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8 de noviembre de 2019

Emillio, el sanador espiritual y vidente


En memoria de Emillio*, uno de los Sanadores espirituales y videntes más asombrosos del planeta. Para entender el contexto de la anécdota, leer primero: http://basurerodealmas.blogspot.com/2013/03/mi-vida-en-la-santeria-4-me-borraron.html

1.
Una mañana recibí la llamada de T (amigo mío, Sanador espiritual y compañero de trabajo).

- mi estimado – saludó efusivo como siempre.
- salud, embajador de la oscuridad – me burlé aludiendo al apodo que alguien nos puso en la oficina, junto con R (un practicante de Reiki),  que al vernos juntos nos definió como “Los tres Ministros de las Iglesias oscuras”. Ambos soltamos la carcajada.
- ¿interrumpo algo? – preguntó.
- pueeees – le di a entender que no estaba solo.
- te explico rápido: necesito que me hagas el favor de presentarme a un Curandero para que me desatore un problema.
- ¿tú, pidiéndome ese tipo de ayuda? – exclamé, sorprendido, pues él fue de los primeros en criticar mis iniciaciones en Palo y Santería.
- ya te contaré – atajó - ¿conoces a alguien que sea de tu confianza?
- claro – lo tranquilicé – en breve te mando un mail con los datos de un conocido que vive en la colonia Observatorio.

No me contó los detalles como prometió, pero de ello me enteré por R: me llamó al siguiente martes por teléfono para decirme que estaban por llegar al Templo espiritual para “realizar las obras que le determinaron a T” (debí poner atención a esa frase).

Al poco obtuvo una jugosa jubilación y por meses le perdí la pista. R me dijo que Emilio, el Guía espiritual de T, llegaría de Filipinas para cumplir su visita anual al país.

2.
Ya en méxico, tras terminar el primer día de sanaciones (era lunes y tuvieron gran cantidad de pacientes, como nunca), Emilio pidió a T lo acompañara a su hotel, solicitando a D (su representante y administradora del Centro Espiritual donde se sanaba) se fuera a descansar pues debían tratar temas personales.

D, una chilena obsesionada con controlar a detalle sus visitas, aceptó de mala gana mientras yo, que me había acercado esa noche al Centro a saludar a Emillio, vi que antes de terminar esa semana sucedería algo que cambiaría el destino de todos (lo que sucedió esa noche, y los siguientes días, me lo contó luego T y lo ratifiqué con mi videncia).

3.
- te voy a compartir un tema personal – dijo Emillio apenas y entraron en la espaciosa habitación del hotel ubicado en la colonia Roma.
- a tus órdenes – ofreció T, más quedaron en silencio durante unos minutos mientras Emillio preparaba té. Tras servirlo se acomodó en uno de los sillones para quedar frente a frente.
- seré directo para no generar un melodrama – avisó y T vio que de su cuerpo se desprendió un halo de luz durante un instante, tras lo cual el Guía se mostró avejentado, encorvado, flaco y pálido, a comparación de la fortaleza que mostraba instantes antes.
- dime – lo invitó conteniendo el asombro por lo que había presenciado.
- he venido a morir aquí – soltó sin alterarse – ha llegado la hora… me han dado oportunidad de escoger en dónde y elegí tu país pues aquí hay conocimiento milenario y en algún momento la nueva espiritualidad que cambiará el destino de la humanidad saldrá de estas tierras.


- pero… - intentó decir algo T, acongojado, pero el Guía alzó la mano indicándole que se mantuviera en silencio.
- sin dramas, pedí… terminaremos los cursos y consultas el viernes, tal como está programado y lo demás sucederá el sábado: vine sin boleto de avión para regresar a Filipinas.
- ¿qué necesitas? – le preguntó.
- será el sábado en la noche y estarás presente, junto con D: lo único que te pido es que no permitas que me hospitalicen, no traten de hacer de mi destino algo inevitable – pidió y los dos quedaron en silencio.
- sé que tienes problemas – dijo Emillio al cabo.
- sí… - titubeó T, más por la vergüenza que por la sorpresa de saberse descubierto “de algo” que hasta ese momento nadie sabía, aunque supuso que los esfuerzos realizados para hacer sanaciones habían sido suficiente señal para saberlo: no recibía energía universal, usó la suya.
- no debiste buscar a un Santero para solucionar tu problema – señaló – y aunque te haya resuelto, las consecuencias están a la vista.
- ¿qué quieres decir? – preguntó T asustado.
- debiste hacer oración… pedirnos ayuda – siguió – o haberte atendido con el Curandero que te recomendó tu amigo.   
- es Curandero y Santero a quien me recomendaron: me iba hacer “una limpia”, pero me explicó que sus Santos solucionaban más rápido y…
- no digas más – lo atajó – has perdido tus dones, el mundo espiritual te ha dado la espalda pues apelaste a demonios para obtener riqueza… y dada mi inminente partida no puedo hacer nada por ti.

