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25 de noviembre de 2022
28 de septiembre de 2022
El Curandero Felipe y el libro Muertero
1.
Me gusta ir a las tertulias que organiza Clarissa en su casa: una Santera hija de Oshun, espiritista y extraordinaria vidente, ya que, si bien asisten otros iniciados en Osha y Palo, también invita a personas que con otro tipo de iniciaciones y dones, a quienes al igual que a mi esposa y a mi, no nos interesa abordar temas religiosos o espirituales.
Hay un cierto hartazgo no solo en el medio de las religiones neopaganas sobre la actitud de ciertos religiosos, sino también los pacientes, sobre todo los ahijados, que llega un momento en que cansa compartir experiencias donde el factor común es la mezquindad.
Clarisa opina lo mismo, por ello es que en contadas ocasiones realiza ceremonias, toques de tambor o iniciaciones en su casa: para ello tiene un gran terreno en las faldas en el Volcán Ajusco, donde incluso pasa un río, indispensable para ciertas obras.
Aquel sábado nos convocó a una comida en donde, extrañamente, la mayoría de los asistentes nos eran desconocidos. Mi esposa congenió de inmediato con una Espiritualista mientras yo lo hice con un Mayombero, mi práctica religiosa favorita.
Tras la comida en el jardín de su casa, luego de varios tragos y la amenaza de lluvia, Clarissa nos invitó a entrar a su casa a tomar el postre. Conforme transcurrió la tarde varios invitados se retiraron hasta que quedamos un grupo 7 personas: la dueña de la casa, un Santero, una Curandera, dos espiritualistas y nosotros.
2.
—He terminado de leer “Muertero” — avisó Clarisa alzando un poco la voz para que todos le pusieran atención, al tiempo que dejaba el ejemplar sobre la mesa de centro de su espaciosa sala — y debo decirte que me ha gustado bastante. Te felicito.
—Gracias.
—¿Eres escritor? — interrogó la Curandera.
—Sí — se me adelantó Clarissa — ha publicado montones de textos en periódicos y revistas, tiene cuatro blogs, participa en programas de radio y ha escrito seis libros, aunque los dos últimos están dedicados a temas espirituales — señaló, pero de inmediato aclaró — en realidad sobre muerterismo y demás.
—Interesante — dijo el Santero, más estaba claro que mi amiga era la que quería dirigir la conversación.
—Me gusta mucho cuando escribes mensa más allá de lo que dicen tus palabras: tu libro está lleno de simbolismos que estoy segura pocos entienden — señaló luego agregó dirigiéndose a todos — este libro podría ser uno de consulta para todos aquellos que quieran enfrentarse a un desencarnado.
—Gracias, eres la primera persona que se da cuenta de que son dos libros en uno — acepté — con Mi vida con los muertos un amigo me dijo lo mismo que tú, tiene muchos simbolismos, pero no entró al detalle de los secretos que se esconden… será que es agnóstico — señalé, solté una carcajada y los demás rieron también.
—Muy interesante, pero explícame: ¿por qué publicaste la versión corta de “Muertero”? — me interrogó dejando claro que usando su videncia había varias historias detrás del libro.
—Si sabes que hay otra versión entonces sabrás los motivos — señalé.
—Felipe no me deja ver — aclaró y después procedió a explicar que se trataba de un famoso Curandero que aparte de sus dones, siendo mi tío, me dio mis primeras enseñanzas espirituales.
Y aquello me hizo reír.
3.
—No voy a violentar la posición de Felipe, si no me deja ver no lo veré — aclaró — pero tú puedes explicarme… explicarnos.
—Es que precisamente fue Felipe quien me hizo cambiar el concepto original del libro cuando había terminado la primera versión, tras hacerme algunos comentarios, así que tenía dos opciones: lo modificaba o lo reducía… y opté por quitarle unas 60 páginas y cambiar el final.
—¿Por qué’? — insistió.
—En los dos últimos renglones de la página 138, en un texto titulado “Albercas”, está la respuesta.
Clarissa me miró con un dejo de reprobación, esperaba otra respuesta o más detalles.
—Nunca digas “NO” a Felipe — decidí terminar con el tema — y no porque se enoje y haya una represalia, se le debe hacer caso simplemente porque tiene razón.
—Seguramente podrías contar más anécdotas alrededor del libro — inquirió mi amiga.
—Muchas.
4.
—¿Qué harás con la versión original? — me cuestionó la Santera dejando claro que la plática no estaba cerca de terminar.
—Nada… ahí se quedará… incluso, ahora que lo mencionas, no estoy seguro de haber guardado una copia del archivo — respondí alzando los hombros, pero decidí reiterar — las aproximadas 60 páginas que quedaron fuera, y el cambio del final no alteran la esencia del libro: se trata principalmente de opiniones personales sobre el uso de dones y en general sobre como interactúa el mundo de los muertos con los vivos.
—Es importante que la gente lo conozca — intervino una de las Espiritualistas.
—¿Hay mucha diferencia entre los dos finales? — terció la otra Espiritualista llena de curiosidad.
—¿Sobre qué tratan las dos líneas que dices están en la página 138? —cuestionó el Santero.
