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28 de octubre de 2022

Desenterrando brujería

 


1.
Estaba parado frente Rosa, la joven delgada, con ojeras y sin luz en su mirada, paciente a la que mi amiga, la Curandera Raquel, estaba atendiendo en su templo espiritual de una brujería que estaba destrozando su vida y la de su familia
 
Miré que reloj de mi teléfono marcaba las 11:05, Raquel me hizo una señal, comenzó a respirar agitadamente y coloqué el ramo de limpia sobre la cabeza de Rosa. Cerré los ojos y busqué la conexión espiritual con el Guía espiritual de la Curandera.
 
Si bien previamente conversamos durante varios minutos sobre lo que haríamos, aún estaba por verse a quién de sus guías canalizaría, lo cual en unos instantes quedó claro.
 
—Bienvenido seas hermano — saludé.
—Y de esa bienvenida recubro tu mente, espíritu y corazón — respondió y sin dar tregua, avisó — vayamos a buscar ese hechizo que atormenta el alma de la pequeña — me ofreció su mano, lo observé y su bellísima luz azul me maravilló una vez más.
 
Sonrió manteniendo su mano extendida, la tomé, mi espíritu se desincorporó y comenzamos a caminar en silencio.
 
2.
Cuando se está ante un guía espiritual de tal importancia, no caben las conversaciones sosas, nada de: “¿Cómo andas las cosas por allá?”, tampoco “¿Qué cuenta el creador?” ni mucho menos “¿Has visto a Jesucristo, le has preguntado cómo se siente reencarnar?”.
 
No hay necesidad de hablar si ellos no lo hacen.
 
3.
—Pequeño mío, no temas ni dudes de lo que atestiguarás en esta alba bendita — se refirió a mi sin ánimos de minimizarme, lo hacía con tono paternalista — verás situaciones que creerás son distintas a las que has vivido, pero son igual a lo que has trabajado espiritualmente antes.
—Benditas tus palabras, hermano, pero no tengo dudas sobre lo que haremos.
 
Sonrió.
 
Caminamos uno al lado de otro, cruzando algo parecido a una zona desértica en la que la tierra agrietada, los arbustos semisecos y los lejanos cerros me hicieron recordar la sierra del estado de Puebla.
 
—Estás débil, pequeño mío — señaló — deberías tratar de dormir mejor.
—Lo intento, pero…
—… piensas demasiado, tratas de entender tantas cosas… a veces todo — me interrumpió — mas debería quedarte claro que lo que criticas de tus hermanos no es asunto tuyo, lo que sucede en tu mundo, lo que ves y oyes, no lo juzgues porque el creador sabe lo que hace y ni tú ni nadie conseguirá concebirlo.
—Sí, pero…
—Todo tiene una razón de ser… hasta lo que llaman maldad requiere un espacio entre ustedes para actuar.
—De acuerdo — cedí, no porque no quisiera discutir, sino porque cuando hablas con un Guía espiritual no solo lo hacen con palabras, sino también con imágenes mentales que te dejan claro a lo que se refieren.
 
4.
Ahora cruzábamos grandes extensiones de cultivos de sorgo bajo lo que podría decirse “un sol inclemente”, sin embargo, no hacía calor ni había molestia en la piel por los rayos, y en consecuencia, tampoco hambre, ni cansancio tras varias horas de marcha. Y quizá lo más interesante: durante todo el trayecto realizado, y el que aún faltaba, atravesamos diversos paisajes con los más variados climas y nunca nos cruzamos con alguna persona, insecto o animal ni vimos edificación humana alguna, todo era exclusivamente vegetación.
 
Eso sí, el color de todo lo que estaba a la vista era diferente a lo que los seres humanos estábamos acostumbrados a ver, tonos que mostraban su verdadera esencia. Estaba en el mundo astral, la vida paralela que la gente no está interesada en percibir por vivir en las obsesiones y egoísmos de la vida diaria.
 
Miré de reojo al Guía y de nuevo quedé maravillado: era un indio corpulento, de más de dos metros de altura, con ropas aborígenes, anteriores a la época prehispánica. Su cabello era largo, su piel morena rojiza y sus facciones completamente refinadas, nada que ver con lo que pintan en los libros de historia escolares para hacernos creer que nuestros ancestros siempre fueron incultos, chaparros, obesos y lampiños.
 
