
1.
En mi ingenuidad e ignorancia de confiar en
las mentiras de mis padrinos de que la Santería todo lo solucionaba, pasé por
alto las punzadas en el estómago cada que tocaban el tema sobre mi próxima Yoko
Osha (hay numerosas entradas sobre esa sensación de advertencia de peligro a lo
largo del blog), misma que, “resignado”, fui comentando con mis círculos
cercanos.
2.
Las reacciones variaron: muchos
manifestaban preocupación, varios sorpresa, otros burla, algunos incredulidad y
los pocos fueron de condena al grado de que casualmente (por aquello de que no
estaba planeado), escuché los comentarios de estos últimos sobre mi decisión:
En una comida con “amigos” del trabajo
aproveché y les compartí sobre mi próxima iniciación y al terminar avisé que me
iba para continuar con un trabajo pendiente y me despedí, más mi muerto me
advirtió que debía regresar y sorprenderlos en un improvisado juicio sumario en
mi contra, mismo que por su incendiaria pasión argumental impidió se dieran
cuenta que había vuelto, y que al percibir mi presencia, provocó una palidez
colectiva (a la par de un lúgubre silencio), dignos de una fotografía.
3.
Hubo rechazo, pero también inquietud de verdaderas
amistades cuya ignorancia sobre la Osha era obvio, pero influenciados por el vox
populi que unía la Santería con el Satanismo (curioso, las dos comienzan con
“Sa”, que en sánscrito significa “con semilla”), creyeron que el paso que iba a
dar era delicado.
Ello me sucedió con los buenos deseos de S
y E, cuya amistad se remonta a más de 30 años, y que no ocultaron su inquietud
tras oír la noticia. Ironías de la vida, tras iniciarme cierta noche SR y su
esposa llegaron a mi casa pidiendo los ayudara con un problema relacionado con
su hijo (estaba desaparecido), y luego para rayar en Palo a su hermana (que no
daba una).
4.
Lo fundamental de esa parte de la historia
de mi inopia fue no haber hecho caso a las señaladas punzadas estomacales al
avanzar en los preparativos, pinchadas que eran aviso de que la solución a mis
problemas de salud no iban por los senderos de la mezquindad humana de los
iniciados en Osha e Ifa que juraban ser mis padrinos y guías, infamia
practicada ante la mirada complaciente de los dioses Yoruba.
Ni que decir que mi esposa y yo llegamos a
muchas madrugadas, tras consultarnos al pie de Orunla, conversando sobre la
falta de dinero para cubrir los gastos de la iniciación mientras se acercaba la
fecha: ella más que optimista con los beneficios que nos aseguraban obtendría,
mientras yo seguía ignorando las señales estomacales.
Eran largas horas indagando en la web, estudiando
libros o hablando por teléfono con ya iniciados (no aclaraban mis dudas ni
daban pormenores de en la que me metía),
tratando de no dejar ir ni un detalle, pero sobre todo buscando no cometer
errores que incordiaran a los
Orishas.
6.
Quedaba pendiente decírselo a mis padres,
sobre todo a mi madre: si bien a mi progenitor le eran indiferentes esos temas
(aparte de ser poco proclive a manifestar emociones), ella no veía con buenos
ojos que su hijo sobreviviente fuera Brujo (no entendía la diferencia entre
Brujo y Curandero), así que hacerse
Santero… ¡uops!
No es que ella argumentara que yo estaba a
punto de ofender a Dios para tratar
de disuadirme (digo, ante un acuariano recalcitrante no serviría de mucho lo
que de ello opinara El Señor), pero
mi discurso lleno de ignorancia y fe, insisto, tampoco le daban certezas.
7.
aaah, los padres tan sabios y los hijos tan
necios.
8.
Lo que sí debo reconocer es que tuve una
omisión con ellos: no les conté sobre mi iniciación en Palo Mayombe (de
saberlo, sobre todo explicando que sería al estilo africano y ello me dejaría
golpeado y bañado en sangre), seguro les habría provocado un ataque de histeria.
Algo interesante fue que a los días de
salir del trono llegué a casa, donde mi progenitora relajó su alma al ver que
tras haberse iniciado en la Osha, su hijo seguía siendo un cínico.
Más lo irónico no fue decir “Madre, voy a
ser Santero”, sino que tras coronar Osha mis progenitores recibieron con mi Itá
el aviso sobre la urgencia de hacer algunos ebosses, pues mi iniciación les
perjudicaba gravemente su salud (¿?). Aceptaron entre gustosos (él), y
resignados (ella) las obras, no sin antes preguntar: “¿entonces nos va a ir mejor?”.
9.
Seis meses después mi esposa siguió mis
pasos y también coronó Osha. Si bien lo tenía marcado por Itá, en su caso no
era urgente, así que días antes de entrar al trono mi padrino la cuestionó:
- ¿por qué quieres coronar Santo tan
rápido?
- porque ya no lo entiendo – me señaló
haciendo alusión a nuestras conversaciones cotidianas en las que había notado
cambios tanto en temática como en mi forma de expresarme.
Mi madre siempre ha sido poco observadora, así
que no percibió alteraciones en mi carácter, pero aprendió a cambiar con gran
rapidez el tema de la Santería en las reuniones familiares, así que cuando por
envidia su hija dijo que coronaría Osha, se lo tomó primero a la ligera y luego
a guasa hasta que el ignorante de mi padrino le avisó que sería un jueves de
Semana Santa: aquello sí que lo consideró una blasfemia.
10.
Mucho tiempo después, conforme descubrí las
mentiras de la Santería (como religión), me enfrentaba a la mezquindad de los
padrinos (como personas con tendencias asesinas) y me daba de topes por la
falta de objetividad de los Orishas (como aparentes deidades sabias), concluí
que ni siquiera valía la pena decirle a mi madre que las cosas no eran como me
las vendieron.