Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

14 de febrero de 2022

Fragmento de Muertero (con el Curandero Felipe)

 


El dramático suceso quedó arreglado en el mundo de los vivos, pero en el de los muertos, las leyes son diferentes, así que, en su etérea ignorancia, Pedrito había provocado ya la muerte de varios niños en esa piscina, razón por la cual la vigilancia por parte de la administración del hotel era más que exagerada.
 
Mantuve los ojos cerrados para visualizar el origen de tantos accidentes y comprendí que la gerente del hotel, conocedora de las artes oscuras, estableció un pacto con el pequeño de manera que se encargara de ahogar más niños en las albercas de otros hoteles para desprestigiar a los que representaban una peligrosa competencia comercial. Así, Pedrito se convirtió en el líder de una jauría de pequeños desencarnados a su servicio, los cuales recibían los tradicionales pagos por parte de la administradora, como sacrificios de animales, flores, pólvora, aguardiente y demás, al tiempo que ella se afianzaba en su puesto ante el dueño por su eficiente labor.
 
La situación me pareció más que perversa, pero no era asunto mío, hasta que abrí los ojos y descubrí frente a mí a Pedrito y su séquito, unos siete muertos más, mirándome con odio.
 
—¡Lárguense! —ordené, pero no se inmutaron.
 
Observé al líder y caí en la cuenta de algo que me sobresaltó: Pedrito no era un desencarnado, se trataba de un demonio, y no estaba preparado para enfrentarme a ellos, así que tracé mentalmente un círculo de protección e invoqué al curandero Felipe.
 
No tardó en aparecer, como siempre hacía desde que hicimos el pacto, tras su muerte, de que estaría conmigo trabajando espiritualmente cada vez que lo requiriera. Sentí su presencia detrás de mí, su energía era inconfundible, así que no tuve necesidad de voltear a verlo.
 
—Un difunto que acepta matar, como es el caso de este «niño», se puede convertir en demonio por decisión propia —advirtió—. Él sabe cómo hacerlo, pues fue humano, a diferencia de Satanás, por ejemplo, quien siempre ha sido una entidad, él no asesina, así que no sabe qué se siente, solo induce a quien cometa el crimen para alimentarse de la energía negativa que se genera al momento de obedecerlo.
—Vaya —expresé, recordando las largas pláticas de enseñanza que tuve frente a él.
—Pero en el fondo sabes perfectamente qué hacer.
—Nunca me enfrenté a demonios, no me lo alcanzaste a enseñar —protesté para justificar por qué lo había llamado.
—Te lo revelaré: aunque se haya convertido en demonio por el maltrato al que fue sometido en vida, incluyendo la manera en la que fue asesinado, al mismo tiempo tiene miedo de seguir siendo lastimado en el plano etéreo, pero, en el fondo, por extraño que te parezca, Pedrito sigue siendo un desencarnado.
—Vaya —me resultó lógico lo que dijo.
—Así que, para enfrentarlo, lo que tienes que hacer es desarmarlo, romper su coraza maléfica, ya que, así como por decisión propia aceptó ser un líder, y después convertirse en demonio, de igual manera puedes hacer que vuelva a ser un espectro, con lo cual, en algún momento pedirá le des luz.
—Vaya —repetí.
—Creo que no me estás entendiendo —me amonestó—: en el fondo, todo muerto convertido en demonio está pidiendo ser liberado para poder continuar su camino hacia la reencarnación.
—Te entiendo, pero yo no tengo la intención de enfrentarme a ellos, solo quiero regresar a mi habitación sin que estos cabrones se me echen encima.
—Por ahora no los enfrentarás, pero tendrás que hacerlo por Anahí.
—Mierda, tío, no seas así —me quejé—, no puedo ir por la vida dándole luz a cualquier pinche muerto que se me atraviese.
—Pedrito debe irse —insistió—. Ya lo entenderás, pero, para tranquilizarte, no lo realizarás aquí… Será más adelante, y es importante que lo hagas, porque, al liberarlo, el grupo de desencarnados perderá a su guía, se disgregará y, con ello, más muertes inocentes se evitarán.
—Ese no es mi problema —reiteré mi posición.
—Lo harás —avisó, sin alzar la voz, sin amenazas, como cuando estaba vivo, con ese tono que no daba pie a discusiones.
—Solo quiero irme a dormir —cedí—. La cascarilla aleja desencarnados, no demonios.
—Tan sencillo como eso —dijo, y la mano con la que yo la sostenía fue manipulada e hizo el primer trazo en el suelo. Eso fue suficiente para que todos desaparecieran. Felipe se despidió, y subí a dormir.

