Quizá algunos no lo recuerden, pero el 29 agosto de 2018 diversas organizaciones protectoras de animales de la Ciudad de México se manifestaron frente a la Secretaría de Seguridad Pública para exigir se realizaran operativos en el Mercado Sonora (principal punto de comercio de productos de Santería del país) y prohibir la venta de animales.
El tema llegó un poco más lejos y el
llamado “Frente Ciudadano Pro Derecho Animal” realizó incursiones
en dicho mercado donde acumularon pruebas de que la venta incluye maltrato
animal por hacinamiento, desnutrición y enfermedades de las especies que ahí se
ofertan, situación que brevemente puso en el ojo del huracán la práctica de las Reglas Conga y Osha.
El tema no pasó a mayores hasta que más de
un año después Leticia Varela Martínez, diputada del partido gobernante, plantea
una iniciativa de reforma a la “Ley de Protección a los Animales de Ciudad de
México” para que se cumpla con las disposiciones legales en el comercio de reptiles
y animales, propuesta a la que se la ha llamado “Ley Varela”.
La fuerza que ha cobrado generó ya posiciones radicales entre quienes la apoyan y la rechazan, al grado
de que hace un días comerciantes, polleros, locatarios, veterinarios, santeros,
ganaderos y criadores realizaron una marcha y mitin para que dichas reformas no
sean enviadas al Congreso local, en su caso detener la dictaminación y realizar
foros incluyentes donde se escuche a todos los involucrados.
Vale la pena destacar que en caso de
aprobarse la “Ley Varela” perjudicaría también a las personas que se dedican a la
venta de peceras, correas para perros, jaulas, accesorios y dueños de criaderos,
lo cual impactaría en la perversa obsesión que tienen los capitalinos por
la adopción de perros como mascotas, que al convivir con humanos, viven más hacinados que los que se ofertan en el Mercado de Sonora.
El argumento de la diputada Leticia Varela
Martínez para solicitar los cambios a la ley, es que “se debe erradicar y prohibir todo aquello que atente contra la vida e
integridad de los animales, por lo que resulta lícito sancionar a quienes lo realicen”.
Pese a las protestas la iniciativa sigue avanzando:
ya fue enviada a comisiones y se procederá a su discusión, y en caso de aprobarse,
entre los afectados no serían aquellos que tienen mascotas ante su
falta de capacidad para socializar con sus congéneros, estarían los
practicantes del Espiritualismo, Satanismo, Islam, Ifa, Chamanismo, Palo
Mayombre, Judaísmo, Brujería, Santería, Vudú y demás religiones que sacrifican
animales.
Sobre la manera en que afectaría la práctica
del Palo y la Santería, la iniciativa señala que "La utilización de animales en la celebración
de ritos y usos tradicionales que puedan afectar el bienestar animal, así como
también se sancionara a las personas que ofrezcan la realización de dichos
rituales y aquellas personas que provean, trasladen o comercien animales no
humanos para tales fines”.
Es importante señalar que debido a que estas prácticas se equipararían al maltrato o crueldad animal por los métodos
para sacrificarlos, el artículo 350 del Código Penal del Distrito Federal establece
que se sancionaría con penas que van de seis meses a dos años de prisión y de
50 a 100 días multa a quien las practique, pero además señala que si las
lesiones ponen en peligro la vida del animal, el castigo se incrementarán un
50% de lo ya señalado.
Claro que la “Ley Varela” tiene sus bondades,
como que la plaga de perros que asola a la ciudad (con sus consecuentes
enfermedades y suciedad) no podría entrar a jardines si carecen de collar, obligaría
a cuidadores a no pasear más de cuatro en la vía pública, exigiría que cuenten con
placa y prohibiría a los perros ingresar a plazas comerciales, consultorios
médicos, hoteles, cines, comercios y parques.
Antes de eso se avecina un encontronazo que
dará lugar a largos y airados debates entre los defensores de animales y los
practicantes de religiones neopaganas, ya que en medió quedaría la “Libertad de
cultos” y la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”.
Sobre la “Libertad de cultos” el artículo
24 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que “todo individuo es libre para profesar la
creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias,
devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o
falta penados por la ley”.
Por su parte la Declaración Universal de
los Derechos Humanos reconoce que “toda persona
tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este
derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la
libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente,
tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la
observancia”.
En caso de aprobarse
la “Ley Varela” se generaría un mercado negro de animales para los practicantes
de las religiones afrocubanas, lo que llevaría a un incremento de su ya de por sí abusivo precio,
aparte de obligar a nuevos sistemas de distribución como la entrega a domicilio
(que en algunos casos ya sucede), lo que incrementaría su costo... y la represión policíaca.
Pero a su vez esto lleva una velada amenaza
para los practicantes de Palo, la Osha y sus creencias, como en su momento también lo fue la advertencia y posterior creación
de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, en el año
2001, la cual perjudicó gravemente a Hierberos, Curanderos y Chamanes al
prohibir la venta de plantas medicinales que ya alcanzó las 500 especies de
hierbas.
