Cuando el filósofo rumano Emil
Michel Cioran afirma que “No se escribe porque se tenga algo que decir, sino
porque se tienen ganas de decir algo”, da un indiscutible argumento de por qué
muchos escritores nunca debieron haberse publicado, sobre todo los ya citados
“modernos” de la entrega anterior, ya que analizando con objetividad su “obra
literaria” se concluye con gran facilidad que decir algo en ocasiones equivale
a escribir banalidades…
Y en este sentido el propio
filósofo francés Jean Paul Sartre quien reitera esto al señalar: “no se es
escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se
digan”…
Pero siempre es necesario ir más
allá y un escritor debe aterrizar en los terrenos de la ética para poder
creerle, por ello es que para seguir con el tema usaré una frase que suelo
expresar de vez en cuando: ”una persona debe ser consecuente entre lo que
piensa, lo que dice y lo que hace”… que aplicada al caso que nos atañe se
refiere a que un escritor es finalmente un reflejo lo que piensa, dice y se
escribe, por ello es que en muchos casos, cuando a varios de los proclamados
“intelectuales” se les escucha o lee en alguna entrevista, lo único que
provocan son bostezos…
Gracias a Dios no se puede
generalizar…
Obviamente que hay escritores que
por sí mismos demuestran que no son producto de un marketing ni que sus libros
responden sólo a “las listas de ventas”, sino que son autores que se obedecen,
como atinadamente resume Stephen Vizinczey, al establecimiento de “un vínculo
entre el sujeto y la humanidad”, o lo que es lo mismo: el principio y fin de
todo el sentido de la literatura...
Para escribir, cualquiera, pero
en mi opinión para saber escribir se requiere tener algo… y en este sentido recuerdo las
palabras de un amigo escultor quien reflexionaba sobre el arte sabiamente y que
por lo mismo me tomaré la libertad de parafrasear al afirmar que si bien la
literatura “es el arte que utiliza como elemento esencial la palabra, es al
escritor a quien le corresponde trabajarla hasta llevarla más allá de un nivel
artístico hasta sublimarla”…
Y es por ello que entre tanto libro
desechable (hasta en estos terrenos se ha acomodado el mundo moderno), publicados
actualmente en el idioma español, siempre se podrá descubrir alguno que otro nuevo
creador en el que ya aflora la sabiduría… pero si es el caso de que el
aletargamiento en las “novedades literarias” sea demasiado, se puede acudir a
los escritores que ya tienen sus años en el oficio y que en su momento tienen
algo que decir, aquellos que sí cuentan con las palabras precisas al momento de
opinar sobre cualquier en una entrevista…
Leonardo Padura
“Los artistas comprometidos de
manera militante con un partido, filosofía, Estado o poder terminan siendo
siempre -o casi- marionetas de ese poder. No se puede jugar a hacer política
desde el arte porque al final los políticos son los que utilizan a los artistas
para sus fines políticos. Creo que el compromiso del artista debe ser con la
ética ciudadana, con su sentido de la verdad y de la justicia, o cuando menos,
con su arte, con la mayor distancia posible de los círculos de decisión
política y con la intención de hacer política desde el arte”… Leonardo Padura,
cubano…
“La literatura tiene más imágenes
que el cine, así que es inevitable narrar con imágenes. Pero en 'Gloria mía'
las imágenes no son de cine, son más bien paisajes interiores, sueños... Yo
creo que la literatura tiene muchas más imágenes que una película (y desde
luego son bastante más baratas). Las únicas novelas que tienen imágenes
dificultosas son las que curiosamente la gente cree que son más propicias para
adaptar al cine. Como por ejemplo, las novelas de García Márquez. Casi nunca
han resultado bien en el cine, ¿por qué? Porque las imágenes mentales son
siempre más potentes que las materiales. En cualquier caso, me alegre
escucharle que a usted le dé la sensación de que en mi novela la selva tiene
una presencia física”… Manuel Gutiérrez Aragón, español…
"Un buen escritor expresa
grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice
cosas insignificantes con palabras grandiosas"... Ernesto Sábato,
argentino...