nuevo libro disponible en: https://www.amazon.com/dp/B09PW8KCLC/ref=cm_sw_r_awdo_navT_g_YWMEGNWDW49XBW9GTNKK

10 de septiembre de 2017

Texto seleccionado en concurso de Literatura de España



Saludos amables lectores: 

La siguiente entrada tiene la finalidad (y el gusto), de compartirles que su servidor participó en el concurso “Inspiraciones Nocturnas IV”, organizado por la asociación española “Diversidad Literaria”, con un texto que fue seleccionado, dentro de más de 1500 participantes, para ser incluido en la antología del mismo nombre con los mejores relatos.

La última vez que participé en una antología fue en 1998, editada por la Universidad Nacional Autónoma de México, para después dedicarme exclusivamente a publicar en periódicos, revistas y dar pláticas en la radio.

Haber sido seleccionado para la compilación “Inspiraciones Nocturnas IV“, refuerza mi convicción de que lo mío es exclusivamente la literatura.


19 de octubre de 2016

Reflexión tras terminar de escribir mi nuevo libro

1.
He terminado de escribir mi quinto libro (estaba finalizado dos meses atrás, pero de última hora incluí otro capítulo): los 4 anteriores (2 novelas y 2 de relatos), se publicaron de manera independiente y no se han reeditado; este último se llama “Mi vida con los muertos” y por el título podrán hacerse una idea sobre su temática.

Escribir una obra no es fácil: se puede llevar un año o más dedicándole 5 horas diarias en las que la inspiración, investigación y paciencia son básicas; terminado el borrador sigue la corrección de estilo, se propone a la editorial (o se opta por la autoedición), se negocian cambios, el diseño y la portada, se cubren las cuestiones legales y otros detalles que hacen que la publicación, desde que se plasma la primera palabra hasta que llegue a una librería, se lleve hasta dos años.

Lo anterior me lo recordó el Premio Nobel de Literatura 2016, otorgado al músico Bob Dylan, por “haber creado nuevas expresiones poéticas en el marco de la gran tradición musical estadunidense”, justificó el jurado. Mucha tinta ha corrido sobre el tema, así que en esta reflexión no avivaré la polémica, pero sí haré una lectura de lo que entre líneas significa ese galardón.

2.
Acabo de recibir una herencia, una biblioteca, con el argumento de que sólo yo podía valorarla: son libros editados hace más de un siglo (el más viejo es de 1880), todos en perfecto estado. En cuanto llegaron a mi casa, me puse a clasificarlos encontrando la “Oeuvres de Cuvier Et Lacepede” (1883) o el “Diccionario de Geografía, Historia y Biografías mexicanas” de Alberto Leduc (1910), entre muchas rarezas.

Ya catalogados tuve curiosidad por su precio: “Oeuvres…” (2,100 euros en Amazon), el “Diccionario…” (2,500 pesos en Librerías de ocasión), más al proponer su hipotética venta en Librero en andanzas, no les interesaron. Esa noche leí un artículo sobre el mercadeo de libros antiguos, donde un experto se quejaba que su valor está bajando por la oferta excesiva, ¿la razón?, la gente se deshace de ellos por falta de espacio o los malbarata por apuros económicos.