Ambos se mantuvieron en silencio: Emillio observando a T, mientras él, sin salir de su asombro, no quitaba la mirada del suelo - meditemos – le propuso y encendió un incienso. Mi amigo levantó la vista y descubrió que había recuperado la condición física normal. Se sentaron en posición de loto.

Y sí, el sábado por la noche el Guía tuvo un infarto apenas y llegaron al hotel tras pasar todo el día (junto con D, T y algunos allegados), recorriendo las pirámides de Teotihuacán, más contrario a lo solicitado D insistió en internarlo, prolongando su agonía hasta el lunes en que fue declarado oficialmente muerto.

4.
He de reconocer que me entristeció la muerte de Emilio. Si bien no teníamos ningún vínculo espiritual, su comportamiento cotidiano era un ejemplo de ética que ojalá muchos guías espirituales optaran por seguir.

Algunas veces me compartió secretos sobre la Sanación espiritual, cosa que no tenía que hacer ya que yo no era discípulo suyo, pero sobre todo por la cautela que tenía hacia todo aquel que trabajara con muertos, mas supongo que “algo vio” que me llevó a ser la excepción: sus consejos cambiaron mi forma de entender el dolor de la gente y mejoraron en muchos sentidos mi forma de trabajar la Sanación de almas.

5.
Tiempo después hablé con T tras enterarme del deceso de su madre (vivía con ella tras un desastroso matrimonio sin hijos). Me contó sobre su extraña muerte y de otras novedades, como que ahora vive en el norte del país.

Al llegar al tema de la pérdida de sus dones, noté un leve tono de queja (de alguna forma reclamando por mandarlo con un Santero, pero olvidando que yo lo recomendé con el Curandero), más nunca lo dijo directamente: opté por no confrontarlo y dejarlo a su conciencia**.

Antes de despedirse me dijo que tras los nueve días de luto obligatorios, luego del entierro de su madre, comenzaría a meditar y hacer oración para recuperar sus dones: “estoy seguro de que lo conseguiré”, afirmó antes de colgar… Lo dudo. 

* por obvias razones ya se puede citar su nombre.
** tiempo después, platicando con R, el Sanador que acompañó a T hacer los ebosses, me dijo que dudaba de la desaparición de sus dones pues él también hizo obras con Santería, incluso recibió elekes y mantenía los suyos sin ninguna alteración.

30 de octubre de 2019

Dia de muertos





1.
La anciana está asustada, teme el reencuentro con el espíritu de su esposo: da la impresión que quiere ocultarse… porque eso hacen las personas, se la pasan escondiéndose la mayor parte de su vida.

El ambiente es asfixiante, no sólo por la falta de aire a consecuencia de las ventas cerradas (y el olor a viejo, a rancio), sino porque “algo” pugna por convencerme de salir de la casona (algo, aprovechando mi hartazgo de lidiar con muertos), y si no fuera suficiente la desesperación de la vieja no genera paciencia.

Mujeres…

2.
Cuántas como ella se la pasan ocultándose desde niñas: primero de los padres represores, luego de las grandes que abusan en la escuela, después de los novios que quieren apropiarse su intimidad, más tarde de los profesores que buscan culpables de sus traumas, posteriormente de las vecinas indiscretas y a continuación de sus jefes para no entregar un trabajo: todas huyen de algo.

Pero pronto todo cambia y lo que menos hacen es esconderse del hombre que les gusta: al contrario, encuentran la manera de no ser invisibles ante él… y cuando obtienen lo que buscaban (antes casi siempre casarse, porque en los tiempos que corren las necesidades son más inmediatas), ya que llevan una argolla en el dedo se ocultan de nuevo: de los demandantes hijos, de la suegra indiscreta, del esposo opresor en cualquier tontería… o para pasar tiempo con el amante.

3.
¿Y los hombres?, ja, los hombres son básicamente unos pendejos.

