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25 de noviembre de 2022

La desencarnada ya no existe

 


1.
Me contactó por mail y su solicitud no tenía nada de especial: solicitaba la atendiera para contactar con el alma de su madre. La dejé pasar pues para eso existen los médiums, además de que lo mío ya es desatenderme de lo que tiene que ver con el mundo espiritual: hay cosas más divertidas que hace, mas ella insistía enviando mails cada semana, mínimo.
 
Llegó un punto en que iba a marcar sus correos como spam, más la tarde en que lo haría recibí una llamada de Tania, Mayombera y vieja conocida nuestra, pidiéndome atendiera a su amiga, la persistente autora de mails.
 
—Es íntima mía — quiso presionarme.
—Me vale una fumada si te acuestas con ella — advertí.
—No seas cabrón — protestó — me refiero a que Rosa y yo nos conocemos desde que éramos niñas — y agregó — soy Yaya… no puedo ser gay.
—¿Por qué los religiosos buscan chantajearme para que atienda a sus amigos? — me quejé, pero tras un par de minutos de ruegos acepté más que nada porque con videncia descubrí que el caso era interesante.
 
2.
Llegué puntual al “Café Levanta Muertos” (¿ironía de Rosa?), ubicado en la colonia Del Valle, lugar que propuso y donde ya estaba esperándome, lo cual siempre es una mala señal pues deja claro que la persona cree que lo suyo merece más importancia en la vida que cualquier otra cosa.
 
—¿Rosa? —pregunté pese a que habíamos acordado que para identificarla ella llevaría un (irritante, para mi gusto), vestido color morado.
—¡Hola Rachid! — saludó efusiva, pegó un brinco, salió a mi encuentro y me besó en la mejilla.
—Hola — respondí y de inmediato sentí aversión por ella: no me gusta besuquearme con desconocidas, así que en lugar de sentarme a su lado lo hice en la silla de enfrente.
—Te recomiendo el café capuchino y el pay de queso con salsa de zarzamora — dijo en el momento en que la mesera se acercaba.
—Un café americano y pastel de zanahoria — la ignoré pensando que el extremo de “amor a primera vista” podría ser “repulsión a primera vista.
 
3.
—Tu blog me gusta mucho, sabes mucho de Santería y temas espirituales.
—Me lo dicen todo el tiempo — bostecé.
—Supongo, por eso me dijo Tania que no me anduviera con formalidades ni adulaciones, pero no sabía por dónde empezar.
—Comenzaste mal, entonces.
—Y también me dijo que eres un cabrón.
—No lo soy, para mi la gente cabrona es la que va por el mundo buscando cómo joder al prójimo — aclaré — y eso no es lo mío, al contrario, me caga que “me toquen los cojones”, como dicen los españoles.
—Entonces habría que buscarte un sinónimo de cabrón.
 
La observé y confirmé su antipatía, lo que se acentuaba por su pretenciosa vestimenta y joyería, su chillona voz, a la cual agregaba un alto volumen al hablar que la dejaba al borde del grito, pero lo más irritante era que se notaba que vivía bajo una eterna dosis de simpleza mental.
 
4.
—Mi madre murió hace un año — comenzó…
—Deja descansar a los muertos — la interrumpí.
—No puedo — dijo y sus ojos se humedecieron — tuve una mala relación con ella y quiero que hagamos las paces antes de que…
—Sí, antes de que tú también mueras… ¡mierda!, ¿por qué no lo hiciste en vida?, ¿por qué te arrepientes hasta ahora?
—Ya tuve el honor de escucharte decirlo…
—¿Qué…?
—“Mierda”… lo escribes mucho en tu blog y en tus libros cuando aceptas consultar a gente en alguna cafetería… y suena taaan sexy.
 
5.
—He leído en varias páginas web que cuando un familiar querido muere sientes su presencia — siguió — da señales de que está contigo.
—Si no la sientes es que no quiere saber nada de ti — me adelanté.
—Ante la indiferencia de mi mamá Tania me consultó con su Nfumbe, pero su respuesta fue confusa.
—Ya te lo dije, estará enojada — bostecé de nuevo — sería mejor que lo dejaras así porque es capaz de aparecerse para buscar venganza… y no creo que quieras conocer a un desencarnado encabronado.
—Busqué a una Médium y dijo que no podía contactarla — me ignoró — luego con una Espiritista e indicó que no respondía a sus invocaciones.
—Vaya — en cuanto dijo eso, ahora sí, captó mi atención.
—Un par de estafadoras: no consiguieron traerla y aun así me cobraron.
—Vaya — repetí.
—Eso de “vaya”, también suena sexy — señaló.
—Cuéntame sobre los aspectos más importantes de la vida de tu madre y por qué se llevaban tan mal.
—Tania me dijo que eras vidente — protestó.
—Mierda, ¿por qué la gente siempre se queja de lo mismo?, ¿por qué todo el tiempo debo aclarar que cuando hago preguntas es para abrir puentes astrales y empezar a ver el trasfondo del problema?, lo digo en mi blog, así que si lo has leído, cómo dices, deberías de saberlo.
—Dices mierda de una manera tan sensual — dijo mordiéndose el labio superior — deberías escribir poesía erótica en lugar de libros sobre espíritus chocarreros.
—Una insinuación sexual más, me levanto y me voy — amenacé.
 