Los libros ya no son objeto de interés salvo para lucrar con ellos entre los coleccionistas, sí, pero esto qué tiene que ver con el Nobel a Bob Dylan? sencillo: la Academia Sueca acaba de menoscabar la importancia de la literatura y los autores en la cultura universal, y en breve, con sus nuevos criterios, quien sepa sumar 2+2 ganará el premio de economía‎, quien descongele agua se llevará el de física, quien destace pollos obtendrá el de medicina, quien no le meta un tiro a un violador conseguirá el de la paz y el que consiga piratear un perfume obtendrá el de química‎, pero…

3.
No es sorpresa que la intención de masificar a la humanidad y erradicar al individuo es un proyecto global que avanza a pasos seguros y ello lo vemos en “la moda”: ya no se trata solo de estrenar una película o lanzar a la venta un teléfono celular a nivel mundial, sino que gracias a ello se alinea a millones de personas alrededor de una banalidad.

Se avecinan cosas peores, por ejemplo: a solicitud de la ONU, el dinero en moneda dejaría de existir para el año 2021, y el primer paso lo dio Dinamarca al anunciar que en 2016 sacará de circulación billetes y monedas para que toda transacción sea electrónica: eso es masificar.

Privatizar los servicios de salud, transporte, agua, electricidad, gas, educación, seguridad, limpieza y vivienda forman parte de un plan para vendernos caro la atención a nuestras necesidades: eso es masificar.

Otorgar un Premio Nobel a un canta-autor, cuyo par de libros son sus memorias (incompletas: falta el volumen dos), y una compilación de letras de sus canciones, es masificar la ignorancia y forma parte de “El Plan” en el que los libros se excluyen gradualmente de nuestras vidas, pues la cultura (al ser subversiva), es el enemigo a erradicar, y eso nos están insinuando con el “reconocimiento” a Bob Dylan: sobre lo innecesario que son los libros para el nuevo proyecto mundial.

1 de junio de 2016

La noche del oráculo



1.
La semana se tornó pesada y por si no fuera suficiente preparar el viaje para asistir a la Universidad Autónoma del Estado de México, a la que me invitó mi amigo B, un resfriado me estaba acosando…

Si bien solía escribir mis ponencias nunca las leía frente al auditorio: lo hacía para tener claro el tema, así que redactarla, el exceso de trabajo, la preparación de la maleta, los trámites en mi trabajo para ausentarme y la exigencia de una casi-novia de acompañarme, me dificultaron acudir a la librería para adquirir el texto que según la crítica estaba consagrando al escritor Paul Auster: “La noche del oráculo”…

Mientras sonaba Breakfast in America en la sala, la gripe ganó la batalla y esa noche me encontraba oficialmente enfermo… entre fiebres pensaba que jamás he conseguido entender por qué esa canción es famoso entre las mujeres… pensando en ello llegó la madrugada, después la hora de irse y me convertí en un griposo-desvelado…

2.
A saber cómo subí al autobús: por los antigripales dormí todo el trayecto y soñé que la casi-novia exigía ir conmigo… incluso al despertar, tras una sacudida del camión y bañado en sudor, me negaba abrir los ojos, aterrorizado, de imaginarla sentada a mi lado…

Al llegar a mí destino pasaba del medio día, el catarro se ensañaba, tenía hambre y además tuve que esperar media hora a que me recogiera el vehículo que me trasladaría a la UAEM: sin saber por qué en mi mente sonaba una y otra vez Breakfast in America…

Fui recibido por el director de Extensión Cultural, quien había preparado una recepción y a la que acudí gustoso por la posibilidad de saciar mi hambre, más cometí el error de tomar una copa de vino tinto que junto con los antihistamínicos me pusieron un colocón marca te arrepentirás… creo que algo percibió el director (después me enteré que pensó que yo no ocultaba mi aburrimiento), pues instruyó a su secretario particular para que me mostrara la sección de dormitorios…

Ya en la habitación opté erróneamente por darme una ducha para aminorar los síntomas de la terrible combinación de medicinas y alcohol, después me recosté, quedándome dormido, hasta que el propio rector fue a despertarme…