—Con permiso — avisé, me estiré, tomé el libro, busqué la cita y leí en voz alta: “Curioso, aunque obvio: terminado aquel pensamiento, la agradable risa de mi tío resonó discreta a mis espaldas”, más aquello generó más dudas entre los presentes, dada la expresión que se dibujó en sus rostros, excepto en el de Clarissa.
—Ya entendí — exclamó y soltó una carcajada dejando claro que había usado su videncia con autorización de Felipe, quien a mis espaldas soldó una suave risita — tu tío sabía que al final volverías a practicar la religión.
5.
—¿Dónde podemos comprar tu libro? — interrogó el Santero.
—Sí, me interesa adquirir uno — secundó la Curandera.
—Yo también — avisó una Espiritualista — pero con dedicatoria.
—Creo que tengo algunos ejemplares en la cajuela de mi auto — avisé y me puse de pie para ir a buscarlos.
Me gusta ir a las tertulias que organiza Clarissa en su casa: una Santera hija de Oshun, espiritista y extraordinaria vidente, ya que, si bien asisten otros iniciados en Osha y Palo, también invita a personas que con otro tipo de iniciaciones y dones, a quienes al igual que a mi esposa y a mi, no nos interesa abordar temas religiosos o espirituales.
Hay un cierto hartazgo no solo en el medio de las religiones neopaganas sobre la actitud de ciertos religiosos, sino también los pacientes, sobre todo los ahijados, que llega un momento en que cansa compartir experiencias donde el factor común es la mezquindad.
Clarisa opina lo mismo, por ello es que en contadas ocasiones realiza ceremonias, toques de tambor o iniciaciones en su casa: para ello tiene un gran terreno en las faldas en el Volcán Ajusco, donde incluso pasa un río, indispensable para ciertas obras.
Aquel sábado nos convocó a una comida en donde, extrañamente, la mayoría de los asistentes nos eran desconocidos. Mi esposa congenió de inmediato con una Espiritualista mientras yo lo hice con un Mayombero, mi práctica religiosa favorita.
Tras la comida en el jardín de su casa, luego de varios tragos y la amenaza de lluvia, Clarissa nos invitó a entrar a su casa a tomar el postre. Conforme transcurrió la tarde varios invitados se retiraron hasta que quedamos un grupo 7 personas: la dueña de la casa, un Santero, una Curandera, dos espiritualistas y nosotros.
2.
—He terminado de leer “Muertero” — avisó Clarisa alzando un poco la voz para que todos le pusieran atención, al tiempo que dejaba el ejemplar sobre la mesa de centro de su espaciosa sala — y debo decirte que me ha gustado bastante. Te felicito.
—Gracias.
—¿Eres escritor? — interrogó la Curandera.
—Sí — se me adelantó Clarissa — ha publicado montones de textos en periódicos y revistas, tiene cuatro blogs, participa en programas de radio y ha escrito seis libros, aunque los dos últimos están dedicados a temas espirituales — señaló, pero de inmediato aclaró — en realidad sobre muerterismo y demás.
—Interesante — dijo el Santero, más estaba claro que mi amiga era la que quería dirigir la conversación.
—Me gusta mucho cuando escribes mensa más allá de lo que dicen tus palabras: tu libro está lleno de simbolismos que estoy segura pocos entienden — señaló luego agregó dirigiéndose a todos — este libro podría ser uno de consulta para todos aquellos que quieran enfrentarse a un desencarnado.
—Gracias, eres la primera persona que se da cuenta de que son dos libros en uno — acepté — con Mi vida con los muertos un amigo me dijo lo mismo que tú, tiene muchos simbolismos, pero no entró al detalle de los secretos que se esconden… será que es agnóstico — señalé, solté una carcajada y los demás rieron también.
—Muy interesante, pero explícame: ¿por qué publicaste la versión corta de “Muertero”? — me interrogó dejando claro que usando su videncia había varias historias detrás del libro.
—Si sabes que hay otra versión entonces sabrás los motivos — señalé.
—Felipe no me deja ver — aclaró y después procedió a explicar que se trataba de un famoso Curandero que aparte de sus dones, siendo mi tío, me dio mis primeras enseñanzas espirituales.
Y aquello me hizo reír.
3.
—No voy a violentar la posición de Felipe, si no me deja ver no lo veré — aclaró — pero tú puedes explicarme… explicarnos.
—Es que precisamente fue Felipe quien me hizo cambiar el concepto original del libro cuando había terminado la primera versión, tras hacerme algunos comentarios, así que tenía dos opciones: lo modificaba o lo reducía… y opté por quitarle unas 60 páginas y cambiar el final.
—¿Por qué’? — insistió.
—En los dos últimos renglones de la página 138, en un texto titulado “Albercas”, está la respuesta.
Clarissa me miró con un dejo de reprobación, esperaba otra respuesta o más detalles.
—Nunca digas “NO” a Felipe — decidí terminar con el tema — y no porque se enoje y haya una represalia, se le debe hacer caso simplemente porque tiene razón.
—Seguramente podrías contar más anécdotas alrededor del libro — inquirió mi amiga.
—Muchas.
4.
—¿Qué harás con la versión original? — me cuestionó la Santera dejando claro que la plática no estaba cerca de terminar.
