21 de julio de 2018

Brujería


Durante el último par de meses recibí insistente solicitud de T, una lectora de este blog, que me pedía consultara a su madre, una mujer mayor imposibilitada de caminar. Finalmente acepté consultarla, determiné las obras y marqué el día para hacerlas.

Lo que sucedió esta tarde de sábado 21 de julio en que mi esposa y yo nos presentamos para atender a la anciana, no conllevó mayores sorpresas (ya habíamos prevenido cualquier situación): lo extraño sucedió después.

Tras salir del departamento nos encontramos debajo de nuestro auto un trabajo de brujería (cubierto con tierra tomado de diferentes lados donde estaba estacionado mi auto y enterrado de manera de que al mover el auto en reversa, para salir de ahí, teníamos que pasar sobre él). Aquello me llamó la atención pues no conocemos a nadie por aquellos rumbos de la ciudad y tampoco publicitamos el trabajo espiritual que haremos fuera de casa.

Antes de proceder a “desactivarlo” (se hizo para que tuviéramos un accidente de tráfico mortal), me puse analizar la situación y lo vinculé de inmediato a la anciana que habíamos atendido: sus males son resultado de un litigio de intestado que tiene con una de sus hermanas por un terreno propiedad de su difunto padre. Y la hermana vivía cerca de ahí.

¿Cómo se enteró que iríamos y cuál era nuestro auto? eso lo averigüé después, pero mientras tanto sirvan de recuerdo este par de fotografías que tomé antes de deshacerme del trabajo negro, pedir permiso, y ya concedido, regresarlo 70 veces 7 a quien desea el mal para nosotros.

¿me inquieta que traten de matarme?
no: conozco la naturaleza humana y ejemplos de cómo se comportan las personas abundan en este blog…
¿me asusta?
no: todos tenemos marcados el año, mes, día, hora, minuto, segundo y motivo por el que moriremos, el mío lo conozco y sé que no será por la mano de un vivo ni de un desencarnado…
¿me enoja?
en realidad me da risa… de hecho no he parado de reír desde que comencé a escribir este texto.

 


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