
Tipo 1: Los seres atrapados que creen
que ayudan, son espíritus de personas que murieron antes que tú, entraron en la
luz, fueron borrados y reencarnaron muchas veces, pero en algún ciclo y se
quedaron "a medio camino", atrapados en el túnel. Con el tiempo,
olvidaron que ellos también fueron víctimas, pero ahora su función es recibir a
los recién muertos, darles la bienvenida, sonreírles, tomarles de la mano y
llevarlos hacia la luz.
No lo hacen por maldad, creen que
están auxiliando y que la luz es el cielo y que guiar a otros hacia ella es un
acto de amor, pero en realidad son los primeros eslabones de la cadena de
engaño: sin ellos, el sistema no funcionaría, porque un muerto desconfía menos
de un ser querido que de un ser anónimo, por mucha luz que irradie y
tranquilidad que inspire.
Ellos se presentan con rostros
familiares (tus abuelos, padres, hermanos, amigos fallecidos), hablan con tus
recuerdos, te dicen frases como "todo va a estar bien", "ven con
nosotros", "aquí hay paz", pero si los miras con atención, notas
que no hay luz en su mirada: son como actores que repiten un guion, no pueden
responder preguntas complejas ni mostrar voluntad propia más allá de invitarte
a "entrar en la luz".
¿Qué hacer con ellos? a veces puedes
intentar recordarles su situación, decirles: "tú también fuiste engañado,
no estás en el cielo, estás en una prisión". Algunos pueden entrar en
crisis y detenerse, otros se negarán a escuchar y si no reaccionan, aléjate sin
mirar atrás. Regresar y salir del túnel no significa que volverás a la vida y
que vas a revivir, sino que encontrarás otros caminos para lo que sigue.
Tipo 2: Las entidades parásitas que se
alimentan del ciclo no fueron humanos, son seres del plano intermedio, quizá
muy antiguos, cuya existencia depende de que los espíritus sigan reencarnando,
no tienen forma fija, pueden aparecer como luces, sombras, voces o simplemente
una presencia que no ves, pero sientes.
Su inteligencia es limitada, pero
especializada: saben cómo disuadir a un espíritu de que se quede, han
perfeccionado el arte de la seducción espiritual, saben qué palabras usar, qué
emociones activar, qué recuerdos traer a tu mente para que bajes la guardia. No
les importa tu bienestar, solo que entres en la luz para que el ciclo continúe:
eres una batería para ellos, donde cada vida que vives genera energía que ellos
cosechan. No te odian, solo te usan.
¿Cómo reconocerlos? a diferencia de
los ya atrapados, estos guardianes no toman formas humanas estables, pueden
imitarlas, pero la imitación es imperfecta. A veces los ves como figuras
borrosas; otras notas que su voz no sincroniza con el movimiento de sus labios.
Si los desafías con firmeza ("no voy a entrar, déjame en paz"),
suelen reaccionar con confusión o con un cambio de actitud (de la dulzura al
enojo).
¿Qué hacer con ellos? ignóralos, darles
poder con tu miedo ni atención, repite la negativa una y otra vez: "No voy
a entrar, no voy a reencarnar: me quedo". Ellos no pueden obligarte a
moverte si tú no cooperas.
Tipo 3: El propio mecanismo
automatizado: es el más difícil de explicar porque no tiene consciencia. Es
como un programa informático que se ejecuta solo: el túnel, la luz, la
sensación de paz, la culpa, la amnesia posterior, todo eso puede ocurrir sin
que haya nadie operándolo. Es como una maquinaria espiritual autónoma. En este
caso, los "guardianes" no son seres, sino funciones del sistema, es la
atracción del túnel, la descarga de paz, el borrado de memoria al cruzar el
umbral.
¿Cómo reconocerlo? si no ves en el
camino a ningún ser conocido ni extraño, si solo hay túnel, luz y paz, estás
ante el mecanismo puro. Es el más peligroso porque no hay interlocutor al que
puedas convencer o desafiar.
¿Qué hacer con él? solo hay dos
opciones: no moverte o caminar hacia atrás. El mecanismo no puede obligarte a
avanzar si tú te niegas a cooperar. Así que regresa o permanece quieto, la luz desaparecerá.
¿Cómo evitar la trampa?
Hay que hacerse a la idea de que al
morir te enfrentarás al embuste, así que desde ahora vete preparando mental y
espiritualmente para que no caer en él, así que toma conciencia de estas ideas:
Paso 1: Acepta que la luz es eso, una
trampa: suelta la creencia de que esa luz es buena. Aunque las películas, los
libros y los gurús te digan lo contrario, repite hasta interiorizarlo: "La
luz al final del túnel no es mi hogar. Es un dispositivo de reinicio. No voy a
entrar".