4.
Mientras oigo (sin escuchar) los sucesos paranormales que la centenaria mujer repite y la tienen aterrada, recorro de nuevo con la mirada la sala y descubro que ya me aprendí sus detalles… de las paredes: grietas, manchas, salitre, polvo… del mobiliario: cornisas, sillones, alfombra, mesitas, cortinas.

El hastío acosa a la impaciencia con la que me desperté esa mañana y descubro qué es lo que enrarece el ambiente: el inmenso y antiguo reloj de madera que rompe el silencio marcando obsesivo cada segundo. ¿Cómo es que la añeja moradora puede existir con el recordatorio de que su vida ya fue contada, de que avanza hacia el irremediable destino de enfrentarse a su marido?

En ese momento la hija de la anciana (una mujer bien vestida y enjoyada, cuyo atuendo contrasta con la decadencia de la casa, ya la que si tuviera que describir diría que ha sido “maltratada por la vida”), regresa con el vaso con agua que me había ofrecido minutos antes.

– disculpe – dice sentándose frente a mí y manteniendo la soberbia con la que me recibió – entró una llamada telefónica y ya sabe que los negocios son primero...
– no se preocupe – la tranquilizo, en realidad la interrumpo: la perorata de su progenitora me dejó aturdido.
– le contaré sobre las cosas raras que suceden en la casa – intenta retomar la conversación.
– no se preocupe – reitero antes de que me repita de lo que ya me enteré en su ausencia – mejor contésteme: ¿cuándo murió su madre?
– en diciembre del año pasado… se acerca su primer aniversario luctuoso – responde con un mohín y agrega fingiendo pesar – ¿por qué lo pregunta?
– lo que usted llama “cosas raras” en realidad son señales que el espíritu de su madre está aquí.
– ¿cómo? – se asusta.
– no se preocupe – repito por tercera vez la frase, recordando el pendiente que esta petulante tipa tiene conmigo desde hace un año y que al parecer a olvidado, mas contengo mi tirria – es normal… la gente se aferra tanto a la vida que no se da cuenta que ya murieron.
– pero… – su sonrisa se convierte en un gesto de preocupación.
– tiene solución – sigo para no tener que dar esa larga explicación que estoy cansado de repetir cada que me buscan para sacar de una casa el espíritu de un ser querido – es necesario darle luz al alma de su madre para que siga su camino, pero…
– ¿pero…? – ahora es ella la que me interrumpe, aterrada, así que aprovecho para beber el resto del agua del vaso – ¿pero qué? – agrega.
– … hoy es 31 de octubre, los antepasados ya andan cerca y el “Día de muertos”, junto con lo que ustedes llaman “Semana Santa”, son días en que el mundo espiritual NO trabaja, así que esperaremos nueve días para poder sacarla.
– ¿y mientras qué…? – quiere preguntar, borrando de tajo su insolencia, mientras se lleva la mano derecha al pecho buscando protegerse a saber de qué.
– … usted le colocará una ofrenda en el altar de sus muertitos: le prepara su comida favorita, le enciende una veladora y le pone inciensos de copal durante estos dos días: ella vendrá y estará con ustedes estos días antes de irse para siempre.
– ¿así nada más? – se asusta aún más – ¿corremos peligro mis hijos, mi esposo y yo por la presencia del fantasma?
– era su mamá, ¿no? – la cuestiono poniéndome de pie.
– sí, pero…
– ¿cómo va a creer que quien le dio la vida les hará daño? – la regaño sutilmente, aunque ¿cuántas mamás en vida intentan, y consiguen, matar a sus hijos? – regreso en nueve días para hacer las obras.

5.
Me despido sin ofrecerle mi mano, salgo de la casa sin esperar a que me acompañe y al pasar a lado de la anciana, esperándome en la puerta, la veo más pálida de la que puede estar una muerta: ya me escuchó, ahora lo sabe… la ignoro.

Ya en mi auto, lejos del obsesivo tic–tac del reloj, me arrepiento de no haberle dicho que su padre también está con ellos, que él fue quien se llevó a su madre, no tanto para evitarle sufrir por el cáncer, sino para seguirle jodiendo la vida en el más allá, y que serán dos desencarnados a los que les daré camino.

Suelto una risita: me reconforta saber que con un cuento de fantasmas es suficiente para pasar un emocionante “Día de muertos”, conviviendo con la vieja, y lo mejor: el espíritu del esposo se enojará porque no recibió también atención especial y ya veremos la que arman los desencarnados.

– “Nunca escupas al cielo”… sobre todo tratándose de mi – sentencio en voz alta, recordando de nuevo la que me hizo la pedante mujer.