3.
Una vez que alguien se cansó de golpear la puerta, me levanté para descubrir que mi estado era lamentable, más hice acopio de valor, petrifiqué una sonrisa, tomé la impresión de mí ponencia y salí de la habitación para encontrarme que los demás conferencistas estaban esperándome… tras las presentaciones, en las que no todos fueron amables, seguimos al rector rumbo al auditorio…

Caminé torpemente no sólo por la fiebre y el pleito que aún traía el vino con los antigripales, sino porque fuimos guiados por oscuros y húmedos pasillos, junto con intrincadas escaleras, entre los cuales alcancé a ver la atractiva figura de una conferencista…

Llegamos a la sala y descubrí todas las butacas ocupadas mientras irónicamente sonaba en la música ambiental Breakfast in America… sin mayor preámbulo dio inicio lo que el rector presentó como una velada entre autores, mientras yo luchaba por no quedarme dormido y bebía agua en grandes cantidades para reanimarme…


Tocó mi turno y no tuve más remedio que leer mis hojas, más ello no ayudó pues mi tono somnoliento contaminó a la concurrencia y aquello se convirtió en un dormitorio masivo: gente bostezando, consultando sus relojes, revisando el programa y lo más impacientes saliendo y entrando del recinto…

Al finalizar sonaron pocos aplausos e inició otro ponente… bebí más agua hasta que me sentí mejor, así que al llegar la sesión de preguntas mis síntomas se limitaban a los del resfriado, lo que no dificultó mi participación… terminado el evento el rector nos invitó a pasar al lobby para un brindis y generar una tertulia: dudé en asistir, pero mientras nos poníamos de pie alcancé a ver un par de manos femeninas que acomodaban sobre la mesa algunos los libros, poniendo encima el de Paul Auster: decidí darle una oportunidad a la convivencia…

4.
Conversé con algunos ponentes mientras tomaba más agua, cazaba bocadillos y cauto me acercaba al rincón donde se encontraba, acosada por varios asistentes, la hermosa dueña de Paul Auster...

Me mantuve a distancia aunque a la expectativa, más un fuerte estornudo me recordó mi gripe y que esa no es una buena tarjeta de presentación: apuré otro vaso de agua, acepté una derrota (sin pelear) y opté por ir a dormir pues al siguiente día los conferencistas debíamos participar en un taller literario…

Me alejé del bullicio, pregunté a uno de los meseros la manera de llegar a mi habitación y me fue señalado: bajar la escalera, seguir el pasillo, cruzar un patio e ir por un largo corredor que le llevará a un elevador y apretando el botón número 3 llegará a su destino… no se me hizo parecido al trayecto de venida, pero opté por confiar en él…

Siguiendo las instrucciones anduve por túneles en los que me perdí unos diez minutos, atravesé el innecesario patio y llegué al corredor donde al final la puerta del elevador comenzaba a cerrarse: apuré el paso, metí la mano y conseguí que las láminas de acero me permitieran entrar para darme de frente con la bella conferencista…

La saludé pero un ataque de tos y estornudos le impidió responderme… la convencí de que no le tomara importancia, lo agradeció con una sonrisa… yo recordé que debía presionar el botón 3 para llegar a mi habitación, pero ella ya lo había marcado: íbamos al mismo piso!...

- perdón - ofreció al sobreponerse…
- no te preocupes – insistí después de toser - padecemos de lo mismo…
- qué te pareció la charla? – me interrogó…
- excelente, aunque en mi caso pudo estar mejor…
- entonces lo mismo has de pensar de mí – se preocupó…
- me gustó – y previniendo la llegada a nuestro piso agregué – qué tal está “La noche del oráculo”?…
- bien – dijo mirándolo de reojo – interesante…

El elevador se detuvo, le cedí el paso y al salir los dos estornudamos: aunque ella tuvo que usar un pañuelo, nos disculpamos antes de soltarnos a reír por lo difícil que resultaba mantener una conversación… ya en el pasillo ella señaló hacia la derecha para indicar su rumbo: le dije que íbamos hacia el mismo lado… me dijo que se llamaba A mientras cada paso rumbo a su habitación ella lo hacía más lento y conversábamos sobre Paul Auster…

