En
memoria de Emillio*, uno de los Sanadores espirituales y videntes más asombrosos
del planeta. Para entender el contexto de la anécdota, leer primero: http://basurerodealmas.blogspot.com/2013/03/mi-vida-en-la-santeria-4-me-borraron.html
1.
Una mañana recibí
la llamada de T (amigo mío, Sanador espiritual y compañero de trabajo).
- mi estimado – saludó
efusivo como siempre.
- salud, embajador de la oscuridad – me burlé aludiendo
al apodo que alguien nos puso en la oficina, junto con R (un practicante de
Reiki), que al vernos juntos nos definió
como “Los tres Ministros de las Iglesias oscuras”. Ambos soltamos la carcajada.
- ¿interrumpo
algo? – preguntó.
- pueeees – le di
a entender que no estaba solo.
- te explico
rápido: necesito que me hagas el favor de presentarme a un Curandero para que me desatore un problema.
- ¿tú, pidiéndome
ese tipo de ayuda? – exclamé, sorprendido, pues él fue de los primeros en
criticar mis iniciaciones en Palo y Santería.
- ya te contaré –
atajó - ¿conoces a alguien que sea de tu confianza?
- claro – lo
tranquilicé – en breve te mando un mail con los datos de un conocido que vive
en la colonia Observatorio.
No me contó los
detalles como prometió, pero de ello me enteré por R: me llamó al siguiente
martes por teléfono para decirme que estaban por llegar al Templo espiritual
para “realizar las obras que le determinaron a T” (debí poner atención a
esa frase).
Al poco obtuvo una
jugosa jubilación y por meses le perdí la pista. R me dijo que Emilio, el Guía
espiritual de T, llegaría de Filipinas para cumplir su visita anual al país.
2.
Ya en méxico,
tras terminar el primer día de sanaciones (era lunes y tuvieron gran cantidad
de pacientes, como nunca), Emilio pidió a T lo acompañara a su hotel,
solicitando a D (su representante y administradora del Centro Espiritual donde
se sanaba) se fuera a descansar pues debían tratar temas personales.
D, una chilena
obsesionada con controlar a detalle sus visitas, aceptó de mala gana mientras
yo, que me había acercado esa noche al Centro a saludar a Emillio, vi que antes
de terminar esa semana sucedería algo que cambiaría el destino de todos (lo que
sucedió esa noche, y los siguientes días, me lo contó luego T y lo ratifiqué
con mi videncia).
3.
- te voy a compartir
un tema personal – dijo Emillio apenas y entraron en la espaciosa habitación
del hotel ubicado en la colonia Roma.
- a tus órdenes –
ofreció T, más quedaron en silencio durante unos minutos mientras Emillio
preparaba té. Tras servirlo se acomodó en uno de los sillones para quedar
frente a frente.
- seré directo
para no generar un melodrama – avisó y T vio que de su cuerpo se desprendió un
halo de luz durante un instante, tras lo cual el Guía se mostró avejentado,
encorvado, flaco y pálido, a comparación de la fortaleza que mostraba instantes
antes.
- dime – lo
invitó conteniendo el asombro por lo que había presenciado.
- he venido a
morir aquí – soltó sin alterarse – ha llegado la hora… me han dado oportunidad
de escoger en dónde y elegí tu país pues aquí hay conocimiento milenario y en
algún momento la nueva espiritualidad que cambiará el destino de la humanidad saldrá
de estas tierras.
- pero… - intentó
decir algo T, acongojado, pero el Guía alzó la mano indicándole que se
mantuviera en silencio.
- sin dramas,
pedí… terminaremos los cursos y consultas el viernes, tal como está programado
y lo demás sucederá el sábado: vine sin boleto de avión para regresar a
Filipinas.
- ¿qué necesitas?
– le preguntó.
- será el sábado
en la noche y estarás presente, junto con D: lo único que te pido es que no
permitas que me hospitalicen, no traten de hacer de mi destino algo inevitable
– pidió y los dos quedaron en silencio.
- sé que tienes
problemas – dijo Emillio al cabo.
- sí… - titubeó T,
más por la vergüenza que por la sorpresa de saberse descubierto “de algo” que
hasta ese momento nadie sabía, aunque supuso que los esfuerzos realizados para hacer
sanaciones habían sido suficiente señal para saberlo: no recibía energía
universal, usó la suya.
- no debiste
buscar a un Santero para solucionar tu problema – señaló – y aunque te haya
resuelto, las consecuencias están a la vista.
- ¿qué quieres
decir? – preguntó T asustado.
- debiste hacer
oración… pedirnos ayuda – siguió – o haberte atendido con el Curandero que te
recomendó tu amigo.
- es Curandero y
Santero a quien me recomendaron: me iba hacer “una limpia”, pero me explicó que
sus Santos solucionaban más rápido y…
- no digas más – lo
atajó – has perdido tus dones, el mundo espiritual te ha dado la espalda pues
apelaste a demonios para obtener
riqueza… y dada mi inminente partida no puedo hacer nada por ti.
Ambos se
mantuvieron en silencio: Emillio observando a T, mientras él, sin salir de su
asombro, no quitaba la mirada del suelo - meditemos – le propuso y encendió un
incienso. Mi amigo levantó la vista y descubrió que había recuperado la
condición física normal. Se sentaron en
posición de loto.
Y sí, el sábado
por la noche el Guía tuvo un infarto apenas y llegaron al hotel tras pasar todo
el día (junto con D, T y algunos allegados), recorriendo las pirámides de
Teotihuacán, más contrario a lo solicitado D insistió en internarlo, prolongando
su agonía hasta el lunes en que fue declarado oficialmente muerto.
4.
He de reconocer
que me entristeció la muerte de Emilio. Si bien no teníamos ningún vínculo
espiritual, su comportamiento cotidiano era un ejemplo de ética que ojalá
muchos guías espirituales optaran por
seguir.
Algunas veces me
compartió secretos sobre la Sanación espiritual, cosa que no tenía que hacer ya
que yo no era discípulo suyo, pero sobre todo por la cautela que tenía hacia
todo aquel que trabajara con muertos, mas supongo que “algo vio” que me llevó a
ser la excepción: sus consejos cambiaron mi forma de entender el dolor de la
gente y mejoraron en muchos sentidos mi forma de trabajar la Sanación de almas.
5.
Tiempo después hablé
con T tras enterarme del deceso de su madre (vivía con ella tras un desastroso
matrimonio sin hijos). Me contó sobre su extraña muerte y de otras novedades, como que ahora vive en el
norte del país.
Al llegar al tema
de la pérdida de sus dones, noté un leve tono de queja (de alguna forma reclamando
por mandarlo con un Santero, pero olvidando que yo lo recomendé con el
Curandero), más nunca lo dijo directamente: opté por no confrontarlo y dejarlo
a su conciencia**.
Antes de
despedirse me dijo que tras los nueve días de luto obligatorios, luego del entierro
de su madre, comenzaría a meditar y hacer oración para recuperar sus dones: “estoy seguro de que lo conseguiré”,
afirmó antes de colgar… Lo dudo.
* por obvias razones ya se puede citar su
nombre.
** tiempo después, platicando con R, el
Sanador que acompañó a T hacer los ebosses, me dijo que dudaba de la desaparición
de sus dones pues él también hizo obras con Santería, incluso recibió elekes y
mantenía los suyos sin ninguna alteración.
