras lo cual el desencarnado puso una de mano sobre el orificio, por instantes su figura se esfumó y cuando reapareció su rostro “se veía” completo…

Irónicamente el tráfico desapareció, llegamos rápido al Templo espiritual de mi padrino y cuando estacionamos el auto el asiento trasero estaba vacío… entramos, saludamos a todos y entregamos lo pactado con el muerto: mi padrino sonrió…

Sobre una mesa ya estaba preparada una gran lengua de cerdo dentro de una olla de barro… mi padrino se me quedó viendo…

- te toca – soltó burlón…
- no sé cómo se hace – le dije…
- pues ahorita aprendes – me avisó y comenzó a explicarme mientras me señalaba cada uno de los frascos con diferentes contenidos que se encontraban a lado de la cazuela…

Mientras hacía los preparativos el muerto se plantó frente a mí… cuando terminé mi padrino decidió que no sólo trabajaría en lo que él necesitaba, sino que todos los presentes podíamos hacer peticiones para que el desencarnado se encargara de realizarlas por el pago que se le entregaba: nos entregó trozos de papel estraza para hacer nuestras respectivas anotaciones… unos 30 minutos después activé el trabajo, pero tuvimos que esperar dos horas hasta que se consumió…

En nuestro caso lo que solicitamos se resolvió en 9 días…

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