4 de julio de 2026

Cuando comprar un fantasma por Internet sale (muy) mal

 


Un músico decadente, una antigua fan suicida, una caja con forma de corazón, una chica gótica, una venganza y un desencarnado resentido que no entiende de fronteras ni de distancias.
 
Hay argumentos en un libro que son tan buenos que da algo cercano a la envidia no haberlos escrito uno mismo. La premisa de “El traje del muerto”, de Joe Hill, es uno de esos casos, donde nos presenta a un viejo rockero millonario, desvergonzado y aburrido de la vida, que se dedica a coleccionar objetos macabros, como un recetario para caníbales, la confesión de una bruja juzgada en Salem, fotografías de cadáveres, la soga de un ahorcado, una película snuff y cosas así.
 
Un día, vagando por Internet, encuentra una subasta que promete algo único: un anuncio asegura que quien compre el traje de un difunto se llevará al fantasma de su antiguo dueño como regalo. Jude Coyne, el protagonista, no se lo piensa dos veces: puja, gana y unos días después recibe una caja que contiene la prenda. Y entonces empieza la pesadilla.
 
Lo que hace que esta novela funcione tan bien es que Joe Hill se aparta del fantasma tradicional. El espíritu que acompaña al traje tiene nombre: Craddock McDermott, y no es un extraño para Jude. Se trata del padrastro de una antigua amante, una chica treinta años menor que él y que terminó suicidándose. Pero Craddock no ha vuelto para saludar, sino para cobrar venganza.
 
El desencarnado es violento, cruel y persistente. Provoca accidentes, aparece en los pasillos de la mansión, se sienta al pie de la cama, ronda la cocina, conoce los secretos del protagonista y trata de inducirlo a que se suicide. No importa dónde se esconda ni hacia dónde huya Jude: siempre está ahí, mirando, esperando la oportunidad para matar.
 
Lo que comienza como una historia de casa embrujada, se convierte rápidamente en una persecución desesperada. Jude y su novia gótica, Georgia, abandonan la mansión donde vivían y emprenden una huida frenética para salvar sus vidas; sin embargo, el desencarnado los sigue. No importa si viajan en coche, si se alojan en moteles de carretera o si buscan refugio en lugares sagrados: el muerto siempre los encuentra.
 
Y aquí es donde la novela se vuelve interesante, porque el viaje de Jude no es sólo físico, sino también un hundimiento en sus culpas. Craddock no es un vulgar vengador sobrenatural: aparte de haberse dedicado en vida a la ouija, hipnosis, quiromancia, ocultismo y tarot, se ha convertido en un recordatorio de todos los errores que Jude ha cometido y de las vidas que ha destrozado con su egoísmo de estrella de rock. Joe Hill convierte el terror esotérico en terror psicológico.
 
Uno de los aspectos más notables de la novela es la forma en que revela que el egoísmo del protagonista nace del resentimiento acumulado por los maltratos y abusos sufridos en la infancia. La historia lo presenta como un hombre soberbio, incapaz de amar y condenado por un pasado trágico.
 
A partir de ahí, el relato se adentra en los rincones más oscuros de su conciencia, mientras retrata con acierto la transformación del personaje conforme el muerto lo estrecha, de manera implacable.
 
Hill demuestra una notable habilidad para construir atmósferas opresivas. Muchas de sus escenas permanecen en la memoria mucho después de haber cerrado el libro. Además, al convertir a Jude en un viejo músico de rock, impregna la novela de referencias musicales que terminan por darle un ritmo muy particular, como si el lector estuviera recorriendo un álbum conceptual convertido en novela.
 
Si al lector le gustan las historias de fantasmas bien contadas, con personajes complejos y una atmósfera que se mete en las entrañas, esta novela es una apuesta segura. Se trata de una historia de terror contemporánea que recupera lo mejor de la tradición gótica, pero con un ritmo y una estética, digamos, modernos, méritos que le valieron el Premio Bram Stoker a la Mejor Primera Novela y el prestigioso Premio Locus, otorgados a aquellas obras destacadas de los géneros de la ciencia ficción, género fantástico y terror.
 
Eso sí, no se trata de un libro de sustos fáciles. Hill no recurre al gore gratuito ni a las vueltas de tuerca forzadas. Su terror es sutil, psicológico y profundamente visual, hasta el punto de provocar que el lector piense más de una vez: "no puedo dejar de leer, aunque esté cagado de miedo". Y es que Hill escribe con tal convicción que, por momentos, uno termina creyendo que sabe mucho más sobre fantasmas de lo que debería.
 
“El traje del muerto” no se resuelve con un simple "exorcismo y ya está". Hay giros argumentales que modifican por completo la percepción de quién es la víctima y quién el verdugo. Y el desenlace, tras el macabro viaje a la redención, dejará al lector satisfecho.
 
No suelo leer novelas de terror y, precisamente por eso “El traje del muerto” me sorprendió tanto. Bastó el primer párrafo para quedar atrapado en una historia que ya no me soltó hasta la última página, algo que muy pocos libros han conseguido conmigo. Quizá por eso me atrevo a recomendarla, incluso a quienes no frecuentan el género: si una novela es capaz de enganchar a un lector poco aficionado al terror, probablemente tenga entre sus páginas mucho más que una simple historia de fantasmas.
 

Joe Hill, El traje del muerto, 400 páginas, Editorial Punto de lectura, 2007.


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