1 de julio de 2021

Mamá voy a ser santero

1.
En mi ingenuidad e ignorancia de confiar en las mentiras de mis padrinos de que la Santería todo lo solucionaba, pasé por alto las punzadas en el estómago cada que tocaban el tema sobre mi próxima Yoko Osha (hay numerosas entradas sobre esa sensación de advertencia de peligro a lo largo del blog), misma que, “resignado”, fui comentando con mis círculos cercanos.
 
2.
Las reacciones variaron: muchos manifestaban preocupación, varios sorpresa, otros burla, algunos incredulidad y los pocos fueron de condena al grado de que casualmente (por aquello de que no estaba planeado), escuché los comentarios de estos últimos sobre mi decisión:
 
En una comida con “amigos” del trabajo aproveché y les compartí sobre mi próxima iniciación y al terminar avisé que me iba para continuar con un trabajo pendiente y me despedí, más mi muerto me advirtió que debía regresar y sorprenderlos en un improvisado juicio sumario en mi contra, mismo que por su incendiaria pasión argumental impidió se dieran cuenta que había vuelto, y que al percibir mi presencia, provocó una palidez colectiva (a la par de un lúgubre silencio), dignos de una fotografía. 
 
3.
Hubo rechazo, pero también inquietud de verdaderas amistades cuya ignorancia sobre la Osha era obvio, pero influenciados por el vox populi que unía la Santería con el Satanismo (curioso, las dos comienzan con “Sa”, que en sánscrito significa “con semilla”), creyeron que el paso que iba a dar era delicado.
 
Ello me sucedió con los buenos deseos de S y E, cuya amistad se remonta a más de 30 años, y que no ocultaron su inquietud tras oír la noticia. Ironías de la vida, tras iniciarme cierta noche SR y su esposa llegaron a mi casa pidiendo los ayudara con un problema relacionado con su hijo (estaba desaparecido), y luego para rayar en Palo a su hermana (que no daba una).
 
4.
Lo fundamental de esa parte de la historia de mi inopia fue no haber hecho caso a las señaladas punzadas estomacales al avanzar en los preparativos, pinchadas que eran aviso de que la solución a mis problemas de salud no iban por los senderos de la mezquindad humana de los iniciados en Osha e Ifa que juraban ser mis padrinos y guías, infamia practicada ante la mirada complaciente de los dioses Yoruba.
 
Ni que decir que mi esposa y yo llegamos a muchas madrugadas, tras consultarnos al pie de Orunla, conversando sobre la falta de dinero para cubrir los gastos de la iniciación mientras se acercaba la fecha: ella más que optimista con los beneficios que nos aseguraban obtendría, mientras yo seguía ignorando las señales estomacales.
 
Eran largas horas indagando en la web, estudiando libros o hablando por teléfono con ya iniciados (no aclaraban mis dudas ni daban pormenores de en la que me metía), tratando de no dejar ir ni un detalle, pero sobre todo buscando no cometer errores que incordiaran a los Orishas.
 
6.
Quedaba pendiente decírselo a mis padres, sobre todo a mi madre: si bien a mi progenitor le eran indiferentes esos temas (aparte de ser poco proclive a manifestar emociones), ella no veía con buenos ojos que su hijo sobreviviente fuera Brujo (no entendía la diferencia entre Brujo y Curandero), así que hacerse Santero… ¡uops!
 
No es que ella argumentara que yo estaba a punto de ofender a Dios para tratar de disuadirme (digo, ante un acuariano recalcitrante no serviría de mucho lo que de ello opinara El Señor), pero mi discurso lleno de ignorancia y fe, insisto, tampoco le daban certezas.
 
7.
aaah, los padres tan sabios y los hijos tan necios.
 
8.
Lo que sí debo reconocer es que tuve una omisión con ellos: no les conté sobre mi iniciación en Palo Mayombe (de saberlo, sobre todo explicando que sería al estilo africano y ello me dejaría golpeado y bañado en sangre), seguro les habría provocado un ataque de histeria.
 
Algo interesante fue que a los días de salir del trono llegué a casa, donde mi progenitora relajó su alma al ver que tras haberse iniciado en la Osha, su hijo seguía siendo un cínico.
 
Más lo irónico no fue decir “Madre, voy a ser Santero”, sino que tras coronar Osha mis progenitores recibieron con mi Itá el aviso sobre la urgencia de hacer algunos ebosses, pues mi iniciación les perjudicaba gravemente su salud (¿?). Aceptaron entre gustosos (él), y resignados (ella) las obras, no sin antes preguntar: “¿entonces nos va a ir mejor?”.
 
9.
Seis meses después mi esposa siguió mis pasos y también coronó Osha. Si bien lo tenía marcado por Itá, en su caso no era urgente, así que días antes de entrar al trono mi padrino la cuestionó:
 
- ¿por qué quieres coronar Santo tan rápido?
- porque ya no lo entiendo – me señaló haciendo alusión a nuestras conversaciones cotidianas en las que había notado cambios tanto en temática como en mi forma de expresarme.
 
Mi madre siempre ha sido poco observadora, así que no percibió alteraciones en mi carácter, pero aprendió a cambiar con gran rapidez el tema de la Santería en las reuniones familiares, así que cuando por envidia su hija dijo que coronaría Osha, se lo tomó primero a la ligera y luego a guasa hasta que el ignorante de mi padrino le avisó que sería un jueves de Semana Santa: aquello sí que lo consideró una blasfemia.
 
10.
Mucho tiempo después, conforme descubrí las mentiras de la Santería (como religión), me enfrentaba a la mezquindad de los padrinos (como personas con tendencias asesinas) y me daba de topes por la falta de objetividad de los Orishas (como aparentes deidades sabias), concluí que ni siquiera valía la pena decirle a mi madre que las cosas no eran como me las vendieron.