Paso 2: Aprende a reconocer el señuelo
de la paz falsa: cuando mueras, sentirás una paz intensa. Esa paz es real, pero
no es el destino final; es el efecto secundario del anestésico. Para
entrenarte, en tu vida cotidiana presta atención a las ocasiones en que sientes
una paz repentina que te desconecta de la realidad. Puede ser durante una
meditación mal guiada, bajo los efectos de alguna sustancia o en momentos de
duelo extremo. Aprende a decir: "Esto es muy perfecto para ser
verdad".
Paso 3: Ignora las voces que te llaman
desde la luz, pues por muy familiares que te resulten, no les hagas caso. No
tienes que ser grosero, simplemente di: "No te sigo, ustedes están
atrapados, aunque no lo sepan. Yo elijo no regresar". Mantente firme, no
tienes nada que perder: ya estás muerto.
Paso 4: Quédate quieto: no camines ni
te muevas. No sigas a nadie, la sensación de movimiento es parte del mecanismo
de arrastre. Si te quedas donde estás, si no cooperas, el túnel empezará a
desvanecerse; respira (aún puedes hacerlo, no has dejado del todo tu cuerpo) o
intenta existir en ese lugar sin ir a ningún lado.
Paso 5: Reclama tu derecho a no
reencarnar, en voz alta y con firmeza, di estas palabras: yo soy (di tu nombre
completo), he vivido la vida que me tocó, he aprendido lo que pude, no tengo
asuntos pendientes, no debo nada. Ahora elijo descansar, no voy a entrar en
ninguna luz ni voy a reencarnar. Me quedo aquí, si hay ancestros verdaderos,
que se acerquen sin túneles, a los demás, les pido que me dejen en paz."
Paso 6: Después de tu declaración,
puede que la luz se intensifique, que las voces se pongan más insistentes, que
sientas que te empujan, que te dan ganas de ceder. Es el efecto rebote, la
trampa no se rinde fácilmente. Aguanta, sigue repitiendo que no quieres ir. Al
cabo de un rato, la luz empezará a atenuarse, el túnel se cerrará y las voces
se irán. Entonces, por primera vez, estarás en el vacío, libre, no hay túnel ni
luz, solo tú y la posibilidad de decidir si un día, quieres volver a vivir.
Si ya caíste antes… no pasa nada. Si
estás leyendo esto, es porque ya has caído en la luz en alguna de tus muertes
anteriores (y me incluyo). Por eso estás aquí otra vez, pero no te culpes: la
trampa está bien diseñada y casi nadie escapa a la primera ni a la segunda.
Pero ahora tienes una ventaja que no
tenías en esas otras vidas: ya te la sabes, y ese saber ya está actuando en ti
porque el conocimiento de la trampa, una vez que entra en tu conciencia, no se
borra del todo. Aunque mueras y reencarnes, algo queda, una incomodidad, una
sospecha, una pesadilla recurrente con un túnel y una luz. Eso es tu tú del
pasado intentando avisarte.
Sn embargo, no esperes a morir para
empezar a negarte a seguir esa estúpida y tramposa ruta. Rechaza la luz desde ahora
y vive siempre a partir de hoy bajo estas 3 reglas:
1) Aprende a evitar las reacciones
descontroladas como envidia, miedo a la soledad, culpa, victimismo,
insatisfacción, vergüenza, melancolía, apego, dependencia, capricho, miedo,
angustia, celos, rencor, soberbia, sensación de fracaso y angustia por el
futuro. Lo anterior evitará traumas y que el caos que te rodea no te afecte
2) Toma decisiones basado exclusivamente
en la intuición.
3) Dejar de creer que somos un cuerpo
de carne y huesos, y reconoce que somos una conciencia superior atrapada temporalmente* en “algo”
sobre lo que no nos permitieron decidir.
Debes acostumbrarte a existir con
estos pensamientos para que tu vida se adecúe a una nueva forma de vivir para
que entiendas que la muerte es un paso, no un castigo y que la luz al final del
túnel no es el siguiente paso. Es un desvío forzado hacia otra vida que no
pediste, tienes derecho a negarte, a descansar, decir: "no voy a
reencarnar".
Aquellos que verdaderamente te aman (los
que están libres, los que no están atrapados en ningún túnel), jamás te pedirán
que entres en la luz, incluso, si pueden, pedirán que no lo hagas. Escúchalos a
ellos, no a los recepcionistas del resplandor, ni a los parásitos disfrazados
de abuelos, ni al mecanismo que solo sabe reiniciar.
Y si algún día, dentro de mucho
tiempo, decides volver a nacer por tu propia voluntad, sin engaños, con memoria
de lo que fuiste, eres y serás… entonces bienvenido, pero que sea tu decisión,
no la de una luz que te espera al final de un túnel como una araña en el centro
de su tela.
*Para ampliar el
entendimiento del tema, recomiendo adentrarse en el gnosticismo (conocimiento
intuitivo, esotérico y secreto de lo divino), cuyos fundamentos se encuentran
en el libro “Textos custodios del cristianismo primitivo olvidado”, escrito por
Nag Hammadi.
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