6.
—¿Qué explicaron la Espiritista y la Médium?
—Lo que te dije: la primera que mi madre no respondía y la segunda que no era posible contactarla — repitió y, enojada, agregó — cabronas.
—Fíjate bien lo que haremos: vas a poner tu mano izquierda encima de la mesa y voy a poner la mía encima, pero no empieces con que eso también es sexy — amenacé.
 
Hizo lo que le pedí y en un par de minutos descubrí el motivo por el cual nadie viera a la muerta.
 
—Tienes las manos muy suaves — señaló.
—Mierda, te lo advertí — avisé e hice el intenté de ponerme de pie, más me tomó del brazo para impedirlo.
—Bromita — dijo fingiéndose apenada.
—¿A qué te dedicas? — sentí curiosidad por la manera tan espontánea con que reaccionaba.
—Soy locutora de radio, ¿no te dijo Tania?, ¿no me reconoces? — dijo dirigiendo su rostro hacia al ventanal para destacar con la luz del atardecer no-sé-que de sus facciones: así como era guapa era odiosa.
—No escucho radio ni veo televisión.
—Te felicito: vives en la ignorancia sobre lo que sucede a tu alrededor.
—Leo unos 7 u 8 periódicos diarios, aparte de revistas y algunos blogs, así que ignorante no soy… no me gusta que me digan qué pensar, porque eso hacen las locutoras, como tú, pasteurizar información para ser consumida sin cuestionar, crear opinión pública y desvirtuar la realidad.
 
7.
—Curioso, tus ojos a veces se ven color verde y otras café — dijo sin venir al caso, recargando sus dos brazos sobre la mesa.
—Te tengo malas noticias — la ignoré de nuevo — ni la Espiritista ni la Médium eran estafadoras ni “cabronas”, tuvieron razón, el espíritu de la que te parió no está, lo que no te avisaron fueron los motivos…
—¿Tú también? — me interrumpió lanzando su cuerpo hacia atrás.
—… y nunca, nadie, jamás, podrá contactarla — agregué — así que deja de pagar por algo que nunca conseguirás, mejor arrepiéntete de tus pecados… puedes irte en paz, tu consulta ha terminado — avisé, saqué mi cartera, cogí un billete para pagar mi consumo, lo puse sobre la mesa, me levanté y salí de la cafetería.
 
Comencé a caminar hacía una esquina para tomar un taxi que me llevara a mi casa, más en menos de lo que me imaginé Rosa me había alcanzado para plantarse frente a mi.
 
—No puedes dejarme así — protestó y me la imaginé haciendo ese tipo de dramas a su novio — ya sé que mi madre no está, murió, ¿pero de qué carajos hablas?
—Ese “carajos” suena taaan sexy — me burlé.
—Explícate.
—No tengo por qué hacerlo, no me pagaste la consulta, ni el café ni el pastel, por cierto, bastante mal, así que no estoy obligado a nada contigo.
—¡Eres un cabrón!, no sé cómo es que tienes las manos tan suaves — gritó y varios transeúntes me miraron con desaprobación — explícame.
—No lo entenderías.
—¡Dime! — demandó de nuevo.
—Tu madre volvió a su lugar de origen, ya no está aquí ni en ningún plano espiritual que conozca ningún simple mortal — contesté.
—¿Me puedes dar tu autógrafo? — intervino una jovencita que de inmediato recordé estaba sentada en una mesa a lado de nosotros, ofreciéndole una pluma y un libro abierto en la primera página.
 
Rosa la observó con odio y yo me adelanté a reprobar con la mirada cualquier majadería que se atreviera hacerle, quien, estaba claro, había vencido una gran timidez para acercarse.
 
—Claro, dame tu nombre — dijo la locutora recobrando la compostura, tomó la pluma, escribió una extensa dedicatoria y devolvió el texto.
 
Tras aquello unas cinco personas rodearon a Rosa con la intensión de conseguir el mismo trofeo, aunque algunas habían presenciado la escena y me miraban con odio.
 
—¿Quiere que llamemos a una patrulla pa’que se lo lleven? — ofreció una mujer obesa.
—Cabrón — secundó otra, esquelética y ojerosa.
—Misógino — me acusó un tipo gay.
—Olvídese de él, usted merece algo mejor — insistió la rolliza — mejor deme su autógrafo y lueguito nos tomamos una selfi.
—¡No te vayas! — exigió Rosa garabateando, ya sin fijarse, cuanto libro o pedazo de papel le acercaban.
—¿Acaso no tienes dignidad, “manita”? — intervino el gay — deja que el marico ese se largue.
 
Más gente comenzó a juntarse por el escándalo (y por tratarse de la famosa locutora), así que aproveché para escabullirme. Rosa hizo el intento de seguirme, el gay trató de contenerla, ella lo abofeteó y ello cambió la situación. Alguien pidió una patrulla mientras acusaba a la locutora de homofobia.
 