El mestizaje, siempre lo he dicho, fue una putada.
 
—Seguramente te preguntas, pequeño mío, por qué tenemos que venir desde la choza de la presencia hasta acá a buscar eso que ustedes llaman brujería, cuando podríamos localizarlo con tu videncia y desactivarlo con las artes que nos ha transmitido el Maestro.
—Me lo cuestiono, sí — reconocí.
—Cuando descubres con clarividencia dónde está el trabajo negro, en ese momento pones en alerta a los vigilantes de que vas a deshacerlo, de ahí que en ocasiones los rompimientos no funcionen o que tras deshacer uno de esos hechizos se active otro.
—Entiendo.
—En este tipo de batallas, pequeño mío, el general, cómo lo llamarían ustedes para explicar, está a la espera de que el enemigo llegue surcando los aires, por eso caminamos. ¿Está claro?
—Entiendo — acepté de nuevo.
 
Luego de un largo tramo en silencio, el Guía señaló.
 
—Te noto maravillado — dijo ante mi asombro por la belleza de los paisajes en los que incursionábamos.
—Son hermosos.
—¿Cuándo fue la última vez que tus pasos transitaron por los 7 mundos espirituales? — me interrogó.
—Hace mucho… iba de la mano de Felipe. Yo aún era niño.
—Claro, el Curandero — dijo con una mezcla de ternura y respeto, para luego avisar — algún día conocerás los 10 cielos… tus ojos quedarán atónitos.
 
5.
Cruzamos un llano y llegamos a la entrada de una tupida selva. Sin darme cuenta cómo llegó, pero a lado del guía ya se encontraba un gran perro color negro en actitud alerta.
 
—Invoca a tu explorador — pidió.
—¿Es necesario? — cuestioné.
 
El guía se giró hacia donde yo estaba de pie y me miró con ternura.
 
—Sé que nunca lo has usado, pero ha llegado la hora — señaló.
—No lo necesito — respondí con la mayor de las humildades.
—Los perros, al igual que todos los animales, tienen una función.
—Sí, hacer estúpidos a sus dueños.
—Me refiero a un papel, pequeño mío, una encomienda en el mundo espiritual… por alguna razón tú tienes uno.
—Si estás de acuerdo, usaré el explorador que me fue entregado hace poco — propuse.
 
El indígena asintió sin borrar la sonrisa amable de sus labios. Levanté el brazo derecho, solté un suave silbido y de inmediato se materializó la inmensa ave.
 
Observé al perro. Era hermoso y de una raza que no pude identificar (bueno, tampoco es que me interesen esos jodidos animales). Me quedó claro que al ser un explorador espiritual nunca la adivinaría. Cómo sea, se mantenía erguido y se comportaba seguro, con la cabeza y las orejas levantadas, nada de las actitudes sosas de los perros vulgares, quienes brincan como de un lado a otro y mueven el culo para llamar la atención de su dueño. Este era un ejemplar único.
 
Mientras lo contemplaba el Guía hacía lo mismo con mi explorador, quien blandía ocasionalmente sus alas, como si se las mostrara, no para presumirlas, sino para recibir su aprobación.
 
—Me lo dio tu hermano — aclaré.
—Lo sé, es especial… impone — dijo, sonrió satisfecho y avisó — empecemos.
 
El guía hizo un leve chasquido con la lengua y el perro se lanzó hacia la maleza, de inmediato hice un silbido diferente y mi ave lo siguió aleteando silencioso.
 
—En 60 latidos iremos tras de ellos, pequeño — avisó — tendrás 180 más para entrar y sacar la maldad. No la vas a romper, no la vas a deshacer: la vas a tomar con la mano izquierda, la colocarás dentro del macuto de yute, te lo cuelgas en la espalda y saldrás sin mirar hacia atrás, aunque oigas ruidos, te llamen por tu nombre o escuches una voz conocida — explicó, tras lo cual me entregó algo parecido a un morral.
—Entendido.
 
