8 de enero de 2021

Casas sobre panteones

 


Era conocida de la compañera de oficina de una gran amiga mía: siempre se da esa genealogía cuando se trata de la insistencia para atender con urgencia a alguien que se encuentra en problemas.
 
La mujer en cuestión resultó una cuarentona llamada Zía, la desfasada cantante de un grupo de blues que en su momento vio pasar su oportunidad de éxito y no la notó: me rogó que sacara un fantasma de su casa. No dio más detalles salvo que su vida y la de su familia era un infierno, así que hablé con Alma, el origen de la solicitud, para que me pusiera al tanto, mas no supo darme detalles, así que no tuve más remedio que citarla en el centro de la ciudad para entrevistarnos.
 
Fue en el “Villarías” un sábado al medio día: una cafetería cuyo origen se remonta a 1897, en España, donde seis hombres de origen español, mexicano y francés se pusieron de acuerdo para fundar una sucursal en la esquina de las calles Ayuntamiento y López, en el fantasmal Centro Histórico de la Ciudad de México. Seré sincero: la cité ahí más para que mi esposa y yo disfrutáramos de su exquisita infusión (presumida de “altura”), que por oír algo que supuse sería mero trámite.
 
Llegamos al mismo tiempo, pedimos nuestras bebidas para acompañar el fino pan que asimismo los define, nos presentamos y ya acomodados extendí mis brazos para que me contara su historia: tenían unos doce años de vivir en la casa donde espantaban tras recibirla como herencia de la madre de su padre.
 
– algunas abuelas suelen ser duras con su prole masculina, pero otras son unas soberanas alcahuetas – señalé.
– tienes razón: traía en chinga a mi padre – reconoció, me hizo una breve descripción de la sufrida vida de su progenitor y luego de cómo llegó esa casa a sus manos.
– ¿qué significa Zía? – cuestioné antes de seguir con el tema.
– “esplendor”, es mi mote artístico… me llamo Guadalupe – dijo con cierta vergüenza.
 
No entendí su pena, así que cambié de tema. Los detalles que me dio sobre el pasado de la “casa embrujada”, como ella la llamó, fueron pocos, así que usé a la ligera mi videncia y confirmé que sería un despojo más, pero “algo” me dijo que ese mismo día teníamos que ir a percibir el ambiente al que nos enfrentaríamos.
 
Salimos de la cafetería, saqué el auto del estacionamiento, subimos y nos incorporamos al lento tráfico sabatino producto de la gente que abarrota las tiendas que venden baratijas al mayoreo que luego revendrán en los pequeños comercios de sus barrios.
 
Una vez en la calzada Humboldt el tránsito fue fluido y enfilamos hacia avenida Magnolia, donde vivía, mas apenas nos incorporamos a la calle Moctezuma hice recuento de algunas de mis lecturas sobre aquel barrio y se me erizó mi nuca.
 
– mierda – dije.
– ¿qué sucede? – cuestionó mi esposa.
– valió madre – respondí.
– ¿por qué dice eso? – replicó Zía asustada.
– ya lo verán – avisé, di vuelta a la izquierda sobre la calle Soto, luego entramos a Magnolia y me situé en el primer espacio libre que hallé.
 
Reconozco que pese a la antigüedad de la casa había gran esmero en su conservación, algo que confirmé apenas y entramos: sin humedad en paredes o techos, puertas y pisos de tablón lustrosos, cristales limpios, sala recién tapizada (pese a la vejez del armazón de madera), más el resto, cuadros antiguos y tapetes, no se quedaban atrás.
 
Zía propuso recorrerla mientras varios desencarnados, indiferentes a la presencia de un muertero que los veía y oía, se cruzaron en nuestro camino. En un momento del reconocimiento entramos a una habitación cuyas paredes contenían anaqueles repletos de viejísimos acetatos de blues: más me aguanté las ganas de pedirle me dejara revisarlos.
 
Regresamos a la sala, nos invitó a sentarnos y eso bastó para que un escalofrío me recorriera la espalda y confirmara lo que me temía: no valía la pena tratar de ayudarla. Ofreció café (soluble), cosa que rechazamos luego de haber disfrutado el de “Villarías”.
 