—Nada… ahí se quedará… incluso, ahora que lo mencionas, no estoy seguro de haber guardado una copia del archivo — respondí alzando los hombros, pero decidí reiterar — las aproximadas 60 páginas que quedaron fuera, y el cambio del final no alteran la esencia del libro: se trata principalmente de opiniones personales sobre el uso de dones y en general sobre como interactúa el mundo de los muertos con los vivos.
—Es importante que la gente lo conozca — intervino una de las Espiritualistas.
—¿Hay mucha diferencia entre los dos finales? — terció la otra Espiritualista llena de curiosidad.
—¿Sobre qué tratan las dos líneas que dices están en la página 138? —cuestionó el Santero.
—Con permiso — avisé, me estiré, tomé el libro, busqué la cita y leí en voz alta: “Curioso, aunque obvio: terminado aquel pensamiento, la agradable risa de mi tío resonó discreta a mis espaldas”, más aquello generó más dudas entre los presentes, dada la expresión que se dibujó en sus rostros, excepto en el de Clarissa.
—Ya entendí — exclamó y soltó una carcajada dejando claro que había usado su videncia con autorización de Felipe, quien a mis espaldas soldó una suave risita — tu tío sabía que al final volverías a practicar la religión.
5.
—¿Dónde podemos comprar tu libro? — interrogó el Santero.
—Sí, me interesa adquirir uno — secundó la Curandera.
—Yo también — avisó una Espiritualista — pero con dedicatoria.
—Creo que tengo algunos ejemplares en la cajuela de mi auto — avisé y me puse de pie para ir a buscarlos.
14 de febrero de 2022
Fragmento de Muertero (con el Curandero Felipe)
El dramático suceso quedó
arreglado en el mundo de los vivos, pero en el de los muertos, las leyes son
diferentes, así que, en su etérea ignorancia, Pedrito había provocado ya la
muerte de varios niños en esa piscina, razón por la cual la vigilancia por
parte de la administración del hotel era más que exagerada.
Mantuve los ojos cerrados para
visualizar el origen de tantos accidentes y comprendí que la gerente del hotel,
conocedora de las artes oscuras, estableció un pacto con el pequeño de manera
que se encargara de ahogar más niños en las albercas de otros hoteles para
desprestigiar a los que representaban una peligrosa competencia comercial. Así,
Pedrito se convirtió en el líder de una jauría de pequeños desencarnados a su
servicio, los cuales recibían los tradicionales pagos por parte de la
administradora, como sacrificios de animales, flores, pólvora, aguardiente y
demás, al tiempo que ella se afianzaba en su puesto ante el dueño por su
eficiente labor.
La situación me pareció más que
perversa, pero no era asunto mío, hasta que abrí los ojos y descubrí frente a
mí a Pedrito y su séquito, unos siete muertos más, mirándome con odio.
—¡Lárguense! —ordené, pero no se
inmutaron.
Observé al líder y caí en la cuenta
de algo que me sobresaltó: Pedrito no era un desencarnado, se trataba de un
demonio, y no estaba preparado para enfrentarme a ellos, así que tracé
mentalmente un círculo de protección e invoqué al curandero Felipe.
No tardó en aparecer, como siempre
hacía desde que hicimos el pacto, tras su muerte, de que estaría conmigo
trabajando espiritualmente cada vez que lo requiriera. Sentí su presencia
detrás de mí, su energía era inconfundible, así que no tuve necesidad de voltear
a verlo.
—Un difunto que acepta matar, como
es el caso de este «niño», se puede convertir en demonio por decisión propia
—advirtió—. Él sabe cómo hacerlo, pues fue humano, a diferencia de Satanás, por
ejemplo, quien siempre ha sido una entidad, él no asesina, así que no sabe qué
se siente, solo induce a quien cometa el crimen para alimentarse de la energía
negativa que se genera al momento de obedecerlo.
—Vaya —expresé, recordando las
largas pláticas de enseñanza que tuve frente a él.
—Pero en el fondo sabes
perfectamente qué hacer.
—Nunca me enfrenté a demonios, no
me lo alcanzaste a enseñar —protesté para justificar por qué lo había llamado.
—Te lo revelaré: aunque se haya
convertido en demonio por el maltrato al que fue sometido en vida, incluyendo
la manera en la que fue asesinado, al mismo tiempo tiene miedo de seguir siendo
lastimado en el plano etéreo, pero, en el fondo, por extraño que te parezca,
Pedrito sigue siendo un desencarnado.
—Vaya —me resultó lógico lo que
dijo.
—Así que, para enfrentarlo, lo que
tienes que hacer es desarmarlo, romper su coraza maléfica, ya que, así como por
decisión propia aceptó ser un líder, y después convertirse en demonio, de igual
manera puedes hacer que vuelva a ser un espectro, con lo cual, en algún momento
pedirá le des luz.
—Vaya —repetí.
—Creo que no me estás entendiendo
—me amonestó—: en el fondo, todo muerto convertido en demonio está pidiendo ser
liberado para poder continuar su camino hacia la reencarnación.
—Te entiendo, pero yo no tengo la
intención de enfrentarme a ellos, solo quiero regresar a mi habitación sin que
estos cabrones se me echen encima.