6.
Nos adentramos, caminando sin prisas, entre árboles y matorrales, entre los que identifiqué cambray, jagua, ceiba, palma, caoba y caucho, así como arbustos y otras plantas, mas a cada paso la luz del sol se dilataba hasta que en algún punto parecía había anochecido, sin embargo, la luz que irradiaban nuestros exploradores marcaban claramente el camino a seguir.
 
Finalmente llegamos a un claro que era iluminado perfectamente por la energía del perro y mi ave, como si arriba de él hubiera un inmenso reflector. Ambos animales nos observaron, el Guía siguió al suyo mientras el mío marcaba mi camino, hacia docenas de árboles y palmeras que ante mis ojos se transformaron en un antiquísimo cementerio.
 
Llegué a la entrada, empujé una deformada verja para entrar y a partir de ese momento tenía tres minutos para cumplir con mi parte. Comencé a trotar, siguiendo a mi ave, quien no tardó en encontrar la catacumba donde estaba enterrada la brujería, lo vi de lejos escarbando con las garras en el suelo, así que cuando llegué lo único que tuve que hacer fue meter la mano, sacar una caja, supongo de madera, envuelta en un paño negro; la metí en la mochila, me la colgué a la espalda y salí trotando de nuevo, en realidad corriendo, preocupado por el tiempo que disponía, siguiendo a mi explorador y mientras a mis espaldas, obviamente, escuchaba una inconfundible voz femenina gritando mi nombre.
 
7.
Cuando volví al claro el Guía espiritual ya estaba ahí esperándome y sonriendo. Iniciamos el regreso sin decir nada. No me hizo preguntas y yo tampoco lo interrogué sobre lo que él hizo ni realicé comentarios sobre lo mío. Contrario a lo sucedido antes, conforme avanzamos los rayos del sol conseguían penetrar de nuevo el follaje de los árboles, por lo que no tardamos en salir de la jungla.
 
Conforme caminamos nuestros respectivos exploradores se fueron diluyendo. Finalmente volvimos a la zona desértica, donde al llegar al pie de un monte el Guía me pidió la mochila, la cual apenas y recibió la dejó caer en un profundo agujero que al parecer alguien había excavado exprofeso para enterrar la brujería, todo esto sin que nos detuviéramos.
 
Un rato después, tras desandar el camino recorrido, estábamos de regreso en el templo de Raquel, con ella en la misma posición. El guía entró a su cuerpo, mi amiga se puso de pie, aún en trance, con Rosa frente a mi y el ramo de limpia a sus pies.
 
Posteriormente entregué a Raquel diversos materiales, conforme los pedía el Guía, para que continuara con la sanación. Una vez que terminó pidió mi presencia.
 
—Pequeño mío, recuerda nuestra conversación: deja de tratar de entender la forma en la que el creador edificó este planeta y las verdaderas leyes con las que se rige la convivencia entre sus habitantes.
—Sí, hermano.
—Pon tus manos juntas y extendidas frente a mi — pidió, me entregó tres dones, dejó uno más para Raquel (el cual yo debía colocar en su cabeza en cuanto recobrara la conciencia) y se despidió.
—Bendita tu caridad, hermano — respondí cumpliendo con el protocolo espiritual — Luz y progreso para tus caminos.
 
Raquel salió del trance, suspiró, recargó el peso de su cuerpo en la orilla del alar, se me quedó viendo, obviamente cansada, pero dijo lo mismo acerca de mi.
 
—Calculo que fueron unas 3 horas las que estuvimos trabajando astralmente — comenté.
—Para nada — intervino Rosa — no fueron más de 5 minutos.
 
Se veía rejuvenecida, sonreía y su astral brillaba de nuevo. Pagó su consulta, se despidió y salió alegremente del templo. Raquel me observó e insistió en que me veía realmente agotado.
 
—Deberías verte en un espejo — me burlé.
—Cuéntame con detalle qué sucedió — pidió sentándose en una silla y señalando otra para que yo hiciera lo mismo.