Dos días después, la mañana en que los ponentes partimos de regreso a nuestras ciudades de origen, “La noche del oráculo” iba en mi maleta con una dedicatoria y un número telefónico… a mi lado A entrelazaba su mano con la mía, la mutuas gripes habían desparecido y en mi mente, por fin, la aclaración de por qué las mujeres tienen debilidad por Breakfast in America…

5 de abril de 2014

Comprar un libro en México ya es un lujo



1.
Hace algunos días acudimos a la sucursal Miguen Ángel de Quevedo de las librerías “El Sótano”, encontrándome con la sorpresa de que los libros se han convertido en un objeto pomposo al que ya es cuasi imposible acceder…

La cadena de librerías “El Sótano” (fundada en el año 1967), es un lugar barato si se le compara con los precios que en ocasiones ofrece su competencia: las librerías “Gandhi” (ambas situadas a escasos metros de distancia)… si hablamos en términos de comodidad, ambiente, espacio, los mencionados precios y la distribución de los libros, me inclino más por pasarme las horas en “El Sótano” mientras decido mis compras…

El asunto es que en mi última visita a este lugar descubrí que los libros en mexiquito alcanzaron importes “estratosféricos”, los cuales en menos de un año se han duplicado (en algunos casos hasta triplicado), convirtiéndolo de un día para otro en un producto casi inaccesible…

¿Pero qué hay detrás de la saña con la que se ha transformado al libro en un “bien suntuoso”?... cifras vergonzosas cuyas consecuencias al gobierno mexicanito, en materia de cultura, le son indiferentes…

2.
Comencemos con el análisis de esta situación...

En materia de sueldos el actual gobierno acordó otorgar un aumento general a los salarios mínimos a partir del 1 de enero de 2014, los cuales estableció en el siguiente rango: el más bajo $63.77 pesos diarios y el más alto $67.29… esto equivale a $2,018 pesos al mes, unos 168 dólares (el presidente enrique peña nieto gana en los mismos 30 días la agraviante cantidad $319,628 pesos)…

El precio de la llamada Canasta Básica Alimentaria (definida como el conjunto de bienes y servicios indispensables para que una familia pueda satisfacer sus necesidades básicas de consumo a partir de su ingreso y contempla alrededor de 80 artículos, entre los cuales encontramos productos para la despensa y algunos servicios), es de $1,737.13 pesos al mes (obviamente esto no incluye el pago de renta ni de servicios médicos, consulta y medicinas), ni colegiaturas (tampoco libros, cuadernos, plumas, lápices, gomas ni demás material escolar y mucho menos uniformes), no contempla el pago a créditos (tarjetas bancarias, hipoteca o autofinanciamiento), ni mucho menos asistencia a espectáculos o centros esparcimiento…

A esto se debe agregar la ridícula cifra “oficial” de que los mexicanos invierten en el llamado “gasto en cultura” el equivalente al 3.8% de su ingreso total mensual, esto es, $3.8 pesos por cada $100 que gana… en números reales tenemos que para toda una familia el jefe de la casa (si pensamos que mantiene a una esposa y dos hijos), destina de su salario mínimo mensual $76.71 pesos en adquirir conocimiento…
 
Sin embargo, este número es engañoso si se compara con los datos proporcionados por la última “Encuesta Nacional de Consumo Cultural” (ENCC), pues no se define lo que es un “producto cultural”, de aquí que se contemple libros, discos de audio y video, revistas, archivos en medio magnético y otros productos que en su conjunto el 47.1% se adquiriere en la vía pública…


Para el “consumo cultural” en materia de libros, la ENCC señala que un 59% de los lectores los compró nuevos, al 36% se los prestó un amigo o familiar, al 20% se los regalaron, otro 20% fueron facilitados por una biblioteca, el 7% se fotocopió y el 7% se obtuvieron gratuitamente de internet… 

Como mera referencia señalemos que del total de dinero gastado en cultura, el 17.6% se usó en comprar productos vía internet, el 6.7% en cursos y el 1.9% en espectáculos en la calle…