—Por ahora no los enfrentarás,
pero tendrás que hacerlo por Anahí.
—Mierda, tío, no seas así —me
quejé—, no puedo ir por la vida dándole luz a cualquier pinche muerto que se me
atraviese.
—Pedrito debe irse —insistió—. Ya
lo entenderás, pero, para tranquilizarte, no lo realizarás aquí… Será más
adelante, y es importante que lo hagas, porque, al liberarlo, el grupo de
desencarnados perderá a su guía, se disgregará y, con ello, más muertes
inocentes se evitarán.
—Ese no es mi problema —reiteré mi
posición.
—Lo harás —avisó, sin alzar la
voz, sin amenazas, como cuando estaba vivo, con ese tono que no daba pie a
discusiones.
—Solo quiero irme a dormir —cedí—.
La cascarilla aleja desencarnados, no demonios.
—Tan sencillo como eso —dijo, y la
mano con la que yo la sostenía fue manipulada e hizo el primer trazo en el
suelo. Eso fue suficiente para que todos desaparecieran. Felipe se despidió, y
subí a dormir.
nuevo libro disponible en: https://www.amazon.com/dp/B09PW8KCLC/ref=cm_sw_r_awdo_navT_g_YWMEGNWDW49XBW9GTNKK
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ujule rachid
21 de octubre de 2021
se viene el Día de muertos (eggun asesino)
1.
–estaban mi padre y mi madre sentados en el suelo, en la esquina de una calle que no preguntes cuál era – señaló Rosa: una principiante espiritista de aparente carácter difícil y que imponía por sus toscos modales, pero ya cuando la conocías era dadivosa, cordial y con gran sentido del humor.
–necesito me des detalles para poder interpretar tu sueño – avisé – ya sabes que los pormenores son lo que le dan sentido.
–no hay mucho qué contar – dijo mi amiga, a quien por el COVID sólo accedí a verla en un parque: aún no permito visitas en mi casa ni entro a cafeterías – ya te dije, estaban sentados en el suelo, en una esquina, bajo un fuerte sol, mientras yo buscaba un helado para refrescarlos, algo que no conseguía. Mi madre parecía estar recargada sobre él, no se veía cómoda pero tampoco enojada, mientras mi hermana nos observaba en silencio a unos metros… muy raro.
Me quedé en silencio descifrando
aquello, bajo su mirada inquieta, hasta que grité – ¡mierda! – me puse de pie
asombrado por lo que me mostró la videncia – tu papá es un cabrón.
–¡oye: no hables así de él! – protestó.
–¡no me grites, que yo también puedo hacerlo y más fuerte! – le advertí con tal enojo que enmudeció.
–discúlpame – dijo contrariada – es que cuando se trata de la familia, ya sabes, los mexicanos somos de mecha corta.
–lo que te voy a explicar te dejará más desconcertada.
2.
Esa mañana de octubre estaba fresca pese al inclemente sol, así que en algún momento deseé más estar sentado dentro una cómoda cafetería que en la dureza de una banca y debatiéndome en si ocultarme del sol o congelarme en la sombra.
–recién me preguntaron si los
desencarnados tienen mayor poder sobre nuestro mundo, porque son capaces de
hacer que alguien se suicide – expliqué – y remataron cuestionando si había leyes
espirituales para ellos.
–no entiendo qué tiene que ver eso con tu insulto hacia mi padre – cuestionó.
–no chingues, “cabrón” no es un insulto, es un calificativo – me armé de paciencia – en fin, la primera respuesta sería que hay leyes para el mundo de los vivos y los muertos, sí, pero no es tan sencillo.
–no entiendo.
–verás: los muertos, concretamente el Eggun familiar, en efecto puede matarte, pero sólo si tú se lo permites.
–sigo sin entender.
–tu madre acaba de morir, pero hay algo que no sabes: aún no llegaba su hora… a ella en realidad la mató tu papá.
3.
Rosa no pudo ocultar su asombro, se veía dispuesta a todo, menos a irse, se reacomodó en la banca y me miró fijamente.
–en el actuar de los
desencarnados – seguí – sobre todo cuando se trata del jefe de familia, si es
el primero el morir, sigue siendo la cabeza del linaje en el plano etérico, y
por lo mismo, el encargado de ayudar al resto de la familia en la transición.
–sigo sin comprender.
–ni lo harás si no te callas – fingí enojo pues nuestras conversaciones, por su carácter, siempre adquirían tonos de rudeza – tu mamá estaba muy enferma y meses antes de morir se quejaba que soñaba mucho con tu papá, al grado de que en una de las ocasiones en que fui a visitarla le propuse hablara con él, le dijera que se fuera y la dejara en paz porque aún tenía cosas que hacer en este plano, pero se ve que no lo hizo.
–le gustaba platicar contigo…
–tu padre vino por ella, le dijo que si quería dejar de sufrir lo acompañara y ella aceptó… de ahí el origen de la expresión de tranquilidad que tenía cuando descubrieron que murió por un infarto mientras dormía.
–entonces tienes razón: él mató porque ella le dio permiso – tartamudeó sorprendida – pero… ¿eso qué tiene que ver con mi sueño?