8 de noviembre de 2019

Emillio, el sanador espiritual y vidente


En memoria de Emillio*, uno de los Sanadores espirituales y videntes más asombrosos del planeta. Para entender el contexto de la anécdota, leer primero: http://basurerodealmas.blogspot.com/2013/03/mi-vida-en-la-santeria-4-me-borraron.html

1.
Una mañana recibí la llamada de T (amigo mío, Sanador espiritual y compañero de trabajo).

- mi estimado – saludó efusivo como siempre.
- salud, embajador de la oscuridad – me burlé aludiendo al apodo que alguien nos puso en la oficina, junto con R (un practicante de Reiki),  que al vernos juntos nos definió como “Los tres Ministros de las Iglesias oscuras”. Ambos soltamos la carcajada.
- ¿interrumpo algo? – preguntó.
- pueeees – le di a entender que no estaba solo.
- te explico rápido: necesito que me hagas el favor de presentarme a un Curandero para que me desatore un problema.
- ¿tú, pidiéndome ese tipo de ayuda? – exclamé, sorprendido, pues él fue de los primeros en criticar mis iniciaciones en Palo y Santería.
- ya te contaré – atajó - ¿conoces a alguien que sea de tu confianza?
- claro – lo tranquilicé – en breve te mando un mail con los datos de un conocido que vive en la colonia Observatorio.

No me contó los detalles como prometió, pero de ello me enteré por R: me llamó al siguiente martes por teléfono para decirme que estaban por llegar al Templo espiritual para “realizar las obras que le determinaron a T” (debí poner atención a esa frase).

Al poco obtuvo una jugosa jubilación y por meses le perdí la pista. R me dijo que Emilio, el Guía espiritual de T, llegaría de Filipinas para cumplir su visita anual al país.

2.
Ya en méxico, tras terminar el primer día de sanaciones (era lunes y tuvieron gran cantidad de pacientes, como nunca), Emilio pidió a T lo acompañara a su hotel, solicitando a D (su representante y administradora del Centro Espiritual donde se sanaba) se fuera a descansar pues debían tratar temas personales.

D, una chilena obsesionada con controlar a detalle sus visitas, aceptó de mala gana mientras yo, que me había acercado esa noche al Centro a saludar a Emillio, vi que antes de terminar esa semana sucedería algo que cambiaría el destino de todos (lo que sucedió esa noche, y los siguientes días, me lo contó luego T y lo ratifiqué con mi videncia).

3.
- te voy a compartir un tema personal – dijo Emillio apenas y entraron en la espaciosa habitación del hotel ubicado en la colonia Roma.
- a tus órdenes – ofreció T, más quedaron en silencio durante unos minutos mientras Emillio preparaba té. Tras servirlo se acomodó en uno de los sillones para quedar frente a frente.
- seré directo para no generar un melodrama – avisó y T vio que de su cuerpo se desprendió un halo de luz durante un instante, tras lo cual el Guía se mostró avejentado, encorvado, flaco y pálido, a comparación de la fortaleza que mostraba instantes antes.
- dime – lo invitó conteniendo el asombro por lo que había presenciado.
- he venido a morir aquí – soltó sin alterarse – ha llegado la hora… me han dado oportunidad de escoger en dónde y elegí tu país pues aquí hay conocimiento milenario y en algún momento la nueva espiritualidad que cambiará el destino de la humanidad saldrá de estas tierras.


- pero… - intentó decir algo T, acongojado, pero el Guía alzó la mano indicándole que se mantuviera en silencio.
- sin dramas, pedí… terminaremos los cursos y consultas el viernes, tal como está programado y lo demás sucederá el sábado: vine sin boleto de avión para regresar a Filipinas.
- ¿qué necesitas? – le preguntó.
- será el sábado en la noche y estarás presente, junto con D: lo único que te pido es que no permitas que me hospitalicen, no traten de hacer de mi destino algo inevitable – pidió y los dos quedaron en silencio.
- sé que tienes problemas – dijo Emillio al cabo.
- sí… - titubeó T, más por la vergüenza que por la sorpresa de saberse descubierto “de algo” que hasta ese momento nadie sabía, aunque supuso que los esfuerzos realizados para hacer sanaciones habían sido suficiente señal para saberlo: no recibía energía universal, usó la suya.
- no debiste buscar a un Santero para solucionar tu problema – señaló – y aunque te haya resuelto, las consecuencias están a la vista.
- ¿qué quieres decir? – preguntó T asustado.
- debiste hacer oración… pedirnos ayuda – siguió – o haberte atendido con el Curandero que te recomendó tu amigo.   
- es Curandero y Santero a quien me recomendaron: me iba hacer “una limpia”, pero me explicó que sus Santos solucionaban más rápido y…
- no digas más – lo atajó – has perdido tus dones, el mundo espiritual te ha dado la espalda pues apelaste a demonios para obtener riqueza… y dada mi inminente partida no puedo hacer nada por ti.