“El traductor no debe exceder la
economía del poema; si aparece un adjetivo no hay que poner dos. En general, se
trata de conservar el tono y la dinámica de las ocurrencias, mostrando su
conexión del modo más plausible, no oscureciendo o indeterminando, sino
atendiendo a la información concreta que nos da el tiempo verbal, la
preposición, el artículo, el pronombre. Las cosas vienen de la mente con cierta
sintaxis o secuencia, no hay que agregar nada de la naturaleza del adorno, ni
tampoco sostener un prurito de retórica, una hinchazón indebida, una elocuencia
exagerada. El ánimo del poema es decir
la verdad; el poema tiene un compromiso con la verdad, y por lo tanto no se
trata de una operación retórica. El bloque de sensibilidad, afecto,
pensamiento, incluye el estado del cuerpo y el estado de ánimo, su dinámica
energética, las experiencias, los descubrimientos que tienen lugar. El poema es
un bloque de afectos y expresión”... Roberto Echavarren, uruguayo…
“Para mí, el género de literatura
que hago es un arte y, por tanto, cuando me propongo hacer algo busco lograr
hacer una obra de arte. Siempre es difícil explicar esto: qué lo impulsa a uno,
qué se propone uno. Yo me propongo hacer obras de arte, por eso me cuesta
tanto, por eso he publicado poco y mis libros están muy espaciados en el tiempo
y son diferentes unos de otros. Siempre ando en búsqueda de algo… y ahí sí
podría hablarse de un sentimiento de fracaso. Son cosas que pueden coexistir:
el sentimiento de fracaso en un momento dado en relación a determinado aspecto
de la obra, junto a cierta satisfacción que permite seguir escribiendo”…
Augusto Monterroso, hondureño…
“No sé si el salto ha sido al mundo
o al abismo. La verdad es que me siento bastante aislado. Pero supongo que todo
escritor acaba siendo un apátrida. Yo tengo la pretensión de creer que este es
un libro sustantivo. Pero eso no significa mucho en una época que no aprecia la
«sustancia» sino la «circunstancia». Poca gente quiere oír hablar de temas
difíciles, donde para colmo los buenos resultan un poco malos, y al revés.
¡Nada de tragedias, por favor! Y para rematarla es una novela de ideas, cuando
la moda literaria impone al autor onanista, prendado y hasta preñado de sí
mismo”... Carlos Franz, chileno…
“Un escritor tiene que escuchar
porque si no, no se sabe cómo habla la gente. Anoche, por ejemplo, pasé dos
horas o tres firmando libros en la feria. Pero, sobre todo, para oír a la
gente, para ver qué piensa. Y, más que nada, yo les pregunto a ellos”… Carlos
Fuentes, mexicano…
Sylvia Iparraguirre
“La escritura de ficción está
sostenida en dos pilares: por un lado, la experiencia de vida que abarca todo:
lo sensorial, lo imaginario, todo lo que sos como individuo y como ser
colectivo y social; y la memoria, tanto la tuya propia como la heredada, es
decir, la memoria en un sentido extenso, que te trasciende, la que es un legado
que viene de tus padres, de tus abuelos, y que sintetiza tu estar en el mundo,
tu origen, tu cultura. Por otro lado, sin duda, las lecturas. Es una especie de
cruce, de encuentro de libros y experiencia: vas a ir reconociendo tus
experiencias en los libros que leés, en aquellos libros que te marcan. Y, a su
vez, la lectura ensancha tu experiencia. Si hay una empatía natural con
determinados libros, es sencillamente porque te contienen: no importa cuándo
fueron escritos, atraviesan la línea del tiempo y te encontrás reflejada,
inmersa, en la realidad que plantean. Tus vivencias personales empiezan a ser
explicadas y tal vez encuentres, sin buscarlas, porque la lectura nunca es
«programática», ciertas respuestas que van modelando tu experiencia. ¿De dónde
salen un cuento, una novela? De una experiencia real o imaginaria y de la forma
que le das, de acuerdo con lo que aprendiste leyendo, observando lo que otros
escritores hacían”… Sylvia Iparraguirre, argentina…
"Al principio, como les sucede a
muchos de los que están comenzando, mi escritura era ampulosa, excesiva en el
peor sentido. Lo que podía decirse sin ninguna pérdida en diez palabras, lo
decía en cuarenta o cincuenta. Creía, me habían hecho creer, que eso era
escribir bien"… Rodrigo Hasbún, boliviano…
“No creo que haya más ajustes de
cuentas en mis páginas que las de cualquier otro autor. Cuando escribo, insisto
en esto a riesgo de parecer pedante (que por otra parte es probable que lo
sea), lo único que me interesa es la escritura, es decir la forma, el ritmo, el
argumento. Me río de algunas actitudes, de algunas personas, de ciertos
quehaceres y de ciertas gravedades porque simplemente ante tamaños
despropósitos, ante tamaños pavos hinchados no queda más remedio que reírse.