–… pero lo que en realidad tu padre buscaba es que estuvieran juntos de nuevo, así que realmente no la está ayudando a trascender… la tiene, digamos, secuestrada… algo a lo que ella también accede.
–como dices: “mierda”.
–lo peor es que me dices que tu hermana sueña seguido que él llega a su casa en un auto y le pide suba porque irán a ver a tu mamá… también quiere llevársela, sobre todo por la manera en que se le está complicando su diabetes: ¡él quiere asesinarlas a todas!
–todo concuerda – reconoció – el otro día estaba a punto de quedarme dormida, lo vi parado en la entrada de mi recámara y…
4.
–aprovechando que se viene el “Día de muertos” – dijo tras compartirme su experiencia – ¿puedo hacer algo para lucificar al espíritu de mi padre y deje de “asesinarnos”?
–no se trata de darle luz de forma tradicional, sino que se vaya y suelte a tu madre, pero sobre todo que deje de acosar a tu hermana, porque si ella muere, su siguiente víctima serás tú.
–pero mi papá no era mala persona – quiso defenderlo.
–nunca dije que lo fuera: él quiere llevárselas porque no le gusta verlas sufrir… en tu caso aún no tiene pretextos claros, por eso eres la última.
–insisto: se viene el “Día de muertos” ¿qué podemos hacer?
–una ofrenda no servirá de nada, por ello tendrás que trabajar con los Señores de los 4 vientos – advertí y procedí a enlistarle los materiales.
–¿es de Santería? – me cuestionó.
–es Espiritualista – aclaré divertido ante su nunca oculto desprecio por la religión de los Orishas.
Me llevó varios minutos explicársela.
–sólo para confirmar: saco de
la Bóveda espiritual la foto de mis padres donde están juntos y los meto separados
en el altar del “Día de muertos” que ponga en la sala de mi casa… ¿a él le doy
una mejor ofrenda que a todos los demás, pero detrás de su imagen pondré las cosas?
–sí, pero recuerda que su retrato
debe estar recargado en la veladora de Gato negro – le advertí.
–¿la consigo en el Mercado de Sonora?
–lo dudo, tienes que buscar a Doña Teresa allá por los rumbos de Ecatepec – dije y solté una carcajada*.
–eso está lejos y además es un rumbo peligroso – se quejó.
–sí, pero es la única que las hace con auténtico sebo y pelo de gato negro.
5.
–nunca imaginé que mi padre la siguiera amando tras morir al grado de venir por ella para seguir juntos; es demasiado romántico para mí…
–no es tan literal... los
desencarnados no tienen sentimientos… viven de recuerdos, de que los tuvieron
alguna vez… si leyeras mi blog ya lo habrías entendido – le reproché.
–dame la dirección de la casa de Doña Teresa – pidió.
–te va caer bien… es muy divertida, le encanta hacer bromas – dije entre risas mientras la anotaba en la hoja donde escribió la obra con la que se desharía del psicópata espíritu de su padre – por cierto, pídele que te venda polvo de zapato de un cura muerto.
–¿polvo de qué…?
–como buena bruja a Doña Tere le encanta saquear panteones por las noches y consigue objetos para brujerías fuertes.
–¿para qué diablos quiero eso? – protestó.
–vas a espolvorear la parte de
arriba de la veladora con él – me armé una vez más de paciencia – el calzado se
usa para caminar, así que con ese polvo le darás camino
al espíritu de tu padre con mayor fuerza.
–¿le va a doler? – cuestionó
ridículamente.
–no jodas.
–¿solo de uno?
–sí, el polvo de un zapato es de ida… si fuera de dos entonces sería de ida y regreso… y lo que queremos es que se vaya y no vuelva.
–estaban mi padre y mi madre sentados en el suelo, en la esquina de una calle que no preguntes cuál era – señaló Rosa: una principiante espiritista de aparente carácter difícil y que imponía por sus toscos modales, pero ya cuando la conocías era dadivosa, cordial y con gran sentido del humor.
–necesito me des detalles para poder interpretar tu sueño – avisé – ya sabes que los pormenores son lo que le dan sentido.
–no hay mucho qué contar – dijo mi amiga, a quien por el COVID sólo accedí a verla en un parque: aún no permito visitas en mi casa ni entro a cafeterías – ya te dije, estaban sentados en el suelo, en una esquina, bajo un fuerte sol, mientras yo buscaba un helado para refrescarlos, algo que no conseguía. Mi madre parecía estar recargada sobre él, no se veía cómoda pero tampoco enojada, mientras mi hermana nos observaba en silencio a unos metros… muy raro.
–¡oye: no hables así de él! – protestó.
–¡no me grites, que yo también puedo hacerlo y más fuerte! – le advertí con tal enojo que enmudeció.
–discúlpame – dijo contrariada – es que cuando se trata de la familia, ya sabes, los mexicanos somos de mecha corta.
–lo que te voy a explicar te dejará más desconcertada.
Esa mañana de octubre estaba fresca pese al inclemente sol, así que en algún momento deseé más estar sentado dentro una cómoda cafetería que en la dureza de una banca y debatiéndome en si ocultarme del sol o congelarme en la sombra.
–no entiendo qué tiene que ver eso con tu insulto hacia mi padre – cuestionó.