Ambos se mantuvieron en silencio: Emillio observando a T, mientras él, sin salir de su asombro, no quitaba la mirada del suelo - meditemos – le propuso y encendió un incienso. Mi amigo levantó la vista y descubrió que había recuperado la condición física normal. Se sentaron en posición de loto.

Y sí, el sábado por la noche el Guía tuvo un infarto apenas y llegaron al hotel tras pasar todo el día (junto con D, T y algunos allegados), recorriendo las pirámides de Teotihuacán, más contrario a lo solicitado D insistió en internarlo, prolongando su agonía hasta el lunes en que fue declarado oficialmente muerto.

4.
He de reconocer que me entristeció la muerte de Emilio. Si bien no teníamos ningún vínculo espiritual, su comportamiento cotidiano era un ejemplo de ética que ojalá muchos guías espirituales optaran por seguir.

Algunas veces me compartió secretos sobre la Sanación espiritual, cosa que no tenía que hacer ya que yo no era discípulo suyo, pero sobre todo por la cautela que tenía hacia todo aquel que trabajara con muertos, mas supongo que “algo vio” que me llevó a ser la excepción: sus consejos cambiaron mi forma de entender el dolor de la gente y mejoraron en muchos sentidos mi forma de trabajar la Sanación de almas.

5.
Tiempo después hablé con T tras enterarme del deceso de su madre (vivía con ella tras un desastroso matrimonio sin hijos). Me contó sobre su extraña muerte y de otras novedades, como que ahora vive en el norte del país.

Al llegar al tema de la pérdida de sus dones, noté un leve tono de queja (de alguna forma reclamando por mandarlo con un Santero, pero olvidando que yo lo recomendé con el Curandero), más nunca lo dijo directamente: opté por no confrontarlo y dejarlo a su conciencia**.

Antes de despedirse me dijo que tras los nueve días de luto obligatorios, luego del entierro de su madre, comenzaría a meditar y hacer oración para recuperar sus dones: “estoy seguro de que lo conseguiré”, afirmó antes de colgar… Lo dudo. 

* por obvias razones ya se puede citar su nombre.
** tiempo después, platicando con R, el Sanador que acompañó a T hacer los ebosses, me dijo que dudaba de la desaparición de sus dones pues él también hizo obras con Santería, incluso recibió elekes y mantenía los suyos sin ninguna alteración.

13 de julio de 2014

Cómo viven los muertos (1)


Antecedentes:

Un viernes de marzo de este 2014, en el Museo Casa del Risco, J.J. Benítez presentó su libro número 57 titulado: "Estoy Bien, el más allá nunca estuvo tan cerca"…

J.J. Benítez es un periodista, escritor e investigados de origen español, autor de la conocida serie de libros “El caballo de Troya”, quien vino a méxico para promocionar su nuevo texto en el que recopila 160 testimonios de personas que han tenido contacto o recibido noticias de familiares o amigos fallecidos…

Una vez que el autor terminó con la presentación del texto y atendió durante una hora la sesión de preguntas y respuestas, tuve oportunidad de tener con él una conversación que obviamente derivó en el muerterismo, don que el propio J.J. Benítez desconocía que existiese…

Dado el apresuramiento de su editora y por lo avanzado de la noche, el escritor me propuso vernos en agosto (mes en que piensa regresar al país), para tener una plática con más tranquilidad sobre el tema, pero mientras tanto me solicitó le escribiera algún testimonio relacionado con el tema de “los muerteros” y cómo éstos interactúan con los desencarnados…