– te contaré algo para explicarte qué sucede – avisé – me gustan los panteones desde niño, nací muertero y siento debilidad por la historia de méxico, así que una cosa lleva sin remedio a la otra…
– no entiendo – me interrumpió, irritante, pese mi explicación.
– ya comprenderás – intervino mi esposa.
– la zona de este asentamiento fue hace años el hospital “San Andrés”, por ahí de milsetecientos ausencia – seguí, pero no entendió mi referencia poética – luego se convirtió en la parroquia de “Santa María La Redonda” y finalmente en el “Panteón General de Santa Paula”.
– con razón en ocasiones noto por las noches una mujer vestida de blanco, con ropa antigua parecida a uniforme de enfermera: esta colonia es viejísima – reconoció sorprendida.
– es la única muerta que se deja ver – señalé – pero seguro has de sentir más de alguna presencia en cada habitación.
– ¡sí, por eso hay tantos muertos en mi casa! – exclamó Zía.
– el asunto es más grave: no sólo aquí donde vives, sino todo el barrio, está lleno de desencarnados. Ya habrás conversado con tus vecinos y también padecen tu mismo problema.
– con algunos… – dijo sin querer entrar en detalles.
– te tengo malas noticias: de nada serviría que corra a los fantasmas pues en pocos días se volverá a llenar de los que habitan en las casas aledañas – avisé tras dar un largo bostezo, peligrosa señal de que ese caso me estaba aburriendo.
– pero puedes poner protecciones – casi exigió.
– sí, aunque hay otro problema: ellos fueron los que te trancaron todos los caminos para que tu carrera como cantante nunca despegara.
– ¡Dios mío! – exclamó llevándose la mano derecha al pecho en señal de indignación – grandísimos cabrones, si nunca me metí con ellos.
– puedo poner las protecciones que quieras, pero a los siguientes a quienes los muertos llenarán de obstáculos será a tus hijos... porque supongo a tu esposo no le irá nada bien en sus asuntos.
– así es: tiene un taller de reparación de bombas hidráulicas y está a punto de declararse en quiebra.
– aquí estarán protegidos, pero al poner un pie en la calle quedarán a expensas de que los muertos les molesten cuando quieran… así que más que correrlos lo que deben hacer es cambiarse de casa – advertí.
– ¡no puedo darme ese lujo! – protestó, aunque al ver que mi esposa levantaba los hombros desinteresada, relajó su tono – carecemos de recursos para hacerlo… córrelos y protégenos.
– al cliente lo que pida – ironicé, aunque parece que no lo entendió, luego yo levanté los hombros.
 
Acordamos el costo por las obras y quedamos de vernos el siguiente sábado. Nos despedimos
 
– ¿por qué aceptaste? – preguntó mi esposa ya en el auto.
– “al cliente lo que pida” – me burlé de nuevo – estoy cansado de explicar a cada persona que nos busca que es lo más conveniente para sacar adelante su vida para que al final salgan con que saben más que yo.
– sí, yo también comienzo a aburrirme – se mostró de acuerdo.
– pasarán unos meses luego de limpiar su casa para que me busque dándome la razón, pero ya veremos si le contesto la llamada.
– existe la opción B: negarnos.
– sí – reconocí – pero recuerda lo que sucede: nos ruegan y hasta chillan, y si de todos modos no aceptamos el chantaje, nos vamos con maldiciones encima, y eso, en los tiempos muerteros que corren, es lo que menos necesitamos.

9 comentarios:

K dijo...

Hola, ¿qué tal?.

Me gustaría saber, en tu opinión, con qué energía planetaria se podría identificar a Obatalá: con Júpiter, benevolente, que ofrece prosperidad, crecimiento, etc, o con Saturno, que generalmente se asocia con la autoridad, la vejez, la virtud, la austeridad y la melancolía.

En general me parece que Obatalá podría asociarse con ambos, aunque incluso encuentro afinidad entre Júpiter y Changó.

Me parecería interesante conocer tu opinión.

Muchas gracias.

Anónimo dijo...

Es cierto, a veces nos aferramos a lo q creemos mejor y no a la solución...
Ujule, pero cuantas colonias de CDMX no estarán llenas de estos desencarnados...
Gracias por seguir compartiendo tus vivencias y relatos me encantan!!!

Beth dijo...

He pensado seriamente qe ya no importa si una casa está infestada de desencarnados o no, me seguirán igual😂, pero igual quisiera unos tips para cuando vaya comprar mi terreno no esté sobre un antiguo panteón o tenga una maldición, algún consejo??

En el que vivo actualmente hay un desencarnado de planta, pero creo que ya ni me presta atención. Saludos Alfredo gracias por compartir

ujule rachid dijo...

hola anónimo... la ciudad de México está construida sobre millones de cadáveres... suerte...

ujule rachid dijo...

hola beth... tan sencillo có o el sentir la vibra de la casa que quieres rentar o comprar en cuanto pones un pie dentro de ella... gracias por escribir, suerte...

Anónimo dijo...

Y si uno es el que da a renta una propiedad y la gente que vivió en ella la deja con una vibra muy pesada? En estos casos que se puede hacer?

ujule rachid dijo...

hay muchas maneras de limpiar una casa de la energía negativa que dejan los vecinos... suerte...

Anónimo dijo...

Podría recomendarme alguna? Ya que la propiedad no se a podido rentar nuevamente. Al entrar en ella, todos, sin excepción, se marean y les duele la cabeza.

myopinion dijo...

Tiempos muerteros que corren????