–no chingues, “cabrón” no es un insulto, es un calificativo – me armé de paciencia – en fin, la primera respuesta sería que hay leyes para el mundo de los vivos y los muertos, sí, pero no es tan sencillo.
–no entiendo.
–verás: los muertos, concretamente el Eggun familiar, en efecto puede matarte, pero sólo si tú se lo permites.
–sigo sin entender.
–tu madre acaba de morir, pero hay algo que no sabes: aún no llegaba su hora… a ella en realidad la mató tu papá.
Rosa no pudo ocultar su asombro, se veía dispuesta a todo, menos a irse, se reacomodó en la banca y me miró fijamente.
–ni lo harás si no te callas – fingí enojo pues nuestras conversaciones, por su carácter, siempre adquirían tonos de rudeza – tu mamá estaba muy enferma y meses antes de morir se quejaba que soñaba mucho con tu papá, al grado de que en una de las ocasiones en que fui a visitarla le propuse hablara con él, le dijera que se fuera y la dejara en paz porque aún tenía cosas que hacer en este plano, pero se ve que no lo hizo.
–le gustaba platicar contigo…
–tu padre vino por ella, le dijo que si quería dejar de sufrir lo acompañara y ella aceptó… de ahí el origen de la expresión de tranquilidad que tenía cuando descubrieron que murió por un infarto mientras dormía.
–entonces tienes razón: él mató porque ella le dio permiso – tartamudeó sorprendida – pero… ¿eso qué tiene que ver con mi sueño?
–… pero lo que en realidad tu padre buscaba es que estuvieran juntos de nuevo, así que realmente no la está ayudando a trascender… la tiene, digamos, secuestrada… algo a lo que ella también accede.
–como dices: “mierda”.
–lo peor es que me dices que tu hermana sueña seguido que él llega a su casa en un auto y le pide suba porque irán a ver a tu mamá… también quiere llevársela, sobre todo por la manera en que se le está complicando su diabetes: ¡él quiere asesinarlas a todas!
–todo concuerda – reconoció – el otro día estaba a punto de quedarme dormida, lo vi parado en la entrada de mi recámara y…
–aprovechando que se viene el “Día de muertos” – dijo tras compartirme su experiencia – ¿puedo hacer algo para lucificar al espíritu de mi padre y deje de “asesinarnos”?
–no se trata de darle luz de forma tradicional, sino que se vaya y suelte a tu madre, pero sobre todo que deje de acosar a tu hermana, porque si ella muere, su siguiente víctima serás tú.
–pero mi papá no era mala persona – quiso defenderlo.
–nunca dije que lo fuera: él quiere llevárselas porque no le gusta verlas sufrir… en tu caso aún no tiene pretextos claros, por eso eres la última.
–insisto: se viene el “Día de muertos” ¿qué podemos hacer?
–una ofrenda no servirá de nada, por ello tendrás que trabajar con los Señores de los 4 vientos – advertí y procedí a enlistarle los materiales.
–¿es de Santería? – me cuestionó.
–es Espiritualista – aclaré divertido ante su nunca oculto desprecio por la religión de los Orishas.
–¿la consigo en el Mercado de Sonora?
–lo dudo, tienes que buscar a Doña Teresa allá por los rumbos de Ecatepec – dije y solté una carcajada*.
–eso está lejos y además es un rumbo peligroso – se quejó.
–sí, pero es la única que las hace con auténtico sebo y pelo de gato negro.
–nunca imaginé que mi padre la siguiera amando tras morir al grado de venir por ella para seguir juntos; es demasiado romántico para mí…
–dame la dirección de la casa de Doña Teresa – pidió.
–te va caer bien… es muy divertida, le encanta hacer bromas – dije entre risas mientras la anotaba en la hoja donde escribió la obra con la que se desharía del psicópata espíritu de su padre – por cierto, pídele que te venda polvo de zapato de un cura muerto.
–¿polvo de qué…?
–como buena bruja a Doña Tere le encanta saquear panteones por las noches y consigue objetos para brujerías fuertes.
–¿para qué diablos quiero eso? – protestó.
–no jodas.
–¿solo de uno?
–sí, el polvo de un zapato es de ida… si fuera de dos entonces sería de ida y regreso… y lo que queremos es que se vaya y no vuelva.
* para conocer el origen de mi
risotada, leer el relato “Lengua de tarántula” del libro “Mi vida con los
muertos”.
27 de enero de 2020
Espiritismo, Santería y Demonología
En
1982 ejecutaron en Buenos Aires a cuatro taxistas. Los asesinatos fueron
iguales: disparo en la sien derecha con pistola calibre 22, taxis dejados en
esquinas con las luces encendidas, conductores recargados sobre el volante y
robo de sus identificaciones. Luego de un mes, el asesino Ricardo Luis Melogno,
de 20 años de edad, fue delatado por su hermano, enjuiciado, condenado a cadena
perpetua y preso en diferentes cárceles e instituciones psiquiátricas.
El escritor Carlos Busqued rescata el caso tras 30
años y escribe Magnetizado, texto inclasificable que puede leerse como un
tratado de Psiquiatría, un anecdotario de Espiritismo, Santería y Demonología o
un testimonio en el que el asesino narra las muertes, pero no confiesa el móvil.