8.
—¿Así que es cierto? — preguntó mi esposa tras narrarle lo sucedido.
—Sí, pensé que nunca atendería un caso como ese.
—Entonces Zaarah tenía razón.
—Me temo que sí — acepté mientras recordaba la conversación en la que nuestra amiga espiritualista nos explicó ese tipo de posibilidades.
—¿Lo “temes”? — me inquirió — es impresionante adquirir conocimiento de ese tipo, ¿por qué en lugar de explorarlo te preocupa?
—¿Por qué está sucediendo?, ¿por qué algunas almas están regresando a su lugar de origen?, ¿porque evolucionaron espiritualmente, cumplieron con sus 12 reencarnaciones mínimas o porque a este planeta ya se lo cargó la chingada y nos tocará bailar con la locutora de radio más fea?
—¿Viste con videncia a su mamá? — preguntó mi esposa entre risas.
—Sí, es impresionante hasta dónde puede llegar el don.
—¿Y…?
—La señora, su espíritu… cómo te diré… quizá la frase exacta para describirla es: “se veía feliz”… así que seguro ni se acuerda de Rosa.
—¿No hablaste con ella, entonces?
—Iba a hacerlo, pero me di cuenta que su pasado como ser humano ya no existe… así que no tiene, puede y ni debe acordarse que lo tuvo.


28 de septiembre de 2022

El Curandero Felipe y el libro Muertero


1.
Me gusta ir a las tertulias que organiza Clarissa en su casa: una Santera hija de Oshun, espiritista y extraordinaria vidente, ya que, si bien asisten otros iniciados en Osha y Palo, también invita a personas que con otro tipo de iniciaciones y dones, a quienes al igual que a mi esposa y a mi, no nos interesa abordar temas religiosos o espirituales.
 
Hay un cierto hartazgo no solo en el medio de las religiones neopaganas sobre la actitud de ciertos religiosos, sino también los pacientes, sobre todo los ahijados, que llega un momento en que cansa compartir experiencias donde el factor común es la mezquindad.
 
Clarisa opina lo mismo, por ello es que en contadas ocasiones realiza ceremonias, toques de tambor o iniciaciones en su casa: para ello tiene un gran terreno en las faldas en el Volcán Ajusco, donde incluso pasa un río, indispensable para ciertas obras.
 
Aquel sábado nos convocó a una comida en donde, extrañamente, la mayoría de los asistentes nos eran desconocidos. Mi esposa congenió de inmediato con una Espiritualista mientras yo lo hice con un Mayombero, mi práctica religiosa favorita.
 
Tras la comida en el jardín de su casa, luego de varios tragos y la amenaza de lluvia, Clarissa nos invitó a entrar a su casa a tomar el postre. Conforme transcurrió la tarde varios invitados se retiraron hasta que quedamos un grupo 7 personas: la dueña de la casa, un Santero, una Curandera, dos espiritualistas y nosotros.
 
2.
—He terminado de leer “Muertero” — avisó Clarisa alzando un poco la voz para que todos le pusieran atención, al tiempo que dejaba el ejemplar sobre la mesa de centro de su espaciosa sala — y debo decirte que me ha gustado bastante. Te felicito.
—Gracias.
—¿Eres escritor? — interrogó la Curandera.
—Sí — se me adelantó Clarissa — ha publicado montones de textos en periódicos y revistas, tiene cuatro blogs, participa en programas de radio y ha escrito seis libros, aunque los dos últimos están dedicados a temas espirituales — señaló, pero de inmediato aclaró — en realidad sobre muerterismo y demás.
—Interesante — dijo el Santero, más estaba claro que mi amiga era la que quería dirigir la conversación.
—Me gusta mucho cuando escribes mensa más allá de lo que dicen tus palabras: tu libro está lleno de simbolismos que estoy segura pocos entienden — señaló luego agregó dirigiéndose a todos — este libro podría ser uno de consulta para todos aquellos que quieran enfrentarse a un desencarnado.
—Gracias, eres la primera persona que se da cuenta de que son dos libros en uno — acepté — con Mi vida con los muertos un amigo me dijo lo mismo que tú, tiene muchos simbolismos, pero no entró al detalle de los secretos que se esconden… será que es agnóstico — señalé, solté una carcajada y los demás rieron también.
—Muy interesante, pero explícame: ¿por qué publicaste la versión corta de “Muertero”? — me interrogó dejando claro que usando su videncia había varias historias detrás del libro.
—Si sabes que hay otra versión entonces sabrás los motivos — señalé.
—Felipe no me deja ver — aclaró y después procedió a explicar que se trataba de un famoso Curandero que aparte de sus dones, siendo mi tío, me dio mis primeras enseñanzas espirituales.
 
Y aquello me hizo reír.
 
3.
—No voy a violentar la posición de Felipe, si no me deja ver no lo veré — aclaró — pero tú puedes explicarme… explicarnos.
—Es que precisamente fue Felipe quien me hizo cambiar el concepto original del libro cuando había terminado la primera versión, tras hacerme algunos comentarios, así que tenía dos opciones: lo modificaba o lo reducía… y opté por quitarle unas 60 páginas y cambiar el final.
—¿Por qué’? — insistió.
—En los dos últimos renglones de la página 138, en un texto titulado “Albercas”, está la respuesta.
 