3.
Una vez delimitado el contexto de la economía, el ingreso y los consumos de cultura y libros, regresemos con la sorpresa que me encontré en la librería “El Sótano”…
 
Después de consultar la lista de los libros que pensaba adquirir (y una vez asustado por lo exagerado de sus precios), usé el “plan B”: decidí sustituir mis títulos originales por los siguientes textos (incluyo sus respectivos precios):

- Retrato en sangre, de John Katzenbach, $220
- Nubes de kétchup, de Annable Pitcher, $244
- Doctor sueño, de Stepehn King, $299
- Vientos de cuaresma, de Leonardo Padura, $155
- Con el diablo adentro, $159 y De pronto me encontré que yo era exorcista y sanador, $112, ambos de David Enciso
- Astrología y Tarot, de Beatriz Leveratto, $473 (éste último adquisición de mi esposa)

Me dolió no adquirir “El ángel caído” (su precio de $620 se me hizo insultante), la novela de William Hjortsberg que posteriormente el director Alan Parker supo llevar adecuadamente al cine bajo el nombre de “Corazón satánico”, misma que sirvió para consagrar la carrera cinematográfica del aún reconocible rostro de Mickey Rourke…
  
El total a pagar fue de $1,662 (el equivalente a unos 125 dólares)… pero quedémonos en “pesos” para llegar a esta escalofriante conclusión: para poder realizar esa compra una persona que gane el salario mínimo tendría que haber reducido a sus $2,018 mensuales estos $1,662, quedándose con sólo $356, que por la terrible inflación que este país padece no alcanzaría para mucho, pero que nos deja claro que el cliente tendría que quedarse en su casa y dejar de comer durante un mes para adquirirlos…

Cómo le hice para pagar los libros? me encerré en mi casa y dejé de comer durante un mes? seré que gano más del salario mínimo?... ninguna de las anteriores respuestas es la correcta, cuando se tiene el terrible vicio de leer se acude al plan “C” si se desea seguir haciéndolo: pagar con tarjeta de crédito…

4.
Ha llegado el momento de alarmarnos pues estos precios hacen imposible adquirir libros?

o…

Debemos estar de plácemes porque ahora sí tenemos una razón válida para argumentar por qué mexiquito un país de NO lectores, y con este pretexto, quitarnos esa imagen de pueblo de ignorantes que tanto nos restriegan en la cara las estadísticas internacionales?

No es tan sencillo…

5.
Los libros en mexiquito son más caros que en Estados Unidos, Chile, Inglaterra, Argentina o España, aparte de que los tirajes aquí son bastante pequeños: 2,500 ejemplares máximo… sí, pero en este país los precios de la luz residencial, por el uso de carreteras y autopistas, el servicio de internet, el azúcar, la gasolina y el gas, la telefonía celular, los servicios bancarios, la televisión por cable y el metro son los más caros del mundo… y sin embargo, la mayor parte de los mexicanitos pagan por ellos sin protestar mucho…

Y aquí llegamos a una contradicción: cómo es posible que con un sueldo tan miserable los mexicanitos hagan magia para poder consumir algunos productos y servicios que son considerados un lujo (cuya satisfacción obtenida no pasa de ser efímera), y no son capaces de invertir en un libro, cuyos beneficios son más duraderos?

Pese al exagerado precio de los libros estos resultan aún más baratos que comprar bebidas alcohólicas, adquirir la camisa de moda o conseguir el teléfono celular más moderno, por no mencionar los miles de pesos que cada mexicanito gasta en promedio al año en comida rápida ($3,604), refrescos de cola ($2,613) y alimentos en puestos callejeros ($2,008)…

Un ejemplo más concreto: según la Procuraduría Federal del Consumidor, durante el pasado Super Bowl XLVIII, realizado en el mes de enero de 2014, los mexicanitos gastaron estas cantidades: el precio promedio de un televisor LED para verlo fue de $4,998… el desembolso aproximado de botanas y comida chatarra fue de $108 por persona… el consumo de cervezas o alcohol ascendió a $250 por sujeto… si se compró la chamarra “oficial” de algún equipo se gastó $1,399… y si se asistió a un bar o cantina el gasto individual fue mínimo de $400…

Así las cosas, realmente podemos decir que los habitantes de este país no leen porque los libros están muy caros… o porque realmente no les interesa?

