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27 de enero de 2020

Espiritismo, Santería y Demonología

En 1982 ejecutaron en Buenos Aires a cuatro taxistas. Los asesinatos fueron iguales: disparo en la sien derecha con pistola calibre 22, taxis dejados en esquinas con las luces encendidas, conductores recargados sobre el volante y robo de sus identificaciones. Luego de un mes, el asesino Ricardo Luis Melogno, de 20 años de edad, fue delatado por su hermano, enjuiciado, condenado a cadena perpetua y preso en diferentes cárceles e instituciones psiquiátricas.

El escritor Carlos Busqued rescata el caso tras 30 años y escribe Magnetizado, texto inclasificable que puede leerse como un tratado de Psiquiatría, un anecdotario de Espiritismo, Santería y Demonología o un testimonio en el que el asesino narra las muertes, pero no confiesa el móvil.

Carlos Busqued nació en Chaco, Buenos Aires, en 1970. Ha sido productor de radio y articulista, da clases de matemáticas, trabaja en una editorial, es escritor, quedó como finalista del Premio Herralde con su primera y excelente novela “Bajo este sol tremendo” y pasaron 9 años para que publicara su segundo libro: “Magnetizado”.

A diferencia de casos abordados por policías, oportunistas, periodistas o psicólogos, la historia detrás de “Magnetizado” está contada por el propio asesino de manera natural y sin jactancia. El autor tampoco emite juicios: lo que tenemos es un libro plagado vivencias para que el lector saque su propia conclusión.

Cuenta Busqued que entrevistó y grabó durante dos años al asesino, acumuló más de 500 cuartillas con el testimonio transcrito y no manipuló contenido salvo para darle un orden cronológico.

Así, nos enteramos que el contacto de Melogno con el Espiritismo fue antes de nacer, luego se inicia en la Santería para vencer la maldad de su madre y al final ejerce la Demonología para darle paz a su alma, por ello destaca que la publicidad en las entrevistas con el autor y las reseñas, nunca se haga mención de la presencia de esas prácticas, por lo que resultó una sorpresa que formen parte fundamental de la narración del protagonista.


Menciona que desde su embarazo su madre practicó el espiritismo, que los Espiritistas con los que convivía le temían por su energía oscura, que ella lo obligaba a beber el agua usada en esas sesiones pues había sido magnetizada por desencarnados, que siempre ha sentido presencias a su alrededor y que fracasó en cuatro intentos de suicidio.

Señala que su madre era una psicópata que lo golpeaba desde pequeño, más dada la fama que tenía en el medio espiritista de Buenos Aires, él tuvo que ir a Brasil para ser iniciado en la Santería y contar con la “energía” necesaria para enfrentarla y librarse de sus palizas.

Hay más: dice que la construcción del primer altar para los asesinados fue para rendirles “culto” y evitar su venganza. Ya recluido construyó otro, hizo cuatro figuras con migajón, les dio de su sangre y su celda se convirtió en objeto de culto entre reclusos ya que las almas de sus víctimas solucionaban todo. Sobre su actual fe al Demonio, la anécdota de que el Papa Francisco le regaló la copa con la que oficia sus ceremonias en prisión, sabiendo para qué la usaría, es simplemente grotesca.

Más allá de lo que cuente el propio asesino, el autor lo cuestiona sobre el origen de las extrañas (pero efectivas) ceremonias que hace, a lo que Melogno le contesta no saber de dónde proviene el conocimiento y afirma que siempre ha estado dentro de él, que de toda la vida lo sabe.

Me reservo mi teoría sobre el motivo de los crímenes y mejor recomiendo este el libro que quizá parezca perturbador, pero conforme se avanza en la lectura Busqued lo convierte en un lúcido testimonio de cómo la violencia familiar, una infancia complicada, la soledad, un pésimo sistema sanitario argentino, el desinterés social por la salud mental, la torcida aplicación de la ley, la presencia del Demnoio y la práctica indiscriminada del Espiritismo y la Santería, son las verdaderas responsables de “las voces” que dice Ricardo le ordenaron a quién y dónde matar.

Carlos Busqued, Magnetizado, 152 páginas, Editorial Anagrama, 2018


1 de febrero de 2019

El fiasco del Diablero



1.
Recién se ha cuestionado la calidad del contenido de Netflix, la cual comienza a ser comparada con Televisa por su estilo inmundo para escoger a sus actores, sus prácticas monopólicas (lo vimos con las limitantes para estrenar el cuestionable film “Roma”, del director Alfonso Cuarón), y por la vaciedad que ya permea su oferta televisiva.

He visto varias películas de Netflix y salvo “Bright” y “Beirut”, a ninguna le he encontrado señales de que su cine sea “diferente y con calidad”, por el contrario, tienen el mismo defecto de lo que se proyecta en la tv abierta: es inverosímil, burdo y sin inspiración, raya lo insulso e insulta la inteligencia humana. Y lo mismo sucede con sus series.