Clarissa me miró con un dejo de reprobación, esperaba otra respuesta o más detalles.
 
—Nunca digas “NO” a Felipe — decidí terminar con el tema — y no porque se enoje y haya una represalia, se le debe hacer caso simplemente porque tiene razón.
—Seguramente podrías contar más anécdotas alrededor del libro — inquirió mi amiga.
—Muchas.
 
4.
—¿Qué harás con la versión original? — me cuestionó la Santera dejando claro que la plática no estaba cerca de terminar.
—Nada… ahí se quedará… incluso, ahora que lo mencionas, no estoy seguro de haber guardado una copia del archivo — respondí alzando los hombros, pero decidí reiterar — las aproximadas 60 páginas que quedaron fuera, y el cambio del final no alteran la esencia del libro: se trata principalmente de opiniones personales sobre el uso de dones y en general sobre como interactúa el mundo de los muertos con los vivos.
—Es importante que la gente lo conozca — intervino una de las Espiritualistas.
—¿Hay mucha diferencia entre los dos finales? — terció la otra Espiritualista llena de curiosidad.
—¿Sobre qué tratan las dos líneas que dices están en la página 138? —cuestionó el Santero.
—Con permiso — avisé, me estiré, tomé el libro, busqué la cita y leí en voz alta: “Curioso, aunque obvio: terminado aquel pensamiento, la agradable risa de mi tío resonó discreta a mis espaldas”, más aquello generó más dudas entre los presentes, dada la expresión que se dibujó en sus rostros, excepto en el de Clarissa.
—Ya entendí — exclamó y soltó una carcajada dejando claro que había usado su videncia con autorización de Felipe, quien a mis espaldas soldó una suave risita — tu tío sabía que al final volverías a practicar la religión.
 
5.
—¿Dónde podemos comprar tu libro? — interrogó el Santero.
—Sí, me interesa adquirir uno — secundó la Curandera.
—Yo también — avisó una Espiritualista — pero con dedicatoria.
—Creo que tengo algunos ejemplares en la cajuela de mi auto — avisé y me puse de pie para ir a buscarlos.

14 de febrero de 2022

Fragmento de Muertero (con el Curandero Felipe)

 


El dramático suceso quedó arreglado en el mundo de los vivos, pero en el de los muertos, las leyes son diferentes, así que, en su etérea ignorancia, Pedrito había provocado ya la muerte de varios niños en esa piscina, razón por la cual la vigilancia por parte de la administración del hotel era más que exagerada.
 
Mantuve los ojos cerrados para visualizar el origen de tantos accidentes y comprendí que la gerente del hotel, conocedora de las artes oscuras, estableció un pacto con el pequeño de manera que se encargara de ahogar más niños en las albercas de otros hoteles para desprestigiar a los que representaban una peligrosa competencia comercial. Así, Pedrito se convirtió en el líder de una jauría de pequeños desencarnados a su servicio, los cuales recibían los tradicionales pagos por parte de la administradora, como sacrificios de animales, flores, pólvora, aguardiente y demás, al tiempo que ella se afianzaba en su puesto ante el dueño por su eficiente labor.
 
La situación me pareció más que perversa, pero no era asunto mío, hasta que abrí los ojos y descubrí frente a mí a Pedrito y su séquito, unos siete muertos más, mirándome con odio.
 
—¡Lárguense! —ordené, pero no se inmutaron.
 
Observé al líder y caí en la cuenta de algo que me sobresaltó: Pedrito no era un desencarnado, se trataba de un demonio, y no estaba preparado para enfrentarme a ellos, así que tracé mentalmente un círculo de protección e invoqué al curandero Felipe.
 
No tardó en aparecer, como siempre hacía desde que hicimos el pacto, tras su muerte, de que estaría conmigo trabajando espiritualmente cada vez que lo requiriera. Sentí su presencia detrás de mí, su energía era inconfundible, así que no tuve necesidad de voltear a verlo.
 