Pasadas un par de semanas decidí escribir una anécdota para atender la solicitud de J.J. Benítez (misma que se incluye aquí) y la cual le envié por correo electrónico… sin embargo, la inquietud sobre los encuentros con los muertos permaneció, por lo que opté por seguir desarrollando el tema, pero tratando de enfocarlo hacia lo que en su momento considero son señales (algunas muy sutiles cuando no están en plan de joder), que las ánimas envía sobre la manera en la que “viven” paralelamente a nosotros…

He aquí algunos testimonios…

1.
Estando en la adolescencia y teniendo mis primeras visiones de los muertos, me enteré que un grupo de primas había estado “jugando con la ouija” a escondidas de sus padres…

Según me contó una de ellas, cierta noche en que la habían estado consultando y una vez que llegó a su casa a dormir, los cajones de su cómoda comenzaron abrirse y a cerrarse sin que nadie los tocara…

Posteriormente sucedieron otras manifestaciones no sólo con ella, sino con sus padres y su hermano, como escuchar carcajadas o gritos, ser golpeados en la espalda o pies, padecer empujones en las escaleras con dramáticas caídas e inexplicable movimiento de muebles, por lo que asustados decidieron buscar con familiares y conocidos alguien con experiencias parecidas que les compartiera cómo lo habían solucionado…

Fue un tío quien les sugirió consultaran con una Espiritualista que hacía años había resuelto una situación parecida… la buscaron, le plantearon los sucesos y fueron sometidos a un intenso interrogatorio en búsqueda de información, destacando que la mayoría de los fenómenos se daban en objetos de madera… la mujer propuso hacer una visita a su casa, acordaron la fecha y ese día estuve presente…

- aquí hay un muerto – dijo la Espiritualista, la cual había llegado acompañada por su hija…
- algo así nos imaginamos – reconoció el padre – mi hija estuvo consultando la ouija y después de un tiempo comenzaron a suceder las cosas que le comentamos…
- ese tablero es una puerta al más allá… consultarla equivale abrir un portal del que no sabemos que saldrá hacia nuestra realidad – explicó - pero eso sí: nada de lo que provenga de ahí será bueno…
- y qué se puede hacer para quitarlo? – preguntó la mamá de la joven…
- debo decirles que este muerto fue en vida trabajó la madera, quizá un carpintero, por eso es que se manifiesta a través de ese material: algo quiere decirnos, pero sea lo que quiera a los muertos se les da la luz para que sigan con su camino: todos buscan lo mismo y por más motivos que tengan, los desencarnados no tienen derecho a molestar a los que aún estamos en vida buscando la manera de evolucionar…


- tiene usted razón: hacía poco me invitaron a cenar mis tíos – intervine – y en algún momento ese muerto tocó tres veces en la mesa… yo toqué también tres veces… volvió a tocar y yo con golpes le recordé su origen materno… y él hizo lo mismo!
- hay cosas que no se deben hacer – comenzó su explicación la mujer – una de ellas es creer que porque la gente no les muestra miedo entonces se van a ir: hacerlos enojar resulta contraproducente…
- y qué propone que se haga para alejarlo? – preguntó mi tío…

La mujer recorrió la gran casa invirtiendo bastantes minutos en cada habitación, aunque solo se limitaba a observar: era una vieja y amplia residencia que fue construida por el suegro de mi tío y que dividida en dos, la familia compartía con su aún viva suegra… finalmente propuso realizar nueve limpias usando ciertos materiales…

Por circunstancias que no vienen al caso mencionar, no pude asistir más que a la novena sesión (la última) y lo que presencié quedó grabado para siempre ante mí mirada de adolescente…

Pasaban de las ocho de la noche cuando todo comenzó: la mujer, su hija y el tío que las recomendó comenzaron las labores encendiendo un anafre, separando hierbas, blanquillos, piedras de alumbre, inciensos y otros materiales… posteriormente se hizo una limpia con hierbas a todos los presentes y una vez terminadas todo aquel mueble de madera que había en la casa correspondiente a mis tíos comenzó hacer ruidos: las puertas y cajones se abrían y cerraban sin que nadie las tocara, varios objetos salieron “volando” para estrellarse en las paredes o en el piso, los muebles y mesas tronaban, incluso algunos de los presentes sufrieron empujones o golpes en la espalda (aunque leves)… por si no fuera suficiente una torrencial lluvia se soltó y escandalosos truenos sonaban desconcertándonos a todos…