Carlos Busqued nació en
Chaco, Buenos Aires, en 1970. Ha sido productor de radio y articulista, da clases
de matemáticas, trabaja en una editorial, es escritor, quedó como finalista del
Premio Herralde con su primera y excelente novela “Bajo este sol tremendo” y pasaron
9 años para que publicara su segundo libro: “Magnetizado”.
A diferencia de casos abordados
por policías, oportunistas, periodistas o psicólogos, la historia detrás de “Magnetizado”
está contada por el propio asesino de manera natural y sin jactancia. El autor tampoco
emite juicios: lo que tenemos es un libro plagado vivencias para que el lector saque
su propia conclusión.
Cuenta Busqued que
entrevistó y grabó durante dos años al asesino, acumuló más de 500 cuartillas
con el testimonio transcrito y no manipuló contenido salvo para darle un orden
cronológico.
Así, nos enteramos que
el contacto de Melogno con el Espiritismo fue antes de nacer, luego se inicia en
la Santería para vencer la maldad de su madre y al final ejerce la Demonología para
darle paz a su alma, por ello destaca
que la publicidad en las entrevistas con el autor y las reseñas, nunca se haga mención
de la presencia de esas prácticas, por lo que resultó una sorpresa que formen
parte fundamental de la narración del protagonista.
Menciona que desde su
embarazo su madre practicó el espiritismo, que los Espiritistas con los que convivía
le temían por su energía oscura, que ella
lo obligaba a beber el agua usada en esas sesiones pues había sido magnetizada por
desencarnados, que siempre ha sentido presencias
a su alrededor y que fracasó en cuatro intentos de suicidio.
Señala que su madre era
una psicópata que lo golpeaba desde pequeño, más dada la fama que tenía en el medio
espiritista de Buenos Aires, él tuvo que ir a Brasil para ser iniciado en la Santería
y contar con la “energía” necesaria para enfrentarla y librarse de sus palizas.
Hay más: dice que la
construcción del primer altar para los asesinados fue para rendirles “culto” y
evitar su venganza. Ya recluido construyó otro, hizo cuatro figuras con migajón,
les dio de su sangre y su celda se convirtió en objeto de culto entre reclusos ya
que las almas de sus víctimas solucionaban todo. Sobre su actual fe al Demonio,
la anécdota de que el Papa Francisco le regaló la copa con la que oficia sus ceremonias
en prisión, sabiendo para qué la usaría, es simplemente grotesca.
Más allá de lo que
cuente el propio asesino, el autor lo cuestiona sobre el origen de las extrañas
(pero efectivas) ceremonias que hace, a lo que Melogno le contesta no saber de dónde
proviene el conocimiento y afirma que siempre ha estado dentro de él, que de toda
la vida lo sabe.
Me reservo mi teoría
sobre el motivo de los crímenes y mejor recomiendo este el libro que quizá
parezca perturbador, pero conforme se avanza en la lectura Busqued lo convierte
en un lúcido testimonio de cómo la violencia familiar, una infancia complicada,
la soledad, un pésimo sistema sanitario argentino, el desinterés social por la
salud mental, la torcida aplicación de la ley, la presencia del Demnoio y la
práctica indiscriminada del Espiritismo y la Santería, son las verdaderas
responsables de “las voces” que dice Ricardo le ordenaron
a quién y dónde matar.
Carlos Busqued, Magnetizado, 152 páginas, Editorial Anagrama, 2018
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24 de octubre de 2019
La revolución de los desencarnados y 3
8.
Conocido
en la milicia como “El gran artillero”, el espiritista Felipe Ángeles fue ante
todo un militar fiel, primero defendiendo al dictador Porfirio Díaz, y luego a
lado de Francisco I. Madero. Su lealtad no le permitía tomar decisiones, de ahí
que se prestara a las traiciones de Madero contra el mártir Ricardo Flores
Magón, así como a Emiliano Zapata y Pascual Orozco.
Un
ejemplo de la sumisión se lee en "La noche de Ángeles" (Premio Diana
Novedades), escrito por el también espiritista de Ignacio Solares, cuando
Felipe advierte a Madero sobre la desconfianza que le inspira el futuro
golpista Victoriano Huerta, a lo que responde: “es muy grave la acusación que hace, señor general … si Huerta estuviera coludido con los
sublevados se hubiera unido a ellos desde el inicio de la insurrección. Además,
quiero decirle que tengo la palabra de honor del general Huerta de su fidelidad
a mi gobierno”.
Felipe
era un cristiano sensible con aires quijotescos y grandes dotes espiritistas,
gracias a lo cual no fue asesinado con Madero tras ser apresados juntos: se le perdonó
la vida por su prestigio militar (y la ayuda de los espíritus), más se le
exilió como diplomático a Europa de donde regresaría para unirse a los
revolución constitucionalista donde consiguió grandes victorias hasta que fue
arrestado y fusilado.
Ángeles
fue otro espiritista que apostó por la creencia de que se pretendía mejorar al
pueblo mexicano con la revolución mexicana. La dualidad de frío militar y sus
creencias espirituales lo llevan a confesar a Solares:
“Quizás es en el
campo de batalla en donde más he sentido... presentido eso que llamamos Dios. Y
que, cómo decírselo, no tiene remedio: mordí el anzuelo y al intentar huir de
Él, sólo consigo encajármelo más”.