—Un difunto que acepta matar, como es el caso de este «niño», se puede convertir en demonio por decisión propia —advirtió—. Él sabe cómo hacerlo, pues fue humano, a diferencia de Satanás, por ejemplo, quien siempre ha sido una entidad, él no asesina, así que no sabe qué se siente, solo induce a quien cometa el crimen para alimentarse de la energía negativa que se genera al momento de obedecerlo.
—Vaya —expresé, recordando las largas pláticas de enseñanza que tuve frente a él.
—Pero en el fondo sabes perfectamente qué hacer.
—Nunca me enfrenté a demonios, no me lo alcanzaste a enseñar —protesté para justificar por qué lo había llamado.
—Te lo revelaré: aunque se haya convertido en demonio por el maltrato al que fue sometido en vida, incluyendo la manera en la que fue asesinado, al mismo tiempo tiene miedo de seguir siendo lastimado en el plano etéreo, pero, en el fondo, por extraño que te parezca, Pedrito sigue siendo un desencarnado.
—Vaya —me resultó lógico lo que dijo.
—Así que, para enfrentarlo, lo que tienes que hacer es desarmarlo, romper su coraza maléfica, ya que, así como por decisión propia aceptó ser un líder, y después convertirse en demonio, de igual manera puedes hacer que vuelva a ser un espectro, con lo cual, en algún momento pedirá le des luz.
—Vaya —repetí.
—Creo que no me estás entendiendo —me amonestó—: en el fondo, todo muerto convertido en demonio está pidiendo ser liberado para poder continuar su camino hacia la reencarnación.
—Te entiendo, pero yo no tengo la intención de enfrentarme a ellos, solo quiero regresar a mi habitación sin que estos cabrones se me echen encima.
—Por ahora no los enfrentarás, pero tendrás que hacerlo por Anahí.
—Mierda, tío, no seas así —me quejé—, no puedo ir por la vida dándole luz a cualquier pinche muerto que se me atraviese.
—Pedrito debe irse —insistió—. Ya lo entenderás, pero, para tranquilizarte, no lo realizarás aquí… Será más adelante, y es importante que lo hagas, porque, al liberarlo, el grupo de desencarnados perderá a su guía, se disgregará y, con ello, más muertes inocentes se evitarán.
—Ese no es mi problema —reiteré mi posición.
—Lo harás —avisó, sin alzar la voz, sin amenazas, como cuando estaba vivo, con ese tono que no daba pie a discusiones.
—Solo quiero irme a dormir —cedí—. La cascarilla aleja desencarnados, no demonios.
—Tan sencillo como eso —dijo, y la mano con la que yo la sostenía fue manipulada e hizo el primer trazo en el suelo. Eso fue suficiente para que todos desaparecieran. Felipe se despidió, y subí a dormir.

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21 de octubre de 2021

se viene el Día de muertos (eggun asesino)

 


1.
–estaban mi padre y mi madre sentados en el suelo, en la esquina de una calle que no preguntes cuál era – señaló Rosa: una principiante espiritista de aparente carácter difícil y que imponía por sus toscos modales, pero ya cuando la conocías era dadivosa, cordial y con gran sentido del humor.
–necesito me des detalles para poder interpretar tu sueño – avisé – ya sabes que los pormenores son lo que le dan sentido.
–no hay mucho qué contar – dijo mi amiga, a quien por el COVID sólo accedí a verla en un parque: aún no permito visitas en mi casa ni entro a cafeterías – ya te dije, estaban sentados en el suelo, en una esquina, bajo un fuerte sol, mientras yo buscaba un helado para refrescarlos, algo que no conseguía. Mi madre parecía estar recargada sobre él, no se veía cómoda pero tampoco enojada, mientras mi hermana nos observaba en silencio a unos metros… muy raro.
 
Me quedé en silencio descifrando aquello, bajo su mirada inquieta, hasta que grité – ¡mierda! – me puse de pie asombrado por lo que me mostró la videncia – tu papá es un cabrón.
–¡oye: no hables así de él! – protestó.
–¡no me grites, que yo también puedo hacerlo y más fuerte! – le advertí con tal enojo que enmudeció.
–discúlpame – dijo contrariada – es que cuando se trata de la familia, ya sabes, los mexicanos somos de mecha corta.
–lo que te voy a explicar te dejará más desconcertada.
 
2.
Esa mañana de octubre estaba fresca pese al inclemente sol, así que en algún momento deseé más estar sentado dentro una cómoda cafetería que en la dureza de una banca y debatiéndome en si ocultarme del sol o congelarme en la sombra.
 
–recién me preguntaron si los desencarnados tienen mayor poder sobre nuestro mundo, porque son capaces de hacer que alguien se suicide – expliqué – y remataron cuestionando si había leyes espirituales para ellos.
–no entiendo qué tiene que ver eso con tu insulto hacia mi padre – cuestionó.
–no chingues, “cabrón” no es un insulto, es un calificativo – me armé de paciencia – en fin, la primera respuesta sería que hay leyes para el mundo de los vivos y los muertos, sí, pero no es tan sencillo.
–no entiendo.
–verás: los muertos, concretamente el Eggun familiar, en efecto puede matarte, pero sólo si tú se lo permites.
–sigo sin entender.
–tu madre acaba de morir, pero hay algo que no sabes: aún no llegaba su hora… a ella en realidad la mató tu papá.
 
3.
Rosa no pudo ocultar su asombro, se veía dispuesta a todo, menos a irse, se reacomodó en la banca y me miró fijamente.
 