Algunos lectores de este blog saben que no veo televisión, pero si algo me llama la atención (o es “noticia” que merezca confirmarse), lo busco en la web pues tampoco se trata de vivir aislado en una época en la que lo efímero y trivial es lo que lo que se consume a mansalva.

2.
Desde hace semanas se anunció el estreno de “Diablero”, basada en el libro “El diablo me obligo”, del escritor mexicano F. G. Haghenbeck (https://basurerodealmas.blogspot.com/2016/02/elvis-infante-diablero-y-santero.html), serie que ha sido publicitada en los medios como “Diablero es el Constantine de Tepito”.

Causó tal la expectación que recibí llamadas de religiosos para saber mi opinión, a lo que respondía que no la había visto, pero la insistencia de algunos me llevó a la web a buscar reseñas y luego a verla poder opinar.

3.
Sobre las reseñas me sorprende la manera tan ignorante en que reaccionan las plumas mercenarias que se venden a cualquier medio para escribir sobre temas que desconocen, usando títulos para describirla como “Diablero, una apuesta de Netflix 100% mexicana, rompe con el melodrama y opta por el terror”, “Diablero: Combatir el mal en la ciudad”, “Descubre la muerte y el miedo con Diablero”, “Diablero: la primera serie de terror y ciencia ficción de Netflix para méxico” y “Diablero, una serie sobrenatural a la mexicana”.

Esos encabezados provocan curiosidad… y desconfianza, porque si vamos más allá y leemos que “es la primera apuesta del género de ficción y terror en méxico … después de ver en la pantalla series como Luis Miguel, Club de cuervos, Ingobernable y, la más reciente, La casa de las flores, llega por fin a Netflix una nueva propuesta que combina la ficción, el terror, humor y melodrama”, o sea, si está a la altura del biopic del basura Luis Miguel, entonces ya valió madres.

4.
Sobre el contenido diré que ya vi sus 8 capítulos y que “Diablero” no tiene que ver con el texto “El diablo me obligo”, aunque el director José Manuel Cravioto trate de explicarla diciendo que: “la anécdota del libro es otra a la que hicimos en Diablero … lo que hicimos fue tomar los excelentes personajes de Haghenbeck del libro y los llevamos a esta serie”, y hasta ahí, porque lo que viene después es la patraña del Cura Ramiro Ventura, el cual busca la ayuda del Diablero Elvis Infante para encontrar a su hija secuestrada por “un demonio”.

Los contrastes entre la serie y el libro son muchos, por ejemplo, “Diablero” está ubicada en méxico cuando la acción original transcurre en Los Ángeles; Elvis es acompañado de su hermana, Santera, y por una joven come-demonios, mientras que en la novela Infante actúa solo; la serie combina magia prehispánica, catolicismo, wuismo chino y demonología, mientras que el libro se basa más en poderes sobrenaturales; la Iglesia católica y sus Curas son promiscuos, malos, tramposos y asesinos, mientras que en el texto sufren por sus conflictos existenciales.

A su vez, en el metraje Elvis queda expuesto como un milusos cuyos dones brillan por su ausencia, mientras que en la novela es un ex convicto y ex militar (además de Santero, Curandero y Exorcista) que atrapa demonios, ángeles caídos y entes oscuros para venderlos en un mercado negro de peleas ilegales entre Diablos y Ángeles. La más grotesca: el trabajo del Diablero de encontrar a la hija del Cura se convierte en una lucha por salvar a la humanidad, mientras que en el libro su misión es la solución de un crimen que pone en evidencia al Cónclave, un grupo que no cree en el bien y ni el mal al momento de gobernar.

5.
Más de uno argumentará que las discrepancias se justifican pues “Diablero” está inspirado en “EL diablo me obligó”, lo cual sería aceptable si la serie no cayera en los vicios que el cine mexicano arrastra desde los años 40s del siglo pasado: manipulador, patriotero, incoherente, vulgar, improbable, chantajista, trillado, insípido, a lo que debe agregarse su irritante aire de comedia y una dirección de Cravioto tan torpe que las escenas de acción recuerdan a las películas del luchador “El Santo” cuando peleaba contra momias y vampiros.

Exagero?... imaginen una escena, en medio de una cantina, donde Keta ofrece: “tu sabes yo te puedo ayudar, padrecito: soy Santera y sé cómo hacer que mucha gente suelte la sopa”, para después aparecer machacando hierbas con un mortero… de verdad las Santeras “sirven” para eso?... o en el colmo: la infantiloide lucha del “Diablero” y sus secuaces contra el mismito Demonio (en la Plaza de las Tres Culturas), que más que expulsado del averno parece recién salido de una pastorela.

Finalmente, la serie debería llamarse “Diablera”, ya que las actuaciones de los personajes femeninos secundarios están mejor elaborados y tienen más fuerza, como Nancy (la traga-demonios), o Keta (la citada Santera), que fácil podrían haberse llevado el papel protagónico.

Diablero es una serie de televisión recomendable para aquellos que quieran reír, y no por su argumento, sino por patética.