Pese a todo su formación
militar solía imponérsele, lo cual se aprecia en la revelación que hace a
Ignacio tras ganar una dura batalla:
“Lo confieso sin rubor: veía en el colmo del
regocijo el aniquilamiento de las fuerzas huertistas. Como si no se tratara de
hombres sino de meras marionetas … Porque con todo el egoísmo y la inhumanidad
que ello implica, miraba la guerra bajo un punto de vista puramente artístico,
de la obra maestra por fin realizada”.
Es
justo mencionar que Solares es indulgente con Felipe, ya que sus
cuestionamientos están marcados por la benevolencia, incluso dándole
posibilidades de justificar la fe ciega que sentía por Madero, pero de las
sesiones espiritistas también se evidencian sus diferencias, pues mientras Ángeles
muere como víctima de su propia fe, Madero muere como mártir: tiroteado por la
espalda, tal como actuó en vida: a traición.
9.
Solares
inicia el libro apelando a los tiempos marcados por el mundo espírita azteca,
los cuales simbolizaban la entrada al mundo de los muertos en una canoa y a
través de un nebuloso río:
"Y el golpe del remo fue como una paletada en
el vacío. El viento frenaba la barca. Quizá tan sólo habían tenido la ilusión
de avanzar y permanecían en el mismo punto inicial, soportando inutilemente el
frío y la ansiedad. Cuando una noche así se desata y sus mil cadenas baten
sobre la tierra es preferible resignarse a la inmovilidad, dejar de suponer, de
planear, de soñar. Olvidarse"…
Páginas
más adelante Solares aclara a Felipe en dónde está:
"Mire, ya no estamos tan lejos, un poco menos
lejos que al principio, ¿no le parece. Ángeles entrevió la sonrisa macabra -¿la
falta de luz?- del barquero llenándole por un instante las mejillas consumidas
y apergaminadas, revelando las encías sin dientes"…
Ignacio
sabe que en el espiritismo azteca un muerto nunca llega sólo ni por su propia
mano - guiando “la barca” - a la tierra de los muertos: siembre entra llevado
por la propia muerte (haciendo referencia al griego Caronte), y personificando
el estatus moral, la importancia espiritual, del recién fallecido, pero Solares
señalaría más adelante que en vida:
“Casi prefería no dormir. Siempre los mismos
cadáveres, los mismos campos desolados, la misma angustia en el estómago al
despertar, que le impedía tragar bocado”.
En
las confesiones de Ángeles siempre ronda la presencia de Madero, reconociendo
que sus intentos de establecer contacto espiritista con su líder se vieron
siempre frustrados, y quizá por ello se dice que el regreso de Felipe a méxico fue
buscando la muerte para reunirse con su guía espiritual: “¿acaso será que su muerte fue una especie de suicidio inducido por el
propio Madero?”, cuestiona Solares.
El
final del texto sigue jugando con los planos espacio/tiempo aztecas:
"Aún necesita un corazón, general, un sol que
se incendie ante usted, un llano seco y desolado para sembrarlo de planes de
batallas y esperanzas. Hay un montón de muertos que esperan que les cierre los
ojos y les descubra la última mirada vehemente, porque de otra manera nadie les
va a cerrar los ojos, como a usted nade se los cerró … ¿A qué regresa a méxico …
enfermo y casi vencido de antemano? Hay un pensamiento suyo que quizá lo
explique, general, y que plasmó en su diario durante su insufrible exilio:
"sólo en méxico puedo reencontrarme con Madero"…
Pocos
conocen la entrañable relación que ambos tenían, y son contados los que saben
la anécdota de que días antes de morir Francisco le regaló a Felipe todos sus
libros sobre espiritismo y que éste los leyó de principio a fin: es en estos
detalles donde dilucidamos las profundas relaciones espirituales que se puede
establecer entre las personas que profesan las mismas creencias.
No
es de extrañar, entonces, que Ángeles señale a Solares: “Los míos son males de la tristeza”, así como tampoco cuando le
comparte la respuesta que le dio al coronal Bautista, encargado de llevarlo al
paredón donde será fusilado, cuando le ofreció dejarlo escapar… a huir con él,
a lo que Ángeles le responde: “Hay citas
a las que uno no puede faltar”.
10.
Hubo
otros personajes de la historia mexicana que practicaron el espiritismo, como Miguel
Alemán Valdés, Benito Juárez García y Manuel Ávila Camacho o el ortodoxo
Plutarco Elías Calles (todos ellos también presidentes), pero el caso más
extraordinario de una particular espiritualidad es el testimonio que da el
propio Felipe Ángeles en el libro, previo a la famosa “Batalla de Zacatecas”,
el cual a la media noche sorprende al legendario Pancho Villa hincado y con los
brazos en forma de cruz, mientras rezaba mirado hacia el cielo: "Diosito mío, ayúdame a ganar esta batalla".
Ignacio Solares, La noche de Ángeles, 208 páginas,
Tusquets editores, 2016
* los textos entrecomillados son
párrafos tomados del libro "La noche de Ángeles".
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