–en el actuar de los desencarnados – seguí – sobre todo cuando se trata del jefe de familia, si es el primero el morir, sigue siendo la cabeza del linaje en el plano etérico, y por lo mismo, el encargado de ayudar al resto de la familia en la transición.
–sigo sin comprender.
–ni lo harás si no te callas – fingí enojo pues nuestras conversaciones, por su carácter, siempre adquirían tonos de rudeza – tu mamá estaba muy enferma y meses antes de morir se quejaba que soñaba mucho con tu papá, al grado de que en una de las ocasiones en que fui a visitarla le propuse hablara con él, le dijera que se fuera y la dejara en paz porque aún tenía cosas que hacer en este plano, pero se ve que no lo hizo.
–le gustaba platicar contigo…
–tu padre vino por ella, le dijo que si quería dejar de sufrir lo acompañara y ella aceptó… de ahí el origen de la expresión de tranquilidad que tenía cuando descubrieron que murió por un infarto mientras dormía.
–entonces tienes razón: él mató porque ella le dio permiso – tartamudeó sorprendida – pero… ¿eso qué tiene que ver con mi sueño?
–… pero lo que en realidad tu padre buscaba es que estuvieran juntos de nuevo, así que realmente no la está ayudando a trascender… la tiene, digamos, secuestrada… algo a lo que ella también accede.
–como dices: “mierda”.
–lo peor es que me dices que tu hermana sueña seguido que él llega a su casa en un auto y le pide suba porque irán a ver a tu mamá… también quiere llevársela, sobre todo por la manera en que se le está complicando su diabetes: ¡él quiere asesinarlas a todas!
–todo concuerda – reconoció – el otro día estaba a punto de quedarme dormida, lo vi parado en la entrada de mi recámara y…
 
4.
–aprovechando que se viene el “Día de muertos” – dijo tras compartirme su experiencia – ¿puedo hacer algo para lucificar al espíritu de mi padre y deje de “asesinarnos”?
–no se trata de darle luz de forma tradicional, sino que se vaya y suelte a tu madre, pero sobre todo que deje de acosar a tu hermana, porque si ella muere, su siguiente víctima serás tú.
–pero mi papá no era mala persona – quiso defenderlo.
–nunca dije que lo fuera: él quiere llevárselas porque no le gusta verlas sufrir… en tu caso aún no tiene pretextos claros, por eso eres la última.
–insisto: se viene el “Día de muertos” ¿qué podemos hacer?
–una ofrenda no servirá de nada, por ello tendrás que trabajar con los Señores de los 4 vientos – advertí y procedí a enlistarle los materiales.
–¿es de Santería? – me cuestionó.
–es Espiritualista – aclaré divertido ante su nunca oculto desprecio por la religión de los Orishas.
 
Me llevó varios minutos explicársela.
 
–sólo para confirmar: saco de la Bóveda espiritual la foto de mis padres donde están juntos y los meto separados en el altar del “Día de muertos” que ponga en la sala de mi casa… ¿a él le doy una mejor ofrenda que a todos los demás, pero detrás de su imagen pondré las cosas?
–sí, pero recuerda que su retrato debe estar recargado en la veladora de Gato negro – le advertí.
–¿la consigo en el Mercado de Sonora?
–lo dudo, tienes que buscar a Doña Teresa allá por los rumbos de Ecatepec – dije y solté una carcajada*.
–eso está lejos y además es un rumbo peligroso – se quejó.
–sí, pero es la única que las hace con auténtico sebo y pelo de gato negro.
 
5.
–nunca imaginé que mi padre la siguiera amando tras morir al grado de venir por ella para seguir juntos; es demasiado romántico para mí…
–no es tan literal... los desencarnados no tienen sentimientos… viven de recuerdos, de que los tuvieron alguna vez… si leyeras mi blog ya lo habrías entendido – le reproché.
–dame la dirección de la casa de Doña Teresa – pidió.
–te va caer bien… es muy divertida, le encanta hacer bromas – dije entre risas mientras la anotaba en la hoja donde escribió la obra con la que se desharía del psicópata espíritu de su padre – por cierto, pídele que te venda polvo de zapato de un cura muerto.
–¿polvo de qué…?
–como buena bruja a Doña Tere le encanta saquear panteones por las noches y consigue objetos para brujerías fuertes.
–¿para qué diablos quiero eso? – protestó.
–vas a espolvorear la parte de arriba de la veladora con él – me armé una vez más de paciencia – el calzado se usa para caminar, así que con ese polvo le darás camino al espíritu de tu padre con mayor fuerza.
–¿le va a doler? – cuestionó ridículamente.
–no jodas.
–¿solo de uno?
–sí, el polvo de un zapato es de ida… si fuera de dos entonces sería de ida y regreso… y lo que queremos es que se vaya y no vuelva.
 

* para conocer el origen de mi risotada, leer el relato “Lengua de tarántula” del libro “Mi vida con los muertos”.


27 de enero de 2020

Espiritismo, Santería y Demonología

En 1982 ejecutaron en Buenos Aires a cuatro taxistas. Los asesinatos fueron iguales: disparo en la sien derecha con pistola calibre 22, taxis dejados en esquinas con las luces encendidas, conductores recargados sobre el volante y robo de sus identificaciones. Luego de un mes, el asesino Ricardo Luis Melogno, de 20 años de edad, fue delatado por su hermano, enjuiciado, condenado a cadena perpetua y preso en diferentes cárceles e instituciones psiquiátricas.

El escritor Carlos Busqued rescata el caso tras 30 años y escribe Magnetizado, texto inclasificable que puede leerse como un tratado de Psiquiatría, un anecdotario de Espiritismo, Santería y Demonología o un testimonio en el que el asesino narra las muertes, pero no confiesa el móvil.