Toda literatura, de alguna manera, es política. Quiero decir: es reflexión
política y es planificación política. El primer postulado alude a la realidad,
a esa pesadilla o a ese sueño bienhechor que llamamos realidad y que concluye,
en ambos casos, con la muerte y con la abolición no sólo de la literatura sino
del tiempo. El segundo postulado alude a las briznas que perviven, a la
continuidad, a la sensatez, aunque, por supuesto, sepamos que en términos
humanos, en una medida humana, la continuidad es una entelequia y la sensatez
sólo una frágil verja que nos impide desbarrancarnos en el abismo. En fin, no
hagas caso de nada de lo que acabo de decir. Supongo que uno escribe por
delicadeza y ya está. ¿Tú por qué escribes? Mejor no me lo digas, seguro que tu
respuesta es más elocuente y convincente que la mía”... Roberto Bolaño,
chileno, entrevistado por la escritora Carmen Boullosa…
“La literatura no sirve para
criticar ni para defender nada. Ni religiones, ni políticas, ni nada. Uno sólo
escribe una historia, que se contamina con todo. Después cada quien lee lo que
quiere. Al que le interesa el sexo ve mucho sexo. Al que le interesa la
antropología ve mucho de eso en mis libros. Y así. Cada quien se construye su
propio libro. Pero para mi lo que hay es una historia fuerte, que merece ser
contada y nada más. Para criticar está el periodismo, que es muy circunstancial
y coyuntural. Yo hice periodismo durante 26 años. Los últimos diez años los he
dedicado a la literatura. Y ahí estoy”… Pedro Juan Gutiérrez, cubano…
“No, la frase se refiere a una
concepción personal de los personajes literarios. Me parecía demasiado
autorreferente escribir de alguien que se pareciera a mí. Me interesaban
personajes distintos a mí, salir de mi piel, de mi experiencia, ponerme en la
situación de otros personajes: un arquitecto, un médico, un obrero, un
futbolista. La mayoría de los textos que he escrito son muy ajenos a mi
experiencia. Pasados los años y quizá como un principio de relajamiento, me
pareció que había llegado el momento de la autocomplacencia, de escribir de
cosas más a la mano”… Juan Villoro, mexicano…
“Mis personajes reflejan lo que
está sucediendo con la juventud, pues los jóvenes no tienen posibilidades de
tener un piso, ni el derecho a ejercer su carrera, todo eso genera un malestar
soterrado. Hasta ahora, como en mi novela, se resolvía con el sálvese quien
pueda, pero todo lo que ha pasado tiene que cristalizar en ideas nuevas ya que
de todas las crisis sale una sociedad renovada. De esta crisis saldremos
cambiados, confío en los jóvenes”... Félix Teira, español…
“La literatura latinoamericana
termina por inventar la historia tomando de ella lo que ya tiene de invención.
La historia es imperfecta, llena de anormalidades, de contrastes, de rarezas, y
allí reside su poder inagotable de seducción. Podremos hablar mal de la
historia que nos ha tocado en suerte, pero para los escritores seguirá siendo
atractiva y seguirá generando novelas, generación tras generación. No podemos
escapar de ella”… Sergio Ramírez, nicaragüense…
José Agustín
“Esta época tienden mucho al
consumo de las drogas. En nuestros países el fenómeno se ha incrementado a
partir de los años cincuenta, cuando la gente de la clase media le empieza a
meter muy fuerte a las píldoras, los tranquilizantes, y los barbitúricos, al
margen del alcohol y los alucinógenos, que también tienen una tendencia muy
fuerte. A partir de esas fechas el mundo entra en un periodo de mayor
desencanto, las metas vitales se ven cada vez más difíciles de lograr, las sociedades
son capaces de crear dos holocaustos tremendos como las guerras mundiales, y el
capitalismo salvaje hace que se pierda la noción de un futuro. Todo esto invita
mucho a la desesperanza, y es una de las razones por la que se consume tanta
droga. Si hubiera un estado anímico social más esperanzador, un Estado donde
hubiese una justa distribución de la riqueza, una verdadera justicia social,
donde no hubiera explotación ni violencia intensiva, se consumiría en una
cantidad mínima. En el momento en que se corrigieran todos estos males el
consumo de drogas caería terriblemente y sólo tendría una noción ritual o
festiva”… José Agustín, mexicano…
“Sí, buscaba una línea de guía, una
estructura. Por aquella época ya escribía un poco, y leer a Faulkner me abrió
los ojos a la invención formal. Y fue una idea que me excitó mucho. Además,
Faulkner me dio la convicción firme de que un argumento siempre iba acompañado
de una forma. No puede descuidarse el argumento. La forma no puede ser en sí
una meta, un fin. Pienso que la ficción debe incluir siempre la experiencia
humana. Como puedes ver, sigo siendo muy leal a la idea que de la novela tenía
Faulkner”... Mario Vargas Llosa, peruano…
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