Ante la obscuridad la Espiritualista pidió velas, mismas que fueron encendidas en cada habitación… ella encendió un gran velón y pidió que recorriéramos la casa detrás de ella mientras rezaba con devoción… llegamos a la planta alta, entramos a la recámara de mi prima y la lluvia y los rayos arreciaron, más la mujer no se asustó: se mantuvo haciendo en lo suyo y curiosamente, cuando al parecer la expulsión del desencarnado había terminado, las velas y el velón se apagaron al mismo tiempo, dejándonos a oscuras por instantes antes de que la corriente eléctrica regresara…

Posteriormente, menos asustado, concluí que la falta de luz y la lluvia fue circunstancial, pero para el origen de los golpes, caída de objetos y demás no encontré otra explicación más que el enojo del muerto…

Debo reconocer que estaba sorprendido: esas cosas sólo las había visto en las películas de terror y lo que presencié fue algo muy cercano a ello… pero tras esa última limpia los fenómenos desaparecieron, regresando la vida de mis familiares a la normalidad… pero algo me llamó la atención: tras solucionar aquel problema, la Espiritualista y su hija cortaron todo contacto con mis tíos…

2.
Un domingo por la noche estaba en el Templo espiritual de un amigo Curandero, en una inicial visita social en la que terminé ayudándole con algunos pacientes…

Le tocó el turno a una mujer que iba acompañada por dos niños, la cual se colocó frente a mi amigo en el momento en el que él ya estaba pasando a su Guía espiritual: según ella padecía fuertes dolores en el cuello y espalda, no podía dormir, en su casa se escuchaban ruidos extraños, la comida se pudría rápidamente y sus dos pequeños lloraban por cualquier motivo…

El guía de mi amigo, sin que ella lo hubiera mencionado, le preguntó por qué traía gran pleito con sus hermanos, a lo que respondió que tras la muerte de su madre ellos dispusieron de sus pertenencias sin haberle compartido nada, pretendiendo también vender la cripta donde residían sus abuelos paternos, cosa que ella rechazó, pero era tanta la insistencia en la venta que ella “se les había adelantado, quitó la cruz de la tumba y la llevó a su casa para venderla más adelante”: yo tuve que reprimir una carcajada ante tal idiotez…

El Guía le dijo a la mujer…

- para qué te desgastas en esos pleitos, mi pequeña?…
- no voy a permitir que ellos se queden con todo - dijo retadora…
- si hay alguna injusticia encomiéndale a Dios que se encargue de eso…
- ya le he pedido mucho y esos cabrones siguen quedándose con todo lo que se encuentran y sin compartirme nada – se quejó…
- sí, pero la manera en la que estás haciendo las cosas…
- … cuando Dios nos abandona – lo interrumpió – se busca la manera de defenderse – insistió…
- hay otras maneras de hacerlo, por ello llegaste a este Templo, pero esos asuntos no se arreglan metiendo muertos a tu casa…
- yo no he metido muertos en ningún lado…
- y la cruz de la tumba de tu madre qué es pequeña?
- no entiendo – dijo ella confundida…
- no te pusiste a pensar que en esa cruz estaban colgados varios desencarnados que nada tenían que ver con el espíritu de tus abuelos?
- cómo?! – exclamó…
- cuando la metiste a tu choza le diste entrada a varios muertos que son los que te están provocando los problemas que padeces…
- pero es que mis hermanos no pueden robarse todo – exclamó…
- debes regresar esa cruz al Campo Santo – dijo el guía con dulzura - te voy a contar algo: si persistes en esa lucha, si mantienes esa cruz en tu choza, lo único que provocarás será tu muerte…
- yo no me quiero morir sabiendo que esos desgraciados me robaron lo que me correspondía – dijo en algo cercano a los gritos…
- escúchame pequeña: por eso estás aquí, para que yo te ayude, pero debes poner de tu parte y dejar que nosotros nos encarguemos de tus problemas… mientras tanto, regresa esa cruz a la tumba de tus abuelos antes de que pagues las consecuencias…