Carlos Busqued nació en Chaco, Buenos Aires, en 1970. Ha sido productor de radio y articulista, da clases de matemáticas, trabaja en una editorial, es escritor, quedó como finalista del Premio Herralde con su primera y excelente novela “Bajo este sol tremendo” y pasaron 9 años para que publicara su segundo libro: “Magnetizado”.

A diferencia de casos abordados por policías, oportunistas, periodistas o psicólogos, la historia detrás de “Magnetizado” está contada por el propio asesino de manera natural y sin jactancia. El autor tampoco emite juicios: lo que tenemos es un libro plagado vivencias para que el lector saque su propia conclusión.

Cuenta Busqued que entrevistó y grabó durante dos años al asesino, acumuló más de 500 cuartillas con el testimonio transcrito y no manipuló contenido salvo para darle un orden cronológico.

Así, nos enteramos que el contacto de Melogno con el Espiritismo fue antes de nacer, luego se inicia en la Santería para vencer la maldad de su madre y al final ejerce la Demonología para darle paz a su alma, por ello destaca que la publicidad en las entrevistas con el autor y las reseñas, nunca se haga mención de la presencia de esas prácticas, por lo que resultó una sorpresa que formen parte fundamental de la narración del protagonista.


Menciona que desde su embarazo su madre practicó el espiritismo, que los Espiritistas con los que convivía le temían por su energía oscura, que ella lo obligaba a beber el agua usada en esas sesiones pues había sido magnetizada por desencarnados, que siempre ha sentido presencias a su alrededor y que fracasó en cuatro intentos de suicidio.

Señala que su madre era una psicópata que lo golpeaba desde pequeño, más dada la fama que tenía en el medio espiritista de Buenos Aires, él tuvo que ir a Brasil para ser iniciado en la Santería y contar con la “energía” necesaria para enfrentarla y librarse de sus palizas.

Hay más: dice que la construcción del primer altar para los asesinados fue para rendirles “culto” y evitar su venganza. Ya recluido construyó otro, hizo cuatro figuras con migajón, les dio de su sangre y su celda se convirtió en objeto de culto entre reclusos ya que las almas de sus víctimas solucionaban todo. Sobre su actual fe al Demonio, la anécdota de que el Papa Francisco le regaló la copa con la que oficia sus ceremonias en prisión, sabiendo para qué la usaría, es simplemente grotesca.

Más allá de lo que cuente el propio asesino, el autor lo cuestiona sobre el origen de las extrañas (pero efectivas) ceremonias que hace, a lo que Melogno le contesta no saber de dónde proviene el conocimiento y afirma que siempre ha estado dentro de él, que de toda la vida lo sabe.

Me reservo mi teoría sobre el motivo de los crímenes y mejor recomiendo este el libro que quizá parezca perturbador, pero conforme se avanza en la lectura Busqued lo convierte en un lúcido testimonio de cómo la violencia familiar, una infancia complicada, la soledad, un pésimo sistema sanitario argentino, el desinterés social por la salud mental, la torcida aplicación de la ley, la presencia del Demnoio y la práctica indiscriminada del Espiritismo y la Santería, son las verdaderas responsables de “las voces” que dice Ricardo le ordenaron a quién y dónde matar.

Carlos Busqued, Magnetizado, 152 páginas, Editorial Anagrama, 2018


24 de octubre de 2019

La revolución de los desencarnados y 3


8.
Conocido en la milicia como “El gran artillero”, el espiritista Felipe Ángeles fue ante todo un militar fiel, primero defendiendo al dictador Porfirio Díaz, y luego a lado de Francisco I. Madero. Su lealtad no le permitía tomar decisiones, de ahí que se prestara a las traiciones de Madero contra el mártir Ricardo Flores Magón, así como a Emiliano Zapata y Pascual Orozco.

Un ejemplo de la sumisión se lee en "La noche de Ángeles" (Premio Diana Novedades), escrito por el también espiritista de Ignacio Solares, cuando Felipe advierte a Madero sobre la desconfianza que le inspira el futuro golpista Victoriano Huerta, a lo que responde: “es muy grave la acusación que hace, señor general … si Huerta estuviera coludido con los sublevados se hubiera unido a ellos desde el inicio de la insurrección. Además, quiero decirle que tengo la palabra de honor del general Huerta de su fidelidad a mi gobierno”.

Felipe era un cristiano sensible con aires quijotescos y grandes dotes espiritistas, gracias a lo cual no fue asesinado con Madero tras ser apresados juntos: se le perdonó la vida por su prestigio militar (y la ayuda de los espíritus), más se le exilió como diplomático a Europa de donde regresaría para unirse a los revolución constitucionalista donde consiguió grandes victorias hasta que fue arrestado y fusilado.

Ángeles fue otro espiritista que apostó por la creencia de que se pretendía mejorar al pueblo mexicano con la revolución mexicana. La dualidad de frío militar y sus creencias espirituales lo llevan a confesar a Solares:

“Quizás es en el campo de batalla en donde más he sentido... presentido eso que llamamos Dios. Y que, cómo decírselo, no tiene remedio: mordí el anzuelo y al intentar huir de Él, sólo consigo encajármelo más”.