6.
Históricamente el mexicanito es un consumidor nato, ya que obtener y ostentar da cierto prestigio, que es el sinónimo (mal interpretado) de elitismo, prosperidad, posición social y riqueza… por ello es que para las ya muchas generaciones que han habitado este país no hay el mínimo interés por la política ni la justica: mientras puedan ser derrochadores compulsivos, tener diversión y gocen del estómago lleno, no les importa la democracia ni que sus respectivos gobernantes sean corruptos y los tengan hundidos en la ignorancia…

El que los libros sean caros y que en consecuencia en mexiquito las clases sociales con menos recursos no lean, no necesariamente es sinónimo de analfabetismo ni pobreza, en realidad está relacionado con la falta del hábito de la lectura pues está confirmado que las clases media y alta tampoco leen…

 
Se ha dicho y repetido que la falta de interés en la lectura también tiene un cómplice: la indiferencia desde hace décadas de sus gobernantes, pero a nadie parece importarle mucho esta verdad…
       
Un ejemplo de esto lo tenemos en mi opinión en los propios habitantes de este país: eligieron a su actual presidente, el cual destacó en su campaña presidencial por dar ejemplos de ser un tipo que no lee: su incapacidad de citar tres títulos de libros que hayan sido importantes en su vida, no lo hace menos patético que la gente que le entregó el poder para desgraciar la vida de más de 100 millones de personas…

7.
Podemos ya incluir, entonces, el novedoso pretexto de que la falta de lectores en este país es exclusivamente culpa de los precios altos?... acusamos nuestros gobernantes de inducirnos a la ignorancia?… hacemos también co-responsables al gobierno y a la sociedad de la falta de interés en la lectura?... por supuesto que sí, pero aparte de los tres cuestionamientos anteriores, se debe agregar a este gran problema otros actores que intervienen activamente, como la iniciativa privada, la iglesia y las trasnacionales: sólo así se puede aplicar la máxima de que “un gobierno corrupto y los círculos de poder que lo componen, necesitan de una población ignorante para manipularla y reproducirse dentro del poder”…

8.
Si decidimos no entrar en las muchas más actuales razones por las cuales no se lee, y nos limitamos a reiterar la de los exagerados precios de los libros, supongo que otro novedoso argumento (para llevar la contraria), se le ocurrirá a alguien ante la siguiente opción para poder hacerlo:

De acuerdo a los últimos datos disponibles sobre la "Red de Bibliotecas públicas del país", están a disposición de la sociedad, y de manera totalmente gratuita, 52.5 millones de libros… y pese a esto, se calcula que el 43% de los mexicanitos nunca ha visitado este tipo de espacios en su vida…

Hay otra opción, pero creo que es una fantasía a la que también alguien le buscará un buen pretexto: que los mexicanitos exigieran al gobierno subsidiara a las editoriales para que a su vez estas bajaran el precios de los libros… pero esta sí que es una ilusión que nunca se cumplirá, ni siquiera en la mente ni a través de la pluma de alguna de nuestras grandes promesas literarias de la ciencia ficción…

9.
Independientemente de las reflexiones anteriores, no está por demás hacer el llamado a las editoriales y a las librerías para que reflexionen sobre si lo que ellos califican la “crisis que está padeciendo actualmente el sector editorial”, tiene su origen la falta de lectores país o si realmente obedece a que los pocos lectores que existimos vemos que mes a mes a los libros los están convirtiendo en un objeto de lujo…

Mejor que alguien nos responda lo siguiente: por qué las editoriales y las librerías decidieron traicionarnos y también convertirse en nuestros enemigos, pasándose al bando de los que están obsesionados con que en este país no se lea?