- en serio? – cuestionó asustada…
- mira pequeña – insistió el guía en hablar con ternura – te lo voy a explicar de esta manera: si tú y tus hijos mueren por el enojo de los desencarnados que entraron en tu casa, lo único que sucederá es que sus almas padecerán muchas penas antes de poder reencarnar… quizá pasen muchos años, de los de ustedes, como desencarnados y en las tinieblas, antes de tener una vida de nuevo… o andarán buscando con desesperación a un Curandero que les permita trabajar para ellos a cambio de una pequeña luz antes de que sigan su camino…
- no! – gritó la mujer asustada…
- veme a mí – continuó el Guía – sólo porque éste Curandero me ha dado la oportunidad de trabajar es que yo estoy completando lo que no hice en vida… pero es muy feo estar junto a un Brujo en el momento en que necesita algo y te ignore porque ya tenga quien se lo dé… 

La mujer se puso a llorar y no dijo nada más… el Guía espiritual a través del cuerpo de mi amigo extendió la mano y yo puse dentro de ella un blanquillo de gallina vieja, un gran pedazo de alumbre y un trozo de carbón, mismos que posteriormente rocié con bálsamo espiritual para posteriormente ver cómo eran usados en limpiar el astral de la mujer…

3.
- a los muertos no debe tratárseles mal – le dije a mi primo recordando mis enseñanzas como Espiritualista – porque al final nosotros también seremos muertitos y corremos el riesgo de que nos hagan lo mismo…
- los difuntos están difuntos y ya no están con nosotros, no chingues – dijo en tono burlón…
- si eso fuera cierto por qué tu madre se te aparece seguido entre sueños?
- cómo lo sabes? – me preguntó abriendo desmesuradamente los ojos…
- porque está parada de tras de ti y me lo acaba de decir – le avisé…
- en la madre! – dijo poniéndose de pie y alejándose de la silla…
- corre para donde quieras, ella siempre estará a tu lado cuidándote…
- pues qué forma de hacerlo – protestó mientras a manera de ridícula protección recargaba su espalda en una de las paredes de la sala – en lugar de estar parada por ahí asustándome mejor que me ayude a conseguir un buen trabajo…
- de eso trata – aclaré, pero antes de continuar le advertí – siéntate para explicarte cómo funciona todo esto…
- no me va a lastimar, verdad?
- no seas bruto: ella te parió, te dio la vida y te cuidó hasta que te hiciste un adolescente rebelde y pendejo que creyó que podía comerse al mundo… y ni aun así dejó de estar al pendiente de ti: cómo te atreves a pensar que te hará daño?
- los muertos son cabrones – dijo dudando en regresar a la silla…
- no dijiste que “los difuntos están difuntos y no están con nosotros”?
- ya… bueno - aceptó regresando a su sitio - es que siempre me han dado miedo…
- debes entender algo: los muertos siempre dejan cosas incompletas, ya sea porque no hicieron en vida todo lo que tenían planeado – comencé a explicarle - o por la manera en la que murieron: el asunto es que ellos están para ayudarnos y nosotros para socorrerlos… y en ese trueque es que ellos terminan de cumplir su misión terrenal…
- pero cuál misión si ya no están vivos – protestó…
- están muertos, sí, pero siguen entre los vivos…
- y entonces?
- debemos pedirles ayuda para que se pongan a trabajar en nuestro beneficio y así acumular puntos que les permitan continuar su viaje en el más allá hasta que vuelvan a rencarnar…
- o sea que sí puedo pedirle a mi mamá que me consiga un trabajo?
- claro…

Mi primo se quedó en silencio sopesando mis palabras… tenía la mirada clavada en el techo y no dejaba de pasarse la mano izquierda por su hombro derecho: parecía que tratara de quitarse algo de encima… finalmente volteó a verme…

- suena muy interesante eso que dices de que los muertos pueden ayudarnos – dijo - pero supongo se debe saber pedirles, no?
- exactamente – reconocí…
- te invito una cerveza – propuso – para que me digas cómo solicitarle a los muertos…