Pese a todo su formación militar solía imponérsele, lo cual se aprecia en la revelación que hace a Ignacio tras ganar una dura batalla:

“Lo confieso sin rubor: veía en el colmo del regocijo el aniquilamiento de las fuerzas huertistas. Como si no se tratara de hombres sino de meras marionetas … Porque con todo el egoísmo y la inhumanidad que ello implica, miraba la guerra bajo un punto de vista puramente artístico, de la obra maestra por fin realizada”.

Es justo mencionar que Solares es indulgente con Felipe, ya que sus cuestionamientos están marcados por la benevolencia, incluso dándole posibilidades de justificar la fe ciega que sentía por Madero, pero de las sesiones espiritistas también se evidencian sus diferencias, pues mientras Ángeles muere como víctima de su propia fe, Madero muere como mártir: tiroteado por la espalda, tal como actuó en vida: a traición.

9.
Solares inicia el libro apelando a los tiempos marcados por el mundo espírita azteca, los cuales simbolizaban la entrada al mundo de los muertos en una canoa y a través de un nebuloso río:

"Y el golpe del remo fue como una paletada en el vacío. El viento frenaba la barca. Quizá tan sólo habían tenido la ilusión de avanzar y permanecían en el mismo punto inicial, soportando inutilemente el frío y la ansiedad. Cuando una noche así se desata y sus mil cadenas baten sobre la tierra es preferible resignarse a la inmovilidad, dejar de suponer, de planear, de soñar. Olvidarse"…

Páginas más adelante Solares aclara a Felipe en dónde está:

"Mire, ya no estamos tan lejos, un poco menos lejos que al principio, ¿no le parece. Ángeles entrevió la sonrisa macabra -¿la falta de luz?- del barquero llenándole por un instante las mejillas consumidas y apergaminadas, revelando las encías sin dientes"…

Ignacio sabe que en el espiritismo azteca un muerto nunca llega sólo ni por su propia mano - guiando “la barca” - a la tierra de los muertos: siembre entra llevado por la propia muerte (haciendo referencia al griego Caronte), y personificando el estatus moral, la importancia espiritual, del recién fallecido, pero Solares señalaría más adelante que en vida:

“Casi prefería no dormir. Siempre los mismos cadáveres, los mismos campos desolados, la misma angustia en el estómago al despertar, que le impedía tragar bocado”.

En las confesiones de Ángeles siempre ronda la presencia de Madero, reconociendo que sus intentos de establecer contacto espiritista con su líder se vieron siempre frustrados, y quizá por ello se dice que el regreso de Felipe a méxico fue buscando la muerte para reunirse con su guía espiritual: “¿acaso será que su muerte fue una especie de suicidio inducido por el propio Madero?”, cuestiona Solares.

El final del texto sigue jugando con los planos espacio/tiempo aztecas:

"Aún necesita un corazón, general, un sol que se incendie ante usted, un llano seco y desolado para sembrarlo de planes de batallas y esperanzas. Hay un montón de muertos que esperan que les cierre los ojos y les descubra la última mirada vehemente, porque de otra manera nadie les va a cerrar los ojos, como a usted nade se los cerró … ¿A qué regresa a méxico … enfermo y casi vencido de antemano? Hay un pensamiento suyo que quizá lo explique, general, y que plasmó en su diario durante su insufrible exilio: "sólo en méxico puedo reencontrarme con Madero"…

Pocos conocen la entrañable relación que ambos tenían, y son contados los que saben la anécdota de que días antes de morir Francisco le regaló a Felipe todos sus libros sobre espiritismo y que éste los leyó de principio a fin: es en estos detalles donde dilucidamos las profundas relaciones espirituales que se puede establecer entre las personas que profesan las mismas creencias.

No es de extrañar, entonces, que Ángeles señale a Solares: “Los míos son males de la tristeza”, así como tampoco cuando le comparte la respuesta que le dio al coronal Bautista, encargado de llevarlo al paredón donde será fusilado, cuando le ofreció dejarlo escapar… a huir con él, a lo que Ángeles le responde: “Hay citas a las que uno no puede faltar”.

10.
Hubo otros personajes de la historia mexicana que practicaron el espiritismo, como Miguel Alemán Valdés, Benito Juárez García y Manuel Ávila Camacho o el ortodoxo Plutarco Elías Calles (todos ellos también presidentes), pero el caso más extraordinario de una particular espiritualidad es el testimonio que da el propio Felipe Ángeles en el libro, previo a la famosa “Batalla de Zacatecas”, el cual a la media noche sorprende al legendario Pancho Villa hincado y con los brazos en forma de cruz, mientras rezaba mirado hacia el cielo: "Diosito mío, ayúdame a ganar esta batalla".

Ignacio Solares, La noche de Ángeles, 208 páginas, Tusquets editores, 2016

* los textos entrecomillados son párrafos tomados del libro "La